Mostrando entradas con la etiqueta Pelias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pelias. Mostrar todas las entradas

domingo, mayo 13, 2007

Historia de Atalanta



La fábula de Atalanta está ligada de tal manera con la del jardín de las Hespérides que depende de ella absolutamente, puesto que Venus tomó de allí las manzanas que dio a Hipómenes. Ovidio sin duda había aprendido de algún antiguo poeta que Venus había cogido estas manzanas en el campo Damaseo de la isla de Chipre.[1] El inventor de esta circunstancia ha hecho alusión al efecto de estas manzanas, puesto que el nombre de este campo donde se supone que crecían, significa vencer, domar, de δαμάω, subigo, domo; cualidad que tienen las manzanas de oro del jardín filosófico, lo que está tomado de la naturaleza misma de la cosa, como veremos después.
Se ha variado sobre los parientes de esta heroína, unos la tienen con Apolodoro como hija de Jafo y otros como hija de Esqueneo, rey de Arcadia. Algunos autores han supuesto otra Atalanta, hija de Metalión, de la que dicen que era tan ligera en la carrera que ningún hombre, por vigoroso que fuera, podía atraparla. El abad Banier parece distinguirla de aquella que asistió a la caza del jabalí de Calidón, pero los poetas la hacen comúnmente hija de Esqueneo, rey de Eschitre.
Era virgen y de una sorprendente belleza. Había resuelto conservar su virginidad,[2] porque al haber consultado el oráculo para saber si debía de casarse, le respondió que no debía ligarse con un esposo, pero que sin embargo no lo podría evitar. Su belleza le atrajo muchos amantes, pero los alejaba a todos mediante las duras condiciones que imponía a los que pretendían desposarla. Les proponía disputar con ella una carrera, con la condición que corrieran sin armas, que los seguiría con un venablo y a los que pudiera atrapar antes de llegar a la meta los mataría con esa arma, pero que el primero que llegara antes que ella sería su esposo. Muchos lo intentaron y perecieron. Hipómenes, biznieto del dios de las aguas,[3] impresionado él mismo del conocido valor y de la belleza de Atalanta no se echó atrás por la desgracia de los otros pretendientes de esta valerosa hija.
Invocó a Venus y obtuvo tres manzanas de oro. Provisto de esta ayuda se presentó para correr con Atalanta en las mismas condiciones que los otros. El amante, según lo convenido, pasó delante, Hipómenes mientras corría dejó caer diestramente estas tres manzanas a cierta distancia una de la otra y Atalanta se entretuvo en recogerlas, él siempre tuvo ventaja y llegó primero a la meta. Mediante esta estratagema venció y desposó a esta princesa. Como ella amaba mucho la caza, practicaba a menudo este ejercicio. Un día que estaba muy fatigada, se sintió alcanzada por una violenta sed junto a un templo de Esculapio. Golpeó una roca, dice la fábula, e hizo salir una fuente de agua fresca con la que se sació. Pero seguidamente profanó con Hipómenes un templo de Cibeles, él fue transformado en león y Atalanta en leona.
Es vano querer considerar esta ficción como una verdadera historia, pues todas las circunstancias tienen un aire fabuloso. Aquellos que encuentran en todas las fábulas reglas para aplicar a las costumbres ¿podrían salir airosos diciendo que esta fábula es el retrato de la avaricia y de la voluptuosidad? o que esta rapidez en la carrera ¿indica la inconstancia que sólo puede ser fijada por el atractivo del oro? y que sus metamorfosis en animales ¿hace ver el embrutecimiento de aquellos que se libran sin moderación a la voluptuosidad? Todo ello no encuentra dificultad en mi sistema. Atalanta tiene a Esqueneo por padre o una planta que crece en los pantanos de σχοϊνος, juncus, (junco), era virgen y de una sorprendente belleza, tan ligera en la carrera que le pareció a Hipómenes que corría tan veloz como vuela una flecha o un pájaro.
El agua mercurial de los filósofos tiene todas estas cualidades; es una virgen alada, extremadamente bella,[4] nacida del agua cenagosa del mar o del lago filosófico. Tiene las mejillas coloradas y es nacida de sangre real, tal como Ovidio nos representa a Atalanta, en el lugar citado: Inque puellari corpus candore, ruborem traxerat. Nada más volátil que esta agua mercurial; no es sorprendente, pues, que sobrepase a todos sus amantes en la carrera. Así mismo los filósofos a menudo le dan los nombres de flecha y de pájaro. Fue con estas flechas con las que Apolo mató a la serpiente Pitón; Diana las empleaba en la caza y Hércules en los combates que tuvo contra ciertos monstruos; la misma razón ha hecho suponer que Atalanta mataba con un venablo, y no con una pica, a aquellos que corrían delante de ella, Hipómenes fue el único que la venció, no solamente porque era descendiente del dios de las aguas, y en consecuencia de la misma raza que Atalanta, sino porque obtuvo la ayuda de las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, que no son otra cosa que el oro o la materia de los filósofos fijada y fijativo.


Sólo este oro es capaz de fijar el mercurio de los sabios coagulándolo y transformándolo en tierra. Atalanta corre, Hipómenes corre a causa de ella, porque es una condición sin la cual no podría desposarla. En efecto, es absolutamente requerido en la obra que el fijo sea primeramente volatilizado antes de fijar al volátil y en consecuencia la unión de los dos no puede hacerse antes de esta sucesión de operaciones; es por lo que han figurado que Hipómenes había dejado caer sus manzanas a cierta distancia una de otra. Finalmente Atalanta se enamoró de su vencedor, el esposo, y viven juntos en buena inteligencia y se hacen inseparables, pero se dan aún a la caza, es decir, que después de que la parte volátil está reunida con la fija, se produce el matrimonio, es este famoso matrimonio del que los filósofos hablan en todos sus tratados.[5] Pero como la materia entonces no está absolutamente fija, se supone a Atalanta y a Hipómenes todavía dedicados a la caza.
La sed de la que Atalanta es alcanzada es la misma que aquella que abrasaba a Hércules y a los argonautas cerca del jardín de las Hespérides, y este pretendido templo de Esculapio sólo difiere de este jardín en el nombre. Hércules en el mismo caso hizo salir, como Atalanta, una fuente de agua viva de una roca, pero a la manera de los filósofos, cuya piedra se transforma en agua. Pues como dice Sinesio,[6] todo nuestro arte consiste en saber sacar el agua de la piedra o de nuestra tierra y en remitir este agua sobre su tierra. Ripley se explica poco más o menos en los mismos términos: Nuestro arte produce el agua de la tierra y el aceite de la roca más dura. Si no cambiáis nuestra piedra en agua, –dice Hermes–[7] y nuestra agua en piedra, no lo lograréis. He aquí la fuente del Trevisano y el agua viva de los sabios. 
Sinesio, al que acabamos de citar, había reconocido en la obra una Atalanta y un Hipómenes, cuando dice:[8] Sin embargo si ellos piensan entenderme sin conocer la naturaleza de los elementos y de las cosas creadas y sin tener una noción perfecta de nuestro rico metal, se engañarán y trabajarán inútilmente. Pero si conocen las naturalezas que huyen y las que siguen, podrán, por la gracia de Dios, llegar donde tienden sus deseos. Michel Maier ha hecho un tratado de emblemas herméticos, que ha intitulado Atalanta Fugiens. 
Aquellos de entre los antiguos que han dicho que Hipómenes era hijo de Marte, en el fondo no son nada contrarios a los que dicen que descendió de Neptuno,[9] puesto que el Marte filosófico se forma de la tierra proveniente del agua de los sabios, al que también llaman su mar. Esta materia fija es propiamente el dios de las aguas, de ella es compuesta la isla de Delos, de la que se dice que Neptuno fijó para favorecer la retirada y el parto de Latona, donde puso en el mundo a Apolo y a Diana, es decir, la piedra al blanco y la piedra al rojo, que son la Luna y el Sol de los filósofos y que no difieren en nada de Atalanta cambiada en leona y de Hipómenes metamorfoseado en león. 
Son el uno y el otro de una naturaleza ígnea y de una fuerza capaz de devorar los metales imperfectos, representados por los animales más débiles que ellos, y de transformarlos en su propia substancia, como hace el polvo de proyección al blanco y al rojo, que transmuta estos bajos metales en plata o en oro, según su cualidad. El templo de Cibeles donde se produjo la profanación que ocasionó la metamorfosis, es el vaso filosófico en el cual está la tierra de los sabios, madre de los dioses químicos.
Aunque Apolodoro haya seguido una tradición un poco diferente de la que acabamos de referir, el fondo es el mismo y se explica también fácilmente. Según este autor, ella fue expuesta desde su nacimiento en un lugar desierto, encontrada y llevada por cazadores, lo que le hizo tomar mucho gusto por la caza. Se encontró a aquel monstruoso jabalí de Calidón, luego los combates y los juegos instituidos en honor a Pelias, donde luchó contra Peleo y se llevó el premio. Después encontró a sus parientes, que la apremiaron a casarse y ella consintió en desposar a aquel que pudiera vencerle en la carrera, tal como se ha dicho. El desierto donde Atalanta es expuesta es el lugar mismo donde se encuentra la materia de los filósofos, hija de la Luna, según Hermes:[10] su padre es el Sol, su madre la Luna, el viento lo ha llevado en su vientre, la Tierra es su nodriza, pues Atalanta tenía a Menalion por madre, que parece venir de μηνη, Luna, y de λήιον, seges, (mies).
Los cazadores que la encontraron son los artistas a los que Raimon Llull[11] da el nombre de cazadores en esta misma circunstancia. El artista con cuidado, la pone en el vaso y le da el gusto por la caza, es decir, la dispone para la volatilización; cuando tuvo la edad de sostener la fatiga, en la que fue ejercitada, asistió a la caza del jabalí de Calidón, es decir, al combate que se da entre el volátil y el fijo, donde el primero actúa sobre el segundo y lo vence como Atalanta hirió la primera con una flecha al fiero animal y fue causa de presa, es por lo que se le adjudicó la cabeza y la piel. 
A este combate sucede la disolución y la negrura, representadas por los combates instituidos en honor de Pelias, como lo veremos en el cuarto libro. En fin, tras haberse llevado el premio contra Peleo encontró a sus parientes, es decir, que después de que el color negro ha desaparecido la materia empieza a fijarse y a volverse Luna y Sol de los filósofos, que son el padre y la madre de su materia. El resto ha sido explicado antes.

[1] . Ovidio, Metamorfosis, lib. 10, fab. 2.
[2] . Ovidio, op. cit.
[3] . Ovidio, ibid.
[4] . Tomad la Virgen alada después de haberla lavado bien, purificado y preñado con la simiente espiritual del primer macho, pero que, sin embargo, permanezca todavía virgen e impoluta, por más que esté en cinta; la descubrirás por sus mejillas teñidas de un color rojo. Espagnet, La Obra Secreta de la Filosofía de Hermes. Canon 58.
[5] . Espagnet, La Obra secreta de la Filosofía de Hermes, can. 58.
[6] . Sinesio, Sobre la obra de los Filósofos.
[7] . Hermes, Los Siete Capítulos.
[8] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.
[9] . Hipómenes se acercó a la suspirante y sudorosa vencedora y le dijo ¿por qué no aceptas mi desafío? Sospechas que voy a vencerte ¿verdad? Pues si es así no te pesará, yo soy noble, hijo de Meagro y biznieto de Neptuno. Ovidio, Metamorfosis, lib. X, fáb. XI.
[10] . Hermes, La Tabla de Esmeralda.
[11] . Raimon Llull, Teórica Testamento, cap. 18.



sábado, mayo 05, 2007

El Retorno de los Argonautas (3)



Una expedición tan peligrosa, una navegación tan penosa, la ruta que los argonautas han seguido tanto al ir como al volver, requiere más tiempo del que algunos autores comprenden. Unos aseguran que todo fue acabado en un año, lo que no estaría de acuerdo con los dos años de permanencia de Jasón en la isla de Lemnos. Sería preciso entonces computar tres años, tiempo que los barcos de Salomón emplearon para buscar el oro en la isla de Ofir. Pero los mitólogos, en vano intentaron determinar la duración de la navegación de los argonautas. Si Jasón era joven cuando partió hacia Cólquide, es cierto que Esón no era viejo, no más que Pelias. Sin embargo los autores nos los representan como dos viejos decrépitos, en el retorno de los argonautas. La prueba es simple en la tabla genealógica que sigue.
Eolo tuvo por hijos a:
Creteo que tuvo de Tiro a Esón y este con Alcimede tuvo a Jasón.
Atamas con Nefelé tuvo a Frixo que con Hele tuvo a Argos, Frontis, Melas y Cilindo.
Salmoneo tuvo a Tiro y ésta con Neptuno a Neleo y Pelias y este a Acasto.
Se ve en ello que Pelias, Esón y Frixo debían de ser casi de la misma edad, Calcíope, mujer de Frixo, era hermana de Medea e hizo todo lo que estuvo en su poder para favorecer la pasión de Jasón por su hermana. Frixo era joven cuando desposó a Calcíope, que no debía de ser vieja, cuando Jasón, de edad de unos veinte años, llegó a Colco, puesto que Medea, su hermana, también era joven. Es preciso, pues, que los mitólogos concluyan o que la expedición de los argonautas ha durado muchos años o que Pelias y Esón no eran tan viejos como los autores dicen. Esta dificultad no sería fácil de resolver con toda claridad para los mitólogos. Pero parece que los autores de los relatos del viaje a Cólquide no están muy apenados de lo que podría resultar de ello.
Los que estaban en el caso del arte hermético sabían bien que estas pretendidas dificultades desaparecían a los ojos de los filósofos, cuya manera de comprender los meses y los años es bien diferente de la del común de los cronólogos. Se ha visto en el tratado de este arte sacerdotal que los adeptos tienen sus estaciones, sus meses, sus semanas y que su manera de comprender la duración del tiempo varía según las diferentes disposiciones u operaciones de la obra. Es por lo que no parecen estar de acuerdo entre ellos cuando fijan la duración de la obra, los unos dicen un año, los otros quince meses, otros dieciocho, otros tres años. Incluso se ve que lo suben hasta diez y doce años. Se puede decir en general que la obra se acaba en doce meses o cuatro estaciones que son el año filosófico, pero esta duración, aunque compuesta de las mismas estaciones, es infinitamente abreviada en el trabajo de la multiplicación de la piedra, y cada multiplicación es más corta que la que le precede. Explicaremos estas estaciones en el diccionario Mito-Hermético, que comprende un seguimiento necesario para esta obra. Es en este sentido que se ha de explicar la duración de los viajes de Osiris y de Baco; también se ha de poner atención a que cada fábula no es siempre una alegoría entera de la obra completa. La mayor parte de los autores sólo tienen una parte como objetivo y más comúnmente las dos obras, la del azufre y la del elixir, pero particularmente éste último, como siendo el fin de la obra antes de la multiplicación, que puede dispensarse de hacer, cuando uno se quiere quedar allí.
La historia de Nefelé es una fábula, dice el abad Banier, (tom. III, p. 203). La del transporte del Toisón de oro a Cólquide, lo es también puesto que dice: Para explicar las circunstancias tan visiblemente falsas, los antiguos mitólogos inventaron una nueva fábula, y dijeron, etc. Se puede dudar de que el viaje de Jasón desde el monte Pelión a Yolcos, la pérdida de su zapato y su pasaje del río Anaure, o Enipea según Homero,[1] sobre los hombros de Juno, no estén señalados también en el mismo lugar. Ciertamente no se creerá que la nave Argo hubiera sido construida con robles parlantes. Casi todos los trazos que componen la historia de los compañeros de Jasón, cada uno en particular, son reconocidos como fabulosos, ya sea en su genealogía, puesto que todos son hijos de dioses, o en sus descendientes. Sería muy largo entrar en detalle respecto a esto.
He aquí lo que ha precedido a la partida; veamos la navegación. La infección general de las mujeres de Lemnos, ocasionada por la irritación de Venus, no es verosímil como para hacer desaparecer la ira de la diosa, o lo que sería tener mala idea respecto a la delicadeza de los argonautas, que querían bien a las Lemnianas y lejos de hacer en esta isla una estancia de dos años, ¿cómo habrían pasado allí dos días?
El abandono de Hércules en la Troada, quien fue a buscar a Hilas raptado por las ninfas; los gigantes de Cícico que tenían cada uno seis brazos y seis piernas; la fuente que la madre de los dioses hizo salir de la tierra para que Jasón pudiera expiar la muerte involuntaria de Cícico. La visita hecha a Fineo, molestado sin cesar por las harpías, cazadas por los hijos de Bóreas, es una ficción que oculta sin duda una verdad;[2] los choques entre sí de las rocas Cianeas o Simplégades, es una fábula. La fijación de las rocas y la paloma que pierde su cola en el trayecto, no son más verdad. Los pájaros de la isla de Arecia, que lanzaban desde lejos sus mortíferas plumas a los argonautas, no existieron jamás. En fin, helos aquí en Cólquide y todo lo que pasó allí son fábulas tan extraordinarias como difíciles de explicar. El encantamiento de Medea, el dragón y los toros con los pies de bronce, los hombres armados que salieron de la tierra, las hierbas encantadas, el brebaje preparado, la victoria de Jasón, su partida con Medea se ha podido decir solamente que todas estas fábulas no son más que un puro juego de la imaginación de los poetas. Vayamos al retorno de los argonautas. Los poetas han imaginado la muerte de Absirto. Los relatos de este retorno son extravagantes.
El de Onomácrito no es verosímil y el de Apolonio lo es aún menos. Es una ficción. Los pueblos citados por estos autores son o desconocidos o inexistentes en el tiempo de estos poetas, donde están emplazadas estas aventuras. Lo que pasa en el lago Tritónide es un cuento sobre el cual se debe de ver poca verdad. La historia de Jasón y la de Medea están, en fin, tan llenas de ficciones que se destruyen unas a otras, y es bien difícil de establecer algo de cierto respecto a ellas. ¿No debe de sorprender que después de tales declaraciones, el abad Banier haya emprendido la tarea de dar estas fábulas por historias reales y que haya querido hacer el esfuerzo de hacerlas verdaderas con las pruebas que aporta? Yo no me he propuesto discutir todas sus explicaciones, lo dejo al juicio de los que no se dejan deslumbrar por la gran erudición.

[1] . Homero, Odisea, lib. 2, vers. 237.
[2] . Banier, op. cit. p. 229.

viernes, mayo 04, 2007

El Retorno de los Argonautas (2)

Apolonio de Rodas e Higino[1] alababan mucho a Eufemo por su ligereza en la carrera, ya que dicen que era tal, que corriendo sobre el mar a penas mojaba sus pies. Pausanias le atribuía una gran habilidad al conducir un carro. Apolonio lo admiraba tanto que lo honra con los mismos epítetos que Homero da a Aquiles en la Ilíada; también eran hijos, el uno de Tetis, hija de Nereo y el otro de Oris, hija del río Eurotas, es decir del agua. La prueba de que estos dos poetas tenían la misma idea de estos héroes, es que Apolonio también hizo venir a Tetis para salvar a los argonautas de los escollos de Escila y Caribdis, a causa de su marido Peleo que se encontraba entre ellos.

La manera en que este poeta cuenta el acontecimiento del terrón de tierra prueba claramente a aquellos que han leído con atención las explicaciones precedentes, que es puramente una alegoría de lo que pasa en la obra después de la disolución de la materia hasta que viene a ser tierra y toma el color blanco. Los argonautas, estaban en la isla de Anaphé, una de las esporades vecina de la de Tera, y Eufemo se acordó de un sueño que había tenido la noche después del encuentro con el tritón y Eurípilo, que le había confiado el terrón de tierra, y lo contó a Jasón y a los otros argonautas. Había visto en el sueño que tenía el terrón de tierra en sus brazos y que veía manar de sus senos cantidad de gotas de leche sobre ella, que a medida que la humedecían le hacían tomar insensiblemente la forma de una joven chica muy amable. Se habría vuelto su amante en el momento que le pareció perfecta y no tenía ningún reparo en consentirle lo que quería, pero se arrepintió en el momento que empezó a creer que era incesto.
La chica lo había tranquilizado diciéndole que él no era su padre, que era hija de Tritón y de Libia y que un día sería la nodriza de sus hijos. Había añadido que permanecería en los alrededores de la isla de Anaphé y que aparecería sobre la superficie de las aguas, cuando llegara el tiempo. Para poner al lector en el caso, es suficiente recordar lo que hemos dicho antes de la isla flotante, Delos, donde Latona dio a luz a Diana.
Cuando sucede que la materia empieza a volatilizarse después de su disolución, se ve el por qué se dice que Eufemo era tan ligero en la carrera, que corriendo sobre el agua, casi no se mojaban sus pies. Se ha de señalar que el trípode que Jasón dio como presente al Tritón, era de cobre, y que lo puso en su templo. Hago esta observación para mostrar cuánto se acuerdan todas estas circunstancias con las operaciones del arte hermético, cuando son conseguidas en el punto del que hablamos, puesto que los filósofos dan también el nombre de cobre a su materia en este estado diciendo: blanquead el latón.
Las diosas del mar y los genios que Apolonio hizo aparecer a los argonautas no son, pues, los habitantes de las costas de Libia, y el caballo alado desenganchado del carro de Neptuno, un barco de Eurípilo,[2] sino las partes acuosas y volátiles que se subliman. La nave Argo al ser la materia que nada en o sobre el mar de los filósofos, es decir, su agua mercurial, no les era difícil de llevar su barco y de conformarlo al mismo tiempo a las órdenes que tenían de seguir las huellas de este caballo alado que era tan veloz como el pájaro más ligero.
Para comparar aquí las fábulas recordemos que un héroe también hizo el presente a Minerva de un vaso antiguo de cobre. Diodoro de Sicilia, que habla también del trípode, dice que llevaba una inscripción en caracteres muy antiguos. Los autores cuentan muchas otras cosas del retorno de los argonautas, pero creo que las explicaciones que he dado me dispensan de extenderme con más detalle, sería necesario, por así decirlo, hacer un comentario, con notas sobre todo lo que avanzan estos autores. Me ciño, pues, a decir dos palabras de lo que pasa tras el retorno de Jasón. Todos convienen en que Medea al llegar a la patria de su amante rejuveneció a Esón, tras cortarlo en trozos y hacerlo cocer. Esquilo dice lo mismo de las nodrizas de Baco. Se cuenta la misma cosa de Dioniso y de Osiris. Los filósofos herméticos están de acuerdo con estos autores y atribuyen a su medicina la propiedad de rejuvenecer, pero se les toma al pie de la letra y se cae en el error.
 Balgo[3] nos enseñó cuál es este anciano: Tomad –dice– el árbol blanco, edificadle una casa redonda, tenebrosa y rodeada de rocío, metedlo dentro con un viejo de cien años y habiendo cerrado la casa exactamente de manera que ni la lluvia ni el mismo viento puedan entrar, dejadles allí 80 días. ¡Os digo con verdad que este viejo no cesará de comer del fruto del árbol hasta que sea rejuvenecido. Oh, que admirable es la naturaleza que transforma el alma de este viejo en un cuerpo joven y vigoroso y que hace que el padre se convierta en hijo! Bendito sea nuestro Creador.



Estas últimas palabras explican el hecho de Medea en consideración a Pelias, relatado por Ovidio y  Pausanias[4], a saber, que Medea para engañar a las hijas de Pelias, después de haber rejuvenecido a Esón, tomó un viejo carnero que cortó en pedazos,l lo echó en una caldera, lo hizo cocerf  y lo retiró transformado en un joven cordero. Las hijas de Pelias, persuadidas de que ocurriría lo mismo con su padre, lo disecaron, lo echaron en una caldera de agua hirviendo donde fue de tal manera consumido que no quedó de él ninguna parte capaz de ser sepultada. Medea después de este golpe montó sobre su carro tirado por dos dragones alados y huyó por los aires. He aquí los dragones alados de Nicolás Flamel, es decir, las partes volátiles. Es por esto que se hace preceder esta huida por la muerte de Pelias, para señalar la disolución y la negrura, de palos (barro) o pelos (negro).


[1] . Higinio, Fab. 14.
[2] . Banier, t. 3, p. 245.
[3] . Balgo, La Turba.
[4] . Pausanias, Arcadias.

jueves, abril 26, 2007

La Conquista del Toisón de Oro (1)

Lo que prueba la antigüedad de esta fábula es que Homero hace dos menciones en el libro 12 de la Odisea.
Para dar una idea justa de esta ficción, se habría de tomar la cosa desde su origen, explicar cómo este pretendido Toisón de oro fue llevado a la Cólquide y recorrer toda la historia de Atamas (o Atamante), de Ino, de Néfele y de Frixo, de Learco y de Melicertes, pero como tendremos ocasión de hablar de ello en el cuarto libro, explicando los juegos ístmicos, sólo entraremos en el detalle de esta expedición según lo que Orfeo y Apolonio han referido.
Jasón tuvo por padre a Esón, a Creteo por abuelo a Eolo por bisabuelo y a Júpiter por trisabuelo. Su madre fue Polimede, hija de Autólico, aunque otros dicen que fue Alcímeda lo que convendría igualmente para el fondo de la historia, según mi sistema. Tiro hija de Salmoneo, educada por Creteo, hermano de aquel, gustó a Neptuno y tuvo a Neleo y Pelias; luego se desposó con Creteo su tío, del que tuvo tres hijos, Esón, Feres y Amitaón. Creteo conquistó la ciudad de Yolco y la hizo capital de sus estados y al morir dejó la corona a Esón.
Pelias, a quien Creteo no le había dado ningún establecimiento, pues no le pertenecía, se volvió poderoso mediante intrigas y destronó a Esón. Entre tanto Jasón vino al mundo, Pelias se inquietó por ello pues cogió celos de él, y buscó por todos los medios hacerlo morir. Pero Esón y su esposa habían adivinado los malvados deseos del usurpador, y llevaron al joven Jasón, que entonces se llamaba Diomedes, al antro de Quirón, hijo de Saturno y de la ninfa Fílira, que habitaba sobre el monte Pelión, y le confiaron su educación. El centauro era tenido como el hombre más sabio y el más hábil de su tiempo. Jasón aprendió allí la medicina y las artes útiles para la vida. Este joven príncipe, al llegar a la edad varonil, se introdujo en la corte de Yolco, tras haber ejecutado punto por punto todo lo que el oráculo le había predicho. Pelias no dudó de que Jasón había adquirido mucho el favor del pueblo y de los grandes. Se volvió más celoso, y buscando un pretexto honesto para deshacerse de él, le propuso la conquista del Toisón de oro, persuadido de que Jasón no rehusaría una ocasión tan favorable de adquirir gloria. Pelias, que conocía todos los riesgos, pensó que moriría en el intento. Por su lado Jasón presintió todos los peligros que iba a correr, sin embargo la proposición fue de su gusto y su gran coraje no le permitió negarse a aceptarla.
Lo dispuso todo y siguiendo los consejos de Palas, hizo construir un barco al cual le puso un mástil hecho de un roble parlante de los de la selva de Dodona. Este barco fue llamado Argo, los autores no están de acuerdo sobre el motivo que hizo nombrarlo así. Apolonio, Diodoro de Sicilia, Servio y algunos otros pretenden que este nombre le fue dado porque Argos propuso el diseño, incluso se varía mucho sobre este Argos, los unos le toman por el mismo que Juno empleó para la vigilancia de Io, hijo de Arestor; pero Meziriac quiere que se lea en Apolonio de Rodas, hijo de Alector, en lugar de hijo de Arestor.
Sin entrar en detalle de los diferentes pensamientos respecto a la denominación de este barco, lo que se puede ver en muchos autores, diré solamente que fue construido de madera del monte Pelión, según la opinión de los antiguos. Ptolomeo Efestión dice, en relación a Fotius, que Hércules fue el constructor. En cuanto a la forma de este barco, los autores no están muy de acuerdo entre ellos. Unos dicen que era largo, otros que redondo, aquellos que tenía veinticinco remos a cada lado, estos que tenía treinta, pero en general se conviene en que no estaba hecho como los barcos ordinarios. Orfeo y los más antiguos autores que han hablado, no han dicho nada de esta forma, todo lo que los otros aportan sólo está fundado en conjeturas.
Todas las circunstancias de esta pretendida expedición sufren contradicción. Se varía sobre el jefe y sobre el número de los que le acompañaban. Algunos aseguran que Hércules fue el primero en ser escogido como jefe y que Jasón no lo fue hasta después de que Hércules hubiera sido abandonado en la Troade, donde descendió a tierra para ir a buscar a Hilas. Otros pretenden que no tuvo ninguna parte en esta empresa, pero el pensamiento más común es que se embarcó con los argonautas.
En cuanto al número de estos, no se puede establecer nada como cierto, puesto que unos autores nombran a los que otros no mencionan. Se cuentan comúnmente cincuenta, todos de origen divino. Unos hijos de Neptuno, otros de Mercurio, de Marte, de Baco, de Júpiter. Se puede ver los nombres y la historia resumida en el tomo tercero de la mitología del abad Banier, página 211 y ss, donde lo explica todo conforme a sus ideas, y decide, como es común en él, rechazar lo que no puede ajustar. Admite, por ejemplo, en el número de los argonautas a Acasto, hijo de Pelias y a Neleo, hermano de éste. Aparentemente, si esta expedición fuera un hecho verdadero, y se supone que Pelias era perseguidor y enemigo jurado de Jasón y el mismo Pelias no quiso embarcar a su sobrino en esta peligrosa expedición, porque pensaba que su pérdida sería segura ¿por qué dio permiso a Acasto para acompañarlo, él que buscaba hacer perecer a Jasón para conservar la corona para este hijo suyo? No faltarían razones para rechazar otras tantas que este erudito mitólogo admite basándose en otros autores; sería fácil probar que no podían encontrarse allí, según el sistema de este mismo erudito, pero ello provocaría una discusión que no entra en nuestro plan.

jueves, noviembre 16, 2006

Liberación de Alcestis





Habiendo persuadido Medea a las hijas de Pelias para que lo cortaran en trozos y lo hirvieran en un caldero para rejuvenecerlo, Pelias no volvió. Alcestis, una de las hijas de este desdichado, se retiró a la corte de Admeto para evitar los efectos del furor de Acasto, su hermano, que la buscaba para vengar la muerte de su padre. Acasto se la reclamó a Admeto, después de haber arrasado su país, Alcestis se ofreció al vencedor para proteger a su amante Admeto; fue aceptada e inmolada. Admeto rogó a Hércules que la devolviera a la vida; este héroe encontró a la muerte que la tenía agarrada y combatió contra ella, la venció, la ató con unas cadenas de diamantes y le hizo prometer que devolvería a la bella Alcestis a la luz del día.
No concibo cómo se ha podido tener la idea de explicar históricamente una fábula tan visiblemente alegórica como esta. Si no fuera así, las circunstancias de la muerte de Pelias y el combate de Hércules contra la muerte serían cosas tan ridículamente inventadas que esta historia sólo sería buena para distraer a los niños; y si el abad Banier hubiera podido penetrar en la verdad hubiera visto que el ministerio de Apolo no era inútil para su desenlace.
Para dar explicación a esta fábula es suficiente traducir los nombres de los personajes que participan en ella; entonces sería así: El mar único tuvo por hija a la agitación y al movimiento. Neptuno se enamoró y ella consintió a sus deseos, quedó embarazada y puso en el mundo, sobre la orilla del agua agitada y amenazante, a dos hijos gemelos, a saber, el negro lívido (morado) y el cruel. Éste, echado por su hermano, se retiró al medio, nadó y desposó a la amarilla con la que tuvo doce hijos, todos muertos por Hércules excepto uno, cuando vinieron en ayuda del brillante y luminoso que estaba en guerra con Hércules, porque había rehusado dar la recompensa que le había prometido a este héroe, por limpiarle los establos. La amarilla se desposó después con el fuerte, su tío, del que tuvo tres hijos. Habiendo muerto el fuerte le sucedió el negro lívido. Este fue el que envió a Jasón a la conquista del toisón de oro. Jasón se llevó a Medea que persuadió a las hijas del negro para que lo cortaran en trozos y lo hirvieran en un caldero, así lo hicieron pero el negro, su padre, lejos de rejuvenecer permaneció muerto. La fuerza, una de sus hijas, se fue con aquel que todavía no había sido vencido, este se enamoró y no quiso devolverla al pequeño barco ligero, su hermano, que la había reclamado. Éste, irritado por el rechazo, arrasó el país del
amante de la fuerza, que habiendo sido apresado la devolvió, el hermano inmoló a la hermana y Hércules la liberó.
He aquí la misma fábula con los nombres griegos: Salmoneo tuvo una hija llamada Tiro, Neptuno se enamoró de ella y sus persecuciones no fueron vanas, Tiro quedó embarazada y trajo al mundo, sobre la orilla del río Enipeo, a dos hermanos gemelos, Pelias y Neleo. Éste, echado por su hermano, se retiró a Mesena y desposó a Cloris, con la que tuvo doce hijos, todos muertos por Hércules excepto uno, cuando vinieron a ayudar a Augias contra Hércules. Después Cloris se casó con Creteo, su tío y tuvo tres hijos. Habiendo muerto Creteo le sucedió Pelias y envió a Jasón a la conquista del toisón de oro. Jasón se llevó con él a Medea y ésta persuadió a las hijas de Pelias para que lo cortaran en trozos y lo hirvieran en un caldero con la intención de rejuvenecerlo. Así lo hicieron pero éste permaneció muerto. Alcestis, una de sus hijas se salvó yéndose con Admeto que se enamoró de ella. Acasto, su hermano, la persiguió para vengar la muerte de su padre. Se la reclamó a Admeto que rehusó devolvérsela, etc.
En esta genealogía de Alcestis, que trae a la memoria las explicaciones que hemos dado a las
diferentes fábulas de las que hemos tratado, para que después se haga la comparación, se verá un alumbramiento sobre la orilla de un río, ¿de qué hijo se trata? Del color negro. Allí se encuentra la muerte de aquellos que han ayudado a Augias, y ya se sabe lo que se ha de entender de la historia de este último. Jasón, sobrino de Pelias, ya es suficiente él sólo para aprender a explicar las dos historias de su padre Esón y de su tío Pelias. ¿Se podría expresar mejor la disolución de la materia que suponiéndola cortada a trozos? ¿En qué momento y por qué? Precisamente en el tiempo del negro significado por Pelias y por sus hijas, es decir, por las partes volátiles que se elevan. Pelias permanece muerto en el caldero, porque no habría sido más Pelias al dejar de ser negro; pero él tiene un hijo que quiere vengar su muerte; este hijo persiguió a Alcestis y arrasó el país de Admeto. Entonces el hermano de las partes volátiles es volatilizado con ellas, pero tiene un principio fijo y este principio, mientras que es volátil, arrasa el país que aún no había sido subyugado, es decir, que aún no había sido volatilizado y entonces se volatiliza. Tan pronto como el fijo toma el dominio queda en posesión de Alcestis y se la lleva con él y la inmola, es decir, que la devuelve al fondo del vaso, de donde se había escapado volatilizándose.

Allí la inmola confundiéndola con la materia en putrefacción, llamada muerte. Permanece allí hasta que Hércules, socorrido por la ayuda de Apolo, combate con la muerte, porque la parte fija aurífica, que es el Apolo de los filósofos, trabaja en concierto con el artista para hacer salir la materia de la putrefacción y sacarla de los brazos de la muerte, es decir, hacerla pasar del color negro al color gris. Entonces es cuando Hércules la ata con cadenas de diamantes y le hace prometer que devolvería a Alcestis a la luz del día; porque entonces la superficie de la materia está sembrada de pequeñas parte brillantes, que algunos filósofos han llamado ojos de pez y otros diamantes. La luz del día, o la vida a la que Alcestis es devuelta, es el color blanco que sucede al gris, pues el blanco es llamado luz, día, vida, como hemos visto más de una vez en los diferentes textos de los filósofos que hemos aportado a este respecto, en las precedentes fábulas. La muerte no se suelta más que en aquel momento, puesto que, según Filaleteo[1] y muchos otros, la putrefacción dura hasta la blancura.
[1] . I. Filaleteo, Enarrat. Methodica. P. 109.