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lunes, abril 20, 2009

Los contrarios

En varias ocasiones Pernety, en el transcurso de su obra, pone ejemplos de interpretaciones de los jeroglíficos dadas en un sentido histórico o moral, aportando a continuación su explicación en el sentido hermético. Es el caso de un monumento de simbolismo egipcio situado en Roma del que el anticuario Montfaucon da una débil explicación en su obra La Antigüedad explicada. Tras poner en evidencia el error de la explicación de Montfaucon, Pernety empieza por dar una descripción de esta piedra, pretendidamente sepulcral:

Las dos serpientes están sostenidas sobre su cola replegada en círculo; la una tiene el huevo entre los dientes y la otra tiene la cabeza apoyada encima con la boca un poco abierta, como si quisiera morder a la otra y disputarle este huevo. Las dos tienen una cresta más o menos cuadrada. Sobre el otro lado de la piedra se halla la figura de un hombre de pié, con hábito largo y las mangas remangadas hasta el codo, tiene el brazo derecho extendido y una especie de aro en la mano, en el centro del cual aparece otro pequeño círculo o un punto. Con la mano izquierda levanta su ropa, teniéndola apoyada sobre la cadera. En el entorno de esta figura hay gravadas las siguientes palabras: A Herennuleius Hermes fecit conjugi bene merenti Julie L. F. Latine sibi et suis posterque cor. No es necesario recurrir a la religión de los egipcios para explicar este monumento. Los dos principios que admitieron los sacerdotes de Egipto sólo deben de entenderse de los dos principios, bueno y malo, de la naturaleza, que se encuentran siempre mezclados en sus mixtos y que cooperan en su composición, es por esto que dicen que Osiris y Tifón eran hermanos y que este último hacía siempre la guerra al primero. Osiris era el buen principio o el humor radical, la base del mixto y la parte pura y homogénea; Tifón era el mal principio o las partes heterogéneas, accidentales y principio de destrucción y de muerte, así como Osiris era principio de vida y de conservación. Las dos serpientes del monumento, del que se trata, representan en verdad a los dos principios, pero los dos principios que la naturaleza emplea en la producción de los individuos, se les llama, por analogía, al uno macho y al otro hembra; tales son las dos serpientes enroscadas en el caduceo de Mercurio, la una macho y la otra hembra, que están también representadas enroscadas la una con la otra y entre sus dos cabezas una especie de globo alado al que parece que quieren morder. Las dos crestas cuadradas de las dos serpientes del monumento del que hablamos son un símbolo de los elementos de los que el gran mundo y el pequeño mundo están formados y el huevo es el resultado de la reunión de estos dos principios de la naturaleza. Pero como en la composición de los mixtos hay los principios puros y homogéneos y los principios impuros y heterogéneos se encuentra entre ellos una especie de enemistad; el impuro tiende siempre a corromper al puro, es lo que se ve representado por la serpiente que parece querer disputar el huevo a la que lo tiene en posesión. La destrucción de los individuos sólo es producida por este mutuo combate. He aquí lo que se puede decir para explicar en general esta parte del monumento del que hablamos.Pero sin duda su autor tenía una intención menos general, pues es cierto que quería significar alguna cosa en particular. Comparemos todas las partes simbólicas de este monumento, la relación que tienen entre ellas nos desvelará esta intención particular. El que hizo hacer este monumento se nombra Herennuleio Hermes, y lleva un hábito largo como los filósofos; parece ser que este Herennuleio era uno de estos sabios iniciados en los misterios herméticos (lo que es designado por el sobrenombre de Hermes), que, como ya he dicho antes, al estar instruido en estos misterios, tomó el nombre de Adris o Hermes. Tiene en la mano derecha una especie de círculo, que Montfaucon sin duda ha tomado por un vaso o taza, y ha decidido a consecuencia de este error que Herennuleio hacía un sacrificio a los manes, como si esta acción no pudiera significar otra cosa. Este círculo no es para nada un vaso, es el signo simbólico del oro o del Sol terrestre y hermético, que los mismos químicos vulgares representan de esta manera aún hoy en día ʘ. Es en este lado del monumento, en particular, que se ha de acercar el jeroglífico de las dos serpientes y del huevo que se encuentran en el lado opuesto, para hacer de ello un todo, del cual el resultado consiste en este oro filosófico que presenta Herennuleio. He aquí, pues, cómo es preciso explicar este monumento en particular: Las dos serpientes son los dos principios del arte sacerdotal o hermético, uno macho o fuego, tierra fija o azufre, y el otro hembra, agua volátil y mercurial, concurriendo los dos en la formación y generación de la piedra hermética, que los filósofos llaman huevo y pequeño mundo y que está compuesto de los cuatro elementos representados por las dos crestas cuadradas pero que sólo dos de ellos son visibles, la tierra y el agua. Se puede también explicar el huevo como el vaso, en el cual el huevo se forma, por el combate del fijo y el volátil, que reuniéndose el uno con el otro son un todo fijo llamado oro filosófico o sol hermético. Es este oro el que Herennuleio muestra al espectador como el resultado de su arte. La mayor parte de filósofos que han tratado esta ciencia han representado sus dos principios bajo el símbolo de dos serpientes. Se encontrará una infinidad de pruebas de ello en esta obra. La inscripción de este monumento nos enseña solamente que Herennuleio ha hecho este oro como una fuente de salud y de riquezas, para él, para su esposa a la que amó tiernamente, para sus hijos y su posteridad.He aportado este ejemplo para hacer ver cuán fácil es explicar los jeroglíficos de ciertos monumentos egipcios, griegos, etc., cuando se les relaciona con la filosofía hermética, sin las luces de la cual se volverían ininteligibles e inexplicables. Tras este clarísimo ejemplo de Pernety pongo en relación con su explicación algunos versículos del Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux, que me parecen especialmente incisivos en el tema. IV, 60: Los miles y miles de universos que nos sumergen son como la millonésima parte de una gota de sangre divina. El más ínfimo átomo encierra mundos inconcebibles. Así, el Universo está en Dios, y Dios está en el Universo. 60’: Es mejor mirar en uno mismo y callar. ¡Oh, luz germinativa! ¿Oh, fruto muy pesado del Sol! ¡Oh, boda secreta de los idénticos contrarios! ¡Oh, esplendor fructificante de la única belleza! VIII, 1’: El hombre sin la mujer es como una piedra en el fondo desecado de un torrente, y la mujer sin el hombre es como una nube extraviada sobre el mar. “¿Quién hará la unión de los contrarios por medio de lo semejante?” III, 34’: Quien sabe unir los contrarios de igual naturaleza posee la ciencia. VI, 26: La cima del amor es descubrir a Dios dentro del hombre y al fuego dentro del agua. La cima de la ciencia es unir los contrarios de igual naturaleza hasta la perfección concentrada del rubí solar. II, 72’: La reunión de los cuatro elementos forma la quinta esencia, raíz dde la luna y el sol. IV, 25’: Antes del comienzo todo permanecía en el reposo de las duras tinieblas de la muerte. El fuego, al despertarse en el agua, ordenó el caos, y los cuatro elementos engendraron el espíritu del Universo. V, 49’: Los cuatro elementos forman el alfabeto con el que Dios enseña a los hombres clarividentes. I, 36’: El mundo ha sido hecho con el agua y con la tierra. Volverá a ser como un limo antes de ser rehecho como una tierra. II, 60’: El agua sale de la tierra y vuelve a la tierra hasta que se abre la flor blanca y hasta la maduración del fruto púrpura. V, 95’: El agua que sale de la tierra engendra el sol de resurrección por la potencia del amor fecundante del Altísimo. VIII, 52’: El agua sale de la tierra y vuelve a la tierra para separar el mundo del inmundo. III, 4’: Licuar la tierra y concentrar el agua, después casar la tierra con el agua y gozar de la paz del Señor en la piedra santificada por la unión. XXIV, 28’: Lo que es fijo viene de la tierra. Lo que es movedizo viene del agua. Lo que es humoso viene del aire. Lo que es graso viene del fuego. VIII, 1: La espiritualización del cuerpo hace aparecer el agua y el aire que nos animan y mantienen. La corporificación del espíritu engendra la tierra y el fuego que nos sostienen y multiplican. ¿Quién pesará la parte de cada cosa? III, 1’: El agua que brota de la tierra santa recae como lluvia de oro sobre el mundo entenebrecido. III, 6’: Las bodas celestes hacen brotar la claridad de las estrellas. Las bodas terrestres manifiestan el peso y la virtud del oro luminoso.

martes, febrero 17, 2009

LA MUGRE HEDIONDA


He aquí otros dos textos comparados de Pernety y Cattiaux e insisto en que estas relaciones las hago a cuenta de mi intuición y “valen lo que valen”. El lector debe saber que es el olfato de mi búsqueda el que me otorga esta intuición y que no poseo el conocimiento necesario como para afirmar que hablan exactamente de lo mismo. ¡Juzgue el lector!
Dice Pernety en su Tratado de la Obra Hermética, [de las Fábulas] citando a Flamel:
Los dos dragones que ha tomado como símbolo jeroglífico de la materia, son, dice [Flamel][1]: las dos serpientes enviadas por Juno, que es la naturaleza metálica, y que el fuerte Hércules, es decir, el sabio, debe estrangular en su cuna, quiero decir vencer y matar para hacerlas pudrirse, corromperse y engendrar al principio de su obra. He aquí la clave de la obra o la disolución anunciada; las serpientes, los dragones, la Quimera, la Esfinge, las harpías y los otros monstruos de la fábula, que se deben matar; y como la putrefacción sucede a la muerte, Flamel dice que: es preciso hacerlas pudrirse y corromperse. Estando puestas juntamente en el vaso[2] del sepulcro, se muerden las dos cruelmente y por su gran veneno y furiosa rabia no se dejan jamás desde el momento en que son tomadas y entrelazadas (si el frío no se lo impide), hasta que las dos con su baboso veneno y mortales heridas, no estén ensangrentadas en todas las partes de su cuerpo, y que finalmente, matándose la una a la otra, se asfixien en su propio veneno, que las convierta tras su muerte en agua viva y permanente. Esta agua es propiamente el mercurio de los filósofos.
[…]Cuando el calor actúa sobre estas materias, se cambian primeramente en polvo y agua grasa y viscosa, que sube como vapor hasta lo alto del vaso, y recae como rocío o lluvia al fondo del vaso, donde, al poco, se vuelve como un caldo negro un poco graso. Es por lo que se le ha llamado sublimación y volatilización, ascensión y descensión. El agua, al coagularse seguidamente, se vuelve como pez negra, lo que hace que se la nombre tierra fétida y hedionda.

Dice Cattiaux en su Mensaje Reencontrado, XXIII, 75’:
La mugre hedionda será destruida por el fuego y la mugre oscura será separada por el agua.

[Sigue Pernety]: Da un olor de relente, de sepulcros y de tumbas. Hermes la llama la tierra de las hojas. Más su verdadero nombre - dice Flamel - es el de Latón o Letón, que se ha de blanquear. Los antiguos sabios - añade - la han descrito bajo la historia de la serpiente de Marte, que había devorado a los compañeros de Cadmo, el cual la mató horadándola con su lanza contra un roble hueco. Poned atención a este hueco. Pero para llegar a esta putrefacción es preciso un agente o disolvente análogo al cuerpo que debe disolver. Este es el cuerpo disoluble llamado simiente masculina; el otro es el espíritu disolvente, llamado simiente femenina. Cuando están reunidos en el vaso, los filósofos les dan el nombre de Rebis.

Dice Cattiaux en el XXXVIII, 53’:
Lo único necesario basta para tener lo superfluo, y lo superfluo[3] basta para tener lo único necesario. Y ambos juntos bastan para tener la vida salva.


[1] . Flamel, Figuras Jeroglíficas.
[2] . Artefio.
[3] . Una explicación de “superfluo” podría ser: lo que fluye sobre…

lunes, julio 02, 2007

(Artículo del traducctor) Referente a Isis y la Negrura (solve et coagula)


En el capítulo “Historia de Isis” Pernety nos aporta la descripción que Apuleyo hace de esta diosa en su obra “El Asno de Oro”,[1] al que remito al lector para que pueda coger la punta de hilo del ovillo que intento desmadejar. Sólo destacaré de esta descripción los detalles de la corona donde dice que: En medio, por delante, aparecía una especie de globo en forma casi de espejo que despedía una luz brillante y plateada como la de la Luna. A la derecha y la izquierda de este globo se levantaban dos ondulantes víboras, como para engarzarlo y sostenerlo y de la base de la corona salían espigas de trigo. Luego un poco más adelante y hablando de la resplandeciente ropa dice que toda ella está cubierta por... una toga destacable por su gran negrura que pasaba desde el hombro izquierdo por debajo del brazo derecho y ondeaba en muchos pliegues descendiendo hasta los pies. En la explicación que Pernety nos da de esta descripción afirma que este relato es una alegoría de la obra: Su corona y los colores del hábito lo indican en general y en particular. Isis pasó por ser la Luna, la Tierra y la Naturaleza. Su corona formada por un globo brillante como la Luna lo anuncia claramente. Las dos serpientes que sostenían este globo son las mismas de las que hemos hablado en el primer capítulo de este libro, explicando el monumento de A. Herenuleio Hermes. El globo también es la misma cosa que el huevo de ese monumento. Veamos qué dice Pernety respecto a dicho monumento, especialmente lo que concierne a las dos serpientes:[2] Las dos serpientes –dice– son los dos principios del arte sacerdotal o hermético uno macho o fuego, tierra fija o azufre, el otro hembra, agua volátil y mercurial, que los dos concurren en la formación y generación de la piedra hermética, que los filósofos llaman huevo y pequeño mundo. [...] También se puede explicar el huevo como el vaso en el cual se forma el huevo, mediante el combate del fijo con el volátil que se reúnen uno y otro formando un todo fijo llamado oro filosófico o sol hermético. [...] La mayoría de filósofos que han tratado esta ciencia han representado sus dos principios bajo el símbolo de dos serpientes. Anteriormente, en el capítulo de “la Historia de Osiris”, ya afirmaba que: los egipcios entendían por Isis y Osiris tanto la sustancia volátil y la sustancia fija de la materia de la obra, como el color blanco y el rojo que toma en las operaciones. Volvamos a la explicación que Pernety da a la descripción de Isis hecha por Apuleyo: Los colores que sobrevienen a esta materia durante las operaciones están expresamente representados en la vestimenta de Isis. Una toga o larga ropa sorprendente por su gran negrura cubre totalmente su cuerpo dejando percibir solamente por lo alto otra ropa de lino fino, primero blanco, después azafranado y finalmente el color del fuego. Los filósofos llaman al color negro el negro más negro que el mismo negro, nigrum nigro nigrius. Homero da un parecido a Tetis cuando se dispone ir a solicitar los favores y la protección de Júpiter para su hijo Aquiles. No había en el mundo, dice este poeta, vestimenta más negra que la suya[3]. El color blanco sucede al negro, el azafranado al blanco y el rojo al azafranado, precisamente como lo relata Apuleyo.[4] Vamos a ver ahora un texto actual en el que se explica la obra a partir del descenso de Ulises a los infiernos con el fin de consultar al ciego Tiresias, ya que es lo que la maga Circe le había recomendado, a fin de que Ulises recibiera consejo del adivino Tiresias. Se trata del capítulo titulado LA NEKUIA O LA EVOCACIÓN DE LOS MUERTOS, del libro EL HILO DE PENÉLOPE de Emmanuel d’Hooghvorst (EH).[5] Tiresias es tebano y EH dice: Tebas tenía siete puertas y estas puertas eran de electrum. Siendo siete el número del alma del mundo o alma creadora, no es difícil sospechar que estas siete puertas no eran más que una, cuyo misterioso electrum era el más bello ornamento. Pero ¿quién era Tiresias y por qué se había quedado ciego? Su leyenda nos ha sido transmitida por Ovidio en el tercer libro de sus Metamorfosis. La citamos íntegramente: [...] Cuentan que casualmente Júpiter, aliviado por el néctar, había dejado de lado sus pesadas preocupaciones y se había entregado a dulces entretenimientos con la despreocupada Juno y había dicho: «Verdaderamente, es mayor vuestro placer que el que corresponde a los varones». Ella lo niega; les pareció bien investigar cuál era la opinión del sabio Tiresias pues este tenía conocimiento de los placeres de ambos sexos. En efecto, con un golpe de bastón había golpeado los cuerpos de dos grandes serpientes que se apareaban en un verde bosque y, convertido de hombre en mujer, ¡oh, hecho admirable!, había vivido siete otoños; en el octavo, vio de nuevo a las mismas y dijo: «Si es tan grande el poder de vuestra herida que cambia la condición del que ha golpeado en lo contrario, también ahora os voy a herir». Golpeadas las mismas serpientes, volvió a su figura anterior y apareció el aspecto con el que había nacido. Tomado por tanto éste como árbitro de la burlesca contienda, confirma las palabras de Júpiter; se dice que la hija de Saturno se enfadó más de los justo y en proporción inversa al motivo, y condenó a una noche eterna los ojos de su juez. Pero el padre todopoderoso, pues no está permitido a ningún dios invalidar las acciones de otro dios, en compensación de la luz de la que había sido privado le concedió el don de conocer el futuro y suavizó el castigo con tal honor.[6] ¿Por qué era necesario que Ulises fuera a consultar el decir de Tiresias? El Hue, uno de los nombres del alma del mundo, ¿no tiene que bajar al infierno mineral para liberar la simiente del oro que se encuentra allí enterrada? Ciertamente el alma del mundo no es otra cosa que el famoso disolvente quymico que tantos buscadores se empeñan vanamente en inventar. Es la sustancia misma del oro que se ha hecho palpable en el electrum; éste es el famoso secreto ancestral, el fundamento de la obra que disuelve el oro vil tan simple y suavemente como el hielo se funde poco a poco en agua templada.[7] [...] En primer lugar se leerá Tiresias el ciego en ese pote que selló Juno, o el aire que fluye en dote de oro. Tengo negrura, dice este pote, pues su contenido no puede ser contemplado antes del tiempo del Arte: éste es el color negro tan descrito en los libros. Sin embargo, es como una mancia ciega, como una pre-dicción, pues en esta admirable conjunción, el discípulo puede contemplar en un relámpago el genio de la Obra La unión de las dos serpientes expresa el solve y el coagula que son como la mujer para el solve, que se convierte en hombre en la coagulación. He aquí a los dos sexos sucesivos de Tiresias; el número siete, como ya lo hemos propuesto, firma la acción creadora del alma del mundo. Añadamos que las serpientes entrelazadas son como la medida dada a lo ilimitado. Dar medida al sin límite es el Arte bajo todas sus formas. Por ejemplo, la palabra da medida y forma al pensamiento... al igual que la pura medida del sueño divino del oro que voló, se fija en un cuerpo admirable y resplandeciente. Es así como el oro vil vuelve a encontrar una naturaleza y un cuerpo celestes. Todo ello se realiza en el atanor donde humeó esta hembra descendida de negro penetrante, purgando el dolo de la edad de hierro. ¡Qué poeta, aquel discípulo del Arte que prepara y dispone este comercio donde Isis y Osiris se conocerán, dos en uno, leído Pan! Es la edad de oro madurando en un pote. Los novios del Arte son, pues, como dos sentidos, el solve y el coagula leídos en uno solo. Sin quymica este oro vil no se regenera. Como puede apreciar el lector sólo un conocedor puede interpretar la cosa de la que hablan los Sabios, y que siempre es la misma, bajo la vestidura de sus textos. Emmanuel d’Hooghvorst nos muestra claramente lo que es este Arte, a partir de Isis, es decir, como él mismo dice en un aforismo: Este libro tiene doble sentido con o sin Isis.[8] Y así lo expresa en un fragmento del tomo dos del Hilo de Penélope:[9] El Gran Arte es una santa aventura conocida en Egipto, tumba de Osiris. Lo que allí se encuentra completamente crudo ha de cocerse en larga paciencia ¿De dónde se saca el mercurio que enciende la mecha del saber? De una negra nube que yerra perdida.
[1] . Apuleyo, Metamorfosis o el Asno de Oro, lib.11 [2] . El lector lo puede encontrar en la primera entrada de Los Jeroglíficos Egipcios. [3] . Este suceso de Tetis y Aquiles será motivo de una comparación más minuciosa en próximos artículos. [4] . Esta sucesión de colores también es confirmada por Louis Cattiaux en el Mensaje Reencontrado, ed. Sirio, o también en Amazón .com, editado por Beyaeditions. Libro IV, versículo 47: El blanco en el negro y el rojo en el blanco, he aquí toda la creación presente. [5] . Emmanuel d’Hoogvorst, El Hilo de Penélope I, Arola Editors, Tarragona 2000, p. 83. [6] . Ovidio, Metamorfosis, III, 318-338. [7] . El Hilo de Penélope I, p.84. [8] . El Hilo de Penélope I, aforismo 104, p. 349. [9] . El Hilo de Penélope II, Arola Editors, Tarragona 2006, p. 19.

sábado, abril 21, 2007

Las Colonias Egipcias (2), historia de Cadmo



Cadmo era originario de Tebas en Egipto. Cuando fue enviado a la búsqueda de su hermana por Agenor su padre, rey de Fenicia, se encontró expuesto a una furiosa tempestad, que le obligó a atracar en Rodas, donde erigió un templo en honor de Neptuno cuyo servicio se confió a los fenicios que dejó en esta isla. Ofreció a Minerva un vaso de cobre muy bello de forma antigua, sobre el cual había una inscripción que decía que la isla de Rodas sería asolada por las serpientes.
Sólo esta inscripción indica que toda esta historia es una alegoría del arte sacerdotal. Pues ¿por qué ofreció a Minerva un vaso antiguo de cobre? Se hubiera debido suponer que Cadmo habría vivido en tiempos muy remotos. ¿Cuál podría ser, pues, la antigüedad de este vaso? Parece ser que es preciso tener en consideración la materia y no la forma. Esta materia es la tierra de Rodas o la tierra roja filosófica que debe ser asolada por las serpientes, es decir, disuelta por el agua de los filósofos, que a menudo es llamada serpiente. Cadmo al corriente de estos misterios no tuvo ningún esfuerzo en predecir esta devastación. El presente de un vaso antiguo de cobre ¿era de una tan gran consecuencia que mereció ser presentado a la diosa de la sabiduría? El oro y las pedrerías habrían sido más dignos de ella. Pero sin duda había en ello un misterio encerrado, es necesario un vaso de cobre, pero no del vulgar, sino de bronce filosófico, que los favoritos de Minerva, los sabios filósofos, llaman comúnmente latón o letón. Blanquead el latón, dice Morien,[1] y romped vuestros libros. El azot y el latón os son suficientes.
Toda la historia de Cadmo será siempre considerada como una pura fábula, que parecerá ridícula a todo hombre razonable si no la entiende conforme a la química hermética. En efecto ¿Qué idea es la de seguir un buey de diferentes colores, construir una ciudad donde el buey se detuvo, enviar a sus compañeros a una fuente, donde fueron devorados por un horrible dragón, hijo de Tifón y Equidna, dragón que seguidamente fue muerto por Cadmo, que le arrancó los dientes, los sembró en un campo como se siembra el grano, de donde nacieron unos hombres que atacaron a Cadmo y que al fin por una piedra que tiró entre ellos se destruyeron unos a otros sin que quedara uno solo? Más adelante en esta obra probaremos que esta historia es una alegoría siguiendo todo lo que pasa en el curso de las operaciones de la obra filosófica.
El abad Banier[2] dice que Cadmo llevó a Grecia los misterios de Baco y Osiris.
La fábula nos enseña sin embargo que Baco era nieto de Cadmo. Es verdad que este mitólogo introduce a otro Baco, hijo de Semele a fin de ajustar su historia pero ¿sobre qué fundamento? ¿es lícito introducir de su propia cosecha nuevos personajes para sortear las dificultades? Cuando Orfeo transportó a Grecia las fábulas egipcias las vistió a la manera griega y supuso un Dioniso, que no difiere en nada del Osiris de los egipcios y del Baco de los latinos, pero este Dioniso u Osiris era célebre en Egipto mucho antes de que fuera cuestión lo de Cadmo. Es por lo que los egipcios se burlaban de los griegos, cuando les oían decir que Dioniso había nacido entre ellos.
Otros atribuyen a Melampo la institución de las ceremonias del culto a Dioniso en Grecia, la historia de Saturno y la guerra de los titanes. Se dice que Dédalo fue el arquitecto del famoso vestíbulo del templo levantado en Menfis en honor de Vulcano. Pero los griegos, dice Diodoro, habiendo aprendido las historias y las alegorías de los egipcios, inventaron otras sobre estos modelos. En efecto, los poetas y los teólogos del paganismo parecen haber copiado estas fábulas de Egipto, llevadas a Grecia por Orfeo, Museo, Melampo y Homero. Los legisladores han formado sus leyes sobre las de Licurgo; los príncipes de las sectas filosóficas han sacado sus sistemas de Pitágoras, Platón, Eudoxo y Demócrito. Y si han sido tan diferentes entre ellos es porque no todos ellos estaban al corriente de los misterios egipcios y en consecuencia han explicado mal las alegorías.
Las columnas de Mercurio, de las cuales estos primeros filósofos sacaron su ciencia, por las explicaciones que los sacerdotes de Egipto les dieron podrían muy bien ser las de Osiris e Isis de las que hemos hablado, puede ser que los obeliscos que se ven aún en Roma, como se dice, fueran transportados desde Egipto y cuya superficie está llena de triángulos, círculos, cuadrados y figuras jeroglíficas. Más de un autor se ha torturado para explicarlos, Kircher ha hecho un tratado sobre ello, pero a pesar de su decisión sostenida en una ciencia muy extendida, no se ha creído su palabra. Es de los autores antiguos de donde sacaron su ciencia en Egipto, entonces es en ellos que deberían buscar su interpretación, pero para entender a la mayor parte de ellos se necesitaría también la ayuda de un Edipo, porque han escrito alegóricamente como sus maestros.
Creo que se pueden sacar muchas luces de los antiguos autores griegos para penetrar en la oscuridad de las fábulas, no es que se deba buscar precisamente en ellas el verdadero origen de los antiguos pueblos, puesto que lo que dicen es casi todo fabuloso, pero ya que ellos han copiado a los egipcios, que fueron los primeros inventores de las fábulas y que haciendo la comparación de las fábulas antiguas de Grecia con las de Egipto se nota fácilmente que todas han salido de la misma fuente, la cosa se parecería a un viajero que se vestía en cada país que recorría según la moda en uso. Las obras egipcias que habrían podido darnos algunas ideas de su manera de pensar, las de Hermes y las de los otros filósofos, se nos han escapado con el tiempo y lloraremos siempre sobre las tristes cenizas de la biblioteca de Alejandría. No tenemos otra fuente que la de los griegos, discípulos de los sabios sacerdotes de Egipto, es de ellos, pues, que se ha de obtener la ayuda, persuadidos de que han entrado en las ideas de los maestros de los que habían recibido las lecciones.
Yo sería del mismo pensamiento que Diodoro en cuanto a los nombres de algunas antiguas ciudades, montañas, ríos, etc. Este autor dice que los antiguos filósofos sacaron de su doctrina la mayor parte de estos nombres y denominaron los lugares según la relación que veían allí con algunos rasgos de esta ciencia. Se trata pues, de saber cuál era esta doctrina. Nadie duda de que ésta sea la que aprendieron en Egipto. Jámblico[3] nos asegura que esta ciencia estaba grabada en las columnas de Hermes. Josefo[4] habla de dos columnas, la una de piedra, la otra de ladrillo, levantadas antes del diluvio, sobre las cuales estaban grabados los principios de las artes. Bernardo, conde de la marca Trevisana[5] instruido por la lectura de los libros antiguos, dice que Hermes encontró siete tablas en el valle de Hebrón, sobre las cuales estaban grabados los principios de las artes liberales. Pero que Hermes las haya encontrado o que las haya inventado, lo que parece ser es que estos principios estaban expresados en jeroglíficos, y que esta manera de enseñar indicaba que el fondo de esta ciencia era un misterio que no se quería desvelar a todo el mundo, y en consecuencia los términos y los nombres empleados formaban también parte de este misterio, de donde debemos concluir que los nombres dados a los lugares por los antiguos filósofos contenían de alguna manera los misterios de los egipcios.

[1] . Morien, Conversación del Rey Calid.
[2] . Mitología, T. 1, p. 67 y t. 2, p. 262.
[3] . Jámblico, Los Misterios de los Egipcios.
[4] . Josefo, De las Antiguedades de los Judios.
[5] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.

domingo, marzo 04, 2007

Los Jeroglíficos Egipcios (1)



Cuando se toma por la letra a las fábulas de Egipto y lo que explican de la Divinidad, no hay nada más raro, nada más ridículo y nada más extravagante. Los anticuarios han seguido comúnmente este sistema en sus explicaciones de los monumentos que nos han dejado. Veo que muy a menudo esto es señal de la superstición que prevaleció entre el pueblo en los tiempos posteriores a aquel en el que Hermes imaginó los jeroglíficos, pero para desvelar lo que tienen de oscuro es necesario remontarse a su institución y ponerse en el caso de los que las inventaron. Ni las ideas que el pueblo mantuvo, ni las que tenían los autores griegos o latinos, aunque muy eruditos en otras cosas, nos deben de servir de guía en estas ocasiones. Si sólo frecuentaron al pueblo sólo pudieron obtener de ello ideas populares. Es preciso estar seguro de que fueron iniciados
en los misterios de Osiris y de Isis, etc., e instruidos por los sacerdotes a quien la inteligencia de estos jeroglíficos había sido confiada. Hermes dice más de una vez en su diálogo con Asclepios que Dios no puede ser representado por ninguna figura, que no puede dársele nombre, porque siendo solo, no tiene necesidad de un nombre distintivo, que no tiene movimiento porque está por todo, que, en fin, Él es su propio principio y su padre en Él mismo. No parece que haya querido, pues representarle mediante figuras ni hacerle adorar bajo los nombres de Osiris y de Isis, etc.
Muchos antiguos han hecho poco caso de los verdaderos sentimientos de Hermes y de los sacerdotes, sus sucesores, dando así ocasión a falsas ideas declamando lo que los egipcios decían de la Divinidad y que de hecho solamente lo decían de la naturaleza. Hermes queriendo instruir a los sacerdotes que había escogido, les dijo que había dos principios en las cosas, uno bueno y otro malo y si creemos a Plutarco, toda la religión de los egipcios estaba fundada sobre eso. Otros autores han pensado como Plutarco sin examinar si este sentimiento estaba fundado sobre un error popular y si los sacerdotes, encargados de instruir al pueblo, pensaban así realmente de la Divinidad o de los principios de los mixtos, uno principio de vida y el otro principio de muerte.
Sobre este pensamiento de Plutarco, apoyado por otros autores, los anticuarios han aventurado explicaciones de muchos monumentos que el tiempo ha perdonado y han adoptado sus ideas porque no se encuentran otras más verosímiles. Sin embargo es cierto que los anticuarios han tenido la discreción de confesar que en muchos casos sólo hablan mediante conjeturas y que ciertos monumentos sólo se pueden explicar adivinando. El primero que se presenta en la antigüedad explicada por Montfaucon es un ejemplo de ello, siguiendo el sistema recibido; este erudito nos advierte que se encuentran otros casos de esta especie en el curso de su obra. No ve nada difícil de entender en este monumento y es poquísimo lo que presenta naturalmente de las cosas. Todo hombre versado en la ciencia hermética lo habría comprendido al
primer vistazo, y no habría necesidad de recurrir a un Edipo, o a la conjetura, para dar una explicación.
Esto se podrá juzgar comparando la explicación que Montfaucon ha dado con la que
yo daré. Este monumento –dice nuestro autor– es una piedra sepulcral que se llama Ara, que A. Herennuleio Hermes ha hecho para su mujer, para él, para sus hijos y para su posteridad. Está representado él mismo en medio de la inscripción sacrificando a los manes. En el otro lado de la piedra hay dos serpientes erguidas sobre su cola y puestas de cara la una contra la otra, de las que una tiene un huevo en la boca y la otra parece querer quitárselo. Fabreri, a quien pertenecía este monumento, había querido explicar este símbolo, pero como no satisfizo a Montfaucon, éste lo explicó en estos términos: Antes de avanzar mi conjetura sobre este monumento es preciso señalar que se encuentra en Roma y hay en Italia cantidad de estas señales de superstición egipcias, que los romanos habían adoptado. Este está entre ese número: es una imagen cuyo significado sólo puede ser simbólico. Los antiguos egipcios reconocían en él un buen principio que había hecho el mundo, lo que expresaban alegóricamente por una serpiente que tiene un huevo en la boca, este huevo significaba el mundo creado. Esta serpiente que tiene el huevo en la boca será el buen principio que ha creado el mundo y que lo sostiene. Pero como los egipcios admitieron dos principios, el uno bueno y el otro malo, es preciso decir que la otra serpiente que se sostiene sobre su cola, es opuesta a la primera, será la imagen del mal principio que quiere quitar el mundo al otro.



Para poner al lector en estado de poder juzgar si mi explicación será más natural que la de Montfaucon, voy a dar una descripción de esta piedra pretendidamente sepulcral. Las dos serpientes están sostenidas sobre su cola replegada en círculo; la una tiene el huevo entre los dientes, la otra tiene la cabeza apoyada encima, la boca un poco abierta, como si quisiera morder a la otra y disputarle este huevo. Las dos tienen una cresta poco más o menos cuadrada. Sobre el otro lado de la piedra está la figura de un hombre de pié, con hábito largo, las mangas remangadas hasta el codo, tiene el brazo derecho extendido y una especie de aro en la mano en el centro del cual aparece otro pequeño círculo o un punto. Con la mano izquierda levanta su ropa, teniéndola apoyada sobre la cadera. En el entorno de esta figura hay gravadas las siguientes palabras: A Herennuleius Hermes fecit conjugi bene merenti Julie L. F. Latine sibi & suis posterque cor.
No es necesario recurrir a la religión de los egipcios para explicar este monumento. Los dos principios que admitieron los sacerdotes de Egipto sólo deben de entenderse de los dos principios, bueno y malo, de la naturaleza, que se encuentran siempre mezclados en sus mixtos y que cooperan en su composición, es por esto que dicen que Osiris y Tifón eran hermanos y que este último hacía siempre la guerra al primero. Osiris era el buen principio o el humor radical, la base del mixto y la parte pura y homogénea; Tifón era el mal principio o las partes heterogéneas, accidentales y principio de destrucción y de muerte, así como Osiris lo era de vida y de conservación. Las dos serpientes del monumento, del que se trata, representan en verdad a los dos principios, pero los dos principios que la naturaleza emplea en la producción de los individuos, se les llama, por analogía, al uno macho y al otro hembra; tales son las dos serpientes enroscadas en el caduceo de Mercurio, la una macho y la otra hembra, que están también representadas enroscadas la una con la otra y entre sus dos cabezas una especie de globo alado al que parece que quieren morder. Las dos crestas cuadradas de las dos serpientes del monumento del que hablamos son un símbolo de los elementos del que el gran mundo y el pequeño mundo están formados y el huevo es el resultado de la reunión de estos dos principios de la naturaleza. Pero como en la composición de los mixtos hay los principios puros y homogéneos y los principios impuros y heterogéneos, se encuentra entre ellos una especie de enemistad; el impuro tiende siempre a corromper al puro, es lo que se ve representado por la serpiente que parece querer disputar el huevo a la que lo tiene en posesión. La destrucción de los individuos sólo es producida por este mutuo combate. He aquí lo que se puede decir para explicar en general esta parte del monumento del que hablamos.
Pero sin duda su autor tenía una intención menos general, es cierto que quería significar alguna cosa en particular. Comparemos todas las partes simbólicas de este monumento, la relación que tienen entre ellas nos desvelará esta intención particular. El que hizo hacer este monumento se nombra Herennuleio Hermes, y lleva un hábito largo como los filósofos, parece ser que este Herennuleio era uno de estos sabios iniciados en los misterios herméticos (lo que es designado por el sobrenombre de Hermes), que, como ya he dicho antes, al estar instruido en estos misterios, tomó el nombre de Adris o Hermes. Tiene en la mano derecha una especie de círculo, que Montfaucon sin duda ha tomado por un vaso o taza, y ha decidido a consecuencia de este error que Herennuleio hacía un sacrificio a los manes, nada más puede significar esta acción. Este círculo no es para nada un vaso, es el signo simbólico del oro o del Sol terrestre y hermético, que los mismos químicos vulgares representan aún hoy de esta manera.
Es en este lado del monumento que es preciso acercar en particular el jeroglífico de las dos serpientes y del huevo que se encuentran en el lado opuesto, para hacer de ello un todo, del cual el resultado consiste en este oro filosófico que presenta Herennuleio. He aquí, pues, cómo es preciso explicar este monumento en particular. Las dos serpientes son los dos principios del arte sacerdotal o hermético, uno macho o fuego, tierra fija o azufre, el otro hembra, agua volátil y mercurial, que concurren los dos a la formación y generación de la piedra hermética, que los filósofos llaman huevo y pequeño mundo y que está compuesto de los cuatro elementos representados por las dos crestas cuadradas pero que sólo dos de ellos son visibles, la tierra y el agua. Se puede también explicar el huevo como el vaso, en el cual el huevo se forma, por el combate del fijo y el volátil, que se reúnen el uno con el otro y sólo son un todo fijo llamado oro filosófico o sol hermético. Es este oro que Herennuleio muestra al espectador como el resultado de su arte. La mayor parte de filósofos que han tratado esta ciencia han representado sus dos principios bajo el símbolo de dos serpientes. Se encontrará una infinidad de pruebas de ello en esta obra. La inscripción de este monumento nos enseña solamente que Herennuleio ha hecho este oro como una fuente de salud y de riquezas, para él, para su esposa a la que amó tiernamente, para sus hijos y su posteridad.
He aportado este ejemplo para hacer ver cuán fácil es explicar los jeroglíficos de ciertos monumentos egipcios, griegos, etc., cuando se les relaciona con la filosofía hermética, sin las luces de la cual se volverían ininteligibles e inexplicables.

jueves, febrero 01, 2007

La Llave de la Obra (2) (del Tratado de la Obra Hermética)

Los dos dragones que ha tomado como símbolo jeroglífico de la materia, son, dice:[1] las dos serpientes enviadas por Juno, que es la naturaleza metálica, y que el fuerte Hércules, es decir, el sabio, debe estrangular en su cuna, quiero decir vencer y matar para hacerlas pudrirse, corromperse y engendrar al principio de su obra. He aquí la clave de la obra o la disolución anunciada; las serpientes, los dragones, la Quimera, la Esfinge, las harpías y los otros monstruos de la fábula, que se deben matar; y cómo la putrefacción sucede a la muerte, Flamel dice que: es preciso hacerlas pudrirse y corromperse. Estando pues, puestas juntamente en el vaso del sepulcro, se muerden las dos cruelmente y por su gran veneno y furiosa rabia no se dejan jamás desde el momento en que son tomadas y entrelazadas (si el frío no se lo impide), hasta que las dos con su baboso veneno y mortales heridas, no estén ensangrentadas en todas las partes de su cuerpo, y que finalmente, matándose la una a la otra, se asfixien en su propio veneno, que las convierta tras su muerte en agua viva y permanente. Esta agua es propiamente el mercurio de los filósofos. Estos son –añade– los dos espermas masculino y femenino descritos al principio de mi sumario filosófico, que son engendrados (dicen Rasis, Avicena y Abraham el Judío) en los riñones, entrañas y operaciones de los cuatro elementos. Son el húmedo radical de los metales, azufre y plata viva, no los vulgares que son vendidos por mercaderes y boticarios; sino los que nos dan los dos bellos y queridos cuerpos que tanto amamos. Estos dos espermas, decía Demócrito, no se encuentran sobre la tierra de los vivos. Lo mismo afirma Avicena, pero, añade, se recogen del estiércol, basura y podredumbre del Sol y de la Luna.
La putrefacción es declarada mediante los términos siguientes: La causa por la que he pintado estos dos espermas en forma de dragones, es porque su pestilencia es muy grande, como lo es la de los dragones, y las exhalaciones que suben en el matraz son oscuras, negras, azules y amarillentas,... el filósofo no siente jamás esta pestilencia, si no aparta sus vasos, pero la juzga así sólo por la vista y los cambios de colores procedentes de la putrefacción de sus confecciones. Que los químicos o sopladores que buscan la piedra filosofal en sus calcinaciones y sus crisoles, juzguen de estas palabras de Flamel si sus operaciones son conformes a las suyas, y si tienen razón al exponerse a respirar los vapores de las materias hediondas y arsenicales sobre las cuales operan.
La putrefacción de la materia en el vaso es, pues, el principio y la causa de los colores que se manifiestan, y el primero un poco permanente, o de cierta duración, que debe aparecer es el color negro, que ellos llaman simplemente el negro y con una infinidad de otros nombres que se verán aquí durante el curso de esta obra, o en el Diccionario Mito-Hermético de los términos propios de la filosofía hermética, que le sigue inmediatamente.[2]
Este color significa la putrefacción y la generación que le sigue y que nos es proporcionada por la disolución de nuestros cuerpos perfectos. Estas últimas palabras indican que Flamel habla de la segunda operación y no de la primera. Esta disolución procede del calor externo que ayuda y de la ignidad póntica y admirable virtud agria del veneno de nuestro mercurio, que convierte y descompone en puro polvo, e incluso en partículas impalpables, lo que se le resiste. De esta forma la acción del calor sobre y contra la humedad radical metálica, viscosa y oleaginosa, engendra sobre el sujeto la negrura. Ella es esta vela negra con la que el navío de Teseo volvió victorioso de Creta y que fue la causa de la muerte de su padre. Así mismo es necesario que el padre muera para que de las cenizas del Fénix renazca otro, y que el hijo sea rey.La verdadera clave de la obra es esta negrura al comienzo de sus operaciones, y si aparece otro color rojo o blanco antes que ella, es una prueba de que no se ha conseguido, o como dice nuestro autor: En verdad quien no vea esta negrura en el inicio de sus operaciones, durante los días de la piedra, aunque vea cualquier otro color, falla por completo en el magisterio, y no podrá terminarlo con ese caos [...] Y ciertamente, te digo nuevamente, que aún cuando tú mismo trabajes sobre las verdaderas materias, si al principio, tras haber puesto las confecciones en el huevo filosófico, es decir, algún tiempo después de que el fuego las haya irritado, no ves la cabeza de cuervo negro, de un negro muy negro, tendrás que volver a empezar, pues esta falta es irreparable. Sobre todo se debe de temer un color anaranjado o medio rojo, porque si en un principio lo ves en tu huevo, sin duda quemas o has quemado el verdor y la vivacidad de la piedra.El color azulado y amarillento indica que la putrefacción y la disolución no están aún acabadas. La negrura es el verdadero signo de una perfecta solución. Entonces la materia se disuelve en polvo más menudo, por así decirlo, como los átomos revolotean a los rayos del Sol y estos átomos se cambian en agua permanente. Los filósofos han dado a esta disolución los nombres de muerte, destrucción y perdición, infierno, tártaro, tinieblas, noche, vestido tenebroso, sepulcro, tumba, agua venenosa, carbón, estiércol, tierra negra, velo negro, tierra sulfurosa, melancolía, magnesia negra, barro, menstruo hediondo, humo, fuego venenoso, nubarrón, plomo, plomo negro, plomo de los filósofos, Saturno, polvo negro, cosa despreciable, cosa vil, sello de Hermes, espíritu hediondo, espíritu sublimado, sol eclipsado, o eclipse del Sol y de la Luna, estiércol de caballo, corrupción, corteza negra, espuma del mar, cobertura del vaso, capitel del alambique, nafta, inmundicia de muerto, cadáver, aceite de Saturno, negro más negro que el mismo negro. En fin, lo han designado mediante todos los nombres que pueden expresar o designar la corrupción, la disolución y la negrura. Es ella que ha facilitado a los filósofos la materia para tantas alegorías sobre muertos y tumbas. Algunos la han nombrado calcinación, denudación, separación, asación, a causa de la reducción de las materias en polvo muy menudo. Otros: reducción en primera materia, molificación, extracción, conmixtión, licuefacción, conversión de los elementos, sutilización, división, humación, empastación (argamasa) y destilación. Otros, sombras cimerianas, remolino, generación, ingresión, sumergimiento, complexión, conjunción, impregnación. Cuando el calor actúa sobre estas materias, se cambian primeramente en polvo y agua grasa y viscosa, que sube en vapor hasta lo alto del vaso, y recae en rocío o lluvia al fondo del vaso,[3] donde se vuelve al poco como un caldo negro un poco graso. Es por lo que se le ha llamado sublimación y volatilización, ascensión y descensión. El agua, al coagularse seguidamente, se vuelve como pez negra, lo que hace que se la nombre tierra fétida y hedionda. Da un olor de relente, de sepulcros y de tumbas. Hermes la llama la tierra de las hojas. Más su verdadero nombre –dice Flamel– es el de Latón o Letón, que se ha de blanquear. Los antiguos sabios –añade– la han descrito bajo la historia de la serpiente de Marte, que había devorado a los compañeros de Cadmo, el cual la mató horadándola con su lanza contra un roble hueco. Poned atención en este hueco. Pero para llegar a esta putrefacción es preciso un agente o disolvente análogo al cuerpo que debe disolver. Este es el cuerpo disoluble llamado simiente masculina; el otro es el espíritu disolvente, llamado simiente femenina. Cuando están reunidos en el vaso, los filósofos les dan el nombre de Rebis; es por lo que Merlín ha dicho: Res rebis est bina conjuncta, sed tamen una.
Filaleteo[4] se expresa así respecto a este disolvente: Esta simiente femenina es uno de los principios de nuestro magisterio; es preciso, pues, meditar profundamente sobre ella como una materia sin la cual no se puede tener éxito, puesto que si bien es plata viva, no es en efecto una plata viva natural en su propia naturaleza, sino otro cierto mercurio propio a una nueva generación y que además, su pureza, requiere una larga y admirable preparación, que le deja su cualidad mineral, homogénea, sana y salva. Pues si se le quita a este espíritu disolvente su fluidez y su mercurialidad, se vuelve inútil para la obra filosófica, puesto que ha perdido su naturaleza disolvente; y si fuera cambiada en polvo, de cualquier especie que pueda ser, si no es de naturaleza de cuerpo disoluble, se pierde, no tiene más relación ni proporción con él, y debe ser rechazada de nuestra obra. Piensan locamente y falsamente los que alteran la plata viva, antes de que sea unida con las especies metálicas. Pues esta plata viva, que no es la vulgar, es la materia de todos los metales y como su agua, a causa de su homogeneidad con ellos. Se reviste de su naturaleza en su mezcla con ellos y toma todas sus cualidades, porque se asemeja al mercurio celeste, que se vuelve parecido a las cualidades de los planetas con los cuales está en conjunción.Ninguna agua puede disolver radicalmente y naturalmente las especies metálicas si no es de su naturaleza y si no puede ser congelada con ellas. Es preciso que pase a los metales como un alimento que se incorpora con ellos y se hace una misma substancia. Aquel que separe pues de la plata viva su humedad con las sales, los vitriolos u otras cosas corrosivas, obra con insensatez. No se equivocan menos aquellos que se imaginan extraer del mercurio natural un agua límpida y transparente, con la cual pueden hacer cosas admirables. Aunque consiguieran hacer una tal agua, no valdría nada para la obra.

[1] . Flamel, Op. cit.
[2] . Hay una traducción al castellano de este Diccionario Mito-Hermético, de Pernety, en Ed. Indigo, Barcelona, 1993. N. del T.
[3] . Artefio.
[4] . I. Filaleteo, Verdadera confección de la piedra Filosofal, p.13, y ss.

miércoles, noviembre 01, 2006

Juegos Píticos



Se pretende que los juegos píticos no son una institución tan antigua como los juegos olímpicos, sin embargo algunos autores dicen que el mismo Apolo los instituyó tras la victoria que obtuvo sobre la serpiente Pitón. Pues Apolo era contemporáneo de Hércules, que fue fundador de los juegos olímpicos, puesto que Apolo se llevó el premio en la carrera que ganó a Mercurio, la primera vez que se celebraron estos juegos. Sin embargo yo creería más bien que los juegos píticos son un poco menos antiguos que los juegos olímpicos, puesto que aquellos fueron instituidos en memoria de Pélope, que es el principio de la obra filosófico-química, y los píticos han sido instituidos en honor a Apolo que es el fin y el objetivo de la obra. Sea como sea, estos juegos han sido
instituidos en honor de Apolo, en memoria del hecho de que había matado a la serpiente Pitón, nacida del barro que quedó tras el diluvio de Decaulión, a lo largo del río Céfiso, al pie del monte Parnaso.
Unos[1] han considerado a esta Pitón como un ladrón y un bandido que destrozaba los alrededores de Delfos, donde estaba su morada y que un príncipe o un sacerdote de este dios, que llevaba el nombre de Apolo, liberó al país de ella; otros, sobre un razonamiento poco sólido, dicen que Pitón era un verdadero dragón o serpiente, que fue muerto por uno llamado Apolo. Pero Ovidio dice que Pitón nació del barro bajo la forma de una serpiente desconocida y capaz de producir terror: Del limo y del calor del Sol salieron los animales conocidos y los desconocidos; los nada amenazadores y los monstruos, entre éstos la serpiente Pitón, terror de los hombres por su enorme tamaño. (Metamorfosis, lib. 1, 434)
Aunque Pitón haya sido una verdadera serpiente ¿es un hecho tan extraordinario matar a un hombre o a una serpiente a flechazos? ¿Se debe pensar que en memoria de una acción tan poco importante haya surgido la idea de instituir estos juegos tan célebres? Entonces ¿en honor de quién? No de un príncipe o de un sacerdote autor del hecho, sino del dios Apolo, que no habría tenido parte en ello más que por su nombre.
Typhón, dicho Pythón por una simple transposición de letras, fue una serpiente que nació de la tierra, cerca del río
Céfiso, al pie del monte Parnaso, por un sólo puñetazo que dio Juno en aquel lugar. Hemos visto que Tifón fue padre de una numerosa saga de serpientes y dragones, tales como el del toisón de oro, el que mató Cadmo y el del jardín de las hespérides. Se dice que Tifón era hermano de Osiris y fue muerto por Horus, o el Apolo de Egipto. Parece ser pues, que la Pythón de Grecia, muerta a flechazos por Apolo, es lo mismo que el Typhón de Egipto, muerto por Horus. Ruego al lector que se acuerde de lo que hemos dicho respecto a esto, y así no lo repetiré. Solamente se observará que esta pretendida serpiente solo tomó el nombre de Pitón después de ser muerta y caer en la podredumbre, porque comúnmente los filósofos dan el nombre de serpiente y dragón a su materia cuando está en putrefacción. Ya he citado una infinidad de textos por esta cuestión, también se puede ver lo que he dicho del monte Parnaso, donde se verá por qué Pitón fue muerta a lo largo del río que corre hacia abajo de esta montaña. El mismo Ovidio nos da a entender lo que se debe de pensar de la muerte de Pitón, por la discreción en que lo hace: Este dios que lleva el arco y que sólo usó esta arma contra los alertas gamos y los corzos ligeros en la carrera, hasta aquel momento en que cortó la vida de este monstruo, haciendo salir su veneno por su negra herida: (lib.1, 441) ¿Cuál podía ser, pues, esta herida negra por la que se derramó el veneno de Pitón? ¿le habría sido puesto este epíteto sin
razón? Una herida no es negra; comúnmente la sangre que emana la enrojece. No se puede decir que este epíteto haya convenido para hacer el verso, puesto que el término rubra, (roja) que expresaba el color natural de una herida, es el que primero se presenta al espíritu y también habría sido propio para la cadencia y la medida del verso. Ovidio, pues, tenía una razón que le empujaba a preferir el epíteto de nigra, y he aquí cual es esta razón. Hemos dicho cientos de veces que la materia del magisterio en putrefacción es negra y que entonces los filósofos dicen que su dragón está muerto, como hemos visto en el capítulo del toisón de oro y en el del jardín de las hespérides; es pues, en memoria de esta muerte que Apolo instituyó los juegos píticos, así como Hércules había instituido los juegos olímpicos en memoria de Pélope, que significa la misma cosa, por lo cual es fácil ver cuanto concuerdan las fábulas entre sí y que todas tienen el mismo objetivo así como han tenido el mismo origen.
Las islas Cíclades, llamadas así porque estaban dispuestas en forma de círculo alrededor de la isla de Delos, donde se dice que nació Apolo, celebraban los juegos píticos al principio de la Primavera, y el antiguo uso era cantar solamente el más bello himno de entre todos los que se aportaban en honor a Apolo. Después se introducían diversos instrumentos de música. La recompensa que se daba al que había obtenido el premio era una corona de laurel, ya que este árbol estaba consagrado a Apolo. Algunos autores dicen[2] que se le daba ciertas manzanas que no se nombran, pero que también estaban consagradas a este dios de la música. Finalmente estos juegos se volvieron más o menos parecidos a los olímpicos; se celebraban al principio de cada nueve años, es decir, después de que se cumplieran ocho; pero después fueron cada cinco años, o tras expirar el cuarto, y sirvieron para señalar las épocas a los habitantes de Delfos y alrededores. Se decía que los nueve años se habían determinado debido a las nueve ninfas que llevaban los presentes a Apolo, después de que hubiera librado al país de la serpiente Pitón, lo que viene a ser como las nueve águilas representadas tirando flechas a un objetivo rodeado de un círculo, carácter químico del oro, que Senior[3] ha puesto como emblema de la gran obra.
No se debería de dudar de que Orfeo estuviera perfectamente al caso de toda la gran obra.
Diodoro de Sicilia[4] cuenta que fue el primero de entre los griegos que fueron a Egipto para instruirse. Y junto a él Museo, Melampo, Dédalo, Homero, Licurgo de Esparta, Demócrito, Solon, Platón, Pitágoras. Aún se muestran monumentos –dice este autor– estatuas, lugares y ciudades, que han tomado sus nombres de lo que contenía su doctrina. Es cierto que aprendieron en Egipto todas las ciencias que los volvieron tan recomendables en su país, pues Orfeo aportó muchos himnos a los dioses, orgías y la ficción de los Infiernos; las solemnidades de Osiris, que son las mismas que las de Dioniso; las de Isis, que son parecidas a las de Ceres y las unas y las otras sólo difieren en los nombres.
Los himnos que se cantaban en honor a Apolo, estaban hechos en memoria de aquel que el mismo Apolo cantó, cuando Júpiter hubo vencido a los titanes y destronado a su padre Saturno. Entonces Apolo estaba perfectamente vestido.
Se ha visto en el tercer libro lo que se debe de pensar de este pretendido dios y se debe de estar convencido de que Orfeo y los otros poetas no han entendido de ello que se hablara del Sol que nos alumbra, ni de ningún hombre que haya existido realmente, sino de un Apolo jeroglífico o Sol filosófico, del que tan a menudo hemos explicado su genealogía y sus acciones. Digamos aún dos palabras de la muerte de la serpiente Pitón. La putrefacción de esta serpiente es
lo que ha dado lugar a su nombre y al de la pitia (pitonisa). Raimon Llull[5] se expresa así respecto a esto: Y por esta razón se debe decir alegóricamente que el gran dragón ha nacido de los cuatro elementos confundidos; no se ha de entender, pues, según la letra, que es tierra, agua, aire o fuego, sino que es de una sola naturaleza que tiene las propiedades de los cuatro elementos. Éste sólo puede morir por la disolución, cuando su veneno sale por la herida negra, pues dice Morien:[6] si no cae en la putrefacción y no ennegrece, no se disolverá; si no está disuelto no será penetrado por su agua y si no está penetrado por su agua no se hará ninguna conjunción ni unión. Este dragón fue muerto al pie del monte Parnaso, porque el Apolo filosófico reside en lo alto con las musas, es decir, que la materia en putrefacción está en el fondo del vaso y las partes volátiles suben a lo alto, significadas por las musas, con las cuales el Apolo de los filósofos se volatiliza, recaen sobre la materia que está en el fondo, para penetrarla y disolverla. Estas partes volatilizadas son llamadas flechas, porque las flechas parecen volar cuando son lanzadas con un arco y porque casi no se usan nada más que para cazar a los pájaros en su vuelo y a los animales en su carrera.

[1] . Abad Banier, tom. 2, p. 231.
[2] . Ister, de Coronis.
[3] . Senior, Azoth de los Filósofos.
[4] . Diodoro de Sicilia, Lib. 2, cap. 3.
[5] . Raimon Llull, Teoría, Testamento, cap. 10.
[6] . Morien, Conversación con el rey Calid.

viernes, octubre 27, 2006

El culto a Esculapio




La ocasión en que se estableció el culto a Esculapio en Roma, merece ser contada. Los romanos, afligidos por la peste, consultaron los libros de las sibilas, para ser liberados de esta plaga. Allí aprendieron que era preciso ir a Epidauro a buscar a Esculapio y traerlo a Roma. Fueron enviados, pues, unos diputados a Epidauro; cuando llegaron les condujeron al templo de Esculapio, que distaba unas cinco millas de Epidauro. Entonces apareció una serpiente en las calles de la ciudad, sin embargo yendo y viniendo muy tranquilamente durante tres días consecutivos, al cabo de los cuales se metió en el barco de los romanos y se alojó en la cámara de uno de los embajadores. Los sacerdotes del templo aseguraron a los romanos que Esculapio se mostraría a los epidaureos bajo esta forma, aunque muy raramente, porque siempre que se manifestara sería un dichoso presagio para ellos y estaría a su cuidado.


Los romanos muy satisfechos emprendieron el regreso a Roma y cuando el barco atracó en Ancio, la serpiente que hasta allí había permanecido en el barco muy tranquila, descendió a tierra y fue a refugiarse en el templo de Esculapio que no estaba muy lejos de allí. Permaneció allí tres días y volvió al barco que levantó velas y atracó en la isla de Tibre; la serpiente descendió y se ocultó entre unas cañas. Desde ese momento la peste cesó. Los romanos pensaron que Esculapio había elegido este lugar como morada y construyeron un templo en su honor. Ovidio[1] también cuenta lo mismo.
Ya hemos explicado suficientemente lo que se ha de entender por Esculapio y el por qué la serpiente le era consagrada. La séptima de las figuras jeroglíficas de Abraham el judío, aportadas por Flamel, representa un desierto en el cual hay muchas serpientes que se arrastran y tres fuentes de agua que brotan allí, porque la serpiente es el símbolo de la materia de la que está
compuesto Esculapio o la medicina dorada; es por lo que se ha figurado que Panacea, Jaso e Higiea fueron sus hijas, pues si se llamó curación y salud a las hijas de un médico, con más razón a las hijas de la medicina, puesto que la medicina no da la salud sino que ordena los remedios que la procuran.


[1] . Ovidio, Metamorfosis, lib. 15.

jueves, octubre 26, 2006

Demócrito y el lenguaje de los pájaros




Orfeo no solamente era muy versado en la ciencia de los augurios y de la magia, sino que él mismo era un mago de Egipto. Pero ¿no se ha dicho otro tanto del filósofo Demócrito, el cual había sacado su ciencia de los egipcios? Se dice que este último entendía la lengua de los pájaros, como Apolonio de Tiana, y nos ha dejado en sus escritos que la sangre de algunos pájaros que nombra, mezclada y trabajada, producía una serpiente, y que aquél que hubiera comido esta serpiente entendería también el lenguaje de los otros volátiles. La mayor parte de los antiguos eran muy crédulos, tomaban todo según la letra y no pensaban en dudar de las cosas más absurdas; parece ser que Cicerón a caído en este defecto, sin embargo él no
tenía de Demócrito tan alta idea como otros, cuando dice[1] de este filósofo que nadie había mentido con tanto atre
vimiento. Hipócrates pensaba de otra manera, admitíasu sabiduría y dice que sus palabras eran doradas. Platón también se complacía mucho en la lectura de las obras de Demócrito. Estos grandes hombres sin duda entendían las alegorías de este filósofo mientras que Cicerón ni las sospechaba.
Estos pretendidos pájaros, de los que Demócrito entendía
el lenguaje, no eran otros que las partes volátiles de la obra filosófica, que los discípulos de Hermes designan casi siempre con el nombre de águila, buitre o de otros pájaros. Y por la serpiente que nace de la sangre mezclada de estos
volátiles es preciso entender el dragón o serpiente filosófica, de la que hemos hablado tan a menudo. Si alguien come de esta serpiente indudablemente entenderá el lenguaje de los pájaros, pues aquel que ha tenido la dicha de completar el magisterio de los sabios, y de hacer uso de él, no ignora lo que sucede durante la volatilización y en consecuencia los diferentes combates que se dan en el vaso, cuando las partes de la materia circulan allí. Sabe todos sus movimientos paso a paso y conoce el progreso de la obra por los cambios que suceden. Es lo que ha hecho decir a Raimon Llull que el buen olor del magisterio atrae a lo alto de la casa, donde se hace la obra, a todos los pájaros de los alrededores. Indicaba mediante esta alegoría la sublimación filosófica, porque entonces las partes volátiles, designadas por los pájaros, suben a lo alto del vaso y parece que vienen allí desde los alrededores. Los tratados herméticos están llenos de alegorías semejantes.

[1] . Demócrito, Libro de Filosofía.