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viernes, febrero 16, 2007

Las Virtudes de la Medicina (del Tratado de la Obra Hermética)

Ella es, según el decir de todos los filósofos, la fuente de las riquezas y de la salud, puesto que con ella se puede hacer oro y plata en abundancia y porque se pueden curar no solamente todas las enfermedades que pueden ser curadas, sino que, mediante su uso moderado, se las puede prevenir. Un sólo grano de esta medicina o elixir rojo dado a los paralíticos, hidrópicos, gotosos, leprosos, los curará con tal que tomen la misma cantidad durante algunos días solamente. La epilepsia, los cólicos, los reumas, flemones, frenesí y toda enfermedad interna no se pueden mantener contra este principio de vida. Algunos adeptos han dicho que da oído a los sordos y vista a los ciegos, que es un remedio seguro contra toda clase de enfermedades de los ojos, todos los apostemas, úlceras, heridas, cáncer, fístulas, hierba de santa Catalina y todas las enfermedades de la piel, haciendo disolver un grano de ella en un vaso de vino o de agua, al que importunen los males exteriores; que funde poco a poco la piedra en la vejiga; echa todo veneno y ponzoña al beberla como dice aquí arriba.
Raimon Llull[1] asegura que es en general un remedio soberano contra todos los males que afligen a la humanidad, desde los pies hasta la cabeza, que los cura en un día si han durado un mes, en doce días si son de un año y en un mes por viejos que sean.
Arnaldo de Vilanova[2] dice que su eficacia es infinitamente superior a todos los remedios de Hipócrates, Galileo, Alejandro, Avicena y de toda la medicina ordinaria; que alegra el corazón, da vigor y fuerza, conserva la juventud y hace rejuvenecer la vejez. En general, que cura todas las enfermedades tanto cálidas como frías, tanto secas como húmedas.
Geber,[3] sin enumerar las enfermedades que esta medicina cura, se contenta en decir que supera a todas aquellas que los médicos ordinarios consideran como incurables. Que rejuvenece la vejez y la mantiene con salud durante largos años, más allá de lo normal, tomando solamente tanto como un grano de mostaza dos o tres veces a la semana en ayunas.
Filaleteo[4] añade a esto que limpia la piel de todas las manchas, arrugas, etc. Que libera a la mujer, en el potro de sujeción, del niño, si está muerto, teniendo solamente el polvo en la nariz de la madre y cita a Hermes para garantizarlo. Asegura haber sacado él mismo, de los brazos de la muerte a enfermos abandonados por los médicos. Particularmente se encuentra la manera de hacer uso de ella en las obras de Raimon Llull y de Arnaldo de Vilanova.
[1] . Raimon Llull, Testamento.
[2] . Arnaldo de Vilanova, Rosario.
[3] . Geber, Suma.
[4] . I. Filaleteo, Entrada abierta al palacio cerrado del Rey.