Mostrando entradas con la etiqueta Aquiles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aquiles. Mostrar todas las entradas

sábado, diciembre 02, 2006

Conclusión de la Guerra de Troya y sus Fatalidades





Tales son, más o menos, las indicaciones que los autores herméticos dan de esta materia. Sería preciso ser más que un Edipo para adivinarla por sus discursos. Sin duda que es una cosa muy común y poco ignorada, puesto que hacen de ella tan gran misterio y hacen todo lo posible por disfrazarla para que sea desconocida. No cabe duda que las operaciones también son fáciles, ya que el Cosmopolita y muchos otros aseguran que se la puede describir no en pocas páginas, sino en pocas líneas e incluso en pocas palabras. Sin embargo esta cosa que se puede expresar y decirse en tan pocas palabras, Homero ha encontrado tanta fecundidad en su genio como para extenderla de manera que ha hecho de ella toda su Ilíada. Probado por el Cosmopolita que dice, que aquel que está al corriente de la gran obra, encontrará allí suficiente materia como para componer una infinidad de volúmenes. Así, por el asedio de Troya y la reducción a cenizas de esta ciudad, Homero ha tenido a la vista, y ha descrito alegóricamente, la manera de encerrar a Paris y a Helena, o la materia en el vaso e indicar lo que allí sucede durante las operaciones. Él supone a un hombre y a una mujer porque esta materia es en parte fija y en parte volátil, en parte agente y en parte paciente. Este vaso es el templo de Apolo el Timbrio, donde Aquiles fue muerto por Paris. Este sobrenombre de Apolo le viene de la planta o pequeño arbolito llamado Thymbre, con los tallos cubiertos con una
lana bastante ruda de color purpurina. Ya se ha visto que este color es el signo de la perfecta fijación de la materia.
Entonces la ciudad de Troya es tomada y la mayor parte de los héroes que han asistido, se retiran a países extranjeros, como hicieron Eneas, Diomedes, Antenor y tantos otros, para fundar reinos. Esta dispersión indica el efecto del polvo de proyección, que tiene la propiedad de fundar reinos y hacer reyes, es decir, de transformar los diferentes metales en oro, que es llamado el rey de los metales. El Trevisano[1] ha empleado esta alegoría en ese sentido; Basilio Valentín[2] ha hecho lo mismo. Y en efecto, si se considera al oro como el rey de los metales ¿no es lo mismo fundar
nuevos reinados en países lejanos, que transformar en oro a los metales que al menos tienen afinidadcon el oro?
Paris, Helena y Aquiles son, pues, los tres principales héroes de la Ilíada, a continuación Héctor y Pirro. Ulises es propiamente el consejero de los griegos, es decir, el que conduce las opderaciones.
Aquiles es el agente interior, o el fuego innato de la materia, que durante un tiempo permanece dormido y como entorpecido, finalmente se despierta y actúa. Es muerto al fin por Paris, este hombre afeminado a quien se le reprocha siempre su negligencia y su blandura, pero que sin embargo muestra de cuando en cuando un gran coraje. Pirro el de los cabellos rojos sucede a su padre Aquiles y arruina la ciudad de Troya. Este color rojo de los cabellos de Pirro no está designado sin razón, pues Homero sabía bien que la ciudad de Troya es tomada, o que la obra está terminada, cuando el elixir ha adquirido el color rojo. La cualidad ígnea de Aquiles ha determinado al poeta a representar a este héroe como bravo, valiente, siempre animado y casi siempre en cólera. La ligereza del fuego ha hecho darle los epítetos de πίδας (agua de fuente), ώκύς (rápido veloz), πόδαρκης (de pies ágiles). Su analogía con el fuego ha hecho decir que Vulcano fabricó su escudo. Es por eso que fue llamado Pirisoo, porque este fuego vive en el fuego mismo sin ser consumido.
Después de que hubo matado a Héctor, el más valiente de los troyanos, el cuerpo de este héroe fue rescatado por un peso igual a él en oro. Cuando Aquiles fue muerto por Paris, los griegos también rescataron su cadáver con el mismo precio. Estos héroes al ser de oro y descendidos de los dioses auríficos no podían ser rescatados de otra manera.
En consecuencia se figura también que sus huesos fueron depositados en féretros de oro y cubiertos con una tela de color púrpura. El de Aquiles había sido dado a Tetis por Baco. La historia de Baco nos ha enseñado la razón de ello, pues es este dios de oro el que concedió a Midas la propiedad de cambiar en oro todo lo que tocara. Aquiles después de muerto fue desposado con Medea en los Campos Elíseos; se sabe que Medea poseía el secreto de rejuvenecer a los viejos y curar las enfermedades; no se puede, pues, figurar un matrimonio más adecuado, puesto que el Aquiles filosófico tiene las mismas propiedades. Durante su vida, la herrumbre de sus armas había curado la herida que éstas habían hecho a Télefo. Se reconoce a
Pirro en una infinidad de textos de los filósofos herméticos, pero sólo citaré a Raimon Llull respecto a esto. La naturaleza de esta cabeza roja –dice[3] – es una substancia muy sutil y ligera, su complexión
es cálida, seca y penetrante. Este autor no es el único que ha tenido en cuenta en sus alegorías, lo que pasa en el asedio de Troya. Basilio Valentín hace significativa mención de Paris, Helena, Héctor y Aquiles en su descripción del vitriolo. Muchos autores han tenido de esta guerra la misma idea que yo, y han hablado de ella en el mismo sentido.
Es preciso considerar en las obras de Homero al menos cuatro cosas: un sentido jeroglífico o alegórico, que vela los más grandes secretos de la física y de la naturaleza. Sólo los filósofos naturalistas y aquellos que están al corriente de la ciencia hermética por teoría bien meditada, o por práctica, están en estado de comprenderlo. Estos admiran en sus obras mil cosas que les sorprenden y les sobrecogen de admiración, mientras que los otros las pasan y no son tocados en nada. Los políticos encuentran admirables reglas de conducta para los reyes, los príncipes, los magistrados y así mismo para las personas de todas las condiciones. Los poetas le señalan un genio fecundo y una sorprendente invención para las ficciones, las fábulas y todo lo que concierne a los dioses y a los héroes. Para ellos es una fuente inagotable. Finalmente los oradores admiran la noble simplicidad de sus discursos y la naturalidad de sus expresiones.
Se puede decir también que Homero ha mezclado algo de histórico en su Ilíada y su Odisea, pero lo habrá hecho para hacer sus alegorías más verosímiles, como hacen aún hoy día la mayor parte de los autores de los romances. Lo verdadero está sumergido en tantas ficciones y de tal manera disfrazado que no es posible adivinarlo. Así, admitiendo que hubiera existido una ciudad de Troya algunos siglos antes de Homero, se podría decir que su ruina le ha suministrado el proyecto de su alegoría, pero no se entenderá de ello que el relato que hace es verdadero. Denis Zachaire, que vivió en el siglo sexto, ha hecho lo mismo que Homero, ha supuesto el asedio
de una ciudad, en verdad no lo dice pero habla como de un hecho real; la diferencia que se encuentra entre estos dos autores, es que el francés advierte de que habla alegóricamente y el griego lo deja adivinar.
Se debe concluir, pues, de todo lo que hemos dicho hasta el presente, que la Ilíada de Homero encierra muy poco, o nada, de las verdades históricas, pero mucho de las alegóricas.
En fin, para finalizar lo que tenemos que decir de la Ilíada, que se examine seriamente a los héroes y las circunstancias, propiamente sólo se verá a un Ulises, que por su prudencia, sus consejos, sus discursos y a menudo sus acciones lo gobierna todo y se encarga de todo. Instruido
de las fatalidades de Troya, o de las condiciones sin las cuales esta ciudad no podría ser tomada, las ejecuta, o pone a los griegos en situación de ejecutarlas. Lo que hace por él mismo son precisamente los cuidados y los pasos del artista. Lo que los griegos y los troyanos hacen es lo que sucede en el vaso filosófico, con la ayuda del arte y de la naturaleza; finalmente Ulises lo dispone todo, hace una parte de las cosas y los griegos actúan cuando él los ha puesto en el punto de hacerlo. Tras él viene Aquiles, como el agente interior, sin el cual la naturaleza no actuaría para nada en el vaso, porque él es el principal ministro. Es mediante él que la materia se disuelve, se pudre y llega al negro. Homero también ha tenido el cuidado de decir que Aquiles estaba retirado en su barco negro. Euríalo, Menesteo, Toas (Toante), Idomeneo, Podarco, Eurípilo, Polipetes, Prótoo, Creton, Orsíloco y la mayor parte de los griegos habían llevado barcos negros. Protesilao, que se supone que fue muerto al comienzo, es detenido y enterrado en la tierra negra. Finalmente Ulises es el único del que Homero dice que la proa de su barco era roja, que tomó un barco negro para devolver a Criseis a su padre Crises y que puso velas blancas en su retorno.
Uno de los otros héroes de la obra es Pirro o Neoptólemo, ya se ha visto el por qué. Finalmente Paris es aquel contra quien
los griegos combatieron para rescatar a Helena, que es el objeto de tantas penas y de tantos trabajos.
Que Troya haya existido o no, que haya sido destruida o que no lo haya sido, lo que siempre es verdad es que la Ilíada de Homero tiene el aire de una pura ficción, que se debe de juzgar como los trabajos de Hércules y como se piensa de las fábulas que incluyen a dioses y héroes. No se ha de juzgar la realidad del hecho por lo que dicen los autores posteriores a Homero, puesto que han venido muchos siglos después que él, todos han mamado de él y a pesar de esto no están de acuerdo entre ellos.
Pero en fin, si se quiere sostener obcecadamente que hay verdades históricas bajo el velo de estas fábulas, que se me conceda al menos el hecho de que se haya podido tomar el suceso de estas historias para formar las alegorías, alegorías de cosas muy ocultas y muy secretas. Paracelso, Fernel y tantos otros lo han hecho, es lo que vuelve sus obras ininteligibles casi para todo el mundo.

[1] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.
[2] . Basilio Valentín, El Azoth de los Filósofos.
[3] . Raimon Llull, Testamento, cap. 81.

Otras Fatalidades añadidas, necesarias para la toma de Troya (y su explicación)




A estas fatalidades se ha añadido las de la muerte de Troilo y Héctor. Uno y otro perdieron la vida bajo los golpes del valiente Aquiles. Ya se sabe lo que significan los nombre de Tros y de Ilo, de los que ha sido compuesto Troilo, en consecuencia es inútil entrar en una nueva explicación al respecto. Sólo diría que la disolución y la putrefacción de la materia, que están significadas por este mismo nombre, y tanto la una como la otra son imprescindibles para tener éxito en la obra, hacen entender la razón de que se considerara la muerte de Troilo como una condición requerida para la toma de la ciudad de Troya. La de Héctor no lo era menos ya que era el principal defensor. Vio a Aquiles viniendo hacia él, semejante a Marte, con una capacidad terrible, amenazante y brillante como el fuego, o como el Sol cuando se levanta, dice Homero.[1] Desde que Héctor se dio cuenta quedó espantado y a pesar del corazón y la bravura que había mostrado hasta entonces y ha pesar de las exhortaciones que él mismo se hizo para reanimar su coraje, no pudo sostener la presencia de Aquiles y recibirlo con pie firme. El temor se apoderó de él y optó por huir. Aquiles, el de los pies ligeros, lo persiguió con la misma rapidez que un pájaro de presa cae sobre una paloma e
spantada. Héctor huyó con mucha fuerza y velocidad, pero Aquiles lo persiguió aún más rápido. Llegaron a las dos fuentes del Escamandro, llenas de precipicios y recodos. Una es caliente y exhala humo, la otra está siempre congelada, incluso en lo más fuerte del verano. Pasaron por encima, y Aquiles no lo habría podido alcanzar si Apolo no se hubiera presentado ante Héctor. Le reanimó el coraje. Minerva también estaba presente bajo la figura de Deífobo, hermano de Héctor, al que animó a que hiciera frente a Aquiles; éste le asestó un golpe de lanza a Héctor, que lo evitó. Héctor le lanzó la suya con tanta fuerza y violencia que cayó hecha pedazos al chocar contra el escudo de Aquiles. Al verse sin lanza Héctor recurrió a su espada y se lanzó sobre Aquiles que lo paró con un golpe de lanza que dio en su clavícula y lo tiró al suelo. Muriendo
Héctor le predijo que Paris, ayudado por Apolo, acabaría con su vida.
No se ha de reflexionar mucho para ver que esta huida de Héctor y la persecución de Aquiles significan la volatilización de la materia. Alfidio, que ya he citado al respecto, dice que cuando el que persigue detiene al que huye, se vuelve el amo. Aquiles y Héctor llegan a las dos fuentes del Escamandro, una caliente y líquida y la otra congelada, porque efectivamente, hay dos materias en el fondo del vaso, una líquida y la otra congelada, es decir el agua y la tierra congelada, que está formada de esta misma agua. No se detuvieron allí pero dieron vueltas y vueltas, porque la materia al volatilizarse sube y desciende más de una vez
antes de fijarse. Héctor no se detuvo hasta que se le presentó Apolo y le habló, pues la materia volátil sólo se fija cuando se reúne con la fija. Entonces se da el singular combate donde Héctor sucumbe, y predice a Aquiles que morirá bajo los golpes de Paris y Apolo; por la misma razón que este mismo dios fue la causa de la muerte de Patroclo, así como la de Héctor.
Finalmente Télefo, hijo de Hércules y de Auge, era absolutamente necesario para la toma de
Troya. Hemos dicho en el precedente libro, que Hércules era el símbolo del artista. Auge significa esplendor, brillo, luz, y ya se sabe que los filósofos dan estos nombres a la materia fijada al blanco, en contraste con el negro al que llaman noche y tinieblas. Télefo significa el que luce y brilla desde lejos, es por esto que se dice que es hijo de la Luz. Necesariamente debía estar en la toma de Troya, puesto que ésta no podría llevarse a cabo si la materia no está fijada.
Estas eran las fatalidades de la ciudad de Troya y tal es el sentido en el que se las debe entender. Estas son las fábulas, o más bien las alegorías, que tomadas en el sentido histórico no tendrían nada de ridículo. Los partidarios del sentido histórico bien lo han sentido; tampoco se les a obligado a explicarlas. Todas han sido la obra de Ulises, como Ovidio se lo hace decir en su arenga para disputar las armas de Aquiles. Él descubrió a Aquiles bajo su disfraz de mujer y le obligó a unir sus armas a las de los griegos. Llevó a Filoctetes al campo y trajo las flechas de Hércules; robó el Paladión, trajo el hueso de Pélope, robó los caballos de Reso y fue causa, dice él, de la muerte de Héctor y de Troilo, puesto que estos dos hijos de Príamo sucumbieron bajo las armas de Aquiles. Finalmente obligó a Télefo a unirse a los griegos contra los troyanos, aunque fuera aliado de estos últimos y debiera ser enemigo de los primeros, que le habían librado una batalla donde fue herido. Se tiene razón al decir que era aliado de los troyanos; la naturaleza de Télefo, o la piedra al blanco lo indican suficientemente, puesto que es de naturaleza fija como la piedra al rojo, o el elixir designado por los troyanos. Así mismo Homero nos enseña que se ha de tener de Ulises la misma idea que la que tenemos de Hércules. En su descenso a los Infiernos le hace hablar así:[2] Hércules me reconoció desde que me vio y me dijo: Bravo y valiente hijo de Laertes, Ulises que sabéis tantas cosas ¡Ay! Pobre miserable sois, os parecéis a mí; tenéis que superar muchas fatigas y trabajos parecidos a los que yo he sufrido, cuando vivía sobre la tierra. Soy hijo de Júpiter y a pesar de esta cualidad, he tenido que sufrir males. Estuve obligado a obedecer las órdenes del más malvado de los hombres y que era duro al mandarme. Se imaginó que el trabajo más difícil y más peligroso que podía ordenarme era el de venir aquí a robar el Cerbero. Vine y lo arranqué de los Infiernos. bajo la guía de Minerva y de Mercurio.
Son bien remarcables estas guías de Hércules. También son las mismas que condujeron a Ulises en sus operaciones. Siempre se ve a Minerva a su lado. Se reconocían bien el uno y la otra. Hércules consagró su maza a Mercurio, Ulises ofreció a Minerva los despojos de Dolón, teniendo el cuidado al hacerlo de advertir a esta diosa que la prefería a todos los habitantes del Olimpo y que sólo a ella hacía esta ofrenda. Así mismo ella llama a Ulises,[3] el más fino, el más astuto y el más ardiente de los hombres. Ella le dice: Pero no disputemos de astucias y de finezas, sabemos suficiente de lo uno y de lo otro, puesto que no tenéis igual en cuanto a consejos y a elocuencia. Yo soy igual en relación a los dioses. ¿No reconoceréis, pues a Minerva, la hija de Júpiter, a mí que me es un placer acompañaros por todo y ayudaros en todos vuestros trabajos?[4]
Este testimonio no es contradicho por las acciones de Ulises.
Siempre se ve en él a un hombre sabio y prudente que no hace nada a la ligera y en fin, a quien todo le sale bien. También era así Hércules, no emprendía nada que no llevara a cabo. Así es, o así debería ser el filósofo hermético que emprende los trabajos de Hércules, o las acciones de Ulises, es decir, la gran obra, o la medicina dorada. En vano se intentará ejecutarlas si no se tienen todas las cualidades de estos héroes. En vano se trabajará si no se conoce la materia de la que fue construida la ciudad de Troya; si se ignora la raíz del árbol genealógico de Aquiles. Los filósofos la han disfrazado bajo tantos diferentes nombres que se ha de tener la penetración y el genio de Ulises para reconocerla. Es esta multitud de nombres lo que, según Morien,[5] induce a error a casi todos los que intentan conocerla. Pitágoras en la Turba dice que toda la ciencia del arte hermético consiste en encontrar una materia, reducirla en agua y reunir este agua con el cuerpo de la plata viva y de la magnesia. Buscad, dice el Cosmopolita, una materia de la que podáis hacer un agua que disuelva el oro naturalmente y radicalmente. Si la habéis encontrado, tenéis la cosa que tanta gente busca y que tan pocos encuentran. Tenéis el más preciado tesoro de la tierra.

[1] . Homero, Ilíada, lib. 22, vers. 131.
[2] . Homero, Odisea, lib. 2, vers. 614.
[3] . Homero, Odisea, lib. 13, vers. 292 y ss.
[4] . Homero, Ilíada, lib. 10, vers. 278, y en la Odisea, lib. 13, vers. 300.
[5] . Morien, Conversación con el rey Calid.

domingo, noviembre 26, 2006

Explicación de la Primera Fatalidad




Hemos visto anteriormente que Aquiles, símbolo del fuego del mercurio, era el principal agente en la obra filosófica; hemos seguido su vida hasta el nacimiento de Pirro en casa de Licomedes. Homero ha pasado todo esto y empieza por suponerlo enamorado de Briseida, es decir, en reposo, o en el estado que se encuentra el mercurio después de que su volatilidad ha sido detenida en su carrera por Deidamia. Esto es lo que le hace decir a Aquiles en la queja que lleva ante su madre Tetis. Después de haber arruinado Tebas, dice él, Agamenón tuvo a Criseida en reparto y los griegos me dieron a Briseida. Se sabe que Tebas fue el término de las carreras de Cadmo, también es allí donde Aquiles encuentra a Briseida, que, como hemos dicho significa dormir, reposar. Se trata de hacer la segunda obra, parecida a la primera; Homero supone, pues, a las materias en el vaso y empieza la operación, es decir, la fermentación de la materia. Esta fermentación ocasiona un movimiento en la materia, que amenaza al mercurio, o Aquiles, con quitarle su reposo, o Briseida. A esta fermentación sucede la disolución y la putrefacción causada por el oro filosófico, o Apolo, es la peste que Apolo envía al campo de los griegos. A esta peste sucede la muerte de los griegos, o la negrura llamada muerte por los filósofos. En este estado el volátil domina sobre el fijo y esta peste sólo cesará cuando Criseida sea devuelta a su padre, es decir, cuando la materia haya pasado del color negro al blanco, que es el oro blanco de los filósofos. ¿Qué es lo que pueden significar el viaje de Júpiter y los otros dioses a Etiopía y su retorno al Olimpo lleno de nieve, sino
la negrura de la materia y su paso del color negro al blanco? Las lágrimas de Tetis y de Aquiles ¿no expresan la materia que se disuelve en agua? Todo esto está indicado por el viaje de Ulises, y aún está mejor indicado por lo que sucede en el campo de los griegos hasta su retorno.
Homero dice que a penas partió Criseida bajo el mando de Ulises, es decir, que fue puesta en el vaso filosófico por el artista, Agamenón envió a coger a Briseida de la tienda de Aquiles; he aquí la fermentación que empieza. Llegan a su barco negro y lo encuentran en su tienda sentado, pero extremadamente irritado; es la putrefacción y la negrura, indicada también por los mirmidones, a los que mandaba Aquiles, como así lo figura Homero. La fábula misma nos da a entender lo que se ha de pensar de los mirmidones, diciéndonos que nacieron de las hormigas, y esto a causa de que las hormigas son negras y cuando están todas juntas en su hormiguero su aspecto representa muy bien a la materia en su estado de negrura. La misma razón ha hecho decir que Peleo, padre
de Aquiles, reinaba en Phtía sobre los mirmidones, porque Peleo quiere decir barro negro, porquería, y Phtía, corrupción, de φθέω, corromper. Los otros jefes que comandaban a los mirmidones bajo las órdenes de Aquiles,
sólo por la etimología de sus nombres, indican todo lo que sucede en la obra. Menestio señala el reposo en el que está primeramente la materia, puesto que viene de μένω, esperar en reposo, y de σίαθ, pequeña piedra, o de δέω, estar fijo, inmóvil. El segundo se llamaba Eudoro de είδω, dormir. En consecuencia Homero dice que era hijo de Mercurio el pacífico, pero añade también que cuando tuvo una cierta edad se volvió célebre por su ligereza en la
carrera, a fin de indicarnos la volatilización de la materia fija. El tercero era Pisandro, o que echa de beber, que riega, de πίω, riego, de donde se ha hecho πεοσίς, prado, lugar regado, y σώδηρεν, techo, cima, porque al volatilizarse la materia sube a la cima del vaso en forma de vapor y recae después sobre la materia en forma de lluvia o de rocío. Homero dice que era el más bravo de los mirmidones después de Aquiles, y lo dice con razón ya que sin este rocío la tierra filosófica no produce nada, así como un terreno árido no sería apropiado para hacer germinar el grano; la tierra es el receptáculo de las simientes y la lluvia es el alimento. El cuarto es Fénix, es decir, la piedra misma de los
filósofos llegada al rojo. Los filósofos también le dan el nombre de Fénix, no solamente porque en el elixir renace de sus cenizas, sino también a causa de su color púrpura, pues Fénix viene de φοϊνιξ, de color rojo púrpura, color sangre. Es el pájaro fabuloso de este mismo nombre, se le dice rojo por esta razón y nadie puede jactarse de haber visto otro; los egipcios también hacían correr el rumor de que este pájaro venía a la ciudad del Sol para hacer allí su nido y renacer de sus cenizas. Finalmente el quinto es Alcimedón, o quien manda a la fuerza misma, es decir, la piedra perfecta. Hermes[1] le da el mismo nombre y dice que es la fuerza que sobrepasa a toda fuerza, desde que está fijada en tierra. Pero volvamos a Ulises.
Uno de los hechos más señalados de su vida es el haber sabido descubrir a Aquiles disfrazado con ropajes de mujer
y haberlo obligado a reunirse con los griegos, para ir a destruir la ciudad de Troya.
Y se preguntará ¿qué relación tiene este disfraz con la gran obra? ¿este hecho no es muy simple y natural? Un hombre joven quiere ocultarse para no ir a una guerra en la que se le ha predicho que moriría ¿no sería una manera de
conseguir su deseo? Pero ¿ya se piensa que por todos lados se nos da una idea de Aquiles bien diferente que la de un cobarde? Sólo este rasgo habría hecho que los griegos lo despreciaran, y desde luego no lo considerarían superior a los otros. En efecto ¿qué idea tendríamos de un hombre joven, hijo de un rey, de un príncipe o de un gran señor, que en el momento en que sus tropas se reúnen y se ponen en movimiento para ir a una batalla, o a un asedio peligroso, procurara disfrazarse con ropas de mujer y fuera a confundirse con las acompañantes de una princesa, para evitar el peligro que le amenaza? Por muy buena que haya sido la idea que haya podido dar hasta entonces de su coraje y de su bravura, ¿no haría
tal acción que se le despreciara para siempre? Sin embargo no se ve nada de todo esto, al contrario, Aquiles es estimado, apreciado y considerado como el más valiente de todos los griegos. ¿De dónde puede venir tal contraste? Recuérdense las explicaciones que hemos dado hasta aquí y se verá claramente el desenlace.
Hemos probado en más de un lugar que los filósofos toman al sexo femenino como símbolo del
agua mercurial volátil, la fábula nos habla de ella bajo los nombre de musas, bacantes, ninfas, náyades, nereidas. He aquí precisamente la razón por la que se dice que Aquiles se ocultó bajo ropa de mujer, pues el mercurio de los filósofos sólo es propiamente mercurio cuando es agua, y Aquiles lejos de sentir debilitarse su coraje bajo este disfraz se vuelve más activo, así mismo es preciso que pase por este estado para volverse apropiado para la obra, sin éste no podría penetrar los cuerpos duros y volatilizarlos. Se tiene razón al considerar este descubrimiento de Ulises como una de sus más bellas acciones, puesto que según todos los filósofos herméticos la disolución de la materia en agua mercurial es la clave de la obra. El Cosmopolita dice: buscad una materia de la que podáis hacer un agua, pero un agua penetrante, activa y que sin embargo pueda disolver el oro sin ruido, sin corrosión y en una disolución natural; si tenéis este agua tenéis un tesoro mil veces más precioso que todo el oro del mundo, con ella lo haréis todo y sin ella no haréis nada. Es por lo que los griegos, con Aquiles, lo pueden todo contra la ciudad de Troya y sin él no pueden hacer nada. Se dice que debe morir allí, y en efecto muere porque para completar la obra se ha de fijar el mercurio filosófico y hacer de manera que la parte volátil sea una misma cosa con la fija. Esta última está representada por los troyanos, que por esto siempre son llamados domadores de caballos, o son calificados con epítetos que significan algo pesado, fijo y apropiado para detener lo que está en movimiento. El mismo Héctor[2] es comparado por Homero a una
roca. Al contrario de los griegos y todo lo que les pertenece, que siempre son representados como activos, siempre en movimiento. Homero dice de casi todos sus jefes que no tenían igual por su ligereza en la carrera, su destreza en el tiro al arco y en el lanzamiento de jabalinas; sus caballos s
on ligeros como el viento, las yeguas de Feretiades[3] son más rápidas que los pájaros, el mismo Apolo las había enseñado en la morada de las musas. En fin, todo lo que puede designar al volátil es atribuido a los griegos y todo lo que es apropiado para denotar al fijo es atribuido a los troyanos.
Por lo que hemos dicho se ve claramente el por qué la presencia de Aquiles era necesaria para la toma de Troya y el por qué su abuelo Éaco había ayudado a Apolo y a Neptuno a construir esta ciudad. Pues Éaco significa propiamente la tierra, de αϊα, tierra, o la materia de la que se hace la obra; esta materia puesta
en el vaso se corrompe, he aquí el reino d Phtía donde reina Peleo, es decir, la negrura, que es en efecto la corrupción. Esta disolución o putrefacción produce el mercurio filosófico, en consecuencia es
Aquiles que nace de Peleo. Cuando el azufre de los filósofos es perfecto Troya es construida, ¿por quién? Por Éaco, Neptuno y Apolo, porque el azufre ha sido hecho de agua y de tierra. Siendo esta tierra el principio del oro filosófico, o Apolo, no es sorprendente que él haya concurrido allí, puesto que es la propiedad fijativa de esta tierra la que hace la fijeza de este azufre. Pero para finalizar la obra no es suficiente tener este azufre, o la ciudad de Troya edificada, es preciso destruir esta ciudad, y es lo que hace el motivo de la Ilída, donde se ve que tras la muerte de Aquiles se va a buscar a su hijo Pirro aún joven y fuerte, porque, según la fatalidad, era necesario que hubiera alguien de la raza de Éaco. ¿Por qué? Porque a la fijación del mercurio, significada por la muerte de Aquiles, le sucede Pirro, o la piedra ígnea, como hemos visto anteriormente. Esta fijación está indicada por el nombre de aquel que mató a Aquiles, es decir, Paris, pues Paris viene de παρά y de ίζω, yo fijo, hago sentar, o si se quiere de παριημι, quito el vigor, vuelvo lánguido.
La segunda razón de Ulises para justificar su derecho sobre las armas de Aquiles es el hecho de que ha tomado y arruinado las ciudades de Apolo, es decir, que ha hecho la obra y la piedra, por lo tanto el resultado debe permanecer con él, pues sin las armas de Aquiles, es decir, sin la acción penetrante, disolvente y volatilizante del mercurio, no habría conseguido llevar el elixir a su perfección. Podremos discutir sus otras razones a continuación, explicando las siguientes fatalidades y la continuación del asedio.


[1] . Hermes, La Tabla de Esmeralda.
[2] . Homero, Ilíada, lib. 13, vers. 137.
[3] . Homero, ibid. lib. 2, vers. 763.

sábado, noviembre 25, 2006

Aquiles y Criseis o la segunda operación




Según Morien[1] esta segunda operación es una repetición de la primera, en cuanto al régimen, o lo que sucede en el vaso en relación a los colores que se suceden. Homero dice que Aquiles reunió a los mirmidones y juntó a los otros griegos. Sorprende que Homero empiece su Ilíada por la cólera de Aquiles, que el abad Banier[2] sólo considera como un accidente. Este poeta, para seguir su objetivo no podía empezar de otra manera, o hubiera invertido el orden de las cosas. Supone la primera operación perfecta, o el oro
filosófico, al que yo he llamado antes azufre.
En consecuencia entra de pronto en la disputa de Agamenón y Aquiles, que hace nacer de la demanda que Crises, sacerdote de Apolo, hace de su hija Criseida; se sabe que χρύσεος, quiere decir del oro, hecho del oro, y se introduce a Apolo para designar el oro filosófico. Se dice que Agamenón no quiere devolver a Criseida, porque dice que es virgen y la prefiere a su esposa Clitemnestra.
Los filósofos también le dan el nombre de virgen. Espagnet dice:[3] Tomad una virgen alada, limpia y pura, con las mejillas de color púrpura.[4] Sin embargo Agamenón se rinde ante las exhortaciones de Ulises y devuelve a Criseida
pero le protesta a Aquiles que para resarcirse le robara a Briseida, a la que Aquiles amaba perdidamente. Agamenón puso, pues, a Criseida en manos del sabio Ulises, es decir, del artista, para llevarla a Crises, su padre. Ulises fue constituido jefe de la diputación e hizo subir a Criseida en un barco, es decir, que la puso en el vaso. Después de que Ulises hubiera partido, Agamenón envió a coger por la fuerza a Briseida.[5] Los que fueron enviados encontraron a Aquiles sentado en su tienda y en su barco negro.
Enseguida reconoció el motivo que les traía y le dijo a su amigo Patroclo que sacara a Briseida de la tienda y que se la entregara a ellos para que la condujeran a Agamenón; viéndola partir Aquiles se puso a llorar mirando al mar negro y se quejó a su madre Tetis de la injuria que acababa de hacerle Agamenón. Ella oyó sus ruegos desde el fondo del mar blanco, donde estaba con el viejo Nereo, su padre, y enseguida subió desde el fondo como una nube. Él le contó cómo, después de haber arruinado Tebas, Agamenón había tenido a Criseida en el reparto y él a Briseida; que Agamenón estuvo obligado a devolver a Criseida a su padre, porque Apolo irritado, había enviado la peste al campo de los griegos y para vengarse (de Aquiles) se llevó por la fuerza a su querida Briseida. Tetis le respondió llorando también: Hijo mío ¿porqué os he puesto en el mundo y os he criado con tanto cuidado? Sois el más desdichado de los hombres, pues se que el destino fatal os amenaza con una muerte cercana. Sin embargo voy a encontrarme con Júpiter en el Olimpo lleno de nieve y haré todo lo posible para convencerlo de que secunde vuestros deseos. Permaneced en los barcos sin combatir, y alimentad vuestra cólera contra los griegos. Júpiter fue a Etiopía ayer, para asistir a un convite con todos los otros dioses. Después de hablar así, se fue.
Mientras tanto Ulises y Criseida llegaron a Crise, ciudad de Apolo, y habiendo echado el ancla del barco puso a Criseida en manos de Crises, su padre, el cual dirigió sus votos a Apolo, cuyo arco es de plata, a fin de que favoreciera a los griegos. Al día siguiente Ulises aparejó sus velas blancas y Apolo les envió un viento favorable y húmedo, así llegaron dichosamente al campo de los griegos.
Sólo es necesario haber leído superficialmente los libros de los filósofos herméticos para reconocer, en lo que acabo de relatar con los propios términos de Homero, las mismas maneras de expresar todo lo que sucede en el vaso después de que los ingredientes que componen el elixir, empiezan a disolverse y a caer en putrefacción, hasta que la materia haya llegado al blanco. Se puede comparar lo que acabamos de describir con Espagnet:[6] Los medios o signos demostrativos son, –dice este autor– los colores que aparecen sucesivamente, que hacen ver al artista los cambios que afectan a la materia y el progreso de la obra. Se cuentan tres principales, que son como los síntomas críticos a los que se ha de poner mucha atención; algunos han añadido
un cuarto. El primer color es el negro, se le ha dado el nombre de cabeza de cuervo a causa de su gran negrura. Cuando empieza a ennegrecer es un signo de que el fuego de natura comienza su acción, y cuando el negro es perfecto indica que los elementos están confundidos conjuntamente y que la disolución ha terminado, entonces el grano cae en putrefacción y se corrompe, para ser más apropiado a la generación. El color blanco sucede al negro, entonces el azufre blanco está en su primer grado de perfección, es una piedra que se llama bendita, es una tierra blanca foliada en la que los filósofos siembran su oro. El tercer color es el citrino, que se produce por el paso del blanco al rojo, es como un color intermedio que participa de los dos, como la aurora azafranada que nos anuncia al Sol. Finalmente el cuarto es el rojo, o color de sangre, que se saca del blanco sólo mediante el fuego. Como la blancura perfecta se altera fácilmente, pasa bastante rápido, pero el rojo oscuro del Sol dura siempre porque perfecciona la obra del azufre, que los filósofos llaman esperma masculino, fuego de la piedra, corona real e hijo del Sol.
Volvamos a la Ilíada de Homero y veamos si lo que dice es conforme a lo que aprendemos de Espagnet, al que me contenta citar, para no multiplicar las citas sin necesidad, aportaré a otros autores como prueba de las explicaciones que daré.

[1] . Morien, Conversación del rey Calid.
[2] . Banier, tomo 3, p. 389.
[3] . Espagnet, canon 58.
[4] . Es bueno señalar que Homero también dice que Criseida tenía las mejillas bellas y rojas. Ilíada, 1, 323.
[5] . Homero, ibid. vers. 324 y ss.
[6] . Espagnet, canon 64.

Aquiles y Deidamia




Cuando Aquiles nació, Tetis lo alimentó como Ceres había hecho con Triptolemo, lo ocultaba por la noche bajo el fuego y de día lo untaba de ambrosía. No repetiré aquí lo que ya he dicho en el artículo de Ceres; el lector puede encontrar allí la explicación.
Aquiles se hizo mayor, se retiró a casa de Licomedes donde se enamoró de Deidamia y tuvo un hijo llamado Pirro. El
mercurio, cuando llega el momento en que empieza a fijarse, deja, por así decirlo, la casa paterna y materna, pasando del color negro al blanco. En este estado se retira con Licomedes, porque se transforma en una especie de tierra, que los filósofos llaman oro blanco, sol blanco, piedra que manda y que reina; lo que está expresado por Licomedes, que viene de Λύκος, Sol, y de μίδω, mando, tomo cuidado. Es por esto que Licomedes es llamado padre de Deidamia, pues la parte fija en este estado tiene una virtud apropiada para fijar la parte volátil; los filósofos dicen que tiene una virtud magnética que atrae hacia ella a la parte volátil para fijarla y formar un sólo cuerpo de los dos. Todo el mundo sabe que el mercurio es volátil. El amor que Aquiles, símbolo de este mercurio, tiene por Deidamia, es esta virtud magnética y atractiva recíproca que hace que el uno y la otra se reúnan y que finalmente el volátil se vuelva fijo. No se puede expresar más acertadamente que mediante el nombre de Deidamia, puesto que significa una cosa que fija
a otra, o que la detiene en su carrera, de θέω, corro, y de δαμάω, domo, detengo.
Deidamia da un hijo a Aquiles, que fue llamado Pirro a justo título; puesto que de la unión del fijo y del volátil se form
a el azufre filosófico, que es un verdadero fuego o una piedra ígnea, a la que Espagnet llama minera del fuego celeste; Filaleteo la llama fuego de natura. Alfidio dice que cuando aquel que huye es detenido en su carrera por el que le persigue, la carrera de los dos termina, se reúnen y no son más que uno, que se vuelve rojo y fuego. Homero designa esta volatilidad del fuego mercurial, diciendo
siempre de Aquiles, que tiene el pie ligero y que es extremadamente rápido en la carrera; πόδας ώκυς ποδαρκη.
Este poeta lo insinúa aún mejor,[1] cuando dice que Aquiles le dice a Automedonte que enganche su carro para su amigo Patroclo y que ponga sus dos caballos Janto y Balio, cuya velocidad igualaba a la del viento; la arpía Podarge los había engendrado de Céfiro, cuando paseaba por la orilla del Océano, estos caballos eran inmortales.[2] Ulises convenció a Aquiles de que se uniera a los griegos y éste reunió a los mirmidones, sus súbditos, se puso a su cabeza con Menestio, hijo del río Esperquio, dios e hijo de Júpiter y de la bella Polidora,[3] con Eudoro, hijo de Mercurio, llamado en esta circunstancia άκάκήα, o el pacífico,[4] pero Eudoro al hacerse grande, fue célebre por su ligereza en la carrera. Pisandro fue el tercer jefe de los mirmidones; Homero dice[5] de él que era el más valiente de esta tropa, según Aquiles. Fénix, ya viejo, fue el cuarto y Alcimedón, hijo de Laerce, el quinto.
Una vez nacido Pirro, o el azufre filosófico perfecto, es preciso que el artista proceda a la segunda operación, a la que los filósofos llaman segunda obra, o elixir. Este elixir, o el procedimiento que se ha de usar para hacerlo, es lo que Homero ha tenido a la vista en su Ilíada. La primera fatalidad de Troya era que Aquiles, y tras él su hijo Pirro, debían encontrarse necesariamente en el campo de los griegos, para que esta ciudad fuera tomada. La razón es que el elixir no puede hacerse sin el mercurio filosófico, que es el principal agente.

[1] . Homero, Ilíada, lib. 16, vers. 145.
[2] . Homero, ibid. lib. 17, vers. 444.
[3] . Homero, ibid. lib. 16, vers. 173.
[4] . Homero, ibid. vers. 185.
[5] . Homero, ibid. vers, 194.

Ulises el Artista




Es preciso considerar a Ulises como el símbolo del artista prudente y hábil en su arte, o el agente exterior que conduce la obra. Aquiles es el agente interior, sin el cual es imposible llevar a cabo lo que el filósofo se propone. En el quinto libro hemos hablado de las cualidades requeridas en el artista; recuérdese lo que hemos dicho al respecto y póngase atención a lo que vamos a referir según Geber, se reconocerá en ello el retrato de Ulises según la naturaleza: Aquel que no tenga un extenso genio y un espíritu sutil propio para penetrar en los secretos de la naturaleza, para descubrir los principios que ella emplea y el artificio que usa en sus operaciones, para llevar a la perfección a los mixtos y a los individuos, no descubrirá jamás la simple y verdadera raíz de nuestra preciosa ciencia. Tales son los términos de Geber,[1] que tras haber enumerado los defectos del espíritu que excluyen de esta ciencia, tales como un espíritu pesado y cerrado, la ignorancia, la credulidad temeraria que es una continuación, la inconstancia, la inquietud de asuntos que ocupan mucho, la avaricia, la negligencia, la ambición y la poca aptitud para las ciencias, finalmente en el séptimo capítulo, concluye con un epílogo donde se reconoce a Ulises como en un espejo. Concluimos pues, -dice
este autor– que el artista de esta obra debe estar ejercitado en la ciencia de la filosofía natural y debe estar perfectamente instruido, porque aunque tenga algún espíritu y algunos bienes no obtendrá jamás el fin sin ésta [...] Es preciso, pues, que el artista llame en su ayuda a una meditación profunda de la naturaleza y un genio fino, industrioso. La ciencia sola no es suficiente, ni el genio sólo tampoco, hacen falta los dos, porque se ayudan mutuamente. Debe ser de una voluntad constante, a fin de que no corra ahora tras una cosa y ahora tras otra, pues nuestro arte no consiste en una multitud de cosas. Sólo hay una piedra, sólo una medicina y sólo un magisterio. Debe ser atento y paciente, a fin de que no abandone la obra a medio hacer. No ha de ser necesariamente muy activo y muy vivaz, la duración de la obra le fastidiaría. Finalmente que sepa que el conocimiento de este arte depende del poder divino que favorece a quien le place, que no lo comunica a los avaros, a los ambiciosos y a aquellos que sólo buscan saciar sus desarregladas pasiones; pues Dios está lleno de justicia, como está lleno de bondad.
Ovidio en sus Metamorfosis[2] introduce a Ulises y a Ayax disputándose las armas de Aquiles. Cada uno de ellos enumera los derechos que tiene sobre estas armas mediante las bellas acciones
que ha hecho y por los servicios prestados a los griegos. Cuando se ha leído la Ilíada de Homero se ve muy bien que Ulises se puede comparar a Ayax por las acciones de bravura y coraje. Ayax obtine trofeo en Ovidio, muestra su escudo acribillado por golpes de lanzas y dardos, y reprocha a Ulises que el suyo esté aún entero en todas sus partes. Aunque Ayax arengó a los guerreros, que no ignoraban su valor y que naturalmente habrían estado dispuestos a dar preferencia a tan gran héroe, sin embargo se lo adjudicaron a Ulises cuando hubieron oído su arenga. ¿En qué consistió ésta? En recordar, 1º, que él había sabido descubrir a Aquiles disfrazado con ropas de mujer y traerlo al ejército de los griegos; 2º, que Aquiles venció a Télefo y le curó su herida; 3º, que ha tomado las ciudades de Apolo; 4º, que él es la causa de la muerte de Héctor, puesto que éste sucumbió bajo las armas de Aquiles; 5º, que determinó a Agamenón a sacrificar a Ifigenia por el bien público; 6º, que a pesar del peligro que había en presentarse ante Príamo, para reivindicar a Helena, no temió ir allí con Menelao; 7º, que los griegos angustiados por la duración y las fatigas del sitiado habían tomado la decisión de abandonarlo y retirarse, Ulises hizo tanto con sus exhortaciones y sus amonestaciones que los determinó a continuar; porque tendió trampas a los troyanos y había puesto el campamento de los griegos al abrigo de sus ataques mediante un buen muro alrededor; porque por sus oportunos consejos siempre había sido mantenido en el ejército. Soy yo – dijo – quien ha sorprendido a Dolon. Yo mismo he penetrado hasta la tienda de Reso y le he quitado la vida. ¿Ha pasado Ayax a través de los centinelas, en los horrores de la noche y penetrado, no solamente en la ciudad, sino
hasta los mismos fuertes en medio del hierro y del fuego y robado el Paladión? Sí, yo he tomado la ciudad por esta acción, puesto que mediante ella la he puesto en estado de ser tomada. Yo he traído a Filoctetes al campo, con las flechas de Hércules y es por su ayuda que hemos vencido.
Si se quiere poner atención a las explicaciones de las diferentes fábulas que he dado hasta aquí, se verá claramente que todos estos hechos sobre los que Ulises funda sus derechos sobre las armas de Aquiles son precisamente alegorías de las operaciones del magisterio de los sabios. Veamos algunos de ellos. Hemos dicho que Aquiles es el símbolo del fuego del mercurio filosófico. La fábula dice que Aquiles era hijo de Peleo y Tetis, o del barro negro. El barro está compuesto de tierra y agua; el mercurio de los filósofos se extrae de estas dos materias. Según Espagnet:[3] se la llama tierra como se la llama agua, tomada bajo diversos aspectos –dice este autor– porque está compuesta de estas dos. Para indicar el estado de esta tierra filosófica, o del sujeto sobre el cual trabajan los filósofos, cuando debe dar a luz al mercurio, Espagnet cita los versículos siguientes de Virgilio, que expresan muy bien la disolución y la putrefacción de esta materia, significada por Peleo, porque es como un barro negro, al que casi todos los filósofos la comparan: Con los céfiros se resquebraja la tierra en terrones, con el arado hundido en el suelo empiece a gemir el toro y a resplandecer la reja gastada por los surcos. (Geórgicas, 1, 44)

[1] . Geber, Suma perfección. Parte 1, cap. 5.
[2] . Ovidio, Metamorfosis, lib. 13, fab. 1.
[3] . Espagnet, La obra secreta de la filosofía de Hermes, canon 46.

Primera fatalidad, Aquiles y su hijo Pirro son necesarios para la toma de Troya



Se dice que Aquiles era hijo de Peleo y de Tetis. Aunque hayamos explicado ya lo que la fábula nos da a entender por ello, es mi propósito retocar alguna cosa para hacer la prueba más completa. Peleo viene de πελίς, negro, moreno, lívido, o de πηλός, barro, cenagal. Tetis es tomada por el agua. Isacio dice que Peleo, aconsejado por su padre, tuvo relación con Tetis, cuando entre todas las formas que tomaba para evitar las persecuciones de Peleo, tomó la forma de un pez conocido con el nombre de seco. Así he aquí a Aquiles hijo del barro negro y del agua. Se sabe que este pez llamado seco suelta un licor negro que tinta el agua en
la que se encuentra y la transforma, por así decirlo, en tinta. Todo esto conviene bien a la circunstancia de la concepción del hijo filosófico, que hemos dicho que sucede, según los filósofos, cuando la materia puesta en el vaso llega a un estado parecido al de un barro negro, o al de la pez negra fundida. Por la misma razón la fábula dice que las bodas de Peleo y de Tetis se hicieron sobre el monte Pelión en Tesalia.
A penas hubo nacido Aquiles, su madre para acostumbrarlo a la fatiga y volverlo como inmortal lo alimentó y lo crió de una manera que sólo es propia de Ceres y de Tetis. Lo escondía durante toda la noche en el fuego, para consumir en él todo lo que tenía de mortal y de corruptible; durante el día lo untaba de ambrosía.
Este método sólo salió bien con Aquiles, los otros hijos murieron, es lo que hizo darle el nombre de Pirítoo, como salvado del fuego, o viviendo en el fuego. Peleo quiso intervenir en la educación de Aquiles, Tetis lo abandonó y se retiró con las nereidas. Después se puso a Aquiles en manos de Quirón para que lo instruyera en la medicina y las artes.
Como Aquiles había aprendido de Tetis que perecería en la guerra de Troya, cuando fue el momento de esta guerra, Aquiles se retiró con Licomedes para no encontrarse allí. Se disfrazó con ropa de mujer y tuvo relación con Deidamia, de la que tuvo a Pirro. Habiendo sabido los griegos, por medio de Calcas, la necesidad de la presencia de Aquiles, encargaron a Ulises que lo fuera a buscar. Este lo encontró tras algunas indagaciones y lo obligó a reunirse con los otros jefes del ejército de los griegos. Esta acción es una de las que dan más honor a Ulises.

viernes, noviembre 24, 2006

Fatalidades atribuidas a la ciudad de Troya




Tanto en el ejército de los griegos como en el de los troyanos, estaban persuadidos de que la ciudad de Troya no podía ser tomada si no se ejecutaban ciertas cosas de las que dependía la suerte de esta ciudad. Homero no las menciona todas expresamente, pero Ovidio, Licofrón y algunos otros antiguos han hablado de ellas. Sin embargo se las puede deducir de lo que relata Homero en diferentes
lugares, tales como aquellos donde se describe lo que se hizo para ir a buscar a Filoctetes en Lemnos, Pirro en Esciros, la atención que los griegos ponían en impedir que los caballos de Reso bebiesen del agua del Xanto, y los peligros que desafiaron para llevarse el Paladión.
Estas fatalidades habían sido declaradas a los griegos por Calcas (Calcante), cuando Agamenón y los otros jefes del ejército griego fueron a consultarle sobre el éxito de la expedición que preparaban contra la ciudad de Troya. Calcas respondió que, 1º, no tomarían jamás esta ciudad si Aquiles y su hijo Neoptólemo no los acompañaban, 2º, que era necesario que tuvieran las flechas de Hércules, que este héroe, antes de morir había entregado como presente a Filoctetes, 3º, que era absolutamente necesario que se robara el Paladión, al que los troyanos conservaban cuidadosamente en el templo de Minerva, 4º, que uno de los huesos de Pélope debía ser llevado a Troya antes de la toma, 5º, que era preciso robar las cenizas de Laomedón, 6º, que se tuviera mucho cuidado en no dejar beber del agua del Xanto a los caballos de Reso. De los escritos de Homero se pueden deducir otras dos, la primera sería que era necesario hacer morir a Troilo, hijo de Príamo, antes de tomar la ciudad; y la segunda sería que el destino de Troya dependía da tal manera de Héctor, que jamás sería tomada esta ciudad mientras viviera. Finalmente se ha añadido una séptima, a saber, que Télefo, hijo de Hércules y Auge, debía de ser llamado a combatir junto a los griegos.

lunes, noviembre 20, 2006

El rescate de Héctor (su explicación)




Es fácil ver, por lo que acabamos de contar, que Homero, autor de la historia de esta guerra, pretendía hablar de Tetis como de una diosa y no como una mujer ordinaria, en consecuencia ella era para él, así como debe ser para nosotros, una persona puramente fabulosa. Dice que es hija de Nereo, dios marino, porque Nereo significa un lugar hueco y húmedo, de Νηρός, y porque el vaso filosófico es un hueco en el que nace Tetis, la Tetis que los poetas tomaban por la tierra,[1] y los latinos por el mar, porque este nombre quiere decir nodriza. Juno se jacta de haberla alimentado, educado y casado con Peleo;
es la tierra filosófica, significada por Tetis, que tras haber permanecido algún tiempo en el vaso, se casa con la negrura, es decir, se vuelve negra, pues Peleo viene de πελίς, negro. De este matrimonio nació Piriso, o el que sale del fuego sano y salvo, porque el fuego de la materia reducido en mercurio de los filósofos resiste a los ataques del fuego más violento. Después tomó el nombre de Aquiles, este fiero y soberbio guerrero que desafió a todos los jefes de los griegos y de los troyanos, él lo podía hacer pues era invulnerable, por lo que acabamos de decir. Se enamoró de Briseida, es decir, del reposo, pues Briseida viene de βρίζω, reposo, porque el mercurio filosófico busca ser fijado.
Lo que acabamos de relatar del último libro de la Ilíada prueba claramente, a aquellos que han leído los libros de los filósofos, que Homero tenía en vistas la gran obra, puesto que piensa como ellos, se expresa igual y da con precisión la descripción de lo que sucede en las operaciones del elixir, que es el fin de la obra, como hace al final de su obra. Recordemos algunos trazos de ello, sin apartarnos de nuestro objetivo.
Júpiter envía a Iris hacia Tetis e Iris desciende sobre el negro mar; he aquí el mar filosófico, o la materia en disolución llegada al negro. Iris encuentra a Tetis, o la tierra filosófica, sentada en una caverna, es decir, en el vaso de los filósofos. Iris representa a los diferentes colores que aparecen al mismo tiempo cuando se produce la fermentación y la disolución. Tetis lloraba, es la materia que se reduce a agua. Tras haber oído el motivo de la visita de Iris, Tetis coge un velo negro y el vestido más negro que haya habido en el mundo. Los filósofos llaman al negro que entonces sobreviene a la materia, negro más negro que el mismo negro, nigrum nigrius nigro. Ya he aportado cien textos de los filósofos en este sentido, no los repetiré.
Tetis partió hacia el Olimpo, Iris la precedía y las dos estaban rodeadas por el mar. Es el comienzo de la sublimación de la materia; este mar es el agua mercurial, encima del cual se encuentra la tierra como si fuera una isla. Esta era la de Creta donde nació Júpiter y la de Delos donde Febo y Diana vinieron al mundo. Llegan ante Júpiter y Tetis encuentra a Saturno, es el Saturno filosófico del que hemos hablado tan a menudo. Ella aparece allí con un aire triste y vestida de duelo, pues la negrura es símbolo de duelo y de tristeza. Júpiter le dice que vaya a encontrar a su hijo Aquiles y le obligue a devolver el cuerpo de Héctor a Príamo. Ella se pone cerca de él y durante este tiempo Iris va a encontrar a Príamo, para que determine ir hasta la tienda de Aquiles solamente acompañado por Ideo. Antes de dejar el negro la materia toma aún varios colores que
habían aparecido primero. Tetis convence a su hijo. Príamo se pone en camino con Ideo, es decir, el sudor, de ίδις, sudar, porque al disolverse la materia parece sudar.
Príamo encuentra a Mercurio, que toma las riendas de su carro; esto es porque el mercurio filosófico es el conductor de la obra, es de él y por él que las operaciones se cumplen. Lleva alas en los talones porque es volátil y lo llevan en el aire con el viento; Hermes así lo había dicho:[2] el viento lo lleva con él, el aire lo ha llevado en su vientre. Mercurio despierta a los que duermen y duerme a los que velan, porque volatiliza lo fijo y fija lo volátil. Abre las puertas e introduce a Príamo con sus presentes; esto es porque es el disolvente universal y porque disolver, en términos de química es abrir.
Deja que Príamo entre y abrace las rodillas de Aquiles; el fijo se reúne con el fijo y el disolvente es aún volátil. Príamo entrega sus presentes, que consisten en tapices, en telas y en oro; son los diferentes colores pasajeros que se manifiestan, el oro es el oro filosófico. Aquiles le devuelve el cuerpo de Héctor envuelto en dos de estos tapices, los dos más bellos; son los dos colores principales, el blanco y el rojo. Príamo vuelve a Troya con el cuerpo de su hijo y Mercurio, que lo esperaba, vuelve a conducir su carro, por la razón que hemos dicho antes. Entran en Troya, se prepara una hoguera y se quema el cuerpo de Héctor y se recogen sus huesos blancos; he aquí al color blanco, o el oro blanco de los filósofos. Los troyanos los meten en un ataud de oro que cubren con un tapiz color púrpura; es el fin del elixir, o la materia llevada a su última fijación y al color del amaranto o del pavo real de los campos, como dicen los filósofos.
[1] . Homero, Ilíada, lib. 14.
[2] . Hermes, La Tabla de Esmeralda.

domingo, noviembre 19, 2006

El rescate de Héctor (la fábula)




Apolo,[1] que lleva sus quejas a Júpiter respecto a que Aquiles se había apoderado del cuerpo de Héctor y no quiso devolverlo. Juno le respondió: Héctor ha bebido la leche de una mujer mortal y Aquiles es hijo de una diosa, yo misma alimenté y crié a su madre y la di en matrimonio a Peleo, hombre mortal, pero al que los dioses amaban mucho. Para hacerle los honores, todos asistieron a su boda, y vos mismo, pérfido, asististeis como los otros. Apolo dijo: Realmente Aquiles es tan soberbio y glorioso que no es sensible ni a la piedad ni a la vergüenza. Todos os inclináis hacia este orgulloso y soberbio Aquiles que se ha despojado de toda compasión y de todo pudor. Después de haber quitado la vida al noble y generoso Héctor, lo ha atado a su carro y lo ha arrastrado alrededor de la tumba de su amigo Patroclo, en lugar de dárselo a su querida esposa, a su padre Príamo, a su madre, a su hijo y a su pueblo, que lo lloran y que al menos querrían tener la consolación de verlo aunque fuera muerto. Júpiter tomó la palabra y dijo: Juno no os encolericéis, de todos los habitantes de Ilión, Héctor fue el más querido para los dioses. No convenía a Aquiles robar secretamente el cuerpo de Héctor. Tetis, madre de Aquiles, no abandona a su hijo un instante, no lo deja ni de día ni de noche, pero si alguno quiere llamarla y la hace venir yo le hablaré y le diré que Aquiles devuelva el cuerpo de Héctor a Príamo, que lo rescatará. Inmediatamente Iris partió, descendió sobre el negro mar, todo el pantano se estremeció. Encontró a Tetis en una cueva, sentada en medio de otras muchas diosas marinas, donde lloraba la desdichada suerte de su hijo, que debió morir lejos de su patria, en Troya la pedregosa. Levantaos Tetis, le dijo ella, Júpiter os reclama y quiere hablaros ¿por qué me quiere este gran dios? respondió ella.
No me atrevo a frecuentar más a los inmortales, mi corazón está afligido de dolor y mi espíritu lleno de tristeza. Sin embargo iré puesto que así lo ordena. Habiendo hablado así, esta diosa, la más augusta de todas, tomó un velo negro, y no había vestidura en el mundo más negra que la suya. Partió, Iris la precedía y el mar las rodeaba. A penas llegaron a la orilla, se elevaron rápidamente hacia el cielo, allí encontraron a Saturno y los otros dioses sentados alrededor suyo. Tetis fue a sentarse cerca de Júpiter y Juno
le presentó una bebida dorada en un bello vaso diciéndole algunas palabras de consolación. Tetis bebió y se lo devolvió. A continuación, Júpiter, padre de los dioses y de los hombres habló y dijo: Diosa Tetis, habéis venido al Olimpo, aunque triste, y sé que tenéis una pena. Soy sensible a vuestra tristeza, pero escuchad porque os voy a mandar. Después de nueve días los dioses inmortales están en disputa a causa del cuerpo de Héctor y de Aquiles, el destructor de las ciudades. Se decía que era preciso robarlo secretamente, pero a causa del respeto que siento por vos y de la amistad que siempre os tendré, voy a dejar a Aquiles la gloria de devolverlo. Id pues, descended pronto hacia vuestro hijo y decidle a Aquiles que los dioses inmortales y yo más que los otros, estamos indignados contra él, por retener el cuerpo de Héctor en su negro barco sin quererlo devolver, aunque se le haya propuesto rescatarlo. Si tiene algún respeto hacia mí que lo devuelva. Enviaré a Iris hacia Príamo para decirle que vaya él mismo a los barcos de los griegos a reclamarlo y que lleve con él presentes que sean del gusto de Aquiles. Tetis la de los pies de plata obedeció, descendió del Olimpo con precipitación y llegó a la tienda de su hijo, lo encontró allí encerrado y derramando muchas lágrimas en medio de sus compañeros que se preparaban para almorzar. Para ello habían matado una gran oveja cuya piel era bella y muy tupida. Se sentó junto a él, lo
halagó y lo acarició y le dijo: ¿Hasta cuando hijo mío abandonaréis vuestro corazón a la pena que lo roe hasta el punto de no querer comer ni dormir? Soy vuestra madre y no dudéis de que tengo mucho deseo de veros casado, pero el destino os amenaza de forma violenta y precipitada. Escuchadme pues, vengo de hablar con Júpiter, me ha dicho que os declare que los dioses inmortales están muy irritados contra vos porque no queréis consentir al rescate del cuerpo de Héctor, al que retenéis en vuestros negros barcos. Creedme, devolved este cuerpo y recibiréis rescate.
Aquiles se dejó ganar por los ruegos de su madre y dijo que si recibía el rescate devolvería a Héctor. Por su parte Iris hizo su cometido, obligó a Príamo a ir junto Aquiles con presentes, acompañado por un sólo heraldo del ejército. Hécubo hizo todo lo que pudo para impedir que Príamo fuera, pero lejos de escucharlo le hizo reproches. Tomó los presentes, que consistían en doce vestidos muy bellos, doce magníficos tapices, doce túnicas y diez talentos de oro bien pesados. Así partió y viéndolo Júpiter en camino le dijo a Mercurio, su hijo, Mercurio no hay nada que os plazca más que rendir servicio a los mortales, id pues y conducid al viejo Príamo hasta los barcos de los griegos, pero hacedlo de manera que nadie lo vea y se de cuenta, hasta que haya llegado a la tienda del hijo de
Peleo. Entonces Mercurio ajustó sus talones de ambrosía y oro que lo llevan sobre el mar y la tierra con el viento y no olvidó su caduceo. Habiendo tomado la figura de un joven bello, bien hecho y de una fisonomía real se fue a Troya a encontrar a Príamo y a aquel que lo acompañaba. A su encuentro ellos se sorprendieron y el miedo los atrapó, pero Mercurio los tranquilizó y les dijo: ¿Dónde vais así en el silencio de la noche? ¿No teméis caer en manos de los griegos vuestros enemigos? Si alguno de ellos os ve con los presentes que lleváis ¿cómo vos que no sois joven y sólo os acompaña un viejo podríais impedir que os atacaran? En cuanto a mí estad tranquilos vengo para defenderos y no para insultaros pues os considero como mi padre. Veo por vuestro aire y vuestro discurso, respondió Príamo, que algún dios cuida de mí, puesto que os ha enviado para acompañarme. Pero hacedme el favor, bello joven, de decirme quién sois y quien son vuestros parientes. Soy criado de Aquiles, le respondió Mercurio, llegué con él en el mismo barco, soy uno de los mirmidones y mi padre se
llama Políctor, es muy rico y entrado en edad como vos, tiene seis hijos y yo soy el séptimo;[2] entre los siete hemos echado a suerte para ver quién iría con Aquiles y la suerte ha caído sobre mí. Príamo le preguntó sobre el estado actual del cuerpo de Héctor y Mercurio le dio tan buenas nuevas que Príamo le ofreció como presente una bella copa y le rogó que lo condujera. Mercurio rehusó el presente pero le dijo que lo acompañaría siempre por mar y por tierra hasta el mismo Argo y enseguida saltó sobre el carro de Príamo, se hizo con las riendas y se hizo cargo de conducirlo. Finalmente llegaron entorno a los barcos. Los centinelas estaban ocupados en cenar y Mercurio que duerme a los que velan y despierta a los que duermen, los sumió en un profundo sueño; después abrió las puertas e introdujo a Príamo con sus presentes. Llegaron a la levantada tienda de Aquiles, que los mirmidones le habían hecho de madera de abeto, la habían cubierto de juncos de la pradera y la habían envuelto con pieles, la puerta estaba cerrada con un gran cerrojo de abeto y tres griegos la guardaban; también había tres antorchas. Entonces Aquiles estaba solo. Mercurio, autor de las comodidades de la vida, abrió la puerta al viejo y lo introdujo con sus presentes. Después le dijo: Yo soy Mercurio, dios inmortal, enviado por Júpiter para serviros de guía y acompañaros, yo no entraré con vos, yo me vuelvo, pues no conviene que aparezca ante Aquiles y que se de cuenta de que un dios inmortal favorece así a un hombre. Pero vos entrad, abrazad las rodillas de Aquiles y rogadle que os devuelva a vuestro hijo. Tras estas palabras Mercurio se elevó hacia el Olimpo. Príamo descendió de su carro y dejó allí a Ideo, su acompañante. Entró en la tienda de Aquiles, se echó a sus rodillas y le pidió a Héctor. Tras mucho discurso por una parte y otra, Aquiles aceptó los presentes de Príamo y le devolvió a su hijo. Después convinieron una tregua de doce días. Finalmente Príamo se llevó el cuerpo de Héctor en su carro, con la ayuda de Mercurio, y habiéndolo llevado a Troya lo puso en manos de los troyanos que le hicieron unos funerales, de la manera siguiente:[3] Juntaron los materiales durante nueve días, el décimo levantaron el cuerpo de Héctor llorando, lo colocaron encima de la hoguera y prendieron fuego. Al día siguiente el pueblo se reunió entorno de la hoguera y apagaron el fuego con vino negro; los hermanos y los compañeros de Héctor recogieron sus blancos huesos, vertiendo abundantes lágrimas y los encerraron en un ataud de oro, que envolvieron con un tapiz de color púrpura.

[1] . Homero, Ibid. lib. 24, vers. 40 y ss.
[2] . El séptimo de los metales.
[3] . Homero, Ilíada,ibid. vers. 785 y ss.