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sábado, abril 07, 2012

Concordancia Mito-Físico-cabalo-hermética, nueva edición


Me complace notificar una nueva edición de la Concordancia Mito-Físico-Cabalo-Hermética de Fabre du Bosquet (1789), en francés, ed. Le Mercure Dauphinois, prologada por Charles d'Hooghvorst.
Lamentablemente la edición en castellano, ediciones Obelisco, 1986, está agotada y espero la posibilidad de una nueva edición es este idioma o en catalán, también idioma nuestro.
Sólo mencionaré el principio del prólogo de Charles d'Hooghvorst donde en una sola frase condensa el contenido del Libro.
Dos siglos nos separan del autor de la Concordancia Mito-Fisico-
Cabalo-Hermética... dos siglos para que reaparezca esta joyita olvidada de la Santa Ciencia de Hermes.

sábado, mayo 16, 2009

Sol terrestre




Dice Pernety en “Historia de Horus”: El agente y el paciente en la obra, al ser homogéneos, se reúnen para producir un tercero semejante a ellos que procede de los dos, el Sol y la Luna son su padre y su madre, dice Hermes y también los otros filósofos después de él.
[…] La tierra es la matriz donde esta simiente es depositada y por eso se encuentra allí como su nodriza. El oro que se forma es el Sol terrestre. Esta materia es donde el sujeto de la obra es compuesto de dos substancias, una fija y la otra volátil, la primera ígnea y activa y la segunda húmeda y pasiva, a las cuales se ha dado los nombres de Cielo y Tierra, Saturno y Rea, Osiris e Isis, Júpiter y Juno, y allí está el principio ígneo o fuego de naturaleza que está encerrado y que ha sido llamado Vulcano, Prometeo, Vesta, etc.

Dice Cattiaux en el Mensaje Reencontrado, III, 7’: De saturno a la luna y al sol sólo hay una vía, que es la depuración paciente del cuerpo bruto hasta la unión del espíritu nítido con el alma perfecta.

Y en el XXXVIII, 67’: El Libro es un canal, pero también es un puente. Es un mar, pero también es un arca. Es un viento que sopla, pero también es un sol terrestre que ilumina.

lunes, abril 20, 2009

Los contrarios

En varias ocasiones Pernety, en el transcurso de su obra, pone ejemplos de interpretaciones de los jeroglíficos dadas en un sentido histórico o moral, aportando a continuación su explicación en el sentido hermético. Es el caso de un monumento de simbolismo egipcio situado en Roma del que el anticuario Montfaucon da una débil explicación en su obra La Antigüedad explicada. Tras poner en evidencia el error de la explicación de Montfaucon, Pernety empieza por dar una descripción de esta piedra, pretendidamente sepulcral:

Las dos serpientes están sostenidas sobre su cola replegada en círculo; la una tiene el huevo entre los dientes y la otra tiene la cabeza apoyada encima con la boca un poco abierta, como si quisiera morder a la otra y disputarle este huevo. Las dos tienen una cresta más o menos cuadrada. Sobre el otro lado de la piedra se halla la figura de un hombre de pié, con hábito largo y las mangas remangadas hasta el codo, tiene el brazo derecho extendido y una especie de aro en la mano, en el centro del cual aparece otro pequeño círculo o un punto. Con la mano izquierda levanta su ropa, teniéndola apoyada sobre la cadera. En el entorno de esta figura hay gravadas las siguientes palabras: A Herennuleius Hermes fecit conjugi bene merenti Julie L. F. Latine sibi et suis posterque cor. No es necesario recurrir a la religión de los egipcios para explicar este monumento. Los dos principios que admitieron los sacerdotes de Egipto sólo deben de entenderse de los dos principios, bueno y malo, de la naturaleza, que se encuentran siempre mezclados en sus mixtos y que cooperan en su composición, es por esto que dicen que Osiris y Tifón eran hermanos y que este último hacía siempre la guerra al primero. Osiris era el buen principio o el humor radical, la base del mixto y la parte pura y homogénea; Tifón era el mal principio o las partes heterogéneas, accidentales y principio de destrucción y de muerte, así como Osiris era principio de vida y de conservación. Las dos serpientes del monumento, del que se trata, representan en verdad a los dos principios, pero los dos principios que la naturaleza emplea en la producción de los individuos, se les llama, por analogía, al uno macho y al otro hembra; tales son las dos serpientes enroscadas en el caduceo de Mercurio, la una macho y la otra hembra, que están también representadas enroscadas la una con la otra y entre sus dos cabezas una especie de globo alado al que parece que quieren morder. Las dos crestas cuadradas de las dos serpientes del monumento del que hablamos son un símbolo de los elementos de los que el gran mundo y el pequeño mundo están formados y el huevo es el resultado de la reunión de estos dos principios de la naturaleza. Pero como en la composición de los mixtos hay los principios puros y homogéneos y los principios impuros y heterogéneos se encuentra entre ellos una especie de enemistad; el impuro tiende siempre a corromper al puro, es lo que se ve representado por la serpiente que parece querer disputar el huevo a la que lo tiene en posesión. La destrucción de los individuos sólo es producida por este mutuo combate. He aquí lo que se puede decir para explicar en general esta parte del monumento del que hablamos.Pero sin duda su autor tenía una intención menos general, pues es cierto que quería significar alguna cosa en particular. Comparemos todas las partes simbólicas de este monumento, la relación que tienen entre ellas nos desvelará esta intención particular. El que hizo hacer este monumento se nombra Herennuleio Hermes, y lleva un hábito largo como los filósofos; parece ser que este Herennuleio era uno de estos sabios iniciados en los misterios herméticos (lo que es designado por el sobrenombre de Hermes), que, como ya he dicho antes, al estar instruido en estos misterios, tomó el nombre de Adris o Hermes. Tiene en la mano derecha una especie de círculo, que Montfaucon sin duda ha tomado por un vaso o taza, y ha decidido a consecuencia de este error que Herennuleio hacía un sacrificio a los manes, como si esta acción no pudiera significar otra cosa. Este círculo no es para nada un vaso, es el signo simbólico del oro o del Sol terrestre y hermético, que los mismos químicos vulgares representan de esta manera aún hoy en día ʘ. Es en este lado del monumento, en particular, que se ha de acercar el jeroglífico de las dos serpientes y del huevo que se encuentran en el lado opuesto, para hacer de ello un todo, del cual el resultado consiste en este oro filosófico que presenta Herennuleio. He aquí, pues, cómo es preciso explicar este monumento en particular: Las dos serpientes son los dos principios del arte sacerdotal o hermético, uno macho o fuego, tierra fija o azufre, y el otro hembra, agua volátil y mercurial, concurriendo los dos en la formación y generación de la piedra hermética, que los filósofos llaman huevo y pequeño mundo y que está compuesto de los cuatro elementos representados por las dos crestas cuadradas pero que sólo dos de ellos son visibles, la tierra y el agua. Se puede también explicar el huevo como el vaso, en el cual el huevo se forma, por el combate del fijo y el volátil, que reuniéndose el uno con el otro son un todo fijo llamado oro filosófico o sol hermético. Es este oro el que Herennuleio muestra al espectador como el resultado de su arte. La mayor parte de filósofos que han tratado esta ciencia han representado sus dos principios bajo el símbolo de dos serpientes. Se encontrará una infinidad de pruebas de ello en esta obra. La inscripción de este monumento nos enseña solamente que Herennuleio ha hecho este oro como una fuente de salud y de riquezas, para él, para su esposa a la que amó tiernamente, para sus hijos y su posteridad.He aportado este ejemplo para hacer ver cuán fácil es explicar los jeroglíficos de ciertos monumentos egipcios, griegos, etc., cuando se les relaciona con la filosofía hermética, sin las luces de la cual se volverían ininteligibles e inexplicables. Tras este clarísimo ejemplo de Pernety pongo en relación con su explicación algunos versículos del Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux, que me parecen especialmente incisivos en el tema. IV, 60: Los miles y miles de universos que nos sumergen son como la millonésima parte de una gota de sangre divina. El más ínfimo átomo encierra mundos inconcebibles. Así, el Universo está en Dios, y Dios está en el Universo. 60’: Es mejor mirar en uno mismo y callar. ¡Oh, luz germinativa! ¿Oh, fruto muy pesado del Sol! ¡Oh, boda secreta de los idénticos contrarios! ¡Oh, esplendor fructificante de la única belleza! VIII, 1’: El hombre sin la mujer es como una piedra en el fondo desecado de un torrente, y la mujer sin el hombre es como una nube extraviada sobre el mar. “¿Quién hará la unión de los contrarios por medio de lo semejante?” III, 34’: Quien sabe unir los contrarios de igual naturaleza posee la ciencia. VI, 26: La cima del amor es descubrir a Dios dentro del hombre y al fuego dentro del agua. La cima de la ciencia es unir los contrarios de igual naturaleza hasta la perfección concentrada del rubí solar. II, 72’: La reunión de los cuatro elementos forma la quinta esencia, raíz dde la luna y el sol. IV, 25’: Antes del comienzo todo permanecía en el reposo de las duras tinieblas de la muerte. El fuego, al despertarse en el agua, ordenó el caos, y los cuatro elementos engendraron el espíritu del Universo. V, 49’: Los cuatro elementos forman el alfabeto con el que Dios enseña a los hombres clarividentes. I, 36’: El mundo ha sido hecho con el agua y con la tierra. Volverá a ser como un limo antes de ser rehecho como una tierra. II, 60’: El agua sale de la tierra y vuelve a la tierra hasta que se abre la flor blanca y hasta la maduración del fruto púrpura. V, 95’: El agua que sale de la tierra engendra el sol de resurrección por la potencia del amor fecundante del Altísimo. VIII, 52’: El agua sale de la tierra y vuelve a la tierra para separar el mundo del inmundo. III, 4’: Licuar la tierra y concentrar el agua, después casar la tierra con el agua y gozar de la paz del Señor en la piedra santificada por la unión. XXIV, 28’: Lo que es fijo viene de la tierra. Lo que es movedizo viene del agua. Lo que es humoso viene del aire. Lo que es graso viene del fuego. VIII, 1: La espiritualización del cuerpo hace aparecer el agua y el aire que nos animan y mantienen. La corporificación del espíritu engendra la tierra y el fuego que nos sostienen y multiplican. ¿Quién pesará la parte de cada cosa? III, 1’: El agua que brota de la tierra santa recae como lluvia de oro sobre el mundo entenebrecido. III, 6’: Las bodas celestes hacen brotar la claridad de las estrellas. Las bodas terrestres manifiestan el peso y la virtud del oro luminoso.

viernes, septiembre 12, 2008

TABULA SMARAGDINA HERMETIS

He aquí un artículo que me es de especial atención y estudio; su autora es Caroline Thuysbaert, directora de la escuela de humanidades Scholanova, en Bélgica y colaboradora de ediciones Beya. Este artículo apareció en la revista LA PUERTA, nº 60, (Arola Editors), en marzo de 2002, traducido por S. d’Hooghvorst. Un año más tarde fue incluido en la completa obra dirigida por el profesor R. Arola Images Cabalistiques et Alchimiques, nº 1 de la colección Beya. Como podrá comprobar el lector el artículo empieza con una cita del Diccionario Mito-Hermético de Pernety, lo que me ha dado pie para subirlo al blog y ponerlo en compañía de las Fábulas de este mismo autor así como con los otros artículos relacionados. 



LA GRAN OBRA EN UNA FRASE ESTUDIO DE LA TABULA SMARAGDINA HERMETIS Caroline Thuysbaert Traducción. S. d’Hooghvorst Introducción En primer lugar unas palabras de Pernety: Pocas materias han puesto a prueba a los quymicos como el vitriolo común. Lo han tomado por la materia del magisterio de los filósofos; hay que reconocer que nada era más apto para engañar a los que toman al pie de la letra las palabras de los sabios. Han elogiado tanto a esta sal mineral que es muy difícil no caer en la trampa tendida a los ignorantes, al menos aparentemente, ya que todos advierten que no hay que quedarse con las palabras, sino con el sentido que esconden […] Los filósofos aseguran que no se puede hablar más claro que Hermes en su Tabla de Esmeralda, acerca de la materia y de las operaciones de la obra […] Dicha Tabla de Esmeralda, viene acompañada con un emblema quymico encerrado en un doble círculo. Entre ambas circunferencias están escritas las palabras que he citado, Visitabis, etc.[1] De un lado, se ve el sol, debajo, el signo de Marte y debajo de Marte el signo de Saturno. Del otro lado está la Luna, debajo Venus y luego Júpiter. En medio hay una copa en la que caen un rayo de Sol y otro de Luna; bajo el pie de esta copa, está colocado, como para sostenerla, el signo astronómico de Mercurio. Bajo todos estos caracteres hay de un lado un León y del otro una Águila bicéfala, como la de los escudos del imperio […] Los amantes de esta Ciencia podrán reflexionar en ello.[2] ¿Quién, tras algunas lecturas quymicas, no se convierte en “amante de esta Ciencia”? Los enigmas propuestos desde hace siglos por los sabios alquimistas esperan lectores con el espíritu aguzado. La imagen quymica que presentamos y el símbolo del vitriolo también están esperando. Pero estos lectores deben, como así lo escribió también Dom Pernety, reflexionar acerca de estos enigmas, ya que sólo un espejo podrá revelarles todo lo que desean saber.[3] El vitriolo etimológico “Vitriolo” se define comúnmente como un “nombre dado a los sulfatos”. El aceite de vitriolo, a menudo llamado también vitriolo, es un ácido sulfúrico concentrado, muy corrosivo. No obstante, la ciencia moderna y profana sólo ha guardado el sentido vulgar de las ciencias quymicas tradicionales, e importa buscar el verdadero significado de la palabra. Deriva del latín vitrum: ‘vidrio’. Este sulfato tiene, sin lugar a dudas, una apariencia vítrea. También es “aceitoso”, ya que en vitrioleum hay vitri oleum, ‘aceite de vidrio’. Según Canseliet, el vitriolo sería el vaso de los filósofos, el vaso de la naturaleza.[4] Sólo se precisan dos vasos […] Se llama al primero el vaso del Arte y al segundo, el vaso de la Naturaleza. El vaso del Arte es el huevo filosófico que está hecho con un vidrio muy puro, de forma oval.[5] Se pueden componer dos anagramas con vitriol: l’or y vit[6] y trio vil. Las RAÍCES del árbol de la vida […] son como el TRIO VIL que une el cielo y la tierra.[7] El vitriolo es pues, una materia tri-una, aceitosa y vítrea, que realiza la unión de lo que está arriba con lo que está abajo, y contiene el tesoro oculto, el oro, la piedra de los filósofos. Es entonces cuando se trata verdaderamente del vitriolo común, es decir, “como un”, como la unión de dos cosas. El V.I.T.R.I.O.L., un acróstico Este acróstico es conocido: Visita Interiora Térrea Rectificando Invenies Occultum Lapidem. A veces se añade: Et Veram Medicinam. ‘Visita los interiores de la tierra, rectificando encontrarás la piedra oculta y la verdadera medicina’. Toda la Gran Obra está contenida en esta frase. Pero ante todo, hay un secreto, un don, una cábala. Este secreto parece estar celosamente guardado por aquellos que lo experimentaron. Es una muerte iniciática. Es el encuentro, sobre una montaña santa, del espíritu purificado del discípulo, su psique o Eva, con el Hue vagabundo, el mercurio vulgar errante y despreciado, en busca de encarnación; en términos mitológicos: el héroe Ulises o Eneas. El acróstico V ITRIOL no se dirige a los ignorantes, sino más bien a este Hue. Éste es el que, una vez fijado al espíritu iniciado, guiará toda la Obra a su perfección. Es él quien visita los interiores de la tierra, el mundo subterráneo, los Infiernos. En compañía de la Sibila, Eneas bajó pues al infierno mineral donde el oro se depura y donde se incuba la edad de oro.[8] Luego, todo se hace naturalmente, es decir, conforme a la voluntad de la Santa Naturaleza. Ahora dejemos que Eneas vaya hacia su destino bajo la sabia dirección de la Sibila, depositaria del santo lenguaje. Ella realiza fácilmente lo que la avara Dido no ha sabido hacer con la violencia de su amor ciego.[9] Este tesoro, este oro que se esconde en las entrañas de la tierra, debe de ser rectificado. O sea, hay que erguirlo, enderezarlo, ponerlo derecho, o también destilarlo.[10] Esta operación, que es el misterio del Dios que crece en el hombre, también ayudará a este hombre a ponerse recto. Los hombres rectos son aquellos cuya columna vertebral se ha enderezado a partir del sacro. El espíritu recto y simple penetra fácilmente hasta el centro de la tierra donde reposa el oro vivo.[11] La verdad se oculta bajo el velo de las fábulas y las parábolas. Es necesario un espíritu muy recto y muy penetrante para descubrirla […][12] Tras todo este trabajo alquymico, el discípulo hallará la piedra oculta, el objeto de todos sus deseos, que le será medicina para curar su cuerpo y su alma. Interpretación de la imagen El número siete. La imagen alude varias veces al número siete: siete letras en VITRIOL, siete planetas y una estrella de siete puntas. Sólo quedan las siete palabras, prestad atención a lo que significan. Si entendéis bien lo que sigue, jamás conoceréis el fracaso. Cada una de estas palabras significa una ciudad, cada una con una sola puerta. La primera significa el oro: es de un color amarillo perfecto; la otra significa la plata: es de un bello color blanco; la tercera significa el mercurio, es uniformemente gris; la cuarta significa el estaño: es azul como el cielo; la quinta significa el hierro: es roja como la sangre; la sexta significa el cobre: es de un color verde sin mancha; la séptima significa el plomo: es negra como el carbón. Observa bien como yo lo entiendo, compréndeme bien: hay en las puertas de estas ciudades todo el fundamento del Arte. Ninguna de estas ciudades puede nada por sí sola, es preciso que las demás participen. No se puede entrar en ninguna de estas ciudades si las puertas han sido cerradas. Y si no tuvieran puertas, no tendrían ningún poder. Si estas puertas están juntas, dan un resplandor de siete colores, y todas juntas producen una claridad, entonces nada les es comparable en poder.[13] El número siete está relacionado con los siete planetas y, por consiguiente, con el alma del mundo. Tebas tenía siete puertas y estas puertas eran de eléctrum. Siendo siete el número del alma del mundo, o alma creadora, no es difícil sospechar que estas siete puertas no eran más que una sola, cuyo misterioso eléctrum era el más bello ornamento.[14] Además, dos de estos planetas, el Sol y la Luna, se vierten en un vaso, un cáliz. […] El rocío o el espíritu del aire era como este licor,[15] que, según el lenguaje filosófico, proviene de los rayos del Sol y de la Luna, que contiene el principio que hace vegetar toda la naturaleza, y sin el cual nadie puede vivir […].[16] Esta materia proviene, pues, de los rayos de las dos luminarias, y la materia puesta entonces en el vaso pasa por diversos colores. Como las puertas de Tebas, los planetas son una misma cosa: la materia en estadios de preparación distintos. Cuando esta preciosa materia, hija del Sol y de la Luna, está puesta en el vaso filosófico, bien sellado, toma una coloración muy negra […] Luego, la materia blanquea poco a poco. Primero toma el color gris: es Júpiter (el estaño) que sucede a Saturno (el plomo) […]. Por último el color blanco, Artemis, Diana más blanca que la nieve y que sólo se muestra desnuda a los cándidos amantes de la Ciencia […]. La materia, finalmente, tras haber pasado por diversos colores intermedios, vira al rojo. Es la piedra al rojo de la cual se hace el elixir al rojo, excelente medicina de los espíritus y de los cuerpos.[17] ¿Por qué el símbolo del Mercurio ha sido representado debajo del vaso, y más grande? Una cita de Huginus à Barmâ puede aclararlo: Además, el Sol es el macho y la Luna la hembra, y el Mercurio que participa de la naturaleza de ambos, los liga y los conjunta el uno al otro.[18] Los tres escudos Tres escudos están unidos a un anillo mediante cadenas. Se ven tres escudos, que contienen un águila, un león y una estrella; también hay en el centro, finalmente dibujado, el globo imperial; el cielo y la tierra, asimismo, están diligentemente colocados.[19] El globo imperial podría ser el símbolo quymico del vitriolo. También encontraréis las maravillas de la cruz en otros motivos y sobre todo en el vitriolo, aunque no tenga la cruz totalmente perfecta […].[20] Pero aquí el símbolo está rematado por una cruz, para mostrar que el vitriolo ha sido conducido a su perfección. Las dos esferas representan probablemente el Universo: el Cielo y la Tierra. Las líneas curvas indican que estas esferas siempre giran en el mismo sentido, lo cual corresponde al sentido etimológico de la palabra “universo”.[21] ¿Qué representan los tres escudos? Los tres escudos significan en resumen Sal, Azufre y Mercurio. La Sal es un cuerpo sólido, lo mejor que hay en el Arte. El Azufre es el alma, sin él, el cuerpo no puede hacer nada. El Mercurio es el espíritu de la fuerza. Mantiene unidos el alma y el cuerpo. Por ello se le llama el mediador, lo que está hecho sin él no tiene duración, ya que el alma y el cuerpo no podrían morir si el espíritu no estuviera con ellos. Asimismo el alma y el espíritu no existirían si el cuerpo no estuviera con ellos. El cuerpo y el espíritu estarían sin fuerza si el alma no estuviera con ellos. El Arte nos hace saber todo esto: el cuerpo fija y da consistencia, el alma da el color y la tintura, el espíritu da la fluidez y penetra. Por eso no puede haber en este Arte alguno de los tres sin los otros.[22] El león y el águila representan el fijo y el volátil. Los dos, con sus patas y alas, muestran a la vez lo alto y lo bajo. Ambos reunidos hacen el “milagro de una sola cosa”. Las cadenas ligan todos estos elementos. He aquí lo que escribe E. d’Hooghvorst en su comentario acerca de la aventura de los dos niños Cromis y Mansilio, atando al ebrio Sileno: “Lo atan con aquellas mismas guirnaldas”, difícil labor, la de atar la naturaleza sutil y volátil.[23] La Sal, el Azufre y el Mercurio necesitan una atadura muy fuerte. El león y el águila deben estar ligados a la estrella de 7 puntas, siendo 7 la suma del cuadrado y del triángulo. Las dos manos Además de los signos de los metales, ves las manos tendidas la una hacia la otra […]. Las dos manos atestiguan mediante promesa solamente el verdadero fundamento y la verdadera doctrina.[24] Las manos representan la teoría y la práctica, el fundamento y la doctrina. La posición de las manos recuerda el símbolo de la bendición en la Iglesia de oriente. Tres dedos erectos, para significar el misterio de la Trinidad; dos dedos doblados, para enseñar la doble naturaleza de Cristo. Conclusión Esta Tabula Smaragdina Hermetis sólo será verdaderamente entendida por aquel que haya visitado el interior de la tierra, que se hay enderezado y haya alcanzado la piedra oculta. Quien estudie este misterioso dibujo desde el exterior sólo podrá presentir todo su valor y extraer de los buenos autores sentencias capaces de explicarle un poco lo que sospecha. La comprensión de los textos va a la par con la experiencia, “el espíritu y la comprensión avanzan con el orden del horno”, dijo un antiguo maestro, es decir, con la purificación y la cocción del Electrum. Entonces la lectura de los antiguos textos se esclarece al creciente resplandor del espejo de los filósofos. Todo esto está en el poder de Dios y quien quiera entrar en este redil sin pasar por la puerta no es más que un bandido y un ladrón.[25] Si todavía hay hombres inteligentes e Inspirados de Dios en las iglesias, éstos examinarán sus Escrituras hasta el fundamento secreto donde brilla la piedra inquebrantable e imperecedera establecida por Dios, establecida en Dios. L. Cattiaux[26] [1] . Visitabis (o: Visita) interiora térrea, rectificando invenies occultum lapidem. [2] . A.-J. Pernety, Dictionnaire mito-hermétique, ed. Arché, Milán, 1980, voz : « vitriol ». [3] . A este respecto, véase E. d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, t. I, Arola Editors, Tarragona, 2000, pp. 31 y 318. [4] . Véase J. Van Lennep, Alchimie, ed. Crédit Comunal, Bruselas, 1984, p. 202. [5] . Huginus à Barmâ, Le règne de Saturne changé en siècle d’or, ed. P. Derieu, París, 1780, p. 147. [6] . L’or y vit: ‘el oro vive en él’. Según Fulcanelli, este anagrama demostraría que se trata del lugar donde se halla el oro. (Citado por . Van Lennep, op. cit., p. 202). Es lo que parece afirmar también, el acróstico VITRIOL, véase infla. [7] . L. Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, Arola Editors, tarragona, 2000: XXV, 58. [8] . E. d’Hooghvorst, op. cit., p. 122. [9] . Ibidem, p. 123. [10] . Rectificar tiene dos sentidos: un sentido común, ‘enderezar’ y un sentido químico, ‘purificar una cosa, destilándola’. [11] . El Mensaje Reencontrado II, 4’. [12] . Ibidem III, 17. [13] . Du secret des sages, vv. 73-93, in Cahiers de l’Hermétisme, Présence d’Hermès Trismégiste, ed. Albin Michel, París, 1988, p. 219. Comentarios y una traducción de este poema atribuido a un paracelsiano se encuentran en las pp. 184-235. [14] . E. d’Hooghvorst, op. cit., p. 83. [15] . Se trata de un licor: en la imagen, los rayos se vierten como un líquido. [16] . L. de Saint-Didier, Leerte du Secret du Grand-OEuvre, citado por E. d’Hooghvorst, Le Fil de Pénélope, t. II, ed. La Table d’Emeraudde, París, 1998, p. 233. [17] . E. d’Hooghvorst, op. cit., t. II, p. 301. [18] . Huginus à Barmâ, op. cit., p. 68. [19] . Du secret des sages, cit., vv. 15-20. [20] . Douzetemps, Le Mystère de la Croix, ed. Archè, Milán, 1975, p. 208. [21] . Universum, de unus y vertere: ‘que gira en un solo sentido’. [22] . Du secret des sages, cit., p. 107. [23] . E. d’Hooghvorst, op. cit., p. 107. [24] . Du secret des sages, cit., vv. 69-70. [25] . E. d’Hooghvorst, op. cit., t. II, p. 98. [26] . Op. cit., XXIV, 4’.

domingo, abril 27, 2008

Dual dioses (3)



MERCURIO; ...... HERMES Como Mercurio o Plata Viva, es un metal fluido compuesto por una tierra metálica y por una tierra fluidificante, por ello hay tantos mercurios como metales que pueden ser mezclados con esta tierra fluidificante. Hay tanta simpatía entre esta tierra mercurial o fluidificante y los metales que cuando se la ha mezclado una vez se aferra tan firmemente que más bien se coagula que dejarse separar. En esta admirable simpatía consiste todo el secreto de la Filosofía Hermética, o Gran Obra, es decir, en tener esta tierra mercurial pura y en el estado en que se encentra antes de ser mezclada con algún metal. En esto consiste la diferencia del mercurio común y el Mercurio de los Filósofos. El primero está compuesto de esta tierra mercurial y de una tierra metálica, el segundo no es más que una tierra mercurial o fluidificante. Como Hermes todavía es uno de los nombres y el nombre propio del Mercurio de los Filósofos porque él es, en efecto, el mercurio de los cuerpos y particularmente el de todos los individuos del reino mineral.

LATONA <.......... LE
TO Los Alquimistas dicen que es necesario lavar la cara de Latona, es decir, que hay que extraer el agua de su tierra virgen por disolución y usar de esta agua para blanquear esa misma tierra, que es su Latona. Llaman a esta agua Sangre de Latona.




APOLO (FEBO);................ APOLÓN Comúnmente se considera a Apolo como el sol que nos ilumina, que los químicos consideran Sol, o parte agente de su Obra, del mismo modo que consideran a la Luna hembra o parte paciente. Esto es porque explican y aplican a las operaciones de su Arte todas las cosas que la fábula nos ha enseñado de Apolo y de sus hijos Orfeo, Himeneo y Yalemo, al que tuvo de calíope; Delfo al que tuvo de Alcacálide; Coronus de Crisforte; Linus de Terpsícore y Esculapio de Coronis. Apolo está considerado como maestro de las Musas, inventor de la medicina, adivino , oráculo y poeta y como guerrero, armado de arco y flechas, pues fue él quien mató a la serpiente Tiphón, llamada Pithón por anagrama.

DIANA; ........ARTEMIS
Se la representa con un arco y un carcaj lleno de flechas y a veces con una antorcha encendida, montada en un carro tirado por ciervas o por un ciervo y un toro. Los Antiguos le daban particularmente tres nombres: en el cielo la llamaban Lucina, en la tierra Diana y Proserpina en los Infiernos. Diana es propiamente la materia al blanco, color que aparece en la Obra antes del rojo, llamado Apolo. Entonces es Diana desnuda; cuando los Filósofos le dan el nombre de Luna, lo entienden de su agua Mercurial. D’Espagnet dice que la enseña de Diana es la única capaz de suavizar la ferocidad del Dragón filosófico. Filaleteo llama a esta enseña de Diana, o color blanco, las Palomas de Diana.




ESCULAPIO;......... ASCLEPIOS Se le presenta con un bastón en la mano con serpientes enroscadas,
siendo por siempre honrado entre los paganos como dios de la Medicina. Por ello, los Alquimistas pretenden que toda su historia fabulosa no es sino una alegoría de las operaciones y de la materia de la Medicina Universal. Su nacimiento ya bastaría para probarlo, porque está dicho que fue sacado de las cenizas de su madre por Mercurio y que el padre de Coronis se llamaba Flegias, del griego Phlegein, (quemar). Por otra parte la fábula dice que Júpiter sostuvo una relación con Latona de la que nacieron Diana y Apolo, y de Apolo, Esculapio, porque la blancura siempre precede al rojo, después del cual viene Coronis, o el negro, de donde surge, a continuación, Esculapio, o esa medicina dorada y universal cuyos efectos son tan sorprendentes tanto sobre los cuerpos humanos como sobre los metales.



LIBER PATER; ..........BACO o DIONISO
Hijo de Júpiter y Semele, hija de Cadmo. La Fábula dice que nació de las cenizas de su madre, como Esculapio, y nos lo presenta alado, con cuernos, cabeza de toro, macho y hembra, joven y viejo, barbado e imberbe. Es aquel mismo al que los egipcios llamaron Dyonisius. Todas las historias que se han contado de él no son, según el sentir de los Filósofos Espagíricos, más que una alegoría de las operaciones de su Arte, al que llaman por excelencia, Gran Obra.

domingo, marzo 23, 2008

MEDUSA Y EL INTELECTO, de Emmanuel d'Hooghvorst


Siguiendo en la línea de ese viaje a los infiernos del que hablan los adeptos me complace animar al lector a la meditación de este fragmento del HILO DE PENÉLOPE de Emmanuel d’Hooghvorst, titulado MEDUSA Y EL INTELECTO, a propósito del Infierno de Dante, (Arola Editors, Tarragona 2000, página 137).

El Infierno y la Muerte dijeron: Hemos oído hablar de ella (de la Sabiduría, pero no sabemos dónde está). Dios es quien tiene la inteligencia de su sendero y conoce su morada.[1]
Job



Cuando Dante descendió al Infierno, acompañado por Virgilio, llegó a la entrada del sexto ante la sombría muralla de la ciudad de Dite y fue recibido por este grito de las feroces Erinias:
¡Que venga Medusa, lo convertiremos en esmalte (smalto)[2], IX, 52.
Efectivamente, en la antigüedad se atribuía a Medusa la propiedad de petrificar a los que la veían: los volvía insensibles como la piedra. Aquí, como el esmalte, “smalto”.
Antes de desarrollar más ampliamente el tema, refirámonos al del poema y a la verdadera naturaleza del infierno de Dante. ¿Por qué era necesario que el poeta descendiera a esta siniestra caracola para alcanzar el paraíso? Todos recordaremos los primeros versos del Infierno:
En la mitad del camino de nuestra vida, me encontré en una selva oscura, donde se había perdido la vía recta. (I, 1-3)
Queriendo salir de este valle que le había “de miedo traspaso el corazón” (I, 15), nuestro gran poeta se esforzó en escalar la montaña que lo encerraba. Varios obstáculos: na pantera, un león, una loba hambrienta de alzaron ante él y le hicieron perder toda esperanza de alcanzar las alturas. (I, 54)
Se le apareció Virgilio y le puso en guardia con respecto a la loba: nunca permite el paso a nadie, pues se lo pide con tanto ahínco que acaba matándole. (I, 96)
Se la define como un hambre nunca saciada.
El sentido de este pasaje podría ser el siguiente: “en la mitad de nuestra vida”, Dante se sentía como desviado. Así, pues, todavía no estaba iniciado en el “bello estilo” (I, 87), cuyo maestro fue Virgilio. Estaba dominado por el impulso natural de alcanzar la cima donde luce el sol naciente (I, 16-18); como el espíritu que quiere alcanzar el gran Pan sabido antes, intenta levantar el vuelo hacia las alturas donde brilla la pureza original, objeto de su nostalgia mística.
Era preciso que Virgilio le revelara el verdadero camino de inmortalidad: “deberás”, le dijo, “hacer otro viaje si quieres huir de este lugar salvaje” (I, 91-93), si quieres escapar de esta ogresa que lo devora todo, de este sueño ávido y destructor. Entonces, Virgilio le enseñó el sendero tenebroso que conduce al centro del Universo, “donde los pesos convergen de todas partes” (XXXIV, 111), lugar de las riquezas congeladas, sobre cuya consistencia se levanta el purgatorio, también llamado “la puerta de san Pedro” (I, 134).
Éste es el sendero de los héroes. También lo denominamos sendero de Hermes, donde Dante reconoció “la vía recta” o vía de la derecha, deseo de su corazón. En la enseñanza de Virgilio reencontró su “primer propósito”: Con tus palabras, me has tan bien dispuesto el corazón para seguirte, que he vuelto a mi primer propósito. (II, 136-138)
El infierno es “una cosa secreta” (III, 21). Es el secreto del mundo, el lugar del amor condenado: Me hicieron la divina potestad, la suma sabiduría y el amor primero. (II, 5-6). Esto es lo que estaba trazado con un color oscuro sobre la puerta de la ciudad doliente. Cuando el amor se volvió avaro, fue el infierno, cuyo fondo es un lago de hielo donde reside Dite, atrapado en aquel hielo hasta el vientre.
El Infierno se divide en dos. Del canto IV al canto VII, encontramos a los que han pecado por haberse dejado arrastrar. Primero, el vestíbulo: allí se amontonan los innumerables mediocres que nadie quiere y que no encuentran sitio en ningún lugar. Luego, los pecadores de la carne, los glotones, avaros, pródigos, coléricos, rencorosos y melancólicos. Son los pecadores por haberse dejado arrastrar.
A partir del sexto círculo (canto IX),l los dos poetas visitan el infierno propiamente dicho. Allí están los pecadores por malicia. Están encerrados en la ciudad de Dite, cuyas “cúpulas son rojas por el fuego que interiormente las abrasa” (VIII, 73-74). “Aquella ciudad está rodeada por una infranqueable muralla de hierro”. (VIII, 77-78). Allí, sucesivamente, se encuentra a los heréticos, los violentos, los engañadores y los traidores.
En las inmediaciones de esta ciudad es donde Dante oyó ese grito siniestro: ¡Que venga Medusa, lo convertiremos en esmalte! (IX, 52)
En la mitología, Medusa (o Gorgona) era hija de dioses marinos. Su atroz destino la volvió célebre: era una bella joven, pero sus cabellos fueron transformados en serpientes por Atenea (Minerva) por haber dado a luz a Crisaor y Pegaso, frutos de su unión con Poseidón (Neptuno) en uno de los templos de la diosa. Su cabeza se convirtió en algo tan terrible que los que la miraban quedaban petrificados. ¿Acaso no significa el verbo “méduser”[3] ‘dejar estupefacto’?
En el transcurso de su famoso descenso a los infiernos, Ulises se expresa en la Odisea del siguiente modo: Sentí volverme verde de miedo con sólo pensar que desde el fondo del Hades la noble Perséfone pudiera mandarnos la cabeza de Gorgo, aquel terrible monstruo.[4]
El neoplatónico Porfirio, del siglo III d. C.,[5] ha comentado este pasaje: Aristóteles define a Gorgo o Medusa como terror, pánico para los que la ven.[6] Ulises temía que le fuera enviado un demonio de este tipo…” Pero Porfirio añade: “Temer no es ver”, al parecer haciendo alusión al carácter imaginario de esta aparición.
La observación de Porfirio define bien la naturaleza de esta Medusa petrificante. Es un fantasma para el que el testimonio de los sentidos no interviene en nada. Si bien se manifiesta a los condenados como terror pánico que se apodera de los espíritus pasmados, puede, sin embargo, en el transcurso de la vida del hombre tomar otros aspectos. Es el peligro de cualquier actividad psíquica separada de los sentidos y, por consiguiente, insensata. He aquí el dolo de las falsas revelaciones. Este monstruo sin huesos ni carne es como Proteo, que toma todas las formas pero no permanece en ninguna. Medusa es una pega para los que se deleitan en ella.
Pensamos que es inútil insistir sobre este cielo de mentira. El lector comprenderá lo que referimos.
La ciudad de Dite es, según hemos visto, la de los astutos, defraudadores y traidores. Recordemos que estaba rodeada por una muralla infranqueable: el delirio del espíritu se une la astucia de la razón. Éste es el momento de recordar las excelentes páginas de El Reino de la Cantidad,[7] donde el autor denuncia el racionalismo “que niega al ser humano la posesión y el uso de cualquier facultad de orden trascendente…”. Ésta es la muralla que envuelve la ciudad infernal: el olvido heló como hierro. Hemos visto anteriormente que el Infierno era el secreto de este mundo.[8]
¡Qué bien combinada está la trampa! Nunca un cazador con trampas cedió ante las súplicas o las lágrimas. El sendero de Hermes está olvidado.
Así dijo el Maestro: vuélvete hacia el interior y cierra los ojos, pues si la Gorgona se muestra y tú la ves, nunca podrás volver arriba.
Así dijo el maestro” despierta nuestra atención. Este interior hacia el que el discípulo ha de volverse es el del sentido, y la invitación a tener los ojos cerrados se comprende fácilmente.
Un hermetista contemporáneo, Louis Cattiaux, escribirá, por ejemplo, con un significado análogo: “El maestro, al visitar la morada del discípulo […] abrió todas las ventanas excepto la que miraba al Norte […]”.[9] Asimismo, antes de la reforma llamada de Pablo VI, al final de la misa católica, el sacerdote, volviéndose hacia el norte, recitaba el prólogo del evangelio según san Juan para conjurar las potencias infernales: En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre venía a este mundo. (Juan, I, 4-9)
En el poema de Virgilio,[10] cuando el piadoso Eneas fue a buscar a la Sibila para pedirle que lo guiara en los infiernos, aquélla le advirtió de los peligros que le esperaban en los siguientes términos:
[…] El descenso al Averno es cosa fácil. La puerta del negro Dite está de par en par abierta noche y día; pero volver atrás y salir a las luces de arriba, ahí está la obra, ahí está el trabajo. Unos pocos, nacidos de los dioses, a quienes Júpiter hizo objeto de su amor y llevados hacia el éter por una ardiente virtud, lo lograron […].
Uno dice lo que el otro calla.
Lo que mejor nos parece que define la condena está expresado en estos versos del Infierno:
Hemos llegado al lugar donde te dije que verías a la gente doliente que ha perdido el bien del intelecto. (III, 16-18)
Y posteriormente, leemos en el canto IX:
¡Oh, vosotros, los que tenéis el intelecto sano, ved la doctrina que se oculta bajo el velo de los versos extraños! (IX, 61-63)
Como si dijera: vosotros, que habéis reencontrado el intelecto original y no degenerado en astucia de la razón, penetrad, sólo vosotros, el misterio de mis versos.
Dante habla aquí como un discípulo de Hermes, según el lenguaje propio de la escuela, en el que el intelecto traduce exactamente el griego nous (νοϋς), considerado en los libros de Hermes Trismegisto como el fruto de una iniciación, un don divino. Volvamos a leer, por ejemplo, el tratado IV, denominado la “Crátera” o la “Mónada”.[11] El intelecto, en griego nous, es presentado allí a los espíritus de los hombres como un premio que ganar.
El señor Guignebert[12] escribe que en la época helenística, a la que se hacen remontar los textos de Hermes Trismegisto así como los escritos neotestamentarios, se utilizaba el término nous “[…] para designar a un dios nous, que les proporcionaba en el acto un conocimiento absoluto del Todo y, además, les otorga la inmortalidad”. Asimismo, en ciertos textos herméticos, nous también designa ‘el sentido de las palabras y de las cosas’.[13] San Pablo proclamaba: “Tenemos el nous de Cristo”, pasaje que san Jerónimo tradujo excelentemente por “nos autem sensum Christi habemus”, ‘tenemos el sentido de Cristo’.[14]
A partir de aquí se ve en qué difiere la revelación y, digamos la palabra, la gnosis, palabra condenada por los fariseos del cristianismo, en qué difiere ese conocimiento de todo lo que representa la manifestación de la Medusa. Hemos aludido anteriormente a que el Infierno era el secreto de este mundo. Pero es un secreto negado y es en eso que resulta verdaderamente una trampa diabólica.
Si la condena es la privación del intelecto, el infierno es vivir en un aire sin estrellas: Allí suspiros, llantos y profundos ayes resonaban en aquel aire sin estrellas […]. (III, 22-23)
Precisamente, Dante relaciona el bien del intelecto con el cielo (estrellado). Leemos en El Convite:[15]
Así también las ciencias son en nosotros la causa inductora de la perfección segunda, pues por medio de ellas podemos contemplar la verdad, que es nuestra última perfección, como dice el filósofo en el libro sexto de la Ética, cuando dice que la verdad es el bien del intelecto. Por estas y por otras muchas semejanzas, la ciencia puede ser llamada cielo […].
A la salida de este infierno, Dante exclama:
Entonces, salimos para ver de nuevo las estrellas. (XXXIV, 139)
Es el último verso del Infierno. Se pensará naturalmente en ese astro terrestre que condujo por etapas a los magos venidos de Oriente hasta el alumbramiento del hijo de Dios.
Es imposible hablar de Dante sin evocar a Beatriz, la dama de sus pensamientos. En La Vida Nueva,[16] evocando su primer encuentro exclama:
He aquí que viene un dios más fuerte que yo, que me dominará. (II, 5)
Este dios, lo habremos comprendido, es el amor que hace a los poetas.
Colocando al final lo que fue al principio, nuestro poeta celebra en el último canto del Paraíso lo que fue su salvaguardia desde el comienzo de su viaje.
Creo, por la agudeza del vivo rayo que soporté, que me habría perdido si hubiera apartado los ojos de él. (XXXIII, 76-78)
Deberíamos citar por entero este admirable canto XXXIII del Paraíso, que resume toda la obra:
Lo sé, mi decir no es más que una simple luz. (XXXIII, 90)
Esta luz está callada en el infierno que la niega; se clarifica en el purgatorio; se contempla en el paraíso.
[1] . Job XXVIII, 22-23.
[2] . Henri Longnon, ed. Garnier, París, 1938, traduce smalto por ‘piedra’, y André Pézard, ed. Gallimard, París 1965, por ‘mármol’.
[3] . Este verbo francés no tiene equivalente en castellano (N. del T.)
[4] . Homero, Odisea, XI, 634.
[5] . Porphyrii Quaestionum Homericarum, ed. Schrader-Teubner, Leipzig, 1880.
[6] . La atribución de esta definición a Aristóteles es dudosa. Tal vez se trate de un error de copista.
[7] . R. Guénon, El Reino de la Cantidad y el signo de los Tiempos, ed. Paidós, Barcelona, 1997.
[8] . Según la glosa de H. Longnon, op. cit., (en p. 137, n. 2).
[9] . Louis Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, XXIV, 33’.
[10] . Virgilio, Enéida VI, 126-131.
[11] . Hermes Trismegisto, “Poimandrés” IV, 4, en Corpus Herméticum. (Existe una traducción al español: Textos Herméticos, ed. Gredos, Madrid, 1999.)
[12] . Ch. Guignebert, Le Christ, ed. Albin Michel, Paris, 1969, p. 339.
[13] . Véase Scout, Hermética, ed. Clarendon Press, Oxford, 1924, vol. I, p. 262.
[14] . I Corintios II, 16.
[15] . En Obras completas, ed. Bac, Madrid, 1980, p. 604.
[16] . En Obras completas, ibidem, p. 537.

miércoles, septiembre 12, 2007

(artículo del traductor) El Secreto de la Mitología

No me cansaré de recomendar al lector textos actuales, ligados a la Tradición mediante un invisible pero evidente Hilo conductor lanzado por nuestro Padre pescador Adán.(1)
En este caso me refiero al hallazgo de la revista LA PUERTA,(2) de la cual, y a mi entender, ningún artículo tiene desperdicio para el buscador.
He escogido unos fragmentos, que me han fascinado, del artículo aparecido en la Puerta Tradición Latina,(3) siguiendo al mismo autor, Raimon Arola, titulado La Mitología como filosofía secreta y que el navegante también lo puede encontrar íntegro en http://www.lapuertaonline.es/ (apartado Tradición clásica).
El artículo se emplaza en el Siglo de Oro y dice:
En la literatura del Siglo de Oro español los dioses de la antigüedad clásica ocupan un lugar privilegiado, por doquier se cuentan sus hazañas, se explican sus nombres y se cantan sus glorias. Sin duda esta familiaridad se debe a la influencia del Renacimiento italiano, cuando los artistas y los filósofos se dedicaron a desenterrar la cultura y los mitos de la antigüedad entusiasmados con la Prisca theologia (4). Se consideraban continuadores de una antigua revelación que empezó con el legendario Hermes Trismegisto, quien la transmitió a Orfeo, éste a Pitágoras, él a su vez la transmitió al divino Platón, y Platón la trasmitió a Virgilio.
[...] El tratado de mitología que más resonancia tuvo durante el Siglo de Oro español, y sin duda el más importante es La Filosofía Secreta, escrito por el Bachiller Juan Pérez de Moya, astrólogo y matemático, que fue publicado en Madrid en agosto de 1584. Su título, indica claramente la intención del autor, éste propone para comprender las fábulas antiguas cinco sentidos, que van desde el más exterior y superficial, esto es, la historia, hasta el sentido central, la filosofía secreta. (5)
[...] Pérez de Moya sigue muy de cerca las explicaciones tradicionales de la etimología, alude sin citarlos a Platón y Varrón (6), pero no se queda aquí, su interpretación concluye siempre con la lectura natural del mito. Veamos algunos episodios de las fábulas de Júpiter que, en la interpretación del sabio castellano, nos permiten reconocer el origen de la etimología, esto es, la realidad natural a la que aluden; en relación a la fábula de las abejas que acuden a criar a Júpiter, nuestro erudito interpreta que los antiguos quisieron: «significar que de la tierra se levantan exhalaciones y los engendramientos de los elementos». A continuación comenta la leyenda en la que Júpiter fue criado por una cabra, y escribe: « porque la cabra es amiga de subir a lo alto, tanto que aun para comer se alza y sube a las matas; así los elementos y los vapores se levantan sobre la tierra» (7). En la explicación de la lucha de Júpiter con los Titanes, Pérez de Moya, afina todavía más su lectura de los mitos de Júpiter relacionados con la exhalación de la tierra, y comenta que:
«Algunos dicen que los antiguos por esta fábula declararon los mudamientos de los elementos, unos en otros, y las generaciones de las cosas naturales, entendiendo por los Titanes lo grueso y terrestre, que entre sí tienen los elementos, que la fuerza de los cuerpos celestiales arrempuja de lo alto a lo bajo, porque los vapores por la fuerza o virtud del Sol, por quien se entienden los Titanes, suben hacia arriba, los cuales, llegados a lo alto por virtud de los cuerpos divinos se resuelven en puros elementos, o se rechazan hacia abajo, y dellos se vuelven a entrar en la tierra, como hace el agua, y de esta entrada vuelve la tierra a engendrar cosas, y otros vapores, que es una pelea perpetua, mediante la cual contrariedad de elementos consiste la generación de las cosas naturales» (8).
Estos comentarios naturales pueden parecer a primera vista gratuitos, pero al compararlos con textos de literatura propiamente alquímica, encontramos interesantes coincidencias. Dom Pernety, otra vez, nos presta una ayuda inestimable para dicha comparación, pues reconoce en las fábulas del nacimiento de Júpiter una operación alquímica, para ello cita a Jean d’Espagnet cuando éste dice:
« La Ablución nos enseña a blanquear el cuervo y a crear Júpiter de Saturno, lo que se hace por la volatilización del cuerpo, o la metamorfosis del cuerpo en espíritu. La Reducción o la caída en forma de lluvia del cuerpo volatilizado, restituye a la piedra su alma y la alimenta con la leche espiritual del rocío, hasta que adquiere una fuerza perfecta» (9)
Toda la lectura alquímica de Pernety gira entorno a esta operación, parecida, según él, a la destilación y condensación de la química vulgar, y que alquímicamente es, siguiendo otra vez a d’Espagnet, lo que permite: "la formación y la alimentación del Hijo filosófico; que aparece finalmente con una cara blanca y bella como la de la Luna"(28). Entonces comprendemos porque Júpiter es llamado el dador y mantenedor de la vida.
El pensamiento hermético que sabe leer los fenómenos naturales como el libro en donde Dios ha escrito los misterios de la regeneración del hombre y la naturaleza estaba muy extendido en la época. Basta observar brevemente el índice de la segunda parte de la Introducción del Símbolo de la Fe de Fray Luis de Granada, publicado un año antes que la Filosofía Secreta, para convencernos del conocimiento de esta tradición. Una de las ideas capitales de su obra es que, por medio de la observación de las maravillas naturales es posible conocer a Dios, el artífice, y: « No como filósofos (que no pretenden más que darnos conocimiento de las cosas), sino como teólogos, mostrando en ellas la infinita sabiduría del Hacedor, que tales cosas supo trazar, y la de su omnipotencia, que todo lo que trazó pudo con sola su palabra hacer »(11) Veamos, a modo de ejemplo, cómo explica el fenómeno de la evaporación y condensación del agua que produce la lluvia. Primero describe el fenómeno, después hace la siguiente comparación:
« La experiencia de esto vemos en los alambiques en los que se destilan las rosas y otra yerbas, donde la fuerza del calor del fuego seca la humedad de las yerbas que se destilan, y las resuelve en vapores, y hace subir a lo alto, donde, no pudiendo subir más, se juntan y espesan y convierten en agua, la cual con su natural peso, corre luego hacia abajo, y así se destila [...] Desta manera el arte imita la naturaleza, como lo hace en todas las otras cosas»(12).
[...] Volviendo a La Filosofía secreta de Pérez de Moya quisiéramos destacar un fragmento que nos parece especialmente interesante: « Decir que Júpiter para engendrar a Hércules tomo forma de Anfitrión, es porque el hombre es para engendrar instrumento: empero la voluntad divina, entendida por Júpiter, y la fuerza de las estrellas, como causa segunda, son como instrumento para procrear varones claros»(13).
La diferencia que establece entre el engendramiento de la voluntad humana y el engendramiento según la voluntad divina nos muestra claramente que todas sus explicaciones sobre las operaciones naturales esconden el sentido último de la alquimia, la regeneración del hombre, los varones claros, de los que Juan en su Evangelio dice: «Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (I, 13), y «Lo que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» (III, 6). Pérez de Moya nos señala claramente cómo los varones claros nacen de la voluntad divina por medio de las estrellas, que son el instrumento de este engendramiento. En El Mensaje Reencontrado, (14) Louis Cattiaux escribe: «¿Pensáis hacer algo bueno sin el sol, sin la luna, sin las estrellas, sin el aire, sin el agua y sin la tierra?, Entonces, ignoráis la agricultura que es la ciencia de Dios» (XXIII, 48). Es importante señalar que Cattiaux, al igual que Pérez de Moya, habla de las estrellas y no los astros, los cuales dirigen la voluntad humana, a diferencia de las estrellas que fecundan los trabajos de los adeptos.
La idea de los varones claros es muy importante en la literatura y el arte del Siglo de Oro, se le representa como Hércules, o Teseo pero generalmente como Apolo imberbe cuya belleza es como la de Cristo (15). Pérez de Moya explica lo que significa que Apolo sea el hijo de Júpiter y Latona; por Latona entendían los antiguos: « aquella materia confusa, llamada caos, de que se hicieron las cosas», y por Júpiter: « el verdadero Dios señor nuestro. Este criador de todo hizo primero dos luminarias, que son el Sol y la Luna, como se lee en el Génesis» (16), es decir Apolo y Diana. Y completando el mito escribe: « Que Apolo en naciendo usase la ballestería y matase a la serpiente Pitón, es que saliendo el Sol, con el calor de sus rayos, que son como saetas, consumió los nublados y vapores de que se engendraban, que primero lo oscurecían» (35). Lo que Nicolás Flamel lee alquímicamente diciendo: « Lo que se lava es la Serpiente Pitón, quien, habiendo tomado su ser de la corrupción del limo de la tierra surgido de las aguas del diluvio, cuando todas las confecciones eran agua, debe ser matada y vencida por las flechas del Dios Apolo, por el rubio Sol, es decir por nuestro fuego igual al del Sol» (18).
Pérez de Moya expone por qué se representa a Apolo imberbe: « Llámase Febo, porque es nuevo y como niño, porque en latín llaman efebos a los que no tienen aun barba, como son los niños, y conviene al Sol esto, porque cada día nace de nuevo, saliendo por el horizonte, como el que sale del vientre de su madre»(19).
Los varones claros son la imagen del Sol filosófico. S. de Covarrubias representa al varón justo con el emblema de un obelisco, y escribe: « El varón justo, es como columna, o aguja de firmeza» (20). Los obeliscos estaban dedicados al sol, representando en ellos uno de sus rayos. Plinio en su Historia Natural define a los obeliscos como rayos de sol petrificados, explica lo siguiente tratando de las maravillas de Egipto:
« Los reyes, por una cierta rivalidad entre ellos, hicieron de esta piedra unos bloques largos llamados obeliscos, consagrados a la divinidad del Sol. En la superficie se halla la representación de sus rayos, y eso es lo que significa su nombre en lengua egipcia». (21)
Estas palabras son profundamente herméticas, aunque a nivel exterior parezcan que explican una curiosidad de poca importancia. El «rayo del sol petrificado» es lo mismo que la «luz corporificada», el término imperecedero de la creación, por lo que la imagen del obelisco nos conduce directamente al misterio del hombre regenerado. Los obeliscos estaban dedicados al sol, representando a uno de sus rayos. Así pues, los varones claros son la imagen del Sol filosófico. Es por ellos que L. Cattiaux decía: «Rayo y germen se aplican perfectamente a Jesucristo y al Verbo Eterno representado, de hecho, por el Sol dispensador de vida». (22)
El sentido esotérico del obelisco está perfectamente descrito en los comentarios cabalísticos sobre el Sueño de Jacob, en particular sobre el pasaje «Y cogió la piedra que había puesto como cabecera y la enderezo en estela (matsevah: obelisco, columna)» (Génesis, XXII,17). En el Sefer ha-Zohar leemos el siguiente comentario sobre dicho versículo: «¿Que significa matsevah? Significa que la piedra había caído y él la volvió a levantar». (23) O sea, se entiende que esta piedra no es otra cosa que el hombre que habiendo caído, se vuelve a levantar, es decir, se regenera.
Estas últimas citas nos ayudan a comprender con bastante precisión cual es la Naturaleza de la que hablan los sabios y, entre ellos, el bachiller Pérez de Moya, pues la Naturaleza que vemos con nuestros ojos y sentidos caídos, no es sino un reflejo de la Naturaleza interior, aquella que está oculta en cada uno de nosotros mismos, y que en los varones claros se levanta y se manifiesta completamente. Entonces la mitología es la filosofía que reúne al hombre con Dios.

(1): Nótese que la palabra pescador es la misma que pecador más la letra S, letra de Serpiente o de Sabiduría. Esto es apreciación mía y “vale lo que vale”.
(2): LA PUERTA, Isaac Peral 13b 08397 Pineda de Mar (Barcelona), tel. y fax. 937623009.
(3): LA PUERTA, Tradición Latina, ed. Obelisco, Barcelona, 1995, p. 125
(4): Sobre la Prisca Theología, es decir, la Teología de los antiguos, ver F. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, ed. Ariel, Barcelona, 1983; p. 34-36.
(5): Hemos utilizado la edición de la Filosofía secreta de ed. Glosa, Barcelona, 1977. Todas las referencias citadas pertenecen al primer volumen, la presente cita se encuentra en la p.9. Recientemente ha aparecido una edición de la editorial Cátedra, realizada por M. Claverías.
(6): Cfr. M.T. Varrón, Di lingua Latina, ed. Anthropos, Barcelona, 1990; p.49s. Y Platón, "Crátilo", Diálogos II, ed. Gredos, Madrid, 1987; p.386s.
(7): Pérez de Moya,
op. cit.; p.83.
(8): ibídem.; p.90s.
(9): D. Pernety, op. cit.; vol.I I, p.58. Y J. d’Espagnet, L’oeuvre secret de la philosophie d’Hermès. Ed. Denoël, París, 1972
; p. 150.
(10): Pernety, ibidem; vol.II, p.58.
(11): Fray Luis de Granada Introducción del Símbolo de la Fe . Ed. Cátedra, Madrid, 1989; p.114.
(12): ibídem.
(13): Juan Pérez de Moya, op. cit.; vol. II, 131.
(14): El Mensaje Reencontrado, última edición en castellano, ed. Sirio, Málaga, 1996, XXIII, 48.
(15): Los hombre del Renacimiento bajo las formas de Apolo hablaban del Hijo de Dios, es el viejo sueño de A. Durero cuando decía: "De la misma manera que los paganos han dado a su ídolo Apolo las proporciones de la más bella forma humana, nosotros queremos utilizar la misma medida para Cristo Nuestro Señor, que es el más bello del mundo". Citado por J. Garriga, Fuentes y documentos para la historia del arte. El Renacimiento en Europa. Ed. G. Gili, Barcelona, 1983; p.483.
(16): Pérez de Moya, ibídem.; p. 210.
(17): ibídem.; p.211.
(18): N. Flamel Libro de las figuras jeroglíficas. Ed. Obelisco, Barcelona, 1982; p. 59.
(19): Pérez de Moya, ibídem.; p.225.
(20): Emblemas morales. Madrid, 1610. Centuria II, emblema 149.
(21): Textos de Historia del Arte. Ed. Visor, Madrid, 1988; p.147.La palabra egipcia teche designa a la vez el rayo de sol y el obelisco.
(22): "Extracto de cartas de L. Cattiaux a sus amigos" en La Puerta, nº 9; Barcelona, 1982; p. 31.
(23): Sefer ha-Zohar . Ed. Verdier, Lagrasse, 1981; vol. I, p.366.

sábado, abril 21, 2007

Las Colonias Egipcias (2), historia de Cadmo



Cadmo era originario de Tebas en Egipto. Cuando fue enviado a la búsqueda de su hermana por Agenor su padre, rey de Fenicia, se encontró expuesto a una furiosa tempestad, que le obligó a atracar en Rodas, donde erigió un templo en honor de Neptuno cuyo servicio se confió a los fenicios que dejó en esta isla. Ofreció a Minerva un vaso de cobre muy bello de forma antigua, sobre el cual había una inscripción que decía que la isla de Rodas sería asolada por las serpientes.
Sólo esta inscripción indica que toda esta historia es una alegoría del arte sacerdotal. Pues ¿por qué ofreció a Minerva un vaso antiguo de cobre? Se hubiera debido suponer que Cadmo habría vivido en tiempos muy remotos. ¿Cuál podría ser, pues, la antigüedad de este vaso? Parece ser que es preciso tener en consideración la materia y no la forma. Esta materia es la tierra de Rodas o la tierra roja filosófica que debe ser asolada por las serpientes, es decir, disuelta por el agua de los filósofos, que a menudo es llamada serpiente. Cadmo al corriente de estos misterios no tuvo ningún esfuerzo en predecir esta devastación. El presente de un vaso antiguo de cobre ¿era de una tan gran consecuencia que mereció ser presentado a la diosa de la sabiduría? El oro y las pedrerías habrían sido más dignos de ella. Pero sin duda había en ello un misterio encerrado, es necesario un vaso de cobre, pero no del vulgar, sino de bronce filosófico, que los favoritos de Minerva, los sabios filósofos, llaman comúnmente latón o letón. Blanquead el latón, dice Morien,[1] y romped vuestros libros. El azot y el latón os son suficientes.
Toda la historia de Cadmo será siempre considerada como una pura fábula, que parecerá ridícula a todo hombre razonable si no la entiende conforme a la química hermética. En efecto ¿Qué idea es la de seguir un buey de diferentes colores, construir una ciudad donde el buey se detuvo, enviar a sus compañeros a una fuente, donde fueron devorados por un horrible dragón, hijo de Tifón y Equidna, dragón que seguidamente fue muerto por Cadmo, que le arrancó los dientes, los sembró en un campo como se siembra el grano, de donde nacieron unos hombres que atacaron a Cadmo y que al fin por una piedra que tiró entre ellos se destruyeron unos a otros sin que quedara uno solo? Más adelante en esta obra probaremos que esta historia es una alegoría siguiendo todo lo que pasa en el curso de las operaciones de la obra filosófica.
El abad Banier[2] dice que Cadmo llevó a Grecia los misterios de Baco y Osiris.
La fábula nos enseña sin embargo que Baco era nieto de Cadmo. Es verdad que este mitólogo introduce a otro Baco, hijo de Semele a fin de ajustar su historia pero ¿sobre qué fundamento? ¿es lícito introducir de su propia cosecha nuevos personajes para sortear las dificultades? Cuando Orfeo transportó a Grecia las fábulas egipcias las vistió a la manera griega y supuso un Dioniso, que no difiere en nada del Osiris de los egipcios y del Baco de los latinos, pero este Dioniso u Osiris era célebre en Egipto mucho antes de que fuera cuestión lo de Cadmo. Es por lo que los egipcios se burlaban de los griegos, cuando les oían decir que Dioniso había nacido entre ellos.
Otros atribuyen a Melampo la institución de las ceremonias del culto a Dioniso en Grecia, la historia de Saturno y la guerra de los titanes. Se dice que Dédalo fue el arquitecto del famoso vestíbulo del templo levantado en Menfis en honor de Vulcano. Pero los griegos, dice Diodoro, habiendo aprendido las historias y las alegorías de los egipcios, inventaron otras sobre estos modelos. En efecto, los poetas y los teólogos del paganismo parecen haber copiado estas fábulas de Egipto, llevadas a Grecia por Orfeo, Museo, Melampo y Homero. Los legisladores han formado sus leyes sobre las de Licurgo; los príncipes de las sectas filosóficas han sacado sus sistemas de Pitágoras, Platón, Eudoxo y Demócrito. Y si han sido tan diferentes entre ellos es porque no todos ellos estaban al corriente de los misterios egipcios y en consecuencia han explicado mal las alegorías.
Las columnas de Mercurio, de las cuales estos primeros filósofos sacaron su ciencia, por las explicaciones que los sacerdotes de Egipto les dieron podrían muy bien ser las de Osiris e Isis de las que hemos hablado, puede ser que los obeliscos que se ven aún en Roma, como se dice, fueran transportados desde Egipto y cuya superficie está llena de triángulos, círculos, cuadrados y figuras jeroglíficas. Más de un autor se ha torturado para explicarlos, Kircher ha hecho un tratado sobre ello, pero a pesar de su decisión sostenida en una ciencia muy extendida, no se ha creído su palabra. Es de los autores antiguos de donde sacaron su ciencia en Egipto, entonces es en ellos que deberían buscar su interpretación, pero para entender a la mayor parte de ellos se necesitaría también la ayuda de un Edipo, porque han escrito alegóricamente como sus maestros.
Creo que se pueden sacar muchas luces de los antiguos autores griegos para penetrar en la oscuridad de las fábulas, no es que se deba buscar precisamente en ellas el verdadero origen de los antiguos pueblos, puesto que lo que dicen es casi todo fabuloso, pero ya que ellos han copiado a los egipcios, que fueron los primeros inventores de las fábulas y que haciendo la comparación de las fábulas antiguas de Grecia con las de Egipto se nota fácilmente que todas han salido de la misma fuente, la cosa se parecería a un viajero que se vestía en cada país que recorría según la moda en uso. Las obras egipcias que habrían podido darnos algunas ideas de su manera de pensar, las de Hermes y las de los otros filósofos, se nos han escapado con el tiempo y lloraremos siempre sobre las tristes cenizas de la biblioteca de Alejandría. No tenemos otra fuente que la de los griegos, discípulos de los sabios sacerdotes de Egipto, es de ellos, pues, que se ha de obtener la ayuda, persuadidos de que han entrado en las ideas de los maestros de los que habían recibido las lecciones.
Yo sería del mismo pensamiento que Diodoro en cuanto a los nombres de algunas antiguas ciudades, montañas, ríos, etc. Este autor dice que los antiguos filósofos sacaron de su doctrina la mayor parte de estos nombres y denominaron los lugares según la relación que veían allí con algunos rasgos de esta ciencia. Se trata pues, de saber cuál era esta doctrina. Nadie duda de que ésta sea la que aprendieron en Egipto. Jámblico[3] nos asegura que esta ciencia estaba grabada en las columnas de Hermes. Josefo[4] habla de dos columnas, la una de piedra, la otra de ladrillo, levantadas antes del diluvio, sobre las cuales estaban grabados los principios de las artes. Bernardo, conde de la marca Trevisana[5] instruido por la lectura de los libros antiguos, dice que Hermes encontró siete tablas en el valle de Hebrón, sobre las cuales estaban grabados los principios de las artes liberales. Pero que Hermes las haya encontrado o que las haya inventado, lo que parece ser es que estos principios estaban expresados en jeroglíficos, y que esta manera de enseñar indicaba que el fondo de esta ciencia era un misterio que no se quería desvelar a todo el mundo, y en consecuencia los términos y los nombres empleados formaban también parte de este misterio, de donde debemos concluir que los nombres dados a los lugares por los antiguos filósofos contenían de alguna manera los misterios de los egipcios.

[1] . Morien, Conversación del Rey Calid.
[2] . Mitología, T. 1, p. 67 y t. 2, p. 262.
[3] . Jámblico, Los Misterios de los Egipcios.
[4] . Josefo, De las Antiguedades de los Judios.
[5] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.