Veamos ahora un fragmento de otra obra de este mismo autor, Raimon Arola, (1) donde cita a Pernety hablando del doble nacimiento de Baco, o hijo filosófico, en el proceso alquímico, y comparándolo a la creación inspirada del artista, paralela por analogía a la regeneración del hombre. El fragmento viene hilado del elogio que Calístrato hace de la obra escultórica de Escopas,(2) concretamente de la estatua de una bacante poseída por el ardiente vino dionisíaco. Los grandes artistas –dice– «reciben los divinos alientos a la hora de crear sus obras, dictadas por el entusiasmo», siendo capaces de transmitir la profundidad del ser a sus obras. El “entusiasmo” del que habla Calístrato (pues decía: también las manos de los escultores reciben los divinos alientos a la hora de crear sus obras, dictadas por el entusiasmo.) significa etimológicamente “estar poseído por una divinidad”, lo que en castellano sonaría como “endiosamiento”. Las obras de Escopas están embebidas de Dios, no nacen del saber humano, sino que son hijas del cielo. He aquí una de las enseñanzas básicas de las estatuas vivas, que, sin duda, podemos aplicar al misterio del hombre. El hombre al nacer inspira la influencia de los astros que recibe por medio del aire. Así, cuando los pulmones del hombre se abren por primera vez para respirar, el individuo queda marcado por el destino de los astros, es el nacimiento del hombre al mundo. Ahora bien, por medio del entusiasmo, la inspiración viene de un lugar superior, es decir, de los dioses. De esta manera el hombre nace una segunda vez, su espíritu ya no está marcado por el destino de los astros, sino por la providencia de la divinidad, por el mundo de las Ideas. La supuesta vida de las estatuas es un ejemplo, y una enseñanza, de este segundo nacimiento del hombre. El soplo divino penetra y anima las estatuas, tal como dice Calístrato refiriéndose a la obra de Escopas: «sabía abandonarse al delirio báquico y acompañar en su danza al dios que, desde dentro, la animaba». Platón en Fedro explicó los presupuestos filosóficos del entusiasmo y, por lo tanto, del segundo nacimiento del hombre. Para Platón el alma, antes de caer en el cuerpo, existía en las regiones celestes, donde por la simple contemplación de la verdad del mundo de las Ideas se nutría y gozaba. Allí el alma, bañada en la luz verdadera, contemplaba sin cesar el bien, la justicia, la sabiduría y la belleza más armónica de las Ideas. Pero cuando las almas bajan hacia los cuerpos por el deseo de las oscuras realidades terrenas, entonces dejan de beber la ambrosía de la luz celeste y la sustituyen por las negras aguas del río Leteo, el río del olvido; ya que en el momento en que las almas bajan a este mundo olvidan las realidades divinas y las Ideas. Por medio de la filosofía, el hombre encuentra las «alas» que le permitirán ascender de nuevo hacia la realidad primera. (Estas son las alas que construye Dédalo para escapar del Laberinto de este mundo). El hombre amante de la sabiduría es transportado hacia los dioses. A esta elevación Platón la denomina furor divino.
miércoles, agosto 29, 2007
(artículo del traductor) El Doble Nacimiento del Baco Filosófico
Veamos ahora un fragmento de otra obra de este mismo autor, Raimon Arola, (1) donde cita a Pernety hablando del doble nacimiento de Baco, o hijo filosófico, en el proceso alquímico, y comparándolo a la creación inspirada del artista, paralela por analogía a la regeneración del hombre. El fragmento viene hilado del elogio que Calístrato hace de la obra escultórica de Escopas,(2) concretamente de la estatua de una bacante poseída por el ardiente vino dionisíaco. Los grandes artistas –dice– «reciben los divinos alientos a la hora de crear sus obras, dictadas por el entusiasmo», siendo capaces de transmitir la profundidad del ser a sus obras. El “entusiasmo” del que habla Calístrato (pues decía: también las manos de los escultores reciben los divinos alientos a la hora de crear sus obras, dictadas por el entusiasmo.) significa etimológicamente “estar poseído por una divinidad”, lo que en castellano sonaría como “endiosamiento”. Las obras de Escopas están embebidas de Dios, no nacen del saber humano, sino que son hijas del cielo. He aquí una de las enseñanzas básicas de las estatuas vivas, que, sin duda, podemos aplicar al misterio del hombre. El hombre al nacer inspira la influencia de los astros que recibe por medio del aire. Así, cuando los pulmones del hombre se abren por primera vez para respirar, el individuo queda marcado por el destino de los astros, es el nacimiento del hombre al mundo. Ahora bien, por medio del entusiasmo, la inspiración viene de un lugar superior, es decir, de los dioses. De esta manera el hombre nace una segunda vez, su espíritu ya no está marcado por el destino de los astros, sino por la providencia de la divinidad, por el mundo de las Ideas. La supuesta vida de las estatuas es un ejemplo, y una enseñanza, de este segundo nacimiento del hombre. El soplo divino penetra y anima las estatuas, tal como dice Calístrato refiriéndose a la obra de Escopas: «sabía abandonarse al delirio báquico y acompañar en su danza al dios que, desde dentro, la animaba». Platón en Fedro explicó los presupuestos filosóficos del entusiasmo y, por lo tanto, del segundo nacimiento del hombre. Para Platón el alma, antes de caer en el cuerpo, existía en las regiones celestes, donde por la simple contemplación de la verdad del mundo de las Ideas se nutría y gozaba. Allí el alma, bañada en la luz verdadera, contemplaba sin cesar el bien, la justicia, la sabiduría y la belleza más armónica de las Ideas. Pero cuando las almas bajan hacia los cuerpos por el deseo de las oscuras realidades terrenas, entonces dejan de beber la ambrosía de la luz celeste y la sustituyen por las negras aguas del río Leteo, el río del olvido; ya que en el momento en que las almas bajan a este mundo olvidan las realidades divinas y las Ideas. Por medio de la filosofía, el hombre encuentra las «alas» que le permitirán ascender de nuevo hacia la realidad primera. (Estas son las alas que construye Dédalo para escapar del Laberinto de este mundo). El hombre amante de la sabiduría es transportado hacia los dioses. A esta elevación Platón la denomina furor divino.
domingo, agosto 12, 2007
(Artículo del traductor) Midas o la transmutación en oro
Como habíamos dicho ponemos en relación el texto de Pernety,(1) objeto de este blog, con autores contemporáneos, en este caso Emmanuel d’Hooghvorst desde su obra El Hilo de Penélope,(2) con el fin de contrastar y verificar la unanimidad de la tradición mito-hermética en todos los tiempos. Para ello partiremos desde el concentrado resumen de la historia, propiamente dicha, de este Rey Midas, que nos presenta E. d’Hoogvorst (EH):(3) Según la leyenda, era rey de Frigia y famoso por sus inmensas riquezas. Había tratado favorablemente a Sileno, compañero y preceptor de Dioniso. En reconocimiento, el dios prometió concederle todo cuanto pidiera. Midas tuvo la locura de desear ver transformarse en oro todo lo que tocara. Habiendo sido concedido este deseo, todo cuanto tocaba se volvía oro, incluso el alimento y la bebida. Rogó pues al dios que le retirara ese don. Dioniso le ordenó ir donde nace el Pactolo(4) en la cima del monte Tmolo y bañarse en él. Midas perdió así aquel don fatal y el Pactolo empezó a manar oro en sus aguas. Un día, cuando los dioses Pan y Apolo competían, uno con la flauta y el otro con la lira, tomaron a Midas como árbitro, y éste decidió a favor de Pan. Entonces Apolo cambió las orejas de Midas en oreas de asno, que dicho rey escondía bajo un gorro frigio, pero su barbero lo descubrió. Mantener ese secreto le resultaba pesado, pues no podía comunicarlo a nadie; por ello, terminó cavando un hoyo en la tierra al que confió que «el rey Midas tiene orejas de asno». En aquel lugar mismo crecieron cañas que repetían, cuando el viento las agitaba: «El rey Midas tiene orejas de asno».
1 . Dom Pernety, Las Fábulas Egipcias y Griegas, ed. La Table d’Emeraude, París 1982, traducidas por un servidor y presentadas en este blog, véase la entrada Mayo, 15, 2007. 2 . Emmanuel d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, Arola Editors, Tarragona 2000, tomo I, p. 125.
3 . Según Ovidio, Metamorfosis, XI, 85-193.
domingo, julio 29, 2007
(artículo del traductor) Sileno o la primera materia
En esta ocasión acercaremos unos fragmentos de dos textos referentes al mismo mito. Se trata de la historia del Rey Midas, cuyo autor es el poeta Ovidio,(1) y lo haremos a partir de la explicación que Pernety da a esta fábula(2) y del magnífico y revelador estudio de Emmanuel d’Hooghvorst en su obra El Hilo de Penélope.(3) Pero antes de introducirnos en la fábula de Midas nos detendremos en el curioso personaje de esta historia llamado Sileno, pues merece una atención previa que nos ponga en situación de asimilar su función en el desenlace del cuento. Así lo hace también Emmanuel d’Hooghvorst (EH) cuando precede lo que él intitula El Rey Midas, un cuento alquímico, con un artículo donde reflexiona sobre la lectura de un Virgilio Alquymista y que titula Chromis et Mnasylus in Antro,(4) donde dice:
No es nuestra intención hacer aquí, a propósito de Virgilio, erudición literaria o histórica. Otros lo hacen y lo han hecho con éxito. Quisiéramos sencillamente mostrar, con algunos ejemplos, lo que podría ser un Virgilio alquymista, comentando la obra entera, que generalmente permanece desconocida con respecto a su sentido fundamental.
[...] Hoy nos ocuparemos de las Bucólicas y concretamente de la VI y del Canto a Sileno.
El poema está centrado en la persona de Sileno, indica su inspiración báquica o dionisíaca, como también lo muestra la referencia a la musa Talía, ya desde los primeros versos:
Nuestra Talía fue la primera en no desdeñar el juego del verso Siracuso. Tampoco se sonrojó por habitar los bosques. (VI, 1-2) (5)
Esta musa de la comedia –dice EH– representa los misterios bajo un aspecto que incita a la risa. El poeta nos dice que «no se sonrojó por habitar los bosques», lo cual es una alusión al aspecto grosero de la primera materia que, efectivamente se encuentra en los antros silvestres. Ramón Llull se expresa así en el capítulo III de su Teoría:
[...] si quieres encontrar esta primera materia, has de saber [...] que se la llamó Forest por comparación con una cosa tosca y cruda.6
Talía era la musa de la comedia, vinculada a los misterios de Baco o Dioniso. Se la representaba con una máscara cómica, un bastón de pastor o una guirnalda de hiedra.
Pero veamos lo que dice Pernety respecto a Sileno:
Se puede recordar también que he explicado a los sátiros y las bacantes como las partes volátiles de la materia que circulan en el vaso. Es la razón que ha hecho decir a los inventores de estas ficciones que el mismo Sileno era un sátiro hijo de una ninfa y del agua y padre de los otros sátiros pues parece que no se podría indicar mejor la materia del arte hermético que mediante el retrato que se nos hace del buen hombre Sileno. Su exterior es grosero, pesado, rústico y parece que hecho para ser puesto en ridículo, propio para excitar la risa en los niños, sin embargo ocultaba algo muy excelente, puesto que la idea que se nos ha querido dar de él es la de un consumado filósofo. Lo mismo sucede con la materia del magisterio, despreciada de todo el mundo, pisada con los pies y así mismo alguna vez sirviendo para jugar a los niños, como dicen los filósofos, ella no tiene nada que atraiga las miradas. Se encuentra por todo como las ninfas, en las cercanías, los campos, los bosques, las montañas, los valles, los jardines, todo el mundo la ve y todo el mundo la desprecia a causa de su vil apariencia, porque es tan común que tanto el pobre como el rico la pueden tener sin que nadie se oponga y sin emplear plata para adquirirla.
[...] Sileno era propio en hacer filósofos, pues es la materia misma sobre la cual razonan y trabajan los filósofos herméticos. Y si Virgilio(7) le hace razonar sobre los principios del mundo, su formación y la de los seres que lo componen, sin duda es porque, si se cree a los discípulos de Hermes, esta materia es la misma de la que todo está hecho en el mundo. Es una porción de esta masa primera e informe que fue el principio de todo.8 Es el más precioso don de la naturaleza y un compendio de la quintaesencia celeste.
Emmanuel d’Hooghvorst lo expresa así:
Tras una introducción que ocupa los doce primeros versos, el poeta [Virgilio] nos describe una escena cuyo encanto campestre no debe hacernos perder de vista el mensaje alquymico, dicha escena es la que intentaremos comentar.
Dos jóvenes, Cromis y Mansilio, descubren a Sileno ebrio y dormitando en un antro silvestre. Se empeñan en atarlo con guirnaldas y Egle, la más hermosa de las náyades, les proporciona su ayuda. Al punto, Sileno despierta y pide a los jóvenes que le liberen de sus ataduras; como rescate les ofrecerá un canto, un carmen, al tiempo que otra recompensa es prometida a Egle. Sileno se pone, pues, a cantar y los faunos y animales salvajes a bailar en cadencia. Dicho canto es, en realidad, una revelación de la Gran Obra o metamorfosis, tal como se la llamaba entonces.
[...] Cromis y Mansilio, niños, vieron a Sileno en un antro dormitando. (IV, 13-14)
Cromis y Mansilio eran, según la tradición, dos jóvenes sátiros, personajes mitológicos con pequeños cuernos y una cola de cabra. Su faz cornuda les venía de su padre, un carnero. Los sátiros, siempre asociados al culto de Baco, aman el vino, los placeres, la música y la danza.
Pero nuestro texto los denomina sencillamente pueri, niños. Se dice que la obra de la piedra no es más que un juego de niños. Así pues, nuestros dos pueri, jugando, dando brincos y haciendo cabriolas, descubrieron el antro de Sileno. Dicen que nadie puede llegar allí solo, siempre hay que ser dos: el maestro y el discípulo.
El antro o caverna de los tesoros es la mina donde se encuentra aquella famosa primera materia mineral, llamada aquí Sileno. Es feo como ella; se le representaron la frente calva, la nariz roma como Sócrates y, además, gordo y redondo como un tonel.
Su sueño indica este mineral en espera de aquella fecundación, la única que puede despertarle, volviéndolo apropiado para la operación de la Gran Obra. Efectivamente, el tesoro que reposa en el antro minero no puede nada por sí solo, es decir, sin la ayuda de un sabio discípulo que opera, según las instrucciones de su maestro, la misteriosa unión de los contrarios.
[...] Conviene interpretar con indulgencia a este Sileno, preceptor y compañero de Dioniso –escribe Michael Maier en su tratado de los Jeroglíficos–(9) al lomo de un joven asno que dobla el espinazo; es para los niños un anciano ridículo, pero en su repliegue posee más de lo que aparentemente promete. De ahí el rumor difundido por Alcibíades(10) respecto al exterior deforme de Sócrates, no obstante muy hermoso en su interior. Un generoso señor a veces mora en una vil casucha y un espíritu de refinada erudición, en un cuerpo cargado de harapos y años. Sin embargo como Pan y los sátiros, compañeros de ruta de Baco y Osiris, Sileno, en realidad, no es más que la primera materia en su estado vil y silvestre, es decir, grosero. Si esta misma materia fuese tratada con dulzura y humanidad, Baco, el omnipotente dios del oro, surgiría pronto para pagar este favor con otro múltiple.
Las venas henchidas, como siempre, del vino de la víspera. (VI, 15)
Iaccho es uno de los nombres de Baco;(11) pero aquí este término significa el vino cuyo dispensador es Baco. Generalmente se representa a Sileno con la cabeza grávida de vino, imagen de esta tierra principio de la obra, y con las venas henchidas de un valioso licor.
Guirnaldas caídas yacían junto a su cabeza (VI, 16)
Las guirnaldas y las cintas indican siempre la naturaleza sutil o volátil; son las influencias celestes que yacen, inútiles, junto a esta tierra adormecida.
[...] «Lo atan con aquellas mismas guirnaldas» difícil labor la de atar la naturaleza sutil y volátil a esta tierra. Dicha labor sería, de hecho, imposible sin la intervención de Egle, de quien nos hablan los versos siguientes:
A aquellos tímidos niños viene a asociarse Egle. Egle, la más hermosa de las náyades. (VI, 20-21)
Egle (Αίγλη) significa en griego “el resplandor del fuego”. Es la más hermosa de las náyades nadando en el gran Océano, que, según la filosofía de los Antiguos, rodea por completo la isla flotante de nuestra tierra. Desgraciadamente, muchos alquimistas quieren obrar sin asegurarse la compañía de esta hermosa y encantadora persona que ilumina la vía de la sabiduría. Podríamos multiplicar las declaraciones de los filósofos acerca de este tema capital. Citemos una de ellas y las habremos citado todas:
La Naturaleza posee una luz propia que no aparece ante nuestra vista, el cuerpo es para nosotros la sombra de la naturaleza; por ello, en el momento en que alguien es iluminado por aquella hermosa luz natural, todas las nubes se disipan y desaparecen ante sus ojos, supera todas las dificultades, todas las cosas son claras para él, presentes y manifiestas.(12)
[...] He aquí la alegría de Sileno al despertar. No hay alegría para esta tierra mientras permanece sola y adormecida. Pero aquí, unos sabios hijos de la filosofía vienen y la riegan con este espíritu fermentativo que la hará vegetar. Es la risa de la primavera. «Desatadme niños»; deberíamos traducir «disolvedme» que también es el sentido más próximo del «solvite» latín. Es una invitación a la vía húmeda de la disolución.
1 . Ovidio, Metamorfosis, XI, 85-193.
2. Las Fábulas Egipcias y Griegas, tomo I, se puede ver en este blog en una reciente entrada del mes de Mayo.
3 . Emmanuel d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, Arola Editors, Tarragona 2000, p. 125.
4 . Idem, p.103.
5 . El verso Siracusa, refiriéndose a los misterios báquicos.
6 . Véase Theatrum Chemicum, ed. Zetzner, Argentorati (Estrasburgo) vol. IV.
7 . Virgilio, Églogas, VI.
8 . Nos queda un ejemplo de esta masa confusa, o materia primera, en esa agua seca que no moja y que se encuentra en las grutas subterráneas e incluso en la orilla de los lagos; impregna todas las cosas con una simiente abundante y se volatiliza al menor calor; si supiéramos extraer de ella los elementos intrínsecos cuando se halla estrechamente unida a su macho y separarlos mediante el Arte y después reunirlos directamente, entonces podríamos jactarnos de haber descubierto un arcano preciosísimo de la Naturaleza y del Arte, e incluso un resumen de la esencia celeste. Espagnet, Filosofía Natural Restituida. Can. 49.
9 . M. Maier, Arcana Arcaníssima, lib. II, se puede encontrar una traducción directa del latín realizada por el profesor Stephane Feye, en http://www.beyaeditions.com/, Les Arcanes Très Secrets de Michael Maier.
10 . Véase el Elogio de Sócretes en boca de Alcibíades en el Banquete de Platón, 215 a-b.
11 . Iaccho era el nombre solemne de Baco en los misterios de Eleusis. Dicho nombre venía de un canto llamado Iaccho.
12 . Le Cosmopolita ou Nouvelle Lumiere Chymique, ed.Retz, París. (Existe una traducción al español: Nueva Luz Química. Los Doce Tratados del Cosmopolita, ed. Fonfría, Madrid 1995) Véase también: Extractos del Cosmopolita o la nueva luz química, en Textos alquímicos, colección La Puerta, ed. DIALT, Barcelona 1997.
martes, mayo 15, 2007
El Rey Midas
Ovidio[1] nos dice que Apolo creyó que la mejor manera de castigar a Midas sería haciéndole crecer las orejas de asno, para hacer conocer a todo el mundo el poco discernimiento de este rey, que había adjudicado la victoria a Pan sobre este dios de la música.
Según relatan los poetas Midas era un rey de Frigia que Orfeo había iniciado en el secreto de las orgías.
Baco, fue un día a ver aquel país, Sileno su protector se separó de él y estando detenido cerca de una fuente de vino en un jardín de Midas, donde crecían las más bellas rosas del mundo, Sileno se embriagó y se durmió. Midas se apercibió de ello y sabiendo la inquietud en la que la ausencia de Sileno había puesto al hijo de Semele, cogió a Sileno lo envolvió de guirnaldas de flores de todas las especies y tras haberle hecho la acogida más amable que le fue posible lo condujo hasta Baco. Éste estuvo encantado de volver a ver a su padre protector y quiso reconocer este beneficio de Midas, para ello le prometió concederle todo lo que le pidiera. Midas pidió que todo lo que tocara se convirtiera en oro, lo que le fue concedido. Pero una tal propiedad se le volvió onerosa puesto que los manjares que le servían para su alimento se convertían en oro en el momento en que los tocaba hasta el punto que iba a morir de hambre, entonces se dirigió al mismo dios para ser liberado de un poder tan incómodo. Baco consintió y le ordenó para ello ir a lavarse las manos en el Pactolo. Así lo hizo y comunicó a las aguas de este río la virtud fatal de la que se desembarazaba.
Cuando sucede lo que pasa en la obra hermética, cuando se trabaja en el elixir, la fábula de Midas lo representa como en un espejo. Puede recordarse que cuando el Osiris, Denis o Baco de los filósofos se forma, se hace una tierra. Esta tierra es como cuando se finge a Baco visitando Frigia, a causa de su virtud ígnea, ardiente y seca, porque φριγία quiere decir terra tórrida & árida, de φρυγω, torreo, arefacio. Se supone que Midas reina allí, pero para indicar claramente lo que se debe de entender por este pretendido rey se le dice hijo de Cibeles o de la Tierra, la misma que es considerada como madre de los dioses filósofo-herméticos. Así Baco, acompañado de sus bacantes y de sus sátiros, de los que Sileno era el jefe y sátiro él mismo, deja Tracia para ir hacia el Pactolo que desciende del monte Tmolo, es precisamente como si se le dijera el Baco filosófico, donde el azufre tras haber sido disuelto y volatilizado, tiene tendencia a la coagulación, puesto que Θρήκη, Thracia, viene de τέ, curro, correr, o de Θρέω, tumultuando clamo, gritar tumultuosamente, lo que designa siempre una agitación violenta, tal como la de la materia fija cuando se volatiliza después de su disolución.
Casi no se puede expresar mejor la coagulación que mediante el nombre de Pactolo que viene naturalmente de πακτις πακτόω, compactus, compingo, juntar, ligar, reunir al uno con el otro. Por esta reunión se forma esta tierra frigia o ígnea y árida, en la cual reina Midas. Lo que era entonces volátil es contenido por el fijo o esta tierra. Es Sileno sobre el territorio de Midas. La fuente donde, cerca de ella, este sátiro reposa, es el agua mercurial. Se figura que Midas había puesto allí el vino del que Sileno bebió con exceso, porque esta agua mercurial, que el Trevisano llama también fuente,[2] y Raimon Llull[3] vino, se vuelve roja a medida que esta tierra se vuelve más fija. El sueño de Sileno señala el reposo de la parte volátil y las guirnaldas de flores que se le ciñó para llevarlo a Midas son los diferentes colores por los cuales la materia pasa antes de llegar a la fijación. Las orgías que celebraron juntos antes de reunirse con Baco son los últimos días que preceden a la perfecta fijación, puesto que ella misma es el término de la obra. Así mismo se podría creer que se ha querido expresar este término por el nombre de Denis dado a Baco; puesto que puede venir de Διός y de νίσσα, meta, el dios que es el fin o el término.Los poetas hacen descripciones admirables del Pactolo; cuando quieren describir una región afortunada la comparan al país que riega el Pactolo, en las aguas del cual Midas depositó el funesto don que le había sido comunicado. Creso sin el Pactolo no hubiera sido más que un monarca limitado en su poder e incapaz de excitar los celos de Ciro.
Baco está encantado de volver a ver a su padre protector y recompensa a Midas mediante el poder que le da de convertir en oro todo lo que toca. Este dios sólo podía dar lo que poseía en él mismo, era, pues, un dios aurífico. Esta propiedad debería haber ocasionado a los mitólogos algunas reflexiones, pero como han leído las fábulas con un espíritu lleno de prejuicios por la historia o la moral, no han visto nada. El oro es el objeto de pasión de los avariciosos, se finge que Midas pide a Dioniso el poder de hacer todo lo que quisiera, y se concluye que es un avaro, incluso el más avaro de los hombres.Pero si se hubiera puesto atención al hecho de que es Dioniso el que hace esta demanda y que este dios se la otorga con plena autoridad, sin recurrir a Júpiter su padre, ni a Plutón dios de las riquezas, se habría pensado naturalmente que Baco era un dios de oro, un príncipe aurífico, que puede transmutar él mismo y comunicar a otros el mismo poder de convertir todo en oro, al menos todo lo que es transmutable. Cuando los poetas nos dicen que todo se volvía oro en las manos de Midas, hasta los alimentos que le servían para alimentarse, se ve bien claro que sólo puede entenderse alegóricamente. También es esto una consecuencia natural de lo que había precedido.
Midas, al haber conducido a Sileno hasta Baco, es decir, la tierra frigia, al haber fijado una parte del volátil lo vuelve todo fijo, y en consecuencia es la piedra transmutante de los filósofos. Él recibió de Baco el poder de transmutar, lo tenía en cuanto a la plata, pero sólo podía obtener esta propiedad de Baco, en cuanto al oro, porque este dios es la piedra al rojo, pues sólo ella puede convertir en oro los metales imperfectos. Ya lo he explicado suficientemente en el primer libro, hablando de Osiris, que todo el mundo conviene en que es el mismo que Dioniso o Baco.
Se puede también recordar que he explicado a los sátiros y las bacantes como las partes volátiles de la materia que circulan en el vaso. Es la razón que ha hecho decir a los inventores de estas ficciones que el mismo Sileno era un sátiro hijo de una ninfa y del agua, y el padre de los otros sátiros, pues parece que no se podía indicar mejor la materia del arte hermético que mediante el retrato que se nos hace del buen hombre Sileno. Su exterior es grosero, pesado, rústico y parece que hecho para ser puesto en ridículo, propio para excitar la risa en los niños, sin embargo ocultaba algo muy excelente, puesto que la idea que se nos ha querido dar de él es la de un filósofo consumado. Es lo mismo de la materia del magisterio, despreciada de todo el mundo, pisada con los pies y así mismo alguna vez sirviendo para jugar a los niños, como dicen los filósofos, ella no tiene nada que atraiga las miradas. Se encuentra por todo como las ninfas, en las cercanías, los campos, los bosques, las montañas, los valles, los jardines, todo el mundo la ve y todo el mundo la desprecia a causa de su vil apariencia, porque es tan común que tanto el pobre como el rico la puede tener sin que nadie se oponga y sin emplear plata para adquirirla. Es preciso, pues, imitar a Midas y hacer una buena acogida a este Sileno, que los filósofos dicen que es hijo de la Luna y del Sol y que la tierra es su nodriza. También σελήνη significa Luna, y muy bien se podría haber hecho Sileno de Selene, cambiando la primera e en i, como se hace en lira de λΰρος, plico de πλίκυ, aries de Αριος y cientos de otras palabras parecidas.[4] Así mismo los jonios cambiaban bastante a menudo la ε en ι y decían έπεςιος por ίφίςιος domesticus familiaris; no habría, pues, nada de sorprendente en que se hubiera hecho este cambio para el nombre de Sileno.Al ser esta materia el principio del oro, se tiene razón al considerar a Sileno como el padre protector de un dios aurífico.
Así mismo ella es el néctar y la ambrosía de los dioses. Ella es, como Sileno, hija de ninfa y ninfa ella misma, puesto que es agua, pero un agua, dicen los filósofos, que no moja las manos. La tierra seca, árida e ígnea, figurada por Midas, bebe esta agua ávidamente, y en la mezcla que se hace de las dos surgen diferentes colores. Es la acogida que Midas hace a Sileno y las guirnaldas de flores con las que lo liga. En lugar de darnos a Sileno como un gran filósofo se habría encontrado mejor, entrando así en el espíritu de aquel que ha inventado esta ficción, si se hubiera dicho que Sileno era propio en hacer filósofos, siendo la materia misma sobre la cual razonan y trabajan los filósofos herméticos.
Y si Virgilio[5] le hace razonar sobre los principios del mundo, su formación y la de los seres que la componen, es sin duda porque, si se cree a los discípulos de Hermes, esta materia es la misma de la que todo está hecho en el mundo. Es un resto de esta masa primera e informe, que fue el principio de todo.[6] Es el más precioso don de la naturaleza y un compendio de la quinta esencia celeste. Elien[7] decía en consecuencia, que aunque Sileno no estuvo entre el número de los dioses, era sin embargo de una naturaleza superior a la del hombre. Es decir francamente, que debería de considerársele como un ser también imaginario como los dioses de la fábula y como las ninfas de las que Hesíodo[8] dice que han salido todos los sátiros.Finalmente Midas se deshizo del incómodo poder de cambiarlo todo en oro y se lo comunicó al Pactolo lavándose en sus aguas. Es precisamente lo que sucede en la piedra de los filósofos cuando se trata de multiplicar. Entonces se está obligado a ponerla en el agua mercurial, donde el rey del país, dice el Trevisano,[9] debe de bañarse. Allí se desnuda de su ropa de tela de oro fino. Y esta fuente da seguidamente a sus hermanos esta ropa y su carne sanguínea y colorada, para que se vuelvan como él. Esta agua mercurial es verdaderamente un agua Pactolo, puesto que debe de coagularse en parte y volverse oro filosófico.
[1] . Ovidio, Metamorfosis, lib. 2, fábula 4.
[2] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.
[3] . Raimon Llull, En casi todas sus obras.
[4] . Vosius Etimología.
[5] . Virgilio, Églogas, 6.
[6] . Nos queda un ejemplar de esta masa confusa, o de la materia primera, en esa agua seca que no moja y que se encuentra en las grutas subterráneas e incluso en la orilla de los lagos; impregna todas las cosas con una simiente abundante y se volatiliza al menor calor; si supiéramos extraer de ella los elementos intrínsecos cuando se halla estrechamente unida a su macho y separarlos mediante el Arte y, después, reunirlos directamente, entonces podríamos jactarnos de haber descubierto un arcano preciosísimo de la Naturaleza y del Arte, e incluso, un resumen de la esencia celeste. Espagnet, Ench. Phys. Restit. can. 49.
[7] . Elien, Variar. Hist. Lib. 3, cap. 12.
[8] . Hesíodo, Teogonía.
[9] . El Trevisano, Filosofía de los Metales, 4ª parte.
lunes, abril 23, 2007
Alegorías de relación evidente con el Arte Hermético
El mismo Herodoto dice,[1] que los egipcios fueron los primeros en poner estos doce nombres y que los griegos los recibieron de ellos.
Según Diodoro de Sicilia los primeros griegos que pasaron a Egipto fueron, Orfeo, Museo, Melampo y los otros, de los que hemos hablado en el libro precedente. De allí sacaron los principios de la filosofía y de las otras ciencias y los llevaron a su país, donde los enseñaron de la misma manera que los habían aprendido, es decir, bajo el velo de las alegorías y de las fábulas. Orfeo encontró allí el sujeto de sus himnos sobre los dioses y sus orgías.[2] Que estas solemnidades tienen su origen en Egipto es un hecho en el que convienen igualmente los mitólogos como los anticuarios y no es necesario probarlo.
Este poeta introdujo en el culto de Dioniso las mismas ceremonias que se observaban en el culto de Osiris. Las de Ceres se relacionaban con las de Isis.Es el primero en hacer mención del castigo a los impíos, de los campos Elíseos y da nacimiento al uso de las estatuas. Figuró que Mercurio estaba destinado a conducir las almas de los difuntos y se hizo imitador de los egipcios en una infinidad de otras ficciones.
Cuando los griegos vieron que Psamético protegía a los extranjeros y que podían viajar a Egipto sin riesgo de su vida o de su libertad, fueron allí en gran número, los unos para satisfacer su curiosidad sobre las maravillas que habían aprendido de este país, los otros para instruirse. Orfeo, Museo, Lino, Melampo y Homero pasaron por allí sucesivamente.
Estos cinco junto con Hesíodo fueron los propagadores de las fábulas en Grecia, mediante los poemas y las ficciones que expandieron. Sin duda estos grandes hombres no habrían adoptado y expandido con sangre fría tantas aparentes absurdidades si al menos no hubieran sospechado que tenían un sentido oculto y un objeto real envuelto en tinieblas. ¿Habrían querido, maliciosamente o por burla, engañar a los pueblos? Y si pensaban seriamente que estos personajes eran dioses, a los que debían presentar como modelos de perfección y de conducta ¿les habrían atribuido toda clase de adulterios, incestos, parricidios y tantos otros crímenes? El tono en el que Homero habla de ellos es suficiente para dar a entender cuales eran sus ideas al respecto.Es, pues, muy probable que sólo presentaran estas ficciones como símbolos y alegorías, pues quisieron volver más sensible, personificando y deificando, los efectos de la naturaleza. En consecuencia asignaron un oficio particular a cada uno de estos personajes deificados, reservando solamente el imperio universal del Universo a un sólo y único verdadero Dios.
Orfeo se explica muy claramente respecto a eso, diciendo que todos ellos no son más que una misma cosa comprendida bajo diversos nombres. Estos son los términos: El mensajero –interpreta Cilenio– está en todos. Las ninfas son el agua; Ceres, los granos; Vulcano es el fuego; Neptuno el mar; Marte la guerra; Venus la paz; Themis la justicia; Apolo, tirando sus flechas, es lo mismo que el Sol radiante, ya sea que este Apolo esté considerado como actuando desde lejos o desde cerca, ya sea como divino, augusto como el dios de Epiduro que cura las enfermedades. Todas estas cosas no son más que una aunque tengan muchos nombres.
Hermesianax dice que Plutón, Perséfone, Ceres, Venus y los amores, los tritones, Nerea, Tetis, Neptuno, Mercurio, Juno, Vulcano, Júpiter, Pan, Diana y Febo son el mismo dios. Todos los oficios de la naturaleza se volvieron dioses entre sus manos, pero dioses sometidos a un sólo Dios supremo, según lo que habían aprendido en Egipto. Estos diferentes atributos de la naturaleza concernían sin embargo a efectos particulares, ignorados por el pueblo y conocidos solamente por los filósofos.
Orfeo es el primero que ha hecho mención de la expedición del Toisón de oro, si se quieren admitir las obras de Orfeo como pertenecientes a las primeras de los poetas griegos, pero yo no entro en la discusión de los eruditos, que estas obras sean verdaderas o supuestas, poco me importa, me es suficiente que hayan partido de una pluma muy antigua, sabia y sean referentes a los misterios de los egipcios y de los griegos. San Justino en su Parenet, Lactancio y san Clemente de Alejandría, en su discurso a los gentiles, hablan en este tono. Este poeta ha dado a esta ficción un aire de historia que hace que nuestros mitólogos modernos la consideren como tal, a pesar de la imposibilidad en que se encuentran al querer ajustar las circunstancias. Más bien lo han intentado y han preferido encallarse que ver el sentido oculto y misterioso que presenta y que el mismo autor ha manifestado tan visiblemente citando, en el transcurso de esta ficción, algunas otras de sus obras, a saber, un tratado de las pequeñas piedras y otro del antro de Mercurio como fuente de todos los bienes. Es fácil ver de qué Mercurio pretende hablar, puesto que lo presenta como siendo parte del objetivo que se propone Jasón en la conquista del Toisón de oro.
[1] . Herodoto, Euterpe, c. 50, 1ª parte.
[2] . Banier, Mitología, t. 2, p. 273.
sábado, abril 21, 2007
Las Colonias Egipcias (2), historia de Cadmo
Cadmo era originario de Tebas en Egipto. Cuando fue enviado a la búsqueda de su hermana por Agenor su padre, rey de Fenicia, se encontró expuesto a una furiosa tempestad, que le obligó a atracar en Rodas, donde erigió un templo en honor de Neptuno cuyo servicio se confió a los fenicios que dejó en esta isla. Ofreció a Minerva un vaso de cobre muy bello de forma antigua, sobre el cual había una inscripción que decía que la isla de Rodas sería asolada por las serpientes.
Sólo esta inscripción indica que toda esta historia es una alegoría del arte sacerdotal. Pues ¿por qué ofreció a Minerva un vaso antiguo de cobre? Se hubiera debido suponer que Cadmo habría vivido en tiempos muy remotos. ¿Cuál podría ser, pues, la antigüedad de este vaso? Parece ser que es preciso tener en consideración la materia y no la forma. Esta materia es la tierra de Rodas o la tierra roja filosófica que debe ser asolada por las serpientes, es decir, disuelta por el agua de los filósofos, que a menudo es llamada serpiente. Cadmo al corriente de estos misterios no tuvo ningún esfuerzo en predecir esta devastación. El presente de un vaso antiguo de cobre ¿era de una tan gran consecuencia que mereció ser presentado a la diosa de la sabiduría? El oro y las pedrerías habrían sido más dignos de ella. Pero sin duda había en ello un misterio encerrado, es necesario un vaso de cobre, pero no del vulgar, sino de bronce filosófico, que los favoritos de Minerva, los sabios filósofos, llaman comúnmente latón o letón. Blanquead el latón, dice Morien,[1] y romped vuestros libros. El azot y el latón os son suficientes.
Toda la historia de Cadmo será siempre considerada como una pura fábula, que parecerá ridícula a todo hombre razonable si no la entiende conforme a la química hermética. En efecto ¿Qué idea es la de seguir un buey de diferentes colores, construir una ciudad donde el buey se detuvo, enviar a sus compañeros a una fuente, donde fueron devorados por un horrible dragón, hijo de Tifón y Equidna, dragón que seguidamente fue muerto por Cadmo, que le arrancó los dientes, los sembró en un campo como se siembra el grano, de donde nacieron unos hombres que atacaron a Cadmo y que al fin por una piedra que tiró entre ellos se destruyeron unos a otros sin que quedara uno solo? Más adelante en esta obra probaremos que esta historia es una alegoría siguiendo todo lo que pasa en el curso de las operaciones de la obra filosófica.
El abad Banier[2] dice que Cadmo llevó a Grecia los misterios de Baco y Osiris.
La fábula nos enseña sin embargo que Baco era nieto de Cadmo. Es verdad que este mitólogo introduce a otro Baco, hijo de Semele a fin de ajustar su historia pero ¿sobre qué fundamento? ¿es lícito introducir de su propia cosecha nuevos personajes para sortear las dificultades? Cuando Orfeo transportó a Grecia las fábulas egipcias las vistió a la manera griega y supuso un Dioniso, que no difiere en nada del Osiris de los egipcios y del Baco de los latinos, pero este Dioniso u Osiris era célebre en Egipto mucho antes de que fuera cuestión lo de Cadmo. Es por lo que los egipcios se burlaban de los griegos, cuando les oían decir que Dioniso había nacido entre ellos.Otros atribuyen a Melampo la institución de las ceremonias del culto a Dioniso en Grecia, la historia de Saturno y la guerra de los titanes. Se dice que Dédalo fue el arquitecto del famoso vestíbulo del templo levantado en Menfis en honor de Vulcano. Pero los griegos, dice Diodoro, habiendo aprendido las historias y las alegorías de los egipcios, inventaron otras sobre estos modelos. En efecto, los poetas y los teólogos del paganismo parecen haber copiado estas fábulas de Egipto, llevadas a Grecia por Orfeo, Museo, Melampo y Homero. Los legisladores han formado sus leyes sobre las de Licurgo; los príncipes de las sectas filosóficas han sacado sus sistemas de Pitágoras, Platón, Eudoxo y Demócrito. Y si han sido tan diferentes entre ellos es porque no todos ellos estaban al corriente de los misterios egipcios y en consecuencia han explicado mal las alegorías.
Las columnas de Mercurio, de las cuales estos primeros filósofos sacaron su ciencia, por las explicaciones que los sacerdotes de Egipto les dieron podrían muy bien ser las de Osiris e Isis de las que hemos hablado, puede ser que los obeliscos que se ven aún en Roma, como se dice, fueran transportados desde Egipto y cuya superficie está llena de triángulos, círculos, cuadrados y figuras jeroglíficas. Más de un autor se ha torturado para explicarlos, Kircher ha hecho un tratado sobre ello, pero a pesar de su decisión sostenida en una ciencia muy extendida, no se ha creído su palabra. Es de los autores antiguos de donde sacaron su ciencia en Egipto, entonces es en ellos que deberían buscar su interpretación, pero para entender a la mayor parte de ellos se necesitaría también la ayuda de un Edipo, porque han escrito alegóricamente como sus maestros.
Creo que se pueden sacar muchas luces de los antiguos autores griegos para penetrar en la oscuridad de las fábulas, no es que se deba buscar precisamente en ellas el verdadero origen de los antiguos pueblos, puesto que lo que dicen es casi todo fabuloso, pero ya que ellos han copiado a los egipcios, que fueron los primeros inventores de las fábulas y que haciendo la comparación de las fábulas antiguas de Grecia con las de Egipto se nota fácilmente que todas han salido de la misma fuente, la cosa se parecería a un viajero que se vestía en cada país que recorría según la moda en uso. Las obras egipcias que habrían podido darnos algunas ideas de su manera de pensar, las de Hermes y las de los otros filósofos, se nos han escapado con el tiempo y lloraremos siempre sobre las tristes cenizas de la biblioteca de Alejandría. No tenemos otra fuente que la de los griegos, discípulos de los sabios sacerdotes de Egipto, es de ellos, pues, que se ha de obtener la ayuda, persuadidos de que han entrado en las ideas de los maestros de los que habían recibido las lecciones.Yo sería del mismo pensamiento que Diodoro en cuanto a los nombres de algunas antiguas ciudades, montañas, ríos, etc. Este autor dice que los antiguos filósofos sacaron de su doctrina la mayor parte de estos nombres y denominaron los lugares según la relación que veían allí con algunos rasgos de esta ciencia. Se trata pues, de saber cuál era esta doctrina. Nadie duda de que ésta sea la que aprendieron en Egipto. Jámblico[3] nos asegura que esta ciencia estaba grabada en las columnas de Hermes. Josefo[4] habla de dos columnas, la una de piedra, la otra de ladrillo, levantadas antes del diluvio, sobre las cuales estaban grabados los principios de las artes. Bernardo, conde de la marca Trevisana[5] instruido por la lectura de los libros antiguos, dice que Hermes encontró siete tablas en el valle de Hebrón, sobre las cuales estaban grabados los principios de las artes liberales. Pero que Hermes las haya encontrado o que las haya inventado, lo que parece ser es que estos principios estaban expresados en jeroglíficos, y que esta manera de enseñar indicaba que el fondo de esta ciencia era un misterio que no se quería desvelar a todo el mundo, y en consecuencia los términos y los nombres empleados formaban también parte de este misterio, de donde debemos concluir que los nombres dados a los lugares por los antiguos filósofos contenían de alguna manera los misterios de los egipcios.
[1] . Morien, Conversación del Rey Calid.
[2] . Mitología, T. 1, p. 67 y t. 2, p. 262.
[3] . Jámblico, Los Misterios de los Egipcios.
[4] . Josefo, De las Antiguedades de los Judios.
[5] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.
















