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lunes, junio 01, 2009

Mercurio Anubis



He aquí al Mercurio de los filósofos descrito por Pernety al presentar al dios Anubis:
Había dos Mercurios en Egipto, el uno de sobre nombre Trismegisto, inventor de los jeroglíficos de los dioses de Egipto, es decir, de los dioses fabricados por los hombres y que eran el objeto del arte sacerdotal, y el otro Mercurio llamado Anubis, que era uno de estos dioses en vista de los cuales fueron inventados estos jeroglíficos. El uno y el otro de estos Mercurios fueron dados como consejeros a Isis; Trismegisto para gobernar exteriormente y Anubis para el gobierno interior. Pero se dirá ¿cómo se puede hacer esto, puesto que Diodoro relata que Anubis acompañó a Osiris en su expedición? He aquí el medio de acordar estas contradicciones, por el cual se verá que Anubis es tanto hijo como hermano de Osiris.
Hemos dicho que Osiris e Isis eran símbolo de la materia del arte hermético, que el uno representaba el fuego de la naturaleza, el principio ígneo y generativo, macho y agente, y que el otro o Isis significaba el húmedo radical, tierra o matriz y sede de este fuego, principio pasivo o hembra y que los dos sólo formaban un mismo sujeto compuesto de estas dos substancias. Osiris era el mismo que Serapis o Amún, que algunos dicen Amón y Ammón, representado por una cabeza de carnero o con cuernos de carnero, porque este animal, según los autores citados por Kircher, [1] es de una naturaleza cálida y húmeda. Se veía a Isis con una cabeza de toro, porque era tomada por la Luna, cuyo creciente es representado por los cuernos de este animal y además es pesado y terrestre.
Anubis, en la antigüedad de Boissart, se encuentra emplazado entre Serapis y Apis, para dar a entender que está compuesto de los dos, o que viene de ellos, es pues, hijo de Osiris y de Isis y he aquí cómo. Esta materia del arte sacerdotal, puesta en el vaso, se disuelve en agua mercurial, esta agua forma el mercurio filosófico o Anubis. Plutarco dice que, aunque muy joven, fue el primero que anunció a Isis la muerte de Osiris porque este Mercurio sólo aparece tras la disolución y la putrefacción designadas por la muerte de este príncipe. Y como Tifón y Nefti son los principios de destrucción y las causas de disolución, se dice que Anubis es hijo de este monstruo y de su hembra. He aquí, pues, Anubis hijo de Osiris y de Isis en realidad y nacido de ellos generativamente. Tifón y Nefti son también sus padre y madre pero solamente como causas ocasionales. Ramón Llull se expresa en este sentido [2] cuando dice: Mi hijo, nuestro hijo tiene dos padres y dos madres. Esta agua es llamada agua de la sabiduría, porque es todo oro y plata y en ella reside el espíritu de la quintaesencia que lo hace todo y sin ella no puede hacerse nada. Este fuego, esta tierra y esta agua que se encuentran en esta misma materia de la obra, son hermanos como los elementos lo son entre ellos, lo que hace que Isias los llame con este nombre θεοι αδελφοι [dioses hermanos]. Dice también que son dioses synthrônes de Egipto, o dioses reverenciados por igual entre los egipcios, participantes de un mismo trono y un mismo honor, para hacernos entender que los tres sólo son uno y que significan la misma cosa aunque tengan diferentes nombres. Esta unidad o estos tres principios que se reúnen para hacer solamente un todo, es declarada palpablemente por el triángulo que se ve en este monumento.
Habiendo dicho lo que es Anubis se adivina fácilmente cómo puede acompañar a Osiris en su viaje, puesto que el Mercurio filosófico está siempre en el vaso, que pasa por el negro o Etiopía, el blanco y etc., se ha visto el resto en el capítulo de Osiris. En cuanto a la cabeza de perro que se da a Anubis, hemos visto que los egipcios tomaban al perro como símbolo de un ministro de estado, lo que conviene muy bien al mercurio de los filósofos, puesto que es él quien conduce todo el interior de la obra. Sólo el caduceo ya da a conocer a Mercurio, la cara, tanto negra como de color del oro que le da Apuleyo indica claramente los colores de la obra. El texto de Ramón Llull que hemos citado hacever que Osiris, Isis y Anubis o Serapis, Apis y Anubis están encerrados en un mismo sujeto, puesto que Osiris, símbolo del Sol, e Isis, símbolo de la Luna, se encuentran en el agua mercurial, pues los filósofos llaman indiferentemente Sol u oro a su azufre perfecto al rojo y Luna o plata a su materia fijada al blanco. El cocodrilo, animal anfibio, sobre el cual Isias ha hecho representar a Anubis de pié, designa que Mercurio o el dios Anubis está compuesto o nacido de la tierra y del agua y a fin de que no se menospreciara ha hecho poner después un prefetículo y una patera, que son los vasos donde se mete el agua u otros licores. El fardo que Kircher no ha explicado y que Montfaucon toma por un cojín terso, confesando que no sabe para qué uso, significa el comercio que se hace mediante el oro, cuyo símbolo es el globo que Anubis lleva en la mano derecha. Se ve tan a menudo el globo en los jeroglíficos egipcios porque tenían al arte sacerdotal como objeto. Cuando este globo está junto a una cruz es para hacer ver que el oro está compuesto de los cuatro elementos tan bien combinados que no se destruyen el uno al otro. Cuando el globo es alado es el oro que es preciso volatilizar para llegar a darle la virtud transmutativa. Un globo rodeado por una serpiente o una serpiente apoyada sobre un globo es signo de la putrefacción por la cual debe pasar antes de ser volatilizado. Así mismo se le encuentra algunas veces alado con una serpiente sujeta debajo, [3] y entonces designa la putrefacción y la volatilización que le sigue. Pero es preciso poner atención en que hablo del oro filosófico o Sol hermético, me creo en el deber de hacer esta observación temiendo que algún soplador tome ocasión de buscar mediante las aguas fuertes o algunos disolventes parecidos, el medio de destilar el oro común y se imagine haber dado en el blanco cuando haya llegado a hacerlos pasar juntos al recipiente.

Y he aquí algunos versículos del Mensaje Reencontrado de Cattiaux cuyo perfume me dan a entender el mismo Mercurio, dejo al lector la libertad de hacer su asociación:
II, 6’:
La corteza terrestre extravía a los más sutiles observadores, pero el mar interior ilumina al hombre simple y creyente.
III, 9’: La luz de los astros brilla en el cielo y en el interior de la tierra.
II, 34’: El fuego reviste todas las formas, pero permanece fijo en su interior.
XII, 50’: Materia, Matriz, Matraz, Mater. Patria, Parte, Pastor, Pater.
Letanía, 10: Matriz del sol.
II, 59’: La tierra pura separada de su muerte. La luna blanca salida de su sombra. El sol rojo lavado de sus manchas.
II, 60’: El agua sale de la tierra y vuelve a la tierra hasta que se abre la flor blanca y hasta la maduración del fruto púrpura.
VII, 48’: Consideremos el agua de nuestra roca y veremos brillar las estrellas, la luna y el sol en nosotros mismos.
II, 14’: Dios hace surgir los frutos de la tierra por medio del agua y del fuego unidos en uno. “¡Oh, milagro de resurrección!”.
XXVI, 13: Hay dos vías de retorno a Dios: ya sea la disolución en la vida universal y libre, ya sea la coagulación en ella.
XXVI, 13’: La primera vía es enseñada por muchos y realizada por algunos. La segunda vía es enseñada por algunos y realizada por muy pocos.
XXVI, 13’’: El que las separa es ignorante. El que las une es Sabio.
XXXI, 39: Hay que disolver antes de coagular.
XXXI, 39’: Es la ley del cielo y de la tierra.
II, 72’: La reunión de los cuatro elementos forma la quinta esencia, raíz de la luna y del sol.
XII, 32’: El que fecunda reside en el sol. La que alimenta permanece en la tierra. La que libera se mueve en el cielo. El que unifica reposa en el corazón.
XII, 33’: La unión del agua y de la tierra hace aparecer la pureza de la vestidura luminosa del Señor, y el fuego manifiesta la virtud secreta del tesoro de Dios.
III, 82: La mujer disgrega al hombre hasta el agua del aire. El hombre consolida a la mujer hasta el fuego de la tierra. De estos dos brota el infinito de la creación perfecta, que manifiesta la gloria del Único sobre la tierra de los vivos.
III, 82’: La licuefacción y la vegetación de la tierra son el primer misterio. La solidificación y la animación del agua forman el segundo misterio. La alianza de la primera agua con la segunda tierra constituye el tercer misterio.
X, 54’: Dividimos por el fuego de la tierra. Depuramos por el agua media. Unimos por el fuego celeste. Multiplicamos por el agua y por la tierra santas.
V, 36’: La estrella de la mañana nos guía hasta la luna de suavidad y hasta el sol de fuerza.
IV, 8’: Ella ofrece la plata y el oro, el diamante y el rubí, pero todos rechazan su mano porque es negra.
II, 21’: El oro que dormita en el barro es tan puro como el que brilla en el sol.
II, 25’: El sol visible y el sol invisible maduran todas las cosas hasta la perfección áurea del fruto perfectísimo.
II, 59’: La tierra pura separada de su muerte. La luna salida de su sombra. El sol rojo lavado de sus manchas.

[1]. Kircher, Obelisc. Pamph. p. 295.
[2]. R. Llull, Vade Mecum.
[3]. Kircher, Obelisc. Pamph. p. 399.

viernes, marzo 30, 2007

Anubis (2)



Había dos Mercurios en Egipto, el uno de sobre nombre Trismegisto, inventor de los jeroglíficos de los dioses de Egipto, es decir, de los dioses fabricados por los hombres y que eran el objeto del arte sacerdotal, y el otro Mercurio llamado Anubis, que era uno de estos dioses en vista de los cuales fueron inventados estos jeroglíficos. El uno y el otro de estos Mercurios fueron dados como consejeros a Isis; Trismegisto para gobernar exteriormente y Anubis para el gobierno interior. Pero se dirá ¿cómo se puede hacer esto, puesto que Diodoro relata que Anubis acompañó a Osiris en su expedición? He aquí el medio de acordar estas contradicciones, por el cual se verá que Anubis es hijo así como hermano de Osiris.

Hemos dicho que Osiris e Isis eran símbolo de la materia del arte hermético, que el uno representaba el fuego de la naturaleza, el principio ígneo y generativo, el macho y el agente y que el otro o Isis significaba el húmedo radical, la tierra o la matriz y la sede de este fuego, el principio pasivo o la hembra y que los dos sólo formaban un mismo sujeto compuesto de estas dos substancias. Osiris era el mismo que Serapis o Amún, que algunos dicen Amón y Ammón, representado por una cabeza de carnero o con cuernos de carnero, porque este animal, según los autores citados por Kircher,[1] es de una naturaleza cálida y húmeda. Se veía a Isis con una cabeza de toro, porque era tomada por la Luna, cuyo creciente es representado
por los cuernos de este animal y que además es pesado y terrestre.
Anubis en la antigüedad de Boissart, se encuentra emplazado entre Serapis y Apis, para dar a entender que está compuesto de los dos, o que viene de ellos, es pues, hijo de Osiris y de Isis y he aquí cómo. Esta materia del arte sacerdotal, puesta en el vaso, se disuelve en agua mercurial, esta agua forma el mercurio filosófico o Anubis. Plutarco dice que, aunque muy joven, fue el primero que anunció a Isis la muerte de Osiris porque este Mercurio sólo aparece tras la disolución y la putrefacción designadas por la muerte de este príncipe. Y como Tifón y Nefti son los principios de destrucción y las causas de disolución, se dice que Anubis es hijo de este monstruo y de su hembra. He aquí, pues, Anubis hijo de Osiris y de Isis en realidad y nacido de ellos generativamente. Tifón y Nefti son también sus padre y madre pero solamente como causas ocasionales. Ramón Llull se expresa en este sentido[2] cuando dice: Mi hijo, nuestro hijo tiene dos padres y dos madres. Esta agua es llamada agua de la sabiduría, porque es todo oro y plata y en ella reside el espíritu de la quintaesencia que lo hace todo y sin ella no puede hacerse nada. Este fuego, esta tierra y esta agua que se encuentran en esta misma materia de la obra, son hermanos como los elementos lo son entre ellos, lo que hace que Isias los llame con este nombre θεοι αδελφοι. Dice también que son dioses synthrônes de Egipto, o dioses igualmente reverenciados por los egipcios, participantes de un mismo trono y un mismo honor, para hacernos entender que los tres sólo son uno y que significan la misma cosa aunque tengan diferentes nombres. Esta unidad o estos tres principios que se reúnen para hacer solamente un todo, es declarada palpablemente por el triángulo que se ve en este monumento.
Habiendo dicho lo que es Anubis se adivina fácilmente cómo puede acompañar a Osiris en su viaje,
puesto que el Mercurio filosófico está siempre en el vaso, que pasa por el negro o Etiopía, el blanco y etc., se ha visto el resto en el capítulo de Osiris. En cuanto a la cabeza de perro que se da a Anubis, hemos visto que los egipcios tomaban al perro como símbolo de un ministro de estado, lo que conviene muy bien al mercurio de los filósofos, puesto que es él quien conduce todo el interior de la obra. Sólo el caduceo ya da a conocer a Mercurio, la casa, tanto negra como del color del oro que le da Apuleyo indica claramente los colores de la obra. El texto de Ramón Llull que hemos citado hace ver que Osiris, Isis y Anubis o Serapis, Apis y Anubis están encerrados en un mismo sujeto, puesto que Osiris, símbolo del Sol, e Isis, símbolo de la Luna, se encuentran en el agua mercurial, pues los filósofos llaman indiferentemente Sol u oro a su azufre perfecto al rojo y Luna o plata a su materia fijada al blanco.
El cocodrilo, animal anfibio, sobre el cual Isias ha hecho representar a Anubis de pié, designa que Mercurio o el dios Anubis está compuesto o nacido de la tierra y del agua y a fin de que no se menospreciara ha hecho poner después un prefetículo y una patera, que son los vasos donde se mete el agua u otros licores. El fardo que Kircher no ha explicado y que Montfaucon toma por un cojín terso, confesando que no sabe para qué uso, significa el comercio que se hace mediante el oro, cuyo símbolo es el globo que Anubis lleva en la mano derecha. Se ve tan a menudo el globo en los jeroglíficos egipcios porque tenían al arte sacerdotal como objeto. Cuando este globo está junto a una cruz es para hacer ver que el oro está compuesto de los cuatro elementos tan bien combinados que no se destruyen el uno al otro. Cuando el globo es alado es el oro que es preciso volatilizar para llegar a darle la virtud transmutativa. Un globo rodeado por una serpiente o una serpiente apoyada sobre un globo es signo de la putrefacción por la cual debe pasar antes de ser volatilizado.
Así mismo se le encuentra algunas veces alado con una serpiente sujeta debajo,[3] y entonces designa la putrefacción y la volatilización que le sigue. Pero es preciso poner atención en que hablo del oro filosófico o Sol hermético, me creo en el deber de hacer esta observación temiendo que algún soplador tome ocasión de buscar mediante las aguas fuertes o algunos disolventes parecidos, el medio de destilar el oro común y se imagine haber dado en el blanco cuando haya llegado a hacerlos pasar juntos al recipiente.

[1] . Kircher, Obelisc. Pamph. p. 295.
[2] . R. Llull, Vade Mecum.
[3] . Kircher, Obelisc. Pamph. p. 399.

jueves, marzo 29, 2007

Anubis (1)



Diodoro de Sicilia[1] dice que Anubis fue uno de los que acompañaron a Osiris en su expedición a las Indias, que era hijo de este mismo Osiris, que llevaba como avituallamiento de guerra una piel de perro y que era, según la interpretación del abad Banier,[2] capitán de la guardia de este príncipe. El primero de estos autores aporta lo que había tomado en Egipto, y dice verdad, pero el segundo ha acusado injustamente a la mitología griega de haber confundido a Anubis con Mercurio Trismegisto, tan célebre en Egipto por sus bellos descubrimientos, por la invención de los caracteres y por el prodigioso número de libros que compuso sobre toda clase de ciencias.
Los que trasladaron la mitología de los egipcios a los griegos, tales como Museo, Orfeo, Melampo, Eumolpo, Homero, etc., no se apartaron en nada de las ideas de los egipcios y no confundieron jamás a Anubis con Trismegisto sino con otro Mercurio desconocido para el abad Banier, al menos en el sentido que estos promulgadores de la mitología lo tenían. El poco conocimiento que se tenía de este Mercurio, que en efecto acompaña a Osiris en su viaje, ha dado ocasión a los falsos razonamientos que la mayor parte de los autores han hecho sobre Anubis; no es, pues, sobre su testimonio que se han de establecer conjeturas y fundar juicios. El padre Kircher[3] es uno de los que intempestivamente confundió, en el decisivo tono que le es habitual, a Mercurio con Anubis y está falsamente persuadido de que los egipcios lo representaban bajo la figura de Anubis, sin duda ha sido equivocado por las explicaciones de los jeroglíficos egipcios dadas por Horapolo,[4] que dice que el perro era el símbolo del ministro, del consejero, del secretario de estado, del profeta, del sabio, etc. Plutarco también puede haber contribuido a equivocar a nuestros mitólogos dando a este dios el nombre de Herm-Anubis, que significa Mercurio Anubis. Apuleyo podría sin embargo haberlos sacado del error si hubieran reflexionado sobre la descripción que hace de él en estos términos: Anubis es intérprete de los dioses del cielo y de los del infierno. Tiene la cara tanto negra como de color de oro. Tiene levantada su gran cabeza de perro, llevando en la mano izquierda un caduceo y en la derecha una palma verde, que parece agitar.


Un jeroglífico antiguo, que Boisard nos ha conservado, y que se encuentra también en Kircher,[5] y en la antigüedad explicada de Montfaucon, (t.2, part.2ª, p. 314) y según la inscripción, dedicada por un gran sacerdote llamado Isias, muestra claramente lo que los egipcios entendían por Anubis. Este Isias dedicó este jeroglífico a los dioses hermanos θεοί αδελφι y dice que estos dioses, es decir, Serapis u Osiris y Apis y Anubis son los dioses synthrônes o participantes del mismo trono en Egipto. Isias muestra mediante esta inscripción que estaba más al caso de la naturaleza de estos dioses y de su genealogía que muchos de los antiguos autores griegos y latinos y de lo que lo están aún hoy día muchos mitólogos. La fraternidad de estos tres dioses zapa los fundamentos de todas sus explicaciones, contradice a Plutarco que dice que Anubis era hijo de Nefté, que lo parió, según él, antes del tiempo por el terror que tenía a Tifón su marido y que éste fue el que, aunque muy joven, recibió de Isis, su tía, la primera noticia de la muerte de Osiris. Ello no se acuerda con Diodoro que hace a Anubis hijo de Osiris. Pero si nuestros mitólogos penetraran en las ideas de Isias verían que estas contradicciones son aparentes y que estos tres autores hablan realmente de un sólo y único sujeto, aunque se expresen diversamente. Diodoro y Plutarco aportan las tradiciones egipcias tal como las habían tomado sin saber lo que significaban, al contrario de Isias que estaba instruido en los misterios que encerraban. Esto se juzgará por la explicación siguiente.

[1] . Diodoro de Sicilia, lib. 1.
[2] . Banier, Mitología, t. 1, p. 496.
[3] . Kircher, Obelisc. Pamph. p. 292.
[4] . Horapolo, lib. 1, Explicat. 39.
[5] . Kircher, op. cit. p. 294.

martes, marzo 27, 2007

Harpócrates (1)



Es unánime el sentimiento de todos los autores respecto a Harpócrates, pues es considerado como el dios del silencio, y es verdad que en todos los monumentos donde está representado su actitud es de llevar el dedo a la boca, para señalar, dice Plutarco[1] que los hombres que conocieron a los dioses, en los templos en que Harpócrates estaba emplazado, no debían hablar temerariamente. Esta actitud le distingue de todos los otros dioses de Egipto, con los cuales tenía a menudo alguna relación por los símbolos que le acompañan. De ahí viene que muchos autores lo hayan confundido con Horus y hayan dicho que era hijo de Isis y de Osiris. En todos los templos de Isis y de Serapis se veía otro ídolo llevando el dedo sobre la boca y este ídolo es sin duda aquel del que habla San Agustín[2] después de Varrón, que decía que había una ley en Egipto para prohibir bajo pena de muerte el decir que estos dioses habían sido hombres. Este ídolo no podía ser otro que Harpócrates, que Ausonio llama Sigaleon.
Confundiendo a Horus con Harpócrates se encuentra uno en la necesidad de decir que eran el uno y el otro el símbolo del Sol y al decir verdad algunas figuras de Harpócrates adornadas con rayos, o sentado sobre el loto, o que llevaban un arco y un manojo de flechas o carcaj, han dado lugar a este error.
En este caso haría decir que los egipcios tenían de la discreción del Sol otra idea diferente de la que tenían los griegos. Si Harpócrates era el dios del silencio y era al mismo tiempo el símbolo del Sol en los primeros, no podía ser el uno y el otro en los segundos, puesto que Apolo o el Sol, según los griegos, no pudo guardar el secreto sobre el adulterio de Marte y de Venus. Sin embargo tenían los unos y los otros la misma idea de Harpócrates y lo consideraban como el dios del secreto que se conservaba en el silencio y se desvanecía por la revelación. En consecuencia, Harpócrates no era el símbolo del Sol, pero los jeroglíficos que acompañan su figura tenían una relación simbólica con el Sol, es decir, el Sol filosófico del que Horus era también el jeroglífico.
Los autores que nos enseñan que Harpócrates era hijo de Isis y de Osiris dicen verdad, porque lo tenían así de los sacerdotes de Egipto, pero estos autores tomaron esta generación en el sentido natural, en lugar de los sacerdotes filósofos que lo decían en un sentido alegórico. Puesto que todos los griegos y los latinos estaban convencidos de que estos sacerdotes mezclaban siempre el misterio en sus palabras, sus gestos, sus acciones, sus historias y sus figuras, y que las consideraban todas como símbolos, es sorprendente que estos autores hayan tomado por la letra tantas cosas que nos aportan de los egipcios. Sus testimonios los condenan respecto a esto. Nuestros mismos mitólogos y nuestros anticuarios hubieran debido de poner más atención. El secreto del que Harpócrates era el dios, era en verdad el secreto en general que se debía de guardar sobre todo lo que nos es confiado. Pero los atributos de Harpócrates nos indican el objeto del secreto en particular del que trataban los sacerdotes de Egipto. Isis, Osiris, Horus o más bien lo que representan simbólicamente, eran el objeto de este secreto. Ellos fueron la materia, ellos facilitaron el sujeto, lo hicieron nacer, él sacó, pues, su existencia de ellos, y se podría decir en  consecuencia que Harpócrates era hijo de Isis y de Osiris.

Si como lo ha pretendido probar el ilustre señor Cuper en su tratado sobre Harpócrates, se debe considerar a este dios como una misma persona con Orus, ¿por qué todos los antiguos los distinguieron? ¿por qué Orus no ha pasado jamás por ser el dios del silencio? Y ¿por qué no se le vio en ningún monumento representado de la misma manera y con los mismos símbolos? Yo sólo veo un parecido y es que el uno y el otro se encuentran bajo la figura de un niño, pero aún y así diferentes, pues Orus está casi siempre envuelto en pañales o sobre las rodillas de Isis que lo amamanta, al contrario que Harpócrates que a menudo es un joven o también un hombre ya hecho.
El gato aullando, el perro, la serpiente, no fueron jamás símbolos dados a Orus, y todo lo que pudieran tener en común son los rayos que se han puesto a la altura de la cabeza de Harpócrates y el cuerno de la abundancia, tal como se ve en muchos lugares en la antigüedad explicada de Dom Bernard de Montfaucon. Pero se ha de señalar que Harpócrates jamás se encuentra representado con la cabeza resplandeciente sin que tenga junto a él algún otro símbolo. La serpiente, el gato y el perro son símbolos que convienen perfectamente al dios del secreto y de ningún modo a Orus, tomado por el Sol. El gato aullando era el pájaro de Minerva, diosa de la sabiduría; la serpiente fue siempre un símbolo de prudencia y el perro un símbolo de fidelidad. Dejo al lector hacer su aplicación.
Los otros símbolos dados a Harpócrates significan el objeto mismo del secreto que recomienda poniendo el dedo sobre la boca, es decir, el oro o el Sol hermético, por la flor de loto sobre la cual se le encuentra algunas veces sentado o que lleva sobre la cabeza, por los rayos que envuelven su cabeza y en fin, por el cuerno de la abundancia que sostiene, puesto que el resultado de la gran obra o elixir filosófico es el verdadero cuerno de Amaltea, siendo la fuente de riquezas y de salud.
[1] . Plutarco, Isis y Osiris.
[2] . S. Agustín, La Ciudad de Dios, lib. 18 cap. 5.

lunes, marzo 05, 2007

Los Dioses de Egipto (1)


Se puede poner en duda que una pluralidad de dioses haya sido admitida por el pueblo de Egipto. Los más antiguos historiadores nos aseguran que los mismos griegos y las otras naciones no tenían otros dioses que los de los egipcios, pero bajo nombres diferentes. Herodoto[1] contó doce dioses principales que los griegos habían tomado de los egipcios con sus mismos nombres y añade que estos últimos pueblos erigieron los primeros altares y levantaron templos a los dioses. Pero no es menos constante que aunque esta nación fuera supersticiosa se vean allí trazos de la verdadera religión. Una parte considerable de Egipto, la Tebaida, dice Plutarco, no reconoció ningún dios mortal, sino un Dios sin principio e inmortal, que en la lengua del país llamaban Cneph y según Estrabón Knufis. Lo que hemos dicho de Hermes, de Jámblico, etc., prueba aún más claramente que los misterios de los egipcios no tenían como objeto a los dioses como Dios y su culto como culto a la Divinidad.
Isis y Osiris sobre los cuales gira casi toda la teología egipcia eran, según el sentimiento de diversos autores, todos los dioses del paganismo. Isis, según ellos era Ceres, Juno, la Luna, la Tierra, Minerva, Proserpina, Tetis, la madre de los dioses o Cibeles, Venus, Diana, Bellona, Hécate, Ramnusia, la naturaleza misma, en una palabra, todas las diosas. Es lo que ha dado lugar a llamarla Myrionyme, o la diosa de los mil nombres. Lo mismo que Isis se tomaba por todas las diosas se tomaba también a Osiris por todos los dioses; unos dicen que Osiris era Baco, otros le hacen lo mismo que Serapis, el Sol, Plutón, Júpiter, Amón, Pan; Otros[2] que son de Osiris: Atis, Adonis, Apis, Titán, Apolo, Febo, Mitra, el Océano, etc. No entraré en detalles que se pueden ver en muchos otros autores.
Las interpretaciones mal entendidas de los jeroglíficos inventados por los filósofos y los sacerdotes, han dado lugar a esta cierta multitud de dioses, que Hesíodo[3] calcula en 30000. Trismegisto, Jámblico, Psello y muchos otros no han determinado su número, pero han dicho que los cielos, el aire y la tierra estaban llenos de ellos. Máximo de Tiro decía, hablando de Homero, que este poeta no reconocía ningún lugar de la tierra que no tuviera su dios. La mayor parte de los paganos consideraban del mismo modo a la Divinidad como teniendo los dos sexos y la nombraban Hermafrodita.
Esta confusión tanto en los nombres como en los mismos dioses debe convencernos de que aquellos que los inventaron sólo podían tener a la vista la naturaleza, sus operaciones y sus producciones. Y como la gran obra es uno de sus más admirables efectos, los primeros que la encontraron, tras haber considerado su materia, su forma, los diversos cambios que le sobrevenían durante las operaciones, sus sorprendentes efectos y que en todo esto participaba de alguna manera con las principales partes del Universo,[4] tales como el Sol, la Luna, las estrellas, el fuego, el aire, la tierra y
el agua, tomaron ocasión de darle todos estos nombres.
 Todo lo que se forma en la naturaleza, se hace solamente por la acción de dos, uno agente y el otro paciente, que son análogos al macho y a la hembra en los animales, el primero caliente, seco, ígneo, el segundo frío y húmedo. Los sacerdotes de Egipto personificaron la materia de su arte sacerdotal y llamaron Osiris, o fuego oculto, al principio activo que hace las funciones de macho e Isis al principio pasivo que tiene el lugar de hembra. Designaron al uno por el Sol, a causa del principio de calor y de vida que este astro expande en toda la naturaleza y el otro por Luna, porque la consideraban como de una naturaleza fría y húmeda. Al fijo y al volátil, al calor y la humedad, siendo las partes constituyentes de los mixtos, con ciertas partes heterogéneas que se encuentran siempre mezcladas  y que son la causa de la destrucción de los individuos, les juntaron un tercero al que dieron el nombre de Tifón o mal principio. Mercurio fue dado como ayudante a Osiris y a Isis, para socorrerles contra las empresas de Tifón, porque Mercurio es como el lazo y el medio que reúne lo cálido y lo frío, lo húmedo y lo seco, es como el nudo o medio por el cual lo sutil y lo espeso, lo puro y lo impuro se encuentran asociados y que, en fin, no se hace ninguna conjunción del Sol con la Luna sin que Mercurio, cercano al Sol, esté presente. Osiris e Isis fueron considerados como esposo y esposa, hermano y hermana, hijos de Saturno, según unos,[5] hijos del Cielo según otros,[6] Tifón pasó
solamente por ser su hermano uterino, porque la unión de las partes homogéneas, inalterables y radicales con las partes heterogéneas, impuras y accidentales de los mixtos se hace en la misma matriz o en las entrañas de la tierra. Todas las cualidades malas que se atribuyen a Tifón nos descubren perfectamente lo que se desea significar mediante él. Diremos alguna cosa más detallada en lo que sigue.
Estas cuatro personas, Osiris, Isis, Mercurio y Tifón, eran para los egipcios los principales y los más célebres; tres pasaban por dioses y Tifón por un espíritu maligno. Pero por los dioses de la naturaleza de los que Hermes habló a Asclepios, quiero decir dioses fabricados artísticamente por mano de los hombres.[7]
A estos cuatro añadieron a Vulcano, inventor del fuego, que Diodoro hace padre de Saturno, porque el fuego filosófico es absolutamente necesario en la obra hermética. Les asociaron también a Palas o la sabiduría, la prudencia y la dirección en la conducción del régimen para las operaciones. El Océano, padre de los dioses, y Tetis su madre vinieron seguidamente con el Nilo, es decir, el agua, y finalmente la tierra, madre de todas las cosas, porque, según Orfeo, la tierra nos suministra las riquezas. Saturno, Júpiter, Venus, Apolo y algunos otros dioses fueron admitidos finalmente, y Horus lo fue como hijo de Osiris y de Isis.
[1] . Herodoto, lib. 2.
[2] . Hesiquius.
[3] . Hesíodo, Teogonía.
[4] . Michael Maier, Arcana Arcanísima.
[5] . Diodoro de Sicilia.
[6] . Kircher, p. 179.
[7] . Asclepio: ¿cual es la cualidad de los dioses a los que se llama terrestres? Trismegisto: Se encuentra en la virtud divina que existe de forma natural en las hierbas, las piedras y perfumes. Hermes en Asclepio.