martes, marzo 27, 2007

Harpócrates (1)



Es unánime el sentimiento de todos los autores respecto a Harpócrates, pues es considerado como el dios del silencio, y es verdad que en todos los monumentos donde está representado su actitud es de llevar el dedo a la boca, para señalar, dice Plutarco[1] que los hombres que conocieron a los dioses, en los templos en que Harpócrates estaba emplazado, no debían hablar temerariamente. Esta actitud le distingue de todos los otros dioses de Egipto, con los cuales tenía a menudo alguna relación por los símbolos que le acompañan. De ahí viene que muchos autores lo hayan confundido con Horus y hayan dicho que era hijo de Isis y de Osiris. En todos los templos de Isis y de Serapis se veía otro ídolo llevando el dedo sobre la boca y este ídolo es sin duda aquel del que habla San Agustín[2] después de Varrón, que decía que había una ley en Egipto para prohibir bajo pena de muerte el decir que estos dioses habían sido hombres. Este ídolo no podía ser otro que Harpócrates, que Ausonio llama Sigaleon.
Confundiendo a Horus con Harpócrates se encuentra uno en la necesidad de decir que eran el uno y el otro el símbolo del Sol y al decir verdad algunas figuras de Harpócrates adornadas con rayos, o sentado sobre el loto, o que llevaban un arco y un manojo de flechas o carcaj, han dado lugar a este error.
En este caso haría decir que los egipcios tenían de la discreción del Sol otra idea diferente de la que tenían los griegos. Si Harpócrates era el dios del silencio y era al mismo tiempo el símbolo del Sol en los primeros, no podía ser el uno y el otro en los segundos, puesto que Apolo o el Sol, según los griegos, no pudo guardar el secreto sobre el adulterio de Marte y de Venus. Sin embargo tenían los unos y los otros la misma idea de Harpócrates y lo consideraban como el dios del secreto que se conservaba en el silencio y se desvanecía por la revelación. En consecuencia, Harpócrates no era el símbolo del Sol, pero los jeroglíficos que acompañan su figura tenían una relación simbólica con el Sol, es decir, el Sol filosófico del que Horus era también el jeroglífico.
Los autores que nos enseñan que Harpócrates era hijo de Isis y de Osiris dicen verdad, porque lo tenían así de los sacerdotes de Egipto, pero estos autores tomaron esta generación en el sentido natural, en lugar de los sacerdotes filósofos que lo decían en un sentido alegórico. Puesto que todos los griegos y los latinos estaban convencidos de que estos sacerdotes mezclaban siempre el misterio en sus palabras, sus gestos, sus acciones, sus historias y sus figuras, y que las consideraban todas como símbolos, es sorprendente que estos autores hayan tomado por la letra tantas cosas que nos aportan de los egipcios. Sus testimonios los condenan respecto a esto. Nuestros mismos mitólogos y nuestros anticuarios hubieran debido de poner más atención. El secreto del que Harpócrates era el dios, era en verdad el secreto en general que se debía de guardar sobre todo lo que nos es confiado. Pero los atributos de Harpócrates nos indican el objeto del secreto en particular del que trataban los sacerdotes de Egipto. Isis, Osiris, Horus o más bien lo que representan simbólicamente, eran el objeto de este secreto. Ellos fueron la materia, ellos facilitaron el sujeto, lo hicieron nacer, él sacó, pues, su existencia de ellos, y se podría decir en  consecuencia que Harpócrates era hijo de Isis y de Osiris.

Si como lo ha pretendido probar el ilustre señor Cuper en su tratado sobre Harpócrates, se debe considerar a este dios como una misma persona con Orus, ¿por qué todos los antiguos los distinguieron? ¿por qué Orus no ha pasado jamás por ser el dios del silencio? Y ¿por qué no se le vio en ningún monumento representado de la misma manera y con los mismos símbolos? Yo sólo veo un parecido y es que el uno y el otro se encuentran bajo la figura de un niño, pero aún y así diferentes, pues Orus está casi siempre envuelto en pañales o sobre las rodillas de Isis que lo amamanta, al contrario que Harpócrates que a menudo es un joven o también un hombre ya hecho.
El gato aullando, el perro, la serpiente, no fueron jamás símbolos dados a Orus, y todo lo que pudieran tener en común son los rayos que se han puesto a la altura de la cabeza de Harpócrates y el cuerno de la abundancia, tal como se ve en muchos lugares en la antigüedad explicada de Dom Bernard de Montfaucon. Pero se ha de señalar que Harpócrates jamás se encuentra representado con la cabeza resplandeciente sin que tenga junto a él algún otro símbolo. La serpiente, el gato y el perro son símbolos que convienen perfectamente al dios del secreto y de ningún modo a Orus, tomado por el Sol. El gato aullando era el pájaro de Minerva, diosa de la sabiduría; la serpiente fue siempre un símbolo de prudencia y el perro un símbolo de fidelidad. Dejo al lector hacer su aplicación.
Los otros símbolos dados a Harpócrates significan el objeto mismo del secreto que recomienda poniendo el dedo sobre la boca, es decir, el oro o el Sol hermético, por la flor de loto sobre la cual se le encuentra algunas veces sentado o que lleva sobre la cabeza, por los rayos que envuelven su cabeza y en fin, por el cuerno de la abundancia que sostiene, puesto que el resultado de la gran obra o elixir filosófico es el verdadero cuerno de Amaltea, siendo la fuente de riquezas y de salud.
[1] . Plutarco, Isis y Osiris.
[2] . S. Agustín, La Ciudad de Dios, lib. 18 cap. 5.

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