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lunes, junio 19, 2023

JÚPITER O EL ALMA DEL MUNDO, según Dom Pernety


Estimado lector, me complace subir este artículo sobre algunos aspectos de Júpiter, según Pernety y que, apareció en la revista LA PUERTA nº 58, Mitología Oculta, Arola Editors y que tiene un especial interés en cuanto a contenido, también se incluye algunos datos biográficos de nuestro autor.

JÚPITER O EL ALMA DEL MUNDO

Según Pernety[1]

 

                             
El fuego que anima el Universo
Permanece oculto en la tierra y
Resplandece en el cielo.
Louis Cattiaux[2]

 

1- Presentación

    Dom Antoine Joseph Pernety nació en Ruán, el 13 de febrero de 1716. Al terminar los estudios primarios ingresó en la congregación benedictina de Saint-Maur y posteriormente fue destinado a la Abadía de Saint–Germain–des–Pres, a fin de ampliar sus estudios, en cuya biblioteca encontró valiosos textos alquímicos que despertaron en él un especial interés, que mantendría a lo largo de su vida. En 1758 compuso sus dos obras magnas: Las Fábulas egipcias y griegas, desveladas y reducidas al mismo principio y el Diccionario mito-hermético.[3]

    En 1764 abandona los hábitos y se instala en Avignon, donde participa activamente en la Masonería de Rito Escocés, Antiguo y Aceptado, allí funda el grado de Caballero del Sol y el de Príncipe Adepto. En esta misma época crea su propia orden iniciática, El Rito Hermético. En 1767 acepta el cargo de Conservador de la Biblioteca Real de Berlín, propuesto por Federico II el Grande, y se instala en Prusia donde permanecerá dieciséis años.

    Estudioso de la obra de Swedemborg, tradujo al francés la más importante de sus obras Las maravillas del cielo y el infierno. En 1770 compuso un pequeño manual de uso interno del Rito Hermético: el Ritual alquímico secreto,[4] y en 1776 un tratado que dedicará a Federico II: Del conocimiento del hombre moral por el hombre físico.

    En 1783 una entidad con la que decía estar en contacto, La Santa Palabra, le conmina a abandonar Prusia y a instalarse de nuevo en Avignon. Reorganizó su orden bajo el nombre de “Rito de los iluminados”, de orientación claramente alquímica, en la que participaron alquimistas como el Abad Buyton de Moreau «Brumore», el polaco Grabianka, La Richardière y, muy posiblemente, el filósofo Saint Baque de Bufor.[5]

    En 1786 sus obras fueron reeditadas; la Orden contaba con un centenar de miembros y era conocida en el mundo del esoterismo con el nombre de los “Iluminados de Avignon”. Pernety falleció en Avignon, el 16 de octubre de 1796.

 

    Lo que ha quedado de este erudito hermetista para la posteridad es, básicamente, la interpretación de los dioses de la antigüedad clásica, y en este sentido, escribe Raimon Arola:

 

La explicación de los secretos de la naturaleza se consideraba como el sentido más medular, más importante incluso que la comprensión de las fábulas bajo una óptica teológica o moral. Tal dimensión de la naturaleza sólo se puede entender desde un punto de vista hermético, en particular alquímico; esto es, el arte y la ciencia de la regeneración física y completa del hombre y de la naturaleza por medio de la Piedra Filosofal.[6]

   

Hemos escogido algunos fragmentos de esta magnífica obra, siguiendo las explicaciones que da respecto a Júpiter, al que presenta como el fuego celeste o calor vital. Desde la antigüedad este Dios ha sido considerado el alma del mundo, según lo explica Ficino (1433-1499):

 

Los platónicos denominaban repetidas veces a Júpiter como alma del mundo entero, que es la que alimenta interiormente al cielo, las tierras, las llanuras líquidas, la esfera brillante de la luna y las constelaciones de los Titanes y, derramándose por los miembros, pone en movimiento toda la máquina y se mezcla con el gran cuerpo.[7]

 

    Pernety parece estar de acuerdo con esta idea cuando habla de la creación:

 

El espíritu de Dios que planeaba sobre las aguas,[8] fue el instrumento del que el supremo Arquitecto del mundo, se sirvió para dar forma al Universo. Propagó al instante la luz, volvió de potencia en acto las simientes de las cosas antes confusas en el caos y por una alteración constante de coagulaciones y resoluciones hizo a todos los individuos. Repartido en toda la masa, animó cada parte y por una continua y secreta operación dio movimiento a cada individuo según el género y la especie que había determinado. Es propiamente el alma del mundo y quien lo ignora o lo niega ignora las leyes del Universo.[9]

 

    Este dios es denominado Eter (αίθήρ), portador de ese fuego creador de la luz.[10] Pernety dice refiriéndose a esta Luz:

 

Su origen nos demuestra su naturaleza espiritual. Antes que la materia recibiera la forma, Dios formó la Luz que se expandió enseguida en la materia y le sirvió como de mecha para sobrevivir. La manifestación de la luz viene a ser como el primer acto que Dios hizo sobre la materia; el primer casamiento del creador con la criatura y del espíritu con el cuerpo.

Extendida por todas partes, la luz pareció concentrarse en el Sol; […]; la luz del Sol es un espíritu luminoso unido inseparablemente a este Astro, cuyos rayos se revisten con parte del Eter para volverse sensibles a nuestros ojos. […] Pero no se ha de confundir la luz con el rayo de luz, […] pues la luz es la causa y la claridad es el efecto.

[…] La luz es para nosotros una viva imagen de la Divinidad. El amor Divino no pudiendo contenerse en sí mismo, se expande fuera de Él y se multiplica en la creación. […] Este espíritu ígneo llevado por los rayos de luz […] penetra incluso en los cuerpos más densos.

El movimiento en tanto que movimiento no produce la luz, pero la manifiesta. Ella no se muestra más que en los cuerpos móviles, es decir, en una materia extremadamente sutil, fina y propia al movimiento. El Sol pone en movimiento estas materias extremadamente sutiles. He aquí un vehículo de la luz, vehículo que no difiere del Eter.[11]

 

    EH, siguiendo las teorías del Timeo de Platón, comenta refiriéndose a este éter (αίθήρ):

 

El éter era un aire extremadamente sutil, mezclado con fuego, y era divino: para los griegos era el mismo Dios. Este éter estaba animado continuamente por un movimiento circular y era inteligente. El éter –que es el alma del mundo, lo que los hombres llaman Dios- mantenía continuamente las esferas en su movimiento circular. De ahí viene la palabra universo, del latín uni-versus, ‘que gira siempre en el mismo sentido’.

Este éter está animado sobre todo por la necesidad y el deseo de corporificarse. Una vez encuentra un cuerpo muy puro, que de alguna manera es de su naturaleza, se une a él y produce la luz.[12]

 

    En el tomo segundo de su obra, Pernety reproduce la fábula de Júpiter, seguida de una explicación alquímica de las operaciones necesarias para fijar este volátil. Éste es el texto que presentamos, y que trataremos de poner en concordancia con algunas de las explicaciones que nuestro autor da en el tomo primero, en el capítulo Principios generales de la Física, siguiendo la obra hermética, del que ya hemos extraído algunas citas. Quisiéramos concluir esta introducción citando unas palabras de EH, a modo de síntesis de nuestra intención, al presentar este texto de Dom Antoine Joseph Pernety:

 

Ciertamente, el alma del mundo no es otra cosa que el famoso disolvente quymico que tantos buscadores se empeñan vanamente en inventar. Es la sustancia misma del oro, que se ha hecho palpable en el eléctrum; éste es el famoso secreto ancestral, el fundamento de la obra, que disuelve el oro vil tan simple y suavemente como el hielo se funde poco a poco en agua templada. ¿Quién podría creer que una sencilla moneda de oro pueda ser disuelta por el alma del mundo? Sin embargo, éste es el primer secreto de la filosofía, una locura para la mayoría y una maravillosa revelación para algunos en el transcurso de los siglos.[13]

 

2- La fábula de Júpiter contada por Dom Pernety[14]

    Según casi todos los autores de la Antigüedad, era hijo de Saturno y Rea y nieto del Cielo y la Tierra. Titán hizo un trato con Saturno, por el cual el primero cedía el imperio al otro, a condición de que hiciera perecer todos los hijos varones que tuviera de Rea; Saturno los devoraba a medida que nacían. Rea, indignada por haber perdido ya algunos, pensó en salvar a Júpiter, del que estaba en cinta, y cuando dio a luz, engañó a su marido presentándole, en lugar de Júpiter, un guijarro envuelto en pañales. Hizo llevar a Júpiter a la isla de Creta y lo confió a los Dáctilos para que lo alimentaran y lo educaran.

    Las Ninfas que lo cuidaron se llamaban Ida y Adrestea: se les llamaba también las Melisas. Algunos dicen que lo amamantó una cabra y que las abejas fueron también sus nodrizas, pero, aunque los autores varían bastante sobre ello, casi todo se reduce a decir que fue educado por los Coribantes de Creta,[15] quienes, fingiendo sacrificios que tenían por costumbre hacer al son de varios instrumentos o, como algunos pretenden, danzando y golpeando sus escudos con sus lanzas, hacían un gran estruendo para que no se oyeran los llantos del pequeño Júpiter.

    Cuando se hizo grande, Titán fue advertido de ello y creyendo que Saturno había querido engañarle al criar hijos varones, violando así las condiciones de la tregua, reunió a su gente y declaró la guerra a Saturno [...]. Júpiter se hizo cargo de la defensa de su padre y atacó a los Titanes, los venció y puso a Saturno en libertad. Éste, poco agradecido, tendió trampas a Júpiter que, por consejo de Metis, dio a beber a su padre un brebaje que le hizo vomitar primeramente la piedra que había engullido y seguidamente todos los hijos que había devorado. Plutón y Neptuno se unieron a Júpiter, que declaró la guerra a Saturno, y apresándolo lo trató precisamente de la misma manera que él mismo había tratado a su padre Urano, y lo mutiló con la misma guadaña. Seguidamente lo precipitó con los Titanes al fondo del Tártaro, arrojó la guadaña en la isla de Depranum y las partes mutiladas en el mar, de las que nació Venus.

    Los demás dioses acompañaron a Júpiter en la guerra que sostuvo con los Titanes y Saturno. Plutón, Neptuno, Hércules, Vulcano, Diana, Apolo, Minerva y el mismo Baco le ayudaron a obtener una victoria completa. Baco fue tan maltratado allí que fue hecho pedazos. Dichosamente, Palas lo encontró en este estado y hallándole aún el corazón palpitante lo llevó a Júpiter, que lo curó.

    Apolo, vestido con una tela de color púrpura, cantó esta victoria con su lira. Júpiter, lleno de reconocimiento hacia Vesta, que le había procurado el Imperio, le propuso que le pidiera todo cuanto quisiera. Vesta eligió la virginidad y las primicias de los sacrificios.

    Los Gigantes declararon seguidamente la guerra a Júpiter y quisieron destronarle; pero ayudado aún por los dioses, les venció, los fulminó y sepultó a los más temibles bajo el Monte Etna. Es preciso señalar que Mercurio no se encontraba en la guerra contra los Titanes y que fue uno de los que combatieron con más ardor contra los Gigantes.

 

3- Explicación de la fábula[16]

    Toda la Antigüedad está de acuerdo en decir que Júpiter era hijo de Saturno y de Rea; y lo que tiene de extraordinario es que la mayor parte de los mitólogos hacen a Saturno hijo del Cielo y de Vesta, que es la Tierra según ellos; así como Cibeles, Ops, Rea y Ceres; Rea sería, en consecuencia, su propia madre y su propia hija; también sería madre, mujer y hermana de Saturno. Ceres, que tuvo a Proserpina de Júpiter, se habría convertido en su mujer al mismo tiempo que su madre y su hermana. Sería muy difícil poner de acuerdo todo esto si no se explicara alegóricamente; y ¿qué alegoría se encontrará que le pueda convenir, a no ser que se haga según la explicación de la Química Hermética, donde el padre, la madre, el hijo, la hija, el esposo y la esposa, el hermano y la hermana no son, en efecto, más que la misma cosa tomada bajo diferentes puntos de vista?

   […] Los Filósofos Herméticos han hecho una cantidad prodigiosa de libros en este sentido. Todas sus alegorías tienen como objeto las mismas operaciones de la gran obra.

    […] Así nos es presentado Júpiter, llamado en consecuencia, Padre de los Dioses y de los Hombres, el Todopoderoso. Hesíodo, casi todas las veces que lo nombra, añade el sobrenombre de Largitor bonorum,[17] pues es la fuente y el distribuidor de los bienes y de las riquezas. No se ha de imaginar, como hacen algunos mitólogos, que la pretendida crueldad de Saturno hacia sus hijos le ha hecho perder la cualidad de padre de los Dioses, mientras que su mujer Rea o Cibeles ha sido llamada la madre de los Dioses y la abuela y era honrada como tal en todo el Paganismo. La verdadera razón que ha hecho conservar este título a Cibeles es que la Tierra filosófica, de donde Saturno y los otros Dioses han salido, es propiamente la base y la sustancia de estos Dioses.[18]

    Así mismo es bueno señalar que, aunque se haya confundido a menudo, y sea una misma cosa, Rea y Cibeles, no se ha dado jamás el nombre de madre de los Dioses a Rea, como Rea, sino solamente como Cibeles, pues parece que el nombre de Cibeles procede de Kubh, caput [cabeza, origen, causa] y de laaV, lapis [piedra], como si se le llamara la primera, la principal o la más antigua y madre piedra.[19]

   […] Así, en tanto que tierra primera o materia de la obra, puesta en el vaso al comenzar la obra, fue nombrada Tierra, Cibeles, madre de los Dioses y esposa del Cielo, puesto que, entonces, no aparece en el vaso más que esta tierra con el aire[20] que allí está encerrado.

    Cuando esta tierra se disuelve, toma el nombre de Rea, mujer de Saturno, de rew, fluo [gotear] y de esta negrura llamada Saturno que se manifiesta durante la disolución. Luego se la nombró Ceres y se la llamó hija de Saturno y hermana de Júpiter, puesto que esta tierra disuelta en agua, vuelve a ser tierra en el tiempo que el color gris o Júpiter aparece, y como esta misma tierra o Ceres se vuelve blanca, se ha fingido que Júpiter y Ceres habían engendrado a Proserpina.

    […] Por Ceres se entendía la tierra, y esta idea es muy conforme a ésta que tienen los Filósofos Herméticos, puesto que su agua, volviéndose tierra, es ésta que llaman tierra de las hojas[21] en la cual se ha de, dicen ellos, sembrar el grano filosófico, es decir su oro.

   […] Cuando el color gris o el Júpiter filosófico aparece,[22] las partes volátiles de la materia se subliman,[23] suben en abundancia a lo alto del vaso en forma de vapor donde se condensan como en la destilación de la química vulgar, y tras haber circulado, vuelven a caer sobre esta tierra gris que sobrenada en el agua mercurial.

    La fábula no podría presentarnos esta operación por una alegoría más palpable y mejor caracterizada que por esta fingida educación de Júpiter. Las dos Ninfas expresan con sus mismos nombres aquella materia acuosa, volátil, puesto que Ida viene de IdoV, sudor, y Adrestea de a, partícula completiva y de draw, huir. Si se les denomina hijas de las Melisas o abejas ¿no es porque estas partes volátiles revolotean por encima del Júpiter de los Filósofos, como un enjambre de abejas en torno a un panal? Estas partes volátiles nutren, pues, esta tierra gris, volviendo a caer encima como un rocío o una lluvia que humecta la tierra y la nutre embibiéndola.

    Tales son también las nubes[24] que Júpiter excita sobre el monte Ida o el monte del sudor, tales son la lluvia y el rocío que allí caen; tales son también aquellas partes volátiles que circulan subiendo y descendiendo e imitando a las abejas, parecen ir a buscar con qué alimentar al pequeño Júpiter en la cuna. Tal es también la leche de Amaltea, aquella con la que Juno nutrió a Mercurio, la que menciona Platón en la Turba y que los Filósofos llaman leche de Virgen; en fin, aquella de la que d’Espagnet habla en estos términos:

    «La ablución nos enseña a blanquear el cuervo y a hacer nacer a Júpiter de Saturno; lo que se hace por la volatilización del cuerpo o la metamorfosis del cuerpo en espíritu. La reducción o la caída en lluvia del cuerpo volatilizado devuelve a la piedra su alma, y la nutre de una leche de rocío espiritual, hasta que haya adquirido una fuerza perfecta.» Dice seguidamente: «Después que el agua ha hecho siete revoluciones o circulado por siete círculos, el aire le sucede y hace otras tantas circulaciones y revoluciones, hasta que sea fijado en la parte inferior, y después de haber echado a Saturno del trono, Júpiter toma las riendas del Imperio. El hijo filosófico se forma y se nutre con su advenimiento; aparece, por fin, a la luz con un rostro blanco y bello como el de la Luna.»[25]

    […] Júpiter, antes de destronar a su padre, se hizo cargo de su defensa contra los Titanes y les venció, en fin, viendo que Saturno había derrotado a sus hermanos y que le tendía trampas a él mismo, le dio a beber un brebaje que hizo que los vomitara. Entonces Plutón y Neptuno se unieron a Júpiter contra su padre; aquél, habiéndolo destronado lo mutiló y lo precipitó al Tártaro con los Titanes que habían tomado su partido.

   […] D’Espagnet previamente había dicho, hablando de las partes que Júpiter mutiló bajo el nombre de accidentes heterogéneos: «Las cosas superfluas son los accidentes externos que velan al deslumbrante Júpiter con la sombría esfera de Saturno. Quita, pues, esta corteza lívida de Saturno hasta que el astro púrpura de Júpiter brille ante tus ojos.»[26]

    Es pues por la separación de estas partes que han servido a la generación de Júpiter[27] que este hijo de Saturno sube al Trono; y éstas son aquellas mismas de Osiris que Isis no recogió. Es preciso entender por los Titanes, lo mismo que por Tifón y sus compañeros, que Horus, hijo de Osiris,[28] venció. Es inútil repetir aquí la explicación de esto; basta con ponerlo en paralelo, para convencerse que significan lo mismo. Osiris, padre de Horus, fue perseguido por Tifón, su hermano, que le quería destronar para reinar en su lugar. Saturno fue atacado por Titán, su hermano, por la misma razón. Tifón con sus conjurados se apoderaron de Osiris y lo encerraron en un cofre. Saturno fue encarcelado por los Titanes. Horus combatió a Tifón y le hizo perecer con sus cómplices. Júpiter se hizo cargo también de la defensa de Saturno y después de haber vencido a los Titanes, los precipitó al Tártaro. Tifón, el más temible de los Gigantes, quiso también destronar a Horus; fue fulminado y sepultado bajo el Monte Vesubio o Etna.

   […] La fábula nos enseña que Apolo canta esta victoria con su lira, vestido de color púrpura. Si este rasgo no es alegórico, no concibo qué razón han podido tener al tratar de señalar precisamente el color de esta vestimenta de Apolo. No se puede ver en ello la intención de indicar el Sol celeste, puesto que no es de color púrpura. El autor de esta ficción aludía, pues, a otro Apolo, y yo no conozco ninguno otro vestido de este color, más que Apolo o el Sol, o el oro de los Filósofos Herméticos. Era muy natural fingir que él cantara esta victoria, puesto que, siendo el fin de la obra y el resultado de los trabajos Herméticos, anuncia que todas las dificultades, que se oponían a la perfección de la obra están superadas, fue él sólo que cantó esta victoria, aunque todos los demás Dioses estuvieran presentes. Los principales fueron: Hércules o el Artista, Mercurio o el Mercurio de los Filósofos, Vulcano y Vesta o el fuego, Palas o la prudencia y la ciencia para conducir las operaciones, Diana, hermana de Apolo, o el color blanco, que debe aparecer antes que el rojo y que ha hecho decir que ella había servido de partera a Latona, su madre, para traer a Apolo al mundo, por último, el Dios Marte o el color de la herrumbre del hierro, que se encuentra en medio y que sirve de paso del color blanco al púrpura.[29]

    Al no ser Vesta otra cosa que el fuego y como el logro de la obra depende del régimen del fuego filosófico[30], se ha fingido con razón, que esta diosa procura la corona a Júpiter y si ella escoge la virginidad por recompensa, es que el fuego está sin mancha y es la cosa más pura que pueda haber en el mundo.[31]



[1]. Les Fables égyptiennes et greques, dévoilées & reduites au méme principe. Delalain L’Ainé, París, 1786.

[2]. Louis Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, VIII, 41’.

[3]. Estas dos obras, de carácter alquímico, están muy ligadas entre sí, puesto que en el Diccionario mito-hermético se explican los vocablos de este particular lenguaje y se remite constantemente a las Fábulas egipcias y griegas, donde se desarrollan alquímicamente dichas fábulas. No existe traducción al español de Las Fábulas..., pero podemos encontrar una traducción del Diccionario mito-hermético en Indigo, Barcelona, 1993.

[4]. Rituel Alchimique Secret, du Grade de Vrai Maçon Académicien, ed. Rebis, Millán, 1981.

[5]. Supuesto autor de la Concordancia Mito-físico-cábalo-hermética, ed. Obelisco, Barcelona, 1986.

[6]. Tradición Latina, colección LA PUERTA, Tradición Latina, Obelisco, Barcelona, 1995, p. 129.

[7]. Sobre el furor divino y otros textos, ed. Anthropos, Madrid, 1993, p. 2.

[8]. Génesis, I, 2.

[9]. Les Fables…, cit. t. I, pp.56-57.

[10]. En este sentido el Mensaje Reencontrado, de L. Cattiaux, es muy explícito: «Lo cálido y lo seco animaron adentro la joven luz de Dios, y lo frío y lo húmedo lo manifestaron afuera; siete veces el fuego interior dividió al Único y las estrellas aparecieron en su orden.» IV, 26’. También el IV, 48: Dios es como un fuego fijo y seco, oculto en un fuego movedizo y húmedo. Quien lo descubre posee el dominio de la vida.

[11] . Les Fables… cit. T. I, 108-113.

[12]. Astrología y Tradición, colección LA PUERTA, Arola ed. Tarragona, 1999, pp. 19-20.

[13]. El Hilo de Penélope, Arola ed. Tarragona, 2000, p. 84.

[14]. Op. cit. T. II, pp. 44-45.

[15]. Sacerdotes de Cibeles, a menudo identificados con los Curetes o los Dáctilos. Celebraban el culto de la diosa con gran tumulto: danzas en trance al son de tambores y címbalos, y cantos en alta voz. Véase Diccionario de Mitología Grecorromana, ed. Abril, Brasil, 1974.

[16].  Idem. pp. 50-75.

[17]. Generosamente bueno.

[18]. Dice Pernety respecto de la Tierra: «El Autor de la Naturaleza quiso que la tierra fuera la matriz de los mixtos, y la calentó en consecuencia continuamente con el calor de los fuegos celeste y central y le añadió la naturaleza húmeda del agua a fin de que, ayudada por los principios de la generación, lo caliente y lo húmedo,[la tierra] no sea estéril y se vuelva el vaso donde se hacen todas las generaciones.» Op. cit. T. I, p. 80.

[19]. En el Diccionario mito-hermético, Pernety dice en la voz “Madre de la piedra”: «...ese nombre conviene al agua mercurial, ya que es de ella que se forma la materia de la piedra.

[20]. El autor de la Concordancia Mito-físico-cábalo-hermética, dice: «El aire está compuesto por tres substancias cuyas cualidades son distintas. La primera es el fluido luminoso que debe considerarse como su alma. Es el Júpiter mitológico. La segunda es el húmedo radical o mercurio primitivo, que debe mirarse como su espíritu. Es la Juno de la Mitología. La tercera substancia primitiva es la sal o nitro del aire que está representada por el Mercurio de los Filósofos.» ob. cit.p. 233.

[21]. Tierra de las hojas, tierra foliada o tierra laminada son nombres dados a la materia en este punto de la obra; el mismo Pernety en el Diccionario... dice de tierra de hojas: «Hermes ha dado este nombre a la materia de la obra en putrefacción, pero su nombre propio, dice Flamel es el Latón, o Letón que se ha de blanquear.» (Véase Nicolás Flamel en el Libro de las Figuras jeroglíficas, ed. Obelisco, Barcelona, 1996, p. 51). Esta tierra, donde dice Pernety que se ha de encerrar el grano filosófico, es la que él mismo llama tierra foliada: «Simplemente dicha. Es la materia al negro.» Y cuando es blanqueada se le llama tierra laminada, como se puede apreciar en el tratado La Gloria del Mundo: «En efecto, posee en abundancia lo que necesita, y puede tomarse el agua, llamada por los filósofos ‘tierra blanca y laminada’, y unirla con el Mercurio vivo, de lo que resulta una transmutación en buena y fija plata.» Véase este tratado presentado por Carlos del Tilo en Astrología y Tradición, colección LA PUERTA, Arola Editors, Tarragona, 1999, p.109.

[22]. En el capítulo dedicado a Saturno Pernety dice: «[…] La mayor parte de los Antiguos admitían, con los Filósofos Herméticos, al agua como primer principio, o el caos, que consideraban como un barro y un limo del cual todo fue sacado. [...] El agua sería el Océano y el limo Saturno; lo que sería designado por el nombre de IloV (Ilos), los Filósofos Herméticos siempre han tenido esta idea de su Saturno, puesto que han dado este nombre a su caos o materia disuelta y reducida a barro negro, que han llamado plomo de los Sabios. [...] El rocío y la lluvia abrevan la tierra, entonces Saturno devolverá el guijarro que había engullido; la materia de los Filósofos, que era tierra antes de ser reducida a agua por su disolución, volverá a aparecer, tan pronto como el color gris empiece a manifestarse. Júpiter no es otro que este color gris […], que destronará a su padre, es decir, que el color gris sucederá al negro. En este momento aparecen los cuatro hijos de Saturno y de Rea: Júpiter es el color gris; Juno es el vapor o humedad del aire encerrado en el vaso; Neptuno es el agua mercurial o el mar filosófico venido de la putrefacción; Plutón, o el Dios de las riquezas, es la tierra misma que se encuentra en el fondo del vaso.» Op. cit. T. II, pp. 32 y ss.

[23]. Pernety escribe: «Sublimación, descensión y cocción. Por la primera evacua la humedad superflua que sofocaría el fuego e impediría su acción en la tierra, su matriz. Por la descensión vuelve a la tierra la humedad. La sublimación se hace por la elevación de los vapores en el aire, donde se condensan en nubes; la descensión se hace mediante la lluvia o el rocío. La cocción es una digestión del humor crudo instalado en el seno de la tierra, una maduración y una conversión de este humor en alimento mediante el fuego secreto.» Idem, T. I, p.95

[24]. Pernety, hablando de la primera materia de la creación dice: «En su principio esta agua era volátil, como una niebla; la condensación hizo de ella una materia más o menos fija. Pero, sea cual fuere esta materia, primer principio de las cosas, fue creada en unas tinieblas demasiado espesas y oscuras para que el espíritu humano pueda ver en ella claramente. Sólo el Autor de la Naturaleza la conoce. La Escritura Santa nombra esta masa informe unas veces tierra vacía y otras agua, aunque no sean ni lo uno ni lo otro sino, solamente en potencia. Se puede conjeturar pues, que podría ser como un humo espeso y tenebroso, estúpido y sin movimiento, adormecido por una especie de frío y sin acción; hasta que esta misma palabra que creó este vapor insufló en él un espíritu vivificante, que se volvió como visible y palpable por los efectos que allí produjo.» Idem. T. I, pp. 52-53.

[25]. Jean d’Espagnet, La Obra secreta de la Filosofía de Hermes. Existe una traducción al castellano en ed. Indigo, Barcelona, 1995, can. 63 y can. 78.

[26]. Idem. can. 51: Cuando se unen el Cielo y la Tierra se manifiesta el color púrpura. Véase S. d’Hooghvorst, La Velada de Venus: «Cuando se unen Venus celeste y Venus vulgar nace Victoria o Citérea Coronada de violetas, el color púrpura o violeta.» En La Tradición Latina, colección LA PUERTA, ed. Obelisco, Barcelona, 1995, p. 96.

[27]. Respecto a la generación y corrupción dice Pernety: «Este espíritu vivificante no se separa de la materia durante la putrefacción generativa porque no es una corrupción entera y perfecta, como la que produce la destrucción del mixto. Es una corrupción combinada y causada por el mismo espíritu para dar a la materia la forma que conviene al individuo que debe animar.» Op. cit. T. I, p. 105.

[28]. La única parte de su cuerpo que Isis no pudo encontrar fue el miembro viril. Véase al respecto Carlos del Tilo, Los Misterios Egipcios según el tratado de Isis y Osiris de Plutarco: «...esta narración significa que la potencia fecundadora y reproductora de Dios encontró su primer elemento en lo húmedo por medio de lo cual se comunica a todo lo que es por naturaleza capaz de engendrar.» En Egipto, madre de la tradición, colección LA PUERTA, ed. Obelisco, Barcelona, 1990, p. 57.

[29]. Este color púrpura es también llamado amatista (el nombre de la piedra de este color viene del griego amethuein, άμεθύειν, no estar ebrio). Emmanuel d’Hooghvorst, hablando del signo Aries, en primavera, lo expresa así: «En griego, carnero, kriόV, también es el nombre de una constelación, de un signo astrológico al que los alquymistas prestan especial atención. Es el signo de Marte o el aire, cuya unión con el cuerpo, Venus, forma el primer mercurio, el tan buscado disolvente, el comienzo de la obra. Sin este mercurio también llamado amatista, el oro jamás podría separarse de la ganga que lo encierra y sepulta como en una tumba.» El Hilo de Penélope, Reflexiones sobre la Odisea III, LA PUERTA, La Tradición Griega, Obelisco, Barcelona, 1992, p. 37.

También Pernety, en su Diccionario..., nos dice respecto del color púrpura: «...significa el color rojo purpúreo que aparece en la materia cuando está perfectamente fijada.»

[30]. Pernety dice en su Diccionario... a la voz “fuego filosófico: «Las propiedades de este fuego son tales que es con él que los Sabios lavan su materia, lo cual dicen por similitud, pues este fuego purifica su mercurio. Lo hace todo y lo destruye todo. Congela la mezcla de la Piedra. Corrige el frío de la tierra y del agua, dándoles una mejor complexión. Lava las impurezas del agua y suprime la humedad superflua de la materia. Él sólo cambia la naturaleza y el color del agua y de la tierra. Vivifica e ilumina los cuerpos cuando se mezclan con él. Este fuego putrifica y hace, a continuación, germinar cosas nuevas y distintas. Cierra los poros del mercurio, le otorga un peso y lo fija. Su virtud aguda y penetrante es tan activa que nada la iguala cuando se trata de purificar los cuerpos. Conduce a todo el compuesto a la madurez, lo sutiliza y lo rubifica. Expulsa todo el veneno y todo el hedor de la materia. Cambia la cualidad de la piedra y la aumenta en cantidad. Es, en fin, como un juez que discierne y separa lo bueno de lo malo.»

[31]. Véase el Mensaje Reencontrado, IV, 48: «Dios es como un fuego fijo y seco oculto en un fuego movedizo y húmedo. Quien lo descubre posee el dominio de la vida.»

miércoles, enero 06, 2021

LOS GIGANTES, según el Dicc. Mito-Hermético de Pernety


 GIGANTES[1]

 

Hijos del Cielo y de la Tierra. Hicieron la guerra a los dioses y quisieron destronar a Júpiter, que los fulminó a todos. Ya he explicado lo que ha de entenderse por estos gigantes en l<as Fábulas Egipcias y Griegas Desveladas, lib. 3, cap. 3 y 4.

Los Filósofos no tenían, en efecto, otra intención al inventar la fábula de los gigantes, que expresar la disolución de la materia de la Gran Obra y el combate que se realiza entonces entre ola parte volátil, que disuelve y la fija, que es disuelta en agua pero que consigue la victoria al fin fijando a su enemigo, que era un agua mercurial.

La sola etimología de los nombres que se dieron a los más famosos de estos gigantes basta para confirmarnos en esta idea: Briareo deriva de Beri, Subversa; Othus, de Onittoth, Tempestarum Vices; Ephialtes, de Evi o Ephi, nuves del Althah, Caligo, o Nubes Caliginis, o Nubes Horrida; Encelade, de Enceled, Fons Temporaneus, Torrens, La furia de las Aguas; Phorpyrion, de Phour, Frangere, Frustulatim difringere; Mimas, de Maim, grandes lluvias; Rhoecus, de Ruah, viento.


M. Peluche, proporcionándome estas etimologías en su Historia del Cielo, T. I, pag. 107 y 108, no se
imaginaba, ciertamente, aproximarse tanto al objetivo sin saberlo, pues la disolución de la materia, su volatilización y su caída en forma de lluvia están allí manifiestamente declaradas.



[1] . Diccionario Mito-Hermético, 3ediciones Indigo, traducción de Santi Jubany.

martes, enero 05, 2021

GANÍMEDES, según el Dicc. Mito-Hermético de Pernety

 GANÍMEDES[1]

 

Hijo de Tros, rey de Troya. Fue llevado al cielo por Júpiter, que había tomado la figura de un águila. Los Filósofos herméticos explican esta fábula como si fuese una alegoría de su Gran Obra.

Ganímedes es la parte fija de su materia, dispuesta en la Obra filosófica junto a la parte volátil, llamada Águila, que lleva al cielo, es decir, a lo alto del vaso, a la parte fija para caer finalmente las dos al fondo fijándose en materia sólida, a la que llaman Piedra Filosofal.

Cuando se dice que Ganímedes, después de haber sido llevado al cielo, se convierte en el copero de Júpiter, es para expresar esta lluvia formada por la materia volatilizada que al caer abreva a la materia gris llamada Júpiter, que se encuentra en el fondo del vaso.



[1] . Diccionario Mito-Hermético, ediciones Indigo, traducción de Santi Jubany.

miércoles, junio 06, 2012

DE LOS AMORES DE LOS DIOSES de Raimon Arola (fragmento)




He aquí otro artículo de este ilustrado autor subido a la página de ARSGRAVIS. En este caso es un fragmento de su libro LOS AMORES DE LOS DIOSES, de la editorial Alta Fulla, en el que también cita a Pernety. Realmente, querido lector, te recomiendo este libro pues: Partiendo de un riguroso estudio interpretativo de los grabados, el autor se adentra en el contenido alquímico de las fábulas mitológicas, que es el sentido último que permite desvelar el secreto que los antiguos poetas ocultaron bajo el velo de las maravillosas historias que nos cuentan los diferentes amores de los dioses.




MITOLOGÍA: Los amores de los dioses
Raimon Arola
Tres interpretaciones alquímicas de los amores de Júpiter con mujeres de la tierra, extraídas del libro "Los amores de los dioses" y acompañadas por tres pinturas de Correggio (1489- 1534).


Júpiter y Dánae


La leyenda que narra la concepción de Perseo siempre ha sido considerada por los alquimistas como una de las más próximas al desarrollo de su arte. La historia es muy conocida, por ello la resumiremos brevemente: Acrisio, rey de Argos, por un oráculo tuvo noticia de que su hija Dánae tendría un hijo que sería el causante de su muerte, para evitar este destino fatal, encierra a su hija en un subterráneo o en una torre de bronce, según las fuentes, donde ningún varón pudiera llegar. Sin embargo, Júpiter se enamoró de la joven princesa y se introdujo en su aposento convertido en lluvia de oro para poder amar a la bella princesa, de tal unión nació Perseo.
La relación de la fábula con el lenguaje alquímico parece más que evidente y confirma el estrecho vínculo entre la mitología y las operaciones de la gran obra. La torre en la que está encerrada Dánae representa el vaso químico en donde se desarrollará la conjunción del fijo y el volátil; es decir, de la materia, representada por Dánae, y de Júpiter, el oro de los Filósofos.
La alquimia es el conocimiento de los misterios del oro, que primero es espiritual y después físico. La lluvia de oro es el primer estado del oro, que al unirse con Dánae se convertirá en el oro físico. Creemos oportuno repetir aquí un fragmento de un texto del barón d'Hooghvorst que hemos citado en la introducción general: «El tema de toda Revelación es la gnosis del oro físico, el sol terrestre [...]. Alcanzar el secreto de la gran obra es meditar largo tiempo, con la ayuda de Dios, sobre la naturaleza del oro, a fin de saber de dónde viene y adónde debe ir, según el Arte; ya que el oro tiene un origen y un fin, es decir, una perfección [...]. Así, pues, nuestro oro puede ser volátil o fijo, espiritual o corporal» (“El Hilo de Penélope”).
La leyenda de Dánae narra en primer lugar el origen espiritual y volátil del oro que es recibido en el seno de una materia virginal, allí este oro madurará y llegará a la perfección, que es el hijo del cielo y la tierra.

Júpiter y Leda


Según una conocida leyenda, Leda era una bella princesa hija de Testio, rey de Etolia, y esposa de Tindáreo. Un día Júpiter la vio bañándose en el río Eurotas e inmediatamente fue preso de un intenso amor por ella, como en tantas otras ocasiones en las que el espíritu universal se siente atraído por la belleza de los cuerpos. Júpiter le pidió entonces a Venus que se convirtiera en águila y él tomó la forma de un blanco cisne, el águila simuló estar persiguiendo al cisne, por lo que éste buscó refugio entre los brazos de la bella princesa con quien finalmente se unió. A los nueve meses Leda puso dos huevos, de uno nació Pólux y del otro Cástor, al primero se le considera hijo de Júpiter y por lo tanto inmortal, mientras que el segundo se dice que era fruto de Tindáreo y en consecuencia de naturaleza mortal.
La vida de Cástor y Pólux fue muy agitada y llena de combates, en uno de ellos Cástor fue muerto por Linceo, pero cuando Pólux lo vio, pidió a su padre Júpiter que permitiera a su hermanastro compartir la eternidad con él, a lo cual accedió Júpiter y los catasterizó a ambos en la constelación de los Gemelos o Géminis.
Pero para que Cástor pudiera ser inmortal Pólux debió bajar a los infiernos y allí recoger a su hermanastro muerto, tal como lo explica Virgilio: «Pólux recobró a su hermano, muriendo en su lugar, y anda y desanda tantas veces su camino» (Eneida VI, 121); en la Odisea también leemos una cosa parecida: «en turno van viviendo y muriendo uno y otro al cambiar de los días y reciben honor semejante a los dioses»(XI, 302).
Este proceso es explicado por Boccaccio en los siguientes términos: «mientras uno desciende a los infiernos, a saber, el que muere primero como mortal, el otro está como divino entre los dioses, y al revés» (Genealogia deorum gentilium), es decir, cuando el inmortal desciende a los infiernos, el mortal, Cástor sube a los cielos.
La alternancia entre la vida y la muerte de los hijos de Leda, parece enseñar los misterios profundos de la doble naturaleza del hombre. Una parte, representada por Cástor, es el hombre carnal, fruto de la caída de los primeros padres, el otro, Pólux, representa la semilla celeste enterrada en el corazón del hombre. Uno y otro se necesitan, pues Pólux no puede encarnarse sin Cástor, ya que gracias a él desciende desde la morada de inmortalidad hasta el oscuro infierno, así mismo, Cástor no puede divinizarse sin Pólux.
La alternancia entre la muerte y la vida de estos dos héroes parece señalar también las sucesivas transmisiones que configuran la auténtica cadena de la tradición.

Júpiter y Antíope


Las representaciones de sátiros sorprendiendo a bellas ninfas dormidas son muy frecuentes tanto en la Antigüedad como en el Renacimiento. Las ninfas acostumbran a descansar escondidas en lugares frondosos, junto a una fuente o un río, pues son, según Porfirio, «los poderes que presiden las aguas» (El antro de las ninfas de la Odisea), pero los sátiros, que simbolizan las fuerzas del fuego, las buscan, las espían y las descubren para unirse a ellas.
Gracias a Ovidio sabemos que «Júpiter, oculto bajo las apariencias de un sátiro, llenó la bella Nicteide de prole gemela» (Metamorfosis VI, 108). La bella Nicteide, es decir la hija de Nicteo, es Antíope; de ella dijo Homero: «gloriosa por haber descansado en los brazos de Júpiter, del cual tuvo dos hijos, a Zeto y Anfión, los primeros fundadores de Tebas» (Odisea XI, 260). Tradicionalmente se consideraba que las siete salidas o puertas de Tebas, hechas por Zeto y Anfión, eran de metal filosófico producido por el Arte alquímico.
Nicteo en griego deriva de nux, ‘noche, oscuridad, sombra’, por lo que se entiende que Antíope es la hija de la noche u oscuridad. Pernety nos ofrece una lectura alquímica de esta etimología al afirmar que Nicteo significa: «la coagulación de la materia al salir de la putrefacción, durante la cual esta materia se convierte en negra, y es llamada noche» (Les fables égyptiennes et grecques dévoilées…). En este momento del desarrollo de la obra alquímica, la materia sale de la negrura y se vuelve blanca, entonces está preparada para ser fecundada por el cielo, por ello Júpiter -representado en el grabado en forma de sátiro- levanta el vestido de la ninfa, pues desvela la blancura que contiene la materia negra.
Que Júpiter se esconda bajo las apariencias de un sátiro parece enseñarnos que el alma divina para unirse a la materia -cuya imagen en este caso es Antíope- necesita de los espíritus elementales y las fuerzas de la naturaleza, que en los relatos míticos están representados por los sátiros. El autor de la Concordance Mytho-Physico-Cabalo-Hermétique escribe lo siguiente sobre la función de los sátiros como espíritus elementales:
«El alma del hombre es la pureza por excelencia; el cuerpo material está compuesto por una pasta terrestre y muy corruptible. Una es una sustancia pensante cuyas funciones se limitan a la reflexión; el otro es un cuerpo pesado y maquinal cuyas funciones se limitan a la más perfecta obediencia. Estas cualidades opuestas nunca hubieran podido formar un todo si un intermediario no las hubiera acercado. Es la sustancia espiritual [representada según el autor por los sátiros, faunos y cobales] a la que le está reservado ser el vínculo de estos dos extremos; sin este cuerpo espiritual que está en medio y que sirve de envoltura al alma, ésta nunca hubiera podido unirse ni atarse al cuerpo material a causa del alejamiento y de la oposición de sus principios. Hacía falta, pues, que para servir de morada a uno y para preservar al otro de la corrupción, el espíritu tuviera algo de lo terrenal de uno y de lo sutil del otro».
En la mitología griega los sátiros eran genios espirituales sin genealogía ni leyendas propias, su cuerpo era medio humano y medio caprino, para indicar que tenían algo de terrenal y algo de sutil. Los sátiros, al igual que el dios Pan quien a veces era considerado como su padre, representaban la naturaleza media de la creación. Alciato dedica uno de sus emblemas a la «La fuerza de la naturaleza» y la describe de la siguiente manera: «Las gentes veneran a Pan -es decir la naturaleza de las cosas-, hombre mitad cabrón y dios mitad hombre. Es hombre hasta el pubis, porque nuestro valor, plantado en el corazón al nacer, se asienta sublime en lo alto de la cabeza. Desde aquí es cabrón, porque la naturaleza nos propaga secularmente por medio del coito, como a las aves, los peces, los brutos y las fieras» (Emblemas).
El hecho de que Júpiter se esconda bajo la forma de este ser de doble naturaleza  parece indicar que la causa primera de la creación no engendra el cosmos directamente, sino por medio de la naturaleza, lo que durante el Renacimiento se llamó la causa segunda. Juan Pérez de Moya explica que los antiguos entendieron por Pan «la causa segunda, obradora de la voluntad divina de Dios, criada de su divina providencia. […] Dijeron ser hijo de Hermes, porque por Hermes entendían la voluntad o mente divina, la cual guía el nacimiento o generación de las cosas» (La filosofía oculta).