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sábado, noviembre 17, 2007

LA CAÍDA DE ÍCARO (artículo de Nadine Coppin)



LA CAÍDA DE ÍCARO Nadine Coppin[1] Quien ha obtenido el agua de la tierra debe buscar la tierra del agua para perfeccionar la obra del Señor. L. Cattiaux[2] La Caída de Ícaro, de Breugel, expuesta en el Museo de las Bellas Artes de Bruselas, es un extenso y apacible paisaje del que se dice que Ícaro sólo sería el pretexto. El señor van Lennep[3] discierne allí la ilustración minuciosa de un tema alquímico. ¿Era alquimista Bruegel? Fuimos –dice él– el primero en suponerlo, a la vista de su obra donde el pensamiento alquímico queda evidente en el transcurso de una evolución cuya culminación son la Dulle Griet y la Caída de Ícaro. Instruido por su ilustre predecesor Jerónimo Bosch (el Bosco), cuya enigmática obra pictórica está repleta de ciencia hermética, Pieter Breugel dicho el Anciano,[4] imprimió en el Renacimiento flamenco su truculencia. Como escrupuloso observador de la naturaleza y de su tiempo, ilustra el humanismo particular de su época donde se imponen Erasmo y Rabelais. Circulaban entonces, tanto en Flandes como en Italia,[5] alquimistas de renombre que sembraban la Europa en fermentación con textos tanto antiguos como contemporáneos salidos de las imprentas de los primeros impresores. Aunque sospechosa, su ciencia no había conocido aún el oprobio de la Iglesia, los príncipes se dedicaban a ella abiertamente. Los textos griegos atribuidos a Hermes, descubiertos en el 1460 y traducidos por Marsilio Ficino,[6] rejuvenecían la antigua ciencia hermética venida del fondo de las edades. El decorado estaba a punto para suscitar un sabio imaginero. LA FÁBULA Dédalo construyó en Creta para el rey Minos un laberinto para encerrar al Minotauro. Acusado de haber indicado a Ariadna la tan conocida astucia que permitió al héroe Teseo salir de allí vencedor, fue encerrado con su hijo Ícaro. Huyendo del reino de Minos, su prisión, Dédalo después de haber osado confiarse al cielo con unas ligeras plumas se escapó por un inusual camino,[7] no sin haber recomendado a su hijo la vía del medio, por temor que demasiado abajo las olas entorpecieran las alas y muy alto el fuego las consumiera... Pero el muchacho empezando a regocijarse del audaz vuelo abandonó a su guía, y atraído por el deseo del cielo, tomó un camino más elevado. El acercamiento al rápido Sol ablandó las olorosas ceras que ataban las alas derritiéndose. Sacudía los brazos, y desprovisto de remo, no percibió ninguna brisa, y sus gritos clamando el nombre del padre fueron acogidos por la azul agua, que sacó de él su nombre.[8] El oleaje devolvió al padre su hijo sin vida que enterró en la arena de la orilla antes de reemprender su viaje. Pernety que dice escribir para aquellos que no pudiendo salir del laberinto donde se encuentran atrapados... buscarán aquí un hilo de Ariadna, nos acompañará a lo largo de este estudio. A sus ojos las fábulas describen todo lo que pasa sucesivamente en la gran obra. Esto es porque el adepto es el único capaz de dar a las fábulas la verdadera explicación que les conviene.[9] También nos apoyaremos sobre dos pasajes de Giovanni Bracesco, donde cita respectivamente a Raimon Llull y a Geber.[10] DÉDALO Las figuras mitológicas siempre tienen varios grados de lectura. Dédalo artista conduce la obra dando alas al fijo y un sepulcro al volátil. Constructor del laberinto extravía al buscador, de oscuras enseñanzas, en enigmas inexpugnables. Es necesario el hilo de Ariadna para tener éxito y volver a salir, es decir, que es preciso ser dirigido por un filósofo que él mismo haya hecho la obra.[11] Seguiremos aquí la lectura más sabia de Bracesco. El nombre de Dédalo –dice– es un término griego que significa «vario» en latín, y para nosotros designa el azufre... se le llama con el nombre de Marte. Es muy variado porque se transforma de un color a otro y de una naturaleza a otra. Dédalo, materia de la obra, toma los colores significativos de las operaciones que se suceden, azufre y mercurio circulan para desembocar en la fijeza perfecta. El azufre de los sabios –precisa Pernety– no se distingue sensiblemente de su mercurio... el verdadero azufre de los filósofos es el grano fijo de la materia, el verdadero agente interno que actúa, digiere y cuece su propia materia mercurial, en la cual se encuentra encerrado.[12] Para el sabio benedictino [Pernety], Dédalo e Ícaro son el símbolo de la parte fija del magisterio que se volatiliza. Dédalo representa el primer azufre, más espeso, de donde nace el segundo, que tras haber sido sublimado hasta lo alto del vaso, recae en el mar de los filósofos.[13] Maier ayuda a comprender cómo, según un proverbio de los filósofos, dos cosas pueden ser una sola. La materia del arte –dice– es Osiris. Este es disuelto, desmembrado por su hermano Tifón y después coagulado, es decir, que Isis reúne y une estas partes. Isis y Osiris son un solo y mismo sujeto en el cual se encuentra Osiris el macho e Isis la hembra,[14] tal hermano y tal hermana provienen los dos de un mismo cuerpo. Mercurio es tomado por el todo e Isis y Osiris por las partes. Aunque se les pueda decir tres son sin embargo dos, y en realidad uno. Pues uno saca su nacimiento del otro.[15] En efecto, –dice la Escritura– si la mujer ha sido sacada del hombre, el hombre también nace de la mujer, y todo viene de Dios.[16] ¡Qué poeta –exclama Emmanuel d’Hooghvorst– aquel discípulo del Arte que prepara y dispone este comercio donde Isis y Osiris se conocerán, dos en uno, leído Pan! [...]Los novios del Arte son, pues, como dos sentidos, el solve y el coagula leídos en uno solo.[17] La disolución es llamada negrura, tiempo de Saturno. Luego sigue la blancura, que es coagulación en el fondo del vaso. Bruegel ha escogido el momento preciso en el que, superada la negrura, finalmente se contempla el tiempo del Arte. ÍCARO Repasemos, en el laberinto o dédalo de los textos, el periplo de Ícaro. Aunque su caída a menudo sirva de imagen para las desgracias del alquimista extraviado, víctima de su ignorancia y su temeridad, la sudorosa escuela[18] de Hermes interpreta este drama como una feliz caída. Sin el volátil cayendo en el mar filosófico no hay nada de la obra, el desierto mar es: oculta vida de Ícaro no engendrada donde el ángel sólo vuela en sueño.[19] ¿Quién es Ícaro? Para Bracesco, el azufre muy fijo es pariente de otro azufre, muy sutil y fusible, pius volátil, llamado arsénico, pues según Geber: «el arsénico es de una materia sutil, parecida al azufre».[20] La materia del arte sacerdotal –dice Fabre du Bosquet– es un limo compuesto de tierra y agua, es decir, de dos sustancias una fija y otra volátil. La obra requiere que se separe el agua de la tierra y que tras, haberlas purificado, se las reúna de nuevo. «Sube de la tierra al cielo y de nuevo desciende a la tierra»; esta operación sucede en el vaso del artista; es el efecto de la circulación, por medio de la cual las virtudes de la sustancia volátil se comunican, se mezclan y se confunden con las de la sustancia fija que está en el fondo del vaso.[21] El agua comunica su volatilidad a la tierra, después recae en forma de lluvia y recibe de la tierra la fijeza hasta que se vuelve tierra. Dicho de otra manera: reaz el barro y cuécelo.[22] El arsénico, en tanto que fusible, también es un veneno, cualidad expresada por la negrura. En la putrefacción –dice Pernety– nacerá un cuervo que poco a poco levantará su cabeza... desplegará sus alas y empezará a volar... lavado y blanqueado por una constante lluvia.[23] Pues este cuerpo imperfecto, su luna, su hembra, debe ser purificado. El signo de su perfecta sublimación o depuración es un color blanco, celeste, resplandeciente como el de la plata más fina... ent
onces esta prostituida hembra es restablecida a su estado de virginidad intacta.[24] Lo que el Mensaje Reencontrado describe en tres etapas: El transeúnte de Dios abre el frasco santo que la vieja prostituta conservaba escondido bajo sus oropeles. Al primer sorbo vuelve a ser joven y bella... Al segundo trago, todo el cuerpo de su belleza resplandece de la dulce luz de Dios y sus harapos yacen consumidos a sus pies. A la tercera toma, canta... y velada por su cabellera dorada, danza con las vírgenes el paso de la vida libre y santa.[25] Los tres colores de la obra están aquí ilustrados, los oropeles para el negro, la luz divina para el blanco, la cabellera para el dorado o rojo. Tras el color negro, llave de la obra, confirma Pernety, el segundo signo demostrativo o el segundo color principal es el blanco. Hermes dice: ...El buitre grita desde lo alto de la montaña: Soy el blanco del negro; porque la blancura sucede a la negrura. Morien llama a esta blancura humo blanco. Alfidius la llama plata viva de los sabios. Salido de un primer azufre calificado de macho, el segundo azufre define su propiedad volátil por la cualidad femenina y mercurial. Esta plata viva... extraída de esta negrura muy sutil, es el mercurio tingente filosófico. Se le llama mercurio purificado, arsénico, oro blanco, fundamento del arte, Luna en su plenitud, menstruo, mercurio en su poniente, sal, azufre blanco, velo blanco.[26] Pernety precisa que este principio volátil, que hace el oficio de hembra, su Luna,[27]es de dos clases. La primera, su agua mercurial llamada Isis, mediante el arte se convierte en otra, la Isis hermana y mujer de Osiris, es decir, aquella misma agua mercurial volátil, reunida con su azufre, y llega al color blanco.[28] Estas dos Isis devienen, en nuestra fábula, padre e hijo. Así el hijo se define como mercurio animado, mercurio doble, es decir, mercurio de los sabios animado del azufre metálico.[29] La llama también Saturnia vegetable, llamada Venus, espuma del mar Rojo, su Luna y su hembra. Se la cualifica vegetable, porque vegeta durante las operaciones, y porque ella encierra el fruto del oro.[30] Se dice que Venus es la esposa de Vulcano, para indicar que la materia del arte contiene el fuego central como Isis contenía a Osiris en su seno, y como Juno contenía a Júpiter.[31] Se piensa en el piadoso Eneas que, al salir de la ruina de Troya, leamos la disolución, llevaba sobre sus espaldas a su padre, ciego y paralítico.[32] Así mismo en la Escritura, Noé dejó ir al cuervo, que salió yendo y viniendo, hasta que las aguas se secaron encima de la tierra. Dejó ir la paloma... pero la paloma al no haber encontrado donde poner la planta de su pié volvió hacia él... esperó aún siete días y de nuevo dejó ir a la paloma... la paloma volvió hacia él llevando en el pico una hoja de olivo totalmente fresca... Espera aún otros siete días y deja ir la paloma y esta ya no vuelve.[33] De esta arca que contiene todo se escapa una materia negra y volátil, circulando, yendo y viniendo, hasta volverse blanca, siempre volátil, no encontrando donde poner el pié. Finalmente fijada en cuerpo, la piedra al blanco vegeta como un brote verde, hasta la rojez o piedra perfecta. Breugel sólo pinta de Ícaro dos minúsculas piernas pálidas flanqueadas por unas alas blancas. Entorno a él la sombría ola se fragmenta en pequeñas olas también blancas. LAS ALAS ¿De qué manera el fijo se vuelve volátil? Bracesco explica con detalle la naturaleza de estas alas con las que intentan volar y elevarse a las alturas... Los cuerpos que tienen necesidad que se les administre las cosas que levantan y exaltan, son Venus y Marte, a causa de su fusión, es decir, solución, lenta (el grano fijo llamado azufre volatilizándose en último lugar). Venus tiene necesidad de la tutía, y Marte del arsénico, pues por ello se elevan y se dirigen fácilmente hacia lo alto, habiéndose dado que haya entre ellos una gran correspondencia. Y en efecto ¿no son calificados de parientes? Para su sublimación Venus tienen necesidad de la tutía. Por la tutía es significada el agua mercurial que, por destilación, expresa de dicha sal extraída de la piedra, a Venus que designamos con el nombre de Ícaro... Las alas con las que Marte se eleva de dicha piedra, designan el arsénico. Bracesco describe aquí la materia que se volatiliza: azufre fijo, azufre volátil, agua mercurial, lo más sutil llevando consigo lo más espeso. En efecto, Dédalo necesita a Ícaro para sublimarse, así como Anquises, ciego y paralítico necesita a Eneas para escapar de la destruida Troya. Pues la humedad y la acritud del vinagre –explica Bracesco– disuelven y atraen hacia ellas la sustancia de la sal, con la cual también atraen al sutil azufre llamado arsénico, encerrado en la profundidad de la misma sal. Y puesto que este sutil azufre es de la sustancia de este azufre llamado Marte, este azufre sutil llamado arsénico, al mismo tiempo que la sal, atrae hacia él y hace subir y sublimar a aquel que es más espeso, llamado Marte. Puesto que entonces están ligados juntos, y uno no puede elevarse sin el otro... Pues a causa de la ligadura de los azufres, en esta putrefacción, el arsénico atrae a Marte y hace que se dirija hacia lo alto y sublime. Entonces se comprende mejor porqué Breugel no ha representado al padre desconsolado. Pues llevado con él, en él, no puede ser disociado de su hijo. EL NAVÍO Pero por la susodicha agua –nos precisa aún Bracesco– es proyectado sobre la orilla, es decir, en la superficie, en esta película [de espuma] y dicha navecilla. ¿Qué es esta navecilla? Apuleyo, haciendo hablar a Isis, describe este bendito momento: Cuando las tempestades del invierno serán apaciguadas, el agitado mar, turbio y tempestuoso, será calmado, apacible y navegable, mis sacerdotes me ofrecerán una navecilla en demostración de mi pasaje por mar en Egipto bajo la conducción de Mercurio y comandado por Júpiter.[34] En Egipto, donde ha amainado, es un viento suave,[35] guiando las navecillas filosóficas. La obra –confirma Fulcanelli– ofrece una gran analogía con las travesías marítimas y las tempestades que allí les acogen. Es un mar agitado y de gran oleaje que presenta en pequeño la ebullición constante y regular del compuesto hermético... Entonces resurge la calma, el aire se purifica... una película cubre toda la superficie, y... señala el fin del diluvio... el nacimiento de Diana y Apolo, el triunfo de la tierra sobre el agua… la armonía resultante del perfecto equilibrio de los principios,[36] armonía pintada majestuosamente por Breugel para expresar, no obstante, la dramática caída de Ícaro. Cerca de Ícaro las caídas alas se hunden en el agua, blancas como el velo perdido por Proserpina en el lago de la ninfa Cianea.[37] Pues –según Bracesco– la parte oleosa siempre sobrenada. Para Pernety, el aceite incombustible, es su azufre,[38] y Artefius dice que la blancura viene de lo que el alma del cuerpo sobrenada por encima del agua como una crema blanca... Los espíritus... han perdido su volatilidad.[39] Entonces la Isis mercurial navega en su navecilla con las velas extendidas al dulce céfiro, huella de su pasaje por la tierra filosófica o santo Egipto[40] donde Ícaro será amortajado. La inhumación filosófica no es otra cosa que la fijación, o el retorno de las partes volátiles.[41] Es por lo que –continúa Bracesco– una vez desecada el agua, el azufre mismo fue amortajado en la arena, es decir, en este azufre llamado Marte, sutilizado en forma de arena muy sutil y muy luminosa. EL SOL El sol que brilla en el horizonte –señala justamente van Lennep– normalmente debería encontrarse lo suficientemente alto como para explicar la caída de Ícaro, extraño anacronismo... Sólo la filosofía hermética que prevalecía, entre los humanistas, en el siglo de Breugel puede explicar esta singularidad. El gran secreto es blanquear el latón... En este momento crucial, el nuevo cuerpo resucita bello, blanco, inmortal, victorioso. Es por lo que se le ha llamado resurrección, luz, día.[42] Este color blanco es Diana ayudando como partera al glorioso nacimiento del Apolo solar, de color rojo. El color citrino sigue inmediatamente al blanco. Breugel ilumina el cielo libre de amarillo por el sol victorioso. Se adivina por encima de la tierra aún oscura, la elevación de los vapores en el aire, donde se condensan en nubes.[43] Cuando el sol se levanta aleja las nubes, la tempestad filosófica se aleja, el invierno deja paso a la primavera. Saturno a Júpiter. Es el alba de un nuevo día. El alquimista, tras el largo periodo del sombrío Saturno, puede contemplar finalmente la gloriosa obra que se desvela en su atanor.[44] LOS PERSONAJES Los testigos del fabuloso vuelo, descritos brevemente por Ovidio, ocupan aquí todo el cuadro. Los debió ver alguien que pescaba con la trémula caña o un pastor cogido a su cayado o un labrador inclinado sobre la mancera del arado y quedaron estupefactos (obstupuit).[45] Por lo tanto ninguno de los personajes de Breugel parece ver el drama. El pescador se gira hacia el mar, pero no ve más allá del extremo de su caña. El verbo obstupescere parece tomado aquí por Breugel en su sentido etimológico: «quedarse inmóvil,
insensible, paralizado», «adormecerse». El mundo adormecido (entorpecido), y siendo incapaz Ícaro de coger el éter,[46] no percibe nada de lo que se cumple ante sus ojos de ciegos.[47] En la obra el labrador prepara la tierra, imagen del fijo. La mirada del campesino se dirige hacia el sol, y el color rojo de su camisa es el que en la tradición se asocia a la tierra. Sólo un caballo, a menudo tomado por los filósofos herméticos como símbolo de las partes volátiles de su materia, a causa de su ligereza en la carrera,[48] puede abrir la tierra dormida. Si el caballo pone en movimiento al fijo, el bastón estabiliza al pastor que, vestido de color azul celeste, confirma su función volátil contemplando el cielo. A sus lados, el perro, símbolo del mercurio, está curiosamente inmóvil.[49] También puede ser, a sus pies se encuentra un perro enmudecido que sólo inicia en los aullidos solitarios.[50] Estos dos, fijo y volátil, separados no pueden participar en la obra y por lo tanto le dan la espalda. En la parte baja del valle, muy ensombrecido por la vegetación, reposa un enigmático personaje. Se pregunta a menudo –prosigue van Lennep– a propósito de este hombre que yace bajo un zarzal. Dos interpretaciones alquimistas son posibles. Podría tratarse de la «cabeza muerta» (capuz mortuum) de la que Pernety dice que «son las heces que permanecen en el fondo de la cucúrbita... tras la sublimación.[51]... La segunda interpretación, es la de la nigredo, es el grano que se pudre. Basilio Valentín muestra un sembrador esparciendo el grano ante una tumba y un yaciente. El texto explica que «no puede germinar ninguna simiente sin que primeramente se pudra».[52] En la recopilación de Milius, el adepto siembra en plena tierra. Esta bordea el mar donde se tienen en pie los esposos reales alados... Este mar se encuentra de nuevo en Breugel así como la alusión a las alas, imágenes de la volatilidad. Vestido de blanco, el pescador tiende hacia el mar su caña. Su sombrero rojo y azul parece reunir las dos materias. Pero en la iconografía tradicional, el tocado o sombrero indica el pensamiento. Lo que aquí no sería más que un deseo que no puede realizar en cocción de Arte, pues la década no ha llovido en su pote. Además pote emplazado en tierra cerca de él y que parece, pues, vacío sin Arte, sus ideas no tienen ningún peso... es una obra en espíritu.[53] Escudriña vanamente el mar donde no ve ni gota. ¿Quién puede, pues, pretenderse discípulo de la alquimia sin haber visto, en la luciente copa, tierra y fuego fluyendo del aire que llueve?[54] Dejemos al señor van Lennep la última palabra: La caída de Ícaro de Breugel... puede aparecer como una deslumbradora síntesis de la filosofía hermética... Que Breugel haya sido como Bosch, instruido particularmente en los símbolos y preceptos alquímicos, para nosotros no cabe ninguna duda. El sabio se aplicará en interpretar Las expresiones, las sentencias y Los enigmas de los antiguos sabios. Salomón.[55]
[1] . [N. del T] Artículo aparecido en la revista virtual nº 2 de http://ww/w.beyaeditions.com y aprovecho esta nota para agradecer a Beya y a madame Nadine Coppin su amabilidad al permitir publicar una traducción de su magnífico artículo en este vuestro blog. [2] . Le Message Retrouvé, V,9, dans: L. Cattiaux, Art et hermétisme, Beya, Grez-Doiceau, p.78. [también en : El Mensaje Reencontrado, ed. Sirio, Málaga 1996, vers. V, 9.
[3] . Señalamos que las citas del señor J. van Lennep están sacadas de su excelente obra Alchimie, Crédit comunal, 1984, pp. 253-255 (sobre el laberinto) y pp. 309-366 (sobre la relación de Bosch y Bruegel con la alquimia). Precisemos también que en este artículo todas las citas están puestas en cursiva. [4] . Nacido cerca de Brada hacia el 1525-1530, recibió el franc-maitre en 1551, murió en Bruselas en 1569. [5] . Bruegel viajó allí en 1552-1553. [6] . Marsilio Ficino (1433-1499), italiano humanista platónico. [7] . Virgilio, Enéida,VI, 14 y 15. [8] . Ovidio, Metamorfosis, VIII, 204-205 y 223-230. [9] . Dom A. J. Pernety, Dicctionnaire mito-hermétique, Denoël, 1972, p. 228, s.v. «métaux», [También ed. Índigo, traducción de S. Jubany, Barcelona 1993, “metales”. [10] . G. Bracesco, Dialogue, p. 565, y Le Bois de vie, p. 911, en : j.j. Manguet Bibliotheca chemica curiosa. Chouet etc, Genève, 1702 (reed. Arnaldo Forni, Naples, 1976) Señalamos que todas las citas de estos dos textos tan próximos están sacadas de las páginas 584, 923 y 924. [11] . Dom A. J. Pernety, op., cit., p. 183, s.v. “labyrinthe” [«laberinto»] [12] . Ibid., p. 338 y 339, s.v. “labyrinthe” [«laberinto».] [13] . Ibid., p. 169, s.v. «Ícaro». [14] . Michael Maier, Les Arcanes très secretets, Beya, Grez-Doiceau, 2005, p. 33-34. [15] . Ibid., p. 42. [16] . S. Pablo, I Corintios, XI, 12. [17] . E. d’Hooghvorst, Le fil de Pénélope, t. I, La Table d’émeraude, Paris, 1996, p. 81. [también en El Hilo de Penélope, Arola Editors, Tarragona 2000, p. 85] [18] . Ibid. [19] . Ibid. [20] . Geber, La Somme de la Perfection, en: J. Mangin de Richebourg, Bibliothéque des philosophes chimiques, t. I, Beya, Grez-Doiceau, 2003, p. 170. [21] . Fabre du Bosquet, Concordance mito-physico-hermétique, Le Mercure dauphinois, Grenoble, 2002, p. 40 y 55. [también en ediciones Obelisco, Barcelona,1986.] [22] . Le Message Retrouvé, dans L.Cattiaux, op.cit., p. 178. [El Mensaje Reencontrado, XV, 68 y 68’] [23] . Dom A. J. Pernety, Les Fables egyptiennes et grecques, t. I, Paris, 1786 (red. La Table s’émeraude, Paris, 1982) p. 191. [24] . Idem. Dictionaire mito-hermétique, op. cit., p. 88 y89, s. V. «corps». [ibid « cuerpo »] [25] . «Le Message Retrouvé», XXX, 11 à 14, en L. Cattiaux, op. cit, t.i, p. 338. [26] . Dom A. J. Pernety, Les Fables egyptiennes et grecques op. cit., t. I, p. 183-185. [27] . Idem, Dictionnaire mito-hermétique, op. cit. P. 58, s. v. «arsenic». [28] . Ibid, p. 197, s, v, «Lune». [29] . ibid, p. 224, s, v, «mercure». [30] . Ibid, p. 326, s, v, «Saturne» [31] . Fabre du Bosquet, op. cit., p. 43 [32] . E. d’Hooghvorst, op. cit., p. 25; también p. 110. [Hilo de Penélope, 25-115] [33] . Génesis, VIII, 7-12. [34] . Apuleyo, El Asno de Oro, XI, 5. [35] . E. d`Hooghvorst, op. cit., p. 62 y 63. [Hilo de Penélope, 64-65.] [36] . Fulcaneli, Les Demeures philosophales, t.II, Pauvert, Paris, 1979, p. 187 y 188. [37] . Dom A. J. Pernety, Le Fables Egyptiennes et grecques, op. cit. T.II, p. 282. Recordemos que cianea quiere decir azul. [38] . Idem, Dictionnaire mytho-hermétique, op.cit., p. 161. [39] . Idem, Les Fables Egyptiennes et Grecques, op. cit., p. 185. [40] . E. d`Hooghvorst, op. cit., p. 218. [41] . Dom A. J. Pernety, op.cit., t I, p. 304. [42] . Ibid. [43] . Ibid, p. 95. [44] . Estamos de acuerdo con la opinión del señor van Lennep que reconoce en el cuadro un sol levante. Sin embargo un pasaje del Consejo de las bodas citado por Maier (op.cit., p. 177) invita a la prudencia: «La [piedra] blanca empieza a aparecer al ocultarse el Sol sobre la faz de las aguas... mientras que el rojo lo hace a la inversa puesto que empieza a subir por encima de las aguas cuando el Sol se levanta...» [45] . Ovidio, Metamorfosis, VIII, 217-219- [46] . Ibid., 219. [47] . Cf. Message Retrouve, XXI, 53, en: L. Cattiaux, op, cit., p. 250. [48] . Dom A. J. Pernety, Dictionnaire mito-hermétique, op, cit., p.80, s.v. «cheval». [caballo] [49] . Cf. Ibid, p. 80, s.v. «chien». [perro] Maier, op.cit., p.64, precisa que el perro y el lobo son dos partes en un solo sujeto de las que una es más domesticable y más tratable, es decir, menos fugaz. [50] . E. d’Hooghvorst, op.cit., p. 74. [Hilo de Penélope, p.77.] [51] . Pernety, Dictionnaire mito-hermétique, op.cit., p. 351, s.v. «tête de corbeau». [cabeza ce cuervo] [52] . Cf. Las Doce Llaves de Filosofía, : J. Mangin de Richebourg, op.cit., t. II, p. 40-41. [53] . E. d’Hooghvorst, op.cit., p. 74. [Hilo de Peélope, p-76.] [54] . Ibid., p. 108. [Ibid., p. 113.] [55] . Salomón, Proverbios, I, 6.

martes, mayo 01, 2007

El Toisón de Oro, su explicación (4)


Hemos explicado extensamente el primero (de los trabajos) para dar una idea de los otros; es por lo que seremos más breves en los dos siguientes. Una infinidad de obstáculos y de peligros salen al paso de Jasón. Un dragón grande como un navío de cincuenta remos es el guardián del jardín donde está el Toisón de oro, es preciso que lo venza pero ¿quién osaría intentarlo sin la protección de Palas y el arte de Medea? Este es el dragón del que tanto hablan los filósofos, de los cuales es suficiente aportar solamente algunos textos. Es preciso –dice Raimon Llull–[1] extraer de estas tres cosas el gran dragón, que es el comienzo radical y principal de la alteración permanente. Y más abajo (cap. 10), Por esta razón es preciso decir alegóricamente que este gran dragón sale de los cuatro elementos (cap. 9). El gran dragón es rectificado en este licor (cap. 52). El dragón habita en todas las cosas, es decir, el fuego en el cual está nuestra piedra aérea. Esta propiedad se encuentra en todos los individuos del mundo (cap. 54). El fuego contra natura está encerrado en el menstruo fétido que transmuta nuestra piedra en cierto dragón venenoso, vigoroso y voraz que pone en cinta a su propia madre.

Son pocos los filósofos que no empleen la alegoría del dragón, se encontrarán pruebas de ello más que suficientes en toda esta obra. Este dragón, al ser un fuego, según la expresión de Raimon Llull, no es sorprendente que se haya figurado que el del Toisón de oro arrojara fuego por la boca y las narices. Sólo se puede conseguir matarlo echándole en la gola una composición narcótica y somnífera, es decir, que sólo se puede llegar a la putrefacción de la materia fija con la ayuda y la acción del agua mercurial, que parece apagarlo disolviéndola. Y sólo es por este medio que se le pueden arrancar los dientes, es decir, la simiente del oro filosófico, que debe ser sembrada seguidamente. Cada operación es una repetición de la que le precede, en cuanto a lo que se manifiesta en el progreso, es fácil de explicar la una cuando se tiene la inteligencia de la otra. Ésta comienza pues, como la precedente, por la putrefacción; el género de muerte de este dragón y los accidentes que le acompañan están expresados en el testamento de Arnau de Vilanova.[2] Espagnet dice[3] también que sólo se puede vencer al dragón bañándolo en el agua. Es esta agua límpida que Medea le da a Jasón.
 Pero no es suficiente haber matado al dragón; los toros se presentan también vomitando fuego, es preciso domarlos por el mismo medio y ponerlos bajo el yugo. Ya he explicado suficientemente en el capítulo de Apis lo que se debe entender por los toros, es decir, la verdadera materia primordial de la obra; es con estos animales que se ha de labrar el campo filosófico y echar la semilla preparada que le conviene. Jasón usa la misma estratagema para vencer al dragón y a los toros, pero el principal medio que empleó fue el de proveerse de la medalla del Sol y de la Luna.
Con este pentáculo, se está seguro de lograrlo. Se le encuentra en las operaciones precedentes, y no hay nada que los filósofos mencionen más que estas dos luminarias.
A penas que los dientes del dragón están en tierra, salen hombres armados que se matan entre ellos. Es decir que en el momento en que la semilla aurífica es puesta sobre la tierra, las naturalezas fijas y volátiles actúan la una sobre la otra; se produce una fermentación ocasionada por la materia fijada en piedra, el combate se induce, los vapores suben y descienden, hasta que todo se precipita y resulta una substancia fija y permanente, la posesión de ésta procura la del Toisón de oro. Virgilio habla de estos toros[4] en estos términos:
Este país no ha visto a toros soplando fuego por las narices, ligándolos para sembrar allí los dientes de una monstruosa hidra, ni una siega de cascos y abundantes lanzas de guerreros erizar sus campos. Unos dicen que este Toisón era blanco, otros que de color púrpura, pero la fábula nos enseña que había sido dorado por Mercurio, antes de que fuera suspendido en la selva de Marte. En consecuencia, había pasado del color blanco al amarillo, después al color de la herrumbre y al fin al color púrpura. Mercurio lo había dorado, puesto que el color citrino que se encuentra intermedio entre el blanco y el de la herrumbre es un efecto del mercurio.
Viene a propósito señalar, con Apolonio[5] que Medea y Ariadna, tanto la una como la otra nietas del Sol, suministraron a Teseo y a Jasón los medios de vencer a los monstruos contra los cuales querían combatir. El parecido que se encuentra entre las expediciones de estos dos príncipes prueba claramente que estas dos ficciones fueron imaginadas a la vista del mismo objeto. Embarcaron los dos con algunos compañeros, cuando llegó Teseo encontró un monstruo con el que combatir, el Minotauro; Jasón también tuvo que vencer a los toros. Teseo para llegar al Minotauro es obligado a pasar por todas las revueltas de un laberinto siempre en peligro de perecer; Jasón tiene que hacer una ruta no menos difícil a través de los escollos y de los enemigos. Ariadna se prenda de amor por Teseo y contra los intereses de su propio padre otorga a su amante los medios de salir victorioso de los peligros a los que debía de exponerse; Medea se encuentra en el mismo caso y en una circunstancia parecida procura a Jasón todo lo que necesita para vencer;
Ariadna deja a su padre, su patria y se va con Teseo, que seguidamente la abandona en la isla de Naxo, para desposar a Fedra de la cual tuvo a Hipólito y Demofón, tras haber tenido, según algunos autores, a Oenopion y Estáfilo de Ariadna. Medea también se salva con Jasón, que después de tener dos hijos la deja para tomar a Creusa. Los hijos de unos y de otros perecieron miserablemente como las madres; Teseo murió precipitado desde lo alto de una roca al mar; Jasón pereció bajo las ruinas de la nave Argo. Medea abandonada por Jasón se casó con Egeo, Ariadna con Baco. En fin, es visible que estas dos ficciones sólo son una misma cosa explicada mediante dos alegorías, de las que han querido variar las circunstancias para hacer dos historias diferentes.
Si los mitólogos quisieran tomarse la molestia de reflexionar sobre esta semejanza, ¿podrían impedir que se les abriera los ojos a su error? y ¿se tomarían tanto esfuerzo para acercar a la historia, lo que evidentemente sólo es una ficción? Estas no son las únicas fábulas que tienen una similitud inmediata, la de Cadmo también se asemeja a la de Jasón. Un mismo dragón que hace perecer, los mismos dientes que ha de sembrar, los mismos hombres que nacen y se matan entre ellos, allí es un toro que Cadmo sigue, aquí los toros que combate Jasón. En fin, si se quisieran acercar todas las fábulas antiguas, se vería sin esfuerzo que tengo razón al reducirlas todas a un mismo principio, porque tienen un mismo objeto.

[1] . Raimon Llull, Teoría, cap. 6.
[2] . Arnau de Vilanova, Testamento.
[3] . Espagnet, La Obra secreta de la Filosofía de Hermes, can. 50.
[4] . Virgilio, Geórgicas, 2, 140
[5] . Apolonio, Argonautas, lib.3, vers. 996.

sábado, abril 07, 2007

El Buey Apis (3)



La segunda razón es que el secreto del arte sacerdotal que era de una naturaleza no comunicable sin haber probado la discreción y la prudencia de aquellos a quienes se proponían iniciar, los jóvenes sacerdotes que allí se disponían para las instrucciones, tenían siempre estos jeroglíficos ante los ojos, sentían despertar su curiosidad y se encontraban animados por su presencia en la búsqueda de lo que ellos podían significar. Pasaban un noviciado de siete años en recibir estas instrucciones y en ejercer sobre lo que estos animales representaban, a fin de saber perfectamente la teoría antes que darse a la práctica.
Es preciso también tener en consideración lo poco que se quería instruir en el fondo del misterio y el hecho de emplear explicaciones figuradas pero con un aire de verosimilitud, que pudiera al menos impedir suponer el verdadero fondo de la cosa. Sin esta destreza los sacerdotes no habrían podido guardar tranquilamente un secreto que el pueblo habría conocido totalmente. Las ideas de la religión que este pueblo acomodó también se volvían un freno para su curiosidad. El fuego mantenido perpetuamente en el templo de Vulcano podía haber irritado a este pueblo, pero las simuladas explicaciones y las fábulas alegóricas que se declamaban a este respecto, impedían poner atención a su verdadero objeto.
La materia del arte filosófico era pues, designada por Osiris e Isis, cuyo símbolo jeroglífico era el toro, en el cual los egipcios decían que las almas de estos dioses habían pasado tras su muerte, lo que hizo que le dieran el nombre de Serapis y los llevaba a rendirle los mismos honores que a Osiris e Isis. Diremos dos palabras de esto después.
Los griegos, instruidos por los egipcios, representaban también a la materia filosófica por uno o más toros, como se ve en la fábula del Minotauro encerrado en el laberinto de Creta, vencido por Teseo con la ayuda del hilo de Ariadna; por los bueyes que Hércules robó a Gerión; los de Augias; por los bueyes del Sol que pasaron a Trinacria; los que Mercurio robó; por los toros que Jasón se vio obligado a poner bajo el yugo para llegar a conseguir el Toisón de oro y también otros como se puede ver en las fábulas. Todos estos bueyes no eran negros y blancos como debía de ser Apis, puesto que los de Gerión eran rojos; pero es preciso observar que el color negro y el blanco que le sucede en las operaciones de la obra no son los dos únicos que sobrevienen a la materia, el color rojo viene también tras el blanco y los que han inventado estas fábulas han tenido en cuenta estas diferentes circunstancias. Las velas del barco de Teseo eran negras, después de que hubo vencido al Minotauro y las del barco de Ulises lo eran también, cuando partió para llevar a Criseis a su padre, pero las puso blancas para su retorno, porque las dos circunstancias eran bien diferentes, como veremos en sus historias.
Apis debía ser un toro joven, sano, animoso; es por los que los filósofos dicen que es preciso escoger la materia fresca, nueva y en todo su vigor; no la toméis si no es fresca y cruda, dice Haimon.[1] Se mantenía a Apis durante unos cuatro años y su alojamiento estaba en el templo de Vulcano. Pasado este tiempo se le hacía ahogar en la fuente de los sacerdotes y se buscaba uno parecido para sucederle, y es que siendo finalizada la primera obra en el horno filosófico es preciso empezar la segunda, parecida a la primera, según el testimonio de Morien.[2]
El horno secreto de los filósofos es el de Vulcano, donde se mantiene un fuego
perpetuamente encendido, para indicar que el fuego filosófico también de estar conservado sin interrupción, es por lo que han dado a su horno secreto el nombre de atanor. Se dice que Vulcano significa el fuego. Si este fuego se extinguiera un instante y la materia sintiera el menor frío, Filaleteo, Ramón Llull, Arnaldo de Vilanova y todos los filósofos aseguran que la obra estaría perdida. Ellos aportan respecto a esto el ejemplo de la gallina que incuba, si los huevos se enfrían un instante solamente, el pollito perecería.
Las cuatro estaciones de los filósofos y los cuatro colores principales que deben aparecer en cada obra, están indicados por los cuatro años de mantenimiento de Apis, estos cuatro años, tomados en el sentido natural, significan también alguna cosa, pero cuando los filósofos hablan del tiempo que dura cada disposición, por utilizar el término que utiliza Morien, hablan tan misteriosamente como del resto y no quieren declarar por qué se ahoga el toro en el quinto año. Daremos algunos esclarecimientos al respecto cuando tratemos de las fiestas y juegos de los antiguos, en el cuarto libro de esta obra.
 Así como el toro era símbolo del caos filosófico, los otros animales significaban las diferentes cualidades de la materia, como su fijeza, su volatilidad, su ponticidad, su virtud resolutiva, voraz, sus variados colores, según los diferentes progresos de la obra, y sus propiedades relativas a los elementos y a la naturaleza de estos animales. El pueblo al haberlos visto esculpidos o pintados junto a Osiris, a Apis, a Isis, a Tifón, a Horus, etc., empezaron primero por tener un cierto respeto por ellos, relativo a los pretendidos dioses cerca de los cuales los veían. Este respeto se fortificó poco a poco, la superstición se metió en parte y se creyó que merecían un culto particular, así como Apis tenía el suyo. No se vio dificultad y no se encontró extravagante el adorar un carnero, así como el rendir culto a un buey, el león valía tanto como el carnero, al que se le concedió el suyo y así los otros, según cómo el pueblo fuera afectado por ello. Las supersticiones se incuban a la chita callando, y enraízan hasta el punto de que es casi imposible destruirlas.


Los sacerdotes a menudo sólo eran instruidos cuando el remedio fuera capaz de agriar el mal. El progreso va siempre a su paso, se fortifica cada vez más. Los sucesores de Hermes bien podían desengañar al pueblo de Egipto de estos errores, y lo hacían sin duda, tenemos una prueba de ello en la respuesta que el gran sacerdote dio a Alejandro, en las instrucciones que dieron a los griegos y las otras naciones que tomaron lecciones en Egipto, pero era preciso para estos sacerdotes la circunspección y la prudencia, desengañando al pueblo corrían el riesgo de desvelar su secreto. Si por ejemplo, explicando la expedición de Osiris, hubieran dicho que no se debía de entender una expedición real y que las pretendidas enseñanzas que se dio a las diferentes naciones sobre la manera de cultivar las tierras, de sembrarlas y en recoger los frutos, debían de entenderse del cultivo de un campo bien diferente que el de las tierras comunes ¿se les habría preguntado cuál era este campo? ¿Habrían dicho, sin violar su juramento, que este campo era la tierra foliada de los filósofos[3] donde todos los adeptos dicen que es preciso encerrar el oro? Basilio Valentín ha hecho de ello el emblema de su octava llave. Seguidamente hubieran estado en la necesidad de decir lo que entendían por esta tierra foliada. Es en el mismo sentido que los griegos hablaban de Ceres, de Triptolemo, de Denis, etc.
Este error del pueblo, respecto a los animales, lo condujo insensiblemente a estos ridículos cultos que se reprocha a los egipcios. La ignorancia hizo tomar el símbolo por la realidad, así de superstición en superstición, de error en error, el mal se acrecentó siempre e infectó a casi todo el mundo, cada ciudad encontró ocasión de elegirse un dios según su fantasía y tomó su nombre como el de su dios, bajo la forma de este animal había estado el fundador.
Se ve entonces a Bubaste, así llamado por el buey, Leontópolis por el león, Licópolis del lobo, etc.[4] hablando del culto que los egipcios rindieron a los animales, dice que Saites y los tebanos adoraban particularmente al buey, los latopolitanos al latus, pez del Nilo, los licopolitanos al lobo, los hermopolitanos al cinocéfalo, los babilonios a la ballena. Los de Tebas también adoraban al águila, los mendesienses al macho cabrío y la cabra, los atribitos a la rata y la araña. Sólo hablaremos de algunos como el perro, el lobo, el gato, el macho cabrío, el ichneumón, el cinocéfalo, el cocodrilo, el águila, el gavilán y el ibis, se podrá juzgar a los otros mediante éstos.
Estrabón

[1] . Haimon, Epístolas.
[2] . Morien, Conversación con el Rey Calid.
[3] . Michael Maier, Atalanta Fugiens, emblema 6.
[4] . Estrabón, Geórgicas. Lib. 17.

viernes, noviembre 24, 2006

La fabulosa Helena




En cuanto a los dioses y las diosas ya hemos dicho en el tercer libro y en otros lugares lo que significan. Y si se observa lo que los autores dicen de Helena se convencerá uno fácilmente de que su historia es una pura fábula, puesto que no es posible que fuera tan joven como para ser aún la más bella de las mujeres del tiempo en el que se figura que Paris la raptó. Por ello se ven obligados a confesar que se encuentran dificultades insuperables respecto a la edad de esta princesa,[1] incluso aceptando de este autor las combinaciones cronológicas que hace, Helena habría tenido al menos sesenta y algunos años en el tiempo de la toma de Troya.
Algunos autores antiguos han asegurado que Teseo, tras haber raptado a Helena y antes de su viaje a Épira, la dejó embarazada en manos de su madre Etra y que ésta dio a luz a una hija. Si l
a cosa es así, sería preciso que Helena tuviera la edad suficiente para ello, puesto que sus hermanos gemelos estaban entonces preparados para conducir un ejército, y porque se dice que durante la ausencia de Teseo, Cástor y Pólux tomaron las armas, se hicieron jefes de la ciudad de Afidnes, liberaron a su hermana, permanecieron en Esparta con Etra, madre de Teseo, que por ello se convirtió en esclava de Helena, que la llevó a Troya cuando después fue raptada por Paris.
Ya he dicho que Helena debía de tener al menos sesenta años en el tiempo de la guerra de Troya, y si no le he dado
más es porque este número de años otorgados a Helena son suficientes para probar lo que dije entonces. Pero si nos remitimos a Apolonio[2] y a Valerio Flaco,[3] Helena debería tener mucha más edad, puesto que nos enseñan que Jasón contó a Medea la historia de Teseo y Ariadna como una historia del tiempo pasado. Y lo era en efecto, pues Hipsípila era hija de Toas (Toante) y Toas hijo de esta misma Ariadna, a la que Teseo abandonó en la isla de Naxo tras ha
bérsela llevado de la isla de Creta, cuando hubo desafiado al Minotauro, con su ayuda. Jasón se enamoró de Hipsípila en la isla de Lemnos, yendo a la conquista del toisón de oro y allí tuvo una estancia bastante larga, pues allí tuvo dos hijos
con Hipsípila, al uno llamó Toas y al otro
Eneo. Teseo no era muy joven cuando raptó a Ariadna; a su retorno es cuando sucedió a su padre, que se precipitó al mar cuando vio venir el barco de su hijo con las velas negras, puesto que le había dicho que las pondría blancas si volvía dichosamente de su expedición.
Para entonces Teseo había realizado ya todas las grandes acciones que se le atribuyen; había combatido con Hércules a los centauros que enturbiaron las bodas de su amigo Pirítoo; hecho que sucedió antes de que Hércules, por orden de Euristeo, fuera a buscar al jabalí de Erimanto, pues fue
yendo hacia allí que desafió al resto de los
centauros y cuando murió Quirón herido por Hércules, con una flecha emponzoñada con veneno de la hidra de Lerna.
Y dicho en dos palabras, es perder el tiempo y pasar fatigas querer arreglar históricamente unos hechos puramente fabulosos. Yo preferiría decir mejor, con algunos autores, que Helena era inmortal; tal pensamiento tiene una relación más inmediata con la fábula; también Servio[4] abraza este sentimiento.

[1] . Banier, Mitología, tom. 2, p. 516.
[2] . Apolonio, libr. 3, vers. 995.
[3] . Valerio Flaco, lib. 6, vers. 90.
[4] . Servio, sobre ellib. 2, de la Enéida.

sábado, noviembre 18, 2006

Teseo liberado de los Infiernos






Euristeo no había dado ni un momento de descanso a Hércules, y cada vez estaba más y más celoso de la gloria que este héroe adquiría en sus inmensos trabajos, por eso buscaba por dónde hacerlo fracasar. En consecuencia le ordenó que fuera a los Infiernos para traerle al perro Cerbero. Hércules no se lo hizo repetir dos veces y la dificultad de la empresa sólo hizo reanimar su coraje, además sabía que su amigo Teseo estaba allí detenido y se puso muy contento de poder ir a rescatarlo. Pero antes de emprender esta expedición creyó que sería un buen propósito el volverse propicios a los dioses y para este efecto levantó un altar para cada uno de ellos, a saber, para Júpiter, Neptuno, Juno, Palas, Mercurio, Apolo, las Gracias,
Baco, Diana, Alfeo, Saturno y Rea; después fue a Etolia, donde bebió del agua de una fuente, a la que llamó Lete,[1] porque tenía la virtud de hacer olvidar todo lo que se había visto y hecho anteriormente. Habiendo hecho los sacrificios a los dioses, Hércules se puso como deber realizar esa empresa y entró en el antro de Ténaro; pasó el Aqueronte y los otros ríos de los infiernos y
finalmente llegó a la puerta de la morada de Plutón, donde se encontraba el Cerbero, este dragón tenía tres cabezas de perro y el resto del cuerpo parecía más el de un dragón; era hijo de Tifón y de Equidna.[2] Como era el guardián de la entrada de este tenebroso reino, quiso impedir que Hércules penetrara allí. Su monstruosa figura no sorprendió a Alcides, que luchó con el dragón, lo ató con cadenas y continuó su camino. Finalmente encontró a Teseo y a su compañero Pirítoo, que estaban detenidos allí por haber intentado raptar a Proserpina. Alcides reclamó el retorno de los dos amigos en la morada de los vivientes, pero Aidoneo no quiso conocer el de Pirítoo porque había descendido a los Infiernos por gusto. Dejó, pues, a Pirítoo sentado sobre la piedra donde lo había
encontrado y se llevó a Teseo con él y al mismo tiempo condujo al Cerbero hasta Euristeo. Cuando atravesaba el Aqueronte encontró un álamo blanco del que cortó una rama y se hizo una corona.
Querer darnos las puras fábulas como historias reales es querer equivocarse y equivocar a los demás. Sólo el viaje de Teseo a Egipto para combatir al Minotauro ya debería de hacer dudar de la existencia de este héroe que, como se dice, había tomado a Hércules como modelo al oír los comentarios que ocasionaban sus hazañas. Sin duda el Minotauro no existió en el tiempo de Hércules, pues Euristeo lo hubiera enviado para traérselo. Sin embargo se habría de decir que existió en el tiempo de Alcides, puesto que los atenienses estaban obligados a enviar a Minos en Creta siete jóvenes muchachos y siete doncellas, cada nueve años, para ser devorados por el Minotauro y Teseo no fue de los primeros ni de los segundos que fueron allí.
Pero ¿qué se debe de pensar de Teseo? Sólo su nombre ya lo indica perfectamente, según mi sistema, pues viene de Θής, servidor, criado, y es el nombre
que a menudo los filósofos han dado a su mercurio. El Trevisano[3] lo llama nuestro servidor rojo; Filaleteo y muchos otros lo llaman nuestro servidor fugitivo, a causa de su volatilidad. La fábula lo indica suficientemente al decir que es hijo de Neptuno, puesto que es un agua mercurial; la fábula dice que se propuso tomar a Hércules como modelo porque el mercurio actúa en concierto con el artista. Es por lo que la misma fábula dice que Teseo acompañó a Hércules cuando fue a combatir a las amazonas y que Alcides le dio a Hipólita como recompensa.
Que se siga a Teseo paso a paso en sus expediciones y que se las compare con las de Hércules, se las encontrará totalmente parecidas. Precipitó a Escirón en el agua, en el mismo sitio donde él precipitaba a los viajeros, es decir, que la materia vuelta fija como la piedra es precipitada al fondo del mar de los filósofos por la acción del mercurio, pues σκίρος significa de la piedra. También Hércules precipitó la piedra de Alcioneo, e hizo que a Diomedes se lo comieran sus propios caballos porque él había hecho sufrir la misma muerte a los extranjeros que venían a él. Teseo estranguló a Cerción, Hércules estranguló a Anteo. Teseo mató a Polipemón, de sobrenombre Sinis, que quiere decir mal, pérdida, daño; Hércules mató a Busiris. Teseo hizo morir a un ladrón llamado Perífetes, hijo de Vulcano; también Hércules cortó la vida a un bandido llamado Caco, hijo de Vulcano. Teseo combatió contra los centauros, Hércules también lo hizo. Teseo raptó a Ariadna, Hércules a Deyanira. Tant
o el uno como el otro acabaron con muchos bandidos; también el uno y el otro purgaron diversos países de los monstruos que los infectaban. Igualmente tuvieron diversas mujeres, que abandonaron por otras. Algunos autores dicen que Teseo raptó a la bella Helena, hermana de Cástor y Pólux e hija de Tíndaro. Ya hemos hablado de esta Helena en el capítulo de Cástor y
Pólux y hablaremos de ella en el siguiente libro.
Cuando se sabe lo que es el dragón de las hespérides, el del toisón de oro, el águila que devoraba el hígado de Prometeo, el león de Nemea y etc., todos hermanos o hermanas, hijos de Tifón y Equidna, se sabe lo que era el Cerbero, o perro de tres cabezas, guardián del tenebroso palacio de Plutón, o si se quiere, de Aidoneo, que significa la misma cosa puesto que viene de Α΄ιδης, que es un sobrenombre de Plutón y que significa infierno, a menos que se quiera hacer venir de Α΄ίδων, quemando, cáustico; entonces significará la disolución que se hace de la materia filosófica mientras dura el color negro, llamado Infierno por los adeptos. De buen grado estaré de acuerdo con el abad Banier en que el Cerbero era un dragón encerrado en un antro, puesto que comúnmente los filósofos lo llaman dragón; está encerrado en un antro donde no hay ninguna abertura porque está encerrado en el vaso filosófico. Está constituido guardián de la puerta de los Infiernos, pues para llegar al color negro, que es la entrada de la obra, o la llave, es necesario que la materia se disuelva. Cerbero guarda la entrada de los Infiernos así como el dragón de las hespérides era guardián de la puerta del jardín donde crecían las manzanas de oro, igualmente otro dragón gua
rdaba la puerta del lugar donde el toisón de oro estaba suspendido.
En todas las fábulas se ve que estos monstruos están siempre en la puerta. Flamel[4] ha puesto dos en lugar de uno, porque ha querido significar el combate que se da entre el fijo y el volátil. En otras fábulas se ha supuesto que Hércules mató a estos dragones, aquí se contenta con decir que lo ata para llevarlo hasta Euristeo, pero lo uno y lo otro significan la misma cosa,
puesto que atar o matar son términos metafóricos sinónimos, que los filósofos utilizan para indicar la fijación. Norton, en su obra que lleva por título Crede mihi, emplea muy a menudo el término atar en este sentido. El autor anónimo del Catochémicus, Arnaldo de Vilanova[5] y muchos otros lo utilizan también. En efecto, no habría podido llevar al Cerbero hasta Euristeo si no lo hubiera atado o matado, en el sentido filosófico. Ya he dicho la razón de ello cuando he explicado lo que era Euristeo y el jabalí de Erimanto.
Tras haber atado al Cerbero, Hércules continuó su camino y encontró a Teseo y a Pirítoo, se llevó al primero con él y dejó al otro sentado sobre la piedra donde lo había encontrado. Se dice con
razón que Pirítoo es hijo de Ixión, puesto que Pirítoo significa tentativa inútil, y como Ixión intentó inútilmente tener relación con Juno, le sucedió lo mismo a Pirítoo cuando quiso raptar a Proserpina. Cuando acompañó a Teseo, para raptar a Helena, la suerte decidió, respecto a su posesión, en favor de Teseo y Pirítoo no tuvo ninguna. Teseo le prometió que le ayudaría solamente cuando quisiera raptar a otra mujer que le gustara. Y así lo hizo en el caso de Proserpina, pero Pirítoo fracasó aunque estuviera acompañado de Teseo, que hubiera permanecido con él en el Infierno si Hércules no hubiera venido a liberarlo.
He aquí el contraste y la verdadera diferencia que hay entre un buscador de la piedra filosofal y un verdadero filósofo hermético. Pirítoo es el retrato del primero y Hércules lo es del segundo. Ixión, que la fábula dice, muy a propósito, que es hijo de Flegias, de Φλήγω, quemar, sólo abraza una nube; porque los sopladores sólo tienen el humo, que se parece a una nube, como resultado de sus operaciones. El soplador, hijo de Ixión, también hace tentativas inútiles, aunque algunas veces trabaje sobre la materia requerida, porque no es suficiente tener a Teseo como compañero, también es preciso que Hércules esté con él. Pontano[6] confiesa que durante largo tiempo ha sido un verdadero Pirítoo y que ha fracasado doscientas veces, aunque trabajara sobre la debida materia, pero ignoraba el fuego filosófico, del que finalmente fue instruido mediante la lectura del tratado de Artefio. Si se quema la materia se convertirá en un Ixión, hijo de Flegias, y sólo abrazará humo, o será un Pirítoo y se tendrá como resultado una masa informe y sólida como una piedra y se quedará allí, como él permaneció sobre aquella donde Hércules lo encontró sentado.
No es lo mismo para el verdadero artista. Cuando trabaja sobre la verdadera materia hace que Teseo vaya con él a la morada de los vivientes, es decir, que la hace salir del negro y la hace pasa
r al blanco, tras haber atado al Cerbero. Es lo que la fábula ha querido designar al decir que Hércules se hizo una corona de hojas de álamo blanco, porque las hojas de este árbol son blancas
por encima y como negras por debajo, lo que constituye un verdadero símbolo de la materia filosófica cuya superficie empieza a blanquear mientras que por debajo todavía es negra. Después Hércules condujo al Cerbero hasta Euristeo, como así lo había hecho con el león de Nemea, hermano del Cerbero, con los rebaños de Gerión y los otros monstruos de los que hemos hablado. Es por este motivo que se puede aplicar a los artistas ignorantes estos versos de Virgilio: Fácil es la bajada al Averno; día y noche está abierta la puerta del negro Dite; pero retroceder y restituirse a la auras de la tierra, esto es lo arduo, esto es lo difícil; pocos, y del linaje de los dioses, a quienes fue Júpiter propicio o
a quienes una ardiente virtud remontó a los astros, pudieron lograrlo. (Enéida 6, 27)
Se puede encontrar la verdadera materia de los filósofos, pero la han ocultado bajo nombres tan diferentes que casi no se la puede descubrir sino es por las propiedades que ellos le han dado. El estudioso artista que aspira a la ciencia hermética, pues, debe poner atención al diferente significado de estos equívocos nombres que los filósofos emplean en sus escritos. Espagnet dice:[7] A menudo se expresan de manera que dan a entender lo contrario de lo que piensan, no con el deseo de falsificar o de traicionar la verdad, sino solamente para embrollarla y ocultarla. Y si hay una cosa que ellos ocultan muy aplicadamente es precisamente este ramo de oro que Eneas necesitó para entrar en los Infiernos, este ramo que [...] cuyas hojas y flexible tallo son de oro, el cual está consagrado a la Juno infernal; todo el bosque lo oculta y las sombras lo encierran entre tenebrosos valles y no es dado penetrar en las entrañas de la tierra sino al que haya desgajado del árbol la áurea rama; la hermosa Proserpina tiene dispuesto que éste sea el tributo que se le lleve. Arrancando un primer ramo, brota otro, que se cubre también de hojas de oro; búscale, pues, con la vista, y una vez encontrado, tiéndele la mano, porque si los hados te llaman,
él se desprenderá por sí mismo; de lo contrario, no hay fuerzas, ni aun el duro hierro, que basten para arrancarlo. (Virgilio, Enéida, lib. 6, 29-31)
El mismo Virgilio habla de estos ambages y equívocos en estos términos, un poco más allá de los que hemos citado en primer lugar: Con tales palabras anuncia entre rugidos la Sibila de Cumas, desde el fondo de su cueva, horrendos misterios, envolviendo en términos oscuros cosas verdaderas. Que se siga con atención el relato que hace este poeta del descenso de su héroe a los Infiernos y que se le compare después con lo que hemos dicho hasta aquí y se encontrará en ello una relación perfecta. Allí pone ante los ojos a todos los figurados personajes de las fábulas que hemos explicado, y hace que se les encuentre sobre el camino de Eneas, según el lugar que ocupan en las fabulosas alegorías del orden de las operaciones, como se verá al final del sexto libro de esta obra.
No es suficiente conocer la materia, es preciso también saberla trabajar; se necesita un Alcides para esto y no un Pirítoo, pues Jasón no se hubiera atrevido a emprender la conquista del toisón de oro si no lo hubiera tenido con él. Virgilio parece haber querido indicar la cualidad natural de la tierra de los filósofos, y la manera de cultivarla, cuando dice: Con los céfiros se resquebraja la tierra en terrones, con el arado hundido en el suelo empiece a gemir el toro y a resplandecer la reja gastada por los surcos. (Geórgicas, 1, 44) Yo sólo hago la aplicación de estos versos según Espagnet, que era un filósofo preparado para poderlos aplicar a este propósito.

[1] . Demófato, de rebus Etolia.
[2] . Hesíodo, Teogonía.
[3] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.
[4] . Flamel, Explicación de las Figuras Jeroglíficas.
[5] . Arnaldo de Vilanova, Rosario.
[6] . Pontano, Epístola sobre el fuego.
[7] . Espagnet, canon 15.