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miércoles, diciembre 30, 2020

CERBERO, según el dicc. Mito-Hermético de Pernety

 

CERBERO[1]



En el sentido que le dan los químicos vulgares es el Nitro; pero los Filósofos entienden otra cosa del Cerbero de la fábula. Los Poetas Filósofos imaginaron que un perro de tres cabezas, abiertas las fauces, guardaba la puerta de los Infiernos, encadenado por una cadena triple.

Los Alquimistas pretenden que todas las fábulas de los viejos no son más que enigmas de los que se sirvieron para ocultar las operaciones de la Piedra Filosofal. Ellos dicen, en consecuencia, que, por Cerbero, el perro de tres cabezas, ha de entenderse, o a la materia de la Piedra filosofal, compuesta de Sal, Azufre y Mercurio, encerrada en el triple vaso de los Filósofos, que son las tres cadenas que atan a Cerbero, o bien, a la materia, que es, en sí misma, el palacio de Plutón, dios de los Infiernos, siendo el triple vaso el perro de tres cabezas que guarda la puerta del palacio, impidiendo la entrada.

Esta última explicación me parece más verosímil, porque se ha dicho que Cerbero vomitaba fuego, lo que es propio de los hornos; y sin embargo no se ha de entender con esto que los hornos de los Alquimistas vomiten fuego, como aquellos hornos de los químicos ordinarios, ya que el fuego de la Filosofía Espagírica no es el fuego vulgar, sino el fuego de la naturaleza, un fuego que calienta sin quemar. Y quien conozca este fuego y la manera de graduarlo, estará bien avanzado en la Ciencia Hermética.

Que aquel que quiera estudiar esta ciencia tenga, entonces, a Hércules y que lo sepa unir adecuadamente con Teseo, su compañero inseparable. Así tendrá, prontamente, el secreto de los tres reinos.



[1] .  Diccionario Mito-Hermético, ediciones Indigo, traducción de Santi Jubany.

miércoles, diciembre 06, 2006

Entrada al Infierno de Eneas y la Sibila




La sibila entró en esta espantosa abertura,[1] y Eneas le siguió con paso firme. Marcharon el uno y el otro en una oscuridad parecida a la del final del día, donde el color de los objetos empieza a no distinguirse. En la entrada de este lugar se encuentran los cuidados, las inquietudes, las enfermedades, la muerte, el sueño y los sueños. Allí se ven diversos monstruos, tales como
centauros,[2] Escila con dos formas, Briareo, la hidra de Lerna, la Quimera, las gorgonas, las harpías y las sombras con tres cuerpos.
Tal es el camino que lleva al río Aqueronte, lleno del barro del Estigio y de la arena del Cocito. Caronte, el espantoso Caronte, es el guardián de estas aguas; su barba es semiblanca, sucia y mal peinada; un harapo de tela sucio le sirve de vestimenta; es el que está encargado de pasar al otro lado de las sombras a quien se presenta. Una innumerable multitud[3] de errantes sombras revolotean sobre las orillas del río y ruegan insistentemente a Caronte que las pase. Él rechazaba brutalmente a todas aquellas cuyos
cuerpos no habían sido inhumados, pero finalmente, al cabo de un tiempo los metía en su barca.[4]
La sibilia y Eneas[5] continuaron su camino y se acercaron al Estigio. Caronte habiéndolos visto desde su barca, dirigió estas palabras a Eneas: ¿Quién sois que os presentáis armado en la orilla de este río? ¡hablad! ¿qué venéis a hacer aquí? Retroceded, esta es la morada de las sombras, de la noche y del sueño. No me está permitido admitir a los vivos en mi barca, ya me arrepentí bien de haber recibido a Hércules, Teseo y Pirítoo, aunque fueran hijos de dioses y de un extraordinario valor. El primero tuvo la osadía de
atar al Cerbero, guardián del Tártaro, y se lo llevó; los otros dos tuvieron la temeridad de intentar raptar a Proserpina. Al ver a Caronte encolerizado, la sibila le dijo: apaciguaos, dejad de excitaros, no venimos con el deseo de hacer violencia. Que el guardián en su antro ladre eternamente, si así lo quiere, y que Proserpina permanezca tranquila cuanto quiera en la puerta de Plutón, no nos opondremos. Eneas es un héroe recomendable por su piedad; sólo el deseo de ver a su padre
lo ha traído hasta aquí. Si un deseo tan religioso no hace impresión en vos, reconoced este ramo de oro. Entonces Eneas lo sacó de debajo de sus ropas, donde lo tenía oculto.
Al ver este ramo Caronte se tranquilizó y tras haberlo admirado largo tiempo, condujo su barca hasta la orilla donde estaba Eneas. Alejó a las sombras y habiendo introducido a Eneas a bordo, con la sibila, los pasó hasta el otro lado del limoso río. Allí se encuentra el Cerbero de tres cabezas, cuyos espantosos ladridos resuenan en todo el reino de Plutón. Desde que vio a Eneas se le erizaron las culebras que le cubrían el cuello, pero la sibila lo adormeció echándole en su boca abierta una composición soporífera de miel y otros ingredientes;[6] se la tragó ávidamente y su propiedad hizo efecto. Cerbero se acostó con un fuerte sueño y la inmensidad de su cuerpo llenó todo el antro. Eneas desembarcó enseguida y se apoderó de la entrada.
Dio algunos pasos y empezó a oír llantos y gritos de niños, a los que la cruel muerte había arrancado del pecho de sus madres; gemidos de los que habían sido injustamente condenados a muerte, cada uno tiene su lugar determinado y va a sufrir el interrogatorio de Minos. Después de estos últimos están aquellos que se han quitado la vida ellos mismos, vida de la que querrían gozar en ese momento, aunque tuvieran que estar sujetos a los trabajos más penosos y sumidos en la peor miseria. Se veía una infinidad de otros repartidos aquí y allá, vertiendo amargas lágrimas; los amantes y las amantes, a quienes los cuidados y las inquietudes habían dado
muerte; Fedra, Procris, Erifila, Evadne, Pasífae, Laodamía, Ceneo y Dido. Cuando Eneas la percibió fue hacia ella y le habló, pero las excusas del héroe no hicieron impresión en ella, giró la cabeza, huyó y fue junto a Siqueo, su esposo, quien correspondiendo a su amor quiso consolarla en su aflicción.
De allí Eneas fue a los lugares ocupados por aquellos que se habían hecho un nombre por sus trabajos militares. El primero que se presentó ante sus ojos fue Tideo, después Partenopeo y Adrasto. Después vio a otros troyanos muertos durante la guerra de Troya, Glauco, Medonte, Tersíloco, Antenor, Políbeto, favorito de Ceres, y el cochero de Príamo, Ideo. La mayor parte de los griegos que se aparecieron a Eneas, con sus brillantes armas, fueron presos de temor, unos huyeron y los otros se pusieron a dar gritos. Vio a Deífobo, hijo de Príamo, y al verlo no pudo evitar soltar un suspiro, porque Deífobo se le apareció con las orejas, la nariz y las manos cruelmente mutiladas.[7]
Estaban aún en plena conversación, cuando la sibila temiendo que se extendieran más de la cuenta, advirtió a Eneas que empezaba a aparecer la aurora y que el tiempo fijado para las operaciones iba pasando. Eneas, le dijo ella, he aquí que pasa la noche y perdemos el tiempo en llorar. Aquí el camino[8] se divide en dos, uno lleva a los muros del palacio de Plutón y a los Campos Elíseos, el otro, que está a la izquierda, conduce al Tártaro. Eneas levantó los ojos y de pronto vio los elevados muros sobre la roca que estaba a la izquierda,
estaba rodeado de un río de llamas muy rápido que se llama Flagetón y hace un gran ruido por el choque de los guijarros que arrastra. En frente había una vasta y gran puerta que tenía a los lados dos columnas de diamantes, que los mismos habitantes del cielo no podrían cortar con el hierro, una torre de hierro se elevaba en los aires, Tisífone guarda su entrada día y
noche.

[1] . Virgilio, Enéida, ibid. vers. 270.
[2] . Virgilio presenta aquí, bajo un sólo punto de vista, todo lo que las fábulas encierran de horroroso, horrible y espantoso; se diría que ha querido enseñarnos que todas estas diferentes fábulas sólo tienen un mismo objeto, porque son alegorías de la misma cosa, y que sería vano intentar explicarlas de otra manera. Es el objetivo que me he propuesto en esta obra, todas mis explicaciones tienden a esto. Se puede recordar las que he dado hasta aquí, se verá que he explicado todos estos monstruos de la misma manera, es decir, de la disolución que se hace mientras que la materia es negra; he encontrado mis pruebas de ello en las obras de los filósofos y las he explicado según la circunstancia, se puede, pues recurrir a ellas. Pero Virgilio sigue paso a paso lo que sucede en la obra y nos conduce firmemente. De los monstruos
va al río Aqueronte, cenagoso en extremo, lo que forma el barro o el estiércol filosófico, y en las fábulas del Cocito indican las partes cuya reunión compone la piedra. De ahí viene el Caronte. En el retrato que hace ¿puede desconocerse el color gris sucio que sucede inmediatamente al negro? Esta barba gris del viejo mal peinado, estos harapos de tela que le cubren, puestos a propósito, son símbolos de los más fáciles de entender. La orden que tiene de pasar por las sombras hasta más allá del negro y cenagoso Aquerón, indica perfectamente que no se puede pasar del color negro al blanco sin el color gris como intermediario. El Érebo, que fue padre de Caronte, y la Noche su madre, nos hace comprender mejor lo que era.[3] . Virgilio, Eneida, ibid. vers. 305 y ss.
[4] . Hubiese sido muy difícil expresar la volatilización de la
materia durante y después de la putrefacción, mediante una alegoría más expresiva que la de las sombras errantes y revoloteadoras sobre
las orillas del Estigio; la cosa se explica por ella misma. Pero ¿por qué Caronte se negaba a pasar a aquellas cuyos cuerpos estaban sin sepultura? La razón es muy simple. Mientras que las partes volátiles yerran y revolotean en lo alto del vaso por encima del lago filosófico, no están reunidas en la tierra de los filósofos, que pasa del color negro al
color gris, significado por Caronte; esta tierra nada como una isla flotante, lo que ha dado ocasión de figurar la barca (véase EL HILO DE PENÉLOPE, de Emmanuel d’Hooghvorst, Arola Editors,
Tarragona, 2000, p.60, N. del T). Cuando estas partes volátiles al cabo de un tiempo son reunidas en esta tierra, el tiempo que se les ha fijado para errar se termina y vuelven al lugar de donde habían partido y pasan con las otras. Virgilio ha expresado perfectamente lo que se ha de entender por esta inhumación, es decir, esta reunión de las partes volátiles revoloteantes, con aquellas que están en el fondo del vaso, de donde se habían separado. Entrega esos despojos a su postrera morada, cúbrelos con un sepulcro, dice Virgilio, (vers. 152) hablando de Misenas; y (vers. 327) hablando de las sombras: Pues no le es permitido transportar a ninguno a la horrendas orillas por la ronca corriente antes que sus huesos hayan descansado en sepultura.
[5] . Virgilio, Enéida, ibid. vers. 384.
[6] . Es inútil repetir aquí lo que ya hemos dicho en el segundo libro respecto a la poción que
Medea dio a Jasón para adormecer al dragón, guardián del toisón de oro. El lector se dará cuenta de que todas son alegorías parecidas y en consecuencia deben ser explicadas y entendidas de la misma manera, lo que encierra una nueva prueba que justifica la idea que voy a dar de este descenso de Eneas a los Infiernos. El dragón que es guardián del jardín de las hespérides tiene con ellos una estrecha relación, el Cerbero era hermano de los dos, nacidos de Tifón y de Equidna. La hidra de Lerna, la serpiente Pitón, la Esfinge, la Quimera, también habían salido del mismo padre y de la misma madre que el Cerbero. Este parentesco explica lo que eran y lo que se debe pensar de ellos.
[7] . Esta enumeración de las sombras que vio Eneas, parece que se haya puesto para adornar el relato y hacerlo más interesante, pero no es lo mismo de la descripción que hace del Tártaro. Tisífone, la cruel ejecutora de los suplicios a los cuales los dioses mandaban a los criminales, y los mismos criminales son designados por sus suplicios. Allí se ve a los titanes, Oto y Efialtes, estos dos gigantes de los que habla Homero (Odisea, lib. 11) Salmoneo, Titio, los lapitas, Ixión, su hijo Pirítoo y su amigo Teseo, Flegias, etc. Así mismo se cree que Virgilio ha querido hacer alusión a algunas personas que vivían en su tiempo designando los crímenes de los que el rumor público los hacía culpables y que hablaba de ellos bajo los nombres tomados de la fábula.
Virgilio no dice que Eneas fuese allí, sino que la sibila le contó lo que pasaba. El retrato que este
poeta hace del Tártaro, parece estar puesto expresamente para designar a los sopladores y buscadores de la piedra filosofal, que trabajan sin principios y pasan toda su vida en fatigantes trabajos de los que sólo sacan enfermedades y miseria. Ya hemos dicho que Pirítoo era el símbolo de ello. Los otros lo son aún de una manera más determinada. Ixión que sólo abrazó una nube y es atado a una rueda que da vueltas sin cesar, para darnos a entender que los sopladores sólo recogen de su trabajo los vapores y el humo de las materias que emplean y que son una especie de gente condenada a un trabajo perpetuo e infructuoso. Sísifo tenía que empujar una pesada roca y hacer todos los esfuerzos posibles para subirla a la cima de una montaña y cuando creía que había llegado al punto donde debía colocarla, la roca se le escapaba de las manos y caía de nuevo al pié de la montaña, donde la iba a buscar y empezaba de nuevo el mismo trabajo, sin obtener ningún fruto.
Este es el verdadero retrato de estos sopladores de buena fe, que trabajan día y noche con la esperanza de tener éxito, puesto que creen estar en el buen camino, pero tras muchas fatigas, cuando casi han llegado al punto que buscaban, o sus vasos se rompen o les llega cualquier otro accidente y se encuentran en el mismo punto donde estaban cuando empezaron, no se desaniman con las esperanza de salir mejor airados la próxima vez. Las danaides, que llenan de agua sin cesar un tonel que no tiene fondo, representan perfectamente a los que sacan siempre de su bolsa y de la de otros, los bienes que se les escapan, sin que les quede otra cosa que los toneles donde estos bienes se desvanecen y se pierden. Se pueden juzgar otros casos mediante estos.[8] El camino que conduce al Tártaro es el que toman la gente de la que acabo de hablar, el que lleva a los Campos Elíseos es el que sigue Eneas y con él los filósofos herméticos. Los primeros encuentran en la entrada a Tisífone y las Furias y no encuentran más que un aire apestado, una morada sombría y tenebrosa, con un trabajo penoso e infructuoso. Los segundos, al contrario, seguros de su hecho, porque tienen a la sibila como guía, perciben desde el principio los muros y la puerta del palacio del dios de las riquezas; todo lo que tiene la naturaleza de más agradable se presenta ante sus ojos. Se puede recordar en esta ocasión lo que aporté según los filósofos, respecto a la morada de Baco en Nisa y de Proserpina en Sicilia, es una descripción de los Campo Elíseos bajo otros nombres. Es suficiente gemir como Eneas por la desdichada suerte de aquellos que no están guiados por la sacerdotisa de Apolo, estos toman el camino del Tártaro pero no se les ha de seguir, es perder el tiempo así como distraerse contemplándoles; es mejor continuar el camino e ir a colocar el ramo de oro. Empezaba a aparecer la aurora, cuando percibieron los muros del palacio, es decir, que el color negro significado por la noche, empezaba a dar paso al color blanco, llamado luz y día por los filósofos. Caminaron, pues, y habiendo llegado a la puerta Eneas colocó allí el ramo de oro, porque la materia en este estado de blancura imperfecta empieza a fijarse y, en consecuencia a volverse oro de los filósofos. Es por lo que se dice que Eneas hundió su ramo en el umbral de la puerta, pues la puerta indica la entrada a una casa, así como este color blanco imperfecto es un signo del principio de la fijación.

sábado, noviembre 18, 2006

Teseo liberado de los Infiernos






Euristeo no había dado ni un momento de descanso a Hércules, y cada vez estaba más y más celoso de la gloria que este héroe adquiría en sus inmensos trabajos, por eso buscaba por dónde hacerlo fracasar. En consecuencia le ordenó que fuera a los Infiernos para traerle al perro Cerbero. Hércules no se lo hizo repetir dos veces y la dificultad de la empresa sólo hizo reanimar su coraje, además sabía que su amigo Teseo estaba allí detenido y se puso muy contento de poder ir a rescatarlo. Pero antes de emprender esta expedición creyó que sería un buen propósito el volverse propicios a los dioses y para este efecto levantó un altar para cada uno de ellos, a saber, para Júpiter, Neptuno, Juno, Palas, Mercurio, Apolo, las Gracias,
Baco, Diana, Alfeo, Saturno y Rea; después fue a Etolia, donde bebió del agua de una fuente, a la que llamó Lete,[1] porque tenía la virtud de hacer olvidar todo lo que se había visto y hecho anteriormente. Habiendo hecho los sacrificios a los dioses, Hércules se puso como deber realizar esa empresa y entró en el antro de Ténaro; pasó el Aqueronte y los otros ríos de los infiernos y
finalmente llegó a la puerta de la morada de Plutón, donde se encontraba el Cerbero, este dragón tenía tres cabezas de perro y el resto del cuerpo parecía más el de un dragón; era hijo de Tifón y de Equidna.[2] Como era el guardián de la entrada de este tenebroso reino, quiso impedir que Hércules penetrara allí. Su monstruosa figura no sorprendió a Alcides, que luchó con el dragón, lo ató con cadenas y continuó su camino. Finalmente encontró a Teseo y a su compañero Pirítoo, que estaban detenidos allí por haber intentado raptar a Proserpina. Alcides reclamó el retorno de los dos amigos en la morada de los vivientes, pero Aidoneo no quiso conocer el de Pirítoo porque había descendido a los Infiernos por gusto. Dejó, pues, a Pirítoo sentado sobre la piedra donde lo había
encontrado y se llevó a Teseo con él y al mismo tiempo condujo al Cerbero hasta Euristeo. Cuando atravesaba el Aqueronte encontró un álamo blanco del que cortó una rama y se hizo una corona.
Querer darnos las puras fábulas como historias reales es querer equivocarse y equivocar a los demás. Sólo el viaje de Teseo a Egipto para combatir al Minotauro ya debería de hacer dudar de la existencia de este héroe que, como se dice, había tomado a Hércules como modelo al oír los comentarios que ocasionaban sus hazañas. Sin duda el Minotauro no existió en el tiempo de Hércules, pues Euristeo lo hubiera enviado para traérselo. Sin embargo se habría de decir que existió en el tiempo de Alcides, puesto que los atenienses estaban obligados a enviar a Minos en Creta siete jóvenes muchachos y siete doncellas, cada nueve años, para ser devorados por el Minotauro y Teseo no fue de los primeros ni de los segundos que fueron allí.
Pero ¿qué se debe de pensar de Teseo? Sólo su nombre ya lo indica perfectamente, según mi sistema, pues viene de Θής, servidor, criado, y es el nombre
que a menudo los filósofos han dado a su mercurio. El Trevisano[3] lo llama nuestro servidor rojo; Filaleteo y muchos otros lo llaman nuestro servidor fugitivo, a causa de su volatilidad. La fábula lo indica suficientemente al decir que es hijo de Neptuno, puesto que es un agua mercurial; la fábula dice que se propuso tomar a Hércules como modelo porque el mercurio actúa en concierto con el artista. Es por lo que la misma fábula dice que Teseo acompañó a Hércules cuando fue a combatir a las amazonas y que Alcides le dio a Hipólita como recompensa.
Que se siga a Teseo paso a paso en sus expediciones y que se las compare con las de Hércules, se las encontrará totalmente parecidas. Precipitó a Escirón en el agua, en el mismo sitio donde él precipitaba a los viajeros, es decir, que la materia vuelta fija como la piedra es precipitada al fondo del mar de los filósofos por la acción del mercurio, pues σκίρος significa de la piedra. También Hércules precipitó la piedra de Alcioneo, e hizo que a Diomedes se lo comieran sus propios caballos porque él había hecho sufrir la misma muerte a los extranjeros que venían a él. Teseo estranguló a Cerción, Hércules estranguló a Anteo. Teseo mató a Polipemón, de sobrenombre Sinis, que quiere decir mal, pérdida, daño; Hércules mató a Busiris. Teseo hizo morir a un ladrón llamado Perífetes, hijo de Vulcano; también Hércules cortó la vida a un bandido llamado Caco, hijo de Vulcano. Teseo combatió contra los centauros, Hércules también lo hizo. Teseo raptó a Ariadna, Hércules a Deyanira. Tant
o el uno como el otro acabaron con muchos bandidos; también el uno y el otro purgaron diversos países de los monstruos que los infectaban. Igualmente tuvieron diversas mujeres, que abandonaron por otras. Algunos autores dicen que Teseo raptó a la bella Helena, hermana de Cástor y Pólux e hija de Tíndaro. Ya hemos hablado de esta Helena en el capítulo de Cástor y
Pólux y hablaremos de ella en el siguiente libro.
Cuando se sabe lo que es el dragón de las hespérides, el del toisón de oro, el águila que devoraba el hígado de Prometeo, el león de Nemea y etc., todos hermanos o hermanas, hijos de Tifón y Equidna, se sabe lo que era el Cerbero, o perro de tres cabezas, guardián del tenebroso palacio de Plutón, o si se quiere, de Aidoneo, que significa la misma cosa puesto que viene de Α΄ιδης, que es un sobrenombre de Plutón y que significa infierno, a menos que se quiera hacer venir de Α΄ίδων, quemando, cáustico; entonces significará la disolución que se hace de la materia filosófica mientras dura el color negro, llamado Infierno por los adeptos. De buen grado estaré de acuerdo con el abad Banier en que el Cerbero era un dragón encerrado en un antro, puesto que comúnmente los filósofos lo llaman dragón; está encerrado en un antro donde no hay ninguna abertura porque está encerrado en el vaso filosófico. Está constituido guardián de la puerta de los Infiernos, pues para llegar al color negro, que es la entrada de la obra, o la llave, es necesario que la materia se disuelva. Cerbero guarda la entrada de los Infiernos así como el dragón de las hespérides era guardián de la puerta del jardín donde crecían las manzanas de oro, igualmente otro dragón gua
rdaba la puerta del lugar donde el toisón de oro estaba suspendido.
En todas las fábulas se ve que estos monstruos están siempre en la puerta. Flamel[4] ha puesto dos en lugar de uno, porque ha querido significar el combate que se da entre el fijo y el volátil. En otras fábulas se ha supuesto que Hércules mató a estos dragones, aquí se contenta con decir que lo ata para llevarlo hasta Euristeo, pero lo uno y lo otro significan la misma cosa,
puesto que atar o matar son términos metafóricos sinónimos, que los filósofos utilizan para indicar la fijación. Norton, en su obra que lleva por título Crede mihi, emplea muy a menudo el término atar en este sentido. El autor anónimo del Catochémicus, Arnaldo de Vilanova[5] y muchos otros lo utilizan también. En efecto, no habría podido llevar al Cerbero hasta Euristeo si no lo hubiera atado o matado, en el sentido filosófico. Ya he dicho la razón de ello cuando he explicado lo que era Euristeo y el jabalí de Erimanto.
Tras haber atado al Cerbero, Hércules continuó su camino y encontró a Teseo y a Pirítoo, se llevó al primero con él y dejó al otro sentado sobre la piedra donde lo había encontrado. Se dice con
razón que Pirítoo es hijo de Ixión, puesto que Pirítoo significa tentativa inútil, y como Ixión intentó inútilmente tener relación con Juno, le sucedió lo mismo a Pirítoo cuando quiso raptar a Proserpina. Cuando acompañó a Teseo, para raptar a Helena, la suerte decidió, respecto a su posesión, en favor de Teseo y Pirítoo no tuvo ninguna. Teseo le prometió que le ayudaría solamente cuando quisiera raptar a otra mujer que le gustara. Y así lo hizo en el caso de Proserpina, pero Pirítoo fracasó aunque estuviera acompañado de Teseo, que hubiera permanecido con él en el Infierno si Hércules no hubiera venido a liberarlo.
He aquí el contraste y la verdadera diferencia que hay entre un buscador de la piedra filosofal y un verdadero filósofo hermético. Pirítoo es el retrato del primero y Hércules lo es del segundo. Ixión, que la fábula dice, muy a propósito, que es hijo de Flegias, de Φλήγω, quemar, sólo abraza una nube; porque los sopladores sólo tienen el humo, que se parece a una nube, como resultado de sus operaciones. El soplador, hijo de Ixión, también hace tentativas inútiles, aunque algunas veces trabaje sobre la materia requerida, porque no es suficiente tener a Teseo como compañero, también es preciso que Hércules esté con él. Pontano[6] confiesa que durante largo tiempo ha sido un verdadero Pirítoo y que ha fracasado doscientas veces, aunque trabajara sobre la debida materia, pero ignoraba el fuego filosófico, del que finalmente fue instruido mediante la lectura del tratado de Artefio. Si se quema la materia se convertirá en un Ixión, hijo de Flegias, y sólo abrazará humo, o será un Pirítoo y se tendrá como resultado una masa informe y sólida como una piedra y se quedará allí, como él permaneció sobre aquella donde Hércules lo encontró sentado.
No es lo mismo para el verdadero artista. Cuando trabaja sobre la verdadera materia hace que Teseo vaya con él a la morada de los vivientes, es decir, que la hace salir del negro y la hace pasa
r al blanco, tras haber atado al Cerbero. Es lo que la fábula ha querido designar al decir que Hércules se hizo una corona de hojas de álamo blanco, porque las hojas de este árbol son blancas
por encima y como negras por debajo, lo que constituye un verdadero símbolo de la materia filosófica cuya superficie empieza a blanquear mientras que por debajo todavía es negra. Después Hércules condujo al Cerbero hasta Euristeo, como así lo había hecho con el león de Nemea, hermano del Cerbero, con los rebaños de Gerión y los otros monstruos de los que hemos hablado. Es por este motivo que se puede aplicar a los artistas ignorantes estos versos de Virgilio: Fácil es la bajada al Averno; día y noche está abierta la puerta del negro Dite; pero retroceder y restituirse a la auras de la tierra, esto es lo arduo, esto es lo difícil; pocos, y del linaje de los dioses, a quienes fue Júpiter propicio o
a quienes una ardiente virtud remontó a los astros, pudieron lograrlo. (Enéida 6, 27)
Se puede encontrar la verdadera materia de los filósofos, pero la han ocultado bajo nombres tan diferentes que casi no se la puede descubrir sino es por las propiedades que ellos le han dado. El estudioso artista que aspira a la ciencia hermética, pues, debe poner atención al diferente significado de estos equívocos nombres que los filósofos emplean en sus escritos. Espagnet dice:[7] A menudo se expresan de manera que dan a entender lo contrario de lo que piensan, no con el deseo de falsificar o de traicionar la verdad, sino solamente para embrollarla y ocultarla. Y si hay una cosa que ellos ocultan muy aplicadamente es precisamente este ramo de oro que Eneas necesitó para entrar en los Infiernos, este ramo que [...] cuyas hojas y flexible tallo son de oro, el cual está consagrado a la Juno infernal; todo el bosque lo oculta y las sombras lo encierran entre tenebrosos valles y no es dado penetrar en las entrañas de la tierra sino al que haya desgajado del árbol la áurea rama; la hermosa Proserpina tiene dispuesto que éste sea el tributo que se le lleve. Arrancando un primer ramo, brota otro, que se cubre también de hojas de oro; búscale, pues, con la vista, y una vez encontrado, tiéndele la mano, porque si los hados te llaman,
él se desprenderá por sí mismo; de lo contrario, no hay fuerzas, ni aun el duro hierro, que basten para arrancarlo. (Virgilio, Enéida, lib. 6, 29-31)
El mismo Virgilio habla de estos ambages y equívocos en estos términos, un poco más allá de los que hemos citado en primer lugar: Con tales palabras anuncia entre rugidos la Sibila de Cumas, desde el fondo de su cueva, horrendos misterios, envolviendo en términos oscuros cosas verdaderas. Que se siga con atención el relato que hace este poeta del descenso de su héroe a los Infiernos y que se le compare después con lo que hemos dicho hasta aquí y se encontrará en ello una relación perfecta. Allí pone ante los ojos a todos los figurados personajes de las fábulas que hemos explicado, y hace que se les encuentre sobre el camino de Eneas, según el lugar que ocupan en las fabulosas alegorías del orden de las operaciones, como se verá al final del sexto libro de esta obra.
No es suficiente conocer la materia, es preciso también saberla trabajar; se necesita un Alcides para esto y no un Pirítoo, pues Jasón no se hubiera atrevido a emprender la conquista del toisón de oro si no lo hubiera tenido con él. Virgilio parece haber querido indicar la cualidad natural de la tierra de los filósofos, y la manera de cultivarla, cuando dice: Con los céfiros se resquebraja la tierra en terrones, con el arado hundido en el suelo empiece a gemir el toro y a resplandecer la reja gastada por los surcos. (Geórgicas, 1, 44) Yo sólo hago la aplicación de estos versos según Espagnet, que era un filósofo preparado para poderlos aplicar a este propósito.

[1] . Demófato, de rebus Etolia.
[2] . Hesíodo, Teogonía.
[3] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.
[4] . Flamel, Explicación de las Figuras Jeroglíficas.
[5] . Arnaldo de Vilanova, Rosario.
[6] . Pontano, Epístola sobre el fuego.
[7] . Espagnet, canon 15.

sábado, noviembre 11, 2006

Gerión muerto por Hércules que se lleva sus bueyes




Euristeo no se contentó con tener en su posesión el más bello toro de la isla de Creta, el toro que vomitaba fuego por las narices; lo deseaba todo, y envió a Hércules para satisfacer su deseo. Gerión (o Geriones), hombre monstruoso, puesto que tenía tres cabezas o tres cuerpos (hijo de Crisaor,[1] y éste nacido de la sangre de Medusa), tenía un rebaño de bueyes de color púrpura; este rebaño era guardado por un perro de dos cabezas, por un dragón que tenía siete y por un vaquero llamado Euritión. Euristeo quiso tener estos bueyes y mandó a Hércules que los fuera a buscar. A la vista de tantos monstruos la empresa hubiera parecido difícil a cualquier otro que no fuera Hércules, pero él ya había visto otros y además debía obedecer. Partió pues, mató a Gerión y a los guardianes del rebaño y condujo los bueyes hasta Euristeo.
Pero dejemos de lado estas absurdidades [la opinión de los mitólogos respecto a la fábula] que prueban claramente que el autor de esta fábula tenía una idea
de la cual estos mitólogos no veían nada. La verdad arranca aquí una confesión al abad Banier, de la que aparentemente no se da cuenta de su consecuencia, respecto a la explicación que da de los otros trabajos de Hércules: Todo lo que los griegos dicen de los viajes de su Hércules a España y a Cádiz es fabuloso, dice este erudito mitólogo (tomo 3, p. 278). Ruego al lector que no olvide esta confesión. No, Gerión no era rey de España, y no lo era de Epira, pero sí lo era del encantador país donde reinaba Ceres, donde fue raptada Proserpina, era rey de Nisa, donde fue criado Baco; se puede ver su descripción en los capítulos que tratan de estos dioses. Es allí donde reinó Gerión, es en este bello país donde pacía su rebaño de bue
yes de color púrpura, guardado por el perro Orto de dos cabezas y por un dragón que tenía siete.
Gerión es el elixir de los filósofos, venido al color rojo del pavo real que los filósofos llaman Rey, porque es su oro. Tenía tres cuerpos, como siendo compuesto de tres principios, sal, azufre y mercurio. Además de sus tres cuerpos que sólo hacen un hombre, el color de sus bueyes y los guardianes de su rebaño, muestran claramente que esta pretendida historia es una pura alegoría. El perro de dos cabezas es de la misma raza que el Cerbero que tenía tres; el dragón que tenía siete también era hijo de Tifón y de Equidna y ya se sabe lo que se ha de pensar de ello. Pero para que no se nos acuse de avanzar todo esto gratuitamente, veamos si los filósofos nos suministran algunas pruebas para semejantes alegorías. Hermes dice: Veo tres cabezas, es decir, tres espíritus nacidos de un mismo padre, pues ellas sólo hacen uno, sólo componen una misma cosa, siendo del mismo género y de la misma raza; una está en el fuego, la otra en el aire, la tercera en el agua, esto es el azufre, la sal y el mercurio. Hamuel sobre Senior dice también:
nuestra agua de vida es triple, aunque sólo sea una en la que están comprendidos el aire, el fuego y el agua. Esta agua tiene un alma a la que se llama oro y agua divina. Su padre ha reunido estas tres cabezas porque son homogéneas.
Se ha emplazado el reino de Gerión en España por la misma razón que se ha puesto allí el jardín de las hespérides. Un filósofo anónimo[2] ha tomado perfectamente la idea del autor de esta fábula cuando dice: Por la gracia de Dios, el padre y el hijo residen en un mismo sujeto y reinan en un reino magnífico. Entre sus dos cabezas se muestra la de un venerable anciano, es muy remarcable que su manto es de color rojo sangre. Pero en fin, ¿se ha visto jamás en la
naturaleza unos bueyes de color púrpura, y bueyes que, según la fábula, se comían a los que habitaban con ellos? Los bueyes de esta especie ¿no son precisamente esta materia disolvente de los filósofos, que disuelve lo que se pone en el vaso con ella? ¿No son éstos de la misma naturaleza que los caballos de Diomedes? ¿No dan a entender perfectamente lo que se ha de pensar de ello, los parientes de Gerión? Crisaor, su padre, viene de Χρυσός, oro, y su madre Calírroe significa agua bella y corriente, de Καλως, bella, y de ρ΄όω, yo fluyo; porque la circunstancia que el autor de esta fábula ha tenido a la vista es la del elixir al rojo, donde el disolvente o agua mercurial es un agua fluyente que es el principio y la madre, que tras haber disuelto al oro filosófico, o Crisaor, se unen conjuntamente y de este matrimonio nace Gerión. El color del azufre u oro de los filósofos, es el de los bueyes y estos bueyes son la misma cosa que el disolvente que se come a sus huéspedes.
Para llevar a cabo el robo de estos bueyes, Hércules se ve obligado a matar a Gerión, al perro
Orto, al dragón y a Euritión que estaban al cuidado de estos bueyes, es decir, que para llegar a la fijación, significada como hemos visto, por Euristeo, es preciso matar o hacer pudrir conjuntamente las materias que componen el elixir. El perro que tiene dos cabezas es el compuesto del cuerpo disoluble y del disolvente; el dragón con siete cabezas son las siete circulaciones o sublimaciones que se hacen antes de que el compuesto se vuelva fijo. Euritión se dice que es el pastor, porque viene de έρύομαι, guardar, defender.
Pero no era suficiente haber robado estos bueyes, era preciso llevarlos a Euristeo. Hércules sabía bien el camino que debía hacer y debía salvar mil obstáculos que se oponían a su deseo. Si Bochart hubiera reflexionado un poco sobre el camino que tomó Hércules para volver no hubiera trasladado España a Epira. Hércules primero condujo a estos bueyes desde una isla del océano llamada Gardira, en Tartesa, como si se dijera desde una isla flotante a tierra firme, puesto que Gardira viene de γαΐα, tierra, y de δεΐρω, venir e ir. Se ha visto la misma cosa de Delos. Se dice de esta isla que está en el océano o el mar, porque el mercurio filosófico donde flota la isla de los filósofos es llamado también mar por los filósofos.
[1] . Hesíodo, Teogonía.
[2] . Citado por Mayer en su Arcana arcanissima, p. 233.

jueves, noviembre 09, 2006

Hércules y el establo de Augias


Augias, rey de Élide e hijo del Sol, tenía un establo donde se recogían tres mil bueyes. Euristeo, que no podía dejar a Hércules en reposo, le ordenó quitar todo el estiércol de este establo en un día. Hércules obedeció las órdenes de Euristeo. Fue a encontrar a Augias y convino con él que tendría la décima parte de los rebaños de este rey, si ejecutaba en un día tal empresa; la llevó a cabo y Augias rehusó cumplir su promesa. Fue durante esta obra, como lo aprendemos de Pausanias,[1] que Hércules ayudado, por Minerva, fue obligado a batirse con Plutón, que quería castigarlo porque se había llevado de los Infiernos al perro Cerbero y porque hirió a este dios. Esta nueva dificultad que tuvo que superar, vuelve la acción de Hércules aún más memorable. Combatir con un dios y limpiar un establo al mismo tiempo, son dos hechos que merecen ser aliados simultáneamente.
La razón que según Homero obligó a Plutón a ir a Élide para vengarse de Hércules, es el robo de un perro quimérico, el perro Cerbero. Hesíodo y Homero dicen positivamente que es un perro de tres cabezas y así mismo el primero dice que era hijo de Tifón y de Equidna.[2] Se dice que Augias era hijo del Sol porque Αίγή, de donde se ha hecho Augias, significa brillo, resplandor y porque el brillo y el resplandor de la luz son un efecto del Sol. Augias también era rey de Élide, de Ε˝λη, calor del Sol.. Hemos explicado en el capítulo precedente lo que se había de entender de ello.
Augias tenía tres mil bueyes en un establo y Hércules se encargó de limpiarlo en un día. Una obra como esta era muy baja y muy vil como para haber sido emprendida por un tan gran hombre; pues ¿qué héroe es comparable a Hércules? ¿Es que hay algo más bajo que limpiar un establo? Sin embargo se dice que Euristeo impuso este trabajo a Hércules y con la dura obligación de hacer en un sólo día lo que otros cien no habrían podido ejecutar, puesto que allí había todo el estiércol que tres mil bueyes habían hecho durante un largo tiempo. Este trabajo, imposible incluso para un hombre de la fuerza de Hércules, indica que es una pura alegoría.Se ha hablado de los bueyes de Apolo en más de un lugar de la fábula; este dios ha sido su pastor, y se ha visto en el capítulo de Mercurio, que este dios alado le robó algunos de ellos. Yo creería que Augias, hijo del Sol o de Apolo, tenía algunos parecidos por herencia de patrimonio. Hemos explicado extensamente lo que se había de entender por estos bueyes, tanto en los capítulos de Apolo y de Mercurio como en el de Apis; aquí se tratará, pues, solamente del estiércol de estos bueyes; en cuanto al establo, se ve claramente que se refiere al vaso hermético. Todos los filósofos hablan de la materia de la gran
obra o de la medicina dorada, como de una materia extremadamente vil, despreciada y a menudo mezclada con el estiércol; así mismo dicen que se encuentra sobre el estiércol porque tiene muchas porquerías y superfluidades de las que se habría de purgar. Entonces no es sorprendente que este trabajo haya sido impuesto por Euristeo a Hércules, que es el artista. Los testimonios de los filósofos lo prueban mejor que el razonamiento, Morien dice:[3] Los sabios predecesores nuestros dicen, que si encontráis en el estiércol la materia que buscáis debéis cogerla allí, y si no la encontráis allí, debéis tener cuidado con sacar la plata de vuestro bolsillo para comprarla, porque toda materia que se compra a un gran precio es falsa e inútil en nuestra obra. Avicena dice:[4] Encontramos en los libros que Aristote ha escrito sobre las piedras, que se encuentran dos piedras en el estiércol, una de buen olor y la otra de mal olor, las dos despreciadas y de poco valor a los ojos de los hombres; si se supieran sus virtudes, y sus propiedades, se haría gran caso de ellas, pero como se ignoran se las desprecia y se las deja sobre el estiércol en lugares hediondos; pero aquel que supiera hacer la unión encontraría el magisterio. Gratien, citado por Zachaire, dice como Morien: Si la encontráis en el estiércol y os place, tomadla. El autor del Rosario cita a Merculino, que dice: Hay allí una piedra oculta y amortajada en una fuente. Es vil y despreciada, tirada sobre el estiércol y cubierta de porquerías. Arnaldo de Vilanova dice:[5] Ella se vende a un precio vil, incluso no cuesta nada. Bernardo el Trevisano:[6] Esta materia está ante los ojos de todo el mundo y el mundo no la conoce, porque es despreciada y pisoteada con los pies. Morien:[7] Antes de su confección y su perfecta preparación, tiene un hediondo y fétido olor; pero después de que es preparada tiene un buen olor [...] su olor es malo y parecido al de los sepulcros. Calid:[8] Esta piedra es vil, negra, hedionda y no se compra. Pero para probar aún más claramente la razón que el autor de la fábula ha tenido en compararla al
estiércol y en formar su alegoría, escuchemos lo que dice Haimon:[9] Esta piedra que deseáis es aquella que se emplea en el cultivo de las tierras y sirve para volverlas fértiles.
He aquí suficiente para dar a entender lo que era este estiércol de los bueyes de Augias, que Hércules debía llevarse; pero para volver la cosa más palpable añadiremos que este estiércol debe tomarse por la materia en putrefacción, lo que conviene muy bien al estiércol. Además la cosa está indicada por Plutón, que viene a combatir con Hércules y que es herido por una flecha, pues, como hemos visto en el capítulo de Plutón, el imperio tenebroso de este dios no es otra cosa que el color negro que sobreviene a la materia en putrefacción. Se dice que se retira después de haber sido herido por una flecha porque el negro desaparece a medida que la materia se volatiliza. El trabajo del artista consiste, pues, en separar lo puro de lo impuro y en purificar la materia de sus partes heterogéneas, haciéndola pasar por la putrefacción, entonces las porquerías y el estiércol infectarán el vaso representado por el establo, y todo este trabajo se hará en un sólo día; no es que la materia permanezca sólo un día negra y podrida, pues los tres mil bueyes habían morado bastante más de un día en el establo de Augias; pero siendo la disolución perfecta y completa no precisa más de un día para que la materia empiece a manifestar el pequeño círculo blanco del que hemos hablado en el artículo del rapto de Proserpina. Cuando el blanco aparece la putrefacción cesa y en consecuencia ya no hay más estiércol allí.
Hércules había convenido con Augias que en recompensa le daría la décima parte de sus rebaños, puesto que, según el Cosmopolita,[10] es preciso que la fortuna sea bien favorable al artista para que pueda tener más de diez partes. Erant quidem multi qui partim tentabant illuc aquam fontis... Esta agua de la que habla el Cosmopolita debe de extraerse de los rayos del Sol y dichoso el artista que puede tener diez partes. Hércules también reclama a Augias la décima
parte de sus rebaños, o de los bueyes que este hijo del Sol había heredado de su padre. ¿Por qué se dice que Augias rehusó dárselas a Hércules y las guardó para él? Es porque Augias, como hemos dicho, significa esplendor, luz, lo que conviene a la materia venida al color blanco tras el negro, puesto que la materia al blanco es llamada luz, esplendor del Sol; hemos citado muchos textos de los filósofos que lo prueban. Así, cuando el color blanco, símbolo de la limpieza, aparece sobre la materia, el establo de Augias está limpio; Augias guarda para él la décima parte de sus rebaños que había prometido a Hércules, porque la operación continúa y porque aún no es tiempo de que el artista goce de sus trabajos. Hércules irritado destroza todo el país de Augias, esto es porque haciendo el elixir se precisa una nueva disolución, una fermentación. El mismo Augias es atacado por Hércules, que lo hace morir; es la putrefacción que sucede a la fermentación. Hércules consagra los despojos de Augias en la celebración de los juegos olímpicos, porque estos juegos fueron instituidos en honor a esta última operación que hace la perfección de la obra, o medicina dorada.

[1] . Pausanias, In Eliac.
[2] . Hesíodo, Teogonía.
[3] . Morien, Conversación con el rey Calid.
[4] . Avicena, De Animâ, dict. 1, cap. 2.
[5] . Arnaldo de Vilanova, Nueva Luz, cap. 1.
[6] . Bernardo el Trevisano, Op. cit.
[7] . Morien, Filosofía de los Metales.
[8] . Morien, capítulo 9.
[9] . Haimon, Epístola sobre las Piedras de los Filósofos.
[10] . El Cosmopolita, Parábola.