domingo, junio 01, 2008
BRACESCO MITÓLOGO
miércoles, septiembre 12, 2007
(artículo del traductor) El Secreto de la Mitología
No me cansaré de recomendar al lector textos actuales, ligados a la Tradición mediante un invisible pero evidente Hilo conductor lanzado por nuestro Padre pescador Adán.(1)
En este caso me refiero al hallazgo de la revista LA PUERTA,(2) de la cual, y a mi entender, ningún artículo tiene desperdicio para el buscador.
He escogido unos fragmentos, que me han fascinado, del artículo aparecido en la Puerta Tradición Latina,(3) siguiendo al mismo autor, Raimon Arola, titulado La Mitología como filosofía secreta y que el navegante también lo puede encontrar íntegro en http://www.lapuertaonline.es/ (apartado Tradición clásica).
El artículo se emplaza en el Siglo de Oro y dice:
En la literatura del Siglo de Oro español los dioses de la antigüedad clásica ocupan un lugar privilegiado, por doquier se cuentan sus hazañas, se explican sus nombres y se cantan sus glorias. Sin duda esta familiaridad se debe a la influencia del Renacimiento italiano, cuando los artistas y los filósofos se dedicaron a desenterrar la cultura y los mitos de la antigüedad entusiasmados con la Prisca theologia (4). Se consideraban continuadores de una antigua revelación que empezó con el legendario Hermes Trismegisto, quien la transmitió a Orfeo, éste a Pitágoras, él a su vez la transmitió al divino Platón, y Platón la trasmitió a Virgilio.
[...] El tratado de mitología que más resonancia tuvo durante el Siglo de Oro español, y sin duda el más importante es La Filosofía Secreta, escrito por el Bachiller Juan Pérez de Moya, astrólogo y matemático, que fue publicado en Madrid en agosto de 1584. Su título, indica claramente la intención del autor, éste propone para comprender las fábulas antiguas cinco sentidos, que van desde el más exterior y superficial, esto es, la historia, hasta el sentido central, la filosofía secreta. (5)
[...] Pérez de Moya sigue muy de cerca las explicaciones tradicionales de la etimología, alude sin citarlos a Platón y Varrón (6), pero no se queda aquí, su interpretación concluye siempre con la lectura natural del mito. Veamos algunos episodios de las fábulas de Júpiter que, en la interpretación del sabio castellano, nos permiten reconocer el origen de la etimología, esto es, la realidad natural a la que aluden; en relación a la fábula de las abejas que acuden a criar a Júpiter, nuestro erudito interpreta que los antiguos quisieron: «significar que de la tierra se levantan exhalaciones y los engendramientos de los elementos». A continuación comenta la leyenda en la que Júpiter fue criado por una cabra, y escribe: « porque la cabra es amiga de subir a lo alto, tanto que aun para comer se alza y sube a las matas; así los elementos y los vapores se levantan sobre la tierra» (7). En la explicación de la lucha de Júpiter con los Titanes, Pérez de Moya, afina todavía más su lectura de los mitos de Júpiter relacionados con la exhalación de la tierra, y comenta que:
«Algunos dicen que los antiguos por esta fábula declararon los mudamientos de los elementos, unos en otros, y las generaciones de las cosas naturales, entendiendo por los Titanes lo grueso y terrestre, que entre sí tienen los elementos, que la fuerza de los cuerpos celestiales arrempuja de lo alto a lo bajo, porque los vapores por la fuerza o virtud del Sol, por quien se entienden los Titanes, suben hacia arriba, los cuales, llegados a lo alto por virtud de los cuerpos divinos se resuelven en puros elementos, o se rechazan hacia abajo, y dellos se vuelven a entrar en la tierra, como hace el agua, y de esta entrada vuelve la tierra a engendrar cosas, y otros vapores, que es una pelea perpetua, mediante la cual contrariedad de elementos consiste la generación de las cosas naturales» (8).
Estos comentarios naturales pueden parecer a primera vista gratuitos, pero al compararlos con textos de literatura propiamente alquímica, encontramos interesantes coincidencias. Dom Pernety, otra vez, nos presta una ayuda inestimable para dicha comparación, pues reconoce en las fábulas del nacimiento de Júpiter una operación alquímica, para ello cita a Jean d’Espagnet cuando éste dice:
« La Ablución nos enseña a blanquear el cuervo y a crear Júpiter de Saturno, lo que se hace por la volatilización del cuerpo, o la metamorfosis del cuerpo en espíritu. La Reducción o la caída en forma de lluvia del cuerpo volatilizado, restituye a la piedra su alma y la alimenta con la leche espiritual del rocío, hasta que adquiere una fuerza perfecta» (9)
Toda la lectura alquímica de Pernety gira entorno a esta operación, parecida, según él, a la destilación y condensación de la química vulgar, y que alquímicamente es, siguiendo otra vez a d’Espagnet, lo que permite: "la formación y la alimentación del Hijo filosófico; que aparece finalmente con una cara blanca y bella como la de la Luna"(28). Entonces comprendemos porque Júpiter es llamado el dador y mantenedor de la vida.
El pensamiento hermético que sabe leer los fenómenos naturales como el libro en donde Dios ha escrito los misterios de la regeneración del hombre y la naturaleza estaba muy extendido en la época. Basta observar brevemente el índice de la segunda parte de la Introducción del Símbolo de la Fe de Fray Luis de Granada, publicado un año antes que la Filosofía Secreta, para convencernos del conocimiento de esta tradición. Una de las ideas capitales de su obra es que, por medio de la observación de las maravillas naturales es posible conocer a Dios, el artífice, y: « No como filósofos (que no pretenden más que darnos conocimiento de las cosas), sino como teólogos, mostrando en ellas la infinita sabiduría del Hacedor, que tales cosas supo trazar, y la de su omnipotencia, que todo lo que trazó pudo con sola su palabra hacer »(11) Veamos, a modo de ejemplo, cómo explica el fenómeno de la evaporación y condensación del agua que produce la lluvia. Primero describe el fenómeno, después hace la siguiente comparación:
« La experiencia de esto vemos en los alambiques en los que se destilan las rosas y otra yerbas, donde la fuerza del calor del fuego seca la humedad de las yerbas que se destilan, y las resuelve en vapores, y hace subir a lo alto, donde, no pudiendo subir más, se juntan y espesan y convierten en agua, la cual con su natural peso, corre luego hacia abajo, y así se destila [...] Desta manera el arte imita la naturaleza, como lo hace en todas las otras cosas»(12).
[...] Volviendo a La Filosofía secreta de Pérez de Moya quisiéramos destacar un fragmento que nos parece especialmente interesante: « Decir que Júpiter para engendrar a Hércules tomo forma de Anfitrión, es porque el hombre es para engendrar instrumento: empero la voluntad divina, entendida por Júpiter, y la fuerza de las estrellas, como causa segunda, son como instrumento para procrear varones claros»(13).
La diferencia que establece entre el engendramiento de la voluntad humana y el engendramiento según la voluntad divina nos muestra claramente que todas sus explicaciones sobre las operaciones naturales esconden el sentido último de la alquimia, la regeneración del hombre, los varones claros, de los que Juan en su Evangelio dice: «Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (I, 13), y «Lo que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» (III, 6). Pérez de Moya nos señala claramente cómo los varones claros nacen de la voluntad divina por medio de las estrellas, que son el instrumento de este engendramiento. En El Mensaje Reencontrado, (14) Louis Cattiaux escribe: «¿Pensáis hacer algo bueno sin el sol, sin la luna, sin las estrellas, sin el aire, sin el agua y sin la tierra?, Entonces, ignoráis la agricultura que es la ciencia de Dios» (XXIII, 48). Es importante señalar que Cattiaux, al igual que Pérez de Moya, habla de las estrellas y no los astros, los cuales dirigen la voluntad humana, a diferencia de las estrellas que fecundan los trabajos de los adeptos.
La idea de los varones claros es muy importante en la literatura y el arte del Siglo de Oro, se le representa como Hércules, o Teseo pero generalmente como Apolo imberbe cuya belleza es como la de Cristo (15). Pérez de Moya explica lo que significa que Apolo sea el hijo de Júpiter y Latona; por Latona entendían los antiguos: « aquella materia confusa, llamada caos, de que se hicieron las cosas», y por Júpiter: « el verdadero Dios señor nuestro. Este criador de todo hizo primero dos luminarias, que son el Sol y la Luna, como se lee en el Génesis» (16), es decir Apolo y Diana. Y completando el mito escribe: « Que Apolo en naciendo usase la ballestería y matase a la serpiente Pitón, es que saliendo el Sol, con el calor de sus rayos, que son como saetas, consumió los nublados y vapores de que se engendraban, que primero lo oscurecían» (35). Lo que Nicolás Flamel lee alquímicamente diciendo: « Lo que se lava es la Serpiente Pitón, quien, habiendo tomado su ser de la corrupción del limo de la tierra surgido de las aguas del diluvio, cuando todas las confecciones eran agua, debe ser matada y vencida por las flechas del Dios Apolo, por el rubio Sol, es decir por nuestro fuego igual al del Sol» (18).
Pérez de Moya expone por qué se representa a Apolo imberbe: « Llámase Febo, porque es nuevo y como niño, porque en latín llaman efebos a los que no tienen aun barba, como son los niños, y conviene al Sol esto, porque cada día nace de nuevo, saliendo por el horizonte, como el que sale del vientre de su madre»(19).
Los varones claros son la imagen del Sol filosófico. S. de Covarrubias representa al varón justo con el emblema de un obelisco, y escribe: « El varón justo, es como columna, o aguja de firmeza» (20). Los obeliscos estaban dedicados al sol, representando en ellos uno de sus rayos. Plinio en su Historia Natural define a los obeliscos como rayos de sol petrificados, explica lo siguiente tratando de las maravillas de Egipto:
« Los reyes, por una cierta rivalidad entre ellos, hicieron de esta piedra unos bloques largos llamados obeliscos, consagrados a la divinidad del Sol. En la superficie se halla la representación de sus rayos, y eso es lo que significa su nombre en lengua egipcia». (21)
Estas palabras son profundamente herméticas, aunque a nivel exterior parezcan que explican una curiosidad de poca importancia. El «rayo del sol petrificado» es lo mismo que la «luz corporificada», el término imperecedero de la creación, por lo que la imagen del obelisco nos conduce directamente al misterio del hombre regenerado. Los obeliscos estaban dedicados al sol, representando a uno de sus rayos. Así pues, los varones claros son la imagen del Sol filosófico. Es por ellos que L. Cattiaux decía: «Rayo y germen se aplican perfectamente a Jesucristo y al Verbo Eterno representado, de hecho, por el Sol dispensador de vida». (22)
El sentido esotérico del obelisco está perfectamente descrito en los comentarios cabalísticos sobre el Sueño de Jacob, en particular sobre el pasaje «Y cogió la piedra que había puesto como cabecera y la enderezo en estela (matsevah: obelisco, columna)» (Génesis, XXII,17). En el Sefer ha-Zohar leemos el siguiente comentario sobre dicho versículo: «¿Que significa matsevah? Significa que la piedra había caído y él la volvió a levantar». (23) O sea, se entiende que esta piedra no es otra cosa que el hombre que habiendo caído, se vuelve a levantar, es decir, se regenera.
Estas últimas citas nos ayudan a comprender con bastante precisión cual es la Naturaleza de la que hablan los sabios y, entre ellos, el bachiller Pérez de Moya, pues la Naturaleza que vemos con nuestros ojos y sentidos caídos, no es sino un reflejo de la Naturaleza interior, aquella que está oculta en cada uno de nosotros mismos, y que en los varones claros se levanta y se manifiesta completamente. Entonces la mitología es la filosofía que reúne al hombre con Dios.
(1): Nótese que la palabra pescador es la misma que pecador más la letra S, letra de Serpiente o de Sabiduría. Esto es apreciación mía y “vale lo que vale”.
(2): LA PUERTA, Isaac Peral 13b 08397 Pineda de Mar (Barcelona), tel. y fax. 937623009.
(3): LA PUERTA, Tradición Latina, ed. Obelisco, Barcelona, 1995, p. 125
(4): Sobre la Prisca Theología, es decir, la Teología de los antiguos, ver F. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, ed. Ariel, Barcelona, 1983; p. 34-36.
(5): Hemos utilizado la edición de la Filosofía secreta de ed. Glosa, Barcelona, 1977. Todas las referencias citadas pertenecen al primer volumen, la presente cita se encuentra en la p.9. Recientemente ha aparecido una edición de la editorial Cátedra, realizada por M. Claverías.
(6): Cfr. M.T. Varrón, Di lingua Latina, ed. Anthropos, Barcelona, 1990; p.49s. Y Platón, "Crátilo", Diálogos II, ed. Gredos, Madrid, 1987; p.386s.
(7): Pérez de Moya, op. cit.; p.83.
(8): ibídem.; p.90s.
(9): D. Pernety, op. cit.; vol.I I, p.58. Y J. d’Espagnet, L’oeuvre secret de la philosophie d’Hermès. Ed. Denoël, París, 1972; p. 150.
(10): Pernety, ibidem; vol.II, p.58.
(11): Fray Luis de Granada Introducción del Símbolo de la Fe . Ed. Cátedra, Madrid, 1989; p.114.
(12): ibídem.
(13): Juan Pérez de Moya, op. cit.; vol. II, 131.
(14): El Mensaje Reencontrado, última edición en castellano, ed. Sirio, Málaga, 1996, XXIII, 48.
(15): Los hombre del Renacimiento bajo las formas de Apolo hablaban del Hijo de Dios, es el viejo sueño de A. Durero cuando decía: "De la misma manera que los paganos han dado a su ídolo Apolo las proporciones de la más bella forma humana, nosotros queremos utilizar la misma medida para Cristo Nuestro Señor, que es el más bello del mundo". Citado por J. Garriga, Fuentes y documentos para la historia del arte. El Renacimiento en Europa. Ed. G. Gili, Barcelona, 1983; p.483.
(16): Pérez de Moya, ibídem.; p. 210.
(17): ibídem.; p.211.
(18): N. Flamel Libro de las figuras jeroglíficas. Ed. Obelisco, Barcelona, 1982; p. 59.
(19): Pérez de Moya, ibídem.; p.225.
(20): Emblemas morales. Madrid, 1610. Centuria II, emblema 149.
(21): Textos de Historia del Arte. Ed. Visor, Madrid, 1988; p.147.La palabra egipcia teche designa a la vez el rayo de sol y el obelisco.
(22): "Extracto de cartas de L. Cattiaux a sus amigos" en La Puerta, nº 9; Barcelona, 1982; p. 31.
(23): Sefer ha-Zohar . Ed. Verdier, Lagrasse, 1981; vol. I, p.366.
lunes, marzo 26, 2007
Historia de Tifón (2)
Hemos dicho que Osiris era el principio ígneo, dulce y generativo, que la naturaleza emplea en la formación de los mixtos y que Isis
era el húmedo radical, pues es preciso no confundir al uno con el otro puesto que difieren entre ellos como el humo y la llama, la luz y el aire, el azufre y el mercurio. El humor radical es en los mixtos el asiento y el alimento del calor innato o fuego natural y celeste y se vuelve como el lazo que lo une con el cuerpo elemental; esta virtud ígnea es como la forma y el alma del mixto. Es por lo que hace el oficio de macho y el humor radical hace, en tanto que húmedo, la función de hembra, son pues, como hermano y hermana y su reunión constituye la base del mixto. Pero estos mixtos no están compuestos tan sólo del humor radical, en su formación de las partes homogéneas, pues partes impuras y terrestres se unen a él para completar los cuerpos de los mixtos, y estas impurezas groseras y terrestres son el principio de su corrupción, a causa de su azufre combustible agrio y corrosivo que actúa sin cesar sobre el azufre puro e incombustible. Estos dos azufres o fuegos son, pues, dos hermanos, pero hermanos enemigos, y por la destrucción diaria de los individuos se puede uno convencer que lo impuro vence
sobre lo puro. Estos son los dos principios bueno y malo de los que hemos hablado en los capítulos primero y segundo de este libro.
Sentado esto, no es difícil concebir el por qué se hace de Tifón un monstruo espantoso, siempre dispuesto a hacer el mal y que tuvo incluso la audacia de hacer la guerra a los dioses. Los metales abundan de este azufre impuro y combustible que los corroe y los convierte en herrumbre, cada uno en su especie. Los dioses habían dado sus nombres a los metales y es por lo que Herodoto[2] dice que los egipcios contaban primeramente sólo ocho grandes dioses, es decir, los siete metales y el principio del que eran compuestos. Tifón era nacido de la tierra grosera siendo el principio de la corrupción. Él fue la causa de la muerte de Osiris, porque la corrupción se hace mediante la solución que hemos explicado hablando de la muerte de este príncipe. Las plumas que cubrían la parte superior del cuerpo de Tifón y su altura, que llevaba su cabeza hasta las nubes, indican la volatilidad y su sublimación en vapores. Sus piernas y sus nalgas cubiertas de escamas y las serpientes que le salían de todos los lados son el símbolo de su acuosidad corrosiva y putrescente.
El fuego que echa por la boca señala su adustibilidad corrosiva y designa su pretendida fraternidad con Osiris, porque éste es un fuego oculto, natural y vivificante y el otro es un fuego tirano y destructivo. Es por lo que Espagnet lo llama tirano de natura y fraticida del fuego natural, lo que conviene perfectamente a Tifón. Las serpientes son para los filósofos ordinariamente el jeroglífico de la disolución y de la putrefacción, también se conviene en que Tifón no difiere en nada de la serpiente Pitón, muerta por apolo. Se sabe también que Apolo y Horus eran considerados como el mismo dios.
Este monstruo no se contenta con haber hecho morir a su hermano Osiris, también precipitó a su sobrino Horus en el mar, después de ser ayudado por una reina de Etiopía. No se puede designar más claramente la resolución en agua del Horus o el Apolo filosófico, que haciéndolo precipitar en el mar; la negrura que es la señal de la solución perfecta y de la putrefacción llamada muerte por los adeptos, se ve en esta reina de Etiopía. Esta materia corrompida y podrida es precisamente esta espuma o saliva de Tifón en la cual Orus fue precipitado y sumergido. Ella es verdaderamente una lágrima de Saturno, puesto que el color negro es el Saturno filosófico. Finalmente Isis resucitó a Horus, es decir, que el Apolo filosófico, tras haber sido disuelto, podrido y vuelto negro, pasa de la negrura a la blancura llamada resurrección y vida en el estilo hermético. El padre y la madre se reunieron entonces para combatir a Tifón o la corrupción y tras haberle vencido reinaron gloriosamente, primero la madre o Isis, es decir, la blancura y después de ella Orus su hijo o la rojez.
Sin recurrir a tantas explicaciones, sólo las supuestas tumbas de Tifón nos hacen entender lo que se pensaba de este monstruo, padre de tantos otros, como explicamos en los capítulos que les conciernen. Unos dicen que Tifón se tiró a un pantano donde pereció, otros que fue fulminado por Júpiter y que pereció por el fuego. Estos dos géneros de muerte son bien diferentes y sólo la química hermética puede acordar esta contradicción; Tifón pereció, en efecto, por el agua y por el fuego al mismo tiempo, pues el agua filosófica, o el menstruo fétido, o el mar de los filósofos, que es una misma agua formada por la disolución de la materia, es también un pantano puesto que estando encerrado en el vaso no tiene corriente. Esta agua es un verdadero fuego, dicen casi todos los filósofos, puesto que quema con tanta fuerza y actividad como lo hace el fuego elemental. Los químicos queman con el fuego y nosotros quemamos con el agua –dicen Ramón Llull y Ripley– Nuestra agua es un fuego –añade este último–[3] que quema y atormenta los cuerpos tanto como el fuego del infierno.
Cuando dice que Júpiter lo fulminó es que el color gris o el Júpiter de los filósofos es el primer dios químico que triunfa de los titanes, o que sale victorioso de la negrura y de la corrupción. Entonces el fuego natural de la piedra empieza a dominar. Horus viene en ayuda de su madre y Tifón queda vencido. Es suficiente comparar la historia, o más bien la fábula de Pitón con la de Tifón para ver claramente que las explicaciones que acabo de dar expresan la verdadera intención del que inventó estas alegorías. En efecto, la serpiente Pitón nace en el barro y el limo y Tifón nació de la tierra, el primero pereció en el mismo fango que le vio nacer, tras haber combatido contra Apolo, el segundo murió, entonces, en un pantano tras haber hecho la guerra a los dioses y particularmente a Horus, que es el mismo que Apolo y por el cual fue vencido. Estos hechos no requieren ninguna explicación.
[1] . Kircher, Obelis. Pamph. p. 155.
[2] . Herodoto, Euterpe.
[3] . Las Doce Puertas.
martes, marzo 13, 2007
Historia de Osiris (6)
Esta segunda operación es parecida a la primera y su llave es la solución de la materia, o la división de los miembros de Osiris en muchas partes. El cofre donde este príncipe es encerrado es el vaso filosófico sellado herméticamente. Tifón y sus cómplices son los agentes de la disolución, veremos el por qué después de esto en la historia de Tifón. La dispersión de los miembros del cuerpo de Osiris es la volatilización del oro filosófico y la reunión de estos miembros indica la fijación. Ésta se hace mediante los cuidados de Isis, o la tierra, que como un amante, dicen los filósofos, atrae a ella las partes volatilizadas; entonces Isis, con la ayuda de su hijo Horus, combate a Tifón, lo mata, reina gloriosamente y se reúne al fin con su querido esposo en la misma tumba, es decir, que la materia disuelta, se coagula y se fija en el mismo vaso, porque como dice un axioma de los filósofos es, solutio corporis est coagulatio spiritus (disolver el cuerpo y coagular el espíritu).
Horus, hijo de Osiris y de Isis, es reconocido por todos los autores por ser lo mismo que Apolo, se dice también que Apolo mató a la serpiente Pitón a flechazos, Pithón es el anagrama de Tiphón. Pero este Apolo debe de entenderse como el Sol o el oro filosófico, que es la causa de la coagulación y de la fijación. Se encontrará esto explicado con más detalle en el tercer libro de esta obra en el capítulo de Apolo.[1]
Osiris fue finalmente puesto en el rango de los dioses por Isis, su esposa, y por Mercurio, quien instituyó las ceremonias de su culto. Es preciso señalar dos cosas respecto a esto: 1º, que los dioses, en el rango de los cuales fue puesto Osiris, no podían ser más que dioses fabricados por la mano de los hombres, es decir, dioses químicos o [2] ya hemos aportado sus palabras respecto a esto. 2º, Que Mercurio es igualmente el nombre del mercurio de los filósofos y de Hermes Trismegisto. El uno y el otro han trabajado con Isis en la deificación de Osiris, el filosófico actuando en el vaso en concierto con Isis y el filósofo conduciendo exteriormente las operaciones, es lo que ha hecho dar al uno y al otro el título de consejero de Isis porque no emprendía nada sin ellos. Fue, pues, Trismegisto quien determinó su culto y quien instituyó las misteriosas ceremonias, para que fueran símbolos y alegorías permanentes tanto de la materia como de las operaciones del arte hermético o sacerdotal, como veremos seguidamente.herméticos. Mercurio Trismegisto lo dice positivamente;
miércoles, febrero 28, 2007
Las Fábulas Egipcias, Introducción (5)
No se ha de confundir a los filósofos herméticos o verdaderos alquimistas con los sopladores, los que buscan hacer oro inmediatamente con las materias que emplean, mientras que los otros buscan hacer una quintaesencia que pueda servir de panacea universal para curar todas las enfermedades del cuerpo humano y un elixir para transmutar los metales imperfectos en oro. Es propiamente los dos objetivos que se proponían los egipcios, según todos los autores tanto antiguos como modernos. Es este arte sacerdotal del que hacían tan gran misterio, y que los filósofos tendrán siempre envuelto en la oscuridad de los símbolos y las tinieblas de los jeroglíficos. Se contentarán en decir como Haled:[1] Que hay una esencia radical, primordial, inalterable en todos los mixtos, que se encuentra en todas las cosas y en todos los lugares; ¡dichoso aquel que puede comprender y descubrir esta secreta esencia y trabajarla como es preciso! Hermes dice también que el agua es el secreto de esta cosa y el agua recibe su alimento de los hombres. Marcunes no tiene dificultad en asegurar que todo lo que está en el mundo se vende más caro que esta agua, pues todo el mundo la posee, todo el mundo la necesita. Abuamil dice, hablando de esta agua, que se encuentra en todo lugar, en los llanos, en los valles, sobre las montañas, en el rico y en el pobre, en el fuerte y en el débil. Tal es la parábola de Hermes y de los sabios, tocando su piedra; es un agua, un espíritu húmedo del que Hermes ha envuelto su conocimiento bajo las figuras simbólicas más obscuras y las más difíciles de interpretar.
La materia de donde se saca esta esencia encierra un fuego oculto y un espíritu húmedo; no es sorprendente, pues, que Hermes nos la haya presentado bajo el emblema jeroglífico de Osiris, que quiere decir fuego oculto,[2] y de Isis que siendo tomada por la Luna, significa la naturaleza húmeda. Diodoro de Sicilia confirma esta verdad diciendo que los egipcios que consideraban a Osiris y a Isis como dioses, decían que éstos recorren el mundo sin cesar, que alimentan y hacen crecer todo, durante las tres estaciones del año, la Primavera el Verano y el Invierno y que la naturaleza de estos dioses contribuye infinitamente a la generación de los animales, porque uno es ígneo y espiritual y el otro húmedo y frío; que el aire es común a los dos; en fin, que todos los cuerpos son engendrados y que el Sol y la Luna perfeccionan la naturaleza de las cosas.

Plutarco[3] nos asegura por su lado, que todo lo que los griegos nos cantan y nos declaman, los gigantes, los titanes, los crímenes de Saturno y de los otros dioses, del combate de Apolo con la serpiente Pitón, las carreras de Baco, las búsquedas y los viajes de Ceres, no difieren en nada de lo que se considera de Osiris y de Isis, y que todo lo que se ha inventado de parecido con tanta libertad en las fábulas que las divulgan, debe ser entendido de la misma manera, como lo que se observa en los misterios sagrados y que se dice ser un crimen el desvelarlo al pueblo.
Todo en la naturaleza ha sido engendrado de lo cálido y lo húmedo; los egipcios dieron al uno el nombre de Osiris y al otro el de Isis y dijeron que eran hermano y hermana, esposo y esposa. Se les tomó siempre por la naturaleza misma, como veremos en lo que sigue. Cuando no se quiera recurrir a sutilidades será fácil descubrir lo que los egipcios, los griegos, etc., entendían por sus jeroglíficos y sus fábulas. Las habían imaginado tan ingeniosamente que ocultaban muchas cosas bajo la misma representación, como entendían también una misma cosa por diversos jeroglíficos y diversos símbolos, los nombres, las figuras, las mismas historias eran varias pero el fondo y el objeto no eran para nada diferentes.Se sabe, y sólo es preciso abrir las obras de los filósofos herméticos, para ver a primera vista que no sólo han seguido el método de los egipcios, en todos los tiempos, para tratar de la piedra filosofal sino que también han empleado los mismos jeroglíficos y las mismas fábulas en todo o en parte siguiendo la manera en que ellos eran impresionados. Los árabes han imitado más de cerca a los egipcios, porque tradujeron a su lengua un gran número de tratados herméticos y otros escritos en lengua y estilo egipcios. La proximidad del país y por consiguiente la frecuentación y el comercio más particular de estas dos naciones puede también haber contribuido a ello.
Esta unanimidad de ideas y este uso no interrumpido después de tantos siglos forman, sino una prueba sin réplica, por lo menos una presunción de que los jeroglíficos de los egipcios y las fábulas habían sido imaginadas en vistas a la gran obra e inventadas para instruir en su teoría y en su práctica, solamente a algunas personas, mientras que a causa del abuso y de los inconvenientes que resultarían de ello, se tendrían la una y la otra ocultas al pueblo y a los que se juzgara no dignos.Yo no he sido el primero que haya tenido la idea de explicar estos jeroglíficos y estas fábulas mediante los principios, las operaciones y el resultado de la gran obra, llamada también piedra filosofal y medicina dorada. Se ve extensamente en casi todas las obras que tratan de este misterioso arte.
viernes, noviembre 24, 2006
Fatalidades atribuidas a la ciudad de Troya

Estas fatalidades habían sido declaradas a los griegos por Calcas (Calcante), cuando Agamenón y los otros jefes del ejército griego fueron a consultarle sobre el éxito de la expedición que preparaban contra la ciudad de Troya. Calcas respondió que, 1º, no tomarían jamás esta ciudad si Aquiles y su hijo Neoptólemo no los acompañaban, 2º, que era necesario que tuvieran las flechas de Hércules, que este héroe, antes de morir había entregado como presente a Filoctetes, 3º, que era absolutamente necesario que se robara el Paladión, al que los troyanos conservaban cuidadosamente en el templo de Minerva, 4º, que uno de los huesos de Pélope debía ser llevado a Troya antes de la toma, 5º, que era preciso robar las cenizas de Laomedón, 6º, que se tuviera mucho cuidado en no dejar beber del agua del Xanto a los caballos de Reso. De los escritos de Homero se pueden deducir otras dos, la primera sería que era necesario hacer morir a Troilo, hijo de Príamo, antes de tomar la ciudad; y la segunda sería que el destino de Troya dependía da tal manera de Héctor, que jamás sería tomada esta ciudad mientras viviera. Finalmente se ha añadido una séptima, a saber, que Télefo, hijo de Hércules y Auge, debía de ser llamado a combatir junto a los griegos.
martes, noviembre 07, 2006
Hércules y la Hidra de Lerna

En vano se intentará realizar una fábula tan magníficamente alegórica. Los pantanos de Lerna cerca de Argos estaban infectados de muchas serpientes de las que

[1] . Banier, Mitología, tom. 2, p. 274.
[2] . Haled, La Turba.
[3] . L. Giraldo, De Hércules.
[4] . Tzetzés, Memorias históricas de la Morée.









