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lunes, abril 30, 2007

El Toisón de Oro, su explicación (3)

Orfeo o el inventor de este relato del viaje de los argonautas, había realizado la obra, por lo que no le fue difícil indicarles por medio de Fineo la ruta que debían de tomar y lo que debían de hacer seguidamente, el sabio y prudente piloto Orfeo también los condujo al son de su guitarra y les dijo lo que les era preciso hacer para librarse de los peligros que les amenazaban, las Sirtes, las Sirenas, Escila, Caribdis, las rocas Cianeas y los otros escollos. Estas dos últimas son dos montones de rocas en la entrada de Ponto-Euxino, de una figura irregular, de la cual una parte está del lado de Asia y la otra de Europa y que sólo hay entre ellas, según Estrabón,[1] un espacio de veinte estadios. Los antiguos decían que estas rocas eran móviles y que se aproximaban para engullir a los barcos, por lo que les fue dado el nombre de Simplégades, que significa que chocan entre sí. Estos dos escollos eran suficiente para sorprender a nuestros héroes, el retrato que les había hecho Fineo de ellos hubiera sido capaz de intimidarles si al mismo tiempo no les hubiera enseñado cómo debían sortearlos. Lo cual era soltar una paloma hacia el lado de allá y si volvía al de aquí sólo tenían que continuar su ruta, sino era así debían de tomar la determinación de volverse. Se puede alabar al inventor de esta ficción la atención que ha tenido de no omitir casi ni una sola circunstancia remarcable de lo que pasa en el progreso de las operaciones.
Cuando el color negro empieza a esclarecer, la materia se reviste de un color azul oscuro, que participa del negro y del azul; estos dos colores, aunque distintos entre ellos, parecen sin embargo a una cierta distancia formar un violeta. Es por lo que Flamel dice:[2] He hecho tomar el campo donde están estas dos figuras azuladas y azul para mostrar que la materia no hace más que empezar a salir de la negrura muy negra. Pues el azulado y azul es uno de los primeros colores que nos deja ver la obscura hembra, es decir, la humedad cediendo un poco al calor y a la sequedad... Cuando la sequedad domine todo será blanco. Puede que en esta descripción no veamos las rocas Cianeas, pero su mismo nombre Κυάνειος o Κυάιος designa un color azul negrura. Antes de atravesarlas, es preciso hacer pasar una paloma por encima de ellas, es decir, volatilizar la materia, es el único medio, sin él no se puede salir airoso.
Más allá de las rocas Cianeas nuestros héroes hubieron de dejar a la derecha Bitinia, tocar solamente la isla Thirea y atracar en las Mariandinos. Las tumbas de los paflagonios, sobre los que Pélope había reinado antes, los cuales se halagan de ser descendientes suyos, no están lejos de allí, les dice Fineo.[3] Tenía razón, puesto que la materia entonces saca el color negro, designado allí por Pélope de πελος, niger (negro) y de όψ, oculus (ojo). Es también este color el que viene de la putrefacción, del que los filósofos han tomado ocasión, dice Flamel, de alegorizarlo mediante las tumbas, dándole este mismo nombre.
En el lado opuesto hacia la osa mayor se elevaba en el mar una montaña llamada Carambim, debajo de la cual el Aquilón excitaba las tormentas. Abraham el judío ha empleado este símbolo para significar la misma cosa, lo que se encuentra en sus figuras jeroglíficas, restituidas por Flamel:[4] En la otra cara del cuarto folio, pintaba una bella flor en la cima de una montaña muy alta a la que el Aquilón zarandeaba muy rudamente.
Tenía el pie azul, las flores blancas y rojas, las hojas relucientes como el oro fino, y en su entorno dragones y grifos aquilonianos hacían sus nidos y moradas. No lejos de allí, continúa Apolonio, el pequeño río Iris hace correr sus aguas plateadas, y va a lanzarse al mar. Después de haber pasado la desembocadura del Termodón, las tierras de los Cálibes, donde todos son obreros del hierro, y el promontorio de Júpiter el hospitalario, descenderéis a una isla deshabitada, en la cual cazaréis todos los pájaros que hay allí, en gran número. Encontraréis un templo que las amazonas Otrera y Antíope han hecho construir en honor a Marte, tras su expedición. Os conjuro que no faltéis allí, pues se os presentará del mar una cosa de un valor inexpresable. En el otro lado habitan los filiaros, por encima los macrones, después los buzaros y al fin llegaréis a Cólquide. Pasaréis allí por el territorio citaico que se extiende hasta la montaña del Amaranto, después por las tierras que riega el Fasis, en cuya desembocadura veréis el palacio de Aetes y la selva de Marte, donde está suspendido el Toisón de oro.

He aquí toda la ruta que les indica Fineo, y es justo que les asegure no haber olvidado nada.[5] Después del color negro viene el gris al cual sucede el blanco o la plata, la Luna de los filósofos, Fineo lo indica con las aguas plateadas del pequeño río Iris y señala la cualidad ígnea con el río Termodón. Después del blanco aparece el color del robín de hierro, al que los filósofos llaman Marte. Fineo lo designa con la morada de los Calibes, obreros del hierro, con la isla y el templo de Marte, levantado por las amazonas Otrera y Antíope, es decir, por la acción de las partes volátiles sobre el fijo, que se ha de reconocer al término de la expedición que había precedido. Hizo cazar en esta isla a todos los pájaros, es decir, que es preciso fijar todo lo que es volátil, pues cuando la materia ha adquirido el color de la herrumbre está absolutamente fija, y sólo le falta fortificarse en color; es por lo que Fineo dice que pasaran por el territorio citaico, o el color de la flor de la granada, que conduce al monte Amaranto. Se dice que el amaranto es una flor de color púrpura y que es una especie inmortal. Es el color que indica la perfección de la piedra o del azufre de los filósofos.

Todos estos colores están anunciados en pocas palabras por Espagnet:[6] Tres especies de muy bellas flores han de ser buscadas y encontradas en el fondo de ese jardín de los sabios, las violetas el lis blanco y el amaranto púrpura e inmortal. Las violetas se encuentran en la entrada. El río dorado que las riega les hace tomar el color del zafiro; la industria y el trabajo hacen encontrar seguidamente el lis, al cual sucede insensiblemente el amaranto. ¿No se reconoce en estas pocas palabras todo el viaje de los argonautas? ¿Qué les quedaba por hacer? Era preciso entrar en el río Fasis o el que lleva el oro, y entrar en la ciudad del mismo nombre, donde los hijos de Frixo acogieron a nuestros héroes; Jasón fue llevado ante Eetes, hijo del Sol, quien había desposado a la hija del Océano, de la que había tenido a Medea. Así pues, el hijo del Sol es el poseedor de este tesoro y su nieta le facilitó los medios de adquirirlo, es decir, que la preparación perfecta de los principios materiales de la obra ya está acabada, el artista ha logrado la generación del hijo del Sol de los filósofos. Pero son tres los trabajos necesarios para acabar toda la obra, el primero está representado por el viaje de los argonautas a Cólquide, el segundo es el que Jasón hizo para apoderarse del Toisón de oro y el tercero, el retorno a su patria.

[1] . Estrabón, lib. 7.
[2] . Flamel, loc. cit.
[3] . Apolonio, Argonautas, lib. 2, vers. 356.
[4] . Flamel, Explicación de las Figuras... prólogo, p. 11.
[5] . Apolonio, lib.2, vers. 392.
[6] . La obra secreta de la Filosofía de Hermes, Canon, 53.

miércoles, noviembre 29, 2006

Cuarta Fatalidad, es necesario uno de los huesos de Pélope para la toma de Troya





Las tres cosas de las que hemos hablado y que se consideraban como requisitos para la toma de la ciudad de Troya, podían tener razonablemente alguna relación con tal empresa. Un guerrero bravo, con coraje como Aquiles no es de poca importancia. Las flechas eran las armas de aquel tiempo y eran necesarias, aunque no lo fuera en absoluto el hecho de que hubieran pertenecido a Hércules, pero a pesar de todo eran flechas. Se puede suponer que la idea de los griegos y los troyanos referente a la protección concedida por una diosa, tenía al menos un fundamento en su imaginación. Pero que el hueso de un hombre muerto hacía mucho tiempo, un hombre que no era considerado ni como un dios y ni siquiera como un gran héroe, se encuentre entre el número de estas fatalidades, preguntaría yo a nuestros mitólogos si ven alguna relación en ello. Por mi parte si adoptara sus sistemas, me vería obligado a confesar que no veo nada conforme a la razón.
¿Qué pueden hacer los huesos de un hombre muerto contra una ciudad donde tantos miles de hombres vivían a costa de sus fatigas y sus trabajos? En una palabra ¿qué relación tenía Pélope con la ciudad de Troya? Hijo del Tántalo que la fábula nos representa atormentado sin cesar en
los infiernos por el temor de verse aplastado a cada instante por una roca suspendida sobre su cabeza y por la imposibilidad de poder beber y de comer de todo aquello que le rodea. Pélope no había participado con Éaco en la edificación de Ilión. No se puede, pues, aportar esta razón para probar la necesidad de su presencia, como los antiguos han deducido de la de Aquiles.
Se dice que Tántalo era hijo de Júpiter y de la ninfa Pluto. Habiendo recibido a los dioses en su casa, no creyó poder regalarles mejor que sirviéndole a su propio hijo Pélope. Los dioses, habiénd
ose apercibido de ello, lejos de agradecerle el favor, se indignaron. Ceres fue la única que sin reconocer qué clase de manjar se le presentaba, porque tenía el espíritu ocupado por el rapto de su hija Proserpina, despegó un hombro y se lo comió. Los dioses tuvieron piedad de este desdichado hijo y habiendo reunido los trozos divididos y esparcidos de su cuerpo los pusieron en un caldero y los cocieron de nuevo devolviéndole así la vida. Pero como el hombro que se había comido Ceres no se encontraba se lo suplieron con uno de marfil, lo que ha hecho decir a Licofrón que Pélope rejuveneció dos veces. He aquí el crimen de Tántalo, que Homero[1] dice haber sido castigado con una sed y una hambre perpetuas, que no podía saciar aunque estuviera sumergido en el agua hasta el mentón pues cuando bajaba la cabeza para beber el agua huía y se bajaba también, y cuando quería coger de las diferentes clases de frutos que tenía al alcance de la mano, se agitaba el aire y los alejaba de él. Ovidio dice lo mismo del suplicio de Tántalo, pero lo atribuye a la indiscreción que tuvo al divulgar entre los hombres los secretos que los dioses le habían confiado. Tántalo, casi tocando con sus labios sedientos el agua y casi cogiendo con sus dedos las frutas. (Metamorfosis, IV, 458)
Pélope desposó a Hipodamia, hija de Enómao, rey de Élida, después de que venciera a este rey en una carrera de carros. Este príncipe, asustado por la respuesta de un oráculo que le había dicho que su yerno lo mataría, no quiso casar a sus hija y para alejar a los que querían alcanzar esta alianza, les proponía alguna condición peligrosa para ellos; prometió la princesa a quien le superara en la carrera y añadía que mataría a quien él venciera. El amante debía tomar la salida primero y Enómao lo seguía con la espada en la mano y si lo alcanzaba lo atravesaba con ella. Ya había hecho perecer a trece bajo su brazo y los otros habían preferido abandonar su pretensión que correr el mismo riesgo; así mismo Enómao había prometido construir un templo en honor a Marte con los cráneos de los que allí perecieran. Pélope no se intimidó por ello; pero para asegurar su victoria se ganó a Mirtilo, cochero de Enómao e hijo de Mercurio, y prometiéndole una recompensa le obligó a cortar en dos el carro del rey uniendo las dos parte de manera que no se notara. Así lo hizo Mirtilo, y en plena carrera se rompió el carro, Enómao cayó y se rompió el cuello. Pélope obtuvo así la victoria, desposó a Hipodamia y castigó su cobardía echándolo al mar. Después Vulcano haría expiar este crimen a Pélope.
Si se quiere tomar la molestia de comparar esta pretendida historia con las otras antiguas que tienen relación con ella, se verá que es una pura ficción. Se dice que Pélope fue rejuvenecido por los dioses tras haber muerto y haber sido cocido en un caldero; Baco también lo había sido de la misma manera por las ninfas, Esón por Medea. El convite de Tántalo no es menos fabuloso y pienso que ningún mitólogo se atrevería a defender su realidad. Se acusa a Tántalo de haber divulgado el secreto de los dioses. ¿Qué secreto podía ser este? El pretendido banquete y los manjares que allí se sirvieron lo indicarían suficientemente si no se hubiera añadido que Ceres comió de ellos. Que se recuerde lo que hemos dicho de los misterios de Eléusis, tan célebres entre los egipcios y los griegos, y se sabrá en qué consiste este secreto. Parece ser, pues, que toda esta historia es una alegoría, tal como la de Osiris e Isis, la misma que la de Ceres, así como la de Baco o Dioniso y la de Esón y Medea. La de Pélope se ha de explicar, pues, en el mismo sentido. Tampoco es sin razón que se diga que fue amado por Neptuno y que este dios le diera el carro y los caballos con los que venció a Enómao, puesto que el agua mercurial volátil de los filósofos a menudo es llamada Neptuno. Además Vulcano, al que se mezcla en esta historia como expiador del crimen de Pélope, prueba más claramente aún que es una alegoría de la gran obra.
Esta idea no es mía, Juan Pico de la Mirándola[2] ha hablado de ella en el mismo sentido y dice[3] que son muchos los que piensan que las riquezas de Tántalo vienen de la química, puesto que conocía la manera de hacer oro, y escribir sobre pergamino, y que Pélope y sus hijos consiguieron su imperio mediante ella; que no es sorprendente que Tiesto haya buscado por todos los medios obtener y apoderarse de la fuerza de este pretendido cordero que contenía este secreto y que había sido confiado a Atreo, su primogénito, lo que ocasionó posteriormente todas las trágicas escenas de las que hablan los autores. Los poetas Cicerón, Séneca y muchos otros, han hecho mención de ello, dice nuestro autor, pero sólo nos lo han transmitido bajo el oscuro velo de la alegoría.
Se ha de pensar lo mismo del hueso de Pélope, del que se dice que era de un tamaño enorme. Se ha formado esta alegoría por el hecho de que los huesos son la parte más fija del cuerpo humano y porque se necesita una
materia fija en la obra, puesto que debe serlo, o volverse lo bastante fija por las operaciones, para fijar al mercurio que lo supera todo en volatilidad. Se sabe también que los griegos adoraron a la Tierra bajo el nombre de Ops y que la consideraban al mismo tiempo diosa de las riquezas. Es fácil ver que el nombre de Pélope ha sido compuesto de esta misma palabra Ops y de Pélos, que ya hemos explicado en más de un lugar. Pues que sea necesaria una tierra fija para la obra, todos los filósofos lo dicen; el autor anónimo del Consejo sobre el matrimonio del Sol y la Luna, cita las siguientes palabras de Gratien, las cuales tienen una relación inmediata con la alegoría del hueso de Pélope. La luz se hace del fuego extendido en el
aire del vaso, del hueso del muerto se hace la cal fija; desecando su humedad se vuelve ceniza. Es de ella que habla Azirato en la Turba, cuando dice que esta ceniza es preciosa. Morien también habla[4] de ello y recomienda no despreciar estas cenizas, porque allí está oculta la diadema del rey. Esta ceniza es la que ha dado lugar a la quinta fatalidad de Troya, que vamos a explicar.

[1] . Homero, Odisea, lib. 2, vers. 581.
[2] . Pico de la Mirándola, De Auro. Lib. 2, cap. 2.
[3] . Pico de la Mirándola, lib. 3, cap. 1.
[4] . Morien, Conversación con el rey Calid.

viernes, noviembre 24, 2006

Fatalidades atribuidas a la ciudad de Troya




Tanto en el ejército de los griegos como en el de los troyanos, estaban persuadidos de que la ciudad de Troya no podía ser tomada si no se ejecutaban ciertas cosas de las que dependía la suerte de esta ciudad. Homero no las menciona todas expresamente, pero Ovidio, Licofrón y algunos otros antiguos han hablado de ellas. Sin embargo se las puede deducir de lo que relata Homero en diferentes
lugares, tales como aquellos donde se describe lo que se hizo para ir a buscar a Filoctetes en Lemnos, Pirro en Esciros, la atención que los griegos ponían en impedir que los caballos de Reso bebiesen del agua del Xanto, y los peligros que desafiaron para llevarse el Paladión.
Estas fatalidades habían sido declaradas a los griegos por Calcas (Calcante), cuando Agamenón y los otros jefes del ejército griego fueron a consultarle sobre el éxito de la expedición que preparaban contra la ciudad de Troya. Calcas respondió que, 1º, no tomarían jamás esta ciudad si Aquiles y su hijo Neoptólemo no los acompañaban, 2º, que era necesario que tuvieran las flechas de Hércules, que este héroe, antes de morir había entregado como presente a Filoctetes, 3º, que era absolutamente necesario que se robara el Paladión, al que los troyanos conservaban cuidadosamente en el templo de Minerva, 4º, que uno de los huesos de Pélope debía ser llevado a Troya antes de la toma, 5º, que era preciso robar las cenizas de Laomedón, 6º, que se tuviera mucho cuidado en no dejar beber del agua del Xanto a los caballos de Reso. De los escritos de Homero se pueden deducir otras dos, la primera sería que era necesario hacer morir a Troilo, hijo de Príamo, antes de tomar la ciudad; y la segunda sería que el destino de Troya dependía da tal manera de Héctor, que jamás sería tomada esta ciudad mientras viviera. Finalmente se ha añadido una séptima, a saber, que Télefo, hijo de Hércules y Auge, debía de ser llamado a combatir junto a los griegos.