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domingo, junio 01, 2008

BRACESCO MITÓLOGO

De nuevo, querido lector, tengo el placer de traducir y poner en este tu blog un artículo de Hans van Kastel, aparecido en la revista virtual nº 3 de http://www.beyaeditions.com/, se trata de unos fragmentos de la obra de Bracesco, predecesor de Maier y por lo tanto de Pernety, particularmente me fascina su estilo ya que utiliza las fábulas como poniendo de relieve el arte rabínico de ¿a qué se parece la cosa? Agradecer desde aquí la labor de beya y el acierto y fineza de van Kastel. 
 BRACESCO MITÓLOGO H. van Kastel Recreaban al pueblo con las fábulas, y estas fábulas, con los nombres de los dioses del país servían de velo a su filosofía. Orígenes.[1] INTRODUCCIÓN Para los lectores de los Arcanes très secrets de Michael Maier, Bracesco no les será totalmente desconocido. Maier lo cita en su obra como predecesor en el acercamiento alquímico de la mitología de los Antiguos.[2] Médico originario de la región de Brescia, Giovanni Bracesco en 1544 hizo aparecer una obra redactada en italiano, La Espositione di Geber philosopho, cuya versión latina acabó por imponerse bajo el título De Alchimia dialogi duo. Y en efecto, se trata de dos diálogos en cuyo respectivo contenido, las mismas palabras se mezclan a menudo. El primero, intitulado Diálogo explicando el verdadero y auténtico sentido de los libros de Géber, se desarrolla entre el famoso filósofo árabe y un entusiasta estudiante llamado Demogorgon, que ha venido a Persia a devolverle una visita para instruirse en los secretos más profundos de la naturaleza. El segundo, El Bosque de vida, o Diálogo que explica los escritos de Raimond Llull, transcurre entre el célebre mallorquín y el discípulo anónimo que, partiendo de Lombardía con el mismo objetivo, ha ido al encuentro del maestro en su isla natal.[3] Como se verá más adelante, las alusiones a las obras de Géber no son menos frecuentes en este segundo texto. Lo que ha atraído particularmente nuestra atención en la obra de Bracesco, es precisamente la interpretación alquímica de los mitos greco-romanos. En ello el autor encuentra recursos para apoyar la enseñanza de Géber y de Llull. Se puede hablar de una primera sistematización que, más tarde, será claramente desarrollada por Maier, y aún más por Pernety. Sin embargo el método de Bracesco parece un poco diferente. Maier y Pernety parten de una clasificación más o menos razonada (genealógica y cronológica) de los mitos, para explicarlos uno tras otro. Bracesco parece seguir un hilo de Ariadna que desarrolla a medida que pasa revista a los mitos que aparecen, al menos exteriormente, mucho menos ligados entre ellos. Ciertamente este procedimiento no es menos interesante. En las páginas que siguen proponemos al lector la traducción de un extracto del segundo diálogo, El Bosque de vida.[4] Las alusiones a las páginas anteriores no son raras, pero no deberían impedir tener una comprensión global de los propósitos atribuidos aquí a Raimond Llull. Las referencias numeradas de la obra de Géber que da a veces el texto latín, parecen difícilmente utilizables, o sea inexactas; las hemos actualizado en lo posible, en las notas añadidas debajo de la página. 


EXTRACTO DEL BOSQUE DE VIDA RAIMOND: […] Para ocultar esta ciencia,[5] los Antiguos han utilizado un gran número de nombres, comparaciones, enigmas y sobre todo de fábulas poéticas. DISCÍPULO: En algún momento ya he querido decirte que es para mí gran motivo de asombro ver a hombre eminentes y sabios ocultar esta ciencia de alguna manera divina bajo el velo de estas ficciones y quimeras. Pero si tú consigues hacerme comprender la cosa, te seré perpetuamente deudor. Pues nunca encontré a nadie que las haya explicado en otro sentido que el moral. RAIMOND: ¡Los antiguos sabios enseñaban las costumbres mediante actos y discursos públicos![6] Aquel, pues, que no conoce esta ciencia está en la imposibilidad de saber lo que ellos han querido significar con todos estos nombres de dioses, su genealogía, sus amores y sus metamorfosis. Si tu no crees que tal sea el sentido de estas fábulas, ve a ver el Tratado de los minerales, de Alberto (I, 2, 8), donde los expone en este sentido. Según sus declaraciones, la fábula de la Gorgona cuenta cómo ella petrifica a todos aquellos que la miran. Pues bien, es a la fuerte potencia de los minerales a la que se le ha dado el nombre de Gorgona.[7] Se dice que su aspecto representa la disposición que tienen los humores de los cuerpos en lo tocante a la facultad petrificante. He aquí las explicaciones de algunos Antiguos tales como las que acabo de decir. DISCÍPULO: Yo no las comprendo aún. RAIMOND: Lo que te digo ahora es que en los azufres hay una fuerte potencia mineral que endurece y fija: esa es la que está significada por la Gorgona. El hecho de mirarla expresa la relación entre los humores o vapores metálicos y esta virtud petrificante. Pues cuando los humos suben, a lo largo del cuello del vaso, después descienden y tras muchas repeticiones acaban por unirse a los susodichos azufres y se transforman en un piedra muy preciosa. Los poetas también escriben que los griegos vieron a una serpiente que subía a un árbol.[8] En la cima encuentra a la madre con todos aquellos a los que se come. Ella misma, la serpiente, inclinando la cabeza, se cambia en piedra. La serpiente representa el vapor y la humedad radical de los metales. En efecto, antes de la cocción ésta es muy venenosa y es designada con los nombres de serpiente, dragón, león, oso y basilisco, porque tienen una naturaleza feroz y venenosa. Este vapor, pues, sube por destilación en el vaso y allí encuentra a los hijos, es decir, a estos dos azufres, con la madre, es decir, con la plata viva femenina por la cual estos azufres han sido disueltos. Se los come a todos porque ella disuelve estos azufres y los atrae. Pero puesto que este vapor sube y después desciende a través del cuello del vaso, y se deseca al mismo tiempo que estos azufres, se convierte en piedra. La Escritura santa dice que huyendo del fuego la esposa de Lot miró hacia atrás, en contra de la orden recibida de Dios, y que por esta razón se convirtió en estatua de sal.[9] Alfidius dice: “Antes de que obres te voy a describir una buena medicina: es preciso que sea húmeda, y cuando se cueza debe coagularse y espesarse como la sal, la nieve, el granizo, y tener un dulce sabor, el vientre negro y el color blanco”.[10] DISCÍPULO: ¿Qué quiere decir por el “vientre negro”? RAIMOND: Se quiere decir que esta materia, aunque blanca al principio de la cocción, sin embargo tiene una negrura oculta en su interior. Ésta proviene de una untuosidad abrasiva que no ha sido separada totalmente. Es por lo que el primer signo que aparece en la coagulación es la negrura [llamada] “cabeza de cuervo”, que dura cuarenta días después de la coagulación. Después se vuelve blanca, en la medida en que esta humedad es consumida. Se pone también en escena a Júpiter, en cólera contra su padre Saturno, cortándole los órganos genitales con una afilada guadaña, que caen al mar y de cuya sangre asociada a la espuma del mar nace Venus. Por Saturno se entiende esta sal antes de la separación de sus tierras. Se dice que es padre de Júpiter (Iovis pater), en efecto, porque él engendra a Júpiter (Iupiter) una vez separadas las tierras (separatas terris). Pues cuando esta sal ha sido puesta en el vaso sobre el fuego, Júpiter, en cólera y alterado a causa del fuego, se disuelve en un agua sutil significada por la guadaña afilada. Con ésta corta, separa y arrastra las partes masculinas, a saber, el azufre de esta sal llamada Saturno, y descienden juntos en el vaso. Es por lo que se dice que caen en el mar (mare), es decir, en esta agua de sal amarga (amari). De esta sal y este azufre se engendra Venus, como acabo de decir. Esta agua amarga es el carro de Faetón, llamado Eridano (Eridanus) porque en ella desciende el Sol y el espíritu fétido llamado bronce (aes) y Venus.[11] Se dice que Dédalo, encerrado en el laberinto junto con su hijo Ícaro, hizo unas alas con largas plumas, las unió con cera a él mismo y a su hijo y con ellas se elevaron fuera del laberinto a través del aire. Pero Ícaro, volando muy alto, cayó en el mar donde se ahogó, pues el Sol había fundido la cera. Sin embargo las olas del mar lo empujaron hasta la orilla, y su padre lo enterró en la arena. DISCÍPULO: Me gustaría muco tener una explicación de ello. RAIMOND: Yo no podría probarte mis declaraciones encadenando largamente, porque deseo ser breve. Por Dédalo, el padre de Ícaro, se designa otro azufre llamado arsénico. Según Géber, en efecto, el arsénico tiene una materia sutil parecida al azufre.[12] También dice que la medicina específica y fusible de Marte es el arsénico.[13] Pues este último es la parte más sutil del azufre llamado Marte, y esto es porque ella tiene la naturaleza de la sal que es fusible y soluble. Por el laberinto donde están encerrados se designa la cal de nuestro metal, en la cual tiene estos azufres. Las alas con las que se elevan y se subliman son aquellas de las que habla Géber: “Los cuerpos que tienen la necesidad que se les administre una cosa que los eleve son Venus y Marte, porque son lentos en fundirse. Venus tiene necesidad de una tutía, y Marte del arsénico, y con ellos se subliman fácilmente porque les convienen mucho”.[14] DISCÍPULO: Creo que este pasaje es de los que sólo Géber y tú podéis comprender. RAIMOND: Ya te he dicho que por los cuerpos, muy a menudo, se entiende estos azufres llamados Marte y Venus que son lentos en fundirse y disolverse, al no tener Marte las partes saladas y Venus participando poco. Es por lo que se les destila apremiando el fuego y quemando el aludel, como así lo dice Géber.[15] Venus, pues, para ser sublimada necesita la tutía del humo o el agua susodicha. Pues según Géber: “La tutía es el humo de los cuerpos blancos”,[16] es decir, de esta sal llamada plomo, estaño y Luna. Es con estas alas como se sublima en el exterior este Saturno extraído de la cal metálica. Las alas con las cuales Marte, en el momento de la putrefacción, se sublima fuera de su cal representan el arsénico. Pues la humedad y la acidez del vinagre, actuando (mediante el calor del estiércol) en un cuerpo calcinado, disuelve y atrae la substancia de la sal. Con esta última también atrae el azufre sutil llamado arsénico, encerrado en la profundidad de la misma sal. Este azufre sutil es de la substancia del azufre llamado Marte, y es por lo que el azufre sutil llamado arsénico atrae de él mismo, eleva y sublima, junto con la sal, al azufre más espeso llamado Marte. En efecto, en ese momento están todos juntos y unidos y uno no puede elevarse sin el otro. En cuanto a la cera con la que se pegan las alas se trata de la sal de la que acabamos de hablar, viscosa como la cera blanca. Después, puesto que por la destilación, el azufre sutil designado por Ícaro se eleva hacia las alturas, es decir, hacia la cabeza del alambique, donde es llevado por esta agua designada por el águila de Júpiter, cae en el agua. En efecto, el calor disuelve esta sal en el agua y este azufre cae allí y allí muere, puesto que se vuelve negro. Pero es proyectado hacia la orilla por esta agua, es decir, hacia la superficie de esta película o navecilla de la que ya hemos hablado. Pues la parte oleosa siempre sobrenada. Es por lo que cuando el agua es desecada, este arsénico es sepultado en la arena, es decir, en este azufre llamado Marte, que ha sido sutilizado para volverse como una arena muy sutil y luciente. DISCÍPULO: Soy incapaz de comprender estas explicaciones, pero creo lo que tú dices, puesto que eres un maestro en este arte. RAIMOND: Cuando veas la práctica las cosas te parecerán manifiestas. Los poetas dicen también que Júpiter enamorado de Io, que le huía, la envolvió en una nube espesa y sombría de manera que fue detenida en su carrera. Por Io[17] se designa esta agua mercurial de la que acabamos de hablar y que es amada por Júpiter, puesto que son de la misma substancia. Pero cuando se pone a los dos en un vaso al fuego esta agua muy sutil huye a lo largo del cuello del vaso y después retorna. Júpiter envuelve a este sutil azufre en forma de nube espesa y negra que la coagula y la afirma. Estas películas negras (de las que ya he hablado) son las velas negras que permiten a Teseo volver a Atenas. Al verlas su padre Egeo y creyendo que Teseo había muerto se tiró al mar desesperado y allí pereció. Por Teseo, pues, se designa este azufre sutil que se oculta en esta película o aceite designado por el navío. Entonces Egeo, es decir, el azufre llamado Marte, que es el padre de este azufre sutil, se tira al mar, es decir, en esta agua de sal, donde se disuelve y muere, puesto que vuelve a ser negro. Y aún está escrito que tras el diluvio y el desecamiento de las aguas, la tierra productora de animales también produjo una serpiente llamada Pitón, a la que Febo mató con sus flechas. En la destilación de nuestra materia, al ser el fuego primeramente lento, sobreviene un diluvio, es decir, una cierta acuosidad de la que Géber habla;[18] y cuando esta acuosidad ha sido apartada y el fuego ha sido aumentado, sobreviene la tierra, es decir, nuestra materia que participa de mucha ferruginosidad, y que produce los animales, es decir, esta cosa sutil llamada azufre y azufres. Pues ella la destila, según el decir de Senior, y se le llama animal y animales. En efecto, en la Turba de los filósofos: “Nuestro bronce es como un hombre que tiene una alma (animam), un cuerpo y un espíritu”.[19] Ella produce también la serpiente llamada Pitón, es decir, esta agua fétida que Febo, nuestro Sol, mata, es decir, coagula y ennegrece. También se relata que Apolo, preso de amor por Dafne, la perseguía mientras ella huía. Apolo es nuestro Sol que en la destilación sigue al agua mercurial designada por Dafne. También se ha imaginado que Febo y Baco eran hijos de Júpiter. Por Febo y Baco se entiende el azufre llamado más arriba Sol y el vino que, destilado por este Júpiter que retiene una parte, es llamado por esta razón hijo de Júpiter. Se escribe también que Minerva era hija de Júpiter. Pues Júpiter hendió su propia cabeza y de un salto salió de su cerebro Minerva armada. Por Minerva se entiende el agua mercurial porque disminuye (minuit) y sutiliza los nervios (nervos), es decir, los azufres. Júpiter, pues, golpea mediante el fuego su propia cabeza, es decir, esta sal llamada Saturno, en la cual hay esta sal sutil, blanca, blanda y húmeda que significa el cerebro. Es por la destilación que sale Minerva, armada y habiendo revestido esta parte muy sutil y fusible de Marte. Se cuenta aún que Vulcano, preso de amor por Minerva, la perseguía con todas sus fuerzas. Por su parte ella le huía y lo despreciaba. Como la suerte permitió a Vulcano acercarse a ella la cogió por sus vestimentas y, en el exceso de su deseo, derramó su simiente en tierra. De esta simiente nació un hijo. Después Minerva fue dejada en paz. Por Vulcano se entiende este azufre llamado fuego y Marte, que quiere mucho a esta agua mercurial designada por Minerva. En efecto, ellos estaban juntos en su propio metal. Pero puesto que se separan fácilmente, teniendo las naturalezas diferentes, se dice que Minerva le huía. Sin embargo el azufre acercándose a ella y cogiéndola antes que se separe, deja su simiente, es decir, esta parte sulfurosa muy sutil llamada arsénico, sobre la tierra de esta sal llamada Saturno. Por destilación nace un muchacho que más arriba he llamado Ganímedes, Apolo y Febo. Finalmente esta agua es dejada en paz porque ella impide la fijación. Sin embargo ella es necesaria para sostener la vida humana largo tiempo.[20] Algunos dicen también que Marte era hijo de Júpiter y de Juno, pero otros dicen que de Juno sin padre. Aunque a menudo se entienda por Juno al aire, es decir, el agua mercurial, se la toma por el elemento tierra cuando se dice que es hijo de Juno sin padre.[21] Júpiter, pues, y Juno, designada por el elemento aire, se encuentran tras la putrefacción, junto con Marte. Este último al ser separado de su vientre se le llama hijo suyo. Pero puesto que, en cierta medida, el hijo reúne las costumbres del padre y la madre, y como Marte o este azufre es completamente desemejante de nuestro Júpiter, siendo Marte cálido y seco, rojo, duro, sin fusión y privado de plata viva, y siendo Júpiter frío y húmedo, blanco, blando, fusible y una plata viva mortificada, por esta razón se dice que es hijo de Juno sola, entendiendo por ella al elemento tierra. Lo mismo para el azufre y la grasa de la tierra, al no tener semejanza con el agua mercurial. DISCÍPULO: No se que decir a propósito de las explicaciones que propones. Me quedo estupefacto, y creo que si las tuviera que enseñar a otros me tratarían de loco. RAIMOND: Ya te he dicho que no se pueden comprender sin haber visto la práctica. Y si ellos te despreciaran primero, te alabarían después. Por otro lado se dice que Vulcano es hijo de Júpiter y de Juno. Al ser deforme, tras su nacimiento fue echado sobre Lemnos, donde fue alimentado por los monos.[22] Lo que ya he dicho sobre Marte puede entenderse también a propósito de Vulcano. Puesto que es deforme y feo, es decir, que antes de ser lavado tiene esta untuosidad abrasiva y no tiene las partes caliginosas, es rechazado y separado de los otros a causa de la diferencia de naturaleza, de fusión, espesor y rareza, como lo dice Géber.[23] Este también dice que la plata viva sólo toma aquello que es de su naturaleza.[24] Es proyectado, pues, sobre la isla de Lemnos, es decir en el vaso donde caen las flechas,[25] es decir, los azufres engendrados por los vapores cálidos y secos. Allí es alimentado, es decir lavado, por los monos, es decir, por aquellos que imitan a la naturaleza, y allí es conducido a la perfección. Se escribe que Vulcano ha desposado a Venus. Géber dice que el arsénico llamado Venus es comparable al azufre.[26] Se dice que Apolo es hijo de Vulcano. Por Apolo se entiende nuestro Sol que, al ser la parte más sutil de este azufre llamado Marte y Vulcano, pasa por ser su hijo. DISCÍPULO: Dime en qué caso se entiende por Juno el elemento aire. RAIMOND: Se dice que Juno es hija de Saturno y de Opis,[27] hermana y esposa de Júpiter; concebida y nacida antes que Júpiter; es reina de los dioses y de las riquezas; preside los nacimientos y los desposorios; que por esta razón es llamada Juno (Iunonem), es decir, la que junta (iungeret) por el matrimonio. El agua mercurial es hija de Saturno, puesto que es destilada por él, como también por su tierra designada por Opis, ya que ésta da las riquezas, a saber, el agua mercurial y Júpiter, es decir, la sal oculta en las heces quemadas. Sobre estas heces, Hermes, su discípulo Metuendus y el filósofo Mireris dicen: “En las cenizas hay lo que tú buscas”. Además dice Hermes: “Toma las heces que quedan en el fondo del vaso y consérvalas porque ellas son la corona del corazón; sublímalas porque se subliman blancas como la sal”. La misma cosa está escrita en el Libro de las cosas divinas. Géber dice también que la separación de las heces es posible mediante la sublimación de las sales, a causa de la disolución de las sales, que no se produce de otra manera.[28] Las maneras de lavar estas heces quemadas las describe en el Libro de la investigación: “Que se disuelva el atramento negro en el vinagre puro o en el agua hirviente. Después que se destile por el filtro y que se coagule y estará preparado; o que se le meta primero en el alambique y que se le quite toda la humedad”.[29] En la primera destilación, pues, se destila esta agua mercurial designada por Juno. Después se extrae la sal preparada designada por Júpiter. Es por lo que se dice que, en el mismo engendramiento, Juno nace antes que Júpiter. He aquí también lo que quiere significar Géber cuando hablando de esta agua mercurial que viene de su cal más viva que el mismo Júpiter.[30] Se dice que supervisa los partos porque por la destilación arranca en sus tierras y hace salir a la luz a nuestro Febo. Preside los matrimonios porque es el medio para unir las tinturas, como ya lo he dicho. Es por lo que Morien dice que el alma, es decir, nuestro Sol, no puede ser unido al cuerpo del azufre sin la mediación del espíritu; que el alma sólo puede ser unida al cuerpo del que ha sido extraída; que si se intenta unirla a otro cuerpo se trabajará en vano.[31] Se le llama hermana y esposa de Júpiter porque ha nacido en el mismo parto, esposa porque es de la misma substancia; reina de los dioses paganos designados por nuestros metales, azufres y sales, porque es ella quien los rige, y por ella que nacen, que son disueltos, sutilizados, separados, unidos, muertos, vivificados y por ella fructifican, lo que hace que se la califique de reina de las riquezas (opum). También se presenta a Venus como hija de Dione y Júpiter, y esposa de Vulcano, amada por Marte. Por Dione, Vulcano y Marte, se entiende este azufre llamado vino, fuego y Marte. Por otro lado tú podrás encontrar las etimologías de los nombres. El azufre llamado Venus, tras la destilación parece como vino. Esto es porque es destilado a partir de la sal llamada Saturno, en el cual hay la luna y Júpiter, que se dice que es su hijo. Se dice que Amor es hijo de Júpiter y de Venus. Por Amor se puede entender este azufre sutil llamado más arriba Febo. Pues al estar compuesto del mercurio llamado Júpiter y del azufre llamado Venus, se dice que es su hijo. Se dice también que Latona ha sufrido la violencia de Júpiter y esto es porque Juno, esposa de Júpiter, desciende del cielo y la proscribe a la isla de Delos, donde da a luz a Febo y a Diana. Por Latona se entiende lo que acabo de decir de Amor, compuesto, en efecto, de Júpiter y de Venus. Juno, es decir, el agua mercurial, desciende del cielo, es decir de la cabeza del alambique hecho en forma de bóveda celeste. A este cielo ha sido llevado también Ganímedes, es decir este azufre. Juno lleva y proscribe a esta Latona en el vaso, donde permanece hasta que se cambia, primero en Luna y después en Sol. He aquí lo que Géber ha querido significar diciendo: “Hemos visto en las minas de bronce de donde salía un agua que lleva consigo pepitas de bronce muy sutiles y que las lava y limpia por su continua emanación, hemos visto digo, que tras la detención del derramamiento del agua el calor del Sol las había cocido con arena seca durante tres años; y entre ellas se ha encontrado al Sol muy verdadero”.[32] DISCÍPULO: La razón de que no te haya respondido hasta ahora es que no comprendo estas fantásticas explicaciones. Pero en el momento en que hables abiertamente podré decirte algo… RAIMOND: ¡Si tu cerebro es débil y no captas estas explicaciones, al menos no las critiques! Pero ¿qué quieres decir tú? DISCÍPULO: Quiero decir que Géber habla naturalmente puesto que a veces llega como las aguas que atraviesan las minas y arrastran una parte de la mina, como ya lo he dicho antes. Es por esto que nos dice que hemos de imitar la naturaleza. RAIMOND: ¡Tú eres muy crédulo si piensas que la naturaleza puede convertir el bronce en oro! DISCÍPULO: Entonces ¿a qué hace alusión Géber? RAIMOND: Se trata aquí de uno de esos pasajes donde parece que habla abiertamente y sin embargo habla muy oscuramente. Pues la mina de nuestro bronce es esta sal llamada más arriba Saturno. Por destilación, el agua mercurial sale y arrastra a este azufre sutil llamado bronce. Este último es lavado de su untuosidad negra mediante el flujo continuo de estos vapores acuosos que suben y se vuelve blanco cuando estos vapores cesan. Pero después de tres meses se convierte en un Sol muy verdadero, una vez puesto el vaso en la arena o las cenizas con un fuego atemperado. ¡En fin, basta de discurso! La explicación de Géber y de este género de fábulas poéticas se funda sobre todo lo que he dicho antes respecto a los metales intrínsecos. Es por lo que no te explicaré más, por el momento, sobre otras fábulas pues tú podrás comprenderlas por ti mismo después de lo que te acabo de decir, sobretodo si quieres considerar la etimología y el significado de los nombres que usan los Antiguos en sus fábulas. DISCÍPULO: ¡Te lo agradezco infinitamente! […] [1] . Citado por A.-J. Pernety, Les Fables égyptiennes et grecques dévoilées, París, 1786 [reeditadas por La Table d’émeraude, 1982] t. I, p. IX. [2] . Cf. M. Maier, Les Arcanes très secrets, Beya, Grez-Doiceau, 2005, p. 13. Por otro lado los pasajes de la obra de Bracesco han sido a menudo utilizados por Nadine Coppin en su comentario sobre La Caída de Ícaro (cf. Via Hermética, nº 2, octubre 2007) en http://www.beya.com/, [el lector de este blog también encontrará aquí una traducción de dicho artículo]. [3] . El texto latín de los dos diálogos se encuentra en J.-J Manget, Biblioteca chemica curiosa, Genève, 1702 [rééd., por Forni en 1976], t. I, p. 565-597, y 911-938. Verosímilmente este discípulo representa a Bracesco mismo. [4] . Hemos seguido el texto de Manget, op. cit., p. 923-927 [sólo hacer notar que por un error de numeración las pp. 925 y 926 son inexistentes]. [5] . La alquimia. [6] . No tenían necesidad, pues, de ocultarlas. En el primer Diálogo Bracesco es menos conciso y también menos sensible en su argumentación: “Sería preciso ser muy idiota para cree que estas ficciones tenían como objetivo ocultar na doctrina moral ensalzada y tan activamente enseñada, tanto en público como en privado, en palabras y actos, sin que faltara ninguna clase de virtud” (cf. J.-J. Manget, op. cit., p. 583). [7] . El primer sentido del adjetivo griego γοργός es “vehemente”, “impetuoso”. [8] . Cf. Homero, Ilíada, II, 308-309. La serpiente ataca allí a los gorriones. [9] . Cf. Génesis, XIX, 24-26. [10] . No hemos encontrado esta cita de Alfidius entre aquellas que le son atribuidas en el Rosario de los filósofos. [11] . Conduciendo el carro del Sol, Faetón cae en el Río Po, antiguamente el Eridano, nombre que significa “don de bronce”. Bracesco identifica carro y río. [12] . Cf. Géber, “La Suma de la perfección”, pp. 157 y 218, en: J. Mangin de Richebourg, Bibliothèque des philosophes chimiques, Beya, Grez-Doiceau, 2003, t. I. [13] . Cf. ib., p. 255. [14] . Ib., p. 195; cf. también pp. 246-247. [15] . Cf. ib., pp. 181, 191, 192 y 195, sólo es cuestión de inflamar el aludel. [16] . Ib., pp. 222 y 223. [17] . El texto latino dice Iovem que nosotros corregimos por Ionem. [18] . Cf. ib., p. 182 y sobretodo p. 189. [19] . Cf. “Turba de los filósofos”, pp. 463 y 493, en J.-J. Manget, op. cit. [20] . Estas últimas palabras son una respuesta a la cuestión que ocupa al discípulo según el principio del Diálogo, a saber, cómo los Antiguos “se sostenían viviendo largo tiempo sin ninguna enfermedad”; cuestión a la que Llull ya había respondido: “Los primeros tenían el árbol de la vida, que les protegía de la muerte” (J.-J. Manget, op. cit., p. 911). [21] . Los Antiguos generalmente identificaban a Juno con el aire, apoyándose, por ejemplo, en el nombre de “Ηρα”, “Hera”, anagrama de άήρ, “aire”. La identificación de Juno con la tierra es suficientemente explícita, entre otros, en Virgilio, Geórgicas II, 325-326. He aquí el comentario de Servius sobre estos dos versos: “A veces se asimila a Juno con el aire y a Júpiter con el Éter, y a Juno con la tierra y el agua, como es este caso”. [22] . Cf. Homero, Ilíada, I, 590 a 594. Este célebre episodio ha sido comentado por S. Feye, La Caída de Hefaistos, en Le Fil d’Ariane, Walhain-St-Paul, 1981, nº 12, pp. 19 a 29. Los Σιντιες, “Sintios” habitantes de la isla de Lemnos, se vuelven en Bracesco simiae, “monos” o “imitadores”. Pernety, en sus Fábulas mantiene esta denominación de “simios”. [23] . Cf. Géber, op. cit., pp. 238 y 269. [24] . Cf. ib., pp. 220 y 223. [25] . Posible alusión a las flechas de Filoctetes abandonado en Lemnos. [26] . Cf. ib., pp. 155 y 157. “Comparable” traduce el latín comprar, que se puede dar también por “esposo”, “esposa”: que forma “pareja con” alguien. [27] . O de Ops; el nombre ops, opis, significa “opulencia”, “riqueza”. [28] . Cf. ib., pp. 184-185. [29] . Géber, “Libro de la Investigación”, p. 559, en J.-J. Manget, op. cit. [30] . Cf. id., “La Suma de la perfección”, pp. 160, 204 y 205. [31] . Cf. Morien, “Conversación del rey Calid con el filósofo Morien”, pp. 328 y 329, en: J. Mangin de Richebourg, op, cit. [32] . Géber, op. cit., p. 172.

miércoles, septiembre 12, 2007

(artículo del traductor) El Secreto de la Mitología

No me cansaré de recomendar al lector textos actuales, ligados a la Tradición mediante un invisible pero evidente Hilo conductor lanzado por nuestro Padre pescador Adán.(1)
En este caso me refiero al hallazgo de la revista LA PUERTA,(2) de la cual, y a mi entender, ningún artículo tiene desperdicio para el buscador.
He escogido unos fragmentos, que me han fascinado, del artículo aparecido en la Puerta Tradición Latina,(3) siguiendo al mismo autor, Raimon Arola, titulado La Mitología como filosofía secreta y que el navegante también lo puede encontrar íntegro en http://www.lapuertaonline.es/ (apartado Tradición clásica).
El artículo se emplaza en el Siglo de Oro y dice:
En la literatura del Siglo de Oro español los dioses de la antigüedad clásica ocupan un lugar privilegiado, por doquier se cuentan sus hazañas, se explican sus nombres y se cantan sus glorias. Sin duda esta familiaridad se debe a la influencia del Renacimiento italiano, cuando los artistas y los filósofos se dedicaron a desenterrar la cultura y los mitos de la antigüedad entusiasmados con la Prisca theologia (4). Se consideraban continuadores de una antigua revelación que empezó con el legendario Hermes Trismegisto, quien la transmitió a Orfeo, éste a Pitágoras, él a su vez la transmitió al divino Platón, y Platón la trasmitió a Virgilio.
[...] El tratado de mitología que más resonancia tuvo durante el Siglo de Oro español, y sin duda el más importante es La Filosofía Secreta, escrito por el Bachiller Juan Pérez de Moya, astrólogo y matemático, que fue publicado en Madrid en agosto de 1584. Su título, indica claramente la intención del autor, éste propone para comprender las fábulas antiguas cinco sentidos, que van desde el más exterior y superficial, esto es, la historia, hasta el sentido central, la filosofía secreta. (5)
[...] Pérez de Moya sigue muy de cerca las explicaciones tradicionales de la etimología, alude sin citarlos a Platón y Varrón (6), pero no se queda aquí, su interpretación concluye siempre con la lectura natural del mito. Veamos algunos episodios de las fábulas de Júpiter que, en la interpretación del sabio castellano, nos permiten reconocer el origen de la etimología, esto es, la realidad natural a la que aluden; en relación a la fábula de las abejas que acuden a criar a Júpiter, nuestro erudito interpreta que los antiguos quisieron: «significar que de la tierra se levantan exhalaciones y los engendramientos de los elementos». A continuación comenta la leyenda en la que Júpiter fue criado por una cabra, y escribe: « porque la cabra es amiga de subir a lo alto, tanto que aun para comer se alza y sube a las matas; así los elementos y los vapores se levantan sobre la tierra» (7). En la explicación de la lucha de Júpiter con los Titanes, Pérez de Moya, afina todavía más su lectura de los mitos de Júpiter relacionados con la exhalación de la tierra, y comenta que:
«Algunos dicen que los antiguos por esta fábula declararon los mudamientos de los elementos, unos en otros, y las generaciones de las cosas naturales, entendiendo por los Titanes lo grueso y terrestre, que entre sí tienen los elementos, que la fuerza de los cuerpos celestiales arrempuja de lo alto a lo bajo, porque los vapores por la fuerza o virtud del Sol, por quien se entienden los Titanes, suben hacia arriba, los cuales, llegados a lo alto por virtud de los cuerpos divinos se resuelven en puros elementos, o se rechazan hacia abajo, y dellos se vuelven a entrar en la tierra, como hace el agua, y de esta entrada vuelve la tierra a engendrar cosas, y otros vapores, que es una pelea perpetua, mediante la cual contrariedad de elementos consiste la generación de las cosas naturales» (8).
Estos comentarios naturales pueden parecer a primera vista gratuitos, pero al compararlos con textos de literatura propiamente alquímica, encontramos interesantes coincidencias. Dom Pernety, otra vez, nos presta una ayuda inestimable para dicha comparación, pues reconoce en las fábulas del nacimiento de Júpiter una operación alquímica, para ello cita a Jean d’Espagnet cuando éste dice:
« La Ablución nos enseña a blanquear el cuervo y a crear Júpiter de Saturno, lo que se hace por la volatilización del cuerpo, o la metamorfosis del cuerpo en espíritu. La Reducción o la caída en forma de lluvia del cuerpo volatilizado, restituye a la piedra su alma y la alimenta con la leche espiritual del rocío, hasta que adquiere una fuerza perfecta» (9)
Toda la lectura alquímica de Pernety gira entorno a esta operación, parecida, según él, a la destilación y condensación de la química vulgar, y que alquímicamente es, siguiendo otra vez a d’Espagnet, lo que permite: "la formación y la alimentación del Hijo filosófico; que aparece finalmente con una cara blanca y bella como la de la Luna"(28). Entonces comprendemos porque Júpiter es llamado el dador y mantenedor de la vida.
El pensamiento hermético que sabe leer los fenómenos naturales como el libro en donde Dios ha escrito los misterios de la regeneración del hombre y la naturaleza estaba muy extendido en la época. Basta observar brevemente el índice de la segunda parte de la Introducción del Símbolo de la Fe de Fray Luis de Granada, publicado un año antes que la Filosofía Secreta, para convencernos del conocimiento de esta tradición. Una de las ideas capitales de su obra es que, por medio de la observación de las maravillas naturales es posible conocer a Dios, el artífice, y: « No como filósofos (que no pretenden más que darnos conocimiento de las cosas), sino como teólogos, mostrando en ellas la infinita sabiduría del Hacedor, que tales cosas supo trazar, y la de su omnipotencia, que todo lo que trazó pudo con sola su palabra hacer »(11) Veamos, a modo de ejemplo, cómo explica el fenómeno de la evaporación y condensación del agua que produce la lluvia. Primero describe el fenómeno, después hace la siguiente comparación:
« La experiencia de esto vemos en los alambiques en los que se destilan las rosas y otra yerbas, donde la fuerza del calor del fuego seca la humedad de las yerbas que se destilan, y las resuelve en vapores, y hace subir a lo alto, donde, no pudiendo subir más, se juntan y espesan y convierten en agua, la cual con su natural peso, corre luego hacia abajo, y así se destila [...] Desta manera el arte imita la naturaleza, como lo hace en todas las otras cosas»(12).
[...] Volviendo a La Filosofía secreta de Pérez de Moya quisiéramos destacar un fragmento que nos parece especialmente interesante: « Decir que Júpiter para engendrar a Hércules tomo forma de Anfitrión, es porque el hombre es para engendrar instrumento: empero la voluntad divina, entendida por Júpiter, y la fuerza de las estrellas, como causa segunda, son como instrumento para procrear varones claros»(13).
La diferencia que establece entre el engendramiento de la voluntad humana y el engendramiento según la voluntad divina nos muestra claramente que todas sus explicaciones sobre las operaciones naturales esconden el sentido último de la alquimia, la regeneración del hombre, los varones claros, de los que Juan en su Evangelio dice: «Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (I, 13), y «Lo que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» (III, 6). Pérez de Moya nos señala claramente cómo los varones claros nacen de la voluntad divina por medio de las estrellas, que son el instrumento de este engendramiento. En El Mensaje Reencontrado, (14) Louis Cattiaux escribe: «¿Pensáis hacer algo bueno sin el sol, sin la luna, sin las estrellas, sin el aire, sin el agua y sin la tierra?, Entonces, ignoráis la agricultura que es la ciencia de Dios» (XXIII, 48). Es importante señalar que Cattiaux, al igual que Pérez de Moya, habla de las estrellas y no los astros, los cuales dirigen la voluntad humana, a diferencia de las estrellas que fecundan los trabajos de los adeptos.
La idea de los varones claros es muy importante en la literatura y el arte del Siglo de Oro, se le representa como Hércules, o Teseo pero generalmente como Apolo imberbe cuya belleza es como la de Cristo (15). Pérez de Moya explica lo que significa que Apolo sea el hijo de Júpiter y Latona; por Latona entendían los antiguos: « aquella materia confusa, llamada caos, de que se hicieron las cosas», y por Júpiter: « el verdadero Dios señor nuestro. Este criador de todo hizo primero dos luminarias, que son el Sol y la Luna, como se lee en el Génesis» (16), es decir Apolo y Diana. Y completando el mito escribe: « Que Apolo en naciendo usase la ballestería y matase a la serpiente Pitón, es que saliendo el Sol, con el calor de sus rayos, que son como saetas, consumió los nublados y vapores de que se engendraban, que primero lo oscurecían» (35). Lo que Nicolás Flamel lee alquímicamente diciendo: « Lo que se lava es la Serpiente Pitón, quien, habiendo tomado su ser de la corrupción del limo de la tierra surgido de las aguas del diluvio, cuando todas las confecciones eran agua, debe ser matada y vencida por las flechas del Dios Apolo, por el rubio Sol, es decir por nuestro fuego igual al del Sol» (18).
Pérez de Moya expone por qué se representa a Apolo imberbe: « Llámase Febo, porque es nuevo y como niño, porque en latín llaman efebos a los que no tienen aun barba, como son los niños, y conviene al Sol esto, porque cada día nace de nuevo, saliendo por el horizonte, como el que sale del vientre de su madre»(19).
Los varones claros son la imagen del Sol filosófico. S. de Covarrubias representa al varón justo con el emblema de un obelisco, y escribe: « El varón justo, es como columna, o aguja de firmeza» (20). Los obeliscos estaban dedicados al sol, representando en ellos uno de sus rayos. Plinio en su Historia Natural define a los obeliscos como rayos de sol petrificados, explica lo siguiente tratando de las maravillas de Egipto:
« Los reyes, por una cierta rivalidad entre ellos, hicieron de esta piedra unos bloques largos llamados obeliscos, consagrados a la divinidad del Sol. En la superficie se halla la representación de sus rayos, y eso es lo que significa su nombre en lengua egipcia». (21)
Estas palabras son profundamente herméticas, aunque a nivel exterior parezcan que explican una curiosidad de poca importancia. El «rayo del sol petrificado» es lo mismo que la «luz corporificada», el término imperecedero de la creación, por lo que la imagen del obelisco nos conduce directamente al misterio del hombre regenerado. Los obeliscos estaban dedicados al sol, representando a uno de sus rayos. Así pues, los varones claros son la imagen del Sol filosófico. Es por ellos que L. Cattiaux decía: «Rayo y germen se aplican perfectamente a Jesucristo y al Verbo Eterno representado, de hecho, por el Sol dispensador de vida». (22)
El sentido esotérico del obelisco está perfectamente descrito en los comentarios cabalísticos sobre el Sueño de Jacob, en particular sobre el pasaje «Y cogió la piedra que había puesto como cabecera y la enderezo en estela (matsevah: obelisco, columna)» (Génesis, XXII,17). En el Sefer ha-Zohar leemos el siguiente comentario sobre dicho versículo: «¿Que significa matsevah? Significa que la piedra había caído y él la volvió a levantar». (23) O sea, se entiende que esta piedra no es otra cosa que el hombre que habiendo caído, se vuelve a levantar, es decir, se regenera.
Estas últimas citas nos ayudan a comprender con bastante precisión cual es la Naturaleza de la que hablan los sabios y, entre ellos, el bachiller Pérez de Moya, pues la Naturaleza que vemos con nuestros ojos y sentidos caídos, no es sino un reflejo de la Naturaleza interior, aquella que está oculta en cada uno de nosotros mismos, y que en los varones claros se levanta y se manifiesta completamente. Entonces la mitología es la filosofía que reúne al hombre con Dios.

(1): Nótese que la palabra pescador es la misma que pecador más la letra S, letra de Serpiente o de Sabiduría. Esto es apreciación mía y “vale lo que vale”.
(2): LA PUERTA, Isaac Peral 13b 08397 Pineda de Mar (Barcelona), tel. y fax. 937623009.
(3): LA PUERTA, Tradición Latina, ed. Obelisco, Barcelona, 1995, p. 125
(4): Sobre la Prisca Theología, es decir, la Teología de los antiguos, ver F. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, ed. Ariel, Barcelona, 1983; p. 34-36.
(5): Hemos utilizado la edición de la Filosofía secreta de ed. Glosa, Barcelona, 1977. Todas las referencias citadas pertenecen al primer volumen, la presente cita se encuentra en la p.9. Recientemente ha aparecido una edición de la editorial Cátedra, realizada por M. Claverías.
(6): Cfr. M.T. Varrón, Di lingua Latina, ed. Anthropos, Barcelona, 1990; p.49s. Y Platón, "Crátilo", Diálogos II, ed. Gredos, Madrid, 1987; p.386s.
(7): Pérez de Moya,
op. cit.; p.83.
(8): ibídem.; p.90s.
(9): D. Pernety, op. cit.; vol.I I, p.58. Y J. d’Espagnet, L’oeuvre secret de la philosophie d’Hermès. Ed. Denoël, París, 1972
; p. 150.
(10): Pernety, ibidem; vol.II, p.58.
(11): Fray Luis de Granada Introducción del Símbolo de la Fe . Ed. Cátedra, Madrid, 1989; p.114.
(12): ibídem.
(13): Juan Pérez de Moya, op. cit.; vol. II, 131.
(14): El Mensaje Reencontrado, última edición en castellano, ed. Sirio, Málaga, 1996, XXIII, 48.
(15): Los hombre del Renacimiento bajo las formas de Apolo hablaban del Hijo de Dios, es el viejo sueño de A. Durero cuando decía: "De la misma manera que los paganos han dado a su ídolo Apolo las proporciones de la más bella forma humana, nosotros queremos utilizar la misma medida para Cristo Nuestro Señor, que es el más bello del mundo". Citado por J. Garriga, Fuentes y documentos para la historia del arte. El Renacimiento en Europa. Ed. G. Gili, Barcelona, 1983; p.483.
(16): Pérez de Moya, ibídem.; p. 210.
(17): ibídem.; p.211.
(18): N. Flamel Libro de las figuras jeroglíficas. Ed. Obelisco, Barcelona, 1982; p. 59.
(19): Pérez de Moya, ibídem.; p.225.
(20): Emblemas morales. Madrid, 1610. Centuria II, emblema 149.
(21): Textos de Historia del Arte. Ed. Visor, Madrid, 1988; p.147.La palabra egipcia teche designa a la vez el rayo de sol y el obelisco.
(22): "Extracto de cartas de L. Cattiaux a sus amigos" en La Puerta, nº 9; Barcelona, 1982; p. 31.
(23): Sefer ha-Zohar . Ed. Verdier, Lagrasse, 1981; vol. I, p.366.

lunes, marzo 26, 2007

Historia de Tifón (2)

Los historiadores relatan también que los egipcios tenían al mar como abominación porque creían que era Tifón y lo llamaban espuma o saliva de Tifón,[1] nombres que también daban a la sal marina. Pitágoras, instruido por los egipcios, decía que el mar era una lágrima de Saturno. La razón que tenían era que el mar, según ellos, era un principio de corrupción, puesto que el Nilo que les procuraba tantos bienes, se viciaba al mezclarse con él. Estas tradiciones nos enseñan todavía que Tifón hizo perecer a Orus en el mar donde lo precipitó y que Isis, su madre, lo recogió de allí y lo resucitó.
Hemos dicho que Osiris era el principio ígneo, dulce y generativo, que la naturaleza emplea en la formación de los mixtos y que Isis
era el húmedo radical, pues es preciso no confundir al uno con el otro puesto que difieren entre ellos como el humo y la llama, la luz y el aire, el azufre y el mercurio. El humor radical es en los mixtos el asiento y el alimento del calor innato o fuego natural y celeste y se vuelve como el lazo que lo une con el cuerpo elemental; esta virtud ígnea es como la forma y el alma del mixto. Es por lo que hace el oficio de macho y el humor radical hace, en tanto que húmedo, la función de hembra, son pues, como hermano y hermana y su reunión constituye la base del mixto. Pero estos mixtos no están compuestos tan sólo del humor radical, en su formación de las partes homogéneas, pues partes impuras y terrestres se unen a él para completar los cuerpos de los mixtos, y estas impurezas groseras y terrestres son el principio de su corrupción, a causa de su azufre combustible agrio y corrosivo que actúa sin cesar sobre el azufre puro e incombustible. Estos dos azufres o fuegos son, pues, dos hermanos, pero hermanos enemigos, y por la destrucción diaria de los individuos se puede uno convencer que lo impuro vence
sobre lo puro. Estos son los dos principios bueno y malo de los que hemos hablado en los capítulos primero y segundo de este libro.
 
Sentado esto, no es difícil concebir el por qué se hace de Tifón un monstruo espantoso, siempre dispuesto a hacer el mal y que tuvo incluso la audacia de hacer la guerra a los dioses. Los metales abundan de este azufre impuro y combustible que los corroe y los convierte en herrumbre, cada uno en su especie. Los dioses habían dado sus nombres a los metales y es por lo que Herodoto[2] dice que los egipcios contaban primeramente sólo ocho grandes dioses, es decir, los siete metales y el principio del que eran compuestos. Tifón era nacido de la tierra grosera siendo el principio de la corrupción. Él fue la causa de la muerte de Osiris, porque la corrupción se hace mediante la solución que hemos explicado hablando de la muerte de este príncipe. Las plumas que cubrían la parte superior del cuerpo de Tifón y su altura, que llevaba su cabeza hasta las nubes,  indican la volatilidad y su sublimación en vapores. Sus piernas y sus nalgas cubiertas de escamas y las serpientes que le salían de todos los lados son el símbolo de su acuosidad corrosiva y putrescente.
El fuego que echa por la boca señala su adustibilidad corrosiva y designa su pretendida fraternidad con Osiris, porque éste es un fuego oculto, natural y vivificante y el otro es un fuego tirano y destructivo. Es por lo que Espagnet lo llama tirano de natura y fraticida del fuego natural, lo que conviene perfectamente a Tifón. Las serpientes son para los filósofos ordinariamente el jeroglífico de la disolución y de la putrefacción, también se conviene en que Tifón no difiere en nada de la serpiente Pitón, muerta por apolo. Se sabe también que Apolo y Horus eran considerados como el mismo dios.
Este monstruo no se contenta con haber hecho morir a su hermano Osiris, también precipitó a su sobrino Horus en el mar, después de ser ayudado por una reina de Etiopía. No se puede designar más claramente la resolución en agua del Horus o el Apolo filosófico, que haciéndolo precipitar en el mar; la negrura que es la señal de la solución perfecta y de la putrefacción llamada muerte por los adeptos, se ve en esta reina de Etiopía. Esta materia corrompida y podrida es precisamente esta espuma o saliva de Tifón en la cual Orus fue precipitado y sumergido. Ella es verdaderamente una lágrima de Saturno, puesto que el color negro es el Saturno filosófico. Finalmente Isis resucitó a Horus, es decir, que el Apolo filosófico, tras haber sido disuelto, podrido y vuelto negro, pasa de la negrura a la blancura llamada resurrección y vida en el estilo hermético. El padre y la madre se reunieron entonces para combatir a Tifón o la corrupción y tras haberle vencido reinaron gloriosamente, primero la madre o Isis, es decir, la blancura y después de ella Orus su hijo o la rojez.
Sin recurrir a tantas explicaciones, sólo las supuestas tumbas de Tifón nos hacen entender lo que se pensaba de este monstruo, padre de tantos otros, como explicamos en los capítulos que les conciernen. Unos dicen que Tifón se tiró a un pantano donde pereció, otros que fue fulminado por Júpiter y que pereció por el fuego. Estos dos géneros de muerte son bien diferentes y sólo la química hermética puede acordar esta contradicción; Tifón pereció, en efecto, por el agua y por el fuego al mismo tiempo, pues el agua filosófica, o el menstruo fétido, o el mar de los filósofos, que es una misma agua formada por la disolución de la materia, es también un pantano puesto que estando encerrado en el vaso no tiene corriente. Esta agua es un verdadero fuego, dicen casi todos los filósofos, puesto que quema con tanta fuerza y actividad como lo hace el fuego elemental. Los químicos queman con el fuego y nosotros quemamos con el agua –dicen Ramón Llull y Ripley– Nuestra agua es un fuego –añade este último–[3] que quema y atormenta los cuerpos tanto como el fuego del infierno.
Cuando dice que Júpiter lo fulminó es que el color gris o el Júpiter de los filósofos es el primer dios químico que triunfa de los titanes, o que sale victorioso de la negrura y de la corrupción. Entonces el fuego natural de la piedra empieza a dominar. Horus viene en ayuda de su madre y Tifón queda vencido. Es suficiente comparar la historia, o más bien la fábula de Pitón con la de Tifón para ver claramente que las explicaciones que acabo de dar expresan la verdadera intención del que inventó estas alegorías. En efecto, la serpiente Pitón nace en el barro y el limo y Tifón nació de la tierra, el primero pereció en el mismo fango que le vio nacer, tras haber combatido contra Apolo, el segundo murió, entonces, en un pantano tras haber hecho la guerra a los dioses y particularmente a Horus, que es el mismo que Apolo y por el cual fue vencido. Estos hechos no requieren ninguna explicación.

[1] . Kircher, Obelis. Pamph. p. 155.
[2] . Herodoto, Euterpe.
[3] . Las Doce Puertas.

martes, marzo 13, 2007

Historia de Osiris (6)



Esta segunda operación es parecida a la primera y su llave es la solución de la materia, o la división de los miembros de Osiris en muchas partes. El cofre donde este príncipe es encerrado es el vaso filosófico sellado herméticamente. Tifón y sus cómplices son los agentes de la disolución, veremos el por qué después de esto en la historia de Tifón. La dispersión de los miembros del cuerpo de Osiris es la volatilización del oro filosófico y la reunión de estos miembros indica la fijación. Ésta se hace mediante los cuidados de Isis, o la tierra, que como un amante, dicen los filósofos, atrae a ella las partes volatilizadas; entonces Isis, con la ayuda de su hijo Horus, combate a Tifón, lo mata, reina gloriosamente y se reúne al fin con su querido esposo en la misma tumba, es decir, que la materia disuelta, se coagula y se fija en el mismo vaso, porque como dice un axioma de los filósofos es, solutio corporis est coagulatio spiritus (disolver el cuerpo y coagular el espíritu).

Horus, hijo de Osiris y de Isis, es reconocido por todos los autores por ser lo mismo que Apolo, se dice también que Apolo mató a la serpiente Pitón a flechazos, Pithón es el anagrama de Tiphón. Pero este Apolo debe de entenderse como el Sol o el oro filosófico, que es la causa de la coagulación y de la fijación. Se encontrará esto explicado con más detalle en el tercer libro de esta obra en el capítulo de Apolo.[1]
Osiris fue finalmente puesto en el rango de los dioses por Isis, su esposa, y por Mercurio, quien instituyó las ceremonias de su culto. Es preciso señalar dos cosas respecto a esto: 1º, que los dioses, en el rango de los cuales fue puesto Osiris, no podían ser más que dioses fabricados por la mano de los hombres, es decir, dioses químicos o [2] ya hemos aportado sus palabras respecto a esto. 2º, Que Mercurio es igualmente el nombre del mercurio de los filósofos y de Hermes Trismegisto. El uno y el otro han trabajado con Isis en la deificación de Osiris, el filosófico actuando en el vaso en concierto con Isis y el filósofo conduciendo exteriormente las operaciones, es lo que ha hecho dar al uno y al otro el título de consejero de Isis porque no emprendía nada sin ellos. Fue, pues, Trismegisto quien determinó su culto y quien instituyó las misteriosas ceremonias, para que fueran símbolos y alegorías permanentes tanto de la materia como de las operaciones del arte hermético o sacerdotal, como veremos seguidamente.
herméticos. Mercurio Trismegisto lo dice positivamente;
[1] . Véase en este blog el archivo de Octubre. N. del T.[2] . Hermes, Asclepio.

miércoles, febrero 28, 2007

Las Fábulas Egipcias, Introducción (5)

No se ha de confundir a los filósofos herméticos o verdaderos alquimistas con los sopladores, los que buscan hacer oro inmediatamente con las materias que emplean, mientras que los otros buscan hacer una quintaesencia que pueda servir de panacea universal para curar todas las enfermedades del cuerpo humano y un elixir para transmutar los metales imperfectos en oro. Es propiamente los dos objetivos que se proponían los egipcios, según todos los autores tanto antiguos como modernos. Es este arte sacerdotal del que hacían tan gran misterio, y que los filósofos tendrán siempre envuelto en la oscuridad de los símbolos y las tinieblas de los jeroglíficos. Se contentarán en decir como Haled:[1] Que hay una esencia radical, primordial, inalterable en todos los mixtos, que se encuentra en todas las cosas y en todos los lugares; ¡dichoso aquel que puede comprender y descubrir esta secreta
esencia y trabajarla como es preciso! Hermes dice también que el agua es el secreto de esta cosa y el agua recibe su alimento de los hombres. Marcunes no tiene dificultad en asegurar que todo lo que está en el mundo se vende más caro que esta agua, pues todo el mundo la posee, todo el mundo la necesita. Abuamil dice, hablando de esta agua, que se encuentra en todo lugar, en los llanos, en los valles, sobre las montañas, en el rico y en el pobre, en el fuerte y en el débil. Tal es la parábola de Hermes y de los sabios, tocando su piedra; es un agua, un espíritu húmedo del que Hermes ha envuelto su conocimiento bajo las figuras simbólicas más obscuras y las más difíciles de interpretar.
La materia de donde se saca esta esencia encierra un fuego oculto y un espíritu húmedo; no es sorprendente, pues, que Hermes nos la haya presentado bajo el emblema jeroglífico de Osiris, que quiere decir fuego oculto,[2] y de Isis que siendo tomada por la Luna, significa la naturaleza húmeda. Diodoro de Sicilia confirma esta verdad diciendo que los egipcios que consideraban a Osiris y a Isis como dioses, decían que éstos recorren el mundo sin cesar, que alimentan y hacen crecer todo, durante las tres estaciones del año, la Primavera el Verano y el Invierno y que la naturaleza de estos dioses contribuye infinitamente a la generación de los animales, porque uno es ígneo y espiritual y el otro húmedo y frío; que el aire es común a los dos; en fin, que todos los cuerpos son engendrados y que el Sol y la Luna perfeccionan la naturaleza de las cosas.

Plutarco[3] nos asegura por su lado, que todo lo que los griegos nos cantan y nos declaman, los gigantes, los titanes, los crímenes de Saturno y de los otros dioses, del combate de Apolo con la serpiente Pitón, las carreras de Baco, las búsquedas y los viajes de Ceres, no difieren en nada de lo que se considera de Osiris y de Isis, y que todo lo que se ha inventado de parecido con tanta libertad en las fábulas que las divulgan, debe ser entendido de la misma manera, como lo que se observa en los misterios sagrados y que se dice ser un crimen el desvelarlo al pueblo.
 Todo en la naturaleza ha sido engendrado de lo cálido y lo húmedo; los egipcios dieron al uno el nombre de Osiris y al otro el de Isis y dijeron que eran hermano y hermana, esposo y esposa. Se les tomó siempre por la naturaleza misma, como veremos en lo que sigue. Cuando no se quiera recurrir a sutilidades será fácil descubrir lo que los egipcios, los griegos, etc., entendían por sus jeroglíficos y sus fábulas. Las habían imaginado tan ingeniosamente que ocultaban muchas cosas bajo la misma representación, como entendían también una misma cosa por diversos jeroglíficos y diversos símbolos, los nombres, las figuras, las mismas historias eran varias pero el fondo y el objeto no eran para nada diferentes.

Se sabe, y sólo es preciso abrir las obras de los filósofos herméticos, para ver a primera vista que no sólo han seguido el método de los egipcios, en todos los tiempos, para tratar de la piedra filosofal sino que también han empleado los mismos jeroglíficos y las mismas fábulas en todo o en parte siguiendo la manera en que ellos eran impresionados. Los árabes han imitado más de cerca a los egipcios, porque tradujeron a su lengua un gran número de tratados herméticos y otros escritos en lengua y estilo egipcios. La proximidad del país y por consiguiente la frecuentación y el comercio más particular de estas dos naciones puede también haber contribuido a ello.

Esta unanimidad de ideas y este uso no interrumpido después de tantos siglos forman, sino una prueba sin réplica, por lo menos una presunción de que los jeroglíficos de los egipcios y las fábulas habían sido imaginadas en vistas a la gran obra e inventadas para instruir en su teoría y en su práctica, solamente a algunas personas, mientras que a causa del abuso y de los inconvenientes que resultarían de ello, se tendrían la una y la otra ocultas al pueblo y a los que se juzgara no dignos.
Yo no he sido el primero que haya tenido la idea de explicar estos jeroglíficos y estas fábulas mediante los principios, las operaciones y el resultado de la gran obra, llamada también piedra filosofal y medicina dorada. Se ve extensamente en casi todas las obras que tratan de este misterioso arte.
[1] . Haled, Coment. en Hermet.
[2] . Kircher, Oedip. Aegypt. T. I. P. 176.
[3] . Plutarco, Isis y Osiris.

viernes, noviembre 24, 2006

Fatalidades atribuidas a la ciudad de Troya




Tanto en el ejército de los griegos como en el de los troyanos, estaban persuadidos de que la ciudad de Troya no podía ser tomada si no se ejecutaban ciertas cosas de las que dependía la suerte de esta ciudad. Homero no las menciona todas expresamente, pero Ovidio, Licofrón y algunos otros antiguos han hablado de ellas. Sin embargo se las puede deducir de lo que relata Homero en diferentes
lugares, tales como aquellos donde se describe lo que se hizo para ir a buscar a Filoctetes en Lemnos, Pirro en Esciros, la atención que los griegos ponían en impedir que los caballos de Reso bebiesen del agua del Xanto, y los peligros que desafiaron para llevarse el Paladión.
Estas fatalidades habían sido declaradas a los griegos por Calcas (Calcante), cuando Agamenón y los otros jefes del ejército griego fueron a consultarle sobre el éxito de la expedición que preparaban contra la ciudad de Troya. Calcas respondió que, 1º, no tomarían jamás esta ciudad si Aquiles y su hijo Neoptólemo no los acompañaban, 2º, que era necesario que tuvieran las flechas de Hércules, que este héroe, antes de morir había entregado como presente a Filoctetes, 3º, que era absolutamente necesario que se robara el Paladión, al que los troyanos conservaban cuidadosamente en el templo de Minerva, 4º, que uno de los huesos de Pélope debía ser llevado a Troya antes de la toma, 5º, que era preciso robar las cenizas de Laomedón, 6º, que se tuviera mucho cuidado en no dejar beber del agua del Xanto a los caballos de Reso. De los escritos de Homero se pueden deducir otras dos, la primera sería que era necesario hacer morir a Troilo, hijo de Príamo, antes de tomar la ciudad; y la segunda sería que el destino de Troya dependía da tal manera de Héctor, que jamás sería tomada esta ciudad mientras viviera. Finalmente se ha añadido una séptima, a saber, que Télefo, hijo de Hércules y Auge, debía de ser llamado a combatir junto a los griegos.

martes, noviembre 07, 2006

Hércules y la Hidra de Lerna



Tras esta penosa expedición Alcides volvió junto a Euristeo y se sometió a sus órdenes. Éste lo envió a exterminar la hidra, este monstruo de siete cabezas (según la opinión más común) que habitaba en los pantanos de Lerna y que había sido alimentado y criado cerca de la fuente de Amimone. Cuando se le cortaba una cabeza le salían dos. Pero Jolao, hijo de Ificlo, que acompañó a Hércules, metió enseguida fuego en la herida después de que Hércules le cortara la cabeza, por miedo a que de la sangre que saliera se formaran otras nuevas. Apolodoro añade este hecho y Eurípides en su Tragedia intitulada Jon, dice que la guadaña que usó Hércules para cortar las cabezas de la hidra era de oro.
En vano se intentará realizar una fábula tan magníficamente alegórica. Los pantanos de Lerna cerca de Argos estaban infectados de muchas serpientes de las que
una era la hidra, y estos pantanos purgados de estos reptiles, secados y vueltos fértiles por Hércules, según el abad Banier,[1] son una muy mala explicación, puesto que confiesa que Fourmond, que en su viaje a la Morea, visitó este lugar, dice que aún es totalmente pantanoso y está lleno de cañas, ningún historiador habla de esta multitud de serpientes. Es suficiente poner atención al simple significado de los nombres pues llevan consigo la explicación de esta fábula. Hidra viene de Υδαρ, que significa propiamente agua, de donde se ha hecho ΰδρα y ΰδρος, hidra, serpiente acuática; esta serpiente es la misma que la serpiente Pitón, y ya hemos probado más de una vez que los filósofos han dado el nombre de serpiente a su agua mercurial; la serpiente de los filósofos es, pues, una serpiente acuática, una hidra. Fue criada en la fuente Amimone, porque esta agua mercurial es de una extrema fuerza y porque Α΄μύμοιν quiere decir brava, valiente, fuerte, con coraje. Habitaba en los pantanos de Lerna, pues el agua mercurial es un verdadero pantano lleno de barro; la palabra Lerna indica claramente el vaso donde esta agua está encerrada, ya que λαρνα para los griegos significa vaso, urna de vidrio o de piedra fundida,
propio para contener algún líquido. Haled[2] ha empleado la alegoría del pantano en estos términos: La que nace de la tierra metálica negra es el principio universal del arte; cocedla al fuego, después en el estiércol de caballo durante 7, 14, o 21 días, se volverá un dragón que se comerá sus alas. Metedlo en un vaso bien sellado y en el fondo de un horno; cuando esté quemado tomad sus sesos y trituradlo con vinagre o con orina de niños. Que viva después en el pantano y que se pudra.
Hércules no hubiera tenido éxito en matar a esta serpiente, es decir, en fijar esta agua mercurial, si Jolao, hijo de Ificlo, no le hubiera ayudado aplicando el fuego sobre las heridas, porque la muerte de este agua mercurial es la fijación, que se hace mediante el fuego filosófico y por su unión con la parte fijada, llamada piedra; pues Jolao viene de Ι˝ος sola y de λάας, piedra, como si se dijera piedra única ¿por qué se dice hijo de Ificlo? Esto es porque Ificlo, por su sorprendente volatilidad, es el verdadero símbolo del Mercurio de los filósofos del que esta piedra o Jolao está formado. A cada cabeza que Hércules cortaba nacían otras dos; la volatilización de la materia se renueva siete veces, algunos dicen hasta nueve veces antes de la fijación perfecta, lo que es indicado por el número de cabezas de la hidra. Hércules las corta con una guadaña de oro ¿podría ser de otro metal? puesto que la parte fija a la que se une la volátil para fijarse juntas, es el oro filosófico. ¿Se creerá como Lulio Giraldi ha imaginado, que este trabajo de Hércules no fue más que una prueba de fortaleza que sólo pudo llevar a cabo poniendo fuego?[3] o ¿no serán quizás siete hermanos bandidos y ladrones muertos por Hércules y echados al pantano de Lerna, según dicen Corcelli y Tzetzés?[4] Y finalmente otras tantas conjeturas de diversos autores, nacidas en su imaginación.

[1] . Banier, Mitología, tom. 2, p. 274.
[2] . Haled, La Turba.
[3] . L. Giraldo, De Hércules.
[4] . Tzetzés, Memorias históricas de la Morée.