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sábado, mayo 05, 2007

El Retorno de los Argonautas (3)



Una expedición tan peligrosa, una navegación tan penosa, la ruta que los argonautas han seguido tanto al ir como al volver, requiere más tiempo del que algunos autores comprenden. Unos aseguran que todo fue acabado en un año, lo que no estaría de acuerdo con los dos años de permanencia de Jasón en la isla de Lemnos. Sería preciso entonces computar tres años, tiempo que los barcos de Salomón emplearon para buscar el oro en la isla de Ofir. Pero los mitólogos, en vano intentaron determinar la duración de la navegación de los argonautas. Si Jasón era joven cuando partió hacia Cólquide, es cierto que Esón no era viejo, no más que Pelias. Sin embargo los autores nos los representan como dos viejos decrépitos, en el retorno de los argonautas. La prueba es simple en la tabla genealógica que sigue.
Eolo tuvo por hijos a:
Creteo que tuvo de Tiro a Esón y este con Alcimede tuvo a Jasón.
Atamas con Nefelé tuvo a Frixo que con Hele tuvo a Argos, Frontis, Melas y Cilindo.
Salmoneo tuvo a Tiro y ésta con Neptuno a Neleo y Pelias y este a Acasto.
Se ve en ello que Pelias, Esón y Frixo debían de ser casi de la misma edad, Calcíope, mujer de Frixo, era hermana de Medea e hizo todo lo que estuvo en su poder para favorecer la pasión de Jasón por su hermana. Frixo era joven cuando desposó a Calcíope, que no debía de ser vieja, cuando Jasón, de edad de unos veinte años, llegó a Colco, puesto que Medea, su hermana, también era joven. Es preciso, pues, que los mitólogos concluyan o que la expedición de los argonautas ha durado muchos años o que Pelias y Esón no eran tan viejos como los autores dicen. Esta dificultad no sería fácil de resolver con toda claridad para los mitólogos. Pero parece que los autores de los relatos del viaje a Cólquide no están muy apenados de lo que podría resultar de ello.
Los que estaban en el caso del arte hermético sabían bien que estas pretendidas dificultades desaparecían a los ojos de los filósofos, cuya manera de comprender los meses y los años es bien diferente de la del común de los cronólogos. Se ha visto en el tratado de este arte sacerdotal que los adeptos tienen sus estaciones, sus meses, sus semanas y que su manera de comprender la duración del tiempo varía según las diferentes disposiciones u operaciones de la obra. Es por lo que no parecen estar de acuerdo entre ellos cuando fijan la duración de la obra, los unos dicen un año, los otros quince meses, otros dieciocho, otros tres años. Incluso se ve que lo suben hasta diez y doce años. Se puede decir en general que la obra se acaba en doce meses o cuatro estaciones que son el año filosófico, pero esta duración, aunque compuesta de las mismas estaciones, es infinitamente abreviada en el trabajo de la multiplicación de la piedra, y cada multiplicación es más corta que la que le precede. Explicaremos estas estaciones en el diccionario Mito-Hermético, que comprende un seguimiento necesario para esta obra. Es en este sentido que se ha de explicar la duración de los viajes de Osiris y de Baco; también se ha de poner atención a que cada fábula no es siempre una alegoría entera de la obra completa. La mayor parte de los autores sólo tienen una parte como objetivo y más comúnmente las dos obras, la del azufre y la del elixir, pero particularmente éste último, como siendo el fin de la obra antes de la multiplicación, que puede dispensarse de hacer, cuando uno se quiere quedar allí.
La historia de Nefelé es una fábula, dice el abad Banier, (tom. III, p. 203). La del transporte del Toisón de oro a Cólquide, lo es también puesto que dice: Para explicar las circunstancias tan visiblemente falsas, los antiguos mitólogos inventaron una nueva fábula, y dijeron, etc. Se puede dudar de que el viaje de Jasón desde el monte Pelión a Yolcos, la pérdida de su zapato y su pasaje del río Anaure, o Enipea según Homero,[1] sobre los hombros de Juno, no estén señalados también en el mismo lugar. Ciertamente no se creerá que la nave Argo hubiera sido construida con robles parlantes. Casi todos los trazos que componen la historia de los compañeros de Jasón, cada uno en particular, son reconocidos como fabulosos, ya sea en su genealogía, puesto que todos son hijos de dioses, o en sus descendientes. Sería muy largo entrar en detalle respecto a esto.
He aquí lo que ha precedido a la partida; veamos la navegación. La infección general de las mujeres de Lemnos, ocasionada por la irritación de Venus, no es verosímil como para hacer desaparecer la ira de la diosa, o lo que sería tener mala idea respecto a la delicadeza de los argonautas, que querían bien a las Lemnianas y lejos de hacer en esta isla una estancia de dos años, ¿cómo habrían pasado allí dos días?
El abandono de Hércules en la Troada, quien fue a buscar a Hilas raptado por las ninfas; los gigantes de Cícico que tenían cada uno seis brazos y seis piernas; la fuente que la madre de los dioses hizo salir de la tierra para que Jasón pudiera expiar la muerte involuntaria de Cícico. La visita hecha a Fineo, molestado sin cesar por las harpías, cazadas por los hijos de Bóreas, es una ficción que oculta sin duda una verdad;[2] los choques entre sí de las rocas Cianeas o Simplégades, es una fábula. La fijación de las rocas y la paloma que pierde su cola en el trayecto, no son más verdad. Los pájaros de la isla de Arecia, que lanzaban desde lejos sus mortíferas plumas a los argonautas, no existieron jamás. En fin, helos aquí en Cólquide y todo lo que pasó allí son fábulas tan extraordinarias como difíciles de explicar. El encantamiento de Medea, el dragón y los toros con los pies de bronce, los hombres armados que salieron de la tierra, las hierbas encantadas, el brebaje preparado, la victoria de Jasón, su partida con Medea se ha podido decir solamente que todas estas fábulas no son más que un puro juego de la imaginación de los poetas. Vayamos al retorno de los argonautas. Los poetas han imaginado la muerte de Absirto. Los relatos de este retorno son extravagantes.
El de Onomácrito no es verosímil y el de Apolonio lo es aún menos. Es una ficción. Los pueblos citados por estos autores son o desconocidos o inexistentes en el tiempo de estos poetas, donde están emplazadas estas aventuras. Lo que pasa en el lago Tritónide es un cuento sobre el cual se debe de ver poca verdad. La historia de Jasón y la de Medea están, en fin, tan llenas de ficciones que se destruyen unas a otras, y es bien difícil de establecer algo de cierto respecto a ellas. ¿No debe de sorprender que después de tales declaraciones, el abad Banier haya emprendido la tarea de dar estas fábulas por historias reales y que haya querido hacer el esfuerzo de hacerlas verdaderas con las pruebas que aporta? Yo no me he propuesto discutir todas sus explicaciones, lo dejo al juicio de los que no se dejan deslumbrar por la gran erudición.

[1] . Homero, Odisea, lib. 2, vers. 237.
[2] . Banier, op. cit. p. 229.

viernes, mayo 04, 2007

El Retorno de los Argonautas (2)

Apolonio de Rodas e Higino[1] alababan mucho a Eufemo por su ligereza en la carrera, ya que dicen que era tal, que corriendo sobre el mar a penas mojaba sus pies. Pausanias le atribuía una gran habilidad al conducir un carro. Apolonio lo admiraba tanto que lo honra con los mismos epítetos que Homero da a Aquiles en la Ilíada; también eran hijos, el uno de Tetis, hija de Nereo y el otro de Oris, hija del río Eurotas, es decir del agua. La prueba de que estos dos poetas tenían la misma idea de estos héroes, es que Apolonio también hizo venir a Tetis para salvar a los argonautas de los escollos de Escila y Caribdis, a causa de su marido Peleo que se encontraba entre ellos.

La manera en que este poeta cuenta el acontecimiento del terrón de tierra prueba claramente a aquellos que han leído con atención las explicaciones precedentes, que es puramente una alegoría de lo que pasa en la obra después de la disolución de la materia hasta que viene a ser tierra y toma el color blanco. Los argonautas, estaban en la isla de Anaphé, una de las esporades vecina de la de Tera, y Eufemo se acordó de un sueño que había tenido la noche después del encuentro con el tritón y Eurípilo, que le había confiado el terrón de tierra, y lo contó a Jasón y a los otros argonautas. Había visto en el sueño que tenía el terrón de tierra en sus brazos y que veía manar de sus senos cantidad de gotas de leche sobre ella, que a medida que la humedecían le hacían tomar insensiblemente la forma de una joven chica muy amable. Se habría vuelto su amante en el momento que le pareció perfecta y no tenía ningún reparo en consentirle lo que quería, pero se arrepintió en el momento que empezó a creer que era incesto.
La chica lo había tranquilizado diciéndole que él no era su padre, que era hija de Tritón y de Libia y que un día sería la nodriza de sus hijos. Había añadido que permanecería en los alrededores de la isla de Anaphé y que aparecería sobre la superficie de las aguas, cuando llegara el tiempo. Para poner al lector en el caso, es suficiente recordar lo que hemos dicho antes de la isla flotante, Delos, donde Latona dio a luz a Diana.
Cuando sucede que la materia empieza a volatilizarse después de su disolución, se ve el por qué se dice que Eufemo era tan ligero en la carrera, que corriendo sobre el agua, casi no se mojaban sus pies. Se ha de señalar que el trípode que Jasón dio como presente al Tritón, era de cobre, y que lo puso en su templo. Hago esta observación para mostrar cuánto se acuerdan todas estas circunstancias con las operaciones del arte hermético, cuando son conseguidas en el punto del que hablamos, puesto que los filósofos dan también el nombre de cobre a su materia en este estado diciendo: blanquead el latón.
Las diosas del mar y los genios que Apolonio hizo aparecer a los argonautas no son, pues, los habitantes de las costas de Libia, y el caballo alado desenganchado del carro de Neptuno, un barco de Eurípilo,[2] sino las partes acuosas y volátiles que se subliman. La nave Argo al ser la materia que nada en o sobre el mar de los filósofos, es decir, su agua mercurial, no les era difícil de llevar su barco y de conformarlo al mismo tiempo a las órdenes que tenían de seguir las huellas de este caballo alado que era tan veloz como el pájaro más ligero.
Para comparar aquí las fábulas recordemos que un héroe también hizo el presente a Minerva de un vaso antiguo de cobre. Diodoro de Sicilia, que habla también del trípode, dice que llevaba una inscripción en caracteres muy antiguos. Los autores cuentan muchas otras cosas del retorno de los argonautas, pero creo que las explicaciones que he dado me dispensan de extenderme con más detalle, sería necesario, por así decirlo, hacer un comentario, con notas sobre todo lo que avanzan estos autores. Me ciño, pues, a decir dos palabras de lo que pasa tras el retorno de Jasón. Todos convienen en que Medea al llegar a la patria de su amante rejuveneció a Esón, tras cortarlo en trozos y hacerlo cocer. Esquilo dice lo mismo de las nodrizas de Baco. Se cuenta la misma cosa de Dioniso y de Osiris. Los filósofos herméticos están de acuerdo con estos autores y atribuyen a su medicina la propiedad de rejuvenecer, pero se les toma al pie de la letra y se cae en el error.
 Balgo[3] nos enseñó cuál es este anciano: Tomad –dice– el árbol blanco, edificadle una casa redonda, tenebrosa y rodeada de rocío, metedlo dentro con un viejo de cien años y habiendo cerrado la casa exactamente de manera que ni la lluvia ni el mismo viento puedan entrar, dejadles allí 80 días. ¡Os digo con verdad que este viejo no cesará de comer del fruto del árbol hasta que sea rejuvenecido. Oh, que admirable es la naturaleza que transforma el alma de este viejo en un cuerpo joven y vigoroso y que hace que el padre se convierta en hijo! Bendito sea nuestro Creador.



Estas últimas palabras explican el hecho de Medea en consideración a Pelias, relatado por Ovidio y  Pausanias[4], a saber, que Medea para engañar a las hijas de Pelias, después de haber rejuvenecido a Esón, tomó un viejo carnero que cortó en pedazos,l lo echó en una caldera, lo hizo cocerf  y lo retiró transformado en un joven cordero. Las hijas de Pelias, persuadidas de que ocurriría lo mismo con su padre, lo disecaron, lo echaron en una caldera de agua hirviendo donde fue de tal manera consumido que no quedó de él ninguna parte capaz de ser sepultada. Medea después de este golpe montó sobre su carro tirado por dos dragones alados y huyó por los aires. He aquí los dragones alados de Nicolás Flamel, es decir, las partes volátiles. Es por esto que se hace preceder esta huida por la muerte de Pelias, para señalar la disolución y la negrura, de palos (barro) o pelos (negro).


[1] . Higinio, Fab. 14.
[2] . Banier, t. 3, p. 245.
[3] . Balgo, La Turba.
[4] . Pausanias, Arcadias.

miércoles, mayo 02, 2007

El Retorno de los Argonautas (1)

En este retorno Orfeo hace recorrer a los argonautas las costas orientales de Asia, atravesar el Bósforo cimerio, las lagunas meotidas, después un estrecho que no existió jamás por el cual entraron después de nueve días al Océano septentrional, de allí llegaron a la isla Peuceste, conocida por el piloto Anceo, después a la de Circe, seguidamente a las columnas de Hércules, reentraron en el Mediterráneo, costearon Sicilia, evitaron a Escila y Caribdis mediante la ayuda de Tetis, interesada por la vida de Peleo su esposo, abordaron el país de los feacios, después de haber sido salvados de las sirenas por la elocuencia de Orfeo, al salir de allí fueron arrojados sobre las Sirtes de África, en las cuales un tritón les aseguró la nave mediante un trípode. Al fin ganaron el cabo Maleo y después Tesalia.
Parece que Orfeo ha querido declarar abiertamente que su relato era absolutamente una ficción, por la poca verosimilitud que ha puesto en él, pero Apolonio de Rodas aún ha pujado mucho sobre Orfeo. Los argonautas, según él, habiendo recordado que Fineo les había recomendado volver a Grecia por una ruta diferente de la que habían tenido yendo a Cólquide y que esta ruta había sido marcada por los sacerdotes de Tebas en Egipto, entraron en un gran río que se les cortó y no pudieron seguir. Fueron obligados a llevar el barco sobre sus espaldas durante doce días hasta que encontraron el mar, siendo perseguidos por Absirto, hermano de Medea, del que se defendieron cortándolo en pedazos.
Entonces el roble de Dodona pronunció un oráculo que predecía a Jasón que no volvería a ver su patria si no se sometía a la ceremonia de expiación por esta muerte. En consecuencia, los argonautas tomaron la ruta de Aea, donde Circe, hermana del rey de Colcos y tía de Medea, tenía su morada. Ella hizo todas las ceremonias usadas en las expiaciones y después los despidió. Su navegación fue dichosa durante algún tiempo, pero fueron arrojados sobre las Sirtes de África de donde sólo se retirarían con muchas fatigas y en las condiciones relatadas por Orfeo.
Es evidente que estos relatos son absolutamente falsos. Se excusa a estos autores por la falta de conocimiento de geografía y de navegación que en aquellos tiempos aún no estaba muy perfeccionado. Pero estos errores son tan groseros y tan evidentes, que el abad Banier, como muchos otros mitólogos que admiten la veracidad de esta expedición, no han podido evitar decir[1] que era el colmo de la ignorancia, así como una ficción pueril, que estos autores sólo se hayan dedicado a exponer lo que se sabía en su tiempo sobre los pueblos que habitaron aquellas lejanas comarcas. Este erudito mitólogo vio también que la mayor parte de estos pueblos son desconocidos y no existieron en el tiempo de Orfeo, o de Onomácrito. Sin embargo era necesario encontrar en estos poetas algunas cosas sobre las cuales el abad Banier pudiera establecer su sistema histórico. Apolonio le ha proporcionado un fundamento bien poco sólido en verdad. Son las pretendidas columnas de Cólquide, sobre las cuales este poeta dice que habían grabadas todas las rutas conocidas en aquel tiempo.
Según este mitólogo, Sesostris es precisamente quien hizo levantar estas columnas. Desgraciadamente Sesostris vino al mundo mucho tiempo después de esta pretendida expedición, aún admitiendo la realidad de este viaje en el tiempo en el que este erudito fijó la época. Pero esta dificultad no tenía consecuencia para él. Apolonio –dice– poseía sin duda la historia de Sesostris, y aunque fue posterior a la expedición de los argonautas, ha podido hablar anticipadamente de los monumentos que este conquistador dejó en Cólquide. Dejo al lector juzgar la solidez de esta prueba.
Yo prefiero explicar a Apolonio por él mismo y decir con él que la ruta que ha hecho hacer a los argonautas es la misma que les había sido marcada por los sacerdotes de Egipto.
Esto es insinuar claramente que todo es una pura ficción y un relato alegórico de lo que pasa en las operaciones del arte sacerdotal o hermético. Era de estos mismos sacerdotes que Orfeo, Apolonio y muchos otros habían tomado la ruta que se había de recorrer para llegar al fin que se propone la práctica de este arte. Parece ser, pues, que estas pretendidas columnas eran de la misma naturaleza que las de Osiris, de Baco, de Hércules, es decir, la piedra al blanco y la piedra al rojo, que son los dos términos de los viajes de estos héroes. Las faltas de geografía que se reprocha a estos poetas, sólo son faltas cuando son consideradas desde el punto de vista que presentaría una historia verdadera, pero de ningún modo en una alegoría de este género, puesto que allí todo conviene perfectamente.
Los lugares que se encontrarían naturalmente siguiendo la ruta de Cólquide a Grecia, no habrían sido propuestos para expresar las ideas alegóricas de estos poetas que, sin preocuparse mucho de conformarse a la geografía, han sacrificado la verdad por aquella que tenían a la vista. Yendo de Grecia a Cólquide todo se encuentra dispuesto como le era preciso, Lemnos se presenta primero, después de esto vienen las Cianeas y todo el resto, pero Fineo tenía razón al prescribirles otra ruta para la vuelta, porque la operación figurada mediante este retorno, debía ser parecida a la que era figurada por el viaje a Colcos, no habrían encontrado una Lemnos al salir de Fasis, ni las rocas Cianeas. Hubiera sido invertido el orden de lo que debía de acontecer en esta última operación.

La disolución de la materia, el color negro que le debe suceder y la putrefacción designada por Lemnos y el mal olor de las mujeres de esta isla, estarían entonces encontradas en el relato, al final de la obra, en lugar del comienzo, que es donde deben de aparecer, puesto que son la clave. Era preciso, pues, imaginar otra alegoría a riesgo de apartarse de lo verosímil en cuanto a la geografía. Esta disolución ha sido designada en el retorno por la muerte de Absirto y la división de sus miembros, por el presente que Eurípilo hizo a Jasón, es decir, un terrón de tierra que cae al agua, donde Medea habiéndola visto disolverse predijo muchas de las cosas favorables para los argonautas. Esta tierra es la de los filósofos que está formada de agua, para lograrlo es preciso reducirla a su primera materia, que es el agua, es por lo que se figura que un hijo de Neptuno había hecho este presente y que había sido dado en custodia a Eufemo, hijo del mismo dios y de Mecioni, u Oris, hija del río Eurotas, otros le dan por madre a Europa, hija del famoso Titio.

[1] . Banier, Ibid. p. 242.

martes, mayo 01, 2007

El Toisón de Oro, su explicación (4)


Hemos explicado extensamente el primero (de los trabajos) para dar una idea de los otros; es por lo que seremos más breves en los dos siguientes. Una infinidad de obstáculos y de peligros salen al paso de Jasón. Un dragón grande como un navío de cincuenta remos es el guardián del jardín donde está el Toisón de oro, es preciso que lo venza pero ¿quién osaría intentarlo sin la protección de Palas y el arte de Medea? Este es el dragón del que tanto hablan los filósofos, de los cuales es suficiente aportar solamente algunos textos. Es preciso –dice Raimon Llull–[1] extraer de estas tres cosas el gran dragón, que es el comienzo radical y principal de la alteración permanente. Y más abajo (cap. 10), Por esta razón es preciso decir alegóricamente que este gran dragón sale de los cuatro elementos (cap. 9). El gran dragón es rectificado en este licor (cap. 52). El dragón habita en todas las cosas, es decir, el fuego en el cual está nuestra piedra aérea. Esta propiedad se encuentra en todos los individuos del mundo (cap. 54). El fuego contra natura está encerrado en el menstruo fétido que transmuta nuestra piedra en cierto dragón venenoso, vigoroso y voraz que pone en cinta a su propia madre.

Son pocos los filósofos que no empleen la alegoría del dragón, se encontrarán pruebas de ello más que suficientes en toda esta obra. Este dragón, al ser un fuego, según la expresión de Raimon Llull, no es sorprendente que se haya figurado que el del Toisón de oro arrojara fuego por la boca y las narices. Sólo se puede conseguir matarlo echándole en la gola una composición narcótica y somnífera, es decir, que sólo se puede llegar a la putrefacción de la materia fija con la ayuda y la acción del agua mercurial, que parece apagarlo disolviéndola. Y sólo es por este medio que se le pueden arrancar los dientes, es decir, la simiente del oro filosófico, que debe ser sembrada seguidamente. Cada operación es una repetición de la que le precede, en cuanto a lo que se manifiesta en el progreso, es fácil de explicar la una cuando se tiene la inteligencia de la otra. Ésta comienza pues, como la precedente, por la putrefacción; el género de muerte de este dragón y los accidentes que le acompañan están expresados en el testamento de Arnau de Vilanova.[2] Espagnet dice[3] también que sólo se puede vencer al dragón bañándolo en el agua. Es esta agua límpida que Medea le da a Jasón.
 Pero no es suficiente haber matado al dragón; los toros se presentan también vomitando fuego, es preciso domarlos por el mismo medio y ponerlos bajo el yugo. Ya he explicado suficientemente en el capítulo de Apis lo que se debe entender por los toros, es decir, la verdadera materia primordial de la obra; es con estos animales que se ha de labrar el campo filosófico y echar la semilla preparada que le conviene. Jasón usa la misma estratagema para vencer al dragón y a los toros, pero el principal medio que empleó fue el de proveerse de la medalla del Sol y de la Luna.
Con este pentáculo, se está seguro de lograrlo. Se le encuentra en las operaciones precedentes, y no hay nada que los filósofos mencionen más que estas dos luminarias.
A penas que los dientes del dragón están en tierra, salen hombres armados que se matan entre ellos. Es decir que en el momento en que la semilla aurífica es puesta sobre la tierra, las naturalezas fijas y volátiles actúan la una sobre la otra; se produce una fermentación ocasionada por la materia fijada en piedra, el combate se induce, los vapores suben y descienden, hasta que todo se precipita y resulta una substancia fija y permanente, la posesión de ésta procura la del Toisón de oro. Virgilio habla de estos toros[4] en estos términos:
Este país no ha visto a toros soplando fuego por las narices, ligándolos para sembrar allí los dientes de una monstruosa hidra, ni una siega de cascos y abundantes lanzas de guerreros erizar sus campos. Unos dicen que este Toisón era blanco, otros que de color púrpura, pero la fábula nos enseña que había sido dorado por Mercurio, antes de que fuera suspendido en la selva de Marte. En consecuencia, había pasado del color blanco al amarillo, después al color de la herrumbre y al fin al color púrpura. Mercurio lo había dorado, puesto que el color citrino que se encuentra intermedio entre el blanco y el de la herrumbre es un efecto del mercurio.
Viene a propósito señalar, con Apolonio[5] que Medea y Ariadna, tanto la una como la otra nietas del Sol, suministraron a Teseo y a Jasón los medios de vencer a los monstruos contra los cuales querían combatir. El parecido que se encuentra entre las expediciones de estos dos príncipes prueba claramente que estas dos ficciones fueron imaginadas a la vista del mismo objeto. Embarcaron los dos con algunos compañeros, cuando llegó Teseo encontró un monstruo con el que combatir, el Minotauro; Jasón también tuvo que vencer a los toros. Teseo para llegar al Minotauro es obligado a pasar por todas las revueltas de un laberinto siempre en peligro de perecer; Jasón tiene que hacer una ruta no menos difícil a través de los escollos y de los enemigos. Ariadna se prenda de amor por Teseo y contra los intereses de su propio padre otorga a su amante los medios de salir victorioso de los peligros a los que debía de exponerse; Medea se encuentra en el mismo caso y en una circunstancia parecida procura a Jasón todo lo que necesita para vencer;
Ariadna deja a su padre, su patria y se va con Teseo, que seguidamente la abandona en la isla de Naxo, para desposar a Fedra de la cual tuvo a Hipólito y Demofón, tras haber tenido, según algunos autores, a Oenopion y Estáfilo de Ariadna. Medea también se salva con Jasón, que después de tener dos hijos la deja para tomar a Creusa. Los hijos de unos y de otros perecieron miserablemente como las madres; Teseo murió precipitado desde lo alto de una roca al mar; Jasón pereció bajo las ruinas de la nave Argo. Medea abandonada por Jasón se casó con Egeo, Ariadna con Baco. En fin, es visible que estas dos ficciones sólo son una misma cosa explicada mediante dos alegorías, de las que han querido variar las circunstancias para hacer dos historias diferentes.
Si los mitólogos quisieran tomarse la molestia de reflexionar sobre esta semejanza, ¿podrían impedir que se les abriera los ojos a su error? y ¿se tomarían tanto esfuerzo para acercar a la historia, lo que evidentemente sólo es una ficción? Estas no son las únicas fábulas que tienen una similitud inmediata, la de Cadmo también se asemeja a la de Jasón. Un mismo dragón que hace perecer, los mismos dientes que ha de sembrar, los mismos hombres que nacen y se matan entre ellos, allí es un toro que Cadmo sigue, aquí los toros que combate Jasón. En fin, si se quisieran acercar todas las fábulas antiguas, se vería sin esfuerzo que tengo razón al reducirlas todas a un mismo principio, porque tienen un mismo objeto.

[1] . Raimon Llull, Teoría, cap. 6.
[2] . Arnau de Vilanova, Testamento.
[3] . Espagnet, La Obra secreta de la Filosofía de Hermes, can. 50.
[4] . Virgilio, Geórgicas, 2, 140
[5] . Apolonio, Argonautas, lib.3, vers. 996.

lunes, abril 30, 2007

El Toisón de Oro, su explicación (3)

Orfeo o el inventor de este relato del viaje de los argonautas, había realizado la obra, por lo que no le fue difícil indicarles por medio de Fineo la ruta que debían de tomar y lo que debían de hacer seguidamente, el sabio y prudente piloto Orfeo también los condujo al son de su guitarra y les dijo lo que les era preciso hacer para librarse de los peligros que les amenazaban, las Sirtes, las Sirenas, Escila, Caribdis, las rocas Cianeas y los otros escollos. Estas dos últimas son dos montones de rocas en la entrada de Ponto-Euxino, de una figura irregular, de la cual una parte está del lado de Asia y la otra de Europa y que sólo hay entre ellas, según Estrabón,[1] un espacio de veinte estadios. Los antiguos decían que estas rocas eran móviles y que se aproximaban para engullir a los barcos, por lo que les fue dado el nombre de Simplégades, que significa que chocan entre sí. Estos dos escollos eran suficiente para sorprender a nuestros héroes, el retrato que les había hecho Fineo de ellos hubiera sido capaz de intimidarles si al mismo tiempo no les hubiera enseñado cómo debían sortearlos. Lo cual era soltar una paloma hacia el lado de allá y si volvía al de aquí sólo tenían que continuar su ruta, sino era así debían de tomar la determinación de volverse. Se puede alabar al inventor de esta ficción la atención que ha tenido de no omitir casi ni una sola circunstancia remarcable de lo que pasa en el progreso de las operaciones.
Cuando el color negro empieza a esclarecer, la materia se reviste de un color azul oscuro, que participa del negro y del azul; estos dos colores, aunque distintos entre ellos, parecen sin embargo a una cierta distancia formar un violeta. Es por lo que Flamel dice:[2] He hecho tomar el campo donde están estas dos figuras azuladas y azul para mostrar que la materia no hace más que empezar a salir de la negrura muy negra. Pues el azulado y azul es uno de los primeros colores que nos deja ver la obscura hembra, es decir, la humedad cediendo un poco al calor y a la sequedad... Cuando la sequedad domine todo será blanco. Puede que en esta descripción no veamos las rocas Cianeas, pero su mismo nombre Κυάνειος o Κυάιος designa un color azul negrura. Antes de atravesarlas, es preciso hacer pasar una paloma por encima de ellas, es decir, volatilizar la materia, es el único medio, sin él no se puede salir airoso.
Más allá de las rocas Cianeas nuestros héroes hubieron de dejar a la derecha Bitinia, tocar solamente la isla Thirea y atracar en las Mariandinos. Las tumbas de los paflagonios, sobre los que Pélope había reinado antes, los cuales se halagan de ser descendientes suyos, no están lejos de allí, les dice Fineo.[3] Tenía razón, puesto que la materia entonces saca el color negro, designado allí por Pélope de πελος, niger (negro) y de όψ, oculus (ojo). Es también este color el que viene de la putrefacción, del que los filósofos han tomado ocasión, dice Flamel, de alegorizarlo mediante las tumbas, dándole este mismo nombre.
En el lado opuesto hacia la osa mayor se elevaba en el mar una montaña llamada Carambim, debajo de la cual el Aquilón excitaba las tormentas. Abraham el judío ha empleado este símbolo para significar la misma cosa, lo que se encuentra en sus figuras jeroglíficas, restituidas por Flamel:[4] En la otra cara del cuarto folio, pintaba una bella flor en la cima de una montaña muy alta a la que el Aquilón zarandeaba muy rudamente.
Tenía el pie azul, las flores blancas y rojas, las hojas relucientes como el oro fino, y en su entorno dragones y grifos aquilonianos hacían sus nidos y moradas. No lejos de allí, continúa Apolonio, el pequeño río Iris hace correr sus aguas plateadas, y va a lanzarse al mar. Después de haber pasado la desembocadura del Termodón, las tierras de los Cálibes, donde todos son obreros del hierro, y el promontorio de Júpiter el hospitalario, descenderéis a una isla deshabitada, en la cual cazaréis todos los pájaros que hay allí, en gran número. Encontraréis un templo que las amazonas Otrera y Antíope han hecho construir en honor a Marte, tras su expedición. Os conjuro que no faltéis allí, pues se os presentará del mar una cosa de un valor inexpresable. En el otro lado habitan los filiaros, por encima los macrones, después los buzaros y al fin llegaréis a Cólquide. Pasaréis allí por el territorio citaico que se extiende hasta la montaña del Amaranto, después por las tierras que riega el Fasis, en cuya desembocadura veréis el palacio de Aetes y la selva de Marte, donde está suspendido el Toisón de oro.

He aquí toda la ruta que les indica Fineo, y es justo que les asegure no haber olvidado nada.[5] Después del color negro viene el gris al cual sucede el blanco o la plata, la Luna de los filósofos, Fineo lo indica con las aguas plateadas del pequeño río Iris y señala la cualidad ígnea con el río Termodón. Después del blanco aparece el color del robín de hierro, al que los filósofos llaman Marte. Fineo lo designa con la morada de los Calibes, obreros del hierro, con la isla y el templo de Marte, levantado por las amazonas Otrera y Antíope, es decir, por la acción de las partes volátiles sobre el fijo, que se ha de reconocer al término de la expedición que había precedido. Hizo cazar en esta isla a todos los pájaros, es decir, que es preciso fijar todo lo que es volátil, pues cuando la materia ha adquirido el color de la herrumbre está absolutamente fija, y sólo le falta fortificarse en color; es por lo que Fineo dice que pasaran por el territorio citaico, o el color de la flor de la granada, que conduce al monte Amaranto. Se dice que el amaranto es una flor de color púrpura y que es una especie inmortal. Es el color que indica la perfección de la piedra o del azufre de los filósofos.

Todos estos colores están anunciados en pocas palabras por Espagnet:[6] Tres especies de muy bellas flores han de ser buscadas y encontradas en el fondo de ese jardín de los sabios, las violetas el lis blanco y el amaranto púrpura e inmortal. Las violetas se encuentran en la entrada. El río dorado que las riega les hace tomar el color del zafiro; la industria y el trabajo hacen encontrar seguidamente el lis, al cual sucede insensiblemente el amaranto. ¿No se reconoce en estas pocas palabras todo el viaje de los argonautas? ¿Qué les quedaba por hacer? Era preciso entrar en el río Fasis o el que lleva el oro, y entrar en la ciudad del mismo nombre, donde los hijos de Frixo acogieron a nuestros héroes; Jasón fue llevado ante Eetes, hijo del Sol, quien había desposado a la hija del Océano, de la que había tenido a Medea. Así pues, el hijo del Sol es el poseedor de este tesoro y su nieta le facilitó los medios de adquirirlo, es decir, que la preparación perfecta de los principios materiales de la obra ya está acabada, el artista ha logrado la generación del hijo del Sol de los filósofos. Pero son tres los trabajos necesarios para acabar toda la obra, el primero está representado por el viaje de los argonautas a Cólquide, el segundo es el que Jasón hizo para apoderarse del Toisón de oro y el tercero, el retorno a su patria.

[1] . Estrabón, lib. 7.
[2] . Flamel, loc. cit.
[3] . Apolonio, Argonautas, lib. 2, vers. 356.
[4] . Flamel, Explicación de las Figuras... prólogo, p. 11.
[5] . Apolonio, lib.2, vers. 392.
[6] . La obra secreta de la Filosofía de Hermes, Canon, 53.

sábado, abril 28, 2007

El Toisón de Oro, su explicación (1)

Sigamos ahora a Jasón en su expedición. Primeramente aborda Lemnos, ¿por qué? Dice que es para volverse favorable a Vulcano. ¿Qué aporta y qué relación tiene el dios del fuego con Neptuno, dios del mar? Si el poeta hubiera querido hacernos entender que el relato que nos dio era, en efecto, el de una expedición por mar, ¿habría caído en un desprecio tan grosero? Sin duda que no ignoraba que era al dios del agua al que había de dirigir sus ruegos. Pero era necesario que fuera Vulcano el que se volviera favorable, porque el fuego es absolutamente necesario ¿y qué fuego? un fuego de corrupción y de putrefacción. Los argonautas reconocieron sus efectos en Lemnos, allí encontraron mujeres que exhalaban un olor hediondo e insoportable. Tal es el de la materia filosófica cuando cae en la putrefacción. Toda putrefacción al ser ocasionada por la humedad y el fuego interno que actúa en ella, no podría significarse mejor que mediante las mujeres, que en el estilo hermético son su símbolo. Morien dice[1] que el olor de la materia es parecido a la de los cadáveres, y algunos filósofos han dado a la materia en este estado el nombre de Asafétida (licor fétido). La matanza que estas mujeres hicieron con sus maridos, significa la disolución del fijo por la acción del volátil, comúnmente designado por las mujeres. La volatilización está indicada más particularmente en esta circunstancia del viaje de los argonautas, por Toas, que viene de Θοός céler (ágil, ligero, vivo, activo), Θοάζω celeriter, moveo, (mover o agitar rápidamente). Y por su hija Hipsípila cuyo nombre significa, la que ama las alturas. Es así como el abad Banier y otros muchos otros la nombran siempre, pero Homero[2] y Apolonio[3] la llaman Hipsípila ύψιπύλεια (de las alturas). Lo que conviene también a la parte volátil de la materia, que se eleva hasta la entrada del vaso donde la embocadura está sellada y cerrada como una puerta tapiada y bien clausurada.
Los argonautas se recrearon en esta isla y parecían haber olvidado el motivo de su viaje, pero Hércules los despertó de este adormecimiento y los determinó a desistir de esta estancia.[4] A penas hubieron dejado la orilla, los tirrenos se les enfrentaron en un combate sangriento donde todos fueron heridos y Glauco desapareció. Es el combate del volátil y del fijo, al cual sucede la negrura precedida del color azul. Los filósofos dan también los nombres de noche y tinieblas, a esta negrura.
Los argonautas atracaron en cierta isla y erigieron un altar de pequeñas piedras[5] en honor de la m [6] en efecto, en esta circunstancia de la obra no hay más que tres cosas, la tierra, el hijo de esta tierra y el agua o Mercurio.
adre de los dioses o Cibeles, dindimena, es decir, la Tierra. Titio y Mercurio, que habían socorrido y favorecido a nuestros héroes, no fueron olvidados. Esto tenía su razón. Cuando la materia empieza a fijarse se cambia en tierra, que se convierte en la madre de los dioses herméticos. En el estado de negrura es Saturno, el primero de todos. Cibeles o Rea su esposa es esta primera tierra filosófica, que se convierte en madre de Júpiter o del color gris que esta tierra toma. Titio era este gigante célebre, hijo de Júpiter y de la ninfa Elara, que Júpiter ocultó en la tierra para sustraerlo de la ira de Juno. Homero dice, Titio hijo de la tierra misma: Y vi a Titio el nacido de Gea, la gloriosa, tendido en el suelo. (Odisea, lib. XI, vers. 575.) Como el volumen de la tierra filosófica aumenta siempre a medida que el agua se coagula y se fija, los poetas han figurado que Titio siempre iba creciendo, de manera que se hizo grande y enorme. Se dice que quiso atentar contra el honor de Latona, madre de Apolo y de Diana que lo mataron a flechazos. Es decir que esta tierra filosófica que no está aún absolutamente fijada y que está designada por Latona, como veremos en el libro siguiente, se vuelve fija, cuando la blancura, llamada Diana o Luna de los filósofos, y la rojez o Apolo aparecen. En cuanto a los honores a Mercurio, se le hacen con razón, puesto que es uno de los principales agentes de la obra. Apolonio sólo pone a estos tres dioses como protectores y guías de los argonautas,
Después de que nuestros héroes hubieron recorrido las costas de la pequeña Misia y de la Troada, se detuvieron en Bebricia, donde Pólux mató a Ámico quien le había desafiado en combate, es decir, que la materia empieza a fijarse después de la volatilización designada por el combate. Aún está más particularmente indicada por las harpías, que tenían las uñas largas y las alas de bronce, cazadas por Calais y Zetes hijos de Bóreas, pues los filósofos dan el nombre de bronce o latón o letón a su materia en este estado: Blanquead el Latón y romped los libros, para que no se rompan vuestros corazones.[7] Después de dejar Bebricia, los argonautas atracaron en el país donde Fineo, adivino y ciego, hijo de Agenor, era molestado sin cesar por estas harpías. Le arrebataban los alimentos que le servían y ensuciaban los que le dejaban. Volatilizar es arrebatar. Calais, que es el nombre de una piedra, y Zetes las cazaron y las confinaron en la isla Plote, es decir, la que flota o que nada, porque la materia al coagularse forma una isla flotante como la de Delos, donde Latona dio a luz a Diana. Basilio Valentín alude a los dos hijos de Bóreas en estos términos[8]: Dos vientos deben entonces soplar sobre la materia, uno llamado Vulturnus o viento de Oriente, el otro Notus o viento del Mediodía (Sur). Estos vientos han de soplar sin descanso hasta que el aire se haya vuelto agua; entonces tened confianza y contad con que lo espiritual se volverá corporal, es decir, que las partes volátiles se fijarán. Todos los nombres dados a las harpías expresan algo volátil y tenebroso, según Brochart, Occipeté, que vuela; Celeno, obscuridad, nube; Aello, tempestad; de donde se concluye que significan saltamontes. Eran hijas de Neptuno y de la tierra, es decir, de la tierra y del agua mercurial de los filósofos. Se llamaba con razón a las harpías hermanas de Iris, puesto que Iris no es otra cosa que los colores del arco iris, que aparecen sobre la materia después de su putrefacción, cuando empieza a volatilizarse.
[1] . Morien, Conversación del Rey Calid.
[2] . Homero, Ilíada, lib.7, vers. 469.
[3] . Apolonio, Argonautas, lib. 1, vers. 637.
[4] . Apolonio, ibid. Vers. 864.
[5] . Apolonio, Ibid. Vers. 1123 y ss.
[6] . Apolonio, lib. 1, vers. 1125.
[7] . Morien y casi todos los Adeptos.
[8] . Basilio Valentín, Las 12 llaves, llave 6.

El Toisón de Oro, es una fábula

Vayamos a la cosa misma. ¿Se puede considerar como una historia verdadera, un acontecimiento que parece haber sido imaginado sólo para divertir a los niños? ¿Se persuadirá a la gente sensata de que se haya construido un barco de robles parlantes; que los toros arrojaban torbellinos de fuego por la boca y las narices; que de los dientes del dragón sembrados en un campo labrado, nacen hombres armados que se matan unos a otros por una piedra que fue lanzada en medio de ellos, y en fin, tantas otras cosas que son puerilidades sin excepción en todas las circunstancias de esta célebre expedición? Y ¿hay alguna que no sea señalada en extremo de fábula, e incluso de fábula mal concertada y muy insípida si no se la considera desde un punto de vista alegórico? Sin duda es lo que ha impresionado a los que han considerado este relato como una alegoría tomada de las minas que se suponía que había en la Cólquide. Estos se han aproximado más a la verdad, y más aún los que la han interpretado como el libro de pergamino que contenía la manera de hacer el oro. Pero ¿cuál es el hombre que para un tal objeto querría exponerse a los peligros que Jasón superó? ¿De qué utilidad podrían serles los consejos de Medea, sus ungüentos, su agua, sus fármacos encantados, su medalla del Sol y de la Luna, etc...? ¿Qué relación tenían los bueyes vomitando fuego, un dragón guardián de la puerta y los hombres armados que salen de la tierra, con un libro escrito en pergamino, donde el oro era recogido con los toisones (pieles) de las ovejas? ¿Era pues necesario que Jasón (que significa medicina) fuera educado para ésta bajo la disciplina de Quirón? ¿Qué relación tendría el rejuvenecimiento de Esón hecho por Medea después de esta conquista?
Sé que los mitólogos se han esforzado en dar explicaciones a todas estas circunstancias. Se ha explicado el carro de Medea, arrastrado por dos dragones, como de un barco llamado dragón y cuando se ha podido salir airoso de ello al dar un sentido, aunque forzado, se ha creído haber cortado el nudo de la dificultad diciendo con el abad Banier:[1] aún y así es una ficción privada de todo fundamento, ¡dichoso recurso! ¿Se podía imaginar uno más propio en hacer desaparecer todo lo que se encuentra de dificultoso para un mitólogo? ¿Pero es eso capaz de contener a un hombre sensato, que debe pensar naturalmente que los autores de estas ficciones tenían sin duda sus razones para introducir todas estas circunstancias? Casi todas las explicaciones dadas por los mitólogos o no aportan nada, o son imaginadas para eludir las dificultades.
Es pues, evidente que debe considerarse el relato de la conquista del Toisón de oro como una alegoría. Examinemos cada cosa en particular. ¿Qué fue Jasón? Su nombre, su educación y sus acciones lo anuncian suficientemente. Su nombre significa medicina, y curación. Se le pone bajo la disciplina de Quirón, el mismo que tomó también a su cuidado la educación de Hércules y de Aquiles, dos héroes, de los cuales uno se mostró invencible en la guerra de Troya y el otro fue para liberar la tierra de los monstruos que la infectaban. Así Jasón tuvo dos maestros, Quirón y Medea. El primero le dio las primeras instrucciones y la teoría y el segundo le guió en la práctica mediante sus asiduos consejos. Sin sus ayudas un artista no tendría éxito jamás y caería de error en error. El detalle que Bernardo Trevisano y Denis Zachaire[2] hacen de ello sería capaz de hacer perder a un artista la esperanza de llegar al fin de la práctica de este arte, si no dieran al mismo tiempo las advertencias necesarias para evitarlos.
Jasón era de la raza de los dioses. Pero ¿cómo ha podido ser enseñado por Quirón, si Saturno, padre de éste y Fílira su madre no han existido en persona? Se dice que Medea, esposa de Jasón era nieta del Sol y del Océano e hija de Aetes, hermano de Pasifae y de Circe la encantadora. Aquí vemos que tales parientes convenían perfectamente a Jasón, para todas las circunstancias y acontecimientos de su vida. Todo lo suyo tiene algo de divino, hasta los mismos compañeros de su viaje. Hay muchas cosas a considerar en esta ficción. La nave Argo fue construida, según algunos, sobre el monte Pelión, de los robles parlantes de la selva de Dodona, o al menos pusieron uno allí que sirvió de mástil, ya sea en la popa o en la proa. Palas o la Sabiduría presidió su construcción. Según algunos autores, Orfeo fue designado como piloto junto con Tifis y Anceo. Los argonautas llevaron este navío sobre sus espaldas durante doce días a través de los desiertos de Libia. Jasón estaba al abrigo de la nave Argo cuando se derrumbó de vieja, fue aplastado y pereció bajo sus ruinas. La nave finalmente fue puesta en el rango de los astros.
Todas estas cosas, indican evidentemente que Orfeo fue el constructor y el piloto, es decir, que este poeta se declara él mismo como autor de esta ficción y que emplazó la nave en el rango de los astros a fin de conservar mejor su memoria para la posteridad. Si la gobernó al son de su lira, es para dar a entender que compuso la historia en versos que cantaba. La construyó siguiendo los consejos de Palas, porque Minerva o Palas era considerada como la diosa de las ciencias y que, como se dice, no se ha de empeñar uno en querer rimar sin el consentimiento de Minerva. El roble que se empleó en la construcción de esta nave, es el mismo que aquel contra el cual Cadmo mató la serpiente que había devorado a sus compañeros, es este roble hueco al pie del cual fue plantado el rosal de Abraham el judío del que habla Flamel,[3] el mismo que rodeaba la fuente del Trevisano,[4] y aquel del que Espagnet hace mención en el canon 114 de su tratado. Es preciso pues, que este tronco de roble esté hueco, lo que ha hecho darle el nombre de nave (vaso). Se ha figurado también que Tifis fue uno de los pilotos, porque el fuego es el conductor de la obra, pues Τύφω, fumum excito in flammo (el humo sale de la llama). Se le dio a Anceo como ayudante, a fin de indicar que el fuego debe ser el mismo que el de una gallina que incuba, como dicen los filósofos, pues Anceo viene de άγκάς, ulnae (codo, antebrazo).

[1] . Banier, Mitología, t.3, p. 259.
[2] . El Trevisano, Filosofía de los Metales. Zachaire, Opúsculo.
[3] . En el quinto folio, había un hermoso Rosal florecido en medio de un bello jardín, enroscado contra un roble hueco, de cuyos pies borboteaba una Fuente de agua muy blanca, que iba a precipitarse a los abismos... Flamel, Explicación de las Figuras Jeroglíficas (prólogo).
[4] . Una noche aconteció que debía de estudiar para disputar al día siguiente: encontré una pequeña fuente bella y clara rodeada toda ella de una bella piedra. Y esta piedra estaba debajo de un viejo roble hueco. He aquí la fuente de Cadmio y el roble hueco contra el cual horadó al Dragón. El Trevisano, Filosofía de los Metales, 4 parte.

viernes, abril 27, 2007

La Conquista del Toisón de Oro (2)

  Cuando todo estuvo dispuesto para el viaje la tropa de los héroes se embarcó y un viento favorable se puso en la vela; en primer lugar abordaron en Lemnos, a fin de que Vulcano se volviera favorable. Se dice que las mujeres de esta isla habían faltado el respeto a Venus y esta diosa, para castigarlas, les adhirió un olor tan insoportable que las volvió despreciables a los hombres de esta isla. Las lemnianas irritadas tramaron asesinarlos a todos durante el sueño. Sólo Hipsípila conservó la vida a su padre Thoas, que por entonces era rey de la isla. Jasón adquirió los favores de Hipsípila y tuvieron hijos.

Al salir de Lemnos, los tirrenos les libraron un sangriento combate, donde todos estos héroes fueron heridos, excepto Glauco que desapareció y fue puesto entre el número de los dioses del mar.[1] De allí volvieron hacia Asia, recogieron a Marsias, a Cíos y a Cícico, en Iberia, seguidamente se detuvieron en Bebricia, que era el antiguo nombre de Bitinia, si se ha de creer a Servio.[2] Amico que reinaba allí, tenía la costumbre de desafiar en combate celta a los que llegaban a su país. Pólux aceptó el desafío y lo hizo morir bajo sus golpes. Después de aquello nuestros viajeros llegaron a las Sirtes de Libia, por donde se va a Egipto. El peligro que tuvo atravesar estas Sirtes fue que Jasón y sus compañeros tuvieron que tomar la resolución de llevar su barco sobre sus espaldas durante doce días a través del desierto de Libia, al cabo de los cuales, habiendo encontrado el mar la pusieron a flote.
Fueron también a visitar a Fineo, príncipe ciego y atormentado sin cesar por las harpías, de las que fue liberado por Calais y Zetes, hijos de Bóreas, los cuales tenían alas. Fineo, adivino y más clarividente con los ojos del espíritu que con los del cuerpo, les indicó la ruta que debían de tomar. Les dijo: primero debéis abordar las islas Cianeas, (que algunos han llamado Simplégades, donde hay escollos flotantes que entrechocan). Estas islas arrojan mucho fuego, pero evitaréis el peligro enviando allí una paloma. De allí pasaréis a Bitinia y dejaréis de lado la isla Tiniade. Veréis Mariandinos, Aquerusa, la ciudad de los enetas, Carambim, Halim, Iris, Temiscira, la Capadocia, las Cálibes y llegaréis finalmente al río Fasis, el cual riega la tierra de Circe, y de allí a Cólquide donde está el Toisón de oro.
Antes de llegar allí los argonautas perdieron a su piloto Tifis y pusieron a Anceo en su lugar.
Por fin toda la tropa desembarcó sobre las tierras de Aetes, hijo del Sol y rey de Colcos, quien les otorgó una amable acogida. Pero como era extremadamente celoso del tesoro que poseía y puesto que había sido informado del motivo que allí le traía, cuando Jasón apareció ante él, simuló consentir de buena gana en concederle su demanda, pero lo puso al corriente de los obstáculos que se oponían a sus deseos. Las condiciones que le prescribió eran tan duras que hubieran sido capaces de hacer desistir a Jasón en su empeño. Pero Juno que quería a Jasón, convino con Minerva que haría que Medea se enamorarse de este joven príncipe a fin de que, mediante el arte de los encantamientos del que esta princesa estaba perfectamente instruida, lo sacara de los peligros a los que se expondría para tener éxito en su empresa. En efecto, Medea tomó un tierno afecto por Jasón le ensalzó el coraje y le prometió todas las ayudas que dependieran de ella, con tal de que él se comprometiera a darle su palabra de matrimonio.

El Toisón de oro estaba suspendido en la selva de Marte, rodeado de un gran muro y sólo se podía entrar allí por una sola puerta guardada por un horrible dragón, hijo de Tifón y de Equidna. Jasón debía de poner bajo el yugo a dos toros, presente de Vulcano, que tenían los pies y los cuernos de bronce y que echaban torbellinos de fuego en llamaradas por la boca y las narices, engancharlos a un arado, hacerles labrar el campo de Marte y sembrar allí los dientes del dragón que antes debería haber matado.
De los dientes de este dragón sembrados debían nacer hombres armados, los cuales era preciso exterminar hasta el último y el Toisón de oro sería la recompensa de su victoria. Jasón tomó de su amante cuatro remedios para salir airoso. Ella le dio un ungüento del que se untó todo el cuerpo, para preservarse del veneno del dragón y del fuego de los toros. El segundo era una composición somnífera que adormecería al dragón en cuanto Jasón se la echara en la boca. El tercero era un agua límpida para apagar el fuego de los toros; y el cuarto una medalla sobre la cual estaban representados el Sol y la Luna.
Al día siguiente Jasón, provisto de todo esto, se presentó ante el dragón, le echó la composición encantada en la boca este y se adormeció, se durmió, se hinchó y reventó. Jasón le cortó la cabeza y le arrancó los dientes. A penas había terminado que los toros vinieron hacia él, arrojando una lluvia de fuego. Se libró echándoles su agua límpida. Se amansaron al instante, Jasón los aparejó y los puso bajo el yugo, labró el campo y sembró los dientes del dragón.
 Al momento vio salir a los combatientes, pero siguiendo los buenos consejos de Medea, se alejó un poco, les lanzó una piedra que los puso furiosos, volvieron sus armas los unos contra los otros y se mataron todos. Jasón libre de todos estos peligros corrió a coger el Toisón de oro, volviendo victorioso a su barco y partió con Medea para volver a su patria.
Tal es el resumen de la narración de Orfeo, o si se quiere, de Onomácrito.

El relato de Apolonio de Rodas y el de Valerio Flaco no difieren casi nada de la de Orfeo, pero muchos antiguos han añadido allí circunstancias que es inútil repetir. Los que han leído a estos autores habrán visto que Medea salvándose con Jasón, asesinó a su hermano Absirto, lo cortó en pedazos y esparció sus miembros por el camino, para retrasar el paso de su padre y de los que la perseguían; que habiendo llegado al país de Jasón rejuveneció a Esón, padre de su amante e hizo muchos otros prodigios. Habrán leído que Frixo atravesó el Helesponto sobre un carnero, llegó a Colcos y sacrificó este carnero a Mercurio, quien doró el Toisón y luego fue suspendido en la selva de Marte; y finalmente, que de todos los que pretendieron la ayuda de Medea Jasón fue al único que la consiguió, sin la cual no hubiera podido salir airoso.
[1] . Pausis en Atenas, lib.7, c. 12.
[2] . Servio, Sobre el 5º libro de la Enéida, v. 373.