

puro y sin mezcla, que lleva a la generación excitando la acción del fuego interno, desarrollándolo, dilatándolo y sacándolo, por así decirlo, del centro de la semilla donde está escondido y dormido. Estos dos calores, por su homogeneidad, trabajan en concierto para la generación y la conservación de los mixtos.

Todo frío es contrario a la generación. Cuando una materia es de esta naturaleza se vuelve pasiva y sólo es apropiada para ello si es ayudada y corregida mediante un socorro extranjero. El Autor de la naturaleza, queriendo que la tierra fuera la matriz de los mixtos, la calienta en consecuencia continuamente mediante el calor de los fuegos celeste y central y le une la naturaleza húmeda del agua a fin de que, ayudada por los principios de la generación, lo caliente y lo húmedo, no sea estéril y se convierta en el vaso donde se hacen todas las generaciones.[2]
Es por esta razón que se dice que la tierra contiene a los otros elementos. Ella puede ser dividida en tierra pura y tierra impura. La primera es la base de todos los mixtos y produce todo mediante la mezcla con el agua y la acción del fuego. La segunda es como el vestido de la primera y entra como parte integrante en la composición de los individuos. La pura es animada por un fuego que vivifica los mixtos y los conserva en su manera de ser, mientras que el frío de la impura no la domine, o que no sea demasiado excitado y tiranizado por el fuego artificial y elementario, su fratricida. Éste que es visible en la tierra es fijo y el que es invisible es volátil
[1] . Cosmopolita, Nueva Luz Química, trat. 4.
[2] . Cosmopoliota, ibid.
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