No pretendo, sin embargo, que todos los monumentos se deban de explicar por el mismo medio. Si bien ha sido la fuente, la base y el fundamento de los jeroglíficos, no ha de ser el objeto de todos los monumentos y los jeroglíficos que nos quedan. La mayor parte son históricos o representan algunos rasgos de la fábula ajustados según la fantasía de aquel que los encargó al artista o la del artista mismo, que al no estar iniciados en los misterios egipcios, griegos, romanos, etc., conservaron solamente el fondo, según las instrucciones muy defectuosas y poco esclarecidas que tenían, para el resto seguían su estilo y su imaginación: Cicerón en su tratado Natura Deorum dice que los dioses se nos presentan en las figuras y formas que ha gustado darles a los pintores y a los escultores.

añadan allí figuras inútiles y por decirlo en términos del arte figuras para ensalzar? ¿cuantos ponen ornamentos arbitrarios y fantasiosos, conchas, flores, algunos animales, rocas, etc.? Si los artistas instruidos caen algunas veces en este defecto, ¿qué se debe pensar de los ignorantes que a menudo sólo tienen buena mano y una impetuosa imaginación que concibe todo lo que publican?
Consta que los jeroglíficos han nacido en Egipto y la opinión más común considera a Hermes como su inventor, aunque los más antiguos escribanos de la historia de Egipto no nos enseñen nada absolutamente cierto sobre el origen de los caracteres de la escritura y de las ciencias. Así mismo no se encuentra nada positivo sobre los primeros reyes del mundo que no sea susceptible de contradicción. Los autores han sido tan poco sensatos como para decir que los primeros hombres han salido de la tierra como los champiñones, otros han imaginado que los hombres habían sido formados en Egipto, conjeturando sin duda que han venido de la tierra, como estas ratas que se ven salir en gran número de las grietas del limo del Nilo después de que el Sol ha secado la humedad.
Diodoro de Sicilia,[1] tras haber recorrido gran parte de Europa, de Asia y de Egipto, confiesa no haber podido descubrir nada cierto sobre los primeros reyes de todos estos países. Lo que nos queda de más constancia son los jeroglíficos egipcios, en cuanto a lo que considera la escritura; pero en lo que concierne a los reyes sólo tenemos fábulas. El mismo Diodoro[2] dice que los primeros hombres han adorado al Sol y a la Luna como a dioses eternos, que han llamado al Sol Osiris y a la Luna Isis, lo que conviene perfectamente a la idea que se nos da del pueblo de Egipto. Para nosotros que hemos aprendido más ciertamente de la Escritura Santa cuál es el único verdadero Dios de los otros dioses y cuál fue el primer hombre y la tierra que habitó, nos dolemos de la vanidad de los egipcios que les hacía llevar la antigüedad de su nación y la genealogía de sus reyes hasta más allá de veinte mil años.

Dios único. Por otra parte ¿cómo habrían podido acordar la eternidad de Osiris y de Isis con la paternidad de Sat
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