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jueves, febrero 01, 2007

La Llave de la Obra (2) (del Tratado de la Obra Hermética)

Los dos dragones que ha tomado como símbolo jeroglífico de la materia, son, dice:[1] las dos serpientes enviadas por Juno, que es la naturaleza metálica, y que el fuerte Hércules, es decir, el sabio, debe estrangular en su cuna, quiero decir vencer y matar para hacerlas pudrirse, corromperse y engendrar al principio de su obra. He aquí la clave de la obra o la disolución anunciada; las serpientes, los dragones, la Quimera, la Esfinge, las harpías y los otros monstruos de la fábula, que se deben matar; y cómo la putrefacción sucede a la muerte, Flamel dice que: es preciso hacerlas pudrirse y corromperse. Estando pues, puestas juntamente en el vaso del sepulcro, se muerden las dos cruelmente y por su gran veneno y furiosa rabia no se dejan jamás desde el momento en que son tomadas y entrelazadas (si el frío no se lo impide), hasta que las dos con su baboso veneno y mortales heridas, no estén ensangrentadas en todas las partes de su cuerpo, y que finalmente, matándose la una a la otra, se asfixien en su propio veneno, que las convierta tras su muerte en agua viva y permanente. Esta agua es propiamente el mercurio de los filósofos. Estos son –añade– los dos espermas masculino y femenino descritos al principio de mi sumario filosófico, que son engendrados (dicen Rasis, Avicena y Abraham el Judío) en los riñones, entrañas y operaciones de los cuatro elementos. Son el húmedo radical de los metales, azufre y plata viva, no los vulgares que son vendidos por mercaderes y boticarios; sino los que nos dan los dos bellos y queridos cuerpos que tanto amamos. Estos dos espermas, decía Demócrito, no se encuentran sobre la tierra de los vivos. Lo mismo afirma Avicena, pero, añade, se recogen del estiércol, basura y podredumbre del Sol y de la Luna.
La putrefacción es declarada mediante los términos siguientes: La causa por la que he pintado estos dos espermas en forma de dragones, es porque su pestilencia es muy grande, como lo es la de los dragones, y las exhalaciones que suben en el matraz son oscuras, negras, azules y amarillentas,... el filósofo no siente jamás esta pestilencia, si no aparta sus vasos, pero la juzga así sólo por la vista y los cambios de colores procedentes de la putrefacción de sus confecciones. Que los químicos o sopladores que buscan la piedra filosofal en sus calcinaciones y sus crisoles, juzguen de estas palabras de Flamel si sus operaciones son conformes a las suyas, y si tienen razón al exponerse a respirar los vapores de las materias hediondas y arsenicales sobre las cuales operan.
La putrefacción de la materia en el vaso es, pues, el principio y la causa de los colores que se manifiestan, y el primero un poco permanente, o de cierta duración, que debe aparecer es el color negro, que ellos llaman simplemente el negro y con una infinidad de otros nombres que se verán aquí durante el curso de esta obra, o en el Diccionario Mito-Hermético de los términos propios de la filosofía hermética, que le sigue inmediatamente.[2]
Este color significa la putrefacción y la generación que le sigue y que nos es proporcionada por la disolución de nuestros cuerpos perfectos. Estas últimas palabras indican que Flamel habla de la segunda operación y no de la primera. Esta disolución procede del calor externo que ayuda y de la ignidad póntica y admirable virtud agria del veneno de nuestro mercurio, que convierte y descompone en puro polvo, e incluso en partículas impalpables, lo que se le resiste. De esta forma la acción del calor sobre y contra la humedad radical metálica, viscosa y oleaginosa, engendra sobre el sujeto la negrura. Ella es esta vela negra con la que el navío de Teseo volvió victorioso de Creta y que fue la causa de la muerte de su padre. Así mismo es necesario que el padre muera para que de las cenizas del Fénix renazca otro, y que el hijo sea rey.La verdadera clave de la obra es esta negrura al comienzo de sus operaciones, y si aparece otro color rojo o blanco antes que ella, es una prueba de que no se ha conseguido, o como dice nuestro autor: En verdad quien no vea esta negrura en el inicio de sus operaciones, durante los días de la piedra, aunque vea cualquier otro color, falla por completo en el magisterio, y no podrá terminarlo con ese caos [...] Y ciertamente, te digo nuevamente, que aún cuando tú mismo trabajes sobre las verdaderas materias, si al principio, tras haber puesto las confecciones en el huevo filosófico, es decir, algún tiempo después de que el fuego las haya irritado, no ves la cabeza de cuervo negro, de un negro muy negro, tendrás que volver a empezar, pues esta falta es irreparable. Sobre todo se debe de temer un color anaranjado o medio rojo, porque si en un principio lo ves en tu huevo, sin duda quemas o has quemado el verdor y la vivacidad de la piedra.El color azulado y amarillento indica que la putrefacción y la disolución no están aún acabadas. La negrura es el verdadero signo de una perfecta solución. Entonces la materia se disuelve en polvo más menudo, por así decirlo, como los átomos revolotean a los rayos del Sol y estos átomos se cambian en agua permanente. Los filósofos han dado a esta disolución los nombres de muerte, destrucción y perdición, infierno, tártaro, tinieblas, noche, vestido tenebroso, sepulcro, tumba, agua venenosa, carbón, estiércol, tierra negra, velo negro, tierra sulfurosa, melancolía, magnesia negra, barro, menstruo hediondo, humo, fuego venenoso, nubarrón, plomo, plomo negro, plomo de los filósofos, Saturno, polvo negro, cosa despreciable, cosa vil, sello de Hermes, espíritu hediondo, espíritu sublimado, sol eclipsado, o eclipse del Sol y de la Luna, estiércol de caballo, corrupción, corteza negra, espuma del mar, cobertura del vaso, capitel del alambique, nafta, inmundicia de muerto, cadáver, aceite de Saturno, negro más negro que el mismo negro. En fin, lo han designado mediante todos los nombres que pueden expresar o designar la corrupción, la disolución y la negrura. Es ella que ha facilitado a los filósofos la materia para tantas alegorías sobre muertos y tumbas. Algunos la han nombrado calcinación, denudación, separación, asación, a causa de la reducción de las materias en polvo muy menudo. Otros: reducción en primera materia, molificación, extracción, conmixtión, licuefacción, conversión de los elementos, sutilización, división, humación, empastación (argamasa) y destilación. Otros, sombras cimerianas, remolino, generación, ingresión, sumergimiento, complexión, conjunción, impregnación. Cuando el calor actúa sobre estas materias, se cambian primeramente en polvo y agua grasa y viscosa, que sube en vapor hasta lo alto del vaso, y recae en rocío o lluvia al fondo del vaso,[3] donde se vuelve al poco como un caldo negro un poco graso. Es por lo que se le ha llamado sublimación y volatilización, ascensión y descensión. El agua, al coagularse seguidamente, se vuelve como pez negra, lo que hace que se la nombre tierra fétida y hedionda. Da un olor de relente, de sepulcros y de tumbas. Hermes la llama la tierra de las hojas. Más su verdadero nombre –dice Flamel– es el de Latón o Letón, que se ha de blanquear. Los antiguos sabios –añade– la han descrito bajo la historia de la serpiente de Marte, que había devorado a los compañeros de Cadmo, el cual la mató horadándola con su lanza contra un roble hueco. Poned atención en este hueco. Pero para llegar a esta putrefacción es preciso un agente o disolvente análogo al cuerpo que debe disolver. Este es el cuerpo disoluble llamado simiente masculina; el otro es el espíritu disolvente, llamado simiente femenina. Cuando están reunidos en el vaso, los filósofos les dan el nombre de Rebis; es por lo que Merlín ha dicho: Res rebis est bina conjuncta, sed tamen una.
Filaleteo[4] se expresa así respecto a este disolvente: Esta simiente femenina es uno de los principios de nuestro magisterio; es preciso, pues, meditar profundamente sobre ella como una materia sin la cual no se puede tener éxito, puesto que si bien es plata viva, no es en efecto una plata viva natural en su propia naturaleza, sino otro cierto mercurio propio a una nueva generación y que además, su pureza, requiere una larga y admirable preparación, que le deja su cualidad mineral, homogénea, sana y salva. Pues si se le quita a este espíritu disolvente su fluidez y su mercurialidad, se vuelve inútil para la obra filosófica, puesto que ha perdido su naturaleza disolvente; y si fuera cambiada en polvo, de cualquier especie que pueda ser, si no es de naturaleza de cuerpo disoluble, se pierde, no tiene más relación ni proporción con él, y debe ser rechazada de nuestra obra. Piensan locamente y falsamente los que alteran la plata viva, antes de que sea unida con las especies metálicas. Pues esta plata viva, que no es la vulgar, es la materia de todos los metales y como su agua, a causa de su homogeneidad con ellos. Se reviste de su naturaleza en su mezcla con ellos y toma todas sus cualidades, porque se asemeja al mercurio celeste, que se vuelve parecido a las cualidades de los planetas con los cuales está en conjunción.Ninguna agua puede disolver radicalmente y naturalmente las especies metálicas si no es de su naturaleza y si no puede ser congelada con ellas. Es preciso que pase a los metales como un alimento que se incorpora con ellos y se hace una misma substancia. Aquel que separe pues de la plata viva su humedad con las sales, los vitriolos u otras cosas corrosivas, obra con insensatez. No se equivocan menos aquellos que se imaginan extraer del mercurio natural un agua límpida y transparente, con la cual pueden hacer cosas admirables. Aunque consiguieran hacer una tal agua, no valdría nada para la obra.

[1] . Flamel, Op. cit.
[2] . Hay una traducción al castellano de este Diccionario Mito-Hermético, de Pernety, en Ed. Indigo, Barcelona, 1993. N. del T.
[3] . Artefio.
[4] . I. Filaleteo, Verdadera confección de la piedra Filosofal, p.13, y ss.

jueves, diciembre 21, 2006

La Gran Obra comparada a la Creación (del discurso preliminar)





Cuando nuestro primer padre oyó pronunciar la sentencia de muerte como castigo de su desobediencia, oyó al mismo tiempo la promesa de un liberador que debía de salvar a todo el género humano. Dios todo misericordioso no quiso permitir que la obra más bella de sus manos pereciera absolutamente. La misma sabiduría que había dispuesto con tanta bondad el remedio para el alma, sin duda no olvidó indicar uno contra los males que debían de afligir al cuerpo. Pero así como todos los hombres no sacan provecho de los medios de salud que Jesús-Cristo nos ha hecho merecer y que Dios ofrece a todos, así mismo todos los hombres no saben usar el remedio propio para curar los males del cuerpo, aunque
la materia de la que está hecho este remedio, sea vil, común y presente ante sus ojos, que la vean sin conocerla y que la empleen en otros usos que en aquel que le es verdaderamente propio.[1] Esto es lo que prueba bien que es un don de Dios, que favorece a aquel que le place. Salomón, el más sabio de los hombres, nos dice: El Altísimo ha creado de la tierra los medicamentos y el hombre cuerdo no los desprecia.[2]
Es ésta la materia que Dios empleó para manifestar su sabiduría en la composición de todos los seres. Él la animó con el soplo del espíritu que era llevado sobre las aguas, antes que su todo poder hubiera desenredado el caos del Universo. Ella es susceptible de todas las formas y no tiene ninguna que le sea propia.[3] La mayor parte de los filósofos también comparan la

confección de su piedra a la creación del Universo. Había allí, dice la Escritura,[4] un caos confuso, en el cual ningún individuo estaba distinguido. El globo terrestre estaba sumergido en las aguas; estas parecían contener el Cielo y encerrar en su seno las simientes de todas las cosas. No había nada de luz, todo estaba en las tinieblas. Apareció la luz y las disipó y los astros fueron emplazados en el firmamento. La obra filosófica es precisamente la misma cosa. Primero es un caos tenebroso, allí todo parece confuso, que no se puede distinguir nada separadamente de los principios que componen la materia de la piedra. El Cielo de los filósofos está sumergido en las aguas, las tinieblas cubren toda la superficie; finalmente la luz se separa, la Luna y el Sol se manifiestan y vienen a esparcir la alegría en el corazón del artista y la vida en la materia.
Este caos consiste en lo seco y lo húmedo. Lo seco constituye la tierra, lo húmedo es el agua. Las tinieblas son el color negro, que los filósofos llaman el negro más negro que el mismo negro, nigrum nigro nigrius. Es la noche filosófica, las tinieblas palpables. La luz en la creación del mundo apareció antes que el Sol, es esta blancura de la materia tan deseada, que sucede al color negro. El Sol apareció finalmente de color naranja, del cual el rojo se fortifica poco a poco hasta el color rojo púrpura, lo que constituye el cumplimiento de la primera obra.
El Creador quiso seguidamente poner el sello a su obra; formó al hombre amasándolo de tierra,

de una tierra que parecía inanimada y le inspiró un soplo de vida. Lo que Dios hizo entonces en atención al hombre, el agente de la naturaleza, que algunos llaman su Arqueo,[5] lo hizo sobre la tierra o limo filosófico. Lo trabaja por su acción interior y lo anima de manera que empieza a vivir y a fortificarse día a día hasta su perfección. Morien[6] habiendo señalado esta analogía, ha explicado la confección del magisterio mediante una comparación tomada de la creación y de la generación del hombre. Así mismo algunos pretenden que Hermes habla de la resurrección de los cuerpos en su Poimandrés, porque lo concluye de lo que vio que sucede en el progreso del magisterio. La misma materia que había sido llevada a un cierto grado de perfección en la primera obra, se disuelve y se pudre, lo que muy bien se puede llamar una muerte, puesto que nuestro Salvador así lo ha dicho del grano que se siembra:[7] si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere lleva mucho fruto.[8] En esta putrefacción, la materia filosófica se vuelve una tierra negra volátil, más sutil que ningún otro polvo. Los adeptos la llaman cadáver cuando está en este estado y dicen que tiene el mismo olor; Flamel no dice que el artista sienta un olor hediondo, puesto que ello se hace en un vaso sellado, sino que juzga que es así por la analogía de su corrupción con la de los cuerpos muertos. Este polvo o ceniza, que Morien dice que no se ha de despreciar porque debe de revivir y porque encierra la diadema del rey filosófico, retoma vigor, poco a poco, a medida que sale de los brazos de la muerte, es decir, de la negrura; ella se revivifica y toma un resplandor muy brillante, un estado de incorruptibilidad más noble que el que tenía antes de su putrefacción. Cuando los egipcios observaron esta metamorfosis, figuraron la existencia de un Fénix, del que decían que era un pájaro de color púrpura que renacía de sus propias cenizas. Pero este pájaro, absolutamente fabuloso, no era otro que la piedra de los filósofos llevada al color púrpura tras su putrefacción.

[1] . Basilio Valentín, Azot de los Filósofos, y el Cosmopolita.
[2] . Eclesiástico, 38, 4.
[3] . Basilio Valentín.
[4] . Génesis, cap. 1.
[5] . Paracelso, Vanhelmont.
[6] . Morien, Op. cit.
[7] . Flamel.
[8] . Juan, 12, 24
.

domingo, noviembre 26, 2006

Explicación de la Primera Fatalidad




Hemos visto anteriormente que Aquiles, símbolo del fuego del mercurio, era el principal agente en la obra filosófica; hemos seguido su vida hasta el nacimiento de Pirro en casa de Licomedes. Homero ha pasado todo esto y empieza por suponerlo enamorado de Briseida, es decir, en reposo, o en el estado que se encuentra el mercurio después de que su volatilidad ha sido detenida en su carrera por Deidamia. Esto es lo que le hace decir a Aquiles en la queja que lleva ante su madre Tetis. Después de haber arruinado Tebas, dice él, Agamenón tuvo a Criseida en reparto y los griegos me dieron a Briseida. Se sabe que Tebas fue el término de las carreras de Cadmo, también es allí donde Aquiles encuentra a Briseida, que, como hemos dicho significa dormir, reposar. Se trata de hacer la segunda obra, parecida a la primera; Homero supone, pues, a las materias en el vaso y empieza la operación, es decir, la fermentación de la materia. Esta fermentación ocasiona un movimiento en la materia, que amenaza al mercurio, o Aquiles, con quitarle su reposo, o Briseida. A esta fermentación sucede la disolución y la putrefacción causada por el oro filosófico, o Apolo, es la peste que Apolo envía al campo de los griegos. A esta peste sucede la muerte de los griegos, o la negrura llamada muerte por los filósofos. En este estado el volátil domina sobre el fijo y esta peste sólo cesará cuando Criseida sea devuelta a su padre, es decir, cuando la materia haya pasado del color negro al blanco, que es el oro blanco de los filósofos. ¿Qué es lo que pueden significar el viaje de Júpiter y los otros dioses a Etiopía y su retorno al Olimpo lleno de nieve, sino
la negrura de la materia y su paso del color negro al blanco? Las lágrimas de Tetis y de Aquiles ¿no expresan la materia que se disuelve en agua? Todo esto está indicado por el viaje de Ulises, y aún está mejor indicado por lo que sucede en el campo de los griegos hasta su retorno.
Homero dice que a penas partió Criseida bajo el mando de Ulises, es decir, que fue puesta en el vaso filosófico por el artista, Agamenón envió a coger a Briseida de la tienda de Aquiles; he aquí la fermentación que empieza. Llegan a su barco negro y lo encuentran en su tienda sentado, pero extremadamente irritado; es la putrefacción y la negrura, indicada también por los mirmidones, a los que mandaba Aquiles, como así lo figura Homero. La fábula misma nos da a entender lo que se ha de pensar de los mirmidones, diciéndonos que nacieron de las hormigas, y esto a causa de que las hormigas son negras y cuando están todas juntas en su hormiguero su aspecto representa muy bien a la materia en su estado de negrura. La misma razón ha hecho decir que Peleo, padre
de Aquiles, reinaba en Phtía sobre los mirmidones, porque Peleo quiere decir barro negro, porquería, y Phtía, corrupción, de φθέω, corromper. Los otros jefes que comandaban a los mirmidones bajo las órdenes de Aquiles,
sólo por la etimología de sus nombres, indican todo lo que sucede en la obra. Menestio señala el reposo en el que está primeramente la materia, puesto que viene de μένω, esperar en reposo, y de σίαθ, pequeña piedra, o de δέω, estar fijo, inmóvil. El segundo se llamaba Eudoro de είδω, dormir. En consecuencia Homero dice que era hijo de Mercurio el pacífico, pero añade también que cuando tuvo una cierta edad se volvió célebre por su ligereza en la
carrera, a fin de indicarnos la volatilización de la materia fija. El tercero era Pisandro, o que echa de beber, que riega, de πίω, riego, de donde se ha hecho πεοσίς, prado, lugar regado, y σώδηρεν, techo, cima, porque al volatilizarse la materia sube a la cima del vaso en forma de vapor y recae después sobre la materia en forma de lluvia o de rocío. Homero dice que era el más bravo de los mirmidones después de Aquiles, y lo dice con razón ya que sin este rocío la tierra filosófica no produce nada, así como un terreno árido no sería apropiado para hacer germinar el grano; la tierra es el receptáculo de las simientes y la lluvia es el alimento. El cuarto es Fénix, es decir, la piedra misma de los
filósofos llegada al rojo. Los filósofos también le dan el nombre de Fénix, no solamente porque en el elixir renace de sus cenizas, sino también a causa de su color púrpura, pues Fénix viene de φοϊνιξ, de color rojo púrpura, color sangre. Es el pájaro fabuloso de este mismo nombre, se le dice rojo por esta razón y nadie puede jactarse de haber visto otro; los egipcios también hacían correr el rumor de que este pájaro venía a la ciudad del Sol para hacer allí su nido y renacer de sus cenizas. Finalmente el quinto es Alcimedón, o quien manda a la fuerza misma, es decir, la piedra perfecta. Hermes[1] le da el mismo nombre y dice que es la fuerza que sobrepasa a toda fuerza, desde que está fijada en tierra. Pero volvamos a Ulises.
Uno de los hechos más señalados de su vida es el haber sabido descubrir a Aquiles disfrazado con ropajes de mujer
y haberlo obligado a reunirse con los griegos, para ir a destruir la ciudad de Troya.
Y se preguntará ¿qué relación tiene este disfraz con la gran obra? ¿este hecho no es muy simple y natural? Un hombre joven quiere ocultarse para no ir a una guerra en la que se le ha predicho que moriría ¿no sería una manera de
conseguir su deseo? Pero ¿ya se piensa que por todos lados se nos da una idea de Aquiles bien diferente que la de un cobarde? Sólo este rasgo habría hecho que los griegos lo despreciaran, y desde luego no lo considerarían superior a los otros. En efecto ¿qué idea tendríamos de un hombre joven, hijo de un rey, de un príncipe o de un gran señor, que en el momento en que sus tropas se reúnen y se ponen en movimiento para ir a una batalla, o a un asedio peligroso, procurara disfrazarse con ropas de mujer y fuera a confundirse con las acompañantes de una princesa, para evitar el peligro que le amenaza? Por muy buena que haya sido la idea que haya podido dar hasta entonces de su coraje y de su bravura, ¿no haría
tal acción que se le despreciara para siempre? Sin embargo no se ve nada de todo esto, al contrario, Aquiles es estimado, apreciado y considerado como el más valiente de todos los griegos. ¿De dónde puede venir tal contraste? Recuérdense las explicaciones que hemos dado hasta aquí y se verá claramente el desenlace.
Hemos probado en más de un lugar que los filósofos toman al sexo femenino como símbolo del
agua mercurial volátil, la fábula nos habla de ella bajo los nombre de musas, bacantes, ninfas, náyades, nereidas. He aquí precisamente la razón por la que se dice que Aquiles se ocultó bajo ropa de mujer, pues el mercurio de los filósofos sólo es propiamente mercurio cuando es agua, y Aquiles lejos de sentir debilitarse su coraje bajo este disfraz se vuelve más activo, así mismo es preciso que pase por este estado para volverse apropiado para la obra, sin éste no podría penetrar los cuerpos duros y volatilizarlos. Se tiene razón al considerar este descubrimiento de Ulises como una de sus más bellas acciones, puesto que según todos los filósofos herméticos la disolución de la materia en agua mercurial es la clave de la obra. El Cosmopolita dice: buscad una materia de la que podáis hacer un agua, pero un agua penetrante, activa y que sin embargo pueda disolver el oro sin ruido, sin corrosión y en una disolución natural; si tenéis este agua tenéis un tesoro mil veces más precioso que todo el oro del mundo, con ella lo haréis todo y sin ella no haréis nada. Es por lo que los griegos, con Aquiles, lo pueden todo contra la ciudad de Troya y sin él no pueden hacer nada. Se dice que debe morir allí, y en efecto muere porque para completar la obra se ha de fijar el mercurio filosófico y hacer de manera que la parte volátil sea una misma cosa con la fija. Esta última está representada por los troyanos, que por esto siempre son llamados domadores de caballos, o son calificados con epítetos que significan algo pesado, fijo y apropiado para detener lo que está en movimiento. El mismo Héctor[2] es comparado por Homero a una
roca. Al contrario de los griegos y todo lo que les pertenece, que siempre son representados como activos, siempre en movimiento. Homero dice de casi todos sus jefes que no tenían igual por su ligereza en la carrera, su destreza en el tiro al arco y en el lanzamiento de jabalinas; sus caballos s
on ligeros como el viento, las yeguas de Feretiades[3] son más rápidas que los pájaros, el mismo Apolo las había enseñado en la morada de las musas. En fin, todo lo que puede designar al volátil es atribuido a los griegos y todo lo que es apropiado para denotar al fijo es atribuido a los troyanos.
Por lo que hemos dicho se ve claramente el por qué la presencia de Aquiles era necesaria para la toma de Troya y el por qué su abuelo Éaco había ayudado a Apolo y a Neptuno a construir esta ciudad. Pues Éaco significa propiamente la tierra, de αϊα, tierra, o la materia de la que se hace la obra; esta materia puesta
en el vaso se corrompe, he aquí el reino d Phtía donde reina Peleo, es decir, la negrura, que es en efecto la corrupción. Esta disolución o putrefacción produce el mercurio filosófico, en consecuencia es
Aquiles que nace de Peleo. Cuando el azufre de los filósofos es perfecto Troya es construida, ¿por quién? Por Éaco, Neptuno y Apolo, porque el azufre ha sido hecho de agua y de tierra. Siendo esta tierra el principio del oro filosófico, o Apolo, no es sorprendente que él haya concurrido allí, puesto que es la propiedad fijativa de esta tierra la que hace la fijeza de este azufre. Pero para finalizar la obra no es suficiente tener este azufre, o la ciudad de Troya edificada, es preciso destruir esta ciudad, y es lo que hace el motivo de la Ilída, donde se ve que tras la muerte de Aquiles se va a buscar a su hijo Pirro aún joven y fuerte, porque, según la fatalidad, era necesario que hubiera alguien de la raza de Éaco. ¿Por qué? Porque a la fijación del mercurio, significada por la muerte de Aquiles, le sucede Pirro, o la piedra ígnea, como hemos visto anteriormente. Esta fijación está indicada por el nombre de aquel que mató a Aquiles, es decir, Paris, pues Paris viene de παρά y de ίζω, yo fijo, hago sentar, o si se quiere de παριημι, quito el vigor, vuelvo lánguido.
La segunda razón de Ulises para justificar su derecho sobre las armas de Aquiles es el hecho de que ha tomado y arruinado las ciudades de Apolo, es decir, que ha hecho la obra y la piedra, por lo tanto el resultado debe permanecer con él, pues sin las armas de Aquiles, es decir, sin la acción penetrante, disolvente y volatilizante del mercurio, no habría conseguido llevar el elixir a su perfección. Podremos discutir sus otras razones a continuación, explicando las siguientes fatalidades y la continuación del asedio.


[1] . Hermes, La Tabla de Esmeralda.
[2] . Homero, Ilíada, lib. 13, vers. 137.
[3] . Homero, ibid. lib. 2, vers. 763.

sábado, noviembre 25, 2006

Aquiles y Deidamia




Cuando Aquiles nació, Tetis lo alimentó como Ceres había hecho con Triptolemo, lo ocultaba por la noche bajo el fuego y de día lo untaba de ambrosía. No repetiré aquí lo que ya he dicho en el artículo de Ceres; el lector puede encontrar allí la explicación.
Aquiles se hizo mayor, se retiró a casa de Licomedes donde se enamoró de Deidamia y tuvo un hijo llamado Pirro. El
mercurio, cuando llega el momento en que empieza a fijarse, deja, por así decirlo, la casa paterna y materna, pasando del color negro al blanco. En este estado se retira con Licomedes, porque se transforma en una especie de tierra, que los filósofos llaman oro blanco, sol blanco, piedra que manda y que reina; lo que está expresado por Licomedes, que viene de Λύκος, Sol, y de μίδω, mando, tomo cuidado. Es por esto que Licomedes es llamado padre de Deidamia, pues la parte fija en este estado tiene una virtud apropiada para fijar la parte volátil; los filósofos dicen que tiene una virtud magnética que atrae hacia ella a la parte volátil para fijarla y formar un sólo cuerpo de los dos. Todo el mundo sabe que el mercurio es volátil. El amor que Aquiles, símbolo de este mercurio, tiene por Deidamia, es esta virtud magnética y atractiva recíproca que hace que el uno y la otra se reúnan y que finalmente el volátil se vuelva fijo. No se puede expresar más acertadamente que mediante el nombre de Deidamia, puesto que significa una cosa que fija
a otra, o que la detiene en su carrera, de θέω, corro, y de δαμάω, domo, detengo.
Deidamia da un hijo a Aquiles, que fue llamado Pirro a justo título; puesto que de la unión del fijo y del volátil se form
a el azufre filosófico, que es un verdadero fuego o una piedra ígnea, a la que Espagnet llama minera del fuego celeste; Filaleteo la llama fuego de natura. Alfidio dice que cuando aquel que huye es detenido en su carrera por el que le persigue, la carrera de los dos termina, se reúnen y no son más que uno, que se vuelve rojo y fuego. Homero designa esta volatilidad del fuego mercurial, diciendo
siempre de Aquiles, que tiene el pie ligero y que es extremadamente rápido en la carrera; πόδας ώκυς ποδαρκη.
Este poeta lo insinúa aún mejor,[1] cuando dice que Aquiles le dice a Automedonte que enganche su carro para su amigo Patroclo y que ponga sus dos caballos Janto y Balio, cuya velocidad igualaba a la del viento; la arpía Podarge los había engendrado de Céfiro, cuando paseaba por la orilla del Océano, estos caballos eran inmortales.[2] Ulises convenció a Aquiles de que se uniera a los griegos y éste reunió a los mirmidones, sus súbditos, se puso a su cabeza con Menestio, hijo del río Esperquio, dios e hijo de Júpiter y de la bella Polidora,[3] con Eudoro, hijo de Mercurio, llamado en esta circunstancia άκάκήα, o el pacífico,[4] pero Eudoro al hacerse grande, fue célebre por su ligereza en la carrera. Pisandro fue el tercer jefe de los mirmidones; Homero dice[5] de él que era el más valiente de esta tropa, según Aquiles. Fénix, ya viejo, fue el cuarto y Alcimedón, hijo de Laerce, el quinto.
Una vez nacido Pirro, o el azufre filosófico perfecto, es preciso que el artista proceda a la segunda operación, a la que los filósofos llaman segunda obra, o elixir. Este elixir, o el procedimiento que se ha de usar para hacerlo, es lo que Homero ha tenido a la vista en su Ilíada. La primera fatalidad de Troya era que Aquiles, y tras él su hijo Pirro, debían encontrarse necesariamente en el campo de los griegos, para que esta ciudad fuera tomada. La razón es que el elixir no puede hacerse sin el mercurio filosófico, que es el principal agente.

[1] . Homero, Ilíada, lib. 16, vers. 145.
[2] . Homero, ibid. lib. 17, vers. 444.
[3] . Homero, ibid. lib. 16, vers. 173.
[4] . Homero, ibid. vers. 185.
[5] . Homero, ibid. vers, 194.

sábado, octubre 28, 2006

Ceres y las Tesmoforias




Las fiestas celebradas entre los atenienses en honor a Ceres y a Proserpina, han tenido un mismo origen, pues a pesar de todo lo que han podido decir hasta aquí diversos mitólogos, la Ceres de los griegos no difiere en nada de la Isis de los egipcios, el culto de una es el culto de la otra.
Se dice que Triptolemo fue el institutor de las tesmoforias en reconocimiento de que Ceres le había enseñado la manera de sembrar y recoger el trigo y los frutos. La primera celebración se hizo en Eleusis y fueron llamadas misterios eleusinos. Pues Ceres, dice la fábula, buscando a su hija Proserpina, raptada por Plutón, llegó a la ciudad de
Eleusis y fue a visitar al príncipe del lugar que llevaba el mismo nombre.
La esposa de este príncipe llamada Yone, acababa de traer al mundo un hijo al que había dado el nombre de Triptolemo. Buscaba una nodriza, Ceres se ofreció y fue aceptada. Ella se cobró una buena comisión. Durante el día lo alimentaba con una leche divina y durante la noche lo tenía oculto bajo el fuego.
El padre se dio cuenta del progreso que hacía Triptolemo durante la noche e indagó de dónde podía venir esto y cuando averiguó cómo era el cuidado de Ceres se sorprendió de tal manera que no pudo impedir soltar un grito. Este grito dio a conocer a Ceres que su maniobra ya no era secreta. Se irritó y en su cólera hizo morir a Eleusis y dio a Triptolemo un carro tirado por dos dragones para ir a enseñar por toda la tierra el arte de sembrar los granos.
¿Qué significaría esta leche y este fuego con los que Ceres alimentó al hijo de Yone? ¿Con qué se puede relacionar este carro tirado por dos dragones? se ve a primera vista que esta fábula tiene todo el aire de una alegoría química. En efecto, Triptolemo es el hijo filosófico que es puesto en el mundo por Yone, es decir, por el agua mercurial, de ΰω, llover, de
donde ha salido también el nombre de las híades. Ceres se convirtió en su nodriza porque como dice Hermes, la tierra es la nodriza del hijo filosófico.
Michael Maier ha hecho de ello el segundo de sus emblemas donde un globo terrestre forma el cuerpo de una mujer desde las espaldas hasta las rodillas; dos pechos salen de este globo y la mano derecha de la mujer sostiene un niño que mama de la teta de ese mismo lado, con esta inscripción encima: su nodriza es la Tierra, y ésta debajo: ¿qué tiene de extraño que digamos que la Tierra nutrió con su leche a la tierna prole de los Sabios? Si una bestezuela alimentó a tan grandes héroes ¿cuán grande no será aquel al que sirvió de nodriza elo globo terrestre?
La leche con la que Ceres nutrió a Triptolemo es la misma que la que Juno dio a Mercurio, ya lo he explicado en más de un lugar, es por eso que envío allí al lector, para no caer en enojosas repeticiones. Solamente diré de Ceres, con Basilio Valentín:[1] Soy una diosa de gran belleza; la leche y la sangre fluyen de mis senos. No tiene nada de extraordinario alimentar a un niño con leche, pero ocultarlo bajo las cenizas y meterlo en el fuego durante la noche,
para darle fuerza y vigor, esto sólo puede ser practicado por un pueblo salamándrico; Triptolemo también es el símbolo de la salamandra de los filósofos y el verdadero Fénix que renace de sus cenizas. Es a este Triptolemo que se ha de acostumbrar al fuego, para que, al hacerse grande, pueda resistir sus más vivos ataques. No hay duda, pues, de que T
riptolemo sea la salamandra de los filósofos, cuando es cocido y madurado bajo el fuego. Entonces se convierte en el fuego mismo, la tierra, la cal y la simiente de los Sabios, que es preciso sembrar en su propia y natural tierra.
El color negro es símbolo de la noche, signo del duelo y de la muerte y no se vuelve a la luz si no es con la ayuda del fuego. El Triptolemo filosófico tampoco puede llegar al blanco sin la ayuda del fuego. Cuando se ha hecho grande,
Ceres hace morir a su padre y da a su niño ya criado un carro tirado por dos dragones, para que vaya por toda la tierra enseñando el arte de la agricultura a sus habitantes. La agricultura es un símbolo perfecto de las operaciones de la gran obra. Es por lo que los filósofos han sacado de ello gran parte de sus alegorías, a imitación de los antiguos que nos han dejado las suyas bajo la apariencia de la historia.
El labrador tiene una tie
rra que cultiva para sembrar su grano; el filósofo tiene la suya. Sembrad vuestro oro en una tierra blanca foliada, dicen los filósofos. Basilio Valentín hace de ello el emblema de su octava llave y Michael Maier el sexto de los suyos. El grano no podría germinar si antes no se pudriera en la tierra. Hemos hablado a menudo de la putrefacción de loas materias
filosóficas como llave de la obra. Cuando el grano ha germinado necesita del calor para crecer, pues el calor es la vida de los seres y nada puede venir al mundo sin calor natural. Se necesitan dos cosas para el crecimiento de las plantas, el calor y la humedad; también le es preciso la leche y el fuego al Triptolemo filosófico, según lo que dice Raimon Llull:[2] Sabed que nada nace sin macho y hembra y que nada germina ni crece sin la humedad y el calor. Es a lo que debéis
conformaros en nuestra obra. Cuando el tallo sale de la tierra, primero parece de un rojo violeta, después un verde azulado; cuando se forma allí el grano es blanco como la leche y cuando llega a su madurez se ve todo el campo dorado. Precisamente sucede lo mismo al grano de los filósofos.
No añadiré nada más respecto a la educación de Triptolemo que lo que dice Flamel en su Deseo deseado: Su padre es el Sol y su madre la Luna, es decir, una substancia cálida y una substancia acuosa. La Tierra es su nodriza. Es alimentado por su propia leche, es decir, por el esperma del que ha sido hecho desde el comienzo. El parto llega cuando el fermento del alma se ajusta con el cuerpo o tierra blanqueada. No puede llegar a su perfección si no es alimentado de leche y si no toma vigor por el fuego. Es de él que ha sido dicho en la Turba: Honrad a vuestro Rey que viene del fuego.

[1] . Basilio Valentín, Símbolo nuevo.
[2] . Raimon Llull, Theoría Testamentum. cap. 46.

sábado, octubre 14, 2006

Neptuno


Neptuno, hijo de Saturno y de Rea da lugar a este capítulo, tuvo a Amfitrite por mujer, hija de Océano y de Doris, de la cual y de sus concubinas tuvo un gran número de hijos.
Libia le da a Fénix, Pireno e Io, que algunos dicen que era hija del río Inaco. Es esta Io de la que Júpiter gozó ocultado en una nube, Juno casi los descubrió en este hecho. Júpiter para apartar a su dama del furor de la celosa Juno, transformó a Io en una vaca blanca. Juno puso
a Argos a su lado para vigilar su conducta, y después de que Mercurio matara a Argos, Juno mandó un tábano para que atormentara fuertemente a Io, que se puso a recorrer los mares y las tierras hasta que finalmente llegó a orillas del Nilo y recobró su primera forma y, según los griegos, fue adorada por los egipcios bajo el no
mbre de Isis. De ahí los cuernos que se pusieron sobre la cabeza de Isis y que se le llamara tanto Luna como Tierra. La vaca también era el jeroglífico de Isis, así como el toro lo era de Osiris.
Ya he hablado de Neptuno más de una vez, se le ha visto porque era hijo de Saturno y de Rea. Es propiamente el agua
o el mar filosófico que resulta de la disolución de la materia.
Es razonable pues, considerarlo como padre de los ríos, príncipe del mar y señor de las olas. Por su naturaleza líquida y fluida y por su facilidad para ponerse en movimiento excita los temblores, tanto de la tierra que está en el fondo del vaso, como la que le sobrenada.
El vigor y la ligereza con los que corren los caballos han llevado a los poetas a figurar que su carro era tirado por cuatro de estos animales, y a fin de designar la volatilidad de esta agua, han supuesto que corrían sobre las olas del mar y que este dios estaba siempre acompañado de tritones y nereidas, que no son otra cosa que las partes acuosas, de
νερίς, humidus (húmedo). Habiendo señalado que esta agua filosófica tenía un color azul, que ha hecho darle el nombre de agua celeste, los poetas filósofos han figurado que Neptuno tenía los cabellos, los ojos y las vestimentas azules.
En cuanto a Tritón, su forma y su nacimiento indican suficientemente que es el resultado del agua filosófica; su cola ahorquillada como un croissant designa la tierra blanca
o luna de los filósofos y el color púrpura de sus espaldas señala el color que sobreviene a la materia después del blanco. Si fue la causa de que Júpiter obtuviera la victoria sobre los gigantes, es porque este dios sólo es tranquilo y apacible poseedor de su trono después de
que la materia ha llegado al blanco y empieza a dejar de ser volátil.
En cierto momento de las operaciones, a medida que la obra se perfecciona, el agua de los filósofos se vuelve roja, es Neptuno que se junta con la ninfa Fénice, así dicha de φοΐνιξ, púrpura, puniceus color (púrpura, color rojo). Proteo nació de esta relación; es este Proteo cuyas perpetuas
metamorfosis son verdadero símbolo de los cambios que los filósofos dicen que sobreviene a la materia del magisterio.