sábado, octubre 14, 2006

Plutón


La idea del Infierno ha venido de Egipto, y si se cree a Diodoro de Sicilia: Orfeo trajo
desde este país a Grecia toda la fábula del Infierno. Los suplicios de los malvados en el Tártaro, la permanencia de los buenos en los Campos Elíseos y algunas otras ideas parecidas son, segun este autor, evidentemente tomadas de los funerales de los egipcios.
Orfeo ha tomado la cuestión de los funerales egipcios para formar su alegoría del Infierno y fabricar así su fábula a la manera de los filósofos que, como él, han formado las suyas basándose en sepulcros y tumbas, pues testimonios como los de Nicolás Flamel, Basilio Valentín y tantos otros, ponen ante la vista verdaderos funerales, pero solamente figurados y alegóricos, tales como los de la gran obra.
Nada impide que la idea que Homero, y la mayor parte de los poetas, nos dan de la estancia de Plutón, convenga muy bien a lo que pasa en las operaciones de la gran obra. Los diferentes estados se encuentran allí perfectamente expresados, como podrá comprobarse cuando expliquemos el descenso de Eneas a los Infiernos.
No se ha de separar la idea del reino de Plutón de la del Infierno, del Tártaro y de la de los Campos Elíseos. Las sombrías y negras tinieblas correspondieron a Plutón en el reparto que los tres hermanos hicieron del Universo. Y ¿cuáles eran estas tinieblas? El mismo autor nos lo enseña en diversos lugares de su Ilíada y de su Odisea. Es un lugar tenebroso, un abismo profundo, oculto bajo la tierra, rodeado del cenagoso pantano Cocito y del río Flegetón. Los retratos que los poetas nos hacen de ellos son espectáculos tristes, horribles y espantosos. Es preciso atravesar todo esto para llegar al reino de Plutón y no se puede llegar allí sin ser conducido por una sibila.
Un antiguo poeta decía que por Júpiter también se entendedía a Plutón, el Sol y Dioniso. Si Plutón es una misma cosa con Júpiter y si la historia de éste es una alegoría química, la historia del otro no puede ser otra cosa,
pero se habrá hecho alusión a alguna otra parte de la obra y en co
nsecuencia se ha figurado que Plutón era hijo de Saturno y de Rea. Estrabón dice que Plutón era el dios de las riquezas. Juno, su hermana, también lo era. El mismo Júpiter era considerado como distribuidor de ellas. Todo esto indica la gran relación que hay entre ellos. De todos los dioses sólo Plutón es el que ha guardado celibato, puesto que su gran deformidad le hacía huir de todas las diosas. Sin embargo raptó a Proserpina y la transportó en su carro, enganchado a negros caballos, hasta el río Chémare y de allí a su reino.
Este dios a menudo llevaba llaves en lugar de cetro. Esta marca distintiva que se encuentra en los monumentos que representan a Plutón, con la idea que se nos da de su tenebroso imperio, casi no podrían designar mejor a la tierra filosófica oculta bajo el color negro, llamado llave de la obra, porque es el que se manifiesta al principio. Esta tierra que se encuentra en el fondo del vaso es la que tocó en reparto a Plutón, que en consecuencia fue llamado dios de las riquezas, porque ella es la minera del oro de los filósofos, del fuego de la naturaleza y del fuego celeste. Esta cualidad ígnea de Plutón hizo que se levantara un altar común a
Palas, por la misma razón que hizo que esta diosa también tuviera uno en común con Vulcano y Prometeo.
Establecido en el Infierno o la parte inferior del vaso, Plutón era como despreciado por los dioses que tenían su morada con Júpiter en la parte superior. Se encontró, pues, en la necesidad de raptar a Proserpina de la manera que explicaré en el siguiente libro. La situación del reino de este dios hizo figurar que se precipitó con ella al fondo de un lago, porque esta tierra después de ser sublimada en la superficie del agua mercurial, se precipita, en efecto, al fondo de donde se había elevado, cuando ha llegado al color blanco designado con el nombre de Perséfone o Proserpina.

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