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viernes, mayo 25, 2007

Las Lluvias de Oro

Los poetas a menudo han hablado de las lluvias de oro y algunos autores paganos han tenido la debilidad de relatar como verdad que cayó una lluvia de oro en Rodas, cuando el Sol se acostó con Venus. Se perdonaría esto a los poetas, pero lo que Estrabón nos dice[1] que llovió oro en Rodas cuando Minerva nació de la cabeza de Júpiter, no podría pasárselo. Muchos autores nos aseguran en verdad que en tal o cual tiempo llovieron piedras, fango o algún licor parecido, o insectos. Mucha gente atestigua aún hoy día haber visto llover pequeñas ranas, que caían en abundancia sobre sus sombreros, mezcladas con una lluvia naranja y que habían visto una cantidad tan grande de ellas que la tierra se veía casi totalmente cubierta. Sin entrar en la búsqueda de las causas físicas de tales fenómenos y sin querer contradecirles o aprobarlos, porque no viene al caso en este tratado, yo diría solamente que esto puede ser, pero en cuanto a una lluvia de oro sería conveniente certificarlo, no creo a nadie tan crédulo como para creerlo sin haberlo visto. Es preciso, pues, considerar esta historia como una alegoría.

En efecto, se puede llamar lluvia de oro, a una lluvia que produciría el oro, o a una materia propia para hacerlo, como el pueblo dice tan comúnmente que llueve vino, cuando viene una lluvia en el tiempo en que se desea, ya sea para enternecer la raíz en las viñas o bien para hacerla crecer. Es precisamente lo que llega por la circulación de la materia filosófica en el vaso donde está encerrada. Se disuelve y habiendo subido en vapores hacia lo alto del vaso se condensa y recae en lluvia sobre lo que queda en el fondo. Es por esto que los filósofos han dado algunas veces el nombre de agua de nube a su agua mercurial. Así mismo han llamado Venus a esta parte volátil y Sol a la materia fija. Nada es tan común en sus obras como estos nombres. Nuestra Luna –dice Filaleteo– que hace en nuestra obra la función de hembra, es de la raza de Saturno, es por lo que algunos de nuestros autores la han llamado Venus.
Espagnet ha hablado muchas veces de esta agua mercurial bajo el nombre de Luna y de Venus, y ha expresado perfectamente esta conjunción del Sol y de Venus, cuando dice:[2] La generación de los hijos es el objeto y el fin del legítimo matrimonio. Pero para que los hijos nazcan sanos, robustos y vigorosos es preciso que los dos esposos lo sean también, puesto que una simiente pura y limpia produce una generación que se le parece. Es así como deben ser el Sol y la Luna antes de entrar en el lecho nupcial. Entonces se consumirá el matrimonio y de esta conjunción nacerá un poderoso rey, del que el Sol será el padre y la Luna la madre. También ha dicho[3] que la Luna de los filósofos es su Mercurio y que le han dado muchos nombres,[4] entre otros los de tierra sutil, agua de vida, agua ardiente y permanente, agua de oro y de plata, en fin de Venus Hermafrodita. Sólo este epíteto explica muy claramente de qué naturaleza y substancia está formada esta pretendida diosa y la idea que se le debe unir, puesto que el nombre de Hermafrodita ha sido hecho según parece de Ερμης, Mercurius, y de Αφρός spuma, como si se dijera espuma del mercurio. Es sin duda por esto que la fábula dice Hermafrodita hija de Mercurio y de Venus. Se ha fingido que esta conjunción del Sol con Venus se hizo en Rodas porque la unión del Sol y del Mercurio filosóficos se hace cuando la materia empieza a enrojecer, lo que está indicado por el nombre de esta isla que viene de ρόδον, rosa. La materia fija o el oro filosófico, que tras haber sido volatilizado recae en lluvia, ha tomado, pues, con razón el nombre de lluvia de oro, sin esta lluvia el hijo hermético no se formaría.
Una lluvia parecida se hizo ver cuando Palas nació de la cabeza de Júpiter y esto por la misma razón, pues Júpiter no habría podido acostarse con ella si Vulcano o el fuego filosófico no le hubiera servido de sabia-hembra. Si se considera a Palas en esta ocasión como la diosa de las ciencias y del estudio, se puede decir, en cuanto al arte hermético, que se tendría en vano la teoría mejor razonada y la materia misma del magisterio llamada virgen, hija del mar, o del agua, o de Neptuno y del pantano Tritonis, pues jamás se tendría éxito al hacer la obra si no se empleara la ayuda de Vulcano o fuego filosófico.

En consecuencia algunos poetas han figurado que Palas se resistió vigorosamente a Vulcano, que quería violentarla, y al caer la simiente de éste en tierra, nació un monstruo que fue llamado Erictonio, que tenía figura humana desde la cabeza hasta la cintura y de dragón en toda la parte inferior. Este Erictonio es el resultado de las operaciones de los artistas ignorantes que ponen mano a la obra sin saber los principios y quieren trabajar a pesar de Minerva. Sólo producen monstruos, incluso con la ayuda de Vulcano. El abad Banier pretende[5] que este Erictonio fue realmente un rey de Atenas que sucedió a uno llamado Anfictión, su competidor, por el cual había sido vencido. Este Anfictión había sucedido a Cranao y éste a Cecrops, que vivía, según los intérpretes de los mármoles de Arondel, que son la cronología de Censorin y de Denis de Halicarnaso, 400 años antes de la toma de Troya.
El abad Banier rechaza esta cronología porque no es propia para confirmar su sistema y asegura que estos autores retroceden mucho la llegada de Cecrops a Grecia. Determina, pues, esta llegada en 330 años antes de la guerra de Troya.[6] Pero este mitólogo ha olvidado su propio cálculo algunas páginas después, donde hablando de la llegada de Deucalion a Tesalia, fija la época en el noveno año del reinado de Cecrops, es decir –dice nuestro autor–[7] hacia el año 215 o 220 antes de la guerra de Troya. Lo que produce un error de 110 años al menos en su misma cronología. Pero aún cuando esto pasara ¿se creería su palabra, cuando dice[8] que Erictonio había pasado por ser hijo de Minerva y de Vulcano porque había sido expuesto en un templo que les había sido consagrado? ¿Una tal exposición podría proporcionar materia a la fábula que da a Erictonio un origen totalmente infame? En esta ficción no hay ninguna circunstancia que tenga la menor relación con esta exposición. La misma continuación de la fábula, que dice que Minerva viendo a este niño con las piernas de serpiente, encargó su cuidado a Aglaura, hija de Cecrops quien, en contra de la prohibición de Minerva, tuvo la curiosidad de mirar en la canastilla donde estaba encerrado y fue castigada mediante una pasión de celos contra su hermana, de la que Mercurio era amante. Y que habiendo querido un día impedir que este dios entrara en la cámara donde su hermana Hersé estaba, la golpeó con su caduceo y la convirtió en roca. Esta continuación de la ficción muestra bien claro que es una pura fábula y que sólo se puede explicar alegóricamente. 

 No se puede suponer que Palas, Vulcano, Mercurio y las hijas de Cecrops hayan vivido juntos, aunque se consideraran a unos y otros como personas reales, creo que no se me exigirá que de prueba de ello. Pero si se pone atención a la relación que esta fábula puede tener con el arte hermético, se encontrará primeramente a dos dioses y una diosa que le pertenecen de tal manera que son absolutamente necesarios, saber la ciencia de este arte y la prudencia para conducir el régimen del fuego y de las operaciones; en segundo lugar, el fuego filosófico o Vulcano, seguidamente el Mercurio de los sabios. Si el artista anima y empuja mucho este fuego, es Vulcano que va a violentar a Palas, a la que los filósofos a menudo han tomado por la materia. A pesar de la resistencia de esta virgen, Vulcano actúa siempre, abre la materia de los filósofos y la disuelve. Esta disolución sólo puede hacerse por esta especie de combate entre la materia filosófica, llamada virgen, como lo hemos probado más de una vez, y el fuego. Pero ¿qué resulta de ello? Un monstruo que se llama Erictonio, porque este mismo nombre designa la cosa, es decir, la disputa y la tierra.
No sorprenderá que éste sea un monstruo cuando se le relacione con los otros de la fábula, Cerbero, la Hidra de Lerna, los diferentes dragones que se mencionan en las otras fábulas y que significan la misma cosa que Erictonio, es decir, la disolución y la putrefacción, que se dice con razón hijo de Vulcano y de la tierra, puesto que esta putrefacción es la de la misma tierra filosófica y un efecto de Vulcano o del fuego de los sabios. Es pues la simiente de Vulcano que produce a Erictonio. Y si se dice que Aglaura fue encargada por Minerva de su cuidado, sin que le fuera permitido mirar lo que la cestilla contenía, se entiende bien que una tal condición que volvió la cosa imposible, sólo puede haber sido inventada en vistas de una alegoría, así mismo como su transformación en roca. Es, en efecto, una manera de aludir al progreso de la obra hermética. Aglaura significa gloria, esplendor y los filósofos llaman con este nombre a su materia llegada al blanco a medida que desaparece la negrura; este intervalo entre el blanco y el negro es el tiempo de la educación de Erictonio. Y si Mercurio la transformó en roca es que la misma materia se coagula y se vuelve piedra cuando llega a este estado de blancura resplandeciente de la que acabamos de hablar; es por lo que los filósofos la llaman entonces su piedra al blanco, su Luna, etc. Al ser el Mercurio el agente principal, produce esta metamorfosis. Se supone a este dios amante de Hersé, hermana de Aglaura, porque Ερση significa el rocío y el Mercurio filosófico circula entonces en el vaso y recae como un rocío.
De una tercera lluvia de oro nació un héroe, pero un héroe más famoso que Erictonio. Danae fue encerrada en una torre de bronce por su padre Acrises, porque había aprendido del oráculo que el hijo que naciera de su hija lo privaría de la corona y de la vida y no quería oír ninguna proposición de matrimonio para ella. Júpiter fue preso de amor por esta bella prisionera. La torre estaba bien cerrada y bien guardada, pero el amor es ingenioso. Júpiter, acostumbrado a las metamorfosis, se transformó en lluvia de oro y se deslizó por este medio en el seno de Danae, que de esta visita concibió a Perseo. Perseo concebido en Danae de una lluvia de oro. (Ovidio, Metamorfosis, lib. 6) Al hacerse grande este hijo de Júpiter, entre otras hazañas, cortó la cabeza de Medusa y se sirvió de ella para petrificar a todo aquel que se la presentaba. De las gotas de sangre que manaron de la herida de Medusa nació Crisaor, padre de Gerión, con tres cuerpos; algunos dicen tres cabezas.
La explicación de esta fábula será muy fácil para quien quiera recordar las que hemos dado de otras lluvias de oro. Se conoce fácilmente que Danae y la torre son la materia y el bronce de los filósofos que ellos llaman cobre, latón o letón; que la lluvia de oro son las gotas de agua de oro o el rocío aurífico que suben en la circulación y recaen sobre la tierra que está en el fondo del vaso. Así mismo se podría decir con los mitólogos que Júpiter es tomado por el aire, pero es preciso entenderlo aquí como el color gris llamado Júpiter, porque la lluvia de oro se manifiesta durante el tiempo que la materia pasa del color negro al gris.
Perseo es el fruto que nació de esta circulación. No veo sobre qué fundamento el abad Banier saca la etimología de Perseo de la palabra hebrea Paras, es verdad que significa caballero y que Perseo montó sobre un caballo. Pero ¿por qué los griegos habrían ido a buscar en la lengua hebraica los nombres que la lengua griega les proporciona abundantemente? De las gotas de sangre de Medusa nació Crisaor y de éste Gerión.
Es como si se dijera que del agua roja de los filósofos, que Pitágoras llama sangre,[9] como también otros adeptos, y Raimon Llull con Ripley vino rojo, nace el oro o el azufre filosófico. Se dice además que Crisaor viene del griego χρυσός aurum. Este oro disuelto en su propia agua roja como la sangre, produce el elixir o Gerión, con tres cuerpos o tres cabezas, porque está compuesto con la combinación exacta de los tres principios azufre, sal y mercurio. Ya explicaré más extensamente esta fábula en el capítulo de Perseo. Podría haber puesto algunas otras en este segundo libro, pero por estas se pueden juzgar las otras. No me he propuesto hacer una mitología entera, es suficiente para probar mi sistema explicar las principales y más antiguas. Además tendré ocasión de pasar revista a un gran número de ellas en el siguiente libro, que tratará de la genealogía de los dioses.

[1] . Estrabón, lib. 14.
[2] . Espagnet, La Obra secreta de la Filosofía de Hermes, can. 27.
[3] . Aquel que explica la Luna de los filósofos, o el Mercurio de los filósofos como si fuera mercurio vulgar, o bien engaña conscientemente a otro, o bien se engaña a sí mismo. Espagnet, can. 44.
[4] . Al Mercurio de los filósofos se le llama con diferentes nombres; tan pronto se le llama tierra, como se le llama agua, por diversos motivos y sobre todo porque está compuesto naturalmente de una y otra. Esta tierra es sutil, blanca, sulfurosa, los elementos están fijos en ella y el Oro filosófico está allí en estado de simiente, mientras que el agua es un agua de vida, es decir, ardiente, permanente, extremadamente límpida, a la que también se llama agua del oro y de la plata. El Mercurio del que tratamos aquí, que todavía contiene su azufre, que se multiplica por medio del Arte, también puede ser llamado Azufre de plata viva. En fin, esta sustancia tan preciosa es la Venus de los antiguos y el Hermafrodita, dotado de los dos sexos. Espagnet, can. 46.
[5] . Banier, t. 3, p. 39.
[6] . Banier, ibid. p. 37.
[7] . Banier, ibid. p. 42.
[8] . Banier, ibid. p. 40.
[9] . Y de las cuatro partes se eleva el bronce, la herrumbre, el hierro, azafrán, oro, sangre y adormidera. Y la Turba: sabed que nuestra obra tiene muchos nombres: hierro, bronce, plata rojo sangre y rojo muy altanero, etc. La Turba.

lunes, enero 29, 2007

La Materia de la Gran Obra en general (del Tratado de la Obra Hermética)

Parece que los filósofos sólo han hablado de la materia para ocultarla, al menos cuando se trata de designarla en particular. Pero cuando hablan en general se extienden mucho sobre sus cualidades y sus propiedades, le dan todos los nombres de los individuos del Universo, porque dicen que ella es el principio y la base de todos. Examinad –dice el Cosmopolita–[1] si esto que os proponéis hacer es conforme a lo que puede hacer la naturaleza. Ved cuales son los materiales que emplea y de qué vaso se sirve. Si sólo queréis lo que ella hace seguidla paso a paso. Si queréis hacer alguna cosa mejor, ved lo que puede servir a este efecto, pero permaneced siempre en las naturalezas del mismo género. Si, por ejemplo, queréis llevar un metal más allá de la perfección que ha recibido de la naturaleza es preciso tomar vuestras materias en el género metálico y siempre un macho y una hembra, sin los cuales no lo lograríais. Pues en vano os propondríais hacer un metal con una hierba o una naturaleza animal, así como de un perro o cualquier otra bestia no sabríais producir un árbol.
Esta primera materia es llamada muy comúnmente azufre y plata viva. Raimon Llull,[2] los nombra como los dos extremos de la piedra y de todos los metales. Otros dicen en general que el Sol
es su padre y la Luna su madre, que es macho y hembra, que está compuesta de cuatro, de tres, de dos y de uno y todo esto para ocultarla. Ella se encuentra por todo, sobre la tierra, sobre el mar, en los llanos, sobre las montañas, etc. El mismo autor dice que su materia es única y dice seguidamente que la piedra está compuesta de muchos principios individuales. Sin embargo todas estas contradicciones sólo son aparentes, porque no hablan de la materia desde un sólo punto de vista, sino en cuanto a sus principios generales o de los diferentes estados en los que ella se encuentra en las operaciones.
 Es cierto que no hay más que un sólo principio en toda la naturaleza y que lo es de la piedra como lo es de las otras cosas. Se ha de saber distinguir, pues, lo que los filósofos dicen de la materia en general de lo que dicen en particular. También, no hay más que un solo espíritu fijo, compuesto de un fuego muy puro e incombustible que tiene su morada en el húmedo radical de los mixtos. Es más perfecto en el oro que en toda otra cosa y sólo el mercurio de los filósofos tiene la propiedad y la virtud de sacarlo de su prisión, de corromperlo y de disponerlo para la generación. La plata viva es el principio de la volatilidad, de la maleabilidad y de la mineralidad, el espíritu fijo del oro no puede nada sin él. El oro es humectado, reincrudado, volatilizado y sometido a la putrefacción por la operación del mercurio; éste es digerido, cocido, espesado, desecado y fijado por la operación del oro filosófico que lo convierte, por este medio, en tintura metálica.
El uno y el otro son el mercurio y el azufre filosófico. Pero éste no es suficiente hasta que se haga entrar en la obra un azufre metálico como levadura, lo que hace también como un esperma o simiente de naturaleza sulfurosa para unirse a la simiente de substancia mercurial. Este azufre y este mercurio han sido sabiamente representados en los antiguos por dos serpientes, la una macho y la otra hembra, enroscaras alrededor de la vara de oro de Mercurio. La vara de oro es el espíritu fijo donde deben ser unidas. Estas son las mismas que Juno envió contra Hércules, en el tiempo que este héroe estaba aún en la cuna.
Este azufre es el alma de los cuerpos y el principio de la exuberación de su tintura; el mercurio vulgar está privado de él, el oro y la plata vulgares sólo tienen para ellos. El mercurio apropiado para la obra primeramente debe ser impregnado de un azufre invisible,[3] a fin de que esté más dispuesto a recibir la tintura visible de los cuerpos perfectos y que pueda seguidamente comunicarla con usura.
Numerosos químicos sudan sangre y agua para extraer la tintura del oro vulgar, imaginan que ha fuerza de torturarlo se la harán vomitar y que enseguida encontrarán el secreto para aumentarlo y para multiplicarlo, pero: Spes tandem agricolas vanis aludit aristis[4] Pues es imposible que la tintura solar pueda ser enteramente separada de su cuerpo. El arte no sabría deshacer en este género lo que la naturaleza ha unido tan bien. Si lograran sacar del oro un licor brillante y permanente por la fuerza del fuego o por la corrosión de las aguas fuertes se le ha de considerar solamente como una porción del cuerpo pero no como su tintura, pues lo que constituye propiamente la tintura no puede ser separada del oro. Es este término de tintura lo que hace ilusión a la mayor parte de los artistas. Con mucho gusto querría yo que eso fuera una tintura, al menos convendrán en que aún siendo alterada por la fuerza del fuego, o por las aguas fuertes no puede ser útil a la obra y que no podría dar a los cuerpos volátiles la fijeza del oro del que ella habría sido separada. Es por estas razones que Espagnet[5] les aconseja no gastar su plata y su oro en un trabajo tan penoso y del que no podrían sacar ningún fruto.

[1] . Cosmopolita, Tratado 1.
[2] . Raimon Llull, Codicilio, cap. 9.
[3] . Espagnet, La Obra secreta de la Filosofía de Hermes, can. 30.
[4] . Virgilio, Geórgicas
[5] . Espagnet, ibid, can. 34.





viernes, octubre 20, 2006

Diana



La consideraré según la mitología de los griegos, es decir, como hermana gemela de Apolo y nacida antes que él de Latona y de Júpiter, según Homero.
Latona ¿fue su madre o solamente su nodriza? Según yo creo, ella fue lo uno y lo otro, y Diana, efectivamente, le sirvió de comadrona cuando trajo al mundo a Apolo. Pero impresionada, dice la fábula, por los dolores que Latona sufría durante este alumbramiento, pidió a Júpiter que le concediera el quedar siempre virgen, y le fue concedido. Tuvo de sobrenombre Lucina, pues preside a los partos, así como Juno, también hermana primogénita y gemela de Júpiter. Se ha figurado que se complacía mucho en la caza y que siempre, a su regreso, confiaba su arco y las flechas a Apolo.[1]
Orfeo entre otros ha dicho[2] que Diana era hermafrodita. Se le reconoce en los monumentos antiguos por el croissant (cuarto creciente) que ordinariamente lleva sobre la cabeza, o por el arco y las flechas que se le ponen en las manos y los perros que le acompañan.
Siempre está vestida de blanco y algunas veces se la ve en un carro tirado por dos ciervas. Latona es verdaderamente madre de Diana y de Apolo pues, según los filósofos, el latón o letón es el principio del cual se forman la Luna y el Sol herméticos. Nuestro latón, dice Morien, no sirve de nada si no es blanqueado.
Maier ha formado el onceavo de sus emblemas químicos de una mujer acompañada de dos niños, uno representando al Sol y el otro a la Luna y un hombre que lava los negros cabellos y las ropas de esta mujer; las siguientes palabras están escritas encima: Blanquead el latón y romped los libros. Sinesio indica expresamente[3] lo que es este latón, cuando dice: Hijo mío tú tienes ya, por la gracia de Dios, un elemento de nuestra piedra, que es la cabeza negra, la cabeza de cuervo o la sombra oscura, tierra sobre la cual, así como sobre su base, tiene su fundamento el resto del magisterio. Este elemento terrestre y seco se llama latón, letón, toro, heces negras y nuestro metal. Hermes había dicho en el mismo sentido: El azoth y el fuego blanquean el latón y le quitan la negrura. En fin, todos concuerdan en darle el nombre de latón a su materia vuelta negra, y además latón y Latona sólo pueden significar una misma cosa, puesto que según Homero, [4] Latona es hija de Saturno así como el latón es hijo del Saturno filosófico.
Diana sólo podía nacer en Delos, donde Latona se refugió de los ataques de la serpiente Pitón. Sólo la etimología de los nombres ya explica la cosa. Latona significa olvido, oscuridad. ¿Hay algo más negro que el mismo negro, por usar así la expresión de los filósofos? Este negro es el latón o la Latona de la fábula. Diana es el color blanco, claro y brillante, y Delos viene de Δήλος, claro, aparente, manifiesto. Se puede decir, pues, que el color blanco nace entonces del negro puesto que allí estaba oculto y de allí parece salir.

Orfeo habla como discípulo de Hermes cuando dice que Diana era hermafrodita. Él sabía que la rojez llamada macho, está oculta bajo la blancura de la materia, llamada hembra, y que la una y la otra reunidas en un mismo sujeto, como los dos sexos en el mismo individuo, hacen un compuesto hermafrodita que empieza a aparecer cuando el color azafranado se manifiesta.
Ella conservó su virginidad. Sin embargo se figura que concibió del aire y dio a luz al rocío. Pero ¿puede una virgen parir en el orden de la naturaleza permaneciendo sin embargo virgen? La ficción sería ridícula si no fuera alegórica. Así mismo ello sólo puede convenir a las operaciones de la gran obra. Los filósofos han empleado la misma alegoría con el mismo motivo. Esta piedra –dice Alfidio– habita en el aire, es exaltada en las nubes, vive en los ríos, reposa en la cima de las montañas. Su madre es virgen y su padre no ha conocido nunca a ninguna mujer. Tomad, dice Espagnet, una virgen alada muy pura y muy limpia, impregnada de la simiente espiritual del primer macho, sin embargo permaneciendo intacta su virginidad, a pesar de su embarazo.[5] Según Basilio Valentín,[6] es una virgen muy casta que no ha conocido a hombre y que sin embargo concibe y da a luz.
¿No se aprecia en Diana a esta virgen alada de Espagnet? Y el hijo filosófico que ella concibe en el aire, según la expresión de los discípulos de Hermes, es este vapor que se eleva de la luna de los filósofos y que recae en forma de rocío, del que el Cosmopolita habla[7] en estos términos: Nosotros la llamamos agua del día y rocío de la noche. Finalmente si Diana es hermana gemela de Apolo y nace antes que él, es que la luna y el sol filosóficos nacen sucesivamente del mismo sujeto y porque la blancura debe de aparecer absolutamente antes que la rojez.


[1] . Mientras que la diosa de firme corazón, yendo por todos lados, destruye la raza de las bestias feroces. Pero cuando la cazadora que se alegra de sus flechas es así fascinada, afloja su arco y alegre va a la gran morada de su querido hermano Febo Apolo. […] Allí, suspende su flexible arco y las flechas, y vestida con ricos adornos, manda y dirige a los coros. (la musas y las gracias) Homero, Himno a Diana.
[2] . Orfeo, Himno a Diana.
[3] . Sinesio, Del huevo de los Filósofos.
[4] . Homero, Himno a Apolo.
[5] . Espagnet, canon, 58.
[6] . Basilio Valentín, Azoth de los Filósofos.
[7] . El Cosmopolita, Nueva Luz Química.

domingo, octubre 15, 2006

Venus


El pensamiento más común es que nació de la espuma del mar. El Céfiro la transportó sobre una concha marina a la isla de Chipre, de donde fue llamada Cypris y de allí a Cítera. Los ríos nacían a su paso, su hijo er
a Cupido, los juegos y las risas le acompañaban siempre, en fin, ella era la alegría y la dicha de los dioses y de los hombres.
Nada igualaba su belleza. Los pintores y los escultores tuvieron esta idea de ella y emplearon todo su arte para representarla como si se tratara de lo más amable que hubiera en el mundo.
Platón en su Banquete, admite dos Venus, una hija del Cielo y la otra hija de Júpiter. La primera, dice este filósofo, es esta
antigua Venus, hija del Cielo de la que no se conoce la madre y que llamamos Venus la celeste; y esta otra Venus reciente, hija de Júpiter y de Dio
ne, a la que llamamo
s Venus la vulgar. Es a estas dos que se debe de atribuir todo lo que los autores griegos
y latinos dicen de las diversas Venus, de las que hablan bajo diferentes nombres.Algunas veces la consideran como un planeta y a veces hablan de ella como de una pasión. Las expresiones de los poetas siempre son figuradas. Pero siendo una diosa tan benéfica ¿habría podido encontrar a alguien que le declarara la guerra? El mismo dios de la guerra (Marte), de sangre y carne, vio desvanecerse toda su ferocidad ante el aspecto de Venus.
Los egipcios y la mayor parte de los griegos no consideraron a Venus como la diosa de la
voluptuosidad y el libertinaje, sino como la nieta de Saturno, que tenía como hermana a la Verdad ocultada en el fondo de un antro.Los discípulos de Hermes, sin duda mejor instruidos en la idea que su maestro atribuía a los figurados dioses de Egipto, están mejor conformados respecto a ello que los mitólogos y no han considerado a Venus como la voluptuosidad o el apetito de los animales para perpetuar sus especies.
Tampoco han tenido en vista al planeta llamado Venus, o Lucifer, que aparece por la mañana antes de levantarse el Sol, o a la tarde antes de ocultarse esta antor
cha del mundo, puesto que no es posible hacerla nacer de las partes mutiladas del Cielo y de la espuma del mar, ni llamarla con alguna razón hija de Júpiter. Los químicos vulgares tampoco sabrían atribuir esta filiación al cobre, con respecto al bronce. De cualquier manera que se le entienda, pues, no será posible acordar el nacimiento de Venus con los razonamientos susodichos.
Michael Maier dice que los antiguos entendían por Venus una materia sin la cual no se podía hacer la gran obra, y la mayor parte de los filósofos parece que alguna vez también la han tomado en este sentido. Flamel cita estas palabras de Demócrito: Adornad los hombros y el pecho de la
diosa de Pafos, se volverá muy bella y dejará su color verde para tomar uno dorado. Cuando Paris hubo visto a esta diosa en este estado la prefirió a Juno y a Palas. ¿qué es lo que dice de Venus el mismo autor? Venus como un hombre, tiene un cuerpo y un alma; es preciso despojarla de su cuerpo material y grosero, para tener el espíritu tangible y volverla apropiada para lo que queremos hacer.
Es preciso –dice Espagnet–[1] un trabajo de Hércules para la preparación o sublimación filosófica del mercurio, pues Jasón no habría emprendido jamás su expedición sin la ayuda de Alcides. La entrada está guardada por cornudas bestias, que alejan a los que se acercan temerariamente. Las insignias de Diana y las palomas de Venus son las únicas capaces de mitigar su ferocidad. –y añade en el canon 46– Esta agua es una agua de vida, una agua permanente, muy límpida, llamada agua de oro y de plata [...] Esta sustancia finalmente muy preciosa es la Venus Hermafrodita de los antiguos, teniendo el uno y otro sexo, es decir el azufre y el mercurio. –Y en el canon 52– El jardín de las Hespérides está guardado por un horrible dragón; desde la entrada se presenta una fuente de agua muy clara, que sale de siete manantiales y que se extiende por todo. Haz beber allí al dragón por el número mágico de tres veces siete, hasta que estando ebrio, se desnude de su
sucia y desaseada vestimenta. Pero para este efecto es preciso volver propicias a Venus porta-luz y a Diana la cornuda.
La Venus filosófica después de la blancura se vuelve amarilla como la corteza de una granada y finalmente roja como el interior de este fruto o como la flor de la adormidera.
El término bronce, que los adeptos han empleado a menudo para designar su materia antes de la blancura, no ha contribuido para que lo entendieran los sopladores ni tam
poco los químicos vulgares, que en consecuencia han observado al cobre como la Venus de los filósofos. Pero lo que nos manifiesta bien claramente la idea que los antiguos tenían de su Venus es, no solamente sus adulterios con Mercurio y Marte, sino su matrimonio con Vulcano. Este último es el fuego filosófico, como ya lo hemos probado y lo probaremos todavía, entonces ¿es sorprendente que se haya casado con la materia de los filósofos? Si sorprende a esta diosa con el dios de la guerra es porque el color de la herrumbre de hierro parece estar totalmente unido con el color citrino y azafran
ado, llamado Venus, pues no se les distingue hasta que el rojo está en todo su esplendor. Entonces Marte y Venus se encuentran presos en la malla de Vulcano y el Sol, que los ha visto, los descubre, pues el color rojo es precisamente el Sol filosófico. Tal es la explicación de esta figurada historia de Venus.



[1] . Espagnet. canon, 42.