

Sobre estos principios los antiguos filósofos distinguieron los elementos en tres solamente, figuraron al Universo gobernado por tres hermanos, hijos de




Cada uno de los tres hermanos tenía un cetro de tres puntas como señal de su dominio, y para dar a entender que cada elemento, tal como lo vemos, es un compuesto de tres. Ellos eran propiamente hermanos, puesto que habían salido de un mismo principio, hijos del cielo y de la tierra, es decir la primera materia animada, de lo que todo ha sido hecho.

Plutón es llamado rey de las riquezas y señor de los infiernos, porque la tierra es la fuente de las riquezas y porque nada atormenta tanto a los hombres como la sed de riquezas y la ambición.
No es muy difícil de aplicar el resto de la fábula a la física. Muchos autores están ejercitados sobre esta materia y han demostrado que los antiguos sólo se proponían instruir mediante la invención de estas fábulas. Los filósofos herméticos, que se deleitan de ser los verdaderos discípulos y los imitadores de la naturaleza, hicieron una doble aplicación de estos principios, viendo en los procesos y los progresos de la gran obra las operaciones de la naturaleza, como en un espejo, no distinguieron más a unos de otros y los explicaron de la misma manera. Compararon entonces todo lo que pasa en la obra a los progresos sucesivos de la creación del Universo, por una cierta analogía que creían observar allí. ¿Es sorprendente que todas sus ficciones tuvieran a estas dos cosas por objeto? Si se reflexionara sobre ello, no se encontraría nada de ridículo en sus fábulas. Si lo personificaron todo, fue para volver sus ideas más sensibles, pronto se les reconocería algo más que las acciones ridículas y licenciosas que atribuían a sus pretendidos dioses, pues sólo eran operaciones de la naturaleza, que nosotros vemos todos los días sin ponerles atención. Queriéndose explicar sólo mediante alegorías, ¿podían suponer las cosas hechas de otra manera y por otros actores? Nuestra ignorancia en la física no nos da ningún privilegio como para burlarnos de ellos y de imputarles el ridículo que quizás harían recaer fácilmente sobre nosotros si estuvieran sobre la tierra, para explicarse al estilo del siglo presente. El análisis de los mixtos sólo nos da lo seco y lo húmedo, de donde se debe concluir que sólo hay dos elementos sensibles en el compuesto de los cuerpos, a saber, la tierra y el agua. Pero la experiencia misma nos muestra que los otros dos están allí ocultos. El aire es muy sutil para hacer impresión en nuestros ojos, el oído y el tacto son los únicos sentidos que nos demuestran su existencia. En cuanto al fuego de la naturaleza, es imposible para el arte manifestarlo de otra manera que mediante sus efectos.
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