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miércoles, junio 06, 2012

DE LOS AMORES DE LOS DIOSES de Raimon Arola (fragmento)




He aquí otro artículo de este ilustrado autor subido a la página de ARSGRAVIS. En este caso es un fragmento de su libro LOS AMORES DE LOS DIOSES, de la editorial Alta Fulla, en el que también cita a Pernety. Realmente, querido lector, te recomiendo este libro pues: Partiendo de un riguroso estudio interpretativo de los grabados, el autor se adentra en el contenido alquímico de las fábulas mitológicas, que es el sentido último que permite desvelar el secreto que los antiguos poetas ocultaron bajo el velo de las maravillosas historias que nos cuentan los diferentes amores de los dioses.




MITOLOGÍA: Los amores de los dioses
Raimon Arola
Tres interpretaciones alquímicas de los amores de Júpiter con mujeres de la tierra, extraídas del libro "Los amores de los dioses" y acompañadas por tres pinturas de Correggio (1489- 1534).


Júpiter y Dánae


La leyenda que narra la concepción de Perseo siempre ha sido considerada por los alquimistas como una de las más próximas al desarrollo de su arte. La historia es muy conocida, por ello la resumiremos brevemente: Acrisio, rey de Argos, por un oráculo tuvo noticia de que su hija Dánae tendría un hijo que sería el causante de su muerte, para evitar este destino fatal, encierra a su hija en un subterráneo o en una torre de bronce, según las fuentes, donde ningún varón pudiera llegar. Sin embargo, Júpiter se enamoró de la joven princesa y se introdujo en su aposento convertido en lluvia de oro para poder amar a la bella princesa, de tal unión nació Perseo.
La relación de la fábula con el lenguaje alquímico parece más que evidente y confirma el estrecho vínculo entre la mitología y las operaciones de la gran obra. La torre en la que está encerrada Dánae representa el vaso químico en donde se desarrollará la conjunción del fijo y el volátil; es decir, de la materia, representada por Dánae, y de Júpiter, el oro de los Filósofos.
La alquimia es el conocimiento de los misterios del oro, que primero es espiritual y después físico. La lluvia de oro es el primer estado del oro, que al unirse con Dánae se convertirá en el oro físico. Creemos oportuno repetir aquí un fragmento de un texto del barón d'Hooghvorst que hemos citado en la introducción general: «El tema de toda Revelación es la gnosis del oro físico, el sol terrestre [...]. Alcanzar el secreto de la gran obra es meditar largo tiempo, con la ayuda de Dios, sobre la naturaleza del oro, a fin de saber de dónde viene y adónde debe ir, según el Arte; ya que el oro tiene un origen y un fin, es decir, una perfección [...]. Así, pues, nuestro oro puede ser volátil o fijo, espiritual o corporal» (“El Hilo de Penélope”).
La leyenda de Dánae narra en primer lugar el origen espiritual y volátil del oro que es recibido en el seno de una materia virginal, allí este oro madurará y llegará a la perfección, que es el hijo del cielo y la tierra.

Júpiter y Leda


Según una conocida leyenda, Leda era una bella princesa hija de Testio, rey de Etolia, y esposa de Tindáreo. Un día Júpiter la vio bañándose en el río Eurotas e inmediatamente fue preso de un intenso amor por ella, como en tantas otras ocasiones en las que el espíritu universal se siente atraído por la belleza de los cuerpos. Júpiter le pidió entonces a Venus que se convirtiera en águila y él tomó la forma de un blanco cisne, el águila simuló estar persiguiendo al cisne, por lo que éste buscó refugio entre los brazos de la bella princesa con quien finalmente se unió. A los nueve meses Leda puso dos huevos, de uno nació Pólux y del otro Cástor, al primero se le considera hijo de Júpiter y por lo tanto inmortal, mientras que el segundo se dice que era fruto de Tindáreo y en consecuencia de naturaleza mortal.
La vida de Cástor y Pólux fue muy agitada y llena de combates, en uno de ellos Cástor fue muerto por Linceo, pero cuando Pólux lo vio, pidió a su padre Júpiter que permitiera a su hermanastro compartir la eternidad con él, a lo cual accedió Júpiter y los catasterizó a ambos en la constelación de los Gemelos o Géminis.
Pero para que Cástor pudiera ser inmortal Pólux debió bajar a los infiernos y allí recoger a su hermanastro muerto, tal como lo explica Virgilio: «Pólux recobró a su hermano, muriendo en su lugar, y anda y desanda tantas veces su camino» (Eneida VI, 121); en la Odisea también leemos una cosa parecida: «en turno van viviendo y muriendo uno y otro al cambiar de los días y reciben honor semejante a los dioses»(XI, 302).
Este proceso es explicado por Boccaccio en los siguientes términos: «mientras uno desciende a los infiernos, a saber, el que muere primero como mortal, el otro está como divino entre los dioses, y al revés» (Genealogia deorum gentilium), es decir, cuando el inmortal desciende a los infiernos, el mortal, Cástor sube a los cielos.
La alternancia entre la vida y la muerte de los hijos de Leda, parece enseñar los misterios profundos de la doble naturaleza del hombre. Una parte, representada por Cástor, es el hombre carnal, fruto de la caída de los primeros padres, el otro, Pólux, representa la semilla celeste enterrada en el corazón del hombre. Uno y otro se necesitan, pues Pólux no puede encarnarse sin Cástor, ya que gracias a él desciende desde la morada de inmortalidad hasta el oscuro infierno, así mismo, Cástor no puede divinizarse sin Pólux.
La alternancia entre la muerte y la vida de estos dos héroes parece señalar también las sucesivas transmisiones que configuran la auténtica cadena de la tradición.

Júpiter y Antíope


Las representaciones de sátiros sorprendiendo a bellas ninfas dormidas son muy frecuentes tanto en la Antigüedad como en el Renacimiento. Las ninfas acostumbran a descansar escondidas en lugares frondosos, junto a una fuente o un río, pues son, según Porfirio, «los poderes que presiden las aguas» (El antro de las ninfas de la Odisea), pero los sátiros, que simbolizan las fuerzas del fuego, las buscan, las espían y las descubren para unirse a ellas.
Gracias a Ovidio sabemos que «Júpiter, oculto bajo las apariencias de un sátiro, llenó la bella Nicteide de prole gemela» (Metamorfosis VI, 108). La bella Nicteide, es decir la hija de Nicteo, es Antíope; de ella dijo Homero: «gloriosa por haber descansado en los brazos de Júpiter, del cual tuvo dos hijos, a Zeto y Anfión, los primeros fundadores de Tebas» (Odisea XI, 260). Tradicionalmente se consideraba que las siete salidas o puertas de Tebas, hechas por Zeto y Anfión, eran de metal filosófico producido por el Arte alquímico.
Nicteo en griego deriva de nux, ‘noche, oscuridad, sombra’, por lo que se entiende que Antíope es la hija de la noche u oscuridad. Pernety nos ofrece una lectura alquímica de esta etimología al afirmar que Nicteo significa: «la coagulación de la materia al salir de la putrefacción, durante la cual esta materia se convierte en negra, y es llamada noche» (Les fables égyptiennes et grecques dévoilées…). En este momento del desarrollo de la obra alquímica, la materia sale de la negrura y se vuelve blanca, entonces está preparada para ser fecundada por el cielo, por ello Júpiter -representado en el grabado en forma de sátiro- levanta el vestido de la ninfa, pues desvela la blancura que contiene la materia negra.
Que Júpiter se esconda bajo las apariencias de un sátiro parece enseñarnos que el alma divina para unirse a la materia -cuya imagen en este caso es Antíope- necesita de los espíritus elementales y las fuerzas de la naturaleza, que en los relatos míticos están representados por los sátiros. El autor de la Concordance Mytho-Physico-Cabalo-Hermétique escribe lo siguiente sobre la función de los sátiros como espíritus elementales:
«El alma del hombre es la pureza por excelencia; el cuerpo material está compuesto por una pasta terrestre y muy corruptible. Una es una sustancia pensante cuyas funciones se limitan a la reflexión; el otro es un cuerpo pesado y maquinal cuyas funciones se limitan a la más perfecta obediencia. Estas cualidades opuestas nunca hubieran podido formar un todo si un intermediario no las hubiera acercado. Es la sustancia espiritual [representada según el autor por los sátiros, faunos y cobales] a la que le está reservado ser el vínculo de estos dos extremos; sin este cuerpo espiritual que está en medio y que sirve de envoltura al alma, ésta nunca hubiera podido unirse ni atarse al cuerpo material a causa del alejamiento y de la oposición de sus principios. Hacía falta, pues, que para servir de morada a uno y para preservar al otro de la corrupción, el espíritu tuviera algo de lo terrenal de uno y de lo sutil del otro».
En la mitología griega los sátiros eran genios espirituales sin genealogía ni leyendas propias, su cuerpo era medio humano y medio caprino, para indicar que tenían algo de terrenal y algo de sutil. Los sátiros, al igual que el dios Pan quien a veces era considerado como su padre, representaban la naturaleza media de la creación. Alciato dedica uno de sus emblemas a la «La fuerza de la naturaleza» y la describe de la siguiente manera: «Las gentes veneran a Pan -es decir la naturaleza de las cosas-, hombre mitad cabrón y dios mitad hombre. Es hombre hasta el pubis, porque nuestro valor, plantado en el corazón al nacer, se asienta sublime en lo alto de la cabeza. Desde aquí es cabrón, porque la naturaleza nos propaga secularmente por medio del coito, como a las aves, los peces, los brutos y las fieras» (Emblemas).
El hecho de que Júpiter se esconda bajo la forma de este ser de doble naturaleza  parece indicar que la causa primera de la creación no engendra el cosmos directamente, sino por medio de la naturaleza, lo que durante el Renacimiento se llamó la causa segunda. Juan Pérez de Moya explica que los antiguos entendieron por Pan «la causa segunda, obradora de la voluntad divina de Dios, criada de su divina providencia. […] Dijeron ser hijo de Hermes, porque por Hermes entendían la voluntad o mente divina, la cual guía el nacimiento o generación de las cosas» (La filosofía oculta).




domingo, agosto 19, 2007

(artículo del traductor) Antíope y Júpiter, o la coagulación de la materia


En el artículo «Antíope» de Pernety, en las Fábulas Egipcias y Griegas,(1) este autor nos da las claves de lectura para una interpretación alquímica de los mitos y sus aventuras, lo que es muy recomendable tener presente en nuestras indagaciones. Aquí lo pongo en relación con el apartado «Júpiter y Antíope» de la obra de Raimon Arola «Los Amores de los Dioses»(2) donde desglosa el mito jupiteriano y sus transformaciones.(3) El fragmento de Pernety que he seleccionado es el siguiente: [...] Homero hace hablar a Ulises en estos términos:(4) Tras aquella vi a Antíope, hija de Asopo, la cual se glorificaba también de haber dormido en los brazos de Júpiter y de haber tenido de este dios dos hijos, Anfión y Zeto, que fueron los primeros en poner los fundamentos de la ciudad de Tebas. Anfión fue puesto bajo la disciplina de Mercurio y allí aprendió a tocar tan perfectamente la lira que, por la dulzura de sus acordes, dulcificaba no sólo la ferocidad de las bestias salvajes y se hacía seguir por ellas sino que incluso daba movimiento a las piedras y las hacía arreglarse a su gusto. Se ha dicho otro tanto de Apolo, cuando construyó los muros de la ciudad de Troya. Orfeo también gobernó la nave Argo al son de su lira y hacía mover las rocas con ella. Veamos cual puede ser el objeto de las alegorías de Antíope y de su hijo Anfión. Algunos dicen que era hija del río Asopo y muchos filósofos llaman a su materia con este mismo nombre, Asopo, otros Adrop, otros Atrop y dicen que se forma en un arroyo, una fuente, un agua, un jugo al cual dan el nombre de jugo de saturnia vegetable.(5) Este jugo se espesa, se coagula, se vuelve sólido, ¿no es entonces esta Antíope? De αντι y de πύς es decir, que no hay más jugo, que está coagulado, que no está fluido. Aquellos que dicen que es Nicteo el padre de Antíope, han tenido el mismo objetivo a la vista, es decir, la coagulación de la materia al salir de la putrefacción, durante la cual la materia se vuelve negra y es llamada noche, tinieblas; pues de νύξ, noche, ha sido hecho Niceto, por lo que se ve que Antíope tiene el mismo carácter que las otras amadas de Júpiter. La metamorfosis de este dios en sátiro está explicada en el artículo de Baco. Cuando se dice que Anfión fue puesto bajo la tutela de Mercurio es porque el mercurio filosófico lo dirige todo en la obra, y la ferocidad de las bestias que él sabe dulcificar se explica de la misma manera que la de los tigres, leones y panteras que acompañaban a Baco en sus viajes. Las piedras que venían a arreglarse en su lugar al son de la lira, son las partes fijas de la piedra volatilizadas, que coagulándose se acercan unas a otras y forman una masa hecha de todas las partes extendidas por aquí y por allá. Las personas figuradas en estas fábulas son todas alegóricas y hacen alusión a la materia, a los colores, a las operaciones, o finalmente al artista mismo de la gran obra. Sería suficiente poner atención al hecho de que en general todo lo que en las fábulas lleva nombre de mujer, chica o ninfa, puede ser explicado del agua mercurial volátil, antes o después de su fijación, y todo lo que allí tiene carácter de hombre debe entenderse de la parte fija, que se une, trabaja (fermenta), se volatiliza con las partes volátiles y se fija finalmente con ellas. Los robos, los raptos, etc., son la volatilización; los matrimonios y las conjunciones de machos y de hembras son la reunión de las partes fijas con las volátiles, el resultado de estas reuniones son los hijos; la muerte de las mujeres normalmente significa la fijación; la de los hombres la disolución del fijo. El mercurio de los filósofos muy a menudo es el héroe de la alegoría, pero entonces el autor de la fábula ha tenido en consideración sus propiedades, en su virtud resolutiva, en cuanto a sus partes volátiles y finalmente a su principio coagulante, cuando se trata de fijar mediante las operaciones. Entonces es un Teseo, un Perseo, un Hércules, un Jasón, etc. Veamos ahora el artículo «Júpiter y Antíope» de «Los Amores de los Dioses», de Raimon Arola, donde, por cierto, también cita este artículo de Pernety: Las representaciones de sátiros –dice Arola– sorprendiendo a bellas ninfas dormidas son muy frecuentes tanto en la antigüedad como en el Renacimiento. Las ninfas acostumbran a descansar escondidas en lugares frondosos, junto a una fuente o un río, pues son, según Porfirio, «los poderes que presiden las aguas»;(6) pero los sátiros, que simbolizan las fuerzas del fuego, las buscan, las espían y las descubren para unirse a ellas. El dibujo de Perino del Vaga representa una de estas imágenes, con la salvedad de que en la parte inferior se observan dos atributos propios de Júpiter: el águila y el haz de rayos con el que juega Cupido, como si fueran sus propias flechas. Gracias a Ovidio sabemos que «Júpiter, oculto bajo las apariencias de sátiro, llenó la bella Nicteide de prole gemela».(7) La bella Nicteide, es decir, la hija de Nicteo, es Antíope; de ella dijo Homero: «gloriosa por haber descansado, a su vez, en los brazos de Júpiter, del cual tuvo dos hijos, Zeto y Anfión, los primeros fundadores de Tebas».(8) Tradicionalmente se consideraba que las siete salidas o puertas de Tebas, hechas por Zeto y Anfión, eran de metal filosófico producido por el Arte alquímico. Nicteo, en griego, deriva de núx , noche, oscuridad, sombra, por lo que se entiende que Antíope es la hija de la noche u oscuridad. Pernety nos ofrece una lectura alquímica de esta etimología al afirmar que Nicteo significa «la coagulación de la materia al salir de la putrefacción, durante la cual esta materia se convierte en negra, y es llamada noche». En este momento del desarrollo de la obra alquímica, la materia sale de la negrura y se vuelve blanca; entonces está preparada para ser fecundada por el cielo, y por ello Júpiter –representado en el grabado en forma de sátiro– levanta el vestido de la ninfa, pues desvela la blancura de la materia negra. Que Júpiter se esconda bajo las apariencias de un sátiro parece enseñarnos que el alma divina, para unirse a la materia –cuya imagen en este caso es Antíope–, necesita de los espíritus elementales y las fuerzas de la naturaleza, que en los relatos míticos están representados por los sátiros. El autor de la Concordancia mito-físico-cábalo-hermética escribe lo siguiente sobre la función de los sátiros como espíritus elementales: El alma del hombre es la pureza por excelencia; el cuerpo material está compuesto por una pasta terrestre y muy corruptible; una es una substancia pensante, cuyas funciones se limitan a la reflexión. El otro es un cuerpo pesado y maquinal, cuyas funciones se limitan a la más perfecta obediencia. Estas cualidades opuestas nunca hubieran podido formar un todo si un intermediario no las hubiera acercado. Es la substancia espiritual [representada según el autor por los sátiros y los faunos] a la que le está reservado el ser el vínculo de estos dos extremos; sin este cuerpo espiritual que está en medio y que sirve de envoltura al alma, ésta nunca hubiera podido unirse ni atarse al cuerpo material a causa del alejamiento y de la oposición de sus principios. Hacía falta, pues, que, para servir de morada a uno y para preservar al otro de la corrupción, el espíritu tuviera algo de lo terrenal de uno y de lo sutil del otro.(9) En la mitología griega, los sátiros eran genios espirituales sin genealogía ni leyendas propias, tenían medio cuerpo humano y medio caprino, para indicar que tenían algo de terrenal y algo de sutil. Los sátiros, al igual que el dios Pan, quien a veces era considerado como su padre, representaban la naturaleza media de la creación. Alciato dedica uno de sus emblemas a «La fuerza de la Naturaleza» y la describe de la siguiente manera: Las gentes veneran a Pan –es decir, la naturaleza de las cosas–, hombre mitad cabrón y dios mitad hombre. Es hombre hasta el pubis, porque nuestro valor, plantado en el corazón al nacer, se asienta sublime en lo alto de la cabeza. Desde aquí es cabrón, porque la Naturaleza nos propaga secularmente por medio del coito, como las aves, los peces, los brutos y las fieras.(10) El hecho de que Júpiter se esconda bajo la forma de este ser de doble naturaleza parece indicar que la causa primera de la creación no engendra el cosmos directamente, sino por medio de la naturaleza, lo que durante el Renacimiento se llamó la causa segunda. Juan Pérez de Moya explica que los antiguos entendieron por Pan: La causa segunda, obradora de la voluntad divina de Dios, criada de su divina providencia. [...] Dijeron ser hijo de Mercurio, porque por Mercurio entendían la voluntad o mente divina, la cual guía el nacimiento o generación de las cosas.(11)

(1) . Véase la entrada al blog Octubre 25, 2006. (2) . Raimon Arola, Los Amores de los Dioses, ed. Alta Fulla, Barcelona 1999, p.58. (3) . Recomendable la visita a http://www.arsgravis.com/ , web de la asignatura de simbolismo, Facultad de Bellas Artes, Universidad de Barcelona, coordinada por el profesor R. Arola y diseñada por http://.nodelobs.com/ . (4) . Homero, Odisea, lib. 11, vers. 159 y ss. (5) . Flamel, Deseo deseable. (6) . Porfirio, El antro de las ninfas de la Odisea, ed. Gredos, Madrid 1989, p. 227. (7) . Ovidio, Metamorfosis, VI, 108. (8) . Homero, Odisea, XI, 260. (9) . Concordancia mito-físico-cábalo-hermética, ed. Obelisco, Barcelona 1985, p. 141. (10) . Alciato, Emblemas, ed. Akal, Madrid 1985, p. 131. (11). J. Pérez de Moya, La Filosofía Secreta, ed. Glosa, Barcelona, 1977, vol. I, p. 54.

lunes, abril 30, 2007

El Toisón de Oro, su explicación (3)

Orfeo o el inventor de este relato del viaje de los argonautas, había realizado la obra, por lo que no le fue difícil indicarles por medio de Fineo la ruta que debían de tomar y lo que debían de hacer seguidamente, el sabio y prudente piloto Orfeo también los condujo al son de su guitarra y les dijo lo que les era preciso hacer para librarse de los peligros que les amenazaban, las Sirtes, las Sirenas, Escila, Caribdis, las rocas Cianeas y los otros escollos. Estas dos últimas son dos montones de rocas en la entrada de Ponto-Euxino, de una figura irregular, de la cual una parte está del lado de Asia y la otra de Europa y que sólo hay entre ellas, según Estrabón,[1] un espacio de veinte estadios. Los antiguos decían que estas rocas eran móviles y que se aproximaban para engullir a los barcos, por lo que les fue dado el nombre de Simplégades, que significa que chocan entre sí. Estos dos escollos eran suficiente para sorprender a nuestros héroes, el retrato que les había hecho Fineo de ellos hubiera sido capaz de intimidarles si al mismo tiempo no les hubiera enseñado cómo debían sortearlos. Lo cual era soltar una paloma hacia el lado de allá y si volvía al de aquí sólo tenían que continuar su ruta, sino era así debían de tomar la determinación de volverse. Se puede alabar al inventor de esta ficción la atención que ha tenido de no omitir casi ni una sola circunstancia remarcable de lo que pasa en el progreso de las operaciones.
Cuando el color negro empieza a esclarecer, la materia se reviste de un color azul oscuro, que participa del negro y del azul; estos dos colores, aunque distintos entre ellos, parecen sin embargo a una cierta distancia formar un violeta. Es por lo que Flamel dice:[2] He hecho tomar el campo donde están estas dos figuras azuladas y azul para mostrar que la materia no hace más que empezar a salir de la negrura muy negra. Pues el azulado y azul es uno de los primeros colores que nos deja ver la obscura hembra, es decir, la humedad cediendo un poco al calor y a la sequedad... Cuando la sequedad domine todo será blanco. Puede que en esta descripción no veamos las rocas Cianeas, pero su mismo nombre Κυάνειος o Κυάιος designa un color azul negrura. Antes de atravesarlas, es preciso hacer pasar una paloma por encima de ellas, es decir, volatilizar la materia, es el único medio, sin él no se puede salir airoso.
Más allá de las rocas Cianeas nuestros héroes hubieron de dejar a la derecha Bitinia, tocar solamente la isla Thirea y atracar en las Mariandinos. Las tumbas de los paflagonios, sobre los que Pélope había reinado antes, los cuales se halagan de ser descendientes suyos, no están lejos de allí, les dice Fineo.[3] Tenía razón, puesto que la materia entonces saca el color negro, designado allí por Pélope de πελος, niger (negro) y de όψ, oculus (ojo). Es también este color el que viene de la putrefacción, del que los filósofos han tomado ocasión, dice Flamel, de alegorizarlo mediante las tumbas, dándole este mismo nombre.
En el lado opuesto hacia la osa mayor se elevaba en el mar una montaña llamada Carambim, debajo de la cual el Aquilón excitaba las tormentas. Abraham el judío ha empleado este símbolo para significar la misma cosa, lo que se encuentra en sus figuras jeroglíficas, restituidas por Flamel:[4] En la otra cara del cuarto folio, pintaba una bella flor en la cima de una montaña muy alta a la que el Aquilón zarandeaba muy rudamente.
Tenía el pie azul, las flores blancas y rojas, las hojas relucientes como el oro fino, y en su entorno dragones y grifos aquilonianos hacían sus nidos y moradas. No lejos de allí, continúa Apolonio, el pequeño río Iris hace correr sus aguas plateadas, y va a lanzarse al mar. Después de haber pasado la desembocadura del Termodón, las tierras de los Cálibes, donde todos son obreros del hierro, y el promontorio de Júpiter el hospitalario, descenderéis a una isla deshabitada, en la cual cazaréis todos los pájaros que hay allí, en gran número. Encontraréis un templo que las amazonas Otrera y Antíope han hecho construir en honor a Marte, tras su expedición. Os conjuro que no faltéis allí, pues se os presentará del mar una cosa de un valor inexpresable. En el otro lado habitan los filiaros, por encima los macrones, después los buzaros y al fin llegaréis a Cólquide. Pasaréis allí por el territorio citaico que se extiende hasta la montaña del Amaranto, después por las tierras que riega el Fasis, en cuya desembocadura veréis el palacio de Aetes y la selva de Marte, donde está suspendido el Toisón de oro.

He aquí toda la ruta que les indica Fineo, y es justo que les asegure no haber olvidado nada.[5] Después del color negro viene el gris al cual sucede el blanco o la plata, la Luna de los filósofos, Fineo lo indica con las aguas plateadas del pequeño río Iris y señala la cualidad ígnea con el río Termodón. Después del blanco aparece el color del robín de hierro, al que los filósofos llaman Marte. Fineo lo designa con la morada de los Calibes, obreros del hierro, con la isla y el templo de Marte, levantado por las amazonas Otrera y Antíope, es decir, por la acción de las partes volátiles sobre el fijo, que se ha de reconocer al término de la expedición que había precedido. Hizo cazar en esta isla a todos los pájaros, es decir, que es preciso fijar todo lo que es volátil, pues cuando la materia ha adquirido el color de la herrumbre está absolutamente fija, y sólo le falta fortificarse en color; es por lo que Fineo dice que pasaran por el territorio citaico, o el color de la flor de la granada, que conduce al monte Amaranto. Se dice que el amaranto es una flor de color púrpura y que es una especie inmortal. Es el color que indica la perfección de la piedra o del azufre de los filósofos.

Todos estos colores están anunciados en pocas palabras por Espagnet:[6] Tres especies de muy bellas flores han de ser buscadas y encontradas en el fondo de ese jardín de los sabios, las violetas el lis blanco y el amaranto púrpura e inmortal. Las violetas se encuentran en la entrada. El río dorado que las riega les hace tomar el color del zafiro; la industria y el trabajo hacen encontrar seguidamente el lis, al cual sucede insensiblemente el amaranto. ¿No se reconoce en estas pocas palabras todo el viaje de los argonautas? ¿Qué les quedaba por hacer? Era preciso entrar en el río Fasis o el que lleva el oro, y entrar en la ciudad del mismo nombre, donde los hijos de Frixo acogieron a nuestros héroes; Jasón fue llevado ante Eetes, hijo del Sol, quien había desposado a la hija del Océano, de la que había tenido a Medea. Así pues, el hijo del Sol es el poseedor de este tesoro y su nieta le facilitó los medios de adquirirlo, es decir, que la preparación perfecta de los principios materiales de la obra ya está acabada, el artista ha logrado la generación del hijo del Sol de los filósofos. Pero son tres los trabajos necesarios para acabar toda la obra, el primero está representado por el viaje de los argonautas a Cólquide, el segundo es el que Jasón hizo para apoderarse del Toisón de oro y el tercero, el retorno a su patria.

[1] . Estrabón, lib. 7.
[2] . Flamel, loc. cit.
[3] . Apolonio, Argonautas, lib. 2, vers. 356.
[4] . Flamel, Explicación de las Figuras... prólogo, p. 11.
[5] . Apolonio, lib.2, vers. 392.
[6] . La obra secreta de la Filosofía de Hermes, Canon, 53.

miércoles, octubre 25, 2006

Antíope



La fábula de Antíope ha sido fabricada por diferentes autores, sin embargo es de la primera antigüedad.
Homero hace hablar a Ulises en estos términos:[1] Tras aquella vi. a Antíope, hija de Asopo, la cual se glorificaba también de haber dormido en los brazos de Júpiter y de haber tenido de este dios dos hijos, Anfión y Zeto, que fueron los primeros en poner los fundamentos de la ciudad de Tebas, etc. Anfión fue puesto bajo la disciplina de Mercurio y allí aprendió a tocar tan perfectamente la lira que, por la dulzura de sus acordes, dulcificaba no sólo la ferocidad de las bestias salvajes y se hacía seguir por ellas, sino que incluso daba movimiento a las piedras y las hacía arreglarse a su gusto. Se ha dicho otro tanto de Apolo, cuando construyó los muros de la ciudad de Troya. Orfeo también gobernó la nave Argo al son de su lira y hacía mover las rocas con ella.
Veamos cuales pueden ser el objeto de las alegorías de Antíope y de su hijo Anfión. Algunos dicen que es hija del río Asopo y muchos filósofos llaman a su materia con este mismo nombre, Asopo, otros Adrop, otros Atrop y dicen que se forma en un
arroyo, una fuente, un agua, un jugo, al cual dan el nombre de jugo de la saturnia vegetable.[2] Este jugo se espesa, se coagula, se vuelve sólido; ¿no es esto entonces Antíope? de αντι y de πύς es decir, que no hay más jugo, que está coagulado, que no está fluido. Aquellos que dicen que es Nicteo el padre de Antíope, han tenido el mismo objetivo a la vista, es decir, la coagulación de la materia al salir de la putrefacción, durante la cual la materia se vuelve negra y es llamada noche, tinieblas; pues de νύξ, noche, ha sido hecho Nicteo, por lo que se ve que Antíope tiene el mismo carácter que las otras amadas de Júpiter. La metamorfosis de este dios en sátiro está explicada en el artículo de Baco.
Cuando se dice que Anfión fue puesto bajo la tutela de Mercurio, es porque el mercurio filosófico lo dirige todo en la obra, y la ferocidad de las bestias
que él sabe dulcificar se explica de la misma manera que la de los tigres, leones y panteras que acompañaban a Baco en sus viajes. Las piedras que venían a arreglarse en su lugar al son de la lira, son las partes fijas de la piedra volatilizadas, que coagulándose se acercan unas a otras y forman una masa he
cha de todas las partes extendidas por aquí y por allá.
Las personas figuradas en estas fábulas, son todas alegóricas y hacen alusión a la materia, a los colores, a las operaciones, o finalmente al artista mismo de la gran obra. Sería suficiente poner atención al hecho de que en general todo lo que en las fábulas lleva nombre de mujer, chica o ninfa, puede ser explicado del agua mercurial volátil, antes o después de su fijación, y todo lo que allí tiene carácter de hombre debe de entenderse de la parte fija, que se une, trabaja (fermenta), se volatiliza con las partes volátiles y se fija finalmente con ellas; que los robos, los raptos, etc, son la volatilización; los matrimonios y las conjunciones de machos y de hembras son la reunión de las partes fijas con las volátiles; el resultado de estas reuniones son los hijos; la muerte de las mujeres normalmente significa la fijación; la de los hombres la disolución del fijo. El mercurio de los filósofos es muy a menudo el héroe de la alegoría, pero entonces el autor de la fábula ha tenido en consideración sus propiedades, en su virtud resolutiva, en cuanto a sus partes volátiles y finalmente a su principio coagulante, cuando se trata de fijar mediante las operaciones. Entonces es un Teseo, un Perseo, un Hércules, un Jasón, etc.

[1] . Homero, Odisea, lib. 11, vers. 159 y ss.
[2] . Flamel. Deseo deseable.