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lunes, febrero 05, 2007

El Fuego Filosófico (del Tratado de la Obra Hermética)


La razón que insinúan los antiguos sabios en hacer un misterio de su vaso es el poco conocimiento que se tenía en estos tiempos remotos de la industria del vidrio. Después se descubrió la manera de hacerlo, es por lo que los filósofos no han ocultado tanto la materia y la forma de su vaso. No es así de su fuego secreto, pues es un laberinto del que el más avisado no podría salir. El fuego del Sol no puede ser este fuego secreto, es interrumpido e irregular, no puede suministrar un calor parecido en todos sus grados, su medida y su duración. Su calor no sabría penetrar el espesor de las montañas, ni calentar la frialdad de los mármoles y de las rocas que reciben los vapores minerales de los que están formados el oro y la plata. 


El fuego de nuestras cocinas impide la unión de los miscibles y consume o hace evaporar la ligadura de las partes constituyentes de los cuerpos; es el tirano. El fuego central o innato en la materia tiene la propiedad de mezclar las substancias y engendrar, pero no puede ser este calor filosófico tan alabado, que ocasiona la corrupción de las simientes metálicas, puesto que lo que es de su mismo principio de corrupción sólo puede serlo de generación por accidente; digo por accidente, pues el calor que engendra es interno e innato en la materia y lo que corrompe es externo y extranjero.

Este calor es muy diferente en la generación de los individuos de los tres reinos. El animal lo lleva mucho en la actividad, por encima de las plantas. El calor del vaso en la generación del metal debe corresponder y ser proporcionado a la cualidad de la simiente cuya corrupción es muy difícil. Es preciso, pues, concluir que no habiendo generación sin corrupción y corrupción sin calor, es preciso proporcionar el calor a la semilla que se emplea para la generación.
Hay, pues, dos calores, uno putrefactor, externo y uno vital o generativo interno. El fuego interno obedece al calor del vaso hasta que, desligado y liberado de su prisión, se vuelve el maestro. El calor putrefactor viene en su ayuda, pasa a la naturaleza del calor vital y los dos trabajan seguidamente en concierto.
Es el vaso quien administra el calor propio para corromper y la simiente quien abastece el fuego propio a la generación; pero como el calor de este vaso no es tan conocido por el metal como lo es por el animal y las plantas, es preciso reflexionar sobre lo que hemos dicho del fuego en general para encontrar ese calor. La naturaleza lo ha medido tan proporcionalmente en la matriz, en cuanto a los animales, que no puede apenas ser aumentado ni disminuido; la matriz es en este caso un verdadero atanor.
En cuanto al calor del vaso para la corrupción de la semilla de los vegetales, lo ha hecho muy pequeño; el Sol se lo ha proporcionado suficientemente; pero no es lo mismo en el arte hermético. Al ser la matriz invención del artista, requiere un fuego artísticamente inventado y proporcionado al que la naturaleza implanta al vaso para la generación de las materias minerales. Un autor anónimo dice que para conocer la materia de este fuego es suficiente saber cómo el fuego elemental toma la forma del fuego celeste y que para su forma todo el secreto consiste en la forma y la estructura del atanor, por medio del cual este fuego se vuelve igual, dulce, continuo y proporcionado de tal manera que la materia pueda corromperse, después debe hacerse la generación del azufre, quien tomará el dominio por algún tiempo y regirá el resto de la obra. Es por lo que los filósofos dicen que la hembra domina durante la corrupción y el macho caliente y seco durante la generación.

Artefio es uno de los que han tratado más ampliamente del fuego filosófico y Pontano declaró haber sido corregido y reconoció su error en la lectura del tratado de este filósofo. He aquí lo que dice: Nuestro fuego es mineral, es igual, es continuo, no se evapora si no es demasiado excitado, participa del azufre; no es tomado de otra cosa que de la materia, destruye todo, disuelve, congela y calcina; es preciso el artificio para encontrarlo y hacerlo; no cuesta nada, o al menos muy poco. Además es húmedo, vaporoso, digerente, alterante, penetrante, sutil, aéreo, no violento, incombustible, o que no arde, cercano, continente y único. Es también la fuente de agua viva que rodea y contiene el lugar donde se bañan y se lavan el rey y la reina. Este fuego húmedo es suficiente en toda la obra al comienzo, en medio y al final. Hay aún un fuego natural, un fuego contra natura y un fuego innatural que no arde; finalmente, para complementar, hay un fuego caliente, seco, húmedo, frío. Pensad bien en lo que acabo de decir y trabajad derechamente sin serviros de ninguna materia extranjera.
Lo que el mismo autor añade después es en el fondo una verdadera explicación de estos tres fuegos; pero como los llama fuego de lámparas, fuego de cenizas y fuego natural de nuestra agua, se ve bien que ha querido despistar; los que quieran ver un detalle más circunstancial del fuego filosófico, pueden recurrir al Testamento de Ramón Llull y su codicilio; Espagnet habla también ampliamente de ello, después del Canon 98 hasta el 108. Los otros filósofos casi lo han mencionado sólo para ocultarlo, o solamente  lo han indicado por sus propiedades. Más cuando se trata de alegorías o de fábulas, han dado a este fuego los nombres de espada, lanza, flechas, dardos, hacha, etc.

Tal fue aquella en la que Vulcano golpeó a Júpiter para hacerle dar a luz a Palas; la espada que el mismo Vulcano dio a Peleo padre de Aquiles; la maza que le fue presentada a Hércules; el arco que este héroe recibió de Apolo; la cimatarra de Perseo; la lanza de Belerofonte, etc. Es el fuego que Prometeo robó al Cielo; aquel que Vulcano empleó para fabricar los rayos de Júpiter, y las armas de los dioses, el cinturón de Venus, el trono de oro del Soberano de los Cielos, etc. Finalmente es el fuego de Vesta, mantenido escrupulosamente en Roma, y que se castigaba con la muderte a las vírgenes vestales a las cuales habían confiado el cuidado de mantenerlo, cuando por negligencia u otra cosa lo dejaban extinguir.

domingo, noviembre 26, 2006

Explicación de la Primera Fatalidad




Hemos visto anteriormente que Aquiles, símbolo del fuego del mercurio, era el principal agente en la obra filosófica; hemos seguido su vida hasta el nacimiento de Pirro en casa de Licomedes. Homero ha pasado todo esto y empieza por suponerlo enamorado de Briseida, es decir, en reposo, o en el estado que se encuentra el mercurio después de que su volatilidad ha sido detenida en su carrera por Deidamia. Esto es lo que le hace decir a Aquiles en la queja que lleva ante su madre Tetis. Después de haber arruinado Tebas, dice él, Agamenón tuvo a Criseida en reparto y los griegos me dieron a Briseida. Se sabe que Tebas fue el término de las carreras de Cadmo, también es allí donde Aquiles encuentra a Briseida, que, como hemos dicho significa dormir, reposar. Se trata de hacer la segunda obra, parecida a la primera; Homero supone, pues, a las materias en el vaso y empieza la operación, es decir, la fermentación de la materia. Esta fermentación ocasiona un movimiento en la materia, que amenaza al mercurio, o Aquiles, con quitarle su reposo, o Briseida. A esta fermentación sucede la disolución y la putrefacción causada por el oro filosófico, o Apolo, es la peste que Apolo envía al campo de los griegos. A esta peste sucede la muerte de los griegos, o la negrura llamada muerte por los filósofos. En este estado el volátil domina sobre el fijo y esta peste sólo cesará cuando Criseida sea devuelta a su padre, es decir, cuando la materia haya pasado del color negro al blanco, que es el oro blanco de los filósofos. ¿Qué es lo que pueden significar el viaje de Júpiter y los otros dioses a Etiopía y su retorno al Olimpo lleno de nieve, sino
la negrura de la materia y su paso del color negro al blanco? Las lágrimas de Tetis y de Aquiles ¿no expresan la materia que se disuelve en agua? Todo esto está indicado por el viaje de Ulises, y aún está mejor indicado por lo que sucede en el campo de los griegos hasta su retorno.
Homero dice que a penas partió Criseida bajo el mando de Ulises, es decir, que fue puesta en el vaso filosófico por el artista, Agamenón envió a coger a Briseida de la tienda de Aquiles; he aquí la fermentación que empieza. Llegan a su barco negro y lo encuentran en su tienda sentado, pero extremadamente irritado; es la putrefacción y la negrura, indicada también por los mirmidones, a los que mandaba Aquiles, como así lo figura Homero. La fábula misma nos da a entender lo que se ha de pensar de los mirmidones, diciéndonos que nacieron de las hormigas, y esto a causa de que las hormigas son negras y cuando están todas juntas en su hormiguero su aspecto representa muy bien a la materia en su estado de negrura. La misma razón ha hecho decir que Peleo, padre
de Aquiles, reinaba en Phtía sobre los mirmidones, porque Peleo quiere decir barro negro, porquería, y Phtía, corrupción, de φθέω, corromper. Los otros jefes que comandaban a los mirmidones bajo las órdenes de Aquiles,
sólo por la etimología de sus nombres, indican todo lo que sucede en la obra. Menestio señala el reposo en el que está primeramente la materia, puesto que viene de μένω, esperar en reposo, y de σίαθ, pequeña piedra, o de δέω, estar fijo, inmóvil. El segundo se llamaba Eudoro de είδω, dormir. En consecuencia Homero dice que era hijo de Mercurio el pacífico, pero añade también que cuando tuvo una cierta edad se volvió célebre por su ligereza en la
carrera, a fin de indicarnos la volatilización de la materia fija. El tercero era Pisandro, o que echa de beber, que riega, de πίω, riego, de donde se ha hecho πεοσίς, prado, lugar regado, y σώδηρεν, techo, cima, porque al volatilizarse la materia sube a la cima del vaso en forma de vapor y recae después sobre la materia en forma de lluvia o de rocío. Homero dice que era el más bravo de los mirmidones después de Aquiles, y lo dice con razón ya que sin este rocío la tierra filosófica no produce nada, así como un terreno árido no sería apropiado para hacer germinar el grano; la tierra es el receptáculo de las simientes y la lluvia es el alimento. El cuarto es Fénix, es decir, la piedra misma de los
filósofos llegada al rojo. Los filósofos también le dan el nombre de Fénix, no solamente porque en el elixir renace de sus cenizas, sino también a causa de su color púrpura, pues Fénix viene de φοϊνιξ, de color rojo púrpura, color sangre. Es el pájaro fabuloso de este mismo nombre, se le dice rojo por esta razón y nadie puede jactarse de haber visto otro; los egipcios también hacían correr el rumor de que este pájaro venía a la ciudad del Sol para hacer allí su nido y renacer de sus cenizas. Finalmente el quinto es Alcimedón, o quien manda a la fuerza misma, es decir, la piedra perfecta. Hermes[1] le da el mismo nombre y dice que es la fuerza que sobrepasa a toda fuerza, desde que está fijada en tierra. Pero volvamos a Ulises.
Uno de los hechos más señalados de su vida es el haber sabido descubrir a Aquiles disfrazado con ropajes de mujer
y haberlo obligado a reunirse con los griegos, para ir a destruir la ciudad de Troya.
Y se preguntará ¿qué relación tiene este disfraz con la gran obra? ¿este hecho no es muy simple y natural? Un hombre joven quiere ocultarse para no ir a una guerra en la que se le ha predicho que moriría ¿no sería una manera de
conseguir su deseo? Pero ¿ya se piensa que por todos lados se nos da una idea de Aquiles bien diferente que la de un cobarde? Sólo este rasgo habría hecho que los griegos lo despreciaran, y desde luego no lo considerarían superior a los otros. En efecto ¿qué idea tendríamos de un hombre joven, hijo de un rey, de un príncipe o de un gran señor, que en el momento en que sus tropas se reúnen y se ponen en movimiento para ir a una batalla, o a un asedio peligroso, procurara disfrazarse con ropas de mujer y fuera a confundirse con las acompañantes de una princesa, para evitar el peligro que le amenaza? Por muy buena que haya sido la idea que haya podido dar hasta entonces de su coraje y de su bravura, ¿no haría
tal acción que se le despreciara para siempre? Sin embargo no se ve nada de todo esto, al contrario, Aquiles es estimado, apreciado y considerado como el más valiente de todos los griegos. ¿De dónde puede venir tal contraste? Recuérdense las explicaciones que hemos dado hasta aquí y se verá claramente el desenlace.
Hemos probado en más de un lugar que los filósofos toman al sexo femenino como símbolo del
agua mercurial volátil, la fábula nos habla de ella bajo los nombre de musas, bacantes, ninfas, náyades, nereidas. He aquí precisamente la razón por la que se dice que Aquiles se ocultó bajo ropa de mujer, pues el mercurio de los filósofos sólo es propiamente mercurio cuando es agua, y Aquiles lejos de sentir debilitarse su coraje bajo este disfraz se vuelve más activo, así mismo es preciso que pase por este estado para volverse apropiado para la obra, sin éste no podría penetrar los cuerpos duros y volatilizarlos. Se tiene razón al considerar este descubrimiento de Ulises como una de sus más bellas acciones, puesto que según todos los filósofos herméticos la disolución de la materia en agua mercurial es la clave de la obra. El Cosmopolita dice: buscad una materia de la que podáis hacer un agua, pero un agua penetrante, activa y que sin embargo pueda disolver el oro sin ruido, sin corrosión y en una disolución natural; si tenéis este agua tenéis un tesoro mil veces más precioso que todo el oro del mundo, con ella lo haréis todo y sin ella no haréis nada. Es por lo que los griegos, con Aquiles, lo pueden todo contra la ciudad de Troya y sin él no pueden hacer nada. Se dice que debe morir allí, y en efecto muere porque para completar la obra se ha de fijar el mercurio filosófico y hacer de manera que la parte volátil sea una misma cosa con la fija. Esta última está representada por los troyanos, que por esto siempre son llamados domadores de caballos, o son calificados con epítetos que significan algo pesado, fijo y apropiado para detener lo que está en movimiento. El mismo Héctor[2] es comparado por Homero a una
roca. Al contrario de los griegos y todo lo que les pertenece, que siempre son representados como activos, siempre en movimiento. Homero dice de casi todos sus jefes que no tenían igual por su ligereza en la carrera, su destreza en el tiro al arco y en el lanzamiento de jabalinas; sus caballos s
on ligeros como el viento, las yeguas de Feretiades[3] son más rápidas que los pájaros, el mismo Apolo las había enseñado en la morada de las musas. En fin, todo lo que puede designar al volátil es atribuido a los griegos y todo lo que es apropiado para denotar al fijo es atribuido a los troyanos.
Por lo que hemos dicho se ve claramente el por qué la presencia de Aquiles era necesaria para la toma de Troya y el por qué su abuelo Éaco había ayudado a Apolo y a Neptuno a construir esta ciudad. Pues Éaco significa propiamente la tierra, de αϊα, tierra, o la materia de la que se hace la obra; esta materia puesta
en el vaso se corrompe, he aquí el reino d Phtía donde reina Peleo, es decir, la negrura, que es en efecto la corrupción. Esta disolución o putrefacción produce el mercurio filosófico, en consecuencia es
Aquiles que nace de Peleo. Cuando el azufre de los filósofos es perfecto Troya es construida, ¿por quién? Por Éaco, Neptuno y Apolo, porque el azufre ha sido hecho de agua y de tierra. Siendo esta tierra el principio del oro filosófico, o Apolo, no es sorprendente que él haya concurrido allí, puesto que es la propiedad fijativa de esta tierra la que hace la fijeza de este azufre. Pero para finalizar la obra no es suficiente tener este azufre, o la ciudad de Troya edificada, es preciso destruir esta ciudad, y es lo que hace el motivo de la Ilída, donde se ve que tras la muerte de Aquiles se va a buscar a su hijo Pirro aún joven y fuerte, porque, según la fatalidad, era necesario que hubiera alguien de la raza de Éaco. ¿Por qué? Porque a la fijación del mercurio, significada por la muerte de Aquiles, le sucede Pirro, o la piedra ígnea, como hemos visto anteriormente. Esta fijación está indicada por el nombre de aquel que mató a Aquiles, es decir, Paris, pues Paris viene de παρά y de ίζω, yo fijo, hago sentar, o si se quiere de παριημι, quito el vigor, vuelvo lánguido.
La segunda razón de Ulises para justificar su derecho sobre las armas de Aquiles es el hecho de que ha tomado y arruinado las ciudades de Apolo, es decir, que ha hecho la obra y la piedra, por lo tanto el resultado debe permanecer con él, pues sin las armas de Aquiles, es decir, sin la acción penetrante, disolvente y volatilizante del mercurio, no habría conseguido llevar el elixir a su perfección. Podremos discutir sus otras razones a continuación, explicando las siguientes fatalidades y la continuación del asedio.


[1] . Hermes, La Tabla de Esmeralda.
[2] . Homero, Ilíada, lib. 13, vers. 137.
[3] . Homero, ibid. lib. 2, vers. 763.

sábado, noviembre 25, 2006

Primera fatalidad, Aquiles y su hijo Pirro son necesarios para la toma de Troya



Se dice que Aquiles era hijo de Peleo y de Tetis. Aunque hayamos explicado ya lo que la fábula nos da a entender por ello, es mi propósito retocar alguna cosa para hacer la prueba más completa. Peleo viene de πελίς, negro, moreno, lívido, o de πηλός, barro, cenagal. Tetis es tomada por el agua. Isacio dice que Peleo, aconsejado por su padre, tuvo relación con Tetis, cuando entre todas las formas que tomaba para evitar las persecuciones de Peleo, tomó la forma de un pez conocido con el nombre de seco. Así he aquí a Aquiles hijo del barro negro y del agua. Se sabe que este pez llamado seco suelta un licor negro que tinta el agua en
la que se encuentra y la transforma, por así decirlo, en tinta. Todo esto conviene bien a la circunstancia de la concepción del hijo filosófico, que hemos dicho que sucede, según los filósofos, cuando la materia puesta en el vaso llega a un estado parecido al de un barro negro, o al de la pez negra fundida. Por la misma razón la fábula dice que las bodas de Peleo y de Tetis se hicieron sobre el monte Pelión en Tesalia.
A penas hubo nacido Aquiles, su madre para acostumbrarlo a la fatiga y volverlo como inmortal lo alimentó y lo crió de una manera que sólo es propia de Ceres y de Tetis. Lo escondía durante toda la noche en el fuego, para consumir en él todo lo que tenía de mortal y de corruptible; durante el día lo untaba de ambrosía.
Este método sólo salió bien con Aquiles, los otros hijos murieron, es lo que hizo darle el nombre de Pirítoo, como salvado del fuego, o viviendo en el fuego. Peleo quiso intervenir en la educación de Aquiles, Tetis lo abandonó y se retiró con las nereidas. Después se puso a Aquiles en manos de Quirón para que lo instruyera en la medicina y las artes.
Como Aquiles había aprendido de Tetis que perecería en la guerra de Troya, cuando fue el momento de esta guerra, Aquiles se retiró con Licomedes para no encontrarse allí. Se disfrazó con ropa de mujer y tuvo relación con Deidamia, de la que tuvo a Pirro. Habiendo sabido los griegos, por medio de Calcas, la necesidad de la presencia de Aquiles, encargaron a Ulises que lo fuera a buscar. Este lo encontró tras algunas indagaciones y lo obligó a reunirse con los otros jefes del ejército de los griegos. Esta acción es una de las que dan más honor a Ulises.

jueves, noviembre 23, 2006

El origen de esta guerra (la fábula)




Remontémonos a la fuente de esta guerra y tomémosla, ab ovo, (desde el huevo, desde el principio) según la expresión de Horacio,[1] puesto que, en efecto, un huevo fue el primer principio y una manzana dio ocasión a ella. Júpiter se enamoró de Leda, mujer de Tíndaro, se transformó en cisne y gozó de Leda, que trajo al mundo dos huevos; de uno salieron Pólux y Helena y del otro Cástor y Clitemnestra. Helena se casó con Menelao y Clitemnestra fue mujer de Agamenón.
He aquí el huevo, veamos la manzana. Júpiter se enamoró
de los encantos de la diosa Tetis, pero había aprendido de Prometeo que, según un oráculo de Temis, el hijo que naciera de esta diosa sería más poderoso que su padre, por tanto se determinó a desposarla con Peleo, hijo de Éaco, y éste era hijo del mismo Júpiter y de Egina. Tetis estuvo muy descontenta de ver que se desposaba con un mortal, pero Júpiter así lo quería y debía consentir. Júpiter mismo invitó a todos los dioses a la ceremonia y al convite de este matrimonio, a fin de ha
cerla más célebre, sólo la discordia fue olvidada o excluida. Esta diosa, para vengarse por este desprecio, fue secretamente a las bodas y echó en medio de la asamblea una manzana de oro con esta inscripción, para la más bella. No hubo ninguna de las diosas que no la pretendiera poseer, pero ya sea porque ellas fuesen menos susceptibles, o bien porque tuvieran esta deferencia hacia Juno, Minerva y Venus le cedieron sus pretensiones. Se había de adjudicar esta manzana a una de las tres. Todos los dioses, viendo la dificultad en la que se encontraría aquel de entre ellos que
se eligiera como juez en esta disputa, no quisieron cargar con una tarea tan delicada. El mismo Júpiter creyó que no debía decidir entre su esposa, su hija y Venus; mandó a Mercurio que las condujera a un pastor, llamado Alejandro, que guardaba sus rebaños sobre el monte Ida. Este pastor tomó después el nombre de Paris y era hijo de Príamo, rey de Troya. Las diosas se presentaron al pastor de la manera que cada una creyó más apropiada para realzar su belleza. Primero, cada una de ellas en particular, le hicieron las promesas más halagadoras. Juno le ofreció cetros y coronas; Minerva le prometió virtud y bellos conocimientos; y Venus le dijo que tendría la más bella mujer que hubiera sobre la tierra. Así mismo consintieron en las condiciones que desde luego podían afectar a su pudor, pero que Paris exigía para hacer su juicio con conocimiento de causa. Finalmente, ya sea porque el atractivo de una corona hizo poca impresión en el espíritu de Paris o bien porque la virtud le tocó menos que los encantos de una bella mujer, adjudicó la manzana a Venus, que efectivamente era considerada como la más bella.
Se vio claramente que Juno y Minerva no quedaron satisfechas con esta decisión pues juraron vengarse de su juez, de Príamo y de la ciudad de Troya, cuya pérdida fue resuelta y después ejecutada. Paris dejó exhalar su resentimiento y sólo pensó en ver efectuada la promesa de Venus. Esta diosa no tardó en cumplirla. Preparó la ocasión a Paris para que fuera a Grecia; lo condujo hasta Esparta a la casa de Menelao, que era el rey, e hizo de manera que su esposa Helena, la más bella mujer de su tiempo, se volviera sensible a los votos de Paris, que la raptó; este rapto fue la causa de la guerra y de la ruina de Troya.
Todos los dioses tomaron parte en esta guerra y combatieron los unos contra los otros. Júpiter, a ruegos de Tetis, tomó partido durante largo tiempo por los troyanos, para vengar a Aquiles de la injuria que le había hecho Agamenón al robarle a su querida Briseida. Así mismo amenazó con hacer sufrir su cólera a aquellos de entre los inmortales que favorecieran a los griegos, pero finalmente habiendo reunido a todos los dioses y las diosas en el Olimpo, con la sola excepción del Océano, fueron allí todos hasta las ninfas de los bosques, de los ríos y de las praderas; el mismo Neptuno dejó el fondo del mar para asistir,[2] Júpiter les dijo que entonces les dejaba la libertad de ir a combatir por o en contra de los troyanos. Juno, Minerva, Neptuno, Mercurio, autor de las comodidades de la vida, y Vulcano, se fueron a los barcos griegos. Marte, Apolo, Diana, Latona, Xanto y Venus, fueron a ayudar a los troyanos.[3] Cada uno exhortaba a los suyos en voz alta. Júpiter hizo bramar a su trueno; Neptuno excitó un temblor de tierra que extendió el pavor y el horror en la ciudad de Troya, incluso puso en una especie de confusión a los barcos griegos a los que favorecía. Las sacudidas fueron tan terribles que el monte Ida se estremeció hasta en sus fundamentos. El mismo Plutón se conmovió de miedo en el fondo de los Infiernos, y temió que la bóveda de su tenebroso palacio se desplomara sobre él, saltó de su trono y dio un gran grito.[4] Apolo con sus flechas de oro combatió contra Neptuno; Minerva tuvo a Marte y a Venus contra ella; Juno atacó a Diana y Mercurio a Latona. Xanto, así llamado por los dioses y Escamandro por los hombres, tuvo a Vulcano en cabeza. Así combatieron los dioses contra los dioses y Aquiles contra Héctor.
Un huevo y una manzana, pues, fueron la fuente de la expedición de los griegos y la causa de la ruina de Troya.
[...]¿No tiene el sueño de Hécuba todo el aire de una fábula, lo mismo que el nacimiento de Paris y su educación? Se dice que estando embarazada Hécuba tuvo un funesto sueño, pensaba que en su seno llevaba una antorcha que debía abrasar un día todo el imperio de los troyanos. Al consultar al oráculo sobre este sueño respondió que el hijo que esta princesa traería al mundo sería la causa de la desolación del reino de Príamo. Habiendo dado a luz la reina, se hizo exponer al niño sobre el monte Ida, donde dichosamente
para él lo encontraron algunos pastores y lo alimentaron. Alejandro (que es el nombre que llevaba primero) cuando se hizo grande se enamoró de una bella pastora llamada Enone, hija del río Cedreno, entre los brazos de la cual Paris fue muerto sobre el monte Ida, tras haber sido herido en la ciudad de Ilión.

[1] . Horacio, Arte Poético.
[2] . Homero, Ilíada, lib. 20, vers. 5.
[3] . Homero, Ibid. vers. 33.
[4] . Homero, Ibid. vers. 56.

lunes, noviembre 20, 2006

El rescate de Héctor (su explicación)




Es fácil ver, por lo que acabamos de contar, que Homero, autor de la historia de esta guerra, pretendía hablar de Tetis como de una diosa y no como una mujer ordinaria, en consecuencia ella era para él, así como debe ser para nosotros, una persona puramente fabulosa. Dice que es hija de Nereo, dios marino, porque Nereo significa un lugar hueco y húmedo, de Νηρός, y porque el vaso filosófico es un hueco en el que nace Tetis, la Tetis que los poetas tomaban por la tierra,[1] y los latinos por el mar, porque este nombre quiere decir nodriza. Juno se jacta de haberla alimentado, educado y casado con Peleo;
es la tierra filosófica, significada por Tetis, que tras haber permanecido algún tiempo en el vaso, se casa con la negrura, es decir, se vuelve negra, pues Peleo viene de πελίς, negro. De este matrimonio nació Piriso, o el que sale del fuego sano y salvo, porque el fuego de la materia reducido en mercurio de los filósofos resiste a los ataques del fuego más violento. Después tomó el nombre de Aquiles, este fiero y soberbio guerrero que desafió a todos los jefes de los griegos y de los troyanos, él lo podía hacer pues era invulnerable, por lo que acabamos de decir. Se enamoró de Briseida, es decir, del reposo, pues Briseida viene de βρίζω, reposo, porque el mercurio filosófico busca ser fijado.
Lo que acabamos de relatar del último libro de la Ilíada prueba claramente, a aquellos que han leído los libros de los filósofos, que Homero tenía en vistas la gran obra, puesto que piensa como ellos, se expresa igual y da con precisión la descripción de lo que sucede en las operaciones del elixir, que es el fin de la obra, como hace al final de su obra. Recordemos algunos trazos de ello, sin apartarnos de nuestro objetivo.
Júpiter envía a Iris hacia Tetis e Iris desciende sobre el negro mar; he aquí el mar filosófico, o la materia en disolución llegada al negro. Iris encuentra a Tetis, o la tierra filosófica, sentada en una caverna, es decir, en el vaso de los filósofos. Iris representa a los diferentes colores que aparecen al mismo tiempo cuando se produce la fermentación y la disolución. Tetis lloraba, es la materia que se reduce a agua. Tras haber oído el motivo de la visita de Iris, Tetis coge un velo negro y el vestido más negro que haya habido en el mundo. Los filósofos llaman al negro que entonces sobreviene a la materia, negro más negro que el mismo negro, nigrum nigrius nigro. Ya he aportado cien textos de los filósofos en este sentido, no los repetiré.
Tetis partió hacia el Olimpo, Iris la precedía y las dos estaban rodeadas por el mar. Es el comienzo de la sublimación de la materia; este mar es el agua mercurial, encima del cual se encuentra la tierra como si fuera una isla. Esta era la de Creta donde nació Júpiter y la de Delos donde Febo y Diana vinieron al mundo. Llegan ante Júpiter y Tetis encuentra a Saturno, es el Saturno filosófico del que hemos hablado tan a menudo. Ella aparece allí con un aire triste y vestida de duelo, pues la negrura es símbolo de duelo y de tristeza. Júpiter le dice que vaya a encontrar a su hijo Aquiles y le obligue a devolver el cuerpo de Héctor a Príamo. Ella se pone cerca de él y durante este tiempo Iris va a encontrar a Príamo, para que determine ir hasta la tienda de Aquiles solamente acompañado por Ideo. Antes de dejar el negro la materia toma aún varios colores que
habían aparecido primero. Tetis convence a su hijo. Príamo se pone en camino con Ideo, es decir, el sudor, de ίδις, sudar, porque al disolverse la materia parece sudar.
Príamo encuentra a Mercurio, que toma las riendas de su carro; esto es porque el mercurio filosófico es el conductor de la obra, es de él y por él que las operaciones se cumplen. Lleva alas en los talones porque es volátil y lo llevan en el aire con el viento; Hermes así lo había dicho:[2] el viento lo lleva con él, el aire lo ha llevado en su vientre. Mercurio despierta a los que duermen y duerme a los que velan, porque volatiliza lo fijo y fija lo volátil. Abre las puertas e introduce a Príamo con sus presentes; esto es porque es el disolvente universal y porque disolver, en términos de química es abrir.
Deja que Príamo entre y abrace las rodillas de Aquiles; el fijo se reúne con el fijo y el disolvente es aún volátil. Príamo entrega sus presentes, que consisten en tapices, en telas y en oro; son los diferentes colores pasajeros que se manifiestan, el oro es el oro filosófico. Aquiles le devuelve el cuerpo de Héctor envuelto en dos de estos tapices, los dos más bellos; son los dos colores principales, el blanco y el rojo. Príamo vuelve a Troya con el cuerpo de su hijo y Mercurio, que lo esperaba, vuelve a conducir su carro, por la razón que hemos dicho antes. Entran en Troya, se prepara una hoguera y se quema el cuerpo de Héctor y se recogen sus huesos blancos; he aquí al color blanco, o el oro blanco de los filósofos. Los troyanos los meten en un ataud de oro que cubren con un tapiz color púrpura; es el fin del elixir, o la materia llevada a su última fijación y al color del amaranto o del pavo real de los campos, como dicen los filósofos.
[1] . Homero, Ilíada, lib. 14.
[2] . Hermes, La Tabla de Esmeralda.

domingo, noviembre 19, 2006

El rescate de Héctor (la fábula)




Apolo,[1] que lleva sus quejas a Júpiter respecto a que Aquiles se había apoderado del cuerpo de Héctor y no quiso devolverlo. Juno le respondió: Héctor ha bebido la leche de una mujer mortal y Aquiles es hijo de una diosa, yo misma alimenté y crié a su madre y la di en matrimonio a Peleo, hombre mortal, pero al que los dioses amaban mucho. Para hacerle los honores, todos asistieron a su boda, y vos mismo, pérfido, asististeis como los otros. Apolo dijo: Realmente Aquiles es tan soberbio y glorioso que no es sensible ni a la piedad ni a la vergüenza. Todos os inclináis hacia este orgulloso y soberbio Aquiles que se ha despojado de toda compasión y de todo pudor. Después de haber quitado la vida al noble y generoso Héctor, lo ha atado a su carro y lo ha arrastrado alrededor de la tumba de su amigo Patroclo, en lugar de dárselo a su querida esposa, a su padre Príamo, a su madre, a su hijo y a su pueblo, que lo lloran y que al menos querrían tener la consolación de verlo aunque fuera muerto. Júpiter tomó la palabra y dijo: Juno no os encolericéis, de todos los habitantes de Ilión, Héctor fue el más querido para los dioses. No convenía a Aquiles robar secretamente el cuerpo de Héctor. Tetis, madre de Aquiles, no abandona a su hijo un instante, no lo deja ni de día ni de noche, pero si alguno quiere llamarla y la hace venir yo le hablaré y le diré que Aquiles devuelva el cuerpo de Héctor a Príamo, que lo rescatará. Inmediatamente Iris partió, descendió sobre el negro mar, todo el pantano se estremeció. Encontró a Tetis en una cueva, sentada en medio de otras muchas diosas marinas, donde lloraba la desdichada suerte de su hijo, que debió morir lejos de su patria, en Troya la pedregosa. Levantaos Tetis, le dijo ella, Júpiter os reclama y quiere hablaros ¿por qué me quiere este gran dios? respondió ella.
No me atrevo a frecuentar más a los inmortales, mi corazón está afligido de dolor y mi espíritu lleno de tristeza. Sin embargo iré puesto que así lo ordena. Habiendo hablado así, esta diosa, la más augusta de todas, tomó un velo negro, y no había vestidura en el mundo más negra que la suya. Partió, Iris la precedía y el mar las rodeaba. A penas llegaron a la orilla, se elevaron rápidamente hacia el cielo, allí encontraron a Saturno y los otros dioses sentados alrededor suyo. Tetis fue a sentarse cerca de Júpiter y Juno
le presentó una bebida dorada en un bello vaso diciéndole algunas palabras de consolación. Tetis bebió y se lo devolvió. A continuación, Júpiter, padre de los dioses y de los hombres habló y dijo: Diosa Tetis, habéis venido al Olimpo, aunque triste, y sé que tenéis una pena. Soy sensible a vuestra tristeza, pero escuchad porque os voy a mandar. Después de nueve días los dioses inmortales están en disputa a causa del cuerpo de Héctor y de Aquiles, el destructor de las ciudades. Se decía que era preciso robarlo secretamente, pero a causa del respeto que siento por vos y de la amistad que siempre os tendré, voy a dejar a Aquiles la gloria de devolverlo. Id pues, descended pronto hacia vuestro hijo y decidle a Aquiles que los dioses inmortales y yo más que los otros, estamos indignados contra él, por retener el cuerpo de Héctor en su negro barco sin quererlo devolver, aunque se le haya propuesto rescatarlo. Si tiene algún respeto hacia mí que lo devuelva. Enviaré a Iris hacia Príamo para decirle que vaya él mismo a los barcos de los griegos a reclamarlo y que lleve con él presentes que sean del gusto de Aquiles. Tetis la de los pies de plata obedeció, descendió del Olimpo con precipitación y llegó a la tienda de su hijo, lo encontró allí encerrado y derramando muchas lágrimas en medio de sus compañeros que se preparaban para almorzar. Para ello habían matado una gran oveja cuya piel era bella y muy tupida. Se sentó junto a él, lo
halagó y lo acarició y le dijo: ¿Hasta cuando hijo mío abandonaréis vuestro corazón a la pena que lo roe hasta el punto de no querer comer ni dormir? Soy vuestra madre y no dudéis de que tengo mucho deseo de veros casado, pero el destino os amenaza de forma violenta y precipitada. Escuchadme pues, vengo de hablar con Júpiter, me ha dicho que os declare que los dioses inmortales están muy irritados contra vos porque no queréis consentir al rescate del cuerpo de Héctor, al que retenéis en vuestros negros barcos. Creedme, devolved este cuerpo y recibiréis rescate.
Aquiles se dejó ganar por los ruegos de su madre y dijo que si recibía el rescate devolvería a Héctor. Por su parte Iris hizo su cometido, obligó a Príamo a ir junto Aquiles con presentes, acompañado por un sólo heraldo del ejército. Hécubo hizo todo lo que pudo para impedir que Príamo fuera, pero lejos de escucharlo le hizo reproches. Tomó los presentes, que consistían en doce vestidos muy bellos, doce magníficos tapices, doce túnicas y diez talentos de oro bien pesados. Así partió y viéndolo Júpiter en camino le dijo a Mercurio, su hijo, Mercurio no hay nada que os plazca más que rendir servicio a los mortales, id pues y conducid al viejo Príamo hasta los barcos de los griegos, pero hacedlo de manera que nadie lo vea y se de cuenta, hasta que haya llegado a la tienda del hijo de
Peleo. Entonces Mercurio ajustó sus talones de ambrosía y oro que lo llevan sobre el mar y la tierra con el viento y no olvidó su caduceo. Habiendo tomado la figura de un joven bello, bien hecho y de una fisonomía real se fue a Troya a encontrar a Príamo y a aquel que lo acompañaba. A su encuentro ellos se sorprendieron y el miedo los atrapó, pero Mercurio los tranquilizó y les dijo: ¿Dónde vais así en el silencio de la noche? ¿No teméis caer en manos de los griegos vuestros enemigos? Si alguno de ellos os ve con los presentes que lleváis ¿cómo vos que no sois joven y sólo os acompaña un viejo podríais impedir que os atacaran? En cuanto a mí estad tranquilos vengo para defenderos y no para insultaros pues os considero como mi padre. Veo por vuestro aire y vuestro discurso, respondió Príamo, que algún dios cuida de mí, puesto que os ha enviado para acompañarme. Pero hacedme el favor, bello joven, de decirme quién sois y quien son vuestros parientes. Soy criado de Aquiles, le respondió Mercurio, llegué con él en el mismo barco, soy uno de los mirmidones y mi padre se
llama Políctor, es muy rico y entrado en edad como vos, tiene seis hijos y yo soy el séptimo;[2] entre los siete hemos echado a suerte para ver quién iría con Aquiles y la suerte ha caído sobre mí. Príamo le preguntó sobre el estado actual del cuerpo de Héctor y Mercurio le dio tan buenas nuevas que Príamo le ofreció como presente una bella copa y le rogó que lo condujera. Mercurio rehusó el presente pero le dijo que lo acompañaría siempre por mar y por tierra hasta el mismo Argo y enseguida saltó sobre el carro de Príamo, se hizo con las riendas y se hizo cargo de conducirlo. Finalmente llegaron entorno a los barcos. Los centinelas estaban ocupados en cenar y Mercurio que duerme a los que velan y despierta a los que duermen, los sumió en un profundo sueño; después abrió las puertas e introdujo a Príamo con sus presentes. Llegaron a la levantada tienda de Aquiles, que los mirmidones le habían hecho de madera de abeto, la habían cubierto de juncos de la pradera y la habían envuelto con pieles, la puerta estaba cerrada con un gran cerrojo de abeto y tres griegos la guardaban; también había tres antorchas. Entonces Aquiles estaba solo. Mercurio, autor de las comodidades de la vida, abrió la puerta al viejo y lo introdujo con sus presentes. Después le dijo: Yo soy Mercurio, dios inmortal, enviado por Júpiter para serviros de guía y acompañaros, yo no entraré con vos, yo me vuelvo, pues no conviene que aparezca ante Aquiles y que se de cuenta de que un dios inmortal favorece así a un hombre. Pero vos entrad, abrazad las rodillas de Aquiles y rogadle que os devuelva a vuestro hijo. Tras estas palabras Mercurio se elevó hacia el Olimpo. Príamo descendió de su carro y dejó allí a Ideo, su acompañante. Entró en la tienda de Aquiles, se echó a sus rodillas y le pidió a Héctor. Tras mucho discurso por una parte y otra, Aquiles aceptó los presentes de Príamo y le devolvió a su hijo. Después convinieron una tregua de doce días. Finalmente Príamo se llevó el cuerpo de Héctor en su carro, con la ayuda de Mercurio, y habiéndolo llevado a Troya lo puso en manos de los troyanos que le hicieron unos funerales, de la manera siguiente:[3] Juntaron los materiales durante nueve días, el décimo levantaron el cuerpo de Héctor llorando, lo colocaron encima de la hoguera y prendieron fuego. Al día siguiente el pueblo se reunió entorno de la hoguera y apagaron el fuego con vino negro; los hermanos y los compañeros de Héctor recogieron sus blancos huesos, vertiendo abundantes lágrimas y los encerraron en un ataud de oro, que envolvieron con un tapiz de color púrpura.

[1] . Homero, Ibid. lib. 24, vers. 40 y ss.
[2] . El séptimo de los metales.
[3] . Homero, Ilíada,ibid. vers. 785 y ss.

Todos los que participaron en la ocupación de Troya y quienes la defendieron son fabulosos




Aquí habría que pasar revista a todos los héroes cuyos nombres y sorprendentes acciones son referidos por Homero, Virgilio y los otros autores; se habría de poner ante los ojos sus genealogías, pero para mostrar lo fabuloso del asunto es suficiente dirigirse a la raíz de su árbol genealógico. No hay ninguno que no tenga su origen en Júpiter, Neptuno o cualquier otro dios. Aquiles, el más famoso de entre ellos era hijo de Peleo y de la diosa Tetis. Peleo tuvo por padre a Éaco y por madre a la ninfa Endeis. Éaco era hijo de Júpiter y de Egina. Tetis, según Hesíodo,[1] era hija del Cielo y de la Tierra, Homero[2] dice que es hija de Nereo, que a su vez era hijo del Océano. Júpiter se enamoró de ella, pero habiendo aprendido de Prometeo que, según un oráculo de Temis, el hijo que naciera de Tetis sería más poderoso que su padre, Júpiter la dio en matrimonio a Peleo. Tetis, la de los pies de plata e hija del viejo marino,[3] encontró muy mal, según el mismo autor,[4] que Júpiter la hubiera despreciado hasta el punto
de hacerla esposa de un mortal. Ella dio sus quejas a Vulcano, que estaba muy prendado de ella, haciéndole reconocer que lo acogió muy bien cuando vino a ella después de que fuera echado del
Olimpo. En una palabra, Homero habla siempre de ella como de una diosa y todo lo que dice, particularmente en el libro 24 de la Ilíada, conviene perfectamente a lo que sucede en las operaciones del magisterio.
[1] . Hesíodo, Teogonía.
[2] . Homero, Himno a Apolo.
[3] . Homero, Ilíada, lib. 1, vers. 538.
[4] . Le respondió entonces Tetis, derramando lágrimas: «¡Hefesto! ¿Hay alguna de cuantas diosas hay en el Olimpo que haya soportado en sus mientes tantas luctuosas penas como los dolores que Zeus Crónica me ha dado a mí sobre todas? De entre las diosas marinas fui yo la subyugada para un hombre, el Eácida Peleo, y tuve que aguantar el lecho de un mortal, a menudo en contra de mi voluntad. Homero, Ilíada, lib. 18, vers. 428.