sábado, diciembre 02, 2006

Conclusión de la Guerra de Troya y sus Fatalidades





Tales son, más o menos, las indicaciones que los autores herméticos dan de esta materia. Sería preciso ser más que un Edipo para adivinarla por sus discursos. Sin duda que es una cosa muy común y poco ignorada, puesto que hacen de ella tan gran misterio y hacen todo lo posible por disfrazarla para que sea desconocida. No cabe duda que las operaciones también son fáciles, ya que el Cosmopolita y muchos otros aseguran que se la puede describir no en pocas páginas, sino en pocas líneas e incluso en pocas palabras. Sin embargo esta cosa que se puede expresar y decirse en tan pocas palabras, Homero ha encontrado tanta fecundidad en su genio como para extenderla de manera que ha hecho de ella toda su Ilíada. Probado por el Cosmopolita que dice, que aquel que está al corriente de la gran obra, encontrará allí suficiente materia como para componer una infinidad de volúmenes. Así, por el asedio de Troya y la reducción a cenizas de esta ciudad, Homero ha tenido a la vista, y ha descrito alegóricamente, la manera de encerrar a Paris y a Helena, o la materia en el vaso e indicar lo que allí sucede durante las operaciones. Él supone a un hombre y a una mujer porque esta materia es en parte fija y en parte volátil, en parte agente y en parte paciente. Este vaso es el templo de Apolo el Timbrio, donde Aquiles fue muerto por Paris. Este sobrenombre de Apolo le viene de la planta o pequeño arbolito llamado Thymbre, con los tallos cubiertos con una
lana bastante ruda de color purpurina. Ya se ha visto que este color es el signo de la perfecta fijación de la materia.
Entonces la ciudad de Troya es tomada y la mayor parte de los héroes que han asistido, se retiran a países extranjeros, como hicieron Eneas, Diomedes, Antenor y tantos otros, para fundar reinos. Esta dispersión indica el efecto del polvo de proyección, que tiene la propiedad de fundar reinos y hacer reyes, es decir, de transformar los diferentes metales en oro, que es llamado el rey de los metales. El Trevisano[1] ha empleado esta alegoría en ese sentido; Basilio Valentín[2] ha hecho lo mismo. Y en efecto, si se considera al oro como el rey de los metales ¿no es lo mismo fundar
nuevos reinados en países lejanos, que transformar en oro a los metales que al menos tienen afinidadcon el oro?
Paris, Helena y Aquiles son, pues, los tres principales héroes de la Ilíada, a continuación Héctor y Pirro. Ulises es propiamente el consejero de los griegos, es decir, el que conduce las opderaciones.
Aquiles es el agente interior, o el fuego innato de la materia, que durante un tiempo permanece dormido y como entorpecido, finalmente se despierta y actúa. Es muerto al fin por Paris, este hombre afeminado a quien se le reprocha siempre su negligencia y su blandura, pero que sin embargo muestra de cuando en cuando un gran coraje. Pirro el de los cabellos rojos sucede a su padre Aquiles y arruina la ciudad de Troya. Este color rojo de los cabellos de Pirro no está designado sin razón, pues Homero sabía bien que la ciudad de Troya es tomada, o que la obra está terminada, cuando el elixir ha adquirido el color rojo. La cualidad ígnea de Aquiles ha determinado al poeta a representar a este héroe como bravo, valiente, siempre animado y casi siempre en cólera. La ligereza del fuego ha hecho darle los epítetos de πίδας (agua de fuente), ώκύς (rápido veloz), πόδαρκης (de pies ágiles). Su analogía con el fuego ha hecho decir que Vulcano fabricó su escudo. Es por eso que fue llamado Pirisoo, porque este fuego vive en el fuego mismo sin ser consumido.
Después de que hubo matado a Héctor, el más valiente de los troyanos, el cuerpo de este héroe fue rescatado por un peso igual a él en oro. Cuando Aquiles fue muerto por Paris, los griegos también rescataron su cadáver con el mismo precio. Estos héroes al ser de oro y descendidos de los dioses auríficos no podían ser rescatados de otra manera.
En consecuencia se figura también que sus huesos fueron depositados en féretros de oro y cubiertos con una tela de color púrpura. El de Aquiles había sido dado a Tetis por Baco. La historia de Baco nos ha enseñado la razón de ello, pues es este dios de oro el que concedió a Midas la propiedad de cambiar en oro todo lo que tocara. Aquiles después de muerto fue desposado con Medea en los Campos Elíseos; se sabe que Medea poseía el secreto de rejuvenecer a los viejos y curar las enfermedades; no se puede, pues, figurar un matrimonio más adecuado, puesto que el Aquiles filosófico tiene las mismas propiedades. Durante su vida, la herrumbre de sus armas había curado la herida que éstas habían hecho a Télefo. Se reconoce a
Pirro en una infinidad de textos de los filósofos herméticos, pero sólo citaré a Raimon Llull respecto a esto. La naturaleza de esta cabeza roja –dice[3] – es una substancia muy sutil y ligera, su complexión
es cálida, seca y penetrante. Este autor no es el único que ha tenido en cuenta en sus alegorías, lo que pasa en el asedio de Troya. Basilio Valentín hace significativa mención de Paris, Helena, Héctor y Aquiles en su descripción del vitriolo. Muchos autores han tenido de esta guerra la misma idea que yo, y han hablado de ella en el mismo sentido.
Es preciso considerar en las obras de Homero al menos cuatro cosas: un sentido jeroglífico o alegórico, que vela los más grandes secretos de la física y de la naturaleza. Sólo los filósofos naturalistas y aquellos que están al corriente de la ciencia hermética por teoría bien meditada, o por práctica, están en estado de comprenderlo. Estos admiran en sus obras mil cosas que les sorprenden y les sobrecogen de admiración, mientras que los otros las pasan y no son tocados en nada. Los políticos encuentran admirables reglas de conducta para los reyes, los príncipes, los magistrados y así mismo para las personas de todas las condiciones. Los poetas le señalan un genio fecundo y una sorprendente invención para las ficciones, las fábulas y todo lo que concierne a los dioses y a los héroes. Para ellos es una fuente inagotable. Finalmente los oradores admiran la noble simplicidad de sus discursos y la naturalidad de sus expresiones.
Se puede decir también que Homero ha mezclado algo de histórico en su Ilíada y su Odisea, pero lo habrá hecho para hacer sus alegorías más verosímiles, como hacen aún hoy día la mayor parte de los autores de los romances. Lo verdadero está sumergido en tantas ficciones y de tal manera disfrazado que no es posible adivinarlo. Así, admitiendo que hubiera existido una ciudad de Troya algunos siglos antes de Homero, se podría decir que su ruina le ha suministrado el proyecto de su alegoría, pero no se entenderá de ello que el relato que hace es verdadero. Denis Zachaire, que vivió en el siglo sexto, ha hecho lo mismo que Homero, ha supuesto el asedio
de una ciudad, en verdad no lo dice pero habla como de un hecho real; la diferencia que se encuentra entre estos dos autores, es que el francés advierte de que habla alegóricamente y el griego lo deja adivinar.
Se debe concluir, pues, de todo lo que hemos dicho hasta el presente, que la Ilíada de Homero encierra muy poco, o nada, de las verdades históricas, pero mucho de las alegóricas.
En fin, para finalizar lo que tenemos que decir de la Ilíada, que se examine seriamente a los héroes y las circunstancias, propiamente sólo se verá a un Ulises, que por su prudencia, sus consejos, sus discursos y a menudo sus acciones lo gobierna todo y se encarga de todo. Instruido
de las fatalidades de Troya, o de las condiciones sin las cuales esta ciudad no podría ser tomada, las ejecuta, o pone a los griegos en situación de ejecutarlas. Lo que hace por él mismo son precisamente los cuidados y los pasos del artista. Lo que los griegos y los troyanos hacen es lo que sucede en el vaso filosófico, con la ayuda del arte y de la naturaleza; finalmente Ulises lo dispone todo, hace una parte de las cosas y los griegos actúan cuando él los ha puesto en el punto de hacerlo. Tras él viene Aquiles, como el agente interior, sin el cual la naturaleza no actuaría para nada en el vaso, porque él es el principal ministro. Es mediante él que la materia se disuelve, se pudre y llega al negro. Homero también ha tenido el cuidado de decir que Aquiles estaba retirado en su barco negro. Euríalo, Menesteo, Toas (Toante), Idomeneo, Podarco, Eurípilo, Polipetes, Prótoo, Creton, Orsíloco y la mayor parte de los griegos habían llevado barcos negros. Protesilao, que se supone que fue muerto al comienzo, es detenido y enterrado en la tierra negra. Finalmente Ulises es el único del que Homero dice que la proa de su barco era roja, que tomó un barco negro para devolver a Criseis a su padre Crises y que puso velas blancas en su retorno.
Uno de los otros héroes de la obra es Pirro o Neoptólemo, ya se ha visto el por qué. Finalmente Paris es aquel contra quien
los griegos combatieron para rescatar a Helena, que es el objeto de tantas penas y de tantos trabajos.
Que Troya haya existido o no, que haya sido destruida o que no lo haya sido, lo que siempre es verdad es que la Ilíada de Homero tiene el aire de una pura ficción, que se debe de juzgar como los trabajos de Hércules y como se piensa de las fábulas que incluyen a dioses y héroes. No se ha de juzgar la realidad del hecho por lo que dicen los autores posteriores a Homero, puesto que han venido muchos siglos después que él, todos han mamado de él y a pesar de esto no están de acuerdo entre ellos.
Pero en fin, si se quiere sostener obcecadamente que hay verdades históricas bajo el velo de estas fábulas, que se me conceda al menos el hecho de que se haya podido tomar el suceso de estas historias para formar las alegorías, alegorías de cosas muy ocultas y muy secretas. Paracelso, Fernel y tantos otros lo han hecho, es lo que vuelve sus obras ininteligibles casi para todo el mundo.

[1] . El Trevisano, Filosofía de los Metales.
[2] . Basilio Valentín, El Azoth de los Filósofos.
[3] . Raimon Llull, Testamento, cap. 81.