domingo, junio 14, 2015

Nueva edición de la revista LA PUERTA, LA BELLEZA

Esta es la nueva edición de la revista LA PUERTA, edición dedicada a la Armonía de la Belleza, y estos son los contenidos:


La Armonía
(Stéphane Feye)

En busca de la belleza perdida
(Asunción Rodríguez y Sergi d'Hooghvorst)

La belleza de los númederos en la escuela de Tritemo 
(Caroline Thuysbaert)

Dante y el Dolce Stil Novo. Palabra y belleza
(Pere Sánchez)

La geometría sagrada
(Paul Rocamat)

La belleza de Layla
(Martín de Almenara)

La Belleza en la tradición hebrea
(Josep de la Sort)

Textos sobre la belleza.

domingo, julio 20, 2014

Húmedo radical, según Pernety más artículo de Carlos del Tilo sobre el mismo tema

Pernety en sus FÁBULAS EGIPCIAS Y GRIEGAS (París, 1786, v. I, pp. 117 y ss.) en el apartado dedicado al HÚMEDO RADICAL dice:
La vida y la conservación de los individuos dependen de la estrecha unión de la forma con la materia. El nudo o ligadura que forma esta unión consiste en la del fuego innato con el húmedo radical. Este húmedo es la porción más pura y digerida de la materia y es como un aceite extremadamente rectificado por los alambiques de la naturaleza. Las simientes contienen mucho de este húmedo radical, en el cual, se alimenta una chispa del fuego celeste, y cuando es ayudado constantemente, puesto en una conveniente matriz, opera todo lo que es necesario para la generación. En este húmedo radical se encuentra algo de inmortal; la muerte del mixto no hace que se evapore y desaparezca. Éste resiste incluso al fuego más violento, puesto que aún se le encuentra en la ceniza de los cadáveres quemados.
Cada mixto contiene dos húmedos, aquel al que acabamos de referirnos y un húmedo elemental, en parte acuosos y en parte aéreo. Éste cede a la violencia del fuego, pues se eleva en humo, en vapores y cuando está completamente evaporado no queda del cuerpo más que cenizas o partes separadas unas de otras. No es así respecto al húmedo radical, puesto que constituyendo la base de los mixtos afronta la tiranía del fuego, sufre este martirio con un insuperable coraje y permanece unido firmemente a las cenizas del mixto, lo que indica manifiestamente su gran pureza. […]

                                               * * * * * * *

Ahora, tras esta extraordinaria exposición por parte de Pernety, la cual recomiendo su lectura íntegra, trasladaré un magnífico artículo del añorado Carlos del Tilo, que en gloria esté, en el que también se refiere a este húmedo radical y donde también cita este mismo apartado de Pernety.
El artículo en cuestión figura en su libro “EL LIBRO DE ADÁN” (ed. Arola Editors, Tarragona 2002, p. 77) y su título es: Un sabio refrán: “Quien te da hueso no te quiere ver muerto”, éste es el texto:

Si el perro guarda con tanto celo el hueso que le ha sido arrojado, es porque sabe que la médula alimenticia[1] está en su interior, aunque la dureza del hueso  le impide, sin embargo, alcanzarla. Por esta razón, cuando una cosa es muy difícil de resolver se dice, familiarmente, que es un hueso.
Observemos que la lengua castellana emplea la misma palabra para designar el hueso del animal y el hueso del fruto, lo que no ocurre en otras lenguas. Tal cosa tiene, ciertamente, un profundo  significado, ya que el hueso tanto en el reino animal como en el vegetal está constituido por una corteza muy dura que protege la sustancia que contiene. Esta sustancia es la porción más fija y más pura del poder vegetativo, es decir, de su simiente. Lo mismo ocurre, pues, con el esqueleto del hombre y, en particular, con su columna vertebral, que es como su centro vital.
En el Midrach Rabah encontramos un curioso comentario a propósito del versículo bíblico en el que el Señor proclama su decisión de destruir la humanidad con el diluvio:
“Y el Señor dijo: Borraré de la faz de la tierra al hombre que he creado”(Génesis, VI, 7): Rabí Leví en nombre de rabí Iojanán dijo: Incluso la piedra inferior de los molinos[2] fue disuelta en los días del diluvio. Rabí Iejudah, hijo de Simón, dijo en nombre de rabí Iojanán: Incluso el polvo  del primer hombre ha sido destruido. Es lo que rabí Iejudah explicaba en Seforis, pero en la comunidad de aquella ciudad no quisieron admiir lo que él decía al respecto.
Rabí Iojanán en nombre de rabí Simeón hijo de Iejotsedeq dijo: Incluso el hueso de la columna vertebral, del que el Santo-bendito-sea hace germinar al hombre para el mundo porvenir, ha sido destruido.
El emperador Adriano -¡que sus huesos sean triturados!- hizo la siguiente pregunta a rabí Iejochuah ben Jananiah: ¿De dónde hará germinar el Santo-bendito-sea el hombre para el mundo porvenir? Y Él le respondió: Del hueso de la columna vertebral.[3] ¿De dónde lo sabes?-le preguntó Adriano- Él respondió: Ponlo en mis manos y te lo haré ver.
Rabí Iejochuah lo puso a moler en un molino y no fue molido. Lo arrojó al fuego y no fue quemado; lo puso en el agua y no fue disuelto. Finalmente, cuando lo puso en el yunque y lo golpearon con un mazo, el yunque se hendió, el mazo se partió, y este hueso no sufrió daño alguno.[4]

Existe otro pasaje que dice lo siguiente:

Luz no fue destruida durante la invasión de Senaquerib ni arrasada durante la de Nabucodonosor. Es en luz donde el ángel de la muerte no extiende sus dominios.[5]

Se trata de cierta alusión muy clara a cierta sustancia radical que puede germinar y crecer a la manera del germen del hueso de un fruto o de una cepa vegetal.
En sus fábulas egipcias y griegas desveladas, Dom Pernety nos habla también de este hueso según la doctrina de los filósofos herméticos:
Las simientes de las cosas contienen gran cantidad de este húmedo radical, en el que se alimenta una chispa de fuego celeste, […] Esta raíz de los mixtos que sobrevive a su destrucción es […] la porción más pura e indestructible sellada con la marca de la luz cuya forma ha recibido […]. Parece que la luz todavía no ha operado más que sobre este [fundamento] y que ha dejado el resto en las tinieblas. Además todavía conserva una chispa que sólo necesita ser excitada.[6]

El sentido del Midrach que acabamos  de citar tiende a hacernos comprender que este fundamento es indestructible. Es el principio de la resurrección de los cuerpos; a partir de aquí crece y se desarrolla el árbol de la vida.
Los antiguos egipcios celebraban la fiesta de Set en honor de la resurrección de Osiris. La ceremonia consistía en enderezar un pilar o un tronco de árbol despojado de sus ramas, llamado djed, que representaba la columna vertebral de este dios.[7]
Se trata del misterio de la resurrección, o el misterio del hombre enderezado, vuelto recto.
Esto nos recuerda la experiencia que vivió Jacob, precisamente en el lugar llamado Luz, en el transcurso de la cual vio en sueños una escalera eregida entre el cielo y la tierra, de la cual subían y bajaban los setenta ángeles de Dios, y el Señor estaba en su cima.
Es curioso constatar que la palabra Jacob viene de la raíz hebrea aqov, que significa ‘encorvado’, ‘torcido’, mientras que una de las raíces de la palabra Israel significa ‘derecho’. Israel es el nombrde que recibió Jacob poco después de esta experiencia.
Levantóse Jacob de mañana, y tomando la piedra que había tenido de cabecera, la alzó [como una columna] y vertió aceite sobre ella. Llamó a este lugar: Bet El, ‘casa de Dios’, aunque la ciudad se llamó primero Luz. (Génesis, XXVIII, 18)
He aquí, pues, la piedra erigida, cual un árbol o un obelisco, sobre la que se derrama el aceite de la bendición. La cepa ha germinado y ya no se llama Luz, sino ‘casa de Dios’. Por lo que Louis Cattiaux escribe: “No ignores tu fundamento y no lo desprecies cuando lo hayas reconocido”.[8] Y un antiguo cabalista también decía: “El Señor es el fundamento del secreto y el secreto del fundamento”. Así, entendemos por qué el proverbio dice: “Quien te da hueso no te quiere ver muerto”, pues este germen perfectamente fijo que fue dado al hombre al comienzo, es la simiente de la resurrección y esta simiente se halla en el hueso. Sólo le falta el medio que ha de permitirle germinar santamente.
Como el lector habrá comprendido, no se trata aquí de la generación que conocemos, que no es más que una imagen deformada de la generación del justo. Se trata de la generación del justo u hombre perfecto, de la cual se habla en el capítulo segundo del Génesis. Igualmente, la mujer que recibe Adán, en hebreo ichah, no es la compañera del exilio del hombre en este mundo, sino más bien aquella que permite al hombre esencial germinar y fructificar en el mundo paradisíaco o mesiánico que la tradición llama el mundo por venir.
Por esta razón, cuando el Señor le presentó a la mujer, ichah, Adán dijo: “Ésta esta vez, es hueso de mis huesos” (Génesis, II, 23). La palabra etsem significa en hebreo ‘hueso’, ‘sustancia’, ‘riqueza’, y su raíz verbal significa ‘ser fuerte’, ‘fortificarse’, ‘adquirir’. La palabra ets, de la que procede, significa ‘árbol’, ‘madera’, y su raíz primitiva es ots, ‘duro’, ‘fuerte’. De aquí, el latín os y el español hueso. Observemos la relación etimológica entre el hueso y la madera.
Es como si Adán hubiera dicho: “Ésta, esta vez, es la sustancia de mis huesos”. Dicha sustancia regeneradora es llamada “frescor de los huesos” en El Mensaje Reencontrado (letanía 4). Por lo que está dicho: “Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia […] que será salud paraa tu cuerpo y frescor para tus huesos” (Proverbios, III, 5-8), y más adelante, “un árbol de vida para aquellos que la captan”. (III, 18)
E Isaías, haciéndose eco del libro de los Proverbios, dice: “Cuando esto veáis vuestro corazón se alegrará y vuestros huesos recobrarán vigor como la hierba” (Isaías, LXVI, 14)
Así mismo, en el ya citado Mensaje reencontrado (XIV, 7’), hallamos una imagen extraordinaria respecto a qué es lo que devuelve el “vigor a los huesos”.
Cuanto más se aleja el hombre de Dios, más necesita trabajar y temer, amontonar y carecer, sufrir y dudar, agitarse y destruirse. Es insensato quien pretende vivir sin la ayuda del Señor,[9] pierde su agua como un hueso que se deseca, y ninguna mano de hombre lo liberará del desierto y de la sombra de la muerte donde agoniza.

Sin la “ayuda del Señor”, los huesos del hombre se desecan poco a poco en el desierto de este mundo. Como el perro, que representa al hombre bestial,[10] no puede saborear su nutritiva médula.
Existe otro refrán que dice: “Hueso que te cupo en parte, róelo con sutil arte”, no a la manera del perro que no puede roer más que el exterior, sino “con sutil arte”, pues “Natura ayuda a Natura”, dicen los discípulos de Hermes.
La resurrección es el misterio de la restitución del hombre integral, es decir, completo, con su alma, su espíritu y su cuerpo. Y ¿qué hay de más corpóreo que el hueso? Se trata, pues, de una realización sensible. Cuando después de su resurrección el Señor se manifestó a sus discípulos, les dijo: “Palpadme y ved, que el espíritu no tiene carnde ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas, XXIV, 39).
Así pues, si los huesos del hombre han conservado la cepa inalterable de su origen, representan un resto de la palabra perdida por Adán. Es también la letra de los libros santos, que permanece desecada mientras el Espíritu no viene a reanimarla. En el desierto de la letra, la palabra se deshidrata, como las osamentas que se emblanquecen en la arena.
¿No sería el momento de releer la célebre visión de Ezequiel, a propósito de las osamentas desecadas?
Fue sobre mí la mano del Señor y el Señor me hizo salir en espíritu y me puso en medio de un campo que estaba cubierto de osamentas. Me hizo pasar cerca de ellas, a su alrededor: y vi que eran sobremanera numerosas sobre la haz del campo, y totalmente desecadas. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿revivirán estas osamentas? Yo respondí: Señor, tú lo sabes. Él me dijo: Hijo de hombre, profetiza a estas osamentas y diles: Osamentas desecadas, oíd la palabra del Señor. Así dice el Señor a estas osamentas: Yo voy a hacer entrar en vosotros el espíritu y viviréis […]. Entonces profeticé como se me mandaba, y entró en ellos y recobraron vida y se pusieron en pié, ¡grande, un ejército grande, en extremo!
Díjome entonces: Hijo de hombre, estas osamentas son toda la casa de Israel. Andan diciendo: ‘Se han secado nuestros huesos, ha muerto nuestra esperanza, estamos perdidos’. Por eso, profetiza y diles: Así habla el Señor: He aquí que voy a abrir vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo a la tierra de Israel. (Ezequiel, XXXVII, 14)

El simbolismo del hueso de la palabra está magníficamente ilustrado en el siguiente versículo del Mensaje Reencontrado (XXI, 17):
Examinados desde fuera, los rosetones de las catedrales sólo dejan ver su osamenta, pero, vistos desde dentro, su resplandor ilumina al creyente. Así, la palabra de vida oída desde fuera sólo deja ver el hueso de la verdad, mientras que esta misma palabra percibida desde dentro hace saborear la médula nutritiva del creador de todas las cosas.

“Hueso que te cupo en parte, róelo con sutil arte.



[1] .  ¿No ha dicho Rabelais en el prólogo de Gargantúa: “[…] ya que la médula es alimento elaborado a la perfección por la naturaleza”?
[2] .  Véase E. d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, (Arola Editors, Tarragona, 2000, p. 274, n. 3: “ La piedra inferior de los molinos es la que permanece fija y la más dura. Ésta se incluía en la venta de la casa. En hebreo, istrobil, del griego strobilos. Esta misma palabra tiene otros significados en hebreo: ‘cono’ ‘almendra’ o ‘hueso de la columna vertebral’. Como veremos, el comentador hace aquí un juego de palabras”. Añadamos que esta palabra griega strobilos parece proceder de la misma raíz que el griego ostión, ‘hueso’. Se trata de la raíz ost u ots, que significa ‘duro’ ‘fuerte’, unida a la raíz tre, que significa ‘girar’ ‘torcer’. Es decir, el hueso que sirve de gozne; véase, Court de Gebelin, Dictionnaire étymologique de la langue grecque, París, s.e., 1782, pp. 701 y 945.
[3] .  “El núcleo de la columna vertebral”, luz chel chidrah. La palabra hebrea luz significa ‘núcleo’ ‘almendra’ ‘base’ ‘fuerza esencial’.  En la edición del Midrach hebreo que hemos consultado, encontramos la siguiente nota: “El núcleo de la columna vertebral es una pequeña vértebra que está en la base de las dieciocho vértebras de la columna vertebral”. En otra versión del Midrach, el texto emplea las palabras nits chidrah, que significan ‘el brote’ o ‘el verdor’ de la columna vertebral.
[4] .  Midrach Rabah, ed. Levin Epstein, Jerusalén, XXVII, 3.
[5] . Ibidem. LXIX, 8.
[6] .  Dom Pernety, Les Fables Egyptiennes et Grecques, París, 1786, v. I, pp. 117 y ss.
[7] .  S. Mayassis, Mystères et Initiations dans l’Egypte ancienne, BAOA, Atenas, 1957, p.56.
[8]El Mensaje Reencontrado, XXXVI, 1’.
[9] .  “La ayuda del Señor” se refiere a la ayuda que el Señor Dios proporcionó a Adán después de que éste la buscara vanamente entre todos los espíritus vivos del paraíso. El Señor Dios dijo: “Le haré una ayuda conforme a él” (Génesis, II, 19). Esta ayuda es la que refresca los huesos de Adán, la sustancia de sus huesos.
[10] .  El simbolismo del perro, como el del asno, es ambivalente.

sábado, marzo 01, 2014

Otra edición de BEYAEDITIONS, LE VERBE QUI FAIT DES MERVEILLES, de Jean Reuchlin

Nueva y muy interesante edición de Beya Éditions, LE VERBE QUI FAIT DES MERVEILLES, de Jean Reuchlin, (El Verbo que hace maravillas) introducción, traducción del latín y notas de Hans van Kasteel (editado en francés), esta es su presentación:
Jean Reuchlin nació en 1455 en Pforzheim. Estudió latín, griego y hebreo, a la par que derecho. Siendo huésped de Lorenzo de Médicis se relacionó con Ficino, Landini, Politino y Pico de la Mirándola, con los que adquirió gran amistad.
Fue recibido por el emperador Federico III y por el futuro emperador Maximiliano I. A partir de 1509 y por defender la literatura tradicional judía, Reuchlin fue víctima de múltiples ataques que culminaron en una comparecencia ante el tribunal de la Inquisición. No fue hasta 1520 que el proceso tuvo un buen desenlace. Murió en 1522.
El “De Verbo mirífico” data de 1494. En él Reuchlin relata en tres libros una discusión amigable que dura tres días y en la cual participan el pagano Sidonio, el judío Barujías y el cristiano Capnion, que no es otro que el propio Reuchlin.
El debate se centra sobre la noción de “ciencia”, sobre las palabras, nombres o palabras mágicas, efectos milagrosos, y en particular sobre las palabras sagradas hebreas, y finalmente sobre los misterios del Verbo, de la Trinidad, del Cristo y del nombre de Jesús.
En “De Verbo mirífico” se encontrará un testimonio revelado, es decir, velado de nuevo, de la ciencia perenne, apoyado por un conocimiento preciso de los textos filosóficos griegos, la literatura cabalística judía, los comentarios de los Padres y sobre todo de las Santas Escrituras.
Ante todo Reuchlin pretende poner en evidencia, de una manera admirable, la profunda unidad que se desprende de las diferentes enseñanzas de los escritos y escuelas suscitados por los Maestros del saber. En él no se encontrará ningún atisbo de sectarismo, incluso de cristianismo falsamente triunfador. Inevitablemente la verdad se encuentra donde quiera que haya sido comunicada, sea cual sea su modo de expresión.

domingo, noviembre 10, 2013

CORRESPONDENCIA COMPLETA entre René Guénon y Louis Cattiaux

Por primera vez, y gracias a la amable colaboración de sidi Abd-el-Wahed Yahia, hijo de René Guenon, publicamos la traducción al español de la correspondencia completa entre René Guenon (1886-1951) y Louis Cattiaux (1904-1953).
A pesar de que su relación espistolar duró solamente algunos años (del 17 de noviembre de 1947 al 10 de octubre de 1950), estas cartas tienen un gran valor, pues no sólo nos muestran a dos personajes que defienden a ultranza la Tradición primordial, sino que se enfrentan sin paliativos al materialismo moderno, al ateísmo y a la ciencia profana que imperan en el mundo. Ambos denuncian su inversión, su banalidad, el utilitarismo mercantilista, la progresiva aceleración del ritmo de vida, la falsificación generalizada, la des-humanización y el caos creciente.

Estas cartas incluyen, además, un contenido doctrinal de gran interés que hoy día sigue siendo poco común.

LA PUERTA, nueva edición, LOS ORÁCULOS Y LA PROFECÍA

Presentacón.
Apropósito del oráculo de la divina botella
Charles d’Hooghvorst (traducción: J.M.Rotger)
El oráculo en la tradición hebraica.
J.-C. Lohest (Traducción: Jeanne Lohest)
Los Oráculos Caldeos y la profecía.
Pere Sánchez
La filosofía de los oráculos de Porfirio.
Carolina Thuysbaert (traducción: Sergi d’Hooghvorst)
La Teosofía de Tübingen.
Hans van Kasteel (traducción: Pere Sánchez)
La Teosofía de Tübingen.
(Traducción: Hans van Kasteel)
El himno Dies Irae.
Carmen de la Maza / Pere Sánchez
Es extraordinario mensaje profético de Louis Cattiaux.
Emmanuel d’Hooghvorst
Diálogos entre Louis Cattiaux y Emmanuel d’Hooghvorst.
Selección de Eléonore d’Hooghvorst

(traducción: Sergi d’Hooghvorst)

lunes, agosto 12, 2013

RESEÑA A PROPÓSITO DEL LIBRO DE RAIMON AROLA "EL SÍMBOLO RENOVADO"

Tras haber leído atentamente el recién editado libro de Raimon Arola, (doctor en Historia del Arte y profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona), “El Símbolo Renovado, a propósito de la obra de Louis Cattiaux” desde la editorial Herder, considero necesario manifestar que, con un estilo sencillo y claro, Arola ha conseguido plasmar una clave, en estos nuevos tiempos, para la introducción a la lectura del Mensaje Reencontrado así como para el estudio de toda la obra de Louis Cattiaux, situado en su época y trasladado a la “intemporalidad”. Al leerlo, lo que se podría decir del Mensaje Reencontrado, divagando o intuyendo Arola lo dice precisando y puntualizando.
Como ejemplo expongo aquí un fragmento del “Símbolo Renovado” donde se señala el interés de Cattiaux por la obra de Pernety, lo que atañe a este blog. ¡Enhorabuena Sr. R. Arola.
¡El Arte expresado en las artes!


Cuando, en 1946, Cattiaux publicó El Mensaje Reencontrado, uno de sus amigos, llamado James Chauvet, le sugirió que le enviase un ejemplar a Guénon, que por aquel entonces ya vivía en El Cairo. Chauvet, muy interesado por los temas esotéricos y en especial por los misterios del santo Graal, se había desmarcado de las tendencias ocultistas que proliferaban en París y se había convertido en seguidor de la corriente tradicionalista preconizada por Guénon.
     Tras recibir el ejemplar y en contra de lo que acostumbraba, Guénon escribió una reseña laudatoria a la obra de Cattiaux, y a partir de este hecho, se inició una intensa correspondencia entre ambos, con encuentros y desencuentros. Para conocer, aunque sea superficialmente, la relación entre estos dos personajes, debemos comenzar por la crítica a El Mensaje Reencontrado que publicó Guénon en 1948 y cuyo punto esencial creemos que se encuentra en la siguiente idea repetida en dos ocasiones:

No sabemos lo que los especialistas del hermetismo, si aún existen realmente competentes, opinarán de este libro y cómo lo valorarán: pero lo cierto es que está lejos de ser indiferente y que merece ser estudiado cuidadosamente por todos aquellos que se interesen por este aspecto particular de la tradición.[1]

Guénon ya había escrito sobre alquimia y hermetismo en otras ocasiones, sobre todo cuando se interesó por el libro de Julius Evola La tradición hermética.[2] Entonces afirmó que el hermetismo era una tradición de origen egipcio que se había transmitido a las culturas posteriores como una cosmología, pero no como una metafísica primordial. Y que la alquimia era cierta práctica de la cosmología hermética que, inevitablemente, debería comprenderse como una “alquimia espiritual”. Cuando se inició la correspondencia entre ambos, Cattiaux estuvo del todo deacuerdo con la idea de denominar hermetismo a lo que él acostumbraba a llamar alquimia, pues le pareció que eran estrictamente sinónimos. Pero sucedió de distinto modo con el resto de la argumentación. Cattiaux había estudiado  en profundidad el Dictionnaire mytho-hermétique de Dom Pernety, así como otras obras clásicas en las que el hermetismo y la alquimia definen una misma realidad. Sin embargo, y como explica Antoine Faivre,[3] los ocultistas apenas utilizaron el término hermetismo, y fue entonces cuando Evola lo recuperó. Aunque Evola escribió en italiano (o quizá por eso), el conjunto de estas variaciones se deben situar  en el contexto parisino, pues en la cultura anglosajona nunca dejó de usarse el término hermetismo.
En la correspondencia entre Cattiaux y Guénon, encontramos las siguientes reflexiones que se refieren a este tema. En primer lugar, Cattiaux escribe lo siguiente:

La palabra alquimia, tan desviada y confundida por todos o casi por todos con “la crisopeya” puede ser un espantajo para muchos; los términos “tradición primordial”, que le pertenece, o “gnosis”o “hermetismo” me parecen menos repelentes. La palabra alquimia me parece reservada para los “locos de Dios”, que son también los “sabios de Dios” ¡y existen muy pocos en el mundo”.[4]

A lo que contesta Guenon:

La palabra “alquimia” da lugar, en efecto, en la mayoría de gente, a la confusión a la que usted alude, y he tenido que señalarlo en varias ocasiones; creo que es la de “hermetismo” la que sería la más adecuada (o entonces se podría decir “alquimia espiritual” para evitar cualquier equívoco). “Gnosis” tiene un sentido mucho más amplio y, por otro lado, es fastidioso que muchos confundan “gnosis” con “gnosticismo”, lo que podría no ser la misma cosa. En cuanto a la “Tradición primordial”, la expresión no sería aplicable en este caso, pues se trata de una forma de tradición derivada, como es el caso, además, de todas las que se puedan conocer en la actualidad.[5]

De este diálogo se desprende no solo el hecho de dilucidar una cuestión nominalista, sino que también implica una comprensión del “acto simbólico” muy distinta en ambos autores. Mientras que, para Guenon, la unidad de todas las tradiciones solo se podía encontrar en lo no-manifestado, para Cattiaux esta unidad necesitaba complementarse con el proceso inverso, es decir, sería en lo manifestado donde actuaría la ciencia divina, dando como resultado una unidad en la manifestación última, y esta manifestación sería, justamente, la piedra filosofal, el Nombre, Cristo, aquello concreto e histórico que se conoce en la manifestación. Pues, si la verdad intrínseca a toda tradición espiritual tan solo se pudiera encontrar en lo no-manifestado, se negaría también la tradición alquímica, y con ella toda la tradición de la búsqueda del Dios manifestado, como apuntaron Basilio Valentín, Nicolas Valois, Cattiaux y tantos otros.
Así, el término hermetismo sería el más correcto para expresar la unidad de todas las tradiciones, pero a condición de que no se separe del término alquímico, como aparece en unas notas que Cattiaux apuntó en los márgenes de un libro de René Guenon titulado Aperçus sur l’Initiation, tal vez durante el mismo periodo en el que tenía lugar su relación epistolar.



[1] .  Noticias sobre la pintura de Cattiaux según sus contemporáneos: www.beyaeditions.com/documentation/traditionartethermetisme.htm.
[2]Formas tradicionales y ciclos cósmicos, Obelisco, Barcelona, 1984, pp. 99 y ss.
[3] .  Wouter J. Hanegraaff, Antoine Faivre, et al., Dictionary of Gnosis and Western Esotericism, Brill, Leiden, 2005, voz: Occult/Occultism.
[4] .  “Paris-Le Caire, Correspondance entre Louis Cattiaux et René Guénon de 1947 à 1950 », en Miroir d’Isis, 2011, p. 82.
[5]Ídem, p. 88.


sábado, junio 08, 2013

EL SÍMBOLO RENOVADO, de Raimon Arola




Libro importante del profesor Raimon Arola para la difusión del Mensaje Reencontrado, de Louis Cattiaux publicado por la editorial Herder. Reproduzco aquí su SÍNTESIS de presentación:



Hoy en día el símbolo se identifica muy a menudo con ciertos esoterismos de escasa profundidad intelectual, con una especie de magia infundada sin relación alguna con la religión o las ciencias humanas. La presente obra propone lo contrario, a saber, un esoterismo bien entendido que podría ser el vínculo que permita un diálogo interreligioso y globalizado. Se trata de una propuesta que no es nueva, pues ya ha brillado con luz propia a lo largo de la historia, sobre todo ene. Renacimiento, cuando la filosofía hermética pretendió reunir en torno al cristianismo las antiguas tradiciones paganas.
Para desarrollar dicha propuesta, el autor  se vale de un personaje especialmente singular: Louis Cattiaux, un creador polifacético que, como otros similares, la historia se empeña en marginar. Este filósofo, químico y alquimista, que hizo del arte una filosofía y de las vivencias una sabiduría, anticipó horizontes y anunció aquello que ahora, setenta años después, va viendo la luz. Así, en su obra convergen los elementos necesarios para una reflexión sobre el sentido del símbolo en el tercer milenio de la era cristiana, en un mundo globalizado y, a su vez, profundamente individualizado.

La semilla interdisciplinar de Cattiaux quedó depositada en un libro también inclasificable, El mensaje reencontrado. La presente obra es una exhortación al conocimiento de ese mensaje reencontrado o símbolo renovado, en el que las tradiciones de nuestros antepasados se aúnan con la experiencia personal. Raimon Arola pretende abrir un ámbito de estudio que permita recobrar la riqueza de los símbolos tradicionales y hacerlos presentes y vivos

lunes, abril 22, 2013

EL SUEÑO DEL ALQUIMISTA, de Catherine d'Oultremont


 He aquí la edición (ediciones Obelisco) de este libro que además de interesante es fascinante.


El sueño de un alquimista es una fábula que arrastra al lector al fascinante mundo de la alquimia, un verdadero bosque de símbolos en el que no es nada difícil perderse. Gracias a la ayuda de un guía que conoce en París, el protagonista penetra poco a poco en el sentido de estos símbolos y reencuentra el camino de su laboratorio.

Quizás este libro sea únicamente un sueño que nos recuerda algo esencial: hay que saber soñar filosóficamente.