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lunes, octubre 03, 2011

Utilidad del estudio del simbolismo en la mitología

Estudiar la mitología y su simbolismo equivale a estudiar las Escrituras, ya sean las sagradas, los libros santos o los libros Sabios, en este caso de los romanos o de los griegos, que a su vez tomaron de la simbología egipcia, como así lo repite a menudo Pernety en toda su obra.

En el frontis del templo de Delfos una sentencia griega decía: “Conócete a ti mismo y conocerás el Universo y los dioses”.

Las Escrituras reveladas de todas las naciones sólo hablan del misterio del hombre, que es Dios, y del misterio de Dios, que es el hombre.

El Mensaje Reencontrado[1] en el VIII, 29, dice: El conocimiento y dominio perfectos de uno mismo constituye el final del cambio.

Y en el IX, 59’: Sólo hay un conocimiento, una unión y un reposo verdaderos, que están en la fijeza realizada del fuego celeste.

Y en el XX, 2: Las santas Escrituras están completas desde su comienzo y cada nuevo Libro revelado no hace más que confirmarlas sin añadir ni suprimir nada al misterio del espíritu encarnado, que constituye su fundamento sagrado.

Carlos del Tilo, en el “Libro de Adán[2] (p. 46) dice respecto a la creación:

La segunda palabra del Génesis es bará, que significa “creó”. Así pues, se empieza por una creación. Pero, ¿de qué creación se trata? Estamos acostumbrados a pensar que la narración del principio del libro del Génesis habla de la creación del mundo, del universo en que vivimos. Esta manera de entender la Biblia es errónea, y fuente de incomprensiones y falsas interpretaciones, sobre todo cuando los científicos toman parte en el asunto.

No hay que entender que Dios creó este mundo en el estado que lo percibimos ahora, mezclado con la corrupción, el cual es en realidad el resultado de la transgresión adánica.

Por lo tanto todas las Escrituras de todos los tiempos y lugares están llenas de imágenes simbólicas para explicar el mismo misterio de diferentes maneras. Veamos lo que dice el mismo Carlos del Tilo (que en gloria esté) referente a los símbolos.

(Libro de Adán, p.25): […] el símbolo se dirige a la intuición de la fe y no a las especulaciones de la razón, puesto que encierra una realidad que sólo puede conocer aquél que la ha experimentado. Por ello, mientras el símbolo sea objeto de fe, el hombre no puede sino explicar un símbolo mediante otro, y corre así el riesgo de contentarse con este juego, olvidando que los símbolos sólo existen a fin de recordar los misterios de la ciencia divina.

(Libro de Adán, p. 26): Existe un símbolo esencial al que se refieren todos los demás de la ciencia sagrada, u este símbolo por excelencia es el hombre, creado “a imagen” (en hebreo, bidemut) de Dios. (Gen. V, 1)

(Libro de Adán, p. 27): Descubrir el símbolo, es decir, el hombre, consiste en reconocer la realidad física que encierra, y ello sólo es posible mediante la ayuda de Dios. Reconocer es “renacer con”, lo que implica una experiencia sensible. Los que han hablado o escrito respecto a este conocimiento experimental o gnosis se laman “conocedores”, porque describen este nacimiento y crecimiento naturales, y cada una de las imágenes que utilizan no son más que los símbolos de esta única experiencia, cuyo sentido no se puede descubrir sin haberlo experimentado.

(Libro de Adán, p. 29): Todos los símbolos se refieren a una realidad sensible, pero oculta, a la que todos podemos aproximarnos por la fe y que puede ser experimentada mediante una revelación de Dios.

Mensaje Reencontrado, II, 44: Cuando el símbolo es una realidad, es imposible descubrirlo sin la ayuda de Dios.

Y en el XXI, 55: Algunos prosiguen en secreto la búsqueda de Dios más allá de los símbolos y de las figuras, porque tienen sed de la realidad que se ve, que se toca y que se come. ¿Quién podría reprenderlos y quién osaría excluirlos de la Iglesia universal del Señor sapientísimo?

Y en el XXIV, 43: La decadencia de las religiones y de las iniciaciones proviene de que los guardianes, los creyentes y los buscadores toman los símbolos, las figuras y los ritos por el misterio mismo, cuando de hecho no son más que sus imágenes y sus recuerdos.

Los grandes poetas de todas las tradiciones y de todos los tiempos plasmaron en su legado el secreto de esta revelación siempre envuelta de un alo de hermetismo, esto lo manifiesta claramente Emmanuel d’Hooghvorst cuando dice:

Hilo de Penélope[3], t. I, p. 43: La intención de los grandes poetas de la antigüedad era la revelación y no la literatura, por lo que la función de los aedos era profética; ahora bien, no hay poesía sin musa, es decir, sin inspiración, en el sentido preciso de la palabra. Por otra parte, la palabra ‘poesía’ es la única que los griegos conocieron para traducir el sentido de “creación”.

Y en la página 57 dice: ¿Podemos dejar aún dormir largo tiempo, sepultadas en la ignorancia, las antiguas revelaciones cuyos herederos deberíamos ser? ¿Permaneceremos todavía mucho tiempo en la indigencia intelectual, sin pasado y sin recuerdo, es decir, sin educación? El hermetismo es una vieja historia, una historia que comenzó con la del mundo, y ¿acaso creemos poder obrar útilmente sin haber reconocido a nuestros antepasados?

Y en la página 103: Entre todas las formas de arte, la poesía es, ciertamente, la más digna de admiración aquí abajo, pues tiene como materia la más noble función humana: la palabra. La poesía, la verdadera, se confunde con la profecía. Los Antiguos no dudaban de que los poetas estuvieran poseídos por un ser divino: la musa. Sin musa no hay poeta. Los términos acompasados del decir poético eran los de un dios encarnado.

Y más adelante en la página 104, continúa: Pero esta poesía anuncia un arte todavía más noble que sólo encuentra su justificación en sí mismo en la gratuidad de un eterno reposo; es la fiesta en la que el rey púber se divierte y ríe en su Olimpo, tal es el Gran Arte al que aspiran, mediante las operaciones de la Gran Obra, los sabios quymicos: si escribimos este término con una Y bicorne ¿no será porque Virgilio, nuestro divino poeta recibió su saber y su arte de este cuerno?

Luego explica referente a esta Y, en la página 123: La Y es una letra de dos astas, una se inclina hacia la derecha y la otra hacia la izquierda. Es la imagen de las dos enseñanzas contenidas en la misma letra. Por el don del intelecto, los inteligentes escogen la vía de la derecha, es decir, que siguen el verdadero sentido. También se la llama vía estrecha porque es poco recorrida. Pero la mayoría permanece engañada por el sentido vulgar llamado también sentido siniestro, y guiada por la razón, sigue la vía de la izquierda que conduce al terrible Tártaro donde conocerá el furor del tártaro corrosivo.

Finalmente citaré de este autor un pasaje en el que se refiere a la alquimia:

Hilo de Penélope, t. I, p. 125: La genial alquimia se lee del silencio de una tierra condenada que es el infierno de los metales. Esta tierra sudó por el Arte y de este sudor nació la verdad: dicho sudor se cuece en pesado cuerpo que suena. Tal es el Arte nutrido por la naturaleza. Ni fe ni ley apartan de su perfume: es la vía del Santo Silencio. Un fuego secreto será allí la sal rara de los filósofos leída en un estudio en práctica bendita.

Como podemos comprobar Pernety también habla de este arte hermético en sus Fábulas[4], expresándose de la siguiente manera:

(Discurso preliminar, en el blog, “contradicción entre los autores”): El arte hermético, dicen los filósofos, es un misterio oculto para los que se fían mucho de su propio saber; pues es un don de Dios, que mira con buenos ojos y es propicio a los que son humildes y le temen, estos ponen toda su confianza en él y como Salomón, le piden con insistencia y perseverancia esta sabiduría que a su derecha tiene la salud y a su izquierda las riquezas; esta es la sabiduría que los filósofos prefieren a todos los honores y todos los reinos del mundo, porque es el árbol de la vida para aquellos que la poseen.

Más adelante, y como ejemplo de simbolismo, Pernety cita a Flamel hablando del fijo y el volátil y lo hace así:

(En el blog, “Más de Saturno”): Dice Flamel: Considerad estos dos dragones, ya que estos son los verdaderos principios de la filosofía, que los sabios no han osado mostrar ni nombrar claramente ni a sus propios hijos. El que está debajo sin alas es el fijo o el macho, el que está encima, con alas, es el volátil, la hembra negra y oscura que tomará el dominio durante muchos meses.

El primero es llamado azufre, o bien, calidez y sequedad, y el segundo plata viva o frialdad y humedad. Estos son el Sol y la Luna de fuente mercurial y origen sulfuroso, que por el fuego continuo se adornan con vestiduras reales para vencer toda cosa metálica, sólida, dura y fuerte, cuando son unidos y después transformados en quintaesencia.

En los misterios de Eléusis ya se mostraba, de una forma muy clara, este símbolo partido, uno arriba y el otro abajo, sirva también como ejemplo de mi intención en esta exposición:

Les Mystères d’Éleusis,[5] p. 91 : Dionisos, hijo de Zeus y de Perséfone, ha sido precipitado abajo por los Titanes que se han apoderado de él y lo han desmembrado, pero finalmente vuelve a su integridad.

[…] Dionisos ha sido desmembrado y después devorado por los Titanes; Zeus ha fulminado con sus rayos a los Titanes; de la ceniza producida por esta fulminación de los Titanes han nacido los hombres, y cada uno de loa cuales tiene en sí mismo una ínfima parte de Dionisos: este Dionisos encerrado en el cuerpo humano y en el mundo como en una prisión debe ser liberado con la ayuda del Dionisos que permanece arriba; así el hombre pasa de la vida titánica a la vida olímpica o vida única.

Vistas estas similitudes citaré de nuevo el Mensaje Reencontrado en la siguiente recomendación:

MR, XXXIV, 7’: Que nuestro espíritu no excluya ninguna Escritura inspirada de Dios, sino al contrario, que sean todas honradas en nuestras casas y en nuestros corazones.

Ya anteriormente nos profetizaba:

MR, XIX, 24: Cuando hayamos asido al Señor por su cabellera dorada, cuando haya transfigurado nuestra miserable cabaña en palacio, cuando se haya convertido en nuestro compañero victorioso e indefectible, entonces bendeciremos con conocimiento de causa las Escrituras santas de todas las naciones y alabaremos a Dios y a su obra sin libros ni instructores.

Mientras tanto no creo que sea inútil estudiar la revelación en las Escrituras de todas las tradiciones o al menos de las que nos caigan en las manos.

Salud.


[1] . El Mensaje Reencontrado, de Louis Cattiaux, Ediciones Herder, Sirio, Arola Editors, Claret, Obelisco, Madras, Rondas, Denoël, etc.

[2] . El Libro de Adán, Carlos del Tilo, Arola Editors, Tarragona 2002.

[3] . El Hilo de Penélope, Emmanuel d’Hooghvorst, ediciones: La Table d’Émeraude, Arola Edotors, Claret.

[4] . En este mismo blog, Las Fábulas Egipcias y Griegas, Dom Antoine-Joseph Pernety, traducido de la edición de Chez Delalain l’ainé, Libraire, París, 1786.

[5] . Les Mystères d’Éleusis, Victor Magnien, Ed. Payot, París, 1950.

jueves, octubre 04, 2007

(artículo del traductor) La Lectura Alquímica

En la presentación de este blog, (presentación 3), mostraba al lector los versículos del Mensaje Reencontrado, de Louis Cattiaux, (1) que me habían animado a sumergirme en la lectura de la fabulosa tradición de nuestros antepasados, y por supuesto en la búsqueda de comentarios y explicaciones que arrojaran un poco de luz a mis tinieblas.
Estos versículos son los siguientes:
II, 83: Estudiemos los triples misterios antiguos. Reverenciemos las doctrinas y las fábulas sagradas. Busquemos el bien que subsiste en el mal. Meditemos sobre las obras de los profetas y de los santos filósofos. Comprendamos que sólo hay un Dios, una sola ciencia y una sola creación en todas partes y siempre.
III, 17: La verdad se oculta bajo el velo de las fábulas y las parábolas, es necesario un espíritu muy recto y muy penetrante para descubrirla, así como se precisa un ojo muy ejercitado para reconocer el diamante bajo la envoltura que lo protege.
Estas palabras me llevaron al encuentro con Pernety y sus Fábulas Egipcias y Griegas, y su Diccionario Mito–Hermético. (2)
Luego apareció el Florilegio Epistolar, extractos de la correspondencia que Louis Cattiaux mantuvo con sus amigos, en el que descubrí que este autor también recomendaba la lectura de Pernety, concretamente en esta respuesta: (3)
La lectura de las obras herméticas te abrirá el camino a la lectura de las santas Escrituras, si las lees con ojos desinteresados y amorosos, si no, te conducirán a la locura de la química como a muchos demasiado sabios y demasiado astutos. Todos los tratados llamados alquímicos de buenos autores como Basilio Valentín, el Cosmopolita, Nicolás de Valois, Nicolás Flamel, Arnaldo de Vilanova, Moriano, Raimundo Lulio, Grosparmy, Rhumelius, Guillermo Salmon, Pernety, etc., te ayudarán a desembrollar el caos y a separar la luz de las tinieblas, pero, sobre todo, la santa plegaria al Señor de vida, que los buscadores orgullosos y estúpidos suelen despreciar.
Desde luego Cattiaux no recomienda estos autores porque sí, veamos un fragmento de Las Fábulas de Pernety y comprobemos la consonancia de espíritu entre estos autores, precisamente hablando de las dos maneras de entender la lectura alquímica: (4)
Es verdad –dice Pernety– que mucha gente se las da de filósofos y abusan de la credulidad de los bobos. Pero ¿es ésta una falta de la ciencia hermética? Los filósofos se manifiestan lo suficiente en el mundo como para hacerse oír y prevenirlos de las trampas que les tienden esta clase de gente. No es solamente uno quien dice que la materia de este arte es de un precio vil, e incluso que no cuesta nada, que el fuego para trabajarla no cuesta más y que sólo se necesita un vaso o máximo dos para todo el transcurso de la obra.
Escuchemos a Espagnet: La obra filosófica requiere más tiempo y trabajo que gastos, pues le queda muy poco que hacer a aquel que tiene la materia requerida. Los que piden grandes sumas para llevarla a cabo tienen más confianza en las riquezas del prójimo que en la ciencia del arte. Que el aficionado a ella tenga cuidado y no caiga en las trampas que le tiendan los bribones que quieren su bolsa al mismo tiempo que le prometen montañas de oro. Esos piden el sol para conducirse en las operaciones de este arte porque no ven nada. (5)
Lo que desacredita la ciencia hermética son estos bastardos de la química vulgar, conocidos ordinariamente con el nombre de sopladores y de buscadores de la piedra filosofal. Estos son los idólatras de la filosofía hermética. Todas las recetas que se les proponen son para ellos como Dios, ante las cuales doblan la rodilla. Se encuentra un buen número de esta clase de gente entre los muy instruidos en las operaciones de la química vulgar, pero no están instruidos en los principios de la filosofía hermética y por ello no tendrán éxito. Otros ignoran incluso hasta los principios mismos de la química vulgar y estos son propiamente los sopladores.
[...] Los filósofos herméticos insisten casi siempre en señalar en sus obras la diferencia de estos dos artes. Pero la señal más infalible por la que se puede distinguir un adepto de un quimista es que el adepto, según lo que dicen todos los filósofos, no toma más que una sola cosa, o máximo dos de una misma naturaleza, un solo vaso o dos a lo más y un solo horno para conducir la obra a su perfección; al contrario, el quimista trabaja sobre toda clase de materias indiferentemente.
Si esta obra [las Fábulas] consigue hacer la suficiente impresión en los espíritus como para persuadirlos de la posibilidad y la realidad de la filosofía hermética, Dios quiera que también sirva para desengañar a los que tienen la manía de dispensar sus bienes en soplar carbón, levantar hornos, calcinar, sublimar, destilar, y finalmente reducirlo todo a nada, es decir, en ceniza y humo. Los adeptos no corren para nada detrás del oro y la plata. Morien da una gran prueba de ello al rey Calid. Éste había encontrado muchos libros que trataban de la ciencia hermética y no podía comprender nada, entonces hizo publicar que daría una gran recompensa a aquel que se la explicara. Esa recompensa atrajo allí a un gran número de sopladores. Morien el ermitaño salió entonces de su desierto, no movido por la recompensa prometida sino por el deseo de manifestar el poder de Dios y cuánto hay de admirable en sus obras. Fue a encontrar al rey Calid y pidió, como los otros, un lugar apropiado para trabajar, a fin de probar mediante sus obras la verdad de sus palabras. Cuando Morien terminó sus operaciones, dejó la piedra perfecta en un vaso, alrededor del cual escribió: Aquellos que tienen todo lo que les hace falta no necesitan ni recompensa ni ayuda de otro. Después desalojó el lugar sin decir una palabra y volvió a su soledad. Al encontrar el vaso y su escritura, Calid comprendió lo que significaba y tras haber hecho la prueba del polvo, echó o hizo morir a todos aquellos que habían querido engañarle.
Los filósofos dicen, y con razón, que esta piedra es como el centro y la fuente de las virtudes, puesto que los que la poseen desprecian todas las vanidades del mundo, la vana gloria, la ambición y no hacen más caso del oro que de la arena y del vil polvo (7) y la plata es para ellos como el barro. Sólo la sabiduría hace impresión en ellos; la envidia, los celos y las otras tumultuosas pasiones no excitan ninguna tempestad en su corazón, no tienen otro deseo que vivir según Dios, otra satisfacción que volverse útiles al prójimo, en secreto, y penetrar poco a poco en el interior de los secretos de la naturaleza.
La filosofía hermética es, pues, la escuela de la piedad y de la religión. Aquellos a quien Dios concede el conocimiento ya eran piadosos o se volvían. (8) Todos los filósofos empiezan sus obras por exigir de aquellos que las leen con deseo de penetrar en el santuario de la naturaleza, un corazón recto y un espíritu temeroso de Dios: el principio de la Sabiduría es el temor del Señor, (9) un carácter compasivo, para socorrer a los pobres, una profunda humildad y un deseo formal de hacerlo todo para la gloria del Creador, que oculta sus secretos a los soberbios y a los falsos sabios del mundo, para manifestarlos a los humildes. (10)

Interrogando al Mensaje Reencontrado respecto a este tema me ha respondido con estos versículos:
XXVIII, 5: Por todas partes, intrigas, bajezas y cobardías para obtener un lugar en el mundo que perece, y ni un impulso del corazón y del espíritu para obtener un lugar en el mundo que no perece.
XXVIII, 5’: Los inteligentes y los hábiles de este mundo son verdaderamente estúpidos, pero aún no lo saben. ¡Cuál será el rumor de sus gritos y de sus lamentaciones inútiles cuando se vean desnudados por el juicio de Dios y expuestos a la vista de todos!
XXVIII, 6: Se pelean por el estiércol y abandonan la perla que resplandece encima de ellos. ¿Hay una maldición peor que ésta?¿No son dignos de compasión a pesar de su hermoso éxito en este mundo transitorio? ¿No están ya malditos por Dios y excluidos de su salvación?
XXVIII, 6’: Cada versículo del Libro nos ha costado un poco de nuestro pan y un poco de nuestra vida terrestre, pero ¿no hemos hecho, sin saberlo, una inversión fabulosa? Dios y los creyentes responderán como quieran. En lo que nos concierne, nuestro don permanece gratuito ante Dios y para con los hombres de buena voluntad.
Insistiendo sobre el mismo tema me ha respondido con este otro:
XXXIV, 54: No adoremos las figuras humanas, ni las figuras animales, ni los símbolos, ni las imágenes, que están aquí para rememorar los misterios divinos, pero que no son nada por sí mismos.
XXXIV, 54’: La idolatría es confundir las apariencias de la cosa de Dios con la cosa misma, y es permanecer extraviado por las cortezas que esconden la almendra substancial y pura de la vida imperecedera.
Desde que apareció el Mensaje Reencontrado se han producido varias ediciones y en varios idiomas, castellano, catalán, portugués, italiano, inglés, etc.
Si el lector no lo conoce y está interesado puede dirigirse a:
http://www.beyaeditions.com/
donde encontrará información y la posibilidad de adquirirlo mediante amazón.com, así como si desea información sobre el autor puede dirigirse a :
http://www.louiscattiaux.es/uiscattiaux.es
o también:
http://www.lapuertaonline.es

Notas:
(1): Louis Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, ed. Sirio, Málaga 1987.
(2): Hay una traducción al castellano de Santiago Jubany, ed. Indigo, Barcelona 1993.
(3): Florilegio Epistolar, Arola Editors, Taragona 1999, pág. 155.
(4): El lector lo puede encontrar íntegro en este blog, en el archivo de Diciembre, con el título de Diferencia entre las dos químicas:
http://humanadivinitas.blogspot.com/2006_12_01_archive.html
(5): Espagnet, La Obra secreta de la Filosofía de Hermes, hay una traducción al castellano de S. Jubany, ed. Indigo, Barcelona 1995.
(6): Morien, Conversación con el Rey Calid.
(7): Sabiduría, cap. VII.
(8): Véase a Flamel en el libro de Las Figuras Jeroglíficas.
(9): Proverbios, I, 7.
(10): Mateo, XI, 25.