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viernes, septiembre 12, 2008

TABULA SMARAGDINA HERMETIS

He aquí un artículo que me es de especial atención y estudio; su autora es Caroline Thuysbaert, directora de la escuela de humanidades Scholanova, en Bélgica y colaboradora de ediciones Beya. Este artículo apareció en la revista LA PUERTA, nº 60, (Arola Editors), en marzo de 2002, traducido por S. d’Hooghvorst. Un año más tarde fue incluido en la completa obra dirigida por el profesor R. Arola Images Cabalistiques et Alchimiques, nº 1 de la colección Beya. Como podrá comprobar el lector el artículo empieza con una cita del Diccionario Mito-Hermético de Pernety, lo que me ha dado pie para subirlo al blog y ponerlo en compañía de las Fábulas de este mismo autor así como con los otros artículos relacionados. 



LA GRAN OBRA EN UNA FRASE ESTUDIO DE LA TABULA SMARAGDINA HERMETIS Caroline Thuysbaert Traducción. S. d’Hooghvorst Introducción En primer lugar unas palabras de Pernety: Pocas materias han puesto a prueba a los quymicos como el vitriolo común. Lo han tomado por la materia del magisterio de los filósofos; hay que reconocer que nada era más apto para engañar a los que toman al pie de la letra las palabras de los sabios. Han elogiado tanto a esta sal mineral que es muy difícil no caer en la trampa tendida a los ignorantes, al menos aparentemente, ya que todos advierten que no hay que quedarse con las palabras, sino con el sentido que esconden […] Los filósofos aseguran que no se puede hablar más claro que Hermes en su Tabla de Esmeralda, acerca de la materia y de las operaciones de la obra […] Dicha Tabla de Esmeralda, viene acompañada con un emblema quymico encerrado en un doble círculo. Entre ambas circunferencias están escritas las palabras que he citado, Visitabis, etc.[1] De un lado, se ve el sol, debajo, el signo de Marte y debajo de Marte el signo de Saturno. Del otro lado está la Luna, debajo Venus y luego Júpiter. En medio hay una copa en la que caen un rayo de Sol y otro de Luna; bajo el pie de esta copa, está colocado, como para sostenerla, el signo astronómico de Mercurio. Bajo todos estos caracteres hay de un lado un León y del otro una Águila bicéfala, como la de los escudos del imperio […] Los amantes de esta Ciencia podrán reflexionar en ello.[2] ¿Quién, tras algunas lecturas quymicas, no se convierte en “amante de esta Ciencia”? Los enigmas propuestos desde hace siglos por los sabios alquimistas esperan lectores con el espíritu aguzado. La imagen quymica que presentamos y el símbolo del vitriolo también están esperando. Pero estos lectores deben, como así lo escribió también Dom Pernety, reflexionar acerca de estos enigmas, ya que sólo un espejo podrá revelarles todo lo que desean saber.[3] El vitriolo etimológico “Vitriolo” se define comúnmente como un “nombre dado a los sulfatos”. El aceite de vitriolo, a menudo llamado también vitriolo, es un ácido sulfúrico concentrado, muy corrosivo. No obstante, la ciencia moderna y profana sólo ha guardado el sentido vulgar de las ciencias quymicas tradicionales, e importa buscar el verdadero significado de la palabra. Deriva del latín vitrum: ‘vidrio’. Este sulfato tiene, sin lugar a dudas, una apariencia vítrea. También es “aceitoso”, ya que en vitrioleum hay vitri oleum, ‘aceite de vidrio’. Según Canseliet, el vitriolo sería el vaso de los filósofos, el vaso de la naturaleza.[4] Sólo se precisan dos vasos […] Se llama al primero el vaso del Arte y al segundo, el vaso de la Naturaleza. El vaso del Arte es el huevo filosófico que está hecho con un vidrio muy puro, de forma oval.[5] Se pueden componer dos anagramas con vitriol: l’or y vit[6] y trio vil. Las RAÍCES del árbol de la vida […] son como el TRIO VIL que une el cielo y la tierra.[7] El vitriolo es pues, una materia tri-una, aceitosa y vítrea, que realiza la unión de lo que está arriba con lo que está abajo, y contiene el tesoro oculto, el oro, la piedra de los filósofos. Es entonces cuando se trata verdaderamente del vitriolo común, es decir, “como un”, como la unión de dos cosas. El V.I.T.R.I.O.L., un acróstico Este acróstico es conocido: Visita Interiora Térrea Rectificando Invenies Occultum Lapidem. A veces se añade: Et Veram Medicinam. ‘Visita los interiores de la tierra, rectificando encontrarás la piedra oculta y la verdadera medicina’. Toda la Gran Obra está contenida en esta frase. Pero ante todo, hay un secreto, un don, una cábala. Este secreto parece estar celosamente guardado por aquellos que lo experimentaron. Es una muerte iniciática. Es el encuentro, sobre una montaña santa, del espíritu purificado del discípulo, su psique o Eva, con el Hue vagabundo, el mercurio vulgar errante y despreciado, en busca de encarnación; en términos mitológicos: el héroe Ulises o Eneas. El acróstico V ITRIOL no se dirige a los ignorantes, sino más bien a este Hue. Éste es el que, una vez fijado al espíritu iniciado, guiará toda la Obra a su perfección. Es él quien visita los interiores de la tierra, el mundo subterráneo, los Infiernos. En compañía de la Sibila, Eneas bajó pues al infierno mineral donde el oro se depura y donde se incuba la edad de oro.[8] Luego, todo se hace naturalmente, es decir, conforme a la voluntad de la Santa Naturaleza. Ahora dejemos que Eneas vaya hacia su destino bajo la sabia dirección de la Sibila, depositaria del santo lenguaje. Ella realiza fácilmente lo que la avara Dido no ha sabido hacer con la violencia de su amor ciego.[9] Este tesoro, este oro que se esconde en las entrañas de la tierra, debe de ser rectificado. O sea, hay que erguirlo, enderezarlo, ponerlo derecho, o también destilarlo.[10] Esta operación, que es el misterio del Dios que crece en el hombre, también ayudará a este hombre a ponerse recto. Los hombres rectos son aquellos cuya columna vertebral se ha enderezado a partir del sacro. El espíritu recto y simple penetra fácilmente hasta el centro de la tierra donde reposa el oro vivo.[11] La verdad se oculta bajo el velo de las fábulas y las parábolas. Es necesario un espíritu muy recto y muy penetrante para descubrirla […][12] Tras todo este trabajo alquymico, el discípulo hallará la piedra oculta, el objeto de todos sus deseos, que le será medicina para curar su cuerpo y su alma. Interpretación de la imagen El número siete. La imagen alude varias veces al número siete: siete letras en VITRIOL, siete planetas y una estrella de siete puntas. Sólo quedan las siete palabras, prestad atención a lo que significan. Si entendéis bien lo que sigue, jamás conoceréis el fracaso. Cada una de estas palabras significa una ciudad, cada una con una sola puerta. La primera significa el oro: es de un color amarillo perfecto; la otra significa la plata: es de un bello color blanco; la tercera significa el mercurio, es uniformemente gris; la cuarta significa el estaño: es azul como el cielo; la quinta significa el hierro: es roja como la sangre; la sexta significa el cobre: es de un color verde sin mancha; la séptima significa el plomo: es negra como el carbón. Observa bien como yo lo entiendo, compréndeme bien: hay en las puertas de estas ciudades todo el fundamento del Arte. Ninguna de estas ciudades puede nada por sí sola, es preciso que las demás participen. No se puede entrar en ninguna de estas ciudades si las puertas han sido cerradas. Y si no tuvieran puertas, no tendrían ningún poder. Si estas puertas están juntas, dan un resplandor de siete colores, y todas juntas producen una claridad, entonces nada les es comparable en poder.[13] El número siete está relacionado con los siete planetas y, por consiguiente, con el alma del mundo. Tebas tenía siete puertas y estas puertas eran de eléctrum. Siendo siete el número del alma del mundo, o alma creadora, no es difícil sospechar que estas siete puertas no eran más que una sola, cuyo misterioso eléctrum era el más bello ornamento.[14] Además, dos de estos planetas, el Sol y la Luna, se vierten en un vaso, un cáliz. […] El rocío o el espíritu del aire era como este licor,[15] que, según el lenguaje filosófico, proviene de los rayos del Sol y de la Luna, que contiene el principio que hace vegetar toda la naturaleza, y sin el cual nadie puede vivir […].[16] Esta materia proviene, pues, de los rayos de las dos luminarias, y la materia puesta entonces en el vaso pasa por diversos colores. Como las puertas de Tebas, los planetas son una misma cosa: la materia en estadios de preparación distintos. Cuando esta preciosa materia, hija del Sol y de la Luna, está puesta en el vaso filosófico, bien sellado, toma una coloración muy negra […] Luego, la materia blanquea poco a poco. Primero toma el color gris: es Júpiter (el estaño) que sucede a Saturno (el plomo) […]. Por último el color blanco, Artemis, Diana más blanca que la nieve y que sólo se muestra desnuda a los cándidos amantes de la Ciencia […]. La materia, finalmente, tras haber pasado por diversos colores intermedios, vira al rojo. Es la piedra al rojo de la cual se hace el elixir al rojo, excelente medicina de los espíritus y de los cuerpos.[17] ¿Por qué el símbolo del Mercurio ha sido representado debajo del vaso, y más grande? Una cita de Huginus à Barmâ puede aclararlo: Además, el Sol es el macho y la Luna la hembra, y el Mercurio que participa de la naturaleza de ambos, los liga y los conjunta el uno al otro.[18] Los tres escudos Tres escudos están unidos a un anillo mediante cadenas. Se ven tres escudos, que contienen un águila, un león y una estrella; también hay en el centro, finalmente dibujado, el globo imperial; el cielo y la tierra, asimismo, están diligentemente colocados.[19] El globo imperial podría ser el símbolo quymico del vitriolo. También encontraréis las maravillas de la cruz en otros motivos y sobre todo en el vitriolo, aunque no tenga la cruz totalmente perfecta […].[20] Pero aquí el símbolo está rematado por una cruz, para mostrar que el vitriolo ha sido conducido a su perfección. Las dos esferas representan probablemente el Universo: el Cielo y la Tierra. Las líneas curvas indican que estas esferas siempre giran en el mismo sentido, lo cual corresponde al sentido etimológico de la palabra “universo”.[21] ¿Qué representan los tres escudos? Los tres escudos significan en resumen Sal, Azufre y Mercurio. La Sal es un cuerpo sólido, lo mejor que hay en el Arte. El Azufre es el alma, sin él, el cuerpo no puede hacer nada. El Mercurio es el espíritu de la fuerza. Mantiene unidos el alma y el cuerpo. Por ello se le llama el mediador, lo que está hecho sin él no tiene duración, ya que el alma y el cuerpo no podrían morir si el espíritu no estuviera con ellos. Asimismo el alma y el espíritu no existirían si el cuerpo no estuviera con ellos. El cuerpo y el espíritu estarían sin fuerza si el alma no estuviera con ellos. El Arte nos hace saber todo esto: el cuerpo fija y da consistencia, el alma da el color y la tintura, el espíritu da la fluidez y penetra. Por eso no puede haber en este Arte alguno de los tres sin los otros.[22] El león y el águila representan el fijo y el volátil. Los dos, con sus patas y alas, muestran a la vez lo alto y lo bajo. Ambos reunidos hacen el “milagro de una sola cosa”. Las cadenas ligan todos estos elementos. He aquí lo que escribe E. d’Hooghvorst en su comentario acerca de la aventura de los dos niños Cromis y Mansilio, atando al ebrio Sileno: “Lo atan con aquellas mismas guirnaldas”, difícil labor, la de atar la naturaleza sutil y volátil.[23] La Sal, el Azufre y el Mercurio necesitan una atadura muy fuerte. El león y el águila deben estar ligados a la estrella de 7 puntas, siendo 7 la suma del cuadrado y del triángulo. Las dos manos Además de los signos de los metales, ves las manos tendidas la una hacia la otra […]. Las dos manos atestiguan mediante promesa solamente el verdadero fundamento y la verdadera doctrina.[24] Las manos representan la teoría y la práctica, el fundamento y la doctrina. La posición de las manos recuerda el símbolo de la bendición en la Iglesia de oriente. Tres dedos erectos, para significar el misterio de la Trinidad; dos dedos doblados, para enseñar la doble naturaleza de Cristo. Conclusión Esta Tabula Smaragdina Hermetis sólo será verdaderamente entendida por aquel que haya visitado el interior de la tierra, que se hay enderezado y haya alcanzado la piedra oculta. Quien estudie este misterioso dibujo desde el exterior sólo podrá presentir todo su valor y extraer de los buenos autores sentencias capaces de explicarle un poco lo que sospecha. La comprensión de los textos va a la par con la experiencia, “el espíritu y la comprensión avanzan con el orden del horno”, dijo un antiguo maestro, es decir, con la purificación y la cocción del Electrum. Entonces la lectura de los antiguos textos se esclarece al creciente resplandor del espejo de los filósofos. Todo esto está en el poder de Dios y quien quiera entrar en este redil sin pasar por la puerta no es más que un bandido y un ladrón.[25] Si todavía hay hombres inteligentes e Inspirados de Dios en las iglesias, éstos examinarán sus Escrituras hasta el fundamento secreto donde brilla la piedra inquebrantable e imperecedera establecida por Dios, establecida en Dios. L. Cattiaux[26] [1] . Visitabis (o: Visita) interiora térrea, rectificando invenies occultum lapidem. [2] . A.-J. Pernety, Dictionnaire mito-hermétique, ed. Arché, Milán, 1980, voz : « vitriol ». [3] . A este respecto, véase E. d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, t. I, Arola Editors, Tarragona, 2000, pp. 31 y 318. [4] . Véase J. Van Lennep, Alchimie, ed. Crédit Comunal, Bruselas, 1984, p. 202. [5] . Huginus à Barmâ, Le règne de Saturne changé en siècle d’or, ed. P. Derieu, París, 1780, p. 147. [6] . L’or y vit: ‘el oro vive en él’. Según Fulcanelli, este anagrama demostraría que se trata del lugar donde se halla el oro. (Citado por . Van Lennep, op. cit., p. 202). Es lo que parece afirmar también, el acróstico VITRIOL, véase infla. [7] . L. Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, Arola Editors, tarragona, 2000: XXV, 58. [8] . E. d’Hooghvorst, op. cit., p. 122. [9] . Ibidem, p. 123. [10] . Rectificar tiene dos sentidos: un sentido común, ‘enderezar’ y un sentido químico, ‘purificar una cosa, destilándola’. [11] . El Mensaje Reencontrado II, 4’. [12] . Ibidem III, 17. [13] . Du secret des sages, vv. 73-93, in Cahiers de l’Hermétisme, Présence d’Hermès Trismégiste, ed. Albin Michel, París, 1988, p. 219. Comentarios y una traducción de este poema atribuido a un paracelsiano se encuentran en las pp. 184-235. [14] . E. d’Hooghvorst, op. cit., p. 83. [15] . Se trata de un licor: en la imagen, los rayos se vierten como un líquido. [16] . L. de Saint-Didier, Leerte du Secret du Grand-OEuvre, citado por E. d’Hooghvorst, Le Fil de Pénélope, t. II, ed. La Table d’Emeraudde, París, 1998, p. 233. [17] . E. d’Hooghvorst, op. cit., t. II, p. 301. [18] . Huginus à Barmâ, op. cit., p. 68. [19] . Du secret des sages, cit., vv. 15-20. [20] . Douzetemps, Le Mystère de la Croix, ed. Archè, Milán, 1975, p. 208. [21] . Universum, de unus y vertere: ‘que gira en un solo sentido’. [22] . Du secret des sages, cit., p. 107. [23] . E. d’Hooghvorst, op. cit., p. 107. [24] . Du secret des sages, cit., vv. 69-70. [25] . E. d’Hooghvorst, op. cit., t. II, p. 98. [26] . Op. cit., XXIV, 4’.

domingo, agosto 12, 2007

(Artículo del traductor) Midas o la transmutación en oro


Como habíamos dicho ponemos en relación el texto de Pernety,(1) objeto de este blog, con autores contemporáneos, en este caso Emmanuel d’Hooghvorst desde su obra El Hilo de Penélope,(2) con el fin de contrastar y verificar la unanimidad de la tradición mito-hermética en todos los tiempos. Para ello partiremos desde el concentrado resumen de la historia, propiamente dicha, de este Rey Midas, que nos presenta E. d’Hoogvorst (EH):(3) Según la leyenda, era rey de Frigia y famoso por sus inmensas riquezas. Había tratado favorablemente a Sileno, compañero y preceptor de Dioniso. En reconocimiento, el dios prometió concederle todo cuanto pidiera. Midas tuvo la locura de desear ver transformarse en oro todo lo que tocara. Habiendo sido concedido este deseo, todo cuanto tocaba se volvía oro, incluso el alimento y la bebida. Rogó pues al dios que le retirara ese don. Dioniso le ordenó ir donde nace el Pactolo(4) en la cima del monte Tmolo y bañarse en él. Midas perdió así aquel don fatal y el Pactolo empezó a manar oro en sus aguas. Un día, cuando los dioses Pan y Apolo competían, uno con la flauta y el otro con la lira, tomaron a Midas como árbitro, y éste decidió a favor de Pan. Entonces Apolo cambió las orejas de Midas en oreas de asno, que dicho rey escondía bajo un gorro frigio, pero su barbero lo descubrió. Mantener ese secreto le resultaba pesado, pues no podía comunicarlo a nadie; por ello, terminó cavando un hoyo en la tierra al que confió que «el rey Midas tiene orejas de asno». En aquel lugar mismo crecieron cañas que repetían, cuando el viento las agitaba: «El rey Midas tiene orejas de asno». Los antiguos filósofos escondían los secretos más profundos de su saber bajo la ficción de historias poéticas y divertidas. Enseñaban sin profanar y sí transmitían bajo una forma mitológica la memoria de su tradición a la muchedumbre de los avaros e ignorantes. Efectivamente, vemos en este relato un tratado completo de la química cabalística tan acechada y tan poco experimentada. Pernety explica al respecto: Cuando sucede lo que pasa en la obra hermética, cuando se trabaja en el elixir, la fábula de Midas lo representa como en un espejo.(5) Puede recordarse que cuando el Osiris, Denis o Baco de los filósofos se forma se hace una tierra. Esta tierra es como cuando se figura a Baco visitando Frigia, a causa de su virtud ígnea, ardiente y seca, porque φριγια quiere decir tierra tórrida y árida. Se supone que Midas reina allí pero para indicar claramente lo que se debe de entender por este pretendido rey se dice que es hijo de Cibeles o de la Tierra, la misma que es considerada como madre de los dioses filósofo-herméticos. Así Baco, acompañado de sus bacantes y de sus sátiros, de los que Sileno era el jefe y sátiro mismo, deja Tracia para ir hacia el Pactolo que desciende del monte Tmolo, es como si se le dijera el Baco filosófico, donde el azufre tras haber sido disuelto y volatilizado, tiene tendencia a la coagulación, puesto que Θρήκη, Tracia, viene de τέ, correr, o de Θρέω, clamar, gritar tumultuosamente, lo que designa siempre una agitación violenta, como la de la materia fija cuando se volatiliza después de su disolución. Casi no se puede expresar mejor la coagulación que mediante el nombre de Pactolo que viene naturalmente de πακτις, πακτόω, compactus, compingo, juntar, ligar, reunir al uno con el otro. Por esta reunión se forma esta tierra frigia o ígnea y árida, en la que reina Midas. Lo que entonces era volátil es contenido por el fijo o esta tierra. Es Sileno sobre el territorio de Midas. La fuente donde cerca de ella reposa este sátiro es el agua mercurial. Se figura que Midas había puesto allí el vino que Sileno bebió en exceso porque esta agua mercurial, que el Trevisano llama también fuente,(6) y Raimón Llull vino,(7) se vuelve roja a medida que esta tierra se hace más fija. El sueño de Sileno señala el reposo de la parte volátil y las guirnaldas de flores con las que se le ciñó para llevarlo a Midas son los diferentes colores por locuaces pasa la materia antes de llegar a la fijación. Las orgías que celebraron juntos antes de reunirse con Baco son los últimos días que preceden a la perfecta fijación, puesto que ella misma es el término de la obra. Así mismo se puede creer que se ha querido expresar este término mediante el nombre de Denis dado a Baco puesto que puede venir de Διός, y de νίσσα, meta, el dios que es el fin o el término. Los poetas hacen admirables descripciones del Pactolo; cuando quieren describir una región afortunada la comparan al país que riega el Pactolo, en las aguas del cual Midas depositó el funesto don que le había sido comunicado. Creso sin el Pactolo sólo hubiera sido un monarca limitado en su poder e incapaz de excitar los celos de Ciro. Baco está encantado de volver a ver a su padre protector y recompensa a Midas mediante el poder de convertir en oro todo lo que toca. Este dios sólo podía dar lo que poseía en él mismo, era, pues, un dios aurífico. [...] Midas, al haber conducido a Sileno hasta Baco, es decir, la tierra frigia, al haber fijado una parte del volátil lo vuelve todo fijo, y en consecuencia es la piedra transmutante de los filósofos. Él recibió de Baco el poder de transmutar, lo tenía en cuanto a la plata pero en cuanto al oro sólo podía obtener esta propiedad de Baco, porque este dios es la piedra al rojo, pues sólo ella puede convertir lo metales imperfectos en oro.(8) [...] Es preciso, pues, imitar a Midas y hacer una buena acogida a este Sileno, que los filósofos dicen que es hijo de la Luna y el Sol y que la tierra es su nodriza. [...] Al ser esta materia el principio del oro, se tiene razón al considerar a Sileno como padre protector de un dios aurífico. Así mismo ella es el néctar y la ambrosía de los dioses. Ella es, como Sileno, hija de ninfa y ninfa ella misma, puesto que es agua, pero un agua, dicen los filósofos, que no moja las manos. La tierra seca, árida e ígnea, figurada por midas, bebe esta agua ávidamente y en la mezcla que se hace de las dos surgen diferentes colores. Es la acogida que Midas hace a Sileno y las guirnaldas de flores con las que lo liga. En lugar de darnos a Sileno como un gran filósofo se habría encontrado mejor, entrando así en el espíritu de aquel que ha inventado esta ficción, si se hubiera dicho que Sileno era propio en hacer filósofos, siendo la materia misma sobre la cual razonan y trabajan los filósofos herméticos. [...] Finalmente Midas se deshizo del incómodo poder de cambiarlo todo en oro y se lo comunicó al Pactolo lavándose en sus aguas. Es precisamente lo que sucede en la piedra de los filósofos cuando se trata de multiplicar. Entonces se está obligado a ponerla en el agua mercurial, donde el rey del país, dice el Trevisano, debe bañarse. Allí se desnuda de su ropa y su carne sanguínea y colorada para que se vuelvan como él. Esta agua mercurial es verdaderamente un agua Pactolo, puesto que debe coagularse en parte y volverse oro filosófico. A continuación veamos unos fragmentos de la obra de Emmanuel d’Hooghvorst donde el decir de un filósofo desemboca en la creatividad de una poesía contundente y actual. Ebrio de ese vino dionisíaco y preñado del don del oro, el lenguaje Hooghvorstriano fluye cual Pactolo hasta “las Midas” o tierras fijas y ardientes, deseosas de la transmutadora experiencia. A ti, querido lector, dedico esta selección donde EH dice: El poema empieza (XI, 85) con la llegada del dios Baco,(9)que se dirige a Lidia para visitar los viñedos de su amigo Timolo.(10) Un dios tan amable iba siempre acompañado de un séquito de bailarines y flautistas, sátiros y bacantes, y así había conquistado el mundo entero. Pero Sileno(1) está ausente. Titubeaba bajo el peso de los años y de la embriaguez del vino puro (merum). Baco no puede manifestarse en este mundo sin Sileno, su amigo y preceptor. Efectivamente, no se revela más que por la embriaguez de los bacantes, cuyo prototipo es Sileno. Le llamaban preceptor del joven dios pues él es quien le da la palabra. Tiene la cabeza grávida a causa del vino, su andar es titubeante y viene montado sobre un asno de paso lento. Su cabeza se adorna con dos pequeños cuernos de carnero, pues habla con palabras cornudas que expresan simultáneamente sentido vil y sentido puro. ¡Qué genio sabido en este vino raro que se hace en Sileno grávida faz de un dios que desafía este bajo mundo! Nacido de agrícola química, Sileno se revela en escuela campestre. Se comprende, pues, por qué son unos campesinos frigios quienes lo sorprenden. Tras haberle atado con guirnaldas de flores, es decir con vínculos sutiles, le conducen hasta el rey Midas, iniciado en las orgías báquicas por Orfeo y Eumolpo. Al instante, Midas reconoció en Sileno, al amigo, al compañero del dios que celebraba en los misterios. La llegada de un tal huésped es gozosamente celebrada por Midas durante dos veces cinco días y sus noches consecutivas. Al undécimo día, llega el rey a Lidia y está feliz de devolver Sileno al joven dios que había sido su alumno. Hemos dicho que sin Sileno, el amable dios Baco no podía manifestarse aquí abajo. Devolver Sileno a Baco merecía, pues, una recompensa. El dios, feliz de haber vuelto a encontrar a aquél que le había nutrido en este mundo, otorga a Midas la recompensa que éste pide. Haciendo mal uso de los dones del dios, dijo: «¡Consiente que todo lo que mi cuerpo toque se convierta en oro amarillo!» A disgusto, el dios concede este don, lamentándose de que no haya escogido mejor. Al principio, el rey Midas se marcha contento y todo lo que toca se vuelve oro. Lo ve todo de oro. Pero ¡oh desgracia! incluso el alimento y la bebida se convierten en oro. ¡Qué veneno pudo cegar tanto tiempo a aquel Midas que la sombra de química encantó! ¡Oh! ¡el oro mal leído! ¡Qué necio pensando su oro bestialmente! Oro seco, es sed de condenado para ese Príapo engañado sin dote y sin escuela de Arte. «Esta química no me da sentido ni peso de amor», se lamenta el avaro Midas, hambriento y alterado. Alterado por tan fatal novedad, a la vez rico y miserable, sólo piensa en escapar de esta opulencia y empieza a odiar lo que tanto había imaginado. Su riqueza no puede aliviar su hambre, una sed le reseca y le abrasa la garganta; helo aquí torturado por el oro antes tan deseado y, ahora, odiado. El desdichado Midas se vuelve entonces hacia el dios. Le pide socorro confesando su culpa: «¡Perdóname, dios de los toneles! Hemos pecado», implora levantando al cielo sus manos. Ante la confesión del pecador, el dios se apiada de él. El dios magnánimo perdona, pues, a Midas su avariciosa locura y le ordena ir hacia el río vecino(12) de la gran ciudad de Sardes. Así, el rey se sumerge dócilmente en el manantial y la virtud que tenían de cambiar todo en oro confiere a las aguas del Pactolo un color nuevo; este río tiene reflejos dorados y arrastra en sus raudales oro líquido. «¡Qué húmedo raro no sabido por las ciencias rústicas!», se exclamó entonces Midas. Es el secreto de los bacantes. ¡Qué puro saber donde Midas leyó su musa! La vista de este Pactolo que fluye será su musa al curarle su necedad. He aquí el famoso mercurio de los filósofos. ¡Es el oro mismo de los avaros que no era más que un veneno, pero licuado en savia vivificante! Hastiado ahora por las riquezas, Midas frecuentaba los bosques y los campos, al igual que el dios Pan, que moraba en los antros de las montañas. (XI, 146-147) En lo sucesivo, Midas supo este dios Pan en su gruta profunda donde su musa lo liga en secreto forestal. ¡Oh mágico secreto de las musas que despiertan con sus cantos al desconocido dormido! Midas no oye sino la flauta de Pan, pero no es más que una musa agreste. De modo que Midas seguirá el curso de este Pactolo. Incluso una persona simple no perdería este camino sabido en el Pactolo secreto: no es otra cosa sino cocer ese mercurio en un pote bien cubierto. Tal es la obra sobre la que los filósofos tanto han escrito: sólo es cocer y ese mercurio se hará poco a poco cuerpo sonante de un sol nuevo.(13)


1 . Dom Pernety, Las Fábulas Egipcias y Griegas, ed. La Table d’Emeraude, París 1982, traducidas por un servidor y presentadas en este blog, véase la entrada Mayo, 15, 2007. 2 . Emmanuel d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, Arola Editors, Tarragona 2000, tomo I, p. 125.

3 . Según Ovidio, Metamorfosis, XI, 85-193. 4 . Pactolo: este río fluye del monte Tmolo, cadena montañosa que se extiende en Lidia de este a oeste[...] 5 . Respecto al “espejo” al lector podría interesarle leer el último número de la revista LA PUERTA, ya que está dedicada íntegramente al “espejo”, http://www.lapuertaonline.es/ 6 . El Trevisano, Filosofía de los metales. 7 . Raimón Llull, en casi todas sus obras. 8 . Véase lo que se ha dicho, en ete blog, referente a Sileno en el anterior artículo, el cual lleva su nombre por título. 9 . Baco o el dios del vino. En griego Dionisos (Διόνυσος). [...] Las y los bacantes estaban poseídos por el vino del dios y profetizaban. 10 . Timolo, otro nombre de Tmolo. La montaña está aquí divinizada como amiga de Baco. 11 . Sileno y su embriaguez. Baco no puede manifestarse en este mundo más que por la embriauez de Sileno y de los bacantes.[...] 12 . Se trata del Pactolo. 13 . Te recomiendo encarecidamente, querido lector, la lectura de la continuación de la obra de Emmanuel d’Hooghvorst, donde va más allá que Pernety, pues éste llega a insinuar la tercera parte de la obra y Emmanuel la desarrolla plenamente.

domingo, julio 29, 2007

(artículo del traductor) Sileno o la primera materia


En esta ocasión acercaremos unos fragmentos de dos textos referentes al mismo mito. Se trata de la historia del Rey Midas, cuyo autor es el poeta Ovidio,(1) y lo haremos a partir de la explicación que Pernety da a esta fábula(2) y del magnífico y revelador estudio de Emmanuel d’Hooghvorst en su obra El Hilo de Penélope.(3) Pero antes de introducirnos en la fábula de Midas nos detendremos en el curioso personaje de esta historia llamado Sileno, pues merece una atención previa que nos ponga en situación de asimilar su función en el desenlace del cuento.

Así lo hace también Emmanuel d’Hooghvorst (EH) cuando precede lo que él intitula El Rey Midas, un cuento alquímico, con un artículo donde reflexiona sobre la lectura de un Virgilio Alquymista y que titula Chromis et Mnasylus in Antro,(4) donde dice:

No es nuestra intención hacer aquí, a propósito de Virgilio, erudición literaria o histórica. Otros lo hacen y lo han hecho con éxito. Quisiéramos sencillamente mostrar, con algunos ejemplos, lo que podría ser un Virgilio alquymista, comentando la obra entera, que generalmente permanece desconocida con respecto a su sentido fundamental.

[...] Hoy nos ocuparemos de las Bucólicas y concretamente de la VI y del Canto a Sileno.

El poema está centrado en la persona de Sileno, indica su inspiración báquica o dionisíaca, como también lo muestra la referencia a la musa Talía, ya desde los primeros versos:

Nuestra Talía fue la primera en no desdeñar el juego del verso Siracuso. Tampoco se sonrojó por habitar los bosques. (VI, 1-2) (5)

Esta musa de la comedia –dice EH– representa los misterios bajo un aspecto que incita a la risa. El poeta nos dice que «no se sonrojó por habitar los bosques», lo cual es una alusión al aspecto grosero de la primera materia que, efectivamente se encuentra en los antros silvestres. Ramón Llull se expresa así en el capítulo III de su Teoría:

[...] si quieres encontrar esta primera materia, has de saber [...] que se la llamó Forest por comparación con una cosa tosca y cruda.6

Talía era la musa de la comedia, vinculada a los misterios de Baco o Dioniso. Se la representaba con una máscara cómica, un bastón de pastor o una guirnalda de hiedra.

Pero veamos lo que dice Pernety respecto a Sileno:

Se puede recordar también que he explicado a los sátiros y las bacantes como las partes volátiles de la materia que circulan en el vaso. Es la razón que ha hecho decir a los inventores de estas ficciones que el mismo Sileno era un sátiro hijo de una ninfa y del agua y padre de los otros sátiros pues parece que no se podría indicar mejor la materia del arte hermético que mediante el retrato que se nos hace del buen hombre Sileno. Su exterior es grosero, pesado, rústico y parece que hecho para ser puesto en ridículo, propio para excitar la risa en los niños, sin embargo ocultaba algo muy excelente, puesto que la idea que se nos ha querido dar de él es la de un consumado filósofo. Lo mismo sucede con la materia del magisterio, despreciada de todo el mundo, pisada con los pies y así mismo alguna vez sirviendo para jugar a los niños, como dicen los filósofos, ella no tiene nada que atraiga las miradas. Se encuentra por todo como las ninfas, en las cercanías, los campos, los bosques, las montañas, los valles, los jardines, todo el mundo la ve y todo el mundo la desprecia a causa de su vil apariencia, porque es tan común que tanto el pobre como el rico la pueden tener sin que nadie se oponga y sin emplear plata para adquirirla.

[...] Sileno era propio en hacer filósofos, pues es la materia misma sobre la cual razonan y trabajan los filósofos herméticos. Y si Virgilio(7) le hace razonar sobre los principios del mundo, su formación y la de los seres que lo componen, sin duda es porque, si se cree a los discípulos de Hermes, esta materia es la misma de la que todo está hecho en el mundo. Es una porción de esta masa primera e informe que fue el principio de todo.8 Es el más precioso don de la naturaleza y un compendio de la quintaesencia celeste.

Emmanuel d’Hooghvorst lo expresa así:

Tras una introducción que ocupa los doce primeros versos, el poeta [Virgilio] nos describe una escena cuyo encanto campestre no debe hacernos perder de vista el mensaje alquymico, dicha escena es la que intentaremos comentar.

Dos jóvenes, Cromis y Mansilio, descubren a Sileno ebrio y dormitando en un antro silvestre. Se empeñan en atarlo con guirnaldas y Egle, la más hermosa de las náyades, les proporciona su ayuda. Al punto, Sileno despierta y pide a los jóvenes que le liberen de sus ataduras; como rescate les ofrecerá un canto, un carmen, al tiempo que otra recompensa es prometida a Egle. Sileno se pone, pues, a cantar y los faunos y animales salvajes a bailar en cadencia. Dicho canto es, en realidad, una revelación de la Gran Obra o metamorfosis, tal como se la llamaba entonces.

[...] Cromis y Mansilio, niños, vieron a Sileno en un antro dormitando. (IV, 13-14)

Cromis y Mansilio eran, según la tradición, dos jóvenes sátiros, personajes mitológicos con pequeños cuernos y una cola de cabra. Su faz cornuda les venía de su padre, un carnero. Los sátiros, siempre asociados al culto de Baco, aman el vino, los placeres, la música y la danza.

Pero nuestro texto los denomina sencillamente pueri, niños. Se dice que la obra de la piedra no es más que un juego de niños. Así pues, nuestros dos pueri, jugando, dando brincos y haciendo cabriolas, descubrieron el antro de Sileno. Dicen que nadie puede llegar allí solo, siempre hay que ser dos: el maestro y el discípulo.

El antro o caverna de los tesoros es la mina donde se encuentra aquella famosa primera materia mineral, llamada aquí Sileno. Es feo como ella; se le representaron la frente calva, la nariz roma como Sócrates y, además, gordo y redondo como un tonel.

Su sueño indica este mineral en espera de aquella fecundación, la única que puede despertarle, volviéndolo apropiado para la operación de la Gran Obra. Efectivamente, el tesoro que reposa en el antro minero no puede nada por sí solo, es decir, sin la ayuda de un sabio discípulo que opera, según las instrucciones de su maestro, la misteriosa unión de los contrarios.

[...] Conviene interpretar con indulgencia a este Sileno, preceptor y compañero de Dioniso –escribe Michael Maier en su tratado de los Jeroglíficos–(9) al lomo de un joven asno que dobla el espinazo; es para los niños un anciano ridículo, pero en su repliegue posee más de lo que aparentemente promete. De ahí el rumor difundido por Alcibíades(10) respecto al exterior deforme de Sócrates, no obstante muy hermoso en su interior. Un generoso señor a veces mora en una vil casucha y un espíritu de refinada erudición, en un cuerpo cargado de harapos y años. Sin embargo como Pan y los sátiros, compañeros de ruta de Baco y Osiris, Sileno, en realidad, no es más que la primera materia en su estado vil y silvestre, es decir, grosero. Si esta misma materia fuese tratada con dulzura y humanidad, Baco, el omnipotente dios del oro, surgiría pronto para pagar este favor con otro múltiple.

Las venas henchidas, como siempre, del vino de la víspera. (VI, 15)

Iaccho es uno de los nombres de Baco;(11) pero aquí este término significa el vino cuyo dispensador es Baco. Generalmente se representa a Sileno con la cabeza grávida de vino, imagen de esta tierra principio de la obra, y con las venas henchidas de un valioso licor.

Guirnaldas caídas yacían junto a su cabeza (VI, 16)

Las guirnaldas y las cintas indican siempre la naturaleza sutil o volátil; son las influencias celestes que yacen, inútiles, junto a esta tierra adormecida.

[...] «Lo atan con aquellas mismas guirnaldas» difícil labor la de atar la naturaleza sutil y volátil a esta tierra. Dicha labor sería, de hecho, imposible sin la intervención de Egle, de quien nos hablan los versos siguientes:

A aquellos tímidos niños viene a asociarse Egle. Egle, la más hermosa de las náyades. (VI, 20-21)

Egle (Αίγλη) significa en griego “el resplandor del fuego”. Es la más hermosa de las náyades nadando en el gran Océano, que, según la filosofía de los Antiguos, rodea por completo la isla flotante de nuestra tierra. Desgraciadamente, muchos alquimistas quieren obrar sin asegurarse la compañía de esta hermosa y encantadora persona que ilumina la vía de la sabiduría. Podríamos multiplicar las declaraciones de los filósofos acerca de este tema capital. Citemos una de ellas y las habremos citado todas:

La Naturaleza posee una luz propia que no aparece ante nuestra vista, el cuerpo es para nosotros la sombra de la naturaleza; por ello, en el momento en que alguien es iluminado por aquella hermosa luz natural, todas las nubes se disipan y desaparecen ante sus ojos, supera todas las dificultades, todas las cosas son claras para él, presentes y manifiestas.(12)

[...] He aquí la alegría de Sileno al despertar. No hay alegría para esta tierra mientras permanece sola y adormecida. Pero aquí, unos sabios hijos de la filosofía vienen y la riegan con este espíritu fermentativo que la hará vegetar. Es la risa de la primavera. «Desatadme niños»; deberíamos traducir «disolvedme» que también es el sentido más próximo del «solvite» latín. Es una invitación a la vía húmeda de la disolución.

1 . Ovidio, Metamorfosis, XI, 85-193.

2. Las Fábulas Egipcias y Griegas, tomo I, se puede ver en este blog en una reciente entrada del mes de Mayo.

3 . Emmanuel d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, Arola Editors, Tarragona 2000, p. 125.

4 . Idem, p.103.

5 . El verso Siracusa, refiriéndose a los misterios báquicos.

6 . Véase Theatrum Chemicum, ed. Zetzner, Argentorati (Estrasburgo) vol. IV.

7 . Virgilio, Églogas, VI.

8 . Nos queda un ejemplo de esta masa confusa, o materia primera, en esa agua seca que no moja y que se encuentra en las grutas subterráneas e incluso en la orilla de los lagos; impregna todas las cosas con una simiente abundante y se volatiliza al menor calor; si supiéramos extraer de ella los elementos intrínsecos cuando se halla estrechamente unida a su macho y separarlos mediante el Arte y después reunirlos directamente, entonces podríamos jactarnos de haber descubierto un arcano preciosísimo de la Naturaleza y del Arte, e incluso un resumen de la esencia celeste. Espagnet, Filosofía Natural Restituida. Can. 49.

9 . M. Maier, Arcana Arcaníssima, lib. II, se puede encontrar una traducción directa del latín realizada por el profesor Stephane Feye, en http://www.beyaeditions.com/, Les Arcanes Très Secrets de Michael Maier.

10 . Véase el Elogio de Sócretes en boca de Alcibíades en el Banquete de Platón, 215 a-b.

11 . Iaccho era el nombre solemne de Baco en los misterios de Eleusis. Dicho nombre venía de un canto llamado Iaccho.

12 . Le Cosmopolita ou Nouvelle Lumiere Chymique, ed.Retz, París. (Existe una traducción al español: Nueva Luz Química. Los Doce Tratados del Cosmopolita, ed. Fonfría, Madrid 1995) Véase también: Extractos del Cosmopolita o la nueva luz química, en Textos alquímicos, colección La Puerta, ed. DIALT, Barcelona 1997.

martes, mayo 15, 2007

El Rey Midas



Ovidio[1] nos dice que Apolo creyó que la mejor manera de castigar a Midas sería haciéndole crecer las orejas de asno, para hacer conocer a todo el mundo el poco discernimiento de este rey, que había adjudicado la victoria a Pan sobre este dios de la música.
Según relatan los poetas Midas era un rey de Frigia que Orfeo había iniciado en el secreto de las orgías.
Baco, fue un día a ver aquel país, Sileno su protector se separó de él y estando detenido cerca de una fuente de vino en un jardín de Midas, donde crecían las más bellas rosas del mundo, Sileno se embriagó y se durmió. Midas se apercibió de ello y sabiendo la inquietud en la que la ausencia de Sileno había puesto al hijo de Semele, cogió a Sileno lo envolvió de guirnaldas de flores de todas las especies y tras haberle hecho la acogida más amable que le fue posible lo condujo hasta Baco. Éste estuvo encantado de volver a ver a su padre protector y quiso reconocer este beneficio de Midas, para ello le prometió concederle todo lo que le pidiera. Midas pidió que todo lo que tocara se convirtiera en oro, lo que le fue concedido. Pero una tal propiedad se le volvió onerosa puesto que los manjares que le servían para su alimento se convertían en oro en el momento en que los tocaba hasta el punto que iba a morir de hambre, entonces se dirigió al mismo dios para ser liberado de un poder tan incómodo. Baco consintió y le ordenó para ello ir a lavarse las manos en el Pactolo. Así lo hizo y comunicó a las aguas de este río la virtud fatal de la que se desembarazaba.
Cuando sucede lo que pasa en la obra hermética, cuando se trabaja en el elixir, la fábula de Midas lo representa como en un espejo. Puede recordarse que cuando el Osiris, Denis o Baco de los filósofos se forma, se hace una tierra. Esta tierra es como cuando se finge a Baco visitando Frigia, a causa de su virtud ígnea, ardiente y seca, porque φριγία quiere decir terra tórrida & árida, de φρυγω, torreo, arefacio. Se supone que Midas reina allí, pero para indicar claramente lo que se debe de entender por este pretendido rey se le dice hijo de Cibeles o de la Tierra, la misma que es considerada como madre de los dioses filósofo-herméticos. Así Baco, acompañado de sus bacantes y de sus sátiros, de los que Sileno era el jefe y sátiro él mismo, deja Tracia para ir hacia el Pactolo que desciende del monte Tmolo, es precisamente como si se le dijera el Baco filosófico, donde el azufre tras haber sido disuelto y volatilizado, tiene tendencia a la coagulación, puesto que Θρήκη, Thracia, viene de τέ, curro, correr, o de Θρέω, tumultuando clamo, gritar tumultuosamente, lo que designa siempre una agitación violenta, tal como la de la materia fija cuando se volatiliza después de su disolución.
Casi no se puede expresar mejor la coagulación que mediante el nombre de Pactolo que viene naturalmente de πακτις πακτόω, compactus, compingo, juntar, ligar, reunir al uno con el otro. Por esta reunión se forma esta tierra frigia o ígnea y árida, en la cual reina Midas. Lo que era entonces volátil es contenido por el fijo o esta tierra. Es Sileno sobre el territorio de Midas. La fuente donde, cerca de ella, este sátiro reposa, es el agua mercurial. Se figura que Midas había puesto allí el vino del que Sileno bebió con exceso, porque esta agua mercurial, que el Trevisano llama también fuente,[2] y Raimon Llull[3] vino, se vuelve roja a medida que esta tierra se vuelve más fija. El sueño de Sileno señala el reposo de la parte volátil y las guirnaldas de flores que se le ciñó para llevarlo a Midas son los diferentes colores por los cuales la materia pasa antes de llegar a la fijación. Las orgías que celebraron juntos antes de reunirse con Baco son los últimos días que preceden a la perfecta fijación, puesto que ella misma es el término de la obra. Así mismo se podría creer que se ha querido expresar este término por el nombre de Denis dado a Baco; puesto que puede venir de Διός y de νίσσα, meta, el dios que es el fin o el término.
Los poetas hacen descripciones admirables del Pactolo; cuando quieren describir una región afortunada la comparan al país que riega el Pactolo, en las aguas del cual Midas depositó el funesto don que le había sido comunicado. Creso sin el Pactolo no hubiera sido más que un monarca limitado en su poder e incapaz de excitar los celos de Ciro.
Baco está encantado de volver a ver a su padre protector y recompensa a Midas mediante el poder que le da de convertir en oro todo lo que toca. Este dios sólo podía dar lo que poseía en él mismo, era, pues, un dios aurífico. Esta propiedad debería haber ocasionado a los mitólogos algunas reflexiones, pero como han leído las fábulas con un espíritu lleno de prejuicios por la historia o la moral, no han visto nada. El oro es el objeto de pasión de los avariciosos, se finge que Midas pide a Dioniso el poder de hacer todo lo que quisiera, y se concluye que es un avaro, incluso el más avaro de los hombres.


Pero si se hubiera puesto atención al hecho de que es Dioniso el que hace esta demanda y que este dios se la otorga con plena autoridad, sin recurrir a Júpiter su padre, ni a Plutón dios de las riquezas, se habría pensado naturalmente que Baco era un dios de oro, un príncipe aurífico, que puede transmutar él mismo y comunicar a otros el mismo poder de convertir todo en oro, al menos todo lo que es transmutable. Cuando los poetas nos dicen que todo se volvía oro en las manos de Midas, hasta los alimentos que le servían para alimentarse, se ve bien claro que sólo puede entenderse alegóricamente. También es esto una consecuencia natural de lo que había precedido.
Midas, al haber conducido a Sileno hasta Baco, es decir, la tierra frigia, al haber fijado una parte del volátil lo vuelve todo fijo, y en consecuencia es la piedra transmutante de los filósofos. Él recibió de Baco el poder de transmutar, lo tenía en cuanto a la plata, pero sólo podía obtener esta propiedad de Baco, en cuanto al oro, porque este dios es la piedra al rojo, pues sólo ella puede convertir en oro los metales imperfectos. Ya lo he explicado suficientemente en el primer libro, hablando de Osiris, que todo el mundo conviene en que es el mismo que Dioniso o Baco.

Se puede también recordar que he explicado a los sátiros y las bacantes como las partes volátiles de la materia que circulan en el vaso. Es la razón que ha hecho decir a los inventores de estas ficciones que el mismo Sileno era un sátiro hijo de una ninfa y del agua, y el padre de los otros sátiros, pues parece que no se podía indicar mejor la materia del arte hermético que mediante el retrato que se nos hace del buen hombre Sileno. Su exterior es grosero, pesado, rústico y parece que hecho para ser puesto en ridículo, propio para excitar la risa en los niños, sin embargo ocultaba algo muy excelente, puesto que la idea que se nos ha querido dar de él es la de un filósofo consumado. Es lo mismo de la materia del magisterio, despreciada de todo el mundo, pisada con los pies y así mismo alguna vez sirviendo para jugar a los niños, como dicen los filósofos, ella no tiene nada que atraiga las miradas. Se encuentra por todo como las ninfas, en las cercanías, los campos, los bosques, las montañas, los valles, los jardines, todo el mundo la ve y todo el mundo la desprecia a causa de su vil apariencia, porque es tan común que tanto el pobre como el rico la puede tener sin que nadie se oponga y sin emplear plata para adquirirla. Es preciso, pues, imitar a Midas y hacer una buena acogida a este Sileno, que los filósofos dicen que es hijo de la Luna y del Sol y que la tierra es su nodriza. También σελήνη significa Luna, y muy bien se podría haber hecho Sileno de Selene, cambiando la primera e en i, como se hace en lira de λΰρος, plico de πλίκυ, aries de Αριος y cientos de otras palabras parecidas.[4] Así mismo los jonios cambiaban bastante a menudo la ε en ι y decían έπεςιος por ίφίςιος domesticus familiaris; no habría, pues, nada de sorprendente en que se hubiera hecho este cambio para el nombre de Sileno.
Al ser esta materia el principio del oro, se tiene razón al considerar a Sileno como el padre protector de un dios aurífico.
Así mismo ella es el néctar y la ambrosía de los dioses. Ella es, como Sileno, hija de ninfa y ninfa ella misma, puesto que es agua, pero un agua, dicen los filósofos, que no moja las manos. La tierra seca, árida e ígnea, figurada por Midas, bebe esta agua ávidamente, y en la mezcla que se hace de las dos surgen diferentes colores. Es la acogida que Midas hace a Sileno y las guirnaldas de flores con las que lo liga. En lugar de darnos a Sileno como un gran filósofo se habría encontrado mejor, entrando así en el espíritu de aquel que ha inventado esta ficción, si se hubiera dicho que Sileno era propio en hacer filósofos, siendo la materia misma sobre la cual razonan y trabajan los filósofos herméticos.
Y si Virgilio[5] le hace razonar sobre los principios del mundo, su formación y la de los seres que la componen, es sin duda porque, si se cree a los discípulos de Hermes, esta materia es la misma de la que todo está hecho en el mundo. Es un resto de esta masa primera e informe, que fue el principio de todo.[6] Es el más precioso don de la naturaleza y un compendio de la quinta esencia celeste. Elien[7] decía en consecuencia, que aunque Sileno no estuvo entre el número de los dioses, era sin embargo de una naturaleza superior a la del hombre. Es decir francamente, que debería de considerársele como un ser también imaginario como los dioses de la fábula y como las ninfas de las que Hesíodo[8] dice que han salido todos los sátiros.
Finalmente Midas se deshizo del incómodo poder de cambiarlo todo en oro y se lo comunicó al Pactolo lavándose en sus aguas. Es precisamente lo que sucede en la piedra de los filósofos cuando se trata de multiplicar. Entonces se está obligado a ponerla en el agua mercurial, donde el rey del país, dice el Trevisano,[9] debe de bañarse. Allí se desnuda de su ropa de tela de oro fino. Y esta fuente da seguidamente a sus hermanos esta ropa y su carne sanguínea y colorada, para que se vuelvan como él. Esta agua mercurial es verdaderamente un agua Pactolo, puesto que debe de coagularse en parte y volverse oro filosófico.

[1] . Ovidio, Metamorfosis, lib. 2, fábula 4.
[2] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.
[3] . Raimon Llull, En casi todas sus obras.
[4] . Vosius Etimología.
[5] . Virgilio, Églogas, 6.
[6] . Nos queda un ejemplar de esta masa confusa, o de la materia primera, en esa agua seca que no moja y que se encuentra en las grutas subterráneas e incluso en la orilla de los lagos; impregna todas las cosas con una simiente abundante y se volatiliza al menor calor; si supiéramos extraer de ella los elementos intrínsecos cuando se halla estrechamente unida a su macho y separarlos mediante el Arte y, después, reunirlos directamente, entonces podríamos jactarnos de haber descubierto un arcano preciosísimo de la Naturaleza y del Arte, e incluso, un resumen de la esencia celeste. Espagnet, Ench. Phys. Restit. can. 49.
[7] . Elien, Variar. Hist. Lib. 3, cap. 12.
[8] . Hesíodo, Teogonía.
[9] . El Trevisano, Filosofía de los Metales, 4ª parte.