
Aunque esta primera razón no parezca tener relación visible y palpable con el arte sacerdotal, los filósofos herméticos no se expresarían de otra manera en su enigmático estilo. Todos dicen que sólo su Mercurio es el que puede actuar sobre sus metales, a los cuales dan los nombres de los dioses o los planetas, y que su Mercurio es un águila que mira al Sol fijamente sin pestañear los ojos y sin ser deslumbrado, dan a su Mercurio los nombres de perro de Corascene y perro de Armenia. Hemos aportado otras razones en el capítulo de Anubis.

La fábula dice también, según el relato de algunos autores, que Latona para evitar las persecuciones y los efectos de los celos de Juno, se ocultó bajo la forma de una loba y bajo esta forma puso en el mundo a Apolo. Se dice que Osiris y Horus eran los jeroglíficos de Apolo, lo que debe de entenderse del Sol u oro filosófico. Nuestro lobo –dice Rashí–[3] se encuentra en Oriente y nuestro perro en Occidente. Ellos se muerden el uno al otro, volviéndose rabiosos y se matan. De su corrupción se forma un veneno que seguidamente se cambia en tríaca. El autor anónimo de las rimas alemanas dice también: El filósofo Alejandro nos enseña que un lobo y un perro han sido levantados en esta arcilla y que tienen los dos el mismo origen. Este origen está señalado en la ficción de Osiris donde se dice que este príncipe se hizo acompañar de sus dos hijos, Anubis bajo la forma de perro y Macedón bajo la forma de lobo. Estos dos animales representaban, pues, jeroglíficamente dos cosas tomadas de un mismo sujeto, o de una misma substancia, de los que uno es más tratable y el otro más feroz. Isis, según la inscripción de su columna, dice que ella misma es este perro brillante entre los astros al que llamamos la canícula.
[1] . Horus-Apolo, lib. 1, cap. 40.
[2] . Basilio Valentín, Las doce llaves. Llave 1.
[3] . Raíz, Epístolas.
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