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martes, febrero 17, 2009

LA MUGRE HEDIONDA


He aquí otros dos textos comparados de Pernety y Cattiaux e insisto en que estas relaciones las hago a cuenta de mi intuición y “valen lo que valen”. El lector debe saber que es el olfato de mi búsqueda el que me otorga esta intuición y que no poseo el conocimiento necesario como para afirmar que hablan exactamente de lo mismo. ¡Juzgue el lector!
Dice Pernety en su Tratado de la Obra Hermética, [de las Fábulas] citando a Flamel:
Los dos dragones que ha tomado como símbolo jeroglífico de la materia, son, dice [Flamel][1]: las dos serpientes enviadas por Juno, que es la naturaleza metálica, y que el fuerte Hércules, es decir, el sabio, debe estrangular en su cuna, quiero decir vencer y matar para hacerlas pudrirse, corromperse y engendrar al principio de su obra. He aquí la clave de la obra o la disolución anunciada; las serpientes, los dragones, la Quimera, la Esfinge, las harpías y los otros monstruos de la fábula, que se deben matar; y como la putrefacción sucede a la muerte, Flamel dice que: es preciso hacerlas pudrirse y corromperse. Estando puestas juntamente en el vaso[2] del sepulcro, se muerden las dos cruelmente y por su gran veneno y furiosa rabia no se dejan jamás desde el momento en que son tomadas y entrelazadas (si el frío no se lo impide), hasta que las dos con su baboso veneno y mortales heridas, no estén ensangrentadas en todas las partes de su cuerpo, y que finalmente, matándose la una a la otra, se asfixien en su propio veneno, que las convierta tras su muerte en agua viva y permanente. Esta agua es propiamente el mercurio de los filósofos.
[…]Cuando el calor actúa sobre estas materias, se cambian primeramente en polvo y agua grasa y viscosa, que sube como vapor hasta lo alto del vaso, y recae como rocío o lluvia al fondo del vaso, donde, al poco, se vuelve como un caldo negro un poco graso. Es por lo que se le ha llamado sublimación y volatilización, ascensión y descensión. El agua, al coagularse seguidamente, se vuelve como pez negra, lo que hace que se la nombre tierra fétida y hedionda.

Dice Cattiaux en su Mensaje Reencontrado, XXIII, 75’:
La mugre hedionda será destruida por el fuego y la mugre oscura será separada por el agua.

[Sigue Pernety]: Da un olor de relente, de sepulcros y de tumbas. Hermes la llama la tierra de las hojas. Más su verdadero nombre - dice Flamel - es el de Latón o Letón, que se ha de blanquear. Los antiguos sabios - añade - la han descrito bajo la historia de la serpiente de Marte, que había devorado a los compañeros de Cadmo, el cual la mató horadándola con su lanza contra un roble hueco. Poned atención a este hueco. Pero para llegar a esta putrefacción es preciso un agente o disolvente análogo al cuerpo que debe disolver. Este es el cuerpo disoluble llamado simiente masculina; el otro es el espíritu disolvente, llamado simiente femenina. Cuando están reunidos en el vaso, los filósofos les dan el nombre de Rebis.

Dice Cattiaux en el XXXVIII, 53’:
Lo único necesario basta para tener lo superfluo, y lo superfluo[3] basta para tener lo único necesario. Y ambos juntos bastan para tener la vida salva.


[1] . Flamel, Figuras Jeroglíficas.
[2] . Artefio.
[3] . Una explicación de “superfluo” podría ser: lo que fluye sobre…

domingo, abril 29, 2007

El Toisón de Oro, su explicación (2)

Según Apolonio, Fineo era hijo de Agenor y tenía su morada sobre una costa opuesta a Bitinia. El abad Banier dice que era hijo de Fénix, rey de Salmidese, sin enseñarnos de dónde descendía este Fénix. Sería muy difícil que Fineo hubiera vivido hasta el tiempo de los argonautas y así mismo que fuera encontrado en Tracia, pues debían de haber transcurrido dos siglos, según el cálculo del mismo abad Banier, después de Agenor hasta la guerra de Troya, por consiguiente, según él, Fineo tendría entonces al menos 165 años. Si lo llama nieto de Agenor por Fénix, este mitólogo no estará menos equivocado, puesto que dice,[1] según Higinio,[2] que Fénix se estableció en África, cuando buscaba a su hermana Europa. Fineo era ciego, lo que ha sido añadido para indicar la negrura llamada noche y tinieblas, puesto que es siempre de noche para un ciego. Las harpías sólo lo atormentaron después de que Neptuno le hubo quitado la vista, es decir, que el agua mercurial hubo ocasionado la putrefacción. Estos monstruos, símbolos de las partes volátiles, tenían alas y figura de mujer, para remarcar su ligereza, puesto que, según un antiguo: ¿Quid levius fumo? Flamen. Quid flamine? Ventus. Quid vento? Mulier. Quid mulier? Nihil. Cuando se dice que Fineo era adivino, es que la negrura, siendo la llave de la obra, anuncia el logro al artista, éste al conocer la teoría del resto de las operaciones, ve todo lo que ocurrirá a continuación
Para convencer al lector de la justicia y verdad de las explicaciones que acabo de dar, es suficiente que le muestre lo que dice Flamel respecto a esto,[3] verá a estas harpías bajo el nombre de dragones alados; la infección y el hedor que producían sobre los manjares de Fineo y finalmente su fuga. Podrá compararlo con los retratos que Virgilio[4] y Ovidio[5] hacen de ello, concluirá que el nombre de dragón les conviene perfectamente: La causa por la que he pintado estos dos espermas en forma de dragón, es que su pestilencia es tan grande, como la de los dragones, y que las exhalaciones que suben por el matraz son oscuras, negras, azules y amarillentas, tal como están pintados los dos dragones; ciertamente su fuerza y la de los cuerpos disueltos es tan venenosa que no existe en el mundo mayor veneno. Ya que por su fuerza y pestilencia es capaz de mortificar y matar todo lo vivo. El filósofo jamás puede oler esta pestilencia, si no rompe sus vasos, pero la reconoce al ver los cambios de los colores procedentes de la putrefacción de sus confecciones. [...] Al mismo tiempo, la materia se disuelve, se corrompe, ennegrece y concibe para engendrar, porque toda corrupción es generación. Siempre se ha de desear esta negrura. Es también la vela negra con el que el navío de Teseo volvió victorioso de Creta, y fue la causa de la muerte de su padre; así pues, es necesario que el padre muera para que de las cenizas del Fénix renazca otro, y que el hijo sea rey. En verdad, quien no vea esta negrura en el inicio de sus operaciones, durante los días de la piedra, aunque vea cualquier otro color, falla por completo en el magisterio, y no podrá terminarlo con ese caos. Ya que no se trabaja bien si no hay putrefacción, puesto que si no hay putrefacción no se corrompe, ni se engendra nada y, por consiguiente, la piedra no puede tomar vida vegetativa para crecer y multiplicarse. Y ciertamente, te digo nuevamente, que aún cuando tú mismo trabajes sobre las verdaderas materias, si al principio, tras haber puesto las confecciones en el huevo filosófico, es decir, algún tiempo después de que el fuego las haya irritado, no ves la cabeza del cuervo negro de un negro muy negro, tendrás que volver a empezar. [...] Así, pues, quienes no consigan estas señales esenciales, que se retiren pronto de las operaciones, para evitar una pérdida segura. [...] Un poco más tarde, el agua empieza a engordarse y a coagularse como si fuera una pez muy negra, y finalmente se vuelve cuerpo y tierra, que los envidiosos han llamado tierra fétida y pestilente. Ya que entonces, a causa de la perfecta putrefacción que es natural como las otras, esta tierra es pestilente y exhala un olor parecido al relente de los sepulcros repletos de podredumbre y de osamentas aún cargadas de humor natural. Esta tierra ha sido llamada por Hermes la tierra de las hojas, no obstante su verdadero y más apropiado nombre es el de letón que después se debe blanquear. Los antiguos sabios cabalistas la han descrito en las metamorfosis bajo la historia de la serpiente de Marte que había devorado a los compañeros de Cadmo, quien la mató atravesándola con su lanza contra un roble hueco. Fíjate bien en este roble.No se puede tener más dichoso presagio en los cuarenta primeros días, que esta negrura o Fineo ciego, es decir, la materia que en la primera obra había adquirido el color rojo y tanto esplendor y gloria, que había merecido los nombres de Fénix y de Sol, se encuentra al comienzo de la segunda, oscurecida, eclipsada y sin luz, lo que no podría expresarse mejor que por la pérdida de la vista. Fineo había recibido, dicen, el don de profecía de Apolo, porque Fineo era él mismo el Apolo de los filósofos en la primera obra o la primera preparación. Flamel dice positivamente que lo que acabo de referir debe de entenderse de la segunda operación.[6] Así, pues, pinto aquí dos cuerpos, uno de macho y otro de hembra para enseñarte que en esta segunda operación tienes verdaderamente, pero aún no perfectamente, dos naturalezas conjuntas y casadas, la masculina y la femenina, o mejor los cuatro elementos.
[1] . Banier, tomo 3, p. 67.
[2] . Higinio, Fab. 178.
[3] . Flamel, Explicaciones de las Figuras. Cap. 4.
[4] . Alado cuerpo, rostros virginales; arroja el seno vil vestigio inmundo; corvas manos y pies, garfios rampantes; pálidos siempre de hambre los semblantes. Virgilio, Eneida, lib.3.
[5] . Grande caput, stantes oculi, rostra apta rapinis, Canicies pennis, unguibus humus inest. Nocte volant cunis córpora rapta fuis. Ovidio, Fast. Lib. 6.
[6] . Flamel, Las Figuras Jeroglíficas, cap. 4.

sábado, abril 21, 2007

Las Colonias Egipcias (2), historia de Cadmo



Cadmo era originario de Tebas en Egipto. Cuando fue enviado a la búsqueda de su hermana por Agenor su padre, rey de Fenicia, se encontró expuesto a una furiosa tempestad, que le obligó a atracar en Rodas, donde erigió un templo en honor de Neptuno cuyo servicio se confió a los fenicios que dejó en esta isla. Ofreció a Minerva un vaso de cobre muy bello de forma antigua, sobre el cual había una inscripción que decía que la isla de Rodas sería asolada por las serpientes.
Sólo esta inscripción indica que toda esta historia es una alegoría del arte sacerdotal. Pues ¿por qué ofreció a Minerva un vaso antiguo de cobre? Se hubiera debido suponer que Cadmo habría vivido en tiempos muy remotos. ¿Cuál podría ser, pues, la antigüedad de este vaso? Parece ser que es preciso tener en consideración la materia y no la forma. Esta materia es la tierra de Rodas o la tierra roja filosófica que debe ser asolada por las serpientes, es decir, disuelta por el agua de los filósofos, que a menudo es llamada serpiente. Cadmo al corriente de estos misterios no tuvo ningún esfuerzo en predecir esta devastación. El presente de un vaso antiguo de cobre ¿era de una tan gran consecuencia que mereció ser presentado a la diosa de la sabiduría? El oro y las pedrerías habrían sido más dignos de ella. Pero sin duda había en ello un misterio encerrado, es necesario un vaso de cobre, pero no del vulgar, sino de bronce filosófico, que los favoritos de Minerva, los sabios filósofos, llaman comúnmente latón o letón. Blanquead el latón, dice Morien,[1] y romped vuestros libros. El azot y el latón os son suficientes.
Toda la historia de Cadmo será siempre considerada como una pura fábula, que parecerá ridícula a todo hombre razonable si no la entiende conforme a la química hermética. En efecto ¿Qué idea es la de seguir un buey de diferentes colores, construir una ciudad donde el buey se detuvo, enviar a sus compañeros a una fuente, donde fueron devorados por un horrible dragón, hijo de Tifón y Equidna, dragón que seguidamente fue muerto por Cadmo, que le arrancó los dientes, los sembró en un campo como se siembra el grano, de donde nacieron unos hombres que atacaron a Cadmo y que al fin por una piedra que tiró entre ellos se destruyeron unos a otros sin que quedara uno solo? Más adelante en esta obra probaremos que esta historia es una alegoría siguiendo todo lo que pasa en el curso de las operaciones de la obra filosófica.
El abad Banier[2] dice que Cadmo llevó a Grecia los misterios de Baco y Osiris.
La fábula nos enseña sin embargo que Baco era nieto de Cadmo. Es verdad que este mitólogo introduce a otro Baco, hijo de Semele a fin de ajustar su historia pero ¿sobre qué fundamento? ¿es lícito introducir de su propia cosecha nuevos personajes para sortear las dificultades? Cuando Orfeo transportó a Grecia las fábulas egipcias las vistió a la manera griega y supuso un Dioniso, que no difiere en nada del Osiris de los egipcios y del Baco de los latinos, pero este Dioniso u Osiris era célebre en Egipto mucho antes de que fuera cuestión lo de Cadmo. Es por lo que los egipcios se burlaban de los griegos, cuando les oían decir que Dioniso había nacido entre ellos.
Otros atribuyen a Melampo la institución de las ceremonias del culto a Dioniso en Grecia, la historia de Saturno y la guerra de los titanes. Se dice que Dédalo fue el arquitecto del famoso vestíbulo del templo levantado en Menfis en honor de Vulcano. Pero los griegos, dice Diodoro, habiendo aprendido las historias y las alegorías de los egipcios, inventaron otras sobre estos modelos. En efecto, los poetas y los teólogos del paganismo parecen haber copiado estas fábulas de Egipto, llevadas a Grecia por Orfeo, Museo, Melampo y Homero. Los legisladores han formado sus leyes sobre las de Licurgo; los príncipes de las sectas filosóficas han sacado sus sistemas de Pitágoras, Platón, Eudoxo y Demócrito. Y si han sido tan diferentes entre ellos es porque no todos ellos estaban al corriente de los misterios egipcios y en consecuencia han explicado mal las alegorías.
Las columnas de Mercurio, de las cuales estos primeros filósofos sacaron su ciencia, por las explicaciones que los sacerdotes de Egipto les dieron podrían muy bien ser las de Osiris e Isis de las que hemos hablado, puede ser que los obeliscos que se ven aún en Roma, como se dice, fueran transportados desde Egipto y cuya superficie está llena de triángulos, círculos, cuadrados y figuras jeroglíficas. Más de un autor se ha torturado para explicarlos, Kircher ha hecho un tratado sobre ello, pero a pesar de su decisión sostenida en una ciencia muy extendida, no se ha creído su palabra. Es de los autores antiguos de donde sacaron su ciencia en Egipto, entonces es en ellos que deberían buscar su interpretación, pero para entender a la mayor parte de ellos se necesitaría también la ayuda de un Edipo, porque han escrito alegóricamente como sus maestros.
Creo que se pueden sacar muchas luces de los antiguos autores griegos para penetrar en la oscuridad de las fábulas, no es que se deba buscar precisamente en ellas el verdadero origen de los antiguos pueblos, puesto que lo que dicen es casi todo fabuloso, pero ya que ellos han copiado a los egipcios, que fueron los primeros inventores de las fábulas y que haciendo la comparación de las fábulas antiguas de Grecia con las de Egipto se nota fácilmente que todas han salido de la misma fuente, la cosa se parecería a un viajero que se vestía en cada país que recorría según la moda en uso. Las obras egipcias que habrían podido darnos algunas ideas de su manera de pensar, las de Hermes y las de los otros filósofos, se nos han escapado con el tiempo y lloraremos siempre sobre las tristes cenizas de la biblioteca de Alejandría. No tenemos otra fuente que la de los griegos, discípulos de los sabios sacerdotes de Egipto, es de ellos, pues, que se ha de obtener la ayuda, persuadidos de que han entrado en las ideas de los maestros de los que habían recibido las lecciones.
Yo sería del mismo pensamiento que Diodoro en cuanto a los nombres de algunas antiguas ciudades, montañas, ríos, etc. Este autor dice que los antiguos filósofos sacaron de su doctrina la mayor parte de estos nombres y denominaron los lugares según la relación que veían allí con algunos rasgos de esta ciencia. Se trata pues, de saber cuál era esta doctrina. Nadie duda de que ésta sea la que aprendieron en Egipto. Jámblico[3] nos asegura que esta ciencia estaba grabada en las columnas de Hermes. Josefo[4] habla de dos columnas, la una de piedra, la otra de ladrillo, levantadas antes del diluvio, sobre las cuales estaban grabados los principios de las artes. Bernardo, conde de la marca Trevisana[5] instruido por la lectura de los libros antiguos, dice que Hermes encontró siete tablas en el valle de Hebrón, sobre las cuales estaban grabados los principios de las artes liberales. Pero que Hermes las haya encontrado o que las haya inventado, lo que parece ser es que estos principios estaban expresados en jeroglíficos, y que esta manera de enseñar indicaba que el fondo de esta ciencia era un misterio que no se quería desvelar a todo el mundo, y en consecuencia los términos y los nombres empleados formaban también parte de este misterio, de donde debemos concluir que los nombres dados a los lugares por los antiguos filósofos contenían de alguna manera los misterios de los egipcios.

[1] . Morien, Conversación del Rey Calid.
[2] . Mitología, T. 1, p. 67 y t. 2, p. 262.
[3] . Jámblico, Los Misterios de los Egipcios.
[4] . Josefo, De las Antiguedades de los Judios.
[5] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.

sábado, octubre 21, 2006

Baco o Dioniso

Dioniso tuvo a Semele por madre y fue lo mismo que Osiris para los egipcios y Baco para los romanos. Es por lo que nombraré indiferentemente tanto a Baco, a Dioniso y a Osiris. Semele, hija de Cadmo y de Harmonía, gustó a Júpiter y la puso entre el número de sus concubinas. La celosa Juno se irritó y para lograr hacer sentir a Semele los efectos de su cólera tomó la figura de Beroe, nodriza de su rival, y la visitó estando ya en cinta; la persuadió para que obligara a Júpiter a jurarle por el Estigio que le concediera todo lo que Semele le pidiera. Ésta, siguiendo la instigación de Juno, pidió que Júpiter la visitara en toda su majestad, para probarle que efectivamente él era el jefe de los dioses. Este dios se lo prometió y se acercó a Semele con sus rayos y su trueno, que redujeron a
cenizas el palacio donde ella habitaba. Pero Júpiter no quiso dejar morir con Semele al hijo que llevaba y lo retiró
de las entrañas de su madre y lo encerró en su muslo hasta que se cumplió el tiempo determinado para su nacimiento. Después de su nacimiento, Mercurio lo llevó primero a la ciudad de Nisa, hacia los confines de Arabia y de Egipto, para ser alimentado y criado por las ninfas. Otros dicen que cuando Semele trajo al
mundo a Baco, Cadmo la encerró con su hijo en un cofre de madera en forma de barquichuelo y lo expuso a merced de las olas del mar y que llegando a Laconia el cofre fue abierto por gente pobre, que encontraron a Semele muerta y al hijo totalmente criado.
Orfeo da dos sexos a Dioniso, pues así se expresa en su himno a Mise: Mise, varón y hembra a la vez, de dual naturaleza. Dioniso, temiendo la cólera de la diosa Juno, se retiró para huir de sus persecuciones y mientras estaba reposando bajo un árbol, una serpiente anfisbena, es decir, que tenía una cabeza en cada extremidad, le mordió en la pierna.
Dioniso enseguida despertó y mató a la serpiente con una rama de sarmiento de viña que encontró cerca de él.
Herodoto, Plutarco y Diodoro, dicen que Baco había nacido en Egipto y que fue educado en Nisa, ciudad de la Arabia dichosa, y que es el mismo que el famoso Osiris que conquistó las Indias. En efecto, los egipcios reconocían un Dioniso como los griegos, pero aunque se propusieran el mismo objetivo en su alegoría sobre Baco, reconocían la historia de este dios de manera muy diferente.
Hammon, rey de una parte de Libia, dicen ellos, había desposado a la hija del Cielo, hermana de Saturno, fue a visitar en el país vecino las montañas ceraunianas y se encontró con una hija del lugar muy bella, llamada Amaltea y le gustó, se amaron y nació un hijo bello y vigoroso, que fue llamado Dioniso. Amaltea fue declarada reina del país, que por la forma de sus límites se parecía al cuerno de un buey, por ello fue llamado cuerno de las hespérides, y a causa de su fertilidad en toda clase de bienes, cuerno de Amaltea, del griego άμα y άλθα, yo curo a todo junto, yo curo todo al mismo tiempo. Para sustraer a Baco de los celos de su esposa, Hammon lo hizo llevar a Nisa, a una isla formada por las aguas del río Tritón y situada cerca de la desembocadura llamada las puertas Níseas. Este país era el más agradable del mundo, de aguas limpias que regaban encantadores prados; abundante en toda clase de frutos y allí crecía la viña por sí misma. La temperatura del aire era tan saludable que todos los habitantes gozaban de una perfecta salud hasta una vejez muy avanzada. Las orillas de esta isla estaban plantadas de bosques con altos montes y en sus valles se respiraba siempre un aire fresco, porque los rayos del Sol a penas penetraban allí. El agradable verdor de los árboles y el perpetuo esmalte de las flores regocijaban la vista, mientras que el oído era acariciado sin cesar por el gorjeo de los pájaros. En una palabra, era un país de hadas, un país encantado donde no faltaba nada de lo que podía contribuir a la perfecta satisfacción de la humanidad.
Dioniso fue criado allí por los cuidados de Nisa, hija de Aristeo, hombre sabio, prudente e instruido, quien se encargó de ser su mentor. Palas, de sobrenombre Tritoniana porque había nacido cerca del río Tritón, recibió la orden de preservar a Dioniso de las emboscadas que le tendería su madrastra. En efecto, Rea se volvió celosa de la gloria y la reputación que Dioniso adquirió bajo la tutela de tan buenos maestros y empleó todo su saber para hacer caer sobre él la rabia que tenía contra Hammon. Lo dejó para retirarse con los titanes y hacer su porvenir y su morada con Saturno, su hermano. A penas hubo llegado, a fuerza de solicitudes y de amenazas, obligó a Saturno a declararle la guerra. Hammon viendo que no podría resistirlo se retiró a Idea,
donde desposó a Creta, hija de uno de los curetes que reinaba allí. Enseguida la isla tomó el nombre de Creta. Saturno se apoderó del país de Hammon y reunió un gran ejército para apoderarse de Nisa y de Dioniso, pero su tiranía le aportó el odio de todos sus nuevos súbditos. Dioniso informado de la huida de su padre, del desastre de su país y de los propósitos de Saturno contra él, reunió a sus tropas en la medida que le fue posible y se le unieron un gran número de
amazonas, más otros tantos voluntarios a los que Palas debía de mandar. Los dos ejércitos se enfrentaron y Saturno fue herido. El coraje y el valor de Dioniso hicieron decantar la victoria a su favor y los titanes se dieron a la fuga. Dioniso los persiguió, los hizo prisioneros sobre el territorio de Hammon y después les devolvió la libertad, dándoles la opción de tomar partido bajo su estandarte o de retirarse, ellos escogieron la primera y consideraron a Dioniso como su dios tutelar. Vencido Saturno y perseguido por Dioniso pegó fuego a su ciudad y se salvó con Rea al abrigo de la noche, pero cayeron en manos de aquellos que les perseguían. Él les propuso vivir en el futuro como buenos parientes y buenos amigos. Aceptaron el ofrecimiento y dieron su palabra; sólo los titanes sintieron los efectos de su cólera porque se rebelaron contra él. Victorioso sobre todos sus enemigos, Dioniso buscó volverse recomendable por sus beneficios; recorrió una gran parte del mundo para derramarlos sobre todos los humanos; pero como buen príncipe dejó a Mercurio Trismegisto con su esposa para que la ayudara con sus consejos; dio el gobierno de Egipto a Hércules, y Prometeo fue el intendente de todos sus estados. Llegó sobre las montañas de la India y elevó dos columnas cerca del río Ganges; lo que también hizo Hércules en la parte más occidental de África sobre las orillas delmar Atlántida.
Esta expedición duró tres años, tras los cuales volvió por Libia y España y fundó la ciudad de Nisa en las Indias. Baco es tan famoso y tan recomendable en los escritos de los poetas por haber hecho el vino o plantado la viña. ¿No habría sido una locura de los antiguos el dejarnos por escrito tantas cosas tan poco dignas de atención, llenas de hechos sorprendentes tan poco verosímiles que tenían más de
sueño que de prodigio? Si les creemos Juno lo hirió con una seria afección, lo que hizo que corriera por todo el mundo; los cobales, una especie de demonios malignos, los sátiros, los bacantes y silenos lo acompañaron por todas partes con sus tambores y otros ruidosos instrumentos. Su carro era tirado por linces, tigres y panteras; es Ovidio quien lo dice después de ellos.[1] El mismo poeta dice que Baco conservó una juventud permanente y que era el más bello de los dioses.[2] Isacio dice que los autores antiguos pensaban que Baco era joven y viejo al mismo tiempo; Eurípides lo llamaba εκλυμορφον, como si tuviera un aire afeminado. Es por lo que comúnmente es representado como un hombre joven, sin barba, aunque también haya el Baco barbudo; así mismo se le encuentra a veces bajo la figura de un viejo. Baco se cubría siempre con la piel de un leopardo. Llevaba un tirso como cetro. El conejo, la encina, la hiedra, la enredadera y la higuera le eran consagrados; la urraca entre los pájaros, el tigre, el león, la pantera entre los cuadrúpedos y la serpiente o el dragón entre los reptiles. Las mujeres que celebraban sus fiestas se llamaban bacantes, tíades, mimalónidas. A través de todas estas ficciones se reconoce fácilmente al Dioniso de Egipto, que según Herodoto es el mismo que Osiris; ya lo hemos señalado hablando de este dios,. Claramente se ve a este dios de Egipto muerto por Tifón y sus cómplices, en Baco hecho trozos durante el combate que sostuvo con los titanes. Isis recoge los miembros esparcidos de su esposo; Palas encuentra a Baco con el corazón todavía palpitante y lo lleva ante Júpiter que le devuelve la salud. Tal es, abreviadamente, la historia de Baco según los egipcios y los griegos. [1] . Por más esfuerzos que hacían los remeros, quieta, como amarrada, permanecía la nave. Entonces empezó el maravilloso suceso. Baco resplandeció cubierto de pámpanos y agitando el tirso. Le rodeaban linces, tigres y panteras. Ovidio, Metamorfosis, lib. 3, 669. [2] . Porque a ti que eres joven para siempre, que eres un eterno niño, en la altura celeste te admiran como al más bello de todos. Ovidio, Metamorfosis, lib. 4, 17.

lunes, octubre 16, 2006

Marte y Harmonía



Después de Palas, diosa de la guerra, viene naturalmente Marte, el dios de los combates. Homero, junto con los otros poetas, dijo que era hijo de Júpiter y de Juno
Si se pone, pues, la Venus de los filósofos con este Marte en un lecho o vaso apropiado a este efecto y se les liga con una cadena invisible, es decir, aérea, tal como lo hemos descrito en el capítulo de Venus, nacerá de ello una muy bella hija llamada Harmonía, dice
Michael Maier, porque habrá sido compuesta harmónicamente, es decir, perfecta en peso y medida filosóficos.
Los poetas han cantado mucho a la belleza de Harmonía y los antiguos la consideraban como una divinidad tutelar. Se casó con Cadmo. Júpiter, que es el que había hecho esta unión, asistió a las bodas e invitó a todos los dioses y
diosas, quienes ofrecieron presentes al nuevo matrimonio. Ceres les dio trigo, Mercurio una li
ra, Palas un collar, un vestido y una flauta, el collar era una obra maestra de Vulcano. Apolo tocó la lira durante las bodas. El fin de este matrimonio no tuvo el mismo esplendor que el principio. Tras muchos contratiempos, Cadmo y Harmonía fueron transformados en dragones.
Harmonía es esta materia que resulta de las primeras operaciones de la obra y que después se ha de casar con Cadmo (del cual ha tomado nombre el cadmio), entonces todos los dioses herméticos se encuentran en sus bodas, con sus presentes, y Apolo toca su lira, así como lo hizo para cantar la victoria que Júpiter obtuvo sobre los gigantes.
Finalmente Cadmo y Harmonía fueron metamorfoseados en una serpiente y en un basilisco, pues el resultado de la obra, incorporado con su semejante, adquiere la virtud atribuida al basilisco, como dicen los filósofos.
El autor del Rosario se expresa así: Cuando me habréis extraído en parte de mi naturaleza y a mi mujer en parte de la suya y que habiéndonos reunido nos hagáis morir, resucitaremos en un sólo cuerpo, para no morir más y haremos cosas admirables. Ripley hablando del elixir filosófico, que como acabamos de ver, está compuesto de Cadmo y Harmonía, o del marido y la mujer, dice: De ello resulta un todo que mediante el arte se vuelve piedra celeste, cuya
virtud ígnea es tan fuerte que la llamamos nuestro dragón, nuestro basilisco, nuestro elixir de gran precio, porque igual que el basilisco mata sólo con la vista, así mismo nuestro elixir mata al mercurio crudo en un abrir y cerrar de ojos, tan pronto como se le echa encima. Así mismo tiñe todos los cuerpos de una tintura perfecta de Sol y de Luna. Nuestro aceite -dice el mismo autor un poco antes- se hace mediante el matrimonio del segundo y tercer menstruo y nosotros lo reducimos a la naturaleza del basilisco. Maier dice: De la misma manera que el basilisco sale de un huevo lanzando sus rayos visuales envenenados y mata a los seres vivos, así mismo también nuestra tintura se produce del huevo filosófico y por su virtud coagula al más ligero tacto todo el mercurio que los metales contienen. Ella vuelve estúpido a este mercurio, lo mata fijándolo y lo desnuda de su azufre combustible. ¿se puede ver una cosa más precisa? Sólo faltan los nombres de Cadmo y Harmonía, que son el esposo y la esposa del texto cita
do.
Es bueno también, observar que Marte tenía un célebre templo en Lemnos, morada de Vulcano. El lobo, el perro y el
buitre eran consagrados al dios de la guerra; el lobo y el buitre a causa de su voracidad, dicen los mitólogos, y el perro con el gallo por su vigilancia. Pero lo habrían supuesto mejor si hubieran dicho que era por las razones que hemos mencionado en el primer libro, hablando de Anubis y de Macebo, es decir, porque los animales han sido siempre tomados como símbolos de los ingredientes del magisterio de los filósofos. Soy un lobo arrebatador y hambriento, dice Basilio Valentín (1ª llave). Soy el perro de Corrascenia y la perra de Armenia, dice Avicena con la Turba. Soy el gallo y tú la gallina, dice el Sol a la Luna; no puedes hacer nada sin mí y yo nada sin ti.
Soy el buitre que cría sin cesar en lo alto de la montaña, dice Hermes.
Es bueno también, observar que Marte tenía un célebre templo en Lemnos, morada de Vulcano. El lobo, el perro y el buitre eran consagrados al dios de la guerra; el lobo y el buitre a causa de su voracidad, dicen los mitólogos, y el perro con el gallo por su vigilancia. Pero lo habrían supuesto mejor si hubieran dicho que era por las razones que hemos mencionado en el primer libro, hablando de Anubis y de Macedo, es decir, porque los animales han sido siempre tomados como símbolos de los ingredientes del magisterio de los filósofos.