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sábado, noviembre 18, 2006

Primera prueba contra la realidad de esta historia. El origen de Troya




Dárdano está considerado como el fundador del reino de Troya y no hay ninguna prueba de su existencia. A continuación se da su genealogía y se dice que desposó a la hija del rey Escamandro, de la que tuvo a Erictonio que luego sucedió a Dárdano. Tros vino después y sucedió a Erictonio; Tros tuvo por hijos a Ilo y a Laomedón. Es bajo este reinado que Apolo y Neptuno fueron exiliados del Cielo por Júpiter, por haber querido atar a este dios, en acuerdo con los otros dioses y diosas. Se retiraron hacia Laomedón y se obligaron a él, bajo promesa de una recompensa, a construir las murallas de Troya. Unos dicen que las piedras se reunían y se arreglaban solas al
son de la lira de Apolo. Otros aventuran, con Homero, que las levantó Neptuno mientras Apolo guardaba los rebaños de Laomedón. Ovidio es del primer sentimiento.
Virgilio dice que fueron edificadas por Vulcano. La fábula añade que Laomedón no quiso dar a Neptuno la recompensa que habían convenido y que habiendo respetado a Apolo como un dios, sin embargo despreció a Neptuno, éste irritado se vengó enviando un monstruo marino que arrasó todo el país. Ya hemos hecho mención de ello cuando hemos hablado de la liberación de Hesíone por Alcides.
He aquí a tres fundadores de Troya, y tres fundadores fabulosos, es decir, tres dioses, Apolo, Neptuno y Vulcano, que no han existido jamás ni como dioses ni como hombres.
Sin embargo se puede atribuir el establecimiento de la ciudad de Troya a cada uno de ellos en particular y decir al mismo tiempo que estos tres dioses han trabajado allí, puesto que se requieren los tres para la perfección de la obra hermética, según lo que hemos visto hasta el presente; Vulcano es el fuego filosófico, Neptuno es el agua mercurial volátil y Apolo es la parte
fija, o el oro de los sabios. No es sorprendente que se haya dicho que las piedras se arreglaban solas al son de la lira de Apolo. Se había dicho que Orfeo hacía mover las piedras y los árboles al son del mismo instrumento y que había conducido la nave Argo de la misma manera. Se ha debido ver antes, que las partes que componen el magisterio de los sabios se reúnen solas para arreglarse y reunirse en una masa fija llamada Apolo o Sol filosófico, porque la parte fija es como un amante que atrae las partes volátiles para fijarlas con él y hacer un todo fijo llamado piedra; es lo que forma la pretendida ciudad de Troya, que es el símbolo de ello. Por la misma razón se dice que fue edificada bajo el reinado de Laomedón y que estos dioses trabajaban para él porque el objeto de las operaciones filosóficas es el mismo Laomedón, que significa piedra que manda y que tiene un gran poder, de λάος, piedra, y de μέδω, yo mando. Este
pretendido mando y este poder han hecho dar a Laomedón el título de rey.
Si se quiere tener la genealogía de los pretendidos reyes de Troya que han precedido a Laomedón, se encontrará precisamente en sus nombres una nueva prueba de que es una pura alegoría del magisterio filosófico, puesto que Dárdano, del que se dice haber sido el primer rey y el fundador de Dardania, que después tomó el nombre de Troya, significa estar en reposo, dormir, de δαρδάνω, dormir, reposar, porque la materia, tras haber sido puesta en el vaso al comienzo de la obra, permanece largo tiempo como adormecida y sin movimiento, lo que ha llevado a los filósofos a dar el nombre de invierno al tiempo que permanece en este estado, porque la naturaleza parece entorpecida y adormecida durante esta estación. En esta primera operación, dice Filaleteo,[1] a la que llamamos invierno, la materia está como muerta, el mercurio se mortifica y se manifiesta la negrura. Pero en cuanto empieza a fermentar y a disolverse, Erictonio nace de Dárdano, pues Erictonio quiere decir disuelto, roto en pedazos, de έρείκω, deshago, rompo. La materia rota y en vías de disolución está significada por Tros, hijo y sucesor de Erictonio, pues según Eustatio, τίρώσκω viene de τειρω, abatir, triturar, y τρωσις, de τιτρώσκω, herir, trastornar, seducir. Siendo disuelta esta materia, se vuelve como el barro y el fango, entonces Ilo sucede a su padre Tros, puesto que Ι΄λύς, quiere decir cenagal, de porquería, lo que ha dado ocasión a los filósofos de llamar barro y estiércol a su materia en este estado de putrefacción. Ilo fue padre de Laomedón y es bajo su reinado que Apolo edificó las murallas de Troya, porque la materia empieza a fijarse y a convertirse en piedra de los filósofos, cuando sale de la putrefacción.
He aquí el verdadero origen de Troya, he aquí quienes han sido sus reyes y sus fundadores, y yo no veo en qué se basa el abad Banier para fijar la duración del reinado de Dárdano en sesenta y dos años, la de Erictonio en cuarenta y seis, la de Ilo en cuarenta y la de Laomedón en veintinueve. Lo que puede decir de verdadero, incluso adoptando su sistema, es que una tal ciudad como se nos presenta la de Troya en el tiempo de su ruina, no podía dejar de haber sido muy célebre anteriormente, sin embargo no se hace ninguna mención de ello antes del viaje que hizo allí Hércules, para liberar a Hesíone, hija de Laomedón. ¿Cómo habría podido hacerse, que una ciudad se hubiera hecho tan popular y tan célebre en tan poco tiempo y que su destrucción hubiera sucedido inmediatamente a su nacimiento? ¿se habría podido recoger suficiente gente del mundo como para resistir a todas las fuerzas reunidas de Grecia? Aún cuando se hubieran reunido allí todos los habitantes de Frigia, no habrían podido mantenerse seis meses, y con más razón diez años, contra un ejército tan formidable y tan numeroso.
Se ha de confesar que el abad Banier es un hombre que ha hecho mucho trabajo en poco tiempo. Sólo le han hecho falta treinta y cinco años para formar dos generaciones de héroes y, según su cálculo, la conquista del toisón de oro sólo habría precedido a la guerra de Troya en treinta y cinco años, puesto que Hércules dejó a los argonautas para ir a liberar a Hesíone. Después de esta expedición contra Troya, aún hizo otras, antes de morir. Liberó a Teseo de los Infiernos:[2] tras haber tomado un gran número de ciudades y ejecutar los trabajos que Euristeo le había ordenado, se enamoró de Yole, hija de Euristeo, este príncipe lo
rechazó y él subyugó la Ecalia, raptó a la princesa y mató al rey. Es después de esta expedición que Deyanira le envió la túnica de Neso y que murió al ponérsela. Su hijo Hilo era joven entonces y le dio tiempo de hacerse grande hasta el punto de poder hacer la guerra a Euristeo. Este murió en un combate. Atreo le sucedió, tuvo dos hijos, Menelao y Agamenón, estos dos hijos se hicieron grandes a su vez. Agamenón sucedió a Atreo, se casó y tuvo un hijo llamado Orestes y se puso a la cabeza de todas las tropas de Grecia, reunidas contra la ciudad de Troya, y todo esto sucedió en treinta y cinco años. ¡Cuán verdad es que toda la destreza y todas las combinaciones de los mitólogos fracasan, cuando quieren acordar la fábula con un sistema histórico que nunca estuvo en la idea de los autores de estas fábulas! Sólo habría que remontarse al tronco de donde han salido todas estas ramas de héroes, para reconocer claramente lo fabuloso. Pero vamos a examinar quienes fueron los que emprendieron la guerra de Troya y quienes defendieron esta ciudad.

[1] . I. Filaleteo, Enarrat. Metho. P. 17.
[2] . Banier, Mitología, tom. 3, p. 295.

domingo, noviembre 12, 2006

Hesíone expuesta a un monstruo marino y liberada por Hércules



El señor le Clerc dice que el pretendido joven príncipe Hilas significa de madera y que lo que ha dado lugar a la fábula es que Hércules descendió con Télamon y sus otros compañeros del barco de los argonautas y después de cortar madera sobre el monte Ida, hicieron un barco para la expedición de Troya.
El ruido –añade– que la madera hacía al caer provocando que retumbara toda la selva, dio lugar a la fábula, que dice que al no poder encontrar Hércules al joven Hilas, al que amaba tiernamente, hizo resonar en toda la orilla el nombre de su favorito, lo que ha hecho decir a Virgilio: cómo, a gritos, habían llamado los marineros a Hilas, abandonado en algún manantial, y cómo repetía como un eco toda la costa: ¡Hilas, Hilas! (Égloga 6)
La fábula no dice la menor palabra al respecto. Si se dijera que los argonautas dejaron a Hércules
y a Télamon en tierra y que estos dos héroes, viendo a sus compañeros continuar su viaje sin ellos, decidieron fabricar esta nave, el hecho no sería más verosímil.
En efecto ¿por qué razón abandonar así a estos dos héroes? Y suponiendo que esto hubiera sucedido, dos personas, si se quiere ayudadas por algunos otros, ¿serían capaces de construir un
barco? O ¿habrían encontrado las cosas necesarias para equiparlo? ¿Eran lo suficiente de mundo como para intentar una expedición? Finalmente, y concluyendo ¿es concebibl
e que el ruido hecho por un árbol cortado al caer, haya podido hacer decir a Virgilio y a losautores de esta fábula que Hércules amaba tan tiernamente a Hilas que al no poder encontrarlo hizo resonar toda la ribera gritando el nombre de su favorito? La fábula no es conforme a esta explicación; lo que dice es que Hilas había ido a buscar agua y que, ya sea porque hubiera sido devorado por alguna bestia feroz, o ahogado en algún arroyo, Hércules no lo vio más y lo estuvo buscando inútilmente. Si este Hilas sólo significa madera, en mala ocasión dice la fábula que Hércules no lo pudo encontrar, puesto que le Clerc le hace encontrar suficiente como para hacer un barco.
No era sinrazón que el señor le Clerc considerara la historia de este Hilas como una alegoría, pero en lugar de explicar simplemente la palabra Hilas como madera, debería de haber puesto atención en que podía tener otro significado, puesto que ύ΄λη, de donde deriva Hilas y de donde en efecto viene, no solamente quiere decir madera, bosque, sino también materia de la que se hace alguna cosa, lo que ha determinado a un buen número de filósofos a emplear el término ylé o hylé para determinar en general la materia de la medicina dorada, de la que no han querido
decir su verdadero nombre.
Es ésta la misma materia de los adeptos, que el autor de la fábula ha tenido a la vista con el nombre de Hilas; t
enía razón al decir que Hércules lo amaba tiernamente, puesto que es en ella que los filósofos ponen todo su afecto. Hilas había descendido para sacar agua, puesto que se pone la materia en el vaso para disolverla en agua. Se dice que Hilas es joven porque la materia que se hace descender en el vaso debe de ser fresca y nueva, pues si fuera vieja de nacimiento o de cosecha, no valdría nada, según el consejo de Haimon[1] y de muchos autores: no aceptar lo que no sea reciente. Hilas se ahogó o fue devorado por alguna bestia feroz y Hércules no lo pudo encontrar, pues la materia que anteriormente era sólida, ya no lo es cuando es disuelta en el agua, su forma desaparece, su solidez se desvanece y el artista ya no la ve más en el estado que tenía antes de la disolución, se puede decir bien, alegóricamente, que se ha ahogado, o que alguna bestia feroz ha devorado a Hilas, ya que, según lo que hemos visto hasta aquí, los filósofos emplean comúnmente la alegoría de los dragones o de bestias feroces que devoran a los hombres, para designar la solución de la materia misma o de su oro por la acción de su mercurio. No es más sorprendente que el autor de esta fábula haya supuesto que Hércules hizo retumbar la rivera con el nombre de su querido Hilas al que no vio más. Se entenderían mal estos gritos si se consideraran como gritos de queja, estos gritos eran de alegría, de asombro, como aquellos que el Trevisano[2] dice haber hecho cuando vio que su libro de hojas de oro era disuelto y desapareció en la fuente; y tales como los del Cosmopolita[3] cuando vio el fruto del árbol solar fundido y desaparecido en el agua en la que Neptuno lo había puesto.
Entonces Alcides partió hacia Troya y se encontró con Hesíone, hija de Laomedón, expuesta ante
un monstruo marino para que la devorara, a fin de apaciguar a Neptuno que estaba irritado contra su padre porque no le había recompensado por el servicio que había prestado al bautizar las murallas de Troya. Hércules se ofreció para liberarla, con un tiro de bellos caballos admirables por su velocidad y tan ligeros que, según los poetas, corrían por encima de las aguas. Alcides llevó a
cabo su empresa pero como Laomedón no mantuvo su promesa lo mató, hizo desposar a Hesíone con Télamon y dio la corona de Laomedón a su hijo Podarco, a petición de la princesa que rescató y que por ella fue llamado Príamo.
Para tener la explicación de esta fábula es suficiente compararla con la de Andrómeda, expuesta también a un monstruo marino y liberada por Perseo, las dos tienen el mismo objeto. Neptuno arrasaba la Tróada porque estaba irritado
contra Laomedón; las nereidas, diosas del mar, arrasaban Etiopía porque estaban irritadas contra Casiopea, madre de Andrómeda. Se consultó al oráculo para que cesaran estas desolaciones y se obtuvo la misma respuesta tanto en un caso como en el otro; Casiopea debía de exponer a su hija a merced de un monstruo marino, enviado por las nereidas, y Laomedón debía de exponer a la suya a un parecido monstruo enviado por Neptuno. En efecto, la una y la otra son iguales. Llegó Perseo y liberó a Andrómeda, se presentó Hércules y liberó a Hesíone. Perseo mató después a Fineo y desposó a Andrómeda; Hércules mató a Laomedón y dio a Télamon la princesa Hesíone como esposa.
Al ser la fábula de Hesíone una continuación de la de Hilas, retomémosla donde la habíamos dejado.
Hemos dicho que este joven príncipe, devorado o ahogado,
es la materia filosófica en disolución, o disuelta en agua. El tiempo de esta disolución y de la putrefacción que le sigue, es el que ha dado a los filósofos la materia de todas las alegorías que han hecho sobre dragones y monstruos, sobre serpientes, bueyes y caballos que devoran a los hombres. Cada fábula nos ha dado hasta aquí ejemplos de ello, variados según la idea del autor. Pero se debe percibir que no varían nada respecto al fondo y que todas significan una misma cosa.
Si uno se toma la molestia de reflexionar sobre ello y relacionar las diferentes circunstancias de cada una, casi se podría hacer una sola historia donde las circunstancias serían más o menos las mismas pero relatadas de diferente manera. Un autor diría que sucede en un lugar y atribuiría el hecho a una persona; otro la contaría como sucedida en otra parte y hecha por otra. Se encontraría que uno habría declarado circunstancias que el otro habría omitido; es lo que se puede señalar en la fábula que explicamos. Ya no se menciona más a Hilas, se le deja sumergido y el autor de pronto sitúa a Hércules en Troya, sin mostrarnos qué camino había tomado para llegar ni lo que había hecho durante su viaje. ¿Ha llegado allí por mar? Parece ser que sí, pues el lector apreciará que no hay casi ninguna fábula que no se hable del mar, de una ribera, un arroyo, una fuente o un lago. La cosa no puede ser de otra manera, pues el mar o el agua mercurial de los filósofos es el teatro de sus operaciones y su agente principal. Es este mismo agua que es el verdadero Neptuno, padre de una raza tan numerosa; es de él de donde salen todos estos monstruos y dragones, los del toisón de oro, del jardín de las hespérides, Medusa, las gorgonas, las harpías, etc. Estos son las partes volátiles, disolventes, a las cuales se ha dado el nombre de mujeres que danzan, cantan, que tanto dan a luz de los héroes a caballos alados como a bueyes furiosos. Así mismo estos caballos también son tan ligeros que corren por encima de las aguas, prometidos a Hércules por Laomedón, como recompensa en caso de que llevara a cabo
el hecho de liberar a Hesíone. Dichosamente tuvo éxito y Laomedón no quiso cumplir su promesa. Esta falta de palabra se explica en el mismo sentido y de la misma manera que la de Augias hacia el mismo Hércules, matando este último al uno y al otro por esta razón. Finalmente Hércules abandona a Hilas ahogado, o como dice también la fábula, raptado por las ninfas, y va a encontrar al hijo de Ilo. Es preciso suponer a Laomedón hijo de Ilo, pues Hilas habiéndose ahogado o disuelto en el agua, esta agua mercurial se espesa, se enturbia y forma propiamente a Ilo o Ι΄λύς, un cenagal, de donde nace poco a poco Laomedón, es decir, la piedra de los filósofos, o la piedra que manda, o que reina, de λάος, piedra, y de Μέδω, mando, reino.
Entre todas las hijas de sangre real, propuestas para ser entregadas al monstruo marino, la suerte escogió a Hesíone. En efecto, ella fue expuesta y
Hércules la liberó, es decir, que en la segunda operación, al estar la materia en vías de disolución, o expuesta a la acción del mercurio filosófico, significado por el monstruo marino, esta materia, digo que volatilizándose sube a lo alto del vaso y por ello parece ser llevada a los mortíferos dientes de este monstruo. A esta liberación, es decir, a la volatilización de la materia sucede el matrimonio de Hesíone y Télamon, lo que es propiamente el matrimonio del fijo y del volátil, que se reúnen en una sola materia, tras el cual Hércules, a petición de Hesíone, da la corona de Laomedón a Podarco, que a continuación fue llamado Príamo, porque había sido rescatado, es decir, volatilizado desde el fondo del vaso donde estaba retenido. Podarco viene de Ποδός, pie, y de άρκος, socorrer, como si se dijera, socorrer a un hombre ligado por los pies. Príamo viene de πρίαμα, rescatar. La corona de Laomedón es la corona del rey de los filósofos, dada a su hijo, es decir, al elixir saliendo de la putrefacción, donde estaba retenido como esclavo y en prisión; es por lo que se le ha llamado Príamo tras ser liberado.

[1] . Haimon, Epístola.
[2] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.
[3] . El Cosmopolita, Parábola.