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miércoles, noviembre 22, 2023

Presentación de Obelisco a la edición de las Fábulas de Pernety

 



















Las fábulas egipcias y griegas de la antigüedad sirvieron para ocultar lo que los sacerdotes de las distintas religiones sabían sobre la Gran Obra. Ésta es la tesis defendida por Antoine Joseph Pernéty.

Más allá del estudio de la mitología griega y egipcia, y de la corrección sistemática de las afirmaciones del Abbé Banier sobre el tema; en Las Fábulas Egipcias y Griegas desveladas y reducidas a un mismo principio sigue el método de la filosofía hermética en su búsqueda de la verdad y el conocimiento. Una filosofía que establece relaciones secretas y simbólicas entre todas las cosas, y que es la base misma de la alquimia. Así pues, bajo la apariencia de mitografía, esta obra es en realidad un verdadero tratado de alquimia y filosofía hermética. Para el autor, la mitología y los textos griegos y egipcios constituyen la base del hermetismo.

Antoine Joseph Pernéty descubrió el hermetismo en 1757, en la biblioteca de Saint-Germain-les Prés; fue una revelación. Este benedictino de la Congregación de Saint Maur, capellán en uno de los viajes de Bougainville a las islas Malvinas y bibliotecario de Federico II de Prusia, partió él mismo en busca de la Piedra Filosofal; fascinado por la obra de Swedenborg, fundó la secta de los Iluminados de Berlín y más tarde de los iluminados de Avignon.

Para componer sus Fábulas Egipcias y Griegas desveladas y reducidas a un mismo principio, Pernety se inspiró en gran medida en la obra de Michael Maier, hasta el punto de conservar el esquema de seis libros de su Arcana Arcanissima, con los mismos títulos, que tradujo textualmente al francés. Como explica el propio Pernety: «He leído atentamente varios tratados de Michael Maier, y me han sido de tanta ayuda que el titulado Arcana Arcanissima me ha servido de marco para mi trabajo».

 

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martes, noviembre 07, 2023

EDICIÓN DE LAS FÁBULAS DE PERNETY


 Muy buenas noticias, Ediciones Obelisco ha editado nuestra traducción de LAS FÁBULAS EGIPCIAS Y GRIEGAS, de Dom Antoine Joseph Pernety, objeto principal de este blog.

En breve estará en las tiendas, los dos tomos está incluidos en uno. Es una gran alegría que este trabajo salga en formato de libro, así queda completo, pues en el blog se accede a los nombres en forma de diccionario, donde se puede buscar determinado mito o comentario.

A parte de los artículos, reseñas bibliográficas i otras traducciones, como la de Michael Maier, Arcana Arcanísima, inspirador para Pernety.

Pero tener el libro en las manos y leerlo en su orden es impresionante, además de entrañable.

El libro se compone de: Un discurso preliminar; un tratado de física; un tratado de la Obra hermética; Las Fábulas y jeroglíficos egipcios; las fábulas que más se acercan al Arte Hermético (Jasón y los argonautas en busca del Toisón de oro); las Fábulas griegas; una explicación de la guerra de Troya; y el descenso de Eneas a los infiernos. Cada uno de los apartados con todos los mitos y personajes pertenecientes al mismo.

Muy sinceramente espero, entusiasta lector, que te sea de gran utilidad en tu búsqueda y paso por este mundo.

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martes, julio 31, 2018

DEL LENGUAJE DE LOS FILÓSOFOS


Ya, en alguna ocasión, he apuntado el paralelismo que existe entre el DICCIONARIO MITO-HERMÉTICO de Pernety y LAS FÁBULAS EGIPCIAS Y GRIEGAS, de este mismo autor, pues uno aclara muchos conceptos del otro y el otro explica el sentido del concepto aclarado y su procedencia, entre otros detalles.
Como el buscador sabe, no es un lenguaje fácil el alquímico mito-hermético, y creo que no está demás releer lo que el mismo Pernety dice al respecto en su “diccionario”, precisamente en el vocablo:

LENGUAJE[JR1] : Los Filósofos no expresan el verdadero sentido de sus pensamientos en lengua vulgar y no hay que interpretarlos según las ideas que presentan los términos en uso para expresar cosas comunes; el sentido que presenta la letra no es el suyo. Hablan a través de enigmas, metáforas, fábulas, similitudes y cada Filósofo las emplea según la manera que le conviene.
Un Adepto Químico explica sus operaciones filosóficas en términos tomados de las operaciones de la química vulgar: hablará de destilaciones, sublimaciones, calcinaciones, etc., de los hornos, de los vasos, de los fuegos en uso entre los químicos, como han hecho Geber, Paracelso, etc. Un hombre de guerra hablará de asedios, de batallas, como Zachaire. Un hombre de Iglesia hablará en términos de moral, como Basilio Valentín en su Azoth. En una palabra: han hablado tan oscuramente, en términos tan distintos y en estilos tan variados, que hay que estar al caso para entenderles e incluso un Filósofo estaría apurado con frecuencia si hubiera de explicar totalmente a otro.
Unos han variado los nombres y cambiado las operaciones; otros han comenzado sus libros por la mitad de las operaciones, otros por el final; algunos han entremezclado sofisticaciones, aquel ha omitido alguna cosa, éste ha añadido de superfluas; uno dice que toméis tal cosa, y el otro que no hay que tomar esa misma cosa. Rupescissa sostiene que el Vitriolo romano es la verdadera materia de los filósofos, pero aquellos que aceptan a Rupescissa como Adepto os recomiendan que no toméis el Vitriolo, ni romano ni ningún otro. Vamos a explicar todo esto con ejemplos:
Merlín y Denis Zachaire exponen la obra bajo la alegoría de un Rey que se arma contra sus enemigos, el primero, para combatirlos, el segundo para sostener un asedio. Merlín dice que el Rey, antes de montar a caballo, pidió beber de un agua a la que amaba mucho y que bebió tanto de ella que quedó indispuesto hasta la muerte, que una medicina le resucitó y que montó a caballo, combatió a sus enemigos y les venció. Esta agua no es otra cosa que el Mercurio de los Filósofos, que su Oro, llamado Rey, bebe con ardor porque son de la misma naturaleza y porque, como dicen los filósofos “la naturaleza ama la naturaleza, naturaleza se complace en su naturaleza y según el proverbio vulgar: “Cada cosa ama a la que es semejante”. El mercurio filosófico es un agua disolvente, la disolución es una especie de muerte, pues no se cumple perfectamente sino en la putrefacción. He aquí la muerte del Rey. Este Rey resucita porque la putrefacción es el principio de la generación. Corruptio unius est generatio alterius, cosa que queda probada en muchos textos de otros filósofos.
Bassen, en la Turba, dice: “Poned al Rey en el baño a fin de que supere (o bien, sobrenade, N. del T.) a la Naturaleza. Esta agua es la fuente del Trevisano, en la que entra sólo el Rey para purificarse, allí muere y resucita, pues la misma agua, mata y vivifica. Los Filósofos también han dado el nombre de vida y Resurrección al color blanco que sucede al negro, y han llamado muerte a este último.
Denis Zachaire se ha explicado más extensamente, pero de forma alegórica: en el asedio de la ciudad que imagina, habla de la materia bajo el nombre de aquel que soporta el asedio y el de aquellos que lo realizan, y da una idea de los colores que aparecen a esta materia sucesivamente, indicando los colores de los estandartes y banderas de unos y otros.
Otros han explicado parabólicamente. El Rey Arturo, por ejemplo, dice en la Turba: “Una gran Tesorera cayó enferma a causa de diversas enfermedades, opilación, hidropesía, parálisis… Estaba extremadamente amarilla desde lo alto de la cabeza hasta el pecho, del pecho hasta los muslos estaba blanca e hinchada y paralítica hasta abajo. Dijo a su médico que le fuera a buscar, sobre la más alta montaña entre todas, dos plantas de una propiedad y virtud superior a la de todas las demás plantas. Se las trajo, se ciñó a ellas y desde aquel momento se encontró curada de todas sus enfermedades. Ella reconoció este servicio de su médico con riquezas infinitas.”
Hermes, o alguien bajo su nombre, ha hablado de la obra con un estilo problemático y ha dicho: “He considerado al raro y admirable pájaro de los Filósofos que vuela perpetuamente en el signo de Aries. Si se le divide, si se le disuelve en muchas partes, aunque pequeño, y que su oscuridad sea dominante, permanecerá, como si fuera de temperamento y complexión terrestre. Cuando se manifiesta bajo diversos colores es llamado bronce, plomo, etc., siendo, a continuación, quemado con un fuego violento, por espacio de cuatro días como mínimo, de siete como medio y de diez como máximo, será llamado tierra de plata; ella es, en efecto, de una gran blancura y es llamada Aire, Goma de oro y Azufre. Toma una parte de aire y ponla con tres partes del oro aparente; lo pondrás todo al baño como mínimo veinte días, como medio, treinta y como máximo, cuarenta y te dará tu Bronce, verdadero fuego de los Tintoreros, reconciliando a los peregrinos, llamado fuego de oro, etc. Este excelente azufre ha de ser guardado cuidadosamente pues sirve para muchas cosas.”
Aristeo se explica con un estilo típico cuando dice: “Paseando nosotros por la orilla del mar vimos que los habitantes de las costas yacían juntos pero no engendraban;  plantaban árboles y sembraban plantas que no fructificaban; entonces les dijimos: si hubiese un filósofo entre vosotros vuestros hijos engendrarían y se multiplicarían, vuestros árboles fructificarían y no morirían, vuestros frutos se conservarían y vosotros seríais Reyes intrépidos que venceríais a todos vuestros enemigos. Nosotros demandamos al rey a su hijo Gabertín y a su hermana Beia, que era una muchacha bella y muy blanca, delicada y perfectamente amable; juntamos el hermano a la hermana y Gabertín murió casi de inmediato. El rey, al ver esto, nos encarceló y a fuerza de súplicas y oraciones, habiendo obtenido su hija Beia, estuvimos ochenta días en las tinieblas de la prisión y después de haber desecado todas las tempestades del mar, hicimos llamar al rey y le entregamos a su hijo vivo, por lo cual hicimos alabanzas a Dios.”
Todas estas maneras de explicarse conforman un lenguaje extremadamente difícil de entender, pero algunos filósofos, para velar mejor aún su obra han empleado el enigma. El Cosmopolita, entre otros, ha formulado uno de muy largo a continuación de sus Doce Tratados. Supone que, viajando del polo Ártico al polo Antártico fue proyectado a la orilla; allí, una ensoñación se apoderó de él, mientras veía las Melusinas revolotear y nadar a las Ninfas; estaba atento para ver si descubría al pez Echeneis en ese mar; en esto, se durmió y el viejo Neptuno se le apareció con su tridente. Este dios le mostró dos minas: una de oro, la otra, de acero; después le mostró dos árboles, uno solar y el otro lunar, y le dijo que el agua para regarlos y hacerlos fructificare se extraía del Sol y de la Luna por medio de un imán. Saturno tomó el lugar de Neptuno y puso en el agua el fruto del árbol solar que se fundió como el hielo en agua caliente. Esta agua –añadió-, le sirve de mujer y tiene la propiedad de perfeccionarlo, de manera que se han perfeccionado, uno y otro tienen la virtud de tornar a todos los otros semejantes a ellos mismos.
Los Antiguos empleaban comúnmente las fábulas, y aquellas de los egipcios y de los griegos no han sido inventadas sino a la revista de la Gran obra, si hemos de creer a los Filósofos, que las han citado a menudo en sus obras. Siguiendo sus ideas yo las he explicado en un tratado que he dado al público bajo el título de: Las Fábulas Egipcias y Griegas Desveladas.
Algunos Filósofos han empleado un lenguaje mudo para hablar a los ojos del espíritu; han mostrado, a través de símbolos y de jeroglíficos, a la manera de los egipcios, tanto las materias requeridas para la obra como sus preparaciones y con frecuencia hasta los signos demostrativos o los colores que aparecen en esta materia en el transcurso de las operaciones, pues es por estos signos que el artista sabe si ha operado bien o mal.
Muchos filósofos han añadido un discurso a estos jeroglíficos, pero esta aparente explicación es siempre tan difícil de entender como el mismo símbolo y con frecuencia muchos más. Tales son aquellos de Nicolás Flamel, de Senior, de Basilio Valentín, los de Michael Maier, aunque d’Espagnet dice que estos últimos son como una especie de anteojos que nos descubren muy claramente la verdad que los filósofos han ocultado.


 [JR1]He seguido la publicación del Diccionario Mito-Hermético de Pernety de la colección Indigo, 1993, traducido y anotado por Santiago Jubany.

lunes, junio 01, 2009

Mercurio Anubis



He aquí al Mercurio de los filósofos descrito por Pernety al presentar al dios Anubis:
Había dos Mercurios en Egipto, el uno de sobre nombre Trismegisto, inventor de los jeroglíficos de los dioses de Egipto, es decir, de los dioses fabricados por los hombres y que eran el objeto del arte sacerdotal, y el otro Mercurio llamado Anubis, que era uno de estos dioses en vista de los cuales fueron inventados estos jeroglíficos. El uno y el otro de estos Mercurios fueron dados como consejeros a Isis; Trismegisto para gobernar exteriormente y Anubis para el gobierno interior. Pero se dirá ¿cómo se puede hacer esto, puesto que Diodoro relata que Anubis acompañó a Osiris en su expedición? He aquí el medio de acordar estas contradicciones, por el cual se verá que Anubis es tanto hijo como hermano de Osiris.
Hemos dicho que Osiris e Isis eran símbolo de la materia del arte hermético, que el uno representaba el fuego de la naturaleza, el principio ígneo y generativo, macho y agente, y que el otro o Isis significaba el húmedo radical, tierra o matriz y sede de este fuego, principio pasivo o hembra y que los dos sólo formaban un mismo sujeto compuesto de estas dos substancias. Osiris era el mismo que Serapis o Amún, que algunos dicen Amón y Ammón, representado por una cabeza de carnero o con cuernos de carnero, porque este animal, según los autores citados por Kircher, [1] es de una naturaleza cálida y húmeda. Se veía a Isis con una cabeza de toro, porque era tomada por la Luna, cuyo creciente es representado por los cuernos de este animal y además es pesado y terrestre.
Anubis, en la antigüedad de Boissart, se encuentra emplazado entre Serapis y Apis, para dar a entender que está compuesto de los dos, o que viene de ellos, es pues, hijo de Osiris y de Isis y he aquí cómo. Esta materia del arte sacerdotal, puesta en el vaso, se disuelve en agua mercurial, esta agua forma el mercurio filosófico o Anubis. Plutarco dice que, aunque muy joven, fue el primero que anunció a Isis la muerte de Osiris porque este Mercurio sólo aparece tras la disolución y la putrefacción designadas por la muerte de este príncipe. Y como Tifón y Nefti son los principios de destrucción y las causas de disolución, se dice que Anubis es hijo de este monstruo y de su hembra. He aquí, pues, Anubis hijo de Osiris y de Isis en realidad y nacido de ellos generativamente. Tifón y Nefti son también sus padre y madre pero solamente como causas ocasionales. Ramón Llull se expresa en este sentido [2] cuando dice: Mi hijo, nuestro hijo tiene dos padres y dos madres. Esta agua es llamada agua de la sabiduría, porque es todo oro y plata y en ella reside el espíritu de la quintaesencia que lo hace todo y sin ella no puede hacerse nada. Este fuego, esta tierra y esta agua que se encuentran en esta misma materia de la obra, son hermanos como los elementos lo son entre ellos, lo que hace que Isias los llame con este nombre θεοι αδελφοι [dioses hermanos]. Dice también que son dioses synthrônes de Egipto, o dioses reverenciados por igual entre los egipcios, participantes de un mismo trono y un mismo honor, para hacernos entender que los tres sólo son uno y que significan la misma cosa aunque tengan diferentes nombres. Esta unidad o estos tres principios que se reúnen para hacer solamente un todo, es declarada palpablemente por el triángulo que se ve en este monumento.
Habiendo dicho lo que es Anubis se adivina fácilmente cómo puede acompañar a Osiris en su viaje, puesto que el Mercurio filosófico está siempre en el vaso, que pasa por el negro o Etiopía, el blanco y etc., se ha visto el resto en el capítulo de Osiris. En cuanto a la cabeza de perro que se da a Anubis, hemos visto que los egipcios tomaban al perro como símbolo de un ministro de estado, lo que conviene muy bien al mercurio de los filósofos, puesto que es él quien conduce todo el interior de la obra. Sólo el caduceo ya da a conocer a Mercurio, la cara, tanto negra como de color del oro que le da Apuleyo indica claramente los colores de la obra. El texto de Ramón Llull que hemos citado hacever que Osiris, Isis y Anubis o Serapis, Apis y Anubis están encerrados en un mismo sujeto, puesto que Osiris, símbolo del Sol, e Isis, símbolo de la Luna, se encuentran en el agua mercurial, pues los filósofos llaman indiferentemente Sol u oro a su azufre perfecto al rojo y Luna o plata a su materia fijada al blanco. El cocodrilo, animal anfibio, sobre el cual Isias ha hecho representar a Anubis de pié, designa que Mercurio o el dios Anubis está compuesto o nacido de la tierra y del agua y a fin de que no se menospreciara ha hecho poner después un prefetículo y una patera, que son los vasos donde se mete el agua u otros licores. El fardo que Kircher no ha explicado y que Montfaucon toma por un cojín terso, confesando que no sabe para qué uso, significa el comercio que se hace mediante el oro, cuyo símbolo es el globo que Anubis lleva en la mano derecha. Se ve tan a menudo el globo en los jeroglíficos egipcios porque tenían al arte sacerdotal como objeto. Cuando este globo está junto a una cruz es para hacer ver que el oro está compuesto de los cuatro elementos tan bien combinados que no se destruyen el uno al otro. Cuando el globo es alado es el oro que es preciso volatilizar para llegar a darle la virtud transmutativa. Un globo rodeado por una serpiente o una serpiente apoyada sobre un globo es signo de la putrefacción por la cual debe pasar antes de ser volatilizado. Así mismo se le encuentra algunas veces alado con una serpiente sujeta debajo, [3] y entonces designa la putrefacción y la volatilización que le sigue. Pero es preciso poner atención en que hablo del oro filosófico o Sol hermético, me creo en el deber de hacer esta observación temiendo que algún soplador tome ocasión de buscar mediante las aguas fuertes o algunos disolventes parecidos, el medio de destilar el oro común y se imagine haber dado en el blanco cuando haya llegado a hacerlos pasar juntos al recipiente.

Y he aquí algunos versículos del Mensaje Reencontrado de Cattiaux cuyo perfume me dan a entender el mismo Mercurio, dejo al lector la libertad de hacer su asociación:
II, 6’:
La corteza terrestre extravía a los más sutiles observadores, pero el mar interior ilumina al hombre simple y creyente.
III, 9’: La luz de los astros brilla en el cielo y en el interior de la tierra.
II, 34’: El fuego reviste todas las formas, pero permanece fijo en su interior.
XII, 50’: Materia, Matriz, Matraz, Mater. Patria, Parte, Pastor, Pater.
Letanía, 10: Matriz del sol.
II, 59’: La tierra pura separada de su muerte. La luna blanca salida de su sombra. El sol rojo lavado de sus manchas.
II, 60’: El agua sale de la tierra y vuelve a la tierra hasta que se abre la flor blanca y hasta la maduración del fruto púrpura.
VII, 48’: Consideremos el agua de nuestra roca y veremos brillar las estrellas, la luna y el sol en nosotros mismos.
II, 14’: Dios hace surgir los frutos de la tierra por medio del agua y del fuego unidos en uno. “¡Oh, milagro de resurrección!”.
XXVI, 13: Hay dos vías de retorno a Dios: ya sea la disolución en la vida universal y libre, ya sea la coagulación en ella.
XXVI, 13’: La primera vía es enseñada por muchos y realizada por algunos. La segunda vía es enseñada por algunos y realizada por muy pocos.
XXVI, 13’’: El que las separa es ignorante. El que las une es Sabio.
XXXI, 39: Hay que disolver antes de coagular.
XXXI, 39’: Es la ley del cielo y de la tierra.
II, 72’: La reunión de los cuatro elementos forma la quinta esencia, raíz de la luna y del sol.
XII, 32’: El que fecunda reside en el sol. La que alimenta permanece en la tierra. La que libera se mueve en el cielo. El que unifica reposa en el corazón.
XII, 33’: La unión del agua y de la tierra hace aparecer la pureza de la vestidura luminosa del Señor, y el fuego manifiesta la virtud secreta del tesoro de Dios.
III, 82: La mujer disgrega al hombre hasta el agua del aire. El hombre consolida a la mujer hasta el fuego de la tierra. De estos dos brota el infinito de la creación perfecta, que manifiesta la gloria del Único sobre la tierra de los vivos.
III, 82’: La licuefacción y la vegetación de la tierra son el primer misterio. La solidificación y la animación del agua forman el segundo misterio. La alianza de la primera agua con la segunda tierra constituye el tercer misterio.
X, 54’: Dividimos por el fuego de la tierra. Depuramos por el agua media. Unimos por el fuego celeste. Multiplicamos por el agua y por la tierra santas.
V, 36’: La estrella de la mañana nos guía hasta la luna de suavidad y hasta el sol de fuerza.
IV, 8’: Ella ofrece la plata y el oro, el diamante y el rubí, pero todos rechazan su mano porque es negra.
II, 21’: El oro que dormita en el barro es tan puro como el que brilla en el sol.
II, 25’: El sol visible y el sol invisible maduran todas las cosas hasta la perfección áurea del fruto perfectísimo.
II, 59’: La tierra pura separada de su muerte. La luna salida de su sombra. El sol rojo lavado de sus manchas.

[1]. Kircher, Obelisc. Pamph. p. 295.
[2]. R. Llull, Vade Mecum.
[3]. Kircher, Obelisc. Pamph. p. 399.

sábado, mayo 16, 2009

Sol terrestre




Dice Pernety en “Historia de Horus”: El agente y el paciente en la obra, al ser homogéneos, se reúnen para producir un tercero semejante a ellos que procede de los dos, el Sol y la Luna son su padre y su madre, dice Hermes y también los otros filósofos después de él.
[…] La tierra es la matriz donde esta simiente es depositada y por eso se encuentra allí como su nodriza. El oro que se forma es el Sol terrestre. Esta materia es donde el sujeto de la obra es compuesto de dos substancias, una fija y la otra volátil, la primera ígnea y activa y la segunda húmeda y pasiva, a las cuales se ha dado los nombres de Cielo y Tierra, Saturno y Rea, Osiris e Isis, Júpiter y Juno, y allí está el principio ígneo o fuego de naturaleza que está encerrado y que ha sido llamado Vulcano, Prometeo, Vesta, etc.

Dice Cattiaux en el Mensaje Reencontrado, III, 7’: De saturno a la luna y al sol sólo hay una vía, que es la depuración paciente del cuerpo bruto hasta la unión del espíritu nítido con el alma perfecta.

Y en el XXXVIII, 67’: El Libro es un canal, pero también es un puente. Es un mar, pero también es un arca. Es un viento que sopla, pero también es un sol terrestre que ilumina.

lunes, abril 20, 2009

Los contrarios

En varias ocasiones Pernety, en el transcurso de su obra, pone ejemplos de interpretaciones de los jeroglíficos dadas en un sentido histórico o moral, aportando a continuación su explicación en el sentido hermético. Es el caso de un monumento de simbolismo egipcio situado en Roma del que el anticuario Montfaucon da una débil explicación en su obra La Antigüedad explicada. Tras poner en evidencia el error de la explicación de Montfaucon, Pernety empieza por dar una descripción de esta piedra, pretendidamente sepulcral:

Las dos serpientes están sostenidas sobre su cola replegada en círculo; la una tiene el huevo entre los dientes y la otra tiene la cabeza apoyada encima con la boca un poco abierta, como si quisiera morder a la otra y disputarle este huevo. Las dos tienen una cresta más o menos cuadrada. Sobre el otro lado de la piedra se halla la figura de un hombre de pié, con hábito largo y las mangas remangadas hasta el codo, tiene el brazo derecho extendido y una especie de aro en la mano, en el centro del cual aparece otro pequeño círculo o un punto. Con la mano izquierda levanta su ropa, teniéndola apoyada sobre la cadera. En el entorno de esta figura hay gravadas las siguientes palabras: A Herennuleius Hermes fecit conjugi bene merenti Julie L. F. Latine sibi et suis posterque cor. No es necesario recurrir a la religión de los egipcios para explicar este monumento. Los dos principios que admitieron los sacerdotes de Egipto sólo deben de entenderse de los dos principios, bueno y malo, de la naturaleza, que se encuentran siempre mezclados en sus mixtos y que cooperan en su composición, es por esto que dicen que Osiris y Tifón eran hermanos y que este último hacía siempre la guerra al primero. Osiris era el buen principio o el humor radical, la base del mixto y la parte pura y homogénea; Tifón era el mal principio o las partes heterogéneas, accidentales y principio de destrucción y de muerte, así como Osiris era principio de vida y de conservación. Las dos serpientes del monumento, del que se trata, representan en verdad a los dos principios, pero los dos principios que la naturaleza emplea en la producción de los individuos, se les llama, por analogía, al uno macho y al otro hembra; tales son las dos serpientes enroscadas en el caduceo de Mercurio, la una macho y la otra hembra, que están también representadas enroscadas la una con la otra y entre sus dos cabezas una especie de globo alado al que parece que quieren morder. Las dos crestas cuadradas de las dos serpientes del monumento del que hablamos son un símbolo de los elementos de los que el gran mundo y el pequeño mundo están formados y el huevo es el resultado de la reunión de estos dos principios de la naturaleza. Pero como en la composición de los mixtos hay los principios puros y homogéneos y los principios impuros y heterogéneos se encuentra entre ellos una especie de enemistad; el impuro tiende siempre a corromper al puro, es lo que se ve representado por la serpiente que parece querer disputar el huevo a la que lo tiene en posesión. La destrucción de los individuos sólo es producida por este mutuo combate. He aquí lo que se puede decir para explicar en general esta parte del monumento del que hablamos.Pero sin duda su autor tenía una intención menos general, pues es cierto que quería significar alguna cosa en particular. Comparemos todas las partes simbólicas de este monumento, la relación que tienen entre ellas nos desvelará esta intención particular. El que hizo hacer este monumento se nombra Herennuleio Hermes, y lleva un hábito largo como los filósofos; parece ser que este Herennuleio era uno de estos sabios iniciados en los misterios herméticos (lo que es designado por el sobrenombre de Hermes), que, como ya he dicho antes, al estar instruido en estos misterios, tomó el nombre de Adris o Hermes. Tiene en la mano derecha una especie de círculo, que Montfaucon sin duda ha tomado por un vaso o taza, y ha decidido a consecuencia de este error que Herennuleio hacía un sacrificio a los manes, como si esta acción no pudiera significar otra cosa. Este círculo no es para nada un vaso, es el signo simbólico del oro o del Sol terrestre y hermético, que los mismos químicos vulgares representan de esta manera aún hoy en día ʘ. Es en este lado del monumento, en particular, que se ha de acercar el jeroglífico de las dos serpientes y del huevo que se encuentran en el lado opuesto, para hacer de ello un todo, del cual el resultado consiste en este oro filosófico que presenta Herennuleio. He aquí, pues, cómo es preciso explicar este monumento en particular: Las dos serpientes son los dos principios del arte sacerdotal o hermético, uno macho o fuego, tierra fija o azufre, y el otro hembra, agua volátil y mercurial, concurriendo los dos en la formación y generación de la piedra hermética, que los filósofos llaman huevo y pequeño mundo y que está compuesto de los cuatro elementos representados por las dos crestas cuadradas pero que sólo dos de ellos son visibles, la tierra y el agua. Se puede también explicar el huevo como el vaso, en el cual el huevo se forma, por el combate del fijo y el volátil, que reuniéndose el uno con el otro son un todo fijo llamado oro filosófico o sol hermético. Es este oro el que Herennuleio muestra al espectador como el resultado de su arte. La mayor parte de filósofos que han tratado esta ciencia han representado sus dos principios bajo el símbolo de dos serpientes. Se encontrará una infinidad de pruebas de ello en esta obra. La inscripción de este monumento nos enseña solamente que Herennuleio ha hecho este oro como una fuente de salud y de riquezas, para él, para su esposa a la que amó tiernamente, para sus hijos y su posteridad.He aportado este ejemplo para hacer ver cuán fácil es explicar los jeroglíficos de ciertos monumentos egipcios, griegos, etc., cuando se les relaciona con la filosofía hermética, sin las luces de la cual se volverían ininteligibles e inexplicables. Tras este clarísimo ejemplo de Pernety pongo en relación con su explicación algunos versículos del Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux, que me parecen especialmente incisivos en el tema. IV, 60: Los miles y miles de universos que nos sumergen son como la millonésima parte de una gota de sangre divina. El más ínfimo átomo encierra mundos inconcebibles. Así, el Universo está en Dios, y Dios está en el Universo. 60’: Es mejor mirar en uno mismo y callar. ¡Oh, luz germinativa! ¿Oh, fruto muy pesado del Sol! ¡Oh, boda secreta de los idénticos contrarios! ¡Oh, esplendor fructificante de la única belleza! VIII, 1’: El hombre sin la mujer es como una piedra en el fondo desecado de un torrente, y la mujer sin el hombre es como una nube extraviada sobre el mar. “¿Quién hará la unión de los contrarios por medio de lo semejante?” III, 34’: Quien sabe unir los contrarios de igual naturaleza posee la ciencia. VI, 26: La cima del amor es descubrir a Dios dentro del hombre y al fuego dentro del agua. La cima de la ciencia es unir los contrarios de igual naturaleza hasta la perfección concentrada del rubí solar. II, 72’: La reunión de los cuatro elementos forma la quinta esencia, raíz dde la luna y el sol. IV, 25’: Antes del comienzo todo permanecía en el reposo de las duras tinieblas de la muerte. El fuego, al despertarse en el agua, ordenó el caos, y los cuatro elementos engendraron el espíritu del Universo. V, 49’: Los cuatro elementos forman el alfabeto con el que Dios enseña a los hombres clarividentes. I, 36’: El mundo ha sido hecho con el agua y con la tierra. Volverá a ser como un limo antes de ser rehecho como una tierra. II, 60’: El agua sale de la tierra y vuelve a la tierra hasta que se abre la flor blanca y hasta la maduración del fruto púrpura. V, 95’: El agua que sale de la tierra engendra el sol de resurrección por la potencia del amor fecundante del Altísimo. VIII, 52’: El agua sale de la tierra y vuelve a la tierra para separar el mundo del inmundo. III, 4’: Licuar la tierra y concentrar el agua, después casar la tierra con el agua y gozar de la paz del Señor en la piedra santificada por la unión. XXIV, 28’: Lo que es fijo viene de la tierra. Lo que es movedizo viene del agua. Lo que es humoso viene del aire. Lo que es graso viene del fuego. VIII, 1: La espiritualización del cuerpo hace aparecer el agua y el aire que nos animan y mantienen. La corporificación del espíritu engendra la tierra y el fuego que nos sostienen y multiplican. ¿Quién pesará la parte de cada cosa? III, 1’: El agua que brota de la tierra santa recae como lluvia de oro sobre el mundo entenebrecido. III, 6’: Las bodas celestes hacen brotar la claridad de las estrellas. Las bodas terrestres manifiestan el peso y la virtud del oro luminoso.

viernes, marzo 27, 2009

Sentido Oculto




Vayamos ahora a la introducción de sus Fábulas, donde Pernety presenta su obra y confiesa qué autores le han sido fuente de inspiración, denunciando al mismo tiempo aquellas interpretaciones de estas mismas fábulas que derivan hacia caminos engañosos. También veremos qué dice Cattiaux al respecto en esta concordancia de pensamiento:

Dice Pernety, tras nombrar algunos de los autores en los que se afirma:
Todas las explicaciones que daré están tomadas de estos autores o apoyadas en sus textos y sus razonamientos, serán tan naturales que se podrá concluir de ello que la verdadera química fue la fuente de las fábulas, que encierran todos los principios y las operaciones y que en vano se intentará forzar su explicación por otros medios. Pienso que no todo el mundo convendrá en ello pues se ha introducido la costumbre de explicar a los antiguos mediante la historia y la moral, este uso ha prevalecido y es acreditado hasta el punto que el prejuicio hace considerar toda explicación como fantasías.

Veamos algunos versículos del Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux en los que menciona esta interpretación histórica o moralista.

XIX, 1: Los profetas nos han hablado de la substancia y de la esencia de Dios, ¡pero nosotros escudriñamos sus textos para descubrir en ellos la historia, la moral, la poesía o la adivinación! Oh, estúpida ceguera de los inteligentes y de los sabios! ¡Oh, mediocridad satisfecha de los creyentes!

XVI, 53: Ignoran el sentido oculto de la palabra inspirada, sus explicaciones morales son la prueba entristecedora de ello. Si comprendieran, remontarían al manantial en lugar e perderse en justificaciones ociosas y en disputas imbéciles.
“Dios borrará las patrias, las ideologías, las confesiones y las sectas, pues los creyentes son todos hermanos en la unidad del Único”
.

XXII, 14’: Bendito sea Dios: las Escrituras santas todavía están aquí y nos corresponde leerlas y meditarlas sin dejarnos engañar por los hipócritas que las utilizan para sus intereses, sin dejarnos embaucar por los imbéciles que las adaptan a su mediocridad ciega y sorda y sin dejarnos inducir por los bien intencionados que las limitan a su comprensión histórica y moral.

XVII, 67’: La verdadera filosofía no descansa sobre las sutilezas delirantes del espíritu, ni sobre los principios rígidos de una moral, no sobre la observancia minuciosa de ritos, sino más bien sobre el conocimiento del contenido del núcleo de todas las cosas.

Pernety sigue diciendo: Se las considerará [a las fábulas] desde el punto de vista que se quiera, poco me importa. Escribo para los que quieran leerme, para los que no puedan salir del laberinto donde se encuentran obligados a estar, siguiendo los sistemas que acabo de mencionar [la historia y la moral], buscarán aquí un hilo de Ariadna que ciertamente encontrarán; para los que, versados en la lectura asidua de los filósofos herméticos, están más en estado de aportar un juicio sano y desinteresado, pues encontrarán lo necesario para fijar sus ideas vagas e indeterminadas sobre la materia de la gran obra y sobre la manera de trabajarla. En cuanto a los cegados por el prejuicio o por malvadas razones, que atribuyen a los egipcios, a los pitagóricos, a Platón, a Sócrates y a los otros grandes hombres, ideas tan absurdas como la de la pluralidad de los dioses, les rogaría nada más reconciliar, con ese pensamiento, la idea de la alta sabiduría que sobresale en todos sus escritos, sabiduría que se les otorga con razón. Les recomiendo una lectura de sus obras más seria y más reflexiva para encontrar lo que se les había escapado.

Y Cattiaux dice en el XXXVI, 20: Los más sabios y los más inteligentes toman las Escrituras reveladas por tratados de historia y de moral.
20’: Los más santos y los más inspirados toman estas mismas Escrituras reveladas por tratados de ascesis y de mística.
20’’: ¿Dónde están los Sabios iluminados de Dios qu8e también saben reconocer en ellas la ciencia oculta del Único Esplendor que salva de la muerte?

(Y para concluir)

XXXIV, 78’’: Nunca nos avergoncemos de abandonar una opinión limitada y vaga para adoptar una idea más precisa y más amplia de la salvación de Dios, pues así, nos abriremos y germinaremos en Dios, en vez de estancarnos y descomponernos en el mundo

martes, enero 06, 2009

El arte hermético (Pernety y Cattiaux)



Realmente Pernety estaba inspirado cuando en su “Discurso preliminar” (contradicción entre los autores, en el blog) afirma: El arte hermético, dicen los filósofos, es un misterio oculto para los que se fían mucho de su propio saber; pues es un don de Dios, que mira con buenos ojos y es propicio a los que son humildes y le temen, estos ponen toda su confianza en Él y como Salomón, le piden con insistencia y perseverancia esta sabiduría que a su derecha tiene la salud (Proverbios, III, 16) y las riquezas a su izquierda; esta sabiduría que los filósofos prefieren a todos los honores y a todos los reinos del mundo, porque es el árbol de vida para aquellos que la poseen (Proverbios, III, 18).
Este “arte” como muy bien dice viene de Dios y es a Él que se lo debemos pedir. En el Mensaje Reencontrado dice en el versículo II, 78: Todo se puede comprender con su inspiración. Todo se puede examinar con su ayuda. Todo se puede depurar con su ciencia. Todo se puede perfeccionar con su arte. Posee todos los nombres y no tiene ninguno.
Pues es un misterio. Precisamente, como ya he mencionado otras veces en este blog, los versículos que me lanzaron al mar de las fábulas herméticas pertenecen al Mensaje Reencontrado de L. Cattiaux y hablan de este misterio:
II, 83: Estudiemos los triples misterios antiguos. Reverenciemos las doctrinas y las fábulas sagradas. Busquemos el bien que subsiste en el mal. Meditemos sobre las obras de los profetas y de los santos filósofos. Comprendamos que sólo hay un Dios, una sola ciencia y una sola creación en todas partes y siempre.
III, 17: La verdad está oculta bajo el velo de las fábulas y las parábolas, es necesario un espíritu muy recto y muy penetrante para descubrirla, así como se precisa un ojo muy ejercitado para reconocer el diamante bajo la envoltura que lo protege.
III, 17’: En el centro del Universo y en el corazón del hombre están contenidos los misterios de Dios. ¿Quién ahondará el abismo? ¿Quién manifestará la vida de la tierra? ¿Y quién consolidará el rocío del cielo?
Es por eso que necesitamos la ayuda de Dios para acceder a ese misterio como dice el MR en el V, 95: La evidencia de la creación y el misterio de la enseñanza de los Sabios no pueden ser entendidos sin la ayuda de Dios.
También lo expresa de otro modo en XIII, 51: Todos los misterios están contenidos en el sudor de la tierra y en el rocío del cielo.
Por eso dice Pernety que es un misterio ocultado para aquellos que se fían mucho de su propio saber, pues como dice el MR, VI, 1: Si somos inteligentes, roguemos a Dios para volvernos inteligentes.
Puesto que si no: MR, XXIV, 43: La decadencia de las religiones y de las iniciaciones proviene de que los guardianes, los creyentes y los buscadores toman los símbolos, las figuras y los ritos por el misterio mismo, cuando de hecho no son más que sus imágenes y sus recuerdos.
Pues es un don de Dios que mira con buenos ojos y es propicio a los que son humildes y le temen. MR, XIX, 28’: Cuanto más conozcamos nuestra indignidad, más espantados estaremos por la inmensidad de la misericordia del Señor y por la grandeza del don que nos concede.
Y XXVI, 36: Los herederos bien pueden ignorar o rechazar su herencia, por creerse suficientemente instruidos en su religión o bastante sabios en su ciencia. Su orgullo y su malignidad no forzarán el don de vida del Altísimo; su inteligencia será humillada y su libertad será retirada al final. ¿No volverán humildemente a Dios en sus corazones en lugar de permanecer esclavos en una tierra extranjera?
…estos ponen tosa su confianza en Él; Proverbios, III, 5: Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.
Por eso Pernety cita a Salomón pidiendo esta Sabiduría, pues: Proverbios, I, 7: El principio de la Sabiduría es el temor del Señor.
Y el MR dice en el IX, 50: La locura de los hombres consiste en la búsqueda de los infinito en la muerte. La sabiduría de Dios reside en el examen de la unidad de la vida. Así, el hombre sabio es el que interroga a su Señor, oye su respuesta y conforma a ésta su vida.
Y hablando de citar a Salomón, Emmanuel d’Hooghvorst en su artículo Rehaz el barro y cuécelo cita a Saint Baque de Bufor de esta forma:
Insensato quien separa a los que Dios ha unido: ¡el cuerpo y el espíritu! (Mateo XIX, 6). En la Concordancia Mito-Físico-Cábalo-Hermética, se encuentra el siguiente fragmento: Manipulando el verdadero légamo caótico del aire, se adivinan, sin dificultad y progresivamente, los enigmas filosóficos, se recorre toda la mitología y se penetra el verdadero sentido de ciertos pasajes del Antiguo Testamento y el de todas las obras de Salomón.[1]
… Porque es el árbol de vida para aquellos que la poseen. MR, XII, 3: El árbol de vida está plantado en el centro del jardín del paraíso, pero el árbol del conocimiento del bien y del mal crece encabalgado sobre el muro de la cerca.

[1] . Emmanuel d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, Arola Editors, Tarragona 2000, artículo Rehaz el barro y cuécelo (título tomado del versículo del MR, XV, 68) p. 318.
Respecto a la cita de Saint Baque de Bufor, es en Concordancia Mito-Físico-Cábalo-Hermética, ed. Obelisco, Barcelona 1986, p. 112.

jueves, octubre 04, 2007

(artículo del traductor) La Lectura Alquímica

En la presentación de este blog, (presentación 3), mostraba al lector los versículos del Mensaje Reencontrado, de Louis Cattiaux, (1) que me habían animado a sumergirme en la lectura de la fabulosa tradición de nuestros antepasados, y por supuesto en la búsqueda de comentarios y explicaciones que arrojaran un poco de luz a mis tinieblas.
Estos versículos son los siguientes:
II, 83: Estudiemos los triples misterios antiguos. Reverenciemos las doctrinas y las fábulas sagradas. Busquemos el bien que subsiste en el mal. Meditemos sobre las obras de los profetas y de los santos filósofos. Comprendamos que sólo hay un Dios, una sola ciencia y una sola creación en todas partes y siempre.
III, 17: La verdad se oculta bajo el velo de las fábulas y las parábolas, es necesario un espíritu muy recto y muy penetrante para descubrirla, así como se precisa un ojo muy ejercitado para reconocer el diamante bajo la envoltura que lo protege.
Estas palabras me llevaron al encuentro con Pernety y sus Fábulas Egipcias y Griegas, y su Diccionario Mito–Hermético. (2)
Luego apareció el Florilegio Epistolar, extractos de la correspondencia que Louis Cattiaux mantuvo con sus amigos, en el que descubrí que este autor también recomendaba la lectura de Pernety, concretamente en esta respuesta: (3)
La lectura de las obras herméticas te abrirá el camino a la lectura de las santas Escrituras, si las lees con ojos desinteresados y amorosos, si no, te conducirán a la locura de la química como a muchos demasiado sabios y demasiado astutos. Todos los tratados llamados alquímicos de buenos autores como Basilio Valentín, el Cosmopolita, Nicolás de Valois, Nicolás Flamel, Arnaldo de Vilanova, Moriano, Raimundo Lulio, Grosparmy, Rhumelius, Guillermo Salmon, Pernety, etc., te ayudarán a desembrollar el caos y a separar la luz de las tinieblas, pero, sobre todo, la santa plegaria al Señor de vida, que los buscadores orgullosos y estúpidos suelen despreciar.
Desde luego Cattiaux no recomienda estos autores porque sí, veamos un fragmento de Las Fábulas de Pernety y comprobemos la consonancia de espíritu entre estos autores, precisamente hablando de las dos maneras de entender la lectura alquímica: (4)
Es verdad –dice Pernety– que mucha gente se las da de filósofos y abusan de la credulidad de los bobos. Pero ¿es ésta una falta de la ciencia hermética? Los filósofos se manifiestan lo suficiente en el mundo como para hacerse oír y prevenirlos de las trampas que les tienden esta clase de gente. No es solamente uno quien dice que la materia de este arte es de un precio vil, e incluso que no cuesta nada, que el fuego para trabajarla no cuesta más y que sólo se necesita un vaso o máximo dos para todo el transcurso de la obra.
Escuchemos a Espagnet: La obra filosófica requiere más tiempo y trabajo que gastos, pues le queda muy poco que hacer a aquel que tiene la materia requerida. Los que piden grandes sumas para llevarla a cabo tienen más confianza en las riquezas del prójimo que en la ciencia del arte. Que el aficionado a ella tenga cuidado y no caiga en las trampas que le tiendan los bribones que quieren su bolsa al mismo tiempo que le prometen montañas de oro. Esos piden el sol para conducirse en las operaciones de este arte porque no ven nada. (5)
Lo que desacredita la ciencia hermética son estos bastardos de la química vulgar, conocidos ordinariamente con el nombre de sopladores y de buscadores de la piedra filosofal. Estos son los idólatras de la filosofía hermética. Todas las recetas que se les proponen son para ellos como Dios, ante las cuales doblan la rodilla. Se encuentra un buen número de esta clase de gente entre los muy instruidos en las operaciones de la química vulgar, pero no están instruidos en los principios de la filosofía hermética y por ello no tendrán éxito. Otros ignoran incluso hasta los principios mismos de la química vulgar y estos son propiamente los sopladores.
[...] Los filósofos herméticos insisten casi siempre en señalar en sus obras la diferencia de estos dos artes. Pero la señal más infalible por la que se puede distinguir un adepto de un quimista es que el adepto, según lo que dicen todos los filósofos, no toma más que una sola cosa, o máximo dos de una misma naturaleza, un solo vaso o dos a lo más y un solo horno para conducir la obra a su perfección; al contrario, el quimista trabaja sobre toda clase de materias indiferentemente.
Si esta obra [las Fábulas] consigue hacer la suficiente impresión en los espíritus como para persuadirlos de la posibilidad y la realidad de la filosofía hermética, Dios quiera que también sirva para desengañar a los que tienen la manía de dispensar sus bienes en soplar carbón, levantar hornos, calcinar, sublimar, destilar, y finalmente reducirlo todo a nada, es decir, en ceniza y humo. Los adeptos no corren para nada detrás del oro y la plata. Morien da una gran prueba de ello al rey Calid. Éste había encontrado muchos libros que trataban de la ciencia hermética y no podía comprender nada, entonces hizo publicar que daría una gran recompensa a aquel que se la explicara. Esa recompensa atrajo allí a un gran número de sopladores. Morien el ermitaño salió entonces de su desierto, no movido por la recompensa prometida sino por el deseo de manifestar el poder de Dios y cuánto hay de admirable en sus obras. Fue a encontrar al rey Calid y pidió, como los otros, un lugar apropiado para trabajar, a fin de probar mediante sus obras la verdad de sus palabras. Cuando Morien terminó sus operaciones, dejó la piedra perfecta en un vaso, alrededor del cual escribió: Aquellos que tienen todo lo que les hace falta no necesitan ni recompensa ni ayuda de otro. Después desalojó el lugar sin decir una palabra y volvió a su soledad. Al encontrar el vaso y su escritura, Calid comprendió lo que significaba y tras haber hecho la prueba del polvo, echó o hizo morir a todos aquellos que habían querido engañarle.
Los filósofos dicen, y con razón, que esta piedra es como el centro y la fuente de las virtudes, puesto que los que la poseen desprecian todas las vanidades del mundo, la vana gloria, la ambición y no hacen más caso del oro que de la arena y del vil polvo (7) y la plata es para ellos como el barro. Sólo la sabiduría hace impresión en ellos; la envidia, los celos y las otras tumultuosas pasiones no excitan ninguna tempestad en su corazón, no tienen otro deseo que vivir según Dios, otra satisfacción que volverse útiles al prójimo, en secreto, y penetrar poco a poco en el interior de los secretos de la naturaleza.
La filosofía hermética es, pues, la escuela de la piedad y de la religión. Aquellos a quien Dios concede el conocimiento ya eran piadosos o se volvían. (8) Todos los filósofos empiezan sus obras por exigir de aquellos que las leen con deseo de penetrar en el santuario de la naturaleza, un corazón recto y un espíritu temeroso de Dios: el principio de la Sabiduría es el temor del Señor, (9) un carácter compasivo, para socorrer a los pobres, una profunda humildad y un deseo formal de hacerlo todo para la gloria del Creador, que oculta sus secretos a los soberbios y a los falsos sabios del mundo, para manifestarlos a los humildes. (10)

Interrogando al Mensaje Reencontrado respecto a este tema me ha respondido con estos versículos:
XXVIII, 5: Por todas partes, intrigas, bajezas y cobardías para obtener un lugar en el mundo que perece, y ni un impulso del corazón y del espíritu para obtener un lugar en el mundo que no perece.
XXVIII, 5’: Los inteligentes y los hábiles de este mundo son verdaderamente estúpidos, pero aún no lo saben. ¡Cuál será el rumor de sus gritos y de sus lamentaciones inútiles cuando se vean desnudados por el juicio de Dios y expuestos a la vista de todos!
XXVIII, 6: Se pelean por el estiércol y abandonan la perla que resplandece encima de ellos. ¿Hay una maldición peor que ésta?¿No son dignos de compasión a pesar de su hermoso éxito en este mundo transitorio? ¿No están ya malditos por Dios y excluidos de su salvación?
XXVIII, 6’: Cada versículo del Libro nos ha costado un poco de nuestro pan y un poco de nuestra vida terrestre, pero ¿no hemos hecho, sin saberlo, una inversión fabulosa? Dios y los creyentes responderán como quieran. En lo que nos concierne, nuestro don permanece gratuito ante Dios y para con los hombres de buena voluntad.
Insistiendo sobre el mismo tema me ha respondido con este otro:
XXXIV, 54: No adoremos las figuras humanas, ni las figuras animales, ni los símbolos, ni las imágenes, que están aquí para rememorar los misterios divinos, pero que no son nada por sí mismos.
XXXIV, 54’: La idolatría es confundir las apariencias de la cosa de Dios con la cosa misma, y es permanecer extraviado por las cortezas que esconden la almendra substancial y pura de la vida imperecedera.
Desde que apareció el Mensaje Reencontrado se han producido varias ediciones y en varios idiomas, castellano, catalán, portugués, italiano, inglés, etc.
Si el lector no lo conoce y está interesado puede dirigirse a:
http://www.beyaeditions.com/
donde encontrará información y la posibilidad de adquirirlo mediante amazón.com, así como si desea información sobre el autor puede dirigirse a :
http://www.louiscattiaux.es/uiscattiaux.es
o también:
http://www.lapuertaonline.es

Notas:
(1): Louis Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, ed. Sirio, Málaga 1987.
(2): Hay una traducción al castellano de Santiago Jubany, ed. Indigo, Barcelona 1993.
(3): Florilegio Epistolar, Arola Editors, Taragona 1999, pág. 155.
(4): El lector lo puede encontrar íntegro en este blog, en el archivo de Diciembre, con el título de Diferencia entre las dos químicas:
http://humanadivinitas.blogspot.com/2006_12_01_archive.html
(5): Espagnet, La Obra secreta de la Filosofía de Hermes, hay una traducción al castellano de S. Jubany, ed. Indigo, Barcelona 1995.
(6): Morien, Conversación con el Rey Calid.
(7): Sabiduría, cap. VII.
(8): Véase a Flamel en el libro de Las Figuras Jeroglíficas.
(9): Proverbios, I, 7.
(10): Mateo, XI, 25.

miércoles, junio 27, 2007

Nota del Traductor y Autor de este blog

Hasta aquí me ha placido subir a este “blog” y compartir contigo, estimado lector y buscador, la traducción que he realizado de este interesante texto hermético de 1758, LAS FÁBULAS EGIPCIAS Y GRIEGAS, cuyo autor, Dom Antoine Joseph Pernety, compuso basándose especialmente en la obra de Michael Maier Arcana Arcanísima,[1] como así lo reconoce él mismo en el prólogo de sus Fábulas.[2]
Una vez terminada esta labor y habiéndola ilustrado con algunas imágenes para una más agradable consulta y comparación, me propongo publicar pequeños artículos realizados a partir de textos relacionados con esta obra, o sea, la Obra Hermética.
Artículos resultados de mi propia búsqueda, con la intención de resaltar la renovación de este pensamiento a través de autores contemporáneos.
Espero y deseo que este trabajo sea útil en tu búsqueda, inquieto navegante de este virtual mar.
Salud.
[1] . Véase la excelente traducción del latín al francés por el profesor latinista Stéphane Feye: Les Arcanes très Secrets de Michael Maïer, BEYA asbl, 2005, encuéntrese en www.beyaeditions.com.
[2] . Véase en la presentación a este blog, 1-2-3, (especialmente la presentación, 2).

domingo, junio 03, 2007

Dom Pernety, Datos Biográficos


Dom Antoine Joseph Pernety nació el 13 de Febrero de 1716 en Rouanne. Al terminar los estudios primarios ingresó en la congregación benedictina de San Marcos. Su notable aptitud para los estudios no pasaría desapercibida por sus superiores, que lo destinaron a la Abadía de Saint-Germain-des-Pres a fin de que perfeccionara y ampliara sus estudios. En la biblioteca de esta abadía encontró valiosos textos alquímicos que despertaron en él una afición que mantendría a lo largo de su vida. En 1758 compuso sus dos obras magnas: «Las fábulas egipcias y griegas, desveladas y reducidas al mismo principio» y el «Diccionario mito-hermético»[1] Al año siguiente embarcó, acompañando a Louis de Bougainville, hacia las Islas Malvinas con objeto de establecer allí fundaciones coloniales, retornando a Francia a finales de 1764. Los dos años siguientes fueron decisivos para él: víctima de una profunda crisis en el seno de sus convicciones religiosas abandona los hábitos y se instala en Avignon, donde participa activamente en la Masonería de Rito Escocés y Antiguo, de la que es fundador del grado 28-29, «Caballero del Sol y Príncipe Adepto», iniciación que transcurre ritualmente en el Paraíso. Sobre esta misma época crea su propia orden iniciática, el «Rito Hermético». En 1767 Federico II el Grande le propone para el cargo de Conservador de la Biblioteca Real de Berlín; Pernety acepta y se instala en Prusia, donde permanecerá 16 años; pero parece ser que originalmente el encargo iba destinado a su primo, el Abad Jacques Pernety, del que conocemos una obra bastante curiosa.[2] Los años que permaneció en Berlín son la etapa mejor documentada de su vida: su cargo le aseguraba un modo de vida muy satisfactorio en lo material, permitiéndole desarrollar una actividad intelectual particularmente rica[3]. Estudioso y apasionado de la obra de Swedemborg, que fallecería en 1772, tradujo al francés la más importante de sus obras «Las maravillas del cielo y el infierno». En 1770 compuso un pequeño manual para uso interno del Rito Hermético, el «Ritual alquímico secreto»[4] y en 1776 un tratado que dedicará a Federico II, «Del conocimiento del hombre moral por el hombre físico».[5] El caso es que en 1783, una entidad con la que decía estar en contacto, «La Santa Palabra» le conmina a abandonar Prusia y a instalarse de nuevo en Avignon.[6] Dejará Berlín el día 10 de noviembre de ese mismo año dirigiéndose a Praga para visitar el colegio de Cabalistas de esa ciudad, verdadera meca del esoterismo. A continuación orienta sus pasos hacia Görlitz, ciudad natal del teósofo Boheme y posteriormente, a París. A finales de 1784 le encontramos en Valence, en casa de su hermano, Jacques Pernety, donde permanecerá hasta 1786. Reencuentra al Marqués Vernety de Vaucroze, que le propone un retiro en Berradides, a algunas leguas de Avignon. Desde que llegó a Francia sus esfuerzos se centraron en reorganizar su orden, bajo el nuevo nombre de «Rito de los iluminados»; la orientación alquímica de este grupo es obvia, como demuestra el hecho de que en sus filas militaran alquimistas más o menos conocidos: el Abad Buyton de Moreau «Brumore», el polaco Grabianka, La Richardiere y, muy posiblemente, el filósofo Saint Baque de Bufor.[7] En 1786 sus obras fueron reeditadas, la orden contaba con un centenar de miembros y era muy popular en el mundo del esoterismo bajo el nombre de los «iluminados de Avignon». Sin embargo, las reacciones consecutivas a una escisión en el grupo propiciaron que la Inquisición tomara parte activa en el asunto; detenciones, fugas, interrogatorios no se hicieron esperar. En 1793, la justicia dispersa a los últimos hermanos y arresta, por error, al mismo Pernety. Cuando recupera la libertad reemprende sus estudios alquímicos y lucha por recomponer la orden aunque sin éxito. Antoine Dom Pernety, fallece en Avignon, el 16 de octubre de 1796.
[1] . Les Fables égyptiennes et grecques, dévoilées & réduites au mème principe, avec une explication des hiéroglyphes, et de la guerre de Troye. 2 Vols. Chez Deladain, libraire, París, 1758. (Para la traducción de las Fábulas hemos hecho uso de la segunda edición, de 1786). Dictionnaire Mitho-hermétique, dans lequel on trouve les allégories fabuleuses des poëtes, les métaphores, les enigmes et les termes barbares des philosophes hermétiques expliqués. Chez Deladain, libraire, París, 1758. (Existe una traducción de este importante diccionario realizada por Santiago Jubany, en Ediciones Indigo, Barcelona 1993). [2] . En 1765, en Avignon, introdujo su rito hermético dentro de la logía de los «Sectarios de la Virtud». Dentro del escocismo tambien es fundador de los grados de «Masón Verdadero», «Masón verdadero en la vida recta» y «Caballero del Iris». [3] . Lettres philosophiques sur les physionomies. La Haya, 1748. [4] . Rituel Alchimique Secret, du grade de vrai Maçon Academicien. Existe una traducción italiana del mismo, en facsímil, publicado por Edizioni Rebis, 1981. [5] . Esta obra estaba seguida en un segundo volumen, de las Observations sur les maladies de l’Ame pour servir de suite au précédant, Berlín, 1777. [6] . La orden exacta que recibió se conserva en el Manuscrito de la Santa Palabra (Ms. 3090) en la Biblioteca del Museo Calvet, en Avignon: «Tu marcharás, tu buscarás, la obra te seguirá, tu partirás... Ya llega el día en que irás al lugar escogido para poner los cimientos de Su nuevo Pueblo...» (Mensajes del 18 y 21 de mayo de 1781). Sin embargo, retornó a Berlín sin haber hallado lo que buscaba y no abandonará definitivamente esta ciudad hasta 1783. [7] . Del que conocemos unos comentarios a la hermética Tabla de Esmeralda Posiblemente, sea el autor de la Concordancia Mito-físico-cábalo-hermética.