Mostrando entradas con la etiqueta Paris. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paris. Mostrar todas las entradas

jueves, marzo 01, 2007

Las Fábulas Egipcias, Introducción (6)




Basilio Valentín fue uno de los autores herméticos más difícil de entender, tanto por las alteraciones que se han hecho a sus tratados, como por el velo oscuro de los enigmas, los equívocos y las figuras jeroglíficas de los que están llenos. Michael Maier ha hecho un gran número de obras sobre esta materia, se puede ver su enumeración en el Catálogo de Autores Químicos, Metalúrgicos y Filósofos herméticos que el abad Lenglet du Fresnoy ha insertado en su Historia de la Filosofía Hermética. Espagnet estimó entre otras obras de Maier su Tratado de los Emblemas, porque representan –dice– con mucha claridad, a los ojos de los clarividentes, lo que la gran obra tiene de más secreto y más oculto. He leído con mucha atención muchos de los tratados de Maier y me han sido de una gran ayuda, como el que lleva por título Arcana Arcanísima, que me ha servido de bosquejo para mi obra, al menos en su distribución, pues no he seguido siempre sus ideas.
Los filósofos herméticos que han empleado las alegorías de la fábula, son tan oscuros como la fábula misma, al menos para los que no son adeptos, pues sólo han arrojado luz sobre ella cuando era [1] trabajad de manera que Paris pueda defender a la bella Helena; impedid que la ciudad de Troya sea asolada de nuevo por los griegos; aseguraos de que Príamo y Menelao no estén más en guerra y en aflicción; Héctor y Aquiles estarán pronto de acuerdo, no combatirán más por la sangre real, entonces tendrán monarquía y así mismo dejarán en paz a todos sus descendientes. Este autor introduce los principales dioses de la fábula en las doce llaves. Raimon Llull habla a menudo de Egipto y de Etiopía. Uno emplea una fábula y el otro otra, pero siempre alegóricamente.
preciso para hacernos comprender que sus misterios no eran misterios para ellos: Acordaos bien de esto –dice Basilio Valentín–
Todas las explicaciones que daré están tomadas de estos autores o
apoyadas sobre sus textos y sus razonamientos; serán tan naturales que se podrá concluir que la verdadera química fue la fuente de las fábulas, que encierran todos los principios y las operaciones, que en vano se intentará forzar su explicación por otros medios. No pienso que todo el mundo convenga en ello pues se ha introducido el uso de explicar a los antiguos mediante la historia y la moral, este uso ha prevalecido y es acreditado hasta el punto que el prejuicio hace considerar toda otra explicación como fantasías.
Se las considerará desde el punto de vista que se quiera, poco me importa. Escribo para los que quieran leerme, para los que no puedan salir del laberinto donde se encuentran obligados, siguiendo los sistemas que acabo de mencionar, buscarán aquí un hilo de Ariadna, que ciertamente encontrarán; para los que, versados en la lectura asidua de los filósofos herméticos, están más en estado de aportar un juicio sano y desinteresado, pues encontrarán lo necesario para fijar sus ideas vagas e indeterminadas sobre la materia de la gran obra y sobre la manera de trabajarla. En cuanto a los cegados por el prejuicio o por malvadas razones, que atribuyen a los egipcios, pitagóricos, Platón, Sócrates y a los otros grandes hombres ideas tan absurdas como la de la pluralidad de los dioses, les rogaría nada más conciliar, con este sentimiento, la idea de la alta sabiduría que sobresale en todos sus escritos, sabiduría que se les otorga con razón. Les recomiendo una lectura de sus obras más seria y más reflexiva para encontrar lo que se les había escapado. Yo no ambiciono los aplausos de aquellos a los que la filosofía hermética les es completamente desconocida. Sólo podrían juzgar esta obra como un ciego juzga a los colores.
[1] . Basilio Valentín, Tratado del Vidrio.

sábado, diciembre 02, 2006

Conclusión de la Guerra de Troya y sus Fatalidades





Tales son, más o menos, las indicaciones que los autores herméticos dan de esta materia. Sería preciso ser más que un Edipo para adivinarla por sus discursos. Sin duda que es una cosa muy común y poco ignorada, puesto que hacen de ella tan gran misterio y hacen todo lo posible por disfrazarla para que sea desconocida. No cabe duda que las operaciones también son fáciles, ya que el Cosmopolita y muchos otros aseguran que se la puede describir no en pocas páginas, sino en pocas líneas e incluso en pocas palabras. Sin embargo esta cosa que se puede expresar y decirse en tan pocas palabras, Homero ha encontrado tanta fecundidad en su genio como para extenderla de manera que ha hecho de ella toda su Ilíada. Probado por el Cosmopolita que dice, que aquel que está al corriente de la gran obra, encontrará allí suficiente materia como para componer una infinidad de volúmenes. Así, por el asedio de Troya y la reducción a cenizas de esta ciudad, Homero ha tenido a la vista, y ha descrito alegóricamente, la manera de encerrar a Paris y a Helena, o la materia en el vaso e indicar lo que allí sucede durante las operaciones. Él supone a un hombre y a una mujer porque esta materia es en parte fija y en parte volátil, en parte agente y en parte paciente. Este vaso es el templo de Apolo el Timbrio, donde Aquiles fue muerto por Paris. Este sobrenombre de Apolo le viene de la planta o pequeño arbolito llamado Thymbre, con los tallos cubiertos con una
lana bastante ruda de color purpurina. Ya se ha visto que este color es el signo de la perfecta fijación de la materia.
Entonces la ciudad de Troya es tomada y la mayor parte de los héroes que han asistido, se retiran a países extranjeros, como hicieron Eneas, Diomedes, Antenor y tantos otros, para fundar reinos. Esta dispersión indica el efecto del polvo de proyección, que tiene la propiedad de fundar reinos y hacer reyes, es decir, de transformar los diferentes metales en oro, que es llamado el rey de los metales. El Trevisano[1] ha empleado esta alegoría en ese sentido; Basilio Valentín[2] ha hecho lo mismo. Y en efecto, si se considera al oro como el rey de los metales ¿no es lo mismo fundar
nuevos reinados en países lejanos, que transformar en oro a los metales que al menos tienen afinidadcon el oro?
Paris, Helena y Aquiles son, pues, los tres principales héroes de la Ilíada, a continuación Héctor y Pirro. Ulises es propiamente el consejero de los griegos, es decir, el que conduce las opderaciones.
Aquiles es el agente interior, o el fuego innato de la materia, que durante un tiempo permanece dormido y como entorpecido, finalmente se despierta y actúa. Es muerto al fin por Paris, este hombre afeminado a quien se le reprocha siempre su negligencia y su blandura, pero que sin embargo muestra de cuando en cuando un gran coraje. Pirro el de los cabellos rojos sucede a su padre Aquiles y arruina la ciudad de Troya. Este color rojo de los cabellos de Pirro no está designado sin razón, pues Homero sabía bien que la ciudad de Troya es tomada, o que la obra está terminada, cuando el elixir ha adquirido el color rojo. La cualidad ígnea de Aquiles ha determinado al poeta a representar a este héroe como bravo, valiente, siempre animado y casi siempre en cólera. La ligereza del fuego ha hecho darle los epítetos de πίδας (agua de fuente), ώκύς (rápido veloz), πόδαρκης (de pies ágiles). Su analogía con el fuego ha hecho decir que Vulcano fabricó su escudo. Es por eso que fue llamado Pirisoo, porque este fuego vive en el fuego mismo sin ser consumido.
Después de que hubo matado a Héctor, el más valiente de los troyanos, el cuerpo de este héroe fue rescatado por un peso igual a él en oro. Cuando Aquiles fue muerto por Paris, los griegos también rescataron su cadáver con el mismo precio. Estos héroes al ser de oro y descendidos de los dioses auríficos no podían ser rescatados de otra manera.
En consecuencia se figura también que sus huesos fueron depositados en féretros de oro y cubiertos con una tela de color púrpura. El de Aquiles había sido dado a Tetis por Baco. La historia de Baco nos ha enseñado la razón de ello, pues es este dios de oro el que concedió a Midas la propiedad de cambiar en oro todo lo que tocara. Aquiles después de muerto fue desposado con Medea en los Campos Elíseos; se sabe que Medea poseía el secreto de rejuvenecer a los viejos y curar las enfermedades; no se puede, pues, figurar un matrimonio más adecuado, puesto que el Aquiles filosófico tiene las mismas propiedades. Durante su vida, la herrumbre de sus armas había curado la herida que éstas habían hecho a Télefo. Se reconoce a
Pirro en una infinidad de textos de los filósofos herméticos, pero sólo citaré a Raimon Llull respecto a esto. La naturaleza de esta cabeza roja –dice[3] – es una substancia muy sutil y ligera, su complexión
es cálida, seca y penetrante. Este autor no es el único que ha tenido en cuenta en sus alegorías, lo que pasa en el asedio de Troya. Basilio Valentín hace significativa mención de Paris, Helena, Héctor y Aquiles en su descripción del vitriolo. Muchos autores han tenido de esta guerra la misma idea que yo, y han hablado de ella en el mismo sentido.
Es preciso considerar en las obras de Homero al menos cuatro cosas: un sentido jeroglífico o alegórico, que vela los más grandes secretos de la física y de la naturaleza. Sólo los filósofos naturalistas y aquellos que están al corriente de la ciencia hermética por teoría bien meditada, o por práctica, están en estado de comprenderlo. Estos admiran en sus obras mil cosas que les sorprenden y les sobrecogen de admiración, mientras que los otros las pasan y no son tocados en nada. Los políticos encuentran admirables reglas de conducta para los reyes, los príncipes, los magistrados y así mismo para las personas de todas las condiciones. Los poetas le señalan un genio fecundo y una sorprendente invención para las ficciones, las fábulas y todo lo que concierne a los dioses y a los héroes. Para ellos es una fuente inagotable. Finalmente los oradores admiran la noble simplicidad de sus discursos y la naturalidad de sus expresiones.
Se puede decir también que Homero ha mezclado algo de histórico en su Ilíada y su Odisea, pero lo habrá hecho para hacer sus alegorías más verosímiles, como hacen aún hoy día la mayor parte de los autores de los romances. Lo verdadero está sumergido en tantas ficciones y de tal manera disfrazado que no es posible adivinarlo. Así, admitiendo que hubiera existido una ciudad de Troya algunos siglos antes de Homero, se podría decir que su ruina le ha suministrado el proyecto de su alegoría, pero no se entenderá de ello que el relato que hace es verdadero. Denis Zachaire, que vivió en el siglo sexto, ha hecho lo mismo que Homero, ha supuesto el asedio
de una ciudad, en verdad no lo dice pero habla como de un hecho real; la diferencia que se encuentra entre estos dos autores, es que el francés advierte de que habla alegóricamente y el griego lo deja adivinar.
Se debe concluir, pues, de todo lo que hemos dicho hasta el presente, que la Ilíada de Homero encierra muy poco, o nada, de las verdades históricas, pero mucho de las alegóricas.
En fin, para finalizar lo que tenemos que decir de la Ilíada, que se examine seriamente a los héroes y las circunstancias, propiamente sólo se verá a un Ulises, que por su prudencia, sus consejos, sus discursos y a menudo sus acciones lo gobierna todo y se encarga de todo. Instruido
de las fatalidades de Troya, o de las condiciones sin las cuales esta ciudad no podría ser tomada, las ejecuta, o pone a los griegos en situación de ejecutarlas. Lo que hace por él mismo son precisamente los cuidados y los pasos del artista. Lo que los griegos y los troyanos hacen es lo que sucede en el vaso filosófico, con la ayuda del arte y de la naturaleza; finalmente Ulises lo dispone todo, hace una parte de las cosas y los griegos actúan cuando él los ha puesto en el punto de hacerlo. Tras él viene Aquiles, como el agente interior, sin el cual la naturaleza no actuaría para nada en el vaso, porque él es el principal ministro. Es mediante él que la materia se disuelve, se pudre y llega al negro. Homero también ha tenido el cuidado de decir que Aquiles estaba retirado en su barco negro. Euríalo, Menesteo, Toas (Toante), Idomeneo, Podarco, Eurípilo, Polipetes, Prótoo, Creton, Orsíloco y la mayor parte de los griegos habían llevado barcos negros. Protesilao, que se supone que fue muerto al comienzo, es detenido y enterrado en la tierra negra. Finalmente Ulises es el único del que Homero dice que la proa de su barco era roja, que tomó un barco negro para devolver a Criseis a su padre Crises y que puso velas blancas en su retorno.
Uno de los otros héroes de la obra es Pirro o Neoptólemo, ya se ha visto el por qué. Finalmente Paris es aquel contra quien
los griegos combatieron para rescatar a Helena, que es el objeto de tantas penas y de tantos trabajos.
Que Troya haya existido o no, que haya sido destruida o que no lo haya sido, lo que siempre es verdad es que la Ilíada de Homero tiene el aire de una pura ficción, que se debe de juzgar como los trabajos de Hércules y como se piensa de las fábulas que incluyen a dioses y héroes. No se ha de juzgar la realidad del hecho por lo que dicen los autores posteriores a Homero, puesto que han venido muchos siglos después que él, todos han mamado de él y a pesar de esto no están de acuerdo entre ellos.
Pero en fin, si se quiere sostener obcecadamente que hay verdades históricas bajo el velo de estas fábulas, que se me conceda al menos el hecho de que se haya podido tomar el suceso de estas historias para formar las alegorías, alegorías de cosas muy ocultas y muy secretas. Paracelso, Fernel y tantos otros lo han hecho, es lo que vuelve sus obras ininteligibles casi para todo el mundo.

[1] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.
[2] . Basilio Valentín, El Azoth de los Filósofos.
[3] . Raimon Llull, Testamento, cap. 81.

viernes, noviembre 24, 2006

La fabulosa Helena




En cuanto a los dioses y las diosas ya hemos dicho en el tercer libro y en otros lugares lo que significan. Y si se observa lo que los autores dicen de Helena se convencerá uno fácilmente de que su historia es una pura fábula, puesto que no es posible que fuera tan joven como para ser aún la más bella de las mujeres del tiempo en el que se figura que Paris la raptó. Por ello se ven obligados a confesar que se encuentran dificultades insuperables respecto a la edad de esta princesa,[1] incluso aceptando de este autor las combinaciones cronológicas que hace, Helena habría tenido al menos sesenta y algunos años en el tiempo de la toma de Troya.
Algunos autores antiguos han asegurado que Teseo, tras haber raptado a Helena y antes de su viaje a Épira, la dejó embarazada en manos de su madre Etra y que ésta dio a luz a una hija. Si l
a cosa es así, sería preciso que Helena tuviera la edad suficiente para ello, puesto que sus hermanos gemelos estaban entonces preparados para conducir un ejército, y porque se dice que durante la ausencia de Teseo, Cástor y Pólux tomaron las armas, se hicieron jefes de la ciudad de Afidnes, liberaron a su hermana, permanecieron en Esparta con Etra, madre de Teseo, que por ello se convirtió en esclava de Helena, que la llevó a Troya cuando después fue raptada por Paris.
Ya he dicho que Helena debía de tener al menos sesenta años en el tiempo de la guerra de Troya, y si no le he dado
más es porque este número de años otorgados a Helena son suficientes para probar lo que dije entonces. Pero si nos remitimos a Apolonio[2] y a Valerio Flaco,[3] Helena debería tener mucha más edad, puesto que nos enseñan que Jasón contó a Medea la historia de Teseo y Ariadna como una historia del tiempo pasado. Y lo era en efecto, pues Hipsípila era hija de Toas (Toante) y Toas hijo de esta misma Ariadna, a la que Teseo abandonó en la isla de Naxo tras ha
bérsela llevado de la isla de Creta, cuando hubo desafiado al Minotauro, con su ayuda. Jasón se enamoró de Hipsípila en la isla de Lemnos, yendo a la conquista del toisón de oro y allí tuvo una estancia bastante larga, pues allí tuvo dos hijos
con Hipsípila, al uno llamó Toas y al otro
Eneo. Teseo no era muy joven cuando raptó a Ariadna; a su retorno es cuando sucedió a su padre, que se precipitó al mar cuando vio venir el barco de su hijo con las velas negras, puesto que le había dicho que las pondría blancas si volvía dichosamente de su expedición.
Para entonces Teseo había realizado ya todas las grandes acciones que se le atribuyen; había combatido con Hércules a los centauros que enturbiaron las bodas de su amigo Pirítoo; hecho que sucedió antes de que Hércules, por orden de Euristeo, fuera a buscar al jabalí de Erimanto, pues fue
yendo hacia allí que desafió al resto de los
centauros y cuando murió Quirón herido por Hércules, con una flecha emponzoñada con veneno de la hidra de Lerna.
Y dicho en dos palabras, es perder el tiempo y pasar fatigas querer arreglar históricamente unos hechos puramente fabulosos. Yo preferiría decir mejor, con algunos autores, que Helena era inmortal; tal pensamiento tiene una relación más inmediata con la fábula; también Servio[4] abraza este sentimiento.

[1] . Banier, Mitología, tom. 2, p. 516.
[2] . Apolonio, libr. 3, vers. 995.
[3] . Valerio Flaco, lib. 6, vers. 90.
[4] . Servio, sobre ellib. 2, de la Enéida.

jueves, noviembre 23, 2006

Hécuba, Paris y Enone (su explicación)





Veamos si toda esta fábula tiene más inmediata relación con la filosofía hermética que con la historia, por lo que se juzgará si no es más bien una alegoría que un hecho real. Estando embarazada Hécuba soñó que en su seno llevaba una antorcha que debía abrasar y causar la ruina de Ilión. Hemos dicho más de una vez que los filósofos herméticos llaman a su azufre filosófico fuego, antorcha, minera del fuego, y a este respecto hemos citado el tratado hermético de Espagnet, con el de Filaleteo, sobre las tres
clases de medicinas de Geber. También hemos probado que dan el nombre de mujer a su agua mercurial, que hablan de concepción, de alumbramiento, que llaman a esta agua madre lo mismo que a su materia, y que llaman niño al azufre filosófico que se ha producido. En este sentido se puede ver a Morien y se verá que toda la historia de Paris conviene perfectamente en ello. Hécuba es el agua mercurial o la materia que la produce y Paris es el azufre filosófico que ella lleva en su seno y que después de haber sido puesto en el mundo es expuesto sobre el monte Ida, del que ya he hablado precedentemente. Este monte es llamado Ida, como si se dijera monte que suda de ίδίω,
sudar, porque siempre aparecen gotas de agua por encima,
como si este monte filosófico sudara. Es de él que los filósofos han dicho: encerradlo en una habitación redonda, transparente y cálida, a fin de que sude y sea curado de su hidropesia; La Turba habla de ello, también Avicena y otros muchos filósofos.
Habiéndose hecho mayor Paris, sobre el monte Ida, se enamoró de Enone, hija del río Cedreno (Cebrén). Es como si se dijera, al traducir estos nombres, habiendo crecido Paris sobre el monte que suda se enamoró del agua vinosa, o de color del vino, hija del río
llamado sudor ardiente. Se puede recordar que explicando otras fábulas hemos dicho que el agua mercurial se vuelve roja como el vino cuando el magisterio, o azufre filosófico está en vías de perfección, y que Raimon Llull, Ripley y algunos otros le han dado consecuentemente el nombre de vino. En efecto, Enone o esta agua mercurial es hija de Cedreno o el sudor ardiente, puesto que se vuelve roja a medida que el monte del sudor filosófico suda y enrojece. Pues Enone viene de Οίνος, vino, y Cedreno de κεω, yo quemo, y de ίδρώς, sudor. Paris fue a morir entre los brazos de Enone, por las heridas que había recibido en la toma de Ilión; es decir, que habiendo sido disuelto el azufre filos
ófico durante la operación del elixir, del que la toma Ilión es su alegoría, es fijado finalmente en el agua mercurial de color del vino, pues según Morien, la segunda operación no es más que una repetición de la primera. Las heridas de Paris son designadas por la disolución, y el estado de la materia del elixir en putrefacción, está indicado por Ilión, que viene de ίλυς, hez, porquería, cenagal.

El origen de esta guerra (la fábula)




Remontémonos a la fuente de esta guerra y tomémosla, ab ovo, (desde el huevo, desde el principio) según la expresión de Horacio,[1] puesto que, en efecto, un huevo fue el primer principio y una manzana dio ocasión a ella. Júpiter se enamoró de Leda, mujer de Tíndaro, se transformó en cisne y gozó de Leda, que trajo al mundo dos huevos; de uno salieron Pólux y Helena y del otro Cástor y Clitemnestra. Helena se casó con Menelao y Clitemnestra fue mujer de Agamenón.
He aquí el huevo, veamos la manzana. Júpiter se enamoró
de los encantos de la diosa Tetis, pero había aprendido de Prometeo que, según un oráculo de Temis, el hijo que naciera de esta diosa sería más poderoso que su padre, por tanto se determinó a desposarla con Peleo, hijo de Éaco, y éste era hijo del mismo Júpiter y de Egina. Tetis estuvo muy descontenta de ver que se desposaba con un mortal, pero Júpiter así lo quería y debía consentir. Júpiter mismo invitó a todos los dioses a la ceremonia y al convite de este matrimonio, a fin de ha
cerla más célebre, sólo la discordia fue olvidada o excluida. Esta diosa, para vengarse por este desprecio, fue secretamente a las bodas y echó en medio de la asamblea una manzana de oro con esta inscripción, para la más bella. No hubo ninguna de las diosas que no la pretendiera poseer, pero ya sea porque ellas fuesen menos susceptibles, o bien porque tuvieran esta deferencia hacia Juno, Minerva y Venus le cedieron sus pretensiones. Se había de adjudicar esta manzana a una de las tres. Todos los dioses, viendo la dificultad en la que se encontraría aquel de entre ellos que
se eligiera como juez en esta disputa, no quisieron cargar con una tarea tan delicada. El mismo Júpiter creyó que no debía decidir entre su esposa, su hija y Venus; mandó a Mercurio que las condujera a un pastor, llamado Alejandro, que guardaba sus rebaños sobre el monte Ida. Este pastor tomó después el nombre de Paris y era hijo de Príamo, rey de Troya. Las diosas se presentaron al pastor de la manera que cada una creyó más apropiada para realzar su belleza. Primero, cada una de ellas en particular, le hicieron las promesas más halagadoras. Juno le ofreció cetros y coronas; Minerva le prometió virtud y bellos conocimientos; y Venus le dijo que tendría la más bella mujer que hubiera sobre la tierra. Así mismo consintieron en las condiciones que desde luego podían afectar a su pudor, pero que Paris exigía para hacer su juicio con conocimiento de causa. Finalmente, ya sea porque el atractivo de una corona hizo poca impresión en el espíritu de Paris o bien porque la virtud le tocó menos que los encantos de una bella mujer, adjudicó la manzana a Venus, que efectivamente era considerada como la más bella.
Se vio claramente que Juno y Minerva no quedaron satisfechas con esta decisión pues juraron vengarse de su juez, de Príamo y de la ciudad de Troya, cuya pérdida fue resuelta y después ejecutada. Paris dejó exhalar su resentimiento y sólo pensó en ver efectuada la promesa de Venus. Esta diosa no tardó en cumplirla. Preparó la ocasión a Paris para que fuera a Grecia; lo condujo hasta Esparta a la casa de Menelao, que era el rey, e hizo de manera que su esposa Helena, la más bella mujer de su tiempo, se volviera sensible a los votos de Paris, que la raptó; este rapto fue la causa de la guerra y de la ruina de Troya.
Todos los dioses tomaron parte en esta guerra y combatieron los unos contra los otros. Júpiter, a ruegos de Tetis, tomó partido durante largo tiempo por los troyanos, para vengar a Aquiles de la injuria que le había hecho Agamenón al robarle a su querida Briseida. Así mismo amenazó con hacer sufrir su cólera a aquellos de entre los inmortales que favorecieran a los griegos, pero finalmente habiendo reunido a todos los dioses y las diosas en el Olimpo, con la sola excepción del Océano, fueron allí todos hasta las ninfas de los bosques, de los ríos y de las praderas; el mismo Neptuno dejó el fondo del mar para asistir,[2] Júpiter les dijo que entonces les dejaba la libertad de ir a combatir por o en contra de los troyanos. Juno, Minerva, Neptuno, Mercurio, autor de las comodidades de la vida, y Vulcano, se fueron a los barcos griegos. Marte, Apolo, Diana, Latona, Xanto y Venus, fueron a ayudar a los troyanos.[3] Cada uno exhortaba a los suyos en voz alta. Júpiter hizo bramar a su trueno; Neptuno excitó un temblor de tierra que extendió el pavor y el horror en la ciudad de Troya, incluso puso en una especie de confusión a los barcos griegos a los que favorecía. Las sacudidas fueron tan terribles que el monte Ida se estremeció hasta en sus fundamentos. El mismo Plutón se conmovió de miedo en el fondo de los Infiernos, y temió que la bóveda de su tenebroso palacio se desplomara sobre él, saltó de su trono y dio un gran grito.[4] Apolo con sus flechas de oro combatió contra Neptuno; Minerva tuvo a Marte y a Venus contra ella; Juno atacó a Diana y Mercurio a Latona. Xanto, así llamado por los dioses y Escamandro por los hombres, tuvo a Vulcano en cabeza. Así combatieron los dioses contra los dioses y Aquiles contra Héctor.
Un huevo y una manzana, pues, fueron la fuente de la expedición de los griegos y la causa de la ruina de Troya.
[...]¿No tiene el sueño de Hécuba todo el aire de una fábula, lo mismo que el nacimiento de Paris y su educación? Se dice que estando embarazada Hécuba tuvo un funesto sueño, pensaba que en su seno llevaba una antorcha que debía abrasar un día todo el imperio de los troyanos. Al consultar al oráculo sobre este sueño respondió que el hijo que esta princesa traería al mundo sería la causa de la desolación del reino de Príamo. Habiendo dado a luz la reina, se hizo exponer al niño sobre el monte Ida, donde dichosamente
para él lo encontraron algunos pastores y lo alimentaron. Alejandro (que es el nombre que llevaba primero) cuando se hizo grande se enamoró de una bella pastora llamada Enone, hija del río Cedreno, entre los brazos de la cual Paris fue muerto sobre el monte Ida, tras haber sido herido en la ciudad de Ilión.

[1] . Horacio, Arte Poético.
[2] . Homero, Ilíada, lib. 20, vers. 5.
[3] . Homero, Ibid. vers. 33.
[4] . Homero, Ibid. vers. 56.