
Los minerales también son formados de ella y como el antimonio es el Proteo de la química y el mineral que tiene más propiedades y virtudes, Artefio ha nombrado a la materia de la gran obra Antimonio de las partes de Saturno.
Pero aunque da un verdadero mercurio, no se ha de imaginar que este mercurio se saca del antimonio vulgar, ni que éste sea el mercurio común. Filaleteo [1] que de cualquier manera que se trate el mercurio vulgar, jamás se hará de él un mercurio filosófico. El Cosmopolita dice que éste es el verdadero mercurio y que el mercurio común no es más que su hermano bastardo.[2] Cuando el mercurio de los sabios es mezclado con la plata y el oro es llamado electro de los filósofos, su bronce, su latón, su cobre, su acero, y en las operaciones, su veneno, su arsénico, su oropimente, su plomo, su latón que se ha de blanquear, Saturno, Júpiter, Marte, Venus, la Luna y el Sol.
nos asegura
Este mercurio es un agua ardiente que tiene la virtud de disolver todos los mixtos, los minerales, las piedras y todo lo que los otros menstruos o aguas fuertes no sabrían hacer, la guadaña del viejo Saturno viene al punto para significarlo, por lo que se le ha dado el nombre de disolvente universal.

El Trevisano[4] se explica, más o menos, en el mismo sentido: Y así -dice- hemos visto y conocido muchos e infinitos trabajos en estas amalgamaciones y multiplicaciones al blanco y al rojo, con todas las materias que pudierais imaginar y tantas fatigas continuas y constantes, que creí que era posible pero jamás encontramos nuestro oro ni nuestra plata multiplicada, ni del tercio ni de la mitad ni de ninguna parte. Y así hemos visto tantos blanqueos y rubificaciones, recetas, sofisticaciones, y por tantos países, en Roma, Navarra, España, Turquía, Grecia, Alejandría, Barbaria, Persia, Mesina, en Rodas, en Francia, en Escocia, en Tierra Santa y sus alrededores, en toda Italia, en Alemania, en Inglaterra y casi rodeando todo el mundo. Pero sólo encontramos gente que trabajaba en cosas sofisticadas y materias herbales, animales, vegetales y plantables, piedras, minerales, sales alumbres y aguas fuertes, destilaciones, separaciones de los elementos y sublimaciones, calcinaciones, congelaciones de plata viva mediante hierbas, piedras, aguas, aceites, estiércoles, y fuego y vasos muy extraños y jamás encontramos obreros sobre la debida materia.
Encontramos en estos países a quienes sabían bien de la piedra, pero jamás pudimos tener un trato íntimo... y me puse, pues, a leer los libros antes de trabajar más tiempo, pensando en mí mismo que siguiendo a cualquier hombre no podría lograrlo, puesto que si ellos lo sabían nunca lo querrían decir... así, observé allí dónde los libros más concordaban y entonces pensé que esto era la verdad; pues sólo pueden decir verdad en una cosa. Y así encontré la verdad. Pues donde más concordaban, esto era la verdad; todo cuanto nombra uno de una manera el otro lo hace de otra; no obstante todo es una substancia en sus palabras. Pero conocí que la falsedad estaba en la diversidad y no en la concordancia, y si esto era verdad, sólo ponían allí una materia, algunos nombres y algunas figuras que daban. Y ¡Dios mío! creo que los que han escrito parabólicamente y figurativamente sus libros, hablando de cabellos, de orina, de sangre, de esperma, de hierbas, de vegetales, de animales, de plantas, de piedras y de minerales como son sales, alumbres y porosas, otros como vitriolos, bórax y magnesia y piedras cualquiera, y aguas; creo, digo, que les ha costado muy poco, o se han tomado pocas molestias, o es que son muy crueles... Pues sabed que ningún libro la declara en palabras verdaderas, sino mediante parábolas y como en figuras. Pero el hombre debe pensar y revisar frecuentemente en lo posible lo que dicen y observar las operaciones que la naturaleza dirige en sus obras. Porque concluyo, y creedme: Dejad las sofisticaciones y a todos los que en ellas creen, huid de sus sublimaciones, conjunciones, separaciones, congelaciones, preparaciones, desuniones, conexiones y otras decepciones [...] Y se amontonan los que afirman otra tintura que no es la nuestra, no verdadera, y sin ningún provecho. Y se amontonan los que van diciendo y sermoneando otro azufre que no es el nuestro, que está oculto en la magnesia (filosófica) y que quieren sacar otra plata viva que la del servidor rojo, y otra agua que no es la nuestra, que es permanente, que de ningún modo se une a nada más que a su naturaleza, y que no moja otra cosa que no sea la propia unidad de su naturaleza [...] Dejad alumbres, vitriolos, sales y otros, bórax, cualquier agua fuerte, animales, bestias y todo lo que de ellos pueda salir; cabellos, sangre, orina, espermas, carnes, huevos, piedras y todos los minerales. Dejad todos los metales, pues aunque se haga uso de ellos, nuestra materia, dicho por todos los filósofos, debe estar compuesta de viva-plata; y la viva-plata no está en otras cosas que en los metales, como aporta Geber, en el gran Rosario, en el código de toda verdad, por Morien, por Haly, por Calib, por Avicena, por Bendegid, Esid, Serapión, por Sarne, que hizo el libro llamado Lilium, por Euclides en su séptimo capítulo de las Retracciones y por el filósofo (Aristote), en el tercero de los meteoros [...] y por esto dicen Aristote y Demócrito en el libro de la Física, capítulo tercero de los meteoros, que es muy caro para los alquimistas, pues ellos no cambiarán jamás la forma de los metales, si no se hace una reducción a su primera materia [...] O, sabed, como dice Noscus, en la Turba, el cual fue rey de Albania, que del hombre sólo viene hombre, de volátil sólo volátil, y de bestia sólo bestia bruta, y que naturaleza sólo corrige a su propia naturaleza y no a otra.

[1] . I. Filaleteo, Entrada abierta al palacio cerrado del Rey.
[2] . Cosmopolita, Diálogo del Mercurio, el alquimista y Naturaleza.
[3] . Paracelso, Cielo Filosófico, can. De Saturno.
[4] . Bernardo el Trevisano, Filosofía de los Metales.