La luz, tras haber obrado sobre las partes de la masa tenebrosa que le eran más cercanas y haberlas rarificado más o menos en proporción de su alejamiento, penetra al fin hasta el centro, para animarla en su todo, fecundarla y hacerle producir todo lo que el Universo presenta ante nuestros ojos. Gustó, entonces a Dios, fijar la fuente natural en el Sol, sin embargo, sin juntarlo todo totalmente allí. Parece que Dios haya querido establecerlo como el único dispensador, a fin de que la luz creada de Dios único, luz increada, fuera comunicada a las criaturas por uno sólo, como para indicarnos su primer origen. De esta antorcha luminosa todos los otros reciben su luz y el esplendor que reflejan sobre nosotros; porque su materia compacta produce hacia nosotros el mismo efecto que una masa esférica brillante, o un espejo sobre el cual caen los rayos del Sol. Debemos considerar a los cuerpos celestes como el de la Luna,


Los elementos fueron también el fruto de la luz; y todos tienen un mismo principio, ¿cómo podrían, según la opinión vulgar, tener antipatía y contrariedad entre ellos? Es de su unión que son formados todos los cuerpos según sus diferentes especies; su diversidad sólo viene de lo más o lo menos que cada elemento provee para la composición de cada mixto. La primera luz había echado las simientes de las cosas en las matrices que eran propias a cada una; la luz del Sol las ha fecundado y hecho germinar.

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