miércoles, septiembre 12, 2007

(artículo del traductor) El Secreto de la Mitología

No me cansaré de recomendar al lector textos actuales, ligados a la Tradición mediante un invisible pero evidente Hilo conductor lanzado por nuestro Padre pescador Adán.(1)
En este caso me refiero al hallazgo de la revista LA PUERTA,(2) de la cual, y a mi entender, ningún artículo tiene desperdicio para el buscador.
He escogido unos fragmentos, que me han fascinado, del artículo aparecido en la Puerta Tradición Latina,(3) siguiendo al mismo autor, Raimon Arola, titulado La Mitología como filosofía secreta y que el navegante también lo puede encontrar íntegro en http://www.lapuertaonline.es/ (apartado Tradición clásica).
El artículo se emplaza en el Siglo de Oro y dice:
En la literatura del Siglo de Oro español los dioses de la antigüedad clásica ocupan un lugar privilegiado, por doquier se cuentan sus hazañas, se explican sus nombres y se cantan sus glorias. Sin duda esta familiaridad se debe a la influencia del Renacimiento italiano, cuando los artistas y los filósofos se dedicaron a desenterrar la cultura y los mitos de la antigüedad entusiasmados con la Prisca theologia (4). Se consideraban continuadores de una antigua revelación que empezó con el legendario Hermes Trismegisto, quien la transmitió a Orfeo, éste a Pitágoras, él a su vez la transmitió al divino Platón, y Platón la trasmitió a Virgilio.
[...] El tratado de mitología que más resonancia tuvo durante el Siglo de Oro español, y sin duda el más importante es La Filosofía Secreta, escrito por el Bachiller Juan Pérez de Moya, astrólogo y matemático, que fue publicado en Madrid en agosto de 1584. Su título, indica claramente la intención del autor, éste propone para comprender las fábulas antiguas cinco sentidos, que van desde el más exterior y superficial, esto es, la historia, hasta el sentido central, la filosofía secreta. (5)
[...] Pérez de Moya sigue muy de cerca las explicaciones tradicionales de la etimología, alude sin citarlos a Platón y Varrón (6), pero no se queda aquí, su interpretación concluye siempre con la lectura natural del mito. Veamos algunos episodios de las fábulas de Júpiter que, en la interpretación del sabio castellano, nos permiten reconocer el origen de la etimología, esto es, la realidad natural a la que aluden; en relación a la fábula de las abejas que acuden a criar a Júpiter, nuestro erudito interpreta que los antiguos quisieron: «significar que de la tierra se levantan exhalaciones y los engendramientos de los elementos». A continuación comenta la leyenda en la que Júpiter fue criado por una cabra, y escribe: « porque la cabra es amiga de subir a lo alto, tanto que aun para comer se alza y sube a las matas; así los elementos y los vapores se levantan sobre la tierra» (7). En la explicación de la lucha de Júpiter con los Titanes, Pérez de Moya, afina todavía más su lectura de los mitos de Júpiter relacionados con la exhalación de la tierra, y comenta que:
«Algunos dicen que los antiguos por esta fábula declararon los mudamientos de los elementos, unos en otros, y las generaciones de las cosas naturales, entendiendo por los Titanes lo grueso y terrestre, que entre sí tienen los elementos, que la fuerza de los cuerpos celestiales arrempuja de lo alto a lo bajo, porque los vapores por la fuerza o virtud del Sol, por quien se entienden los Titanes, suben hacia arriba, los cuales, llegados a lo alto por virtud de los cuerpos divinos se resuelven en puros elementos, o se rechazan hacia abajo, y dellos se vuelven a entrar en la tierra, como hace el agua, y de esta entrada vuelve la tierra a engendrar cosas, y otros vapores, que es una pelea perpetua, mediante la cual contrariedad de elementos consiste la generación de las cosas naturales» (8).
Estos comentarios naturales pueden parecer a primera vista gratuitos, pero al compararlos con textos de literatura propiamente alquímica, encontramos interesantes coincidencias. Dom Pernety, otra vez, nos presta una ayuda inestimable para dicha comparación, pues reconoce en las fábulas del nacimiento de Júpiter una operación alquímica, para ello cita a Jean d’Espagnet cuando éste dice:
« La Ablución nos enseña a blanquear el cuervo y a crear Júpiter de Saturno, lo que se hace por la volatilización del cuerpo, o la metamorfosis del cuerpo en espíritu. La Reducción o la caída en forma de lluvia del cuerpo volatilizado, restituye a la piedra su alma y la alimenta con la leche espiritual del rocío, hasta que adquiere una fuerza perfecta» (9)
Toda la lectura alquímica de Pernety gira entorno a esta operación, parecida, según él, a la destilación y condensación de la química vulgar, y que alquímicamente es, siguiendo otra vez a d’Espagnet, lo que permite: "la formación y la alimentación del Hijo filosófico; que aparece finalmente con una cara blanca y bella como la de la Luna"(28). Entonces comprendemos porque Júpiter es llamado el dador y mantenedor de la vida.
El pensamiento hermético que sabe leer los fenómenos naturales como el libro en donde Dios ha escrito los misterios de la regeneración del hombre y la naturaleza estaba muy extendido en la época. Basta observar brevemente el índice de la segunda parte de la Introducción del Símbolo de la Fe de Fray Luis de Granada, publicado un año antes que la Filosofía Secreta, para convencernos del conocimiento de esta tradición. Una de las ideas capitales de su obra es que, por medio de la observación de las maravillas naturales es posible conocer a Dios, el artífice, y: « No como filósofos (que no pretenden más que darnos conocimiento de las cosas), sino como teólogos, mostrando en ellas la infinita sabiduría del Hacedor, que tales cosas supo trazar, y la de su omnipotencia, que todo lo que trazó pudo con sola su palabra hacer »(11) Veamos, a modo de ejemplo, cómo explica el fenómeno de la evaporación y condensación del agua que produce la lluvia. Primero describe el fenómeno, después hace la siguiente comparación:
« La experiencia de esto vemos en los alambiques en los que se destilan las rosas y otra yerbas, donde la fuerza del calor del fuego seca la humedad de las yerbas que se destilan, y las resuelve en vapores, y hace subir a lo alto, donde, no pudiendo subir más, se juntan y espesan y convierten en agua, la cual con su natural peso, corre luego hacia abajo, y así se destila [...] Desta manera el arte imita la naturaleza, como lo hace en todas las otras cosas»(12).
[...] Volviendo a La Filosofía secreta de Pérez de Moya quisiéramos destacar un fragmento que nos parece especialmente interesante: « Decir que Júpiter para engendrar a Hércules tomo forma de Anfitrión, es porque el hombre es para engendrar instrumento: empero la voluntad divina, entendida por Júpiter, y la fuerza de las estrellas, como causa segunda, son como instrumento para procrear varones claros»(13).
La diferencia que establece entre el engendramiento de la voluntad humana y el engendramiento según la voluntad divina nos muestra claramente que todas sus explicaciones sobre las operaciones naturales esconden el sentido último de la alquimia, la regeneración del hombre, los varones claros, de los que Juan en su Evangelio dice: «Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (I, 13), y «Lo que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» (III, 6). Pérez de Moya nos señala claramente cómo los varones claros nacen de la voluntad divina por medio de las estrellas, que son el instrumento de este engendramiento. En El Mensaje Reencontrado, (14) Louis Cattiaux escribe: «¿Pensáis hacer algo bueno sin el sol, sin la luna, sin las estrellas, sin el aire, sin el agua y sin la tierra?, Entonces, ignoráis la agricultura que es la ciencia de Dios» (XXIII, 48). Es importante señalar que Cattiaux, al igual que Pérez de Moya, habla de las estrellas y no los astros, los cuales dirigen la voluntad humana, a diferencia de las estrellas que fecundan los trabajos de los adeptos.
La idea de los varones claros es muy importante en la literatura y el arte del Siglo de Oro, se le representa como Hércules, o Teseo pero generalmente como Apolo imberbe cuya belleza es como la de Cristo (15). Pérez de Moya explica lo que significa que Apolo sea el hijo de Júpiter y Latona; por Latona entendían los antiguos: « aquella materia confusa, llamada caos, de que se hicieron las cosas», y por Júpiter: « el verdadero Dios señor nuestro. Este criador de todo hizo primero dos luminarias, que son el Sol y la Luna, como se lee en el Génesis» (16), es decir Apolo y Diana. Y completando el mito escribe: « Que Apolo en naciendo usase la ballestería y matase a la serpiente Pitón, es que saliendo el Sol, con el calor de sus rayos, que son como saetas, consumió los nublados y vapores de que se engendraban, que primero lo oscurecían» (35). Lo que Nicolás Flamel lee alquímicamente diciendo: « Lo que se lava es la Serpiente Pitón, quien, habiendo tomado su ser de la corrupción del limo de la tierra surgido de las aguas del diluvio, cuando todas las confecciones eran agua, debe ser matada y vencida por las flechas del Dios Apolo, por el rubio Sol, es decir por nuestro fuego igual al del Sol» (18).
Pérez de Moya expone por qué se representa a Apolo imberbe: « Llámase Febo, porque es nuevo y como niño, porque en latín llaman efebos a los que no tienen aun barba, como son los niños, y conviene al Sol esto, porque cada día nace de nuevo, saliendo por el horizonte, como el que sale del vientre de su madre»(19).
Los varones claros son la imagen del Sol filosófico. S. de Covarrubias representa al varón justo con el emblema de un obelisco, y escribe: « El varón justo, es como columna, o aguja de firmeza» (20). Los obeliscos estaban dedicados al sol, representando en ellos uno de sus rayos. Plinio en su Historia Natural define a los obeliscos como rayos de sol petrificados, explica lo siguiente tratando de las maravillas de Egipto:
« Los reyes, por una cierta rivalidad entre ellos, hicieron de esta piedra unos bloques largos llamados obeliscos, consagrados a la divinidad del Sol. En la superficie se halla la representación de sus rayos, y eso es lo que significa su nombre en lengua egipcia». (21)
Estas palabras son profundamente herméticas, aunque a nivel exterior parezcan que explican una curiosidad de poca importancia. El «rayo del sol petrificado» es lo mismo que la «luz corporificada», el término imperecedero de la creación, por lo que la imagen del obelisco nos conduce directamente al misterio del hombre regenerado. Los obeliscos estaban dedicados al sol, representando a uno de sus rayos. Así pues, los varones claros son la imagen del Sol filosófico. Es por ellos que L. Cattiaux decía: «Rayo y germen se aplican perfectamente a Jesucristo y al Verbo Eterno representado, de hecho, por el Sol dispensador de vida». (22)
El sentido esotérico del obelisco está perfectamente descrito en los comentarios cabalísticos sobre el Sueño de Jacob, en particular sobre el pasaje «Y cogió la piedra que había puesto como cabecera y la enderezo en estela (matsevah: obelisco, columna)» (Génesis, XXII,17). En el Sefer ha-Zohar leemos el siguiente comentario sobre dicho versículo: «¿Que significa matsevah? Significa que la piedra había caído y él la volvió a levantar». (23) O sea, se entiende que esta piedra no es otra cosa que el hombre que habiendo caído, se vuelve a levantar, es decir, se regenera.
Estas últimas citas nos ayudan a comprender con bastante precisión cual es la Naturaleza de la que hablan los sabios y, entre ellos, el bachiller Pérez de Moya, pues la Naturaleza que vemos con nuestros ojos y sentidos caídos, no es sino un reflejo de la Naturaleza interior, aquella que está oculta en cada uno de nosotros mismos, y que en los varones claros se levanta y se manifiesta completamente. Entonces la mitología es la filosofía que reúne al hombre con Dios.

(1): Nótese que la palabra pescador es la misma que pecador más la letra S, letra de Serpiente o de Sabiduría. Esto es apreciación mía y “vale lo que vale”.
(2): LA PUERTA, Isaac Peral 13b 08397 Pineda de Mar (Barcelona), tel. y fax. 937623009.
(3): LA PUERTA, Tradición Latina, ed. Obelisco, Barcelona, 1995, p. 125
(4): Sobre la Prisca Theología, es decir, la Teología de los antiguos, ver F. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, ed. Ariel, Barcelona, 1983; p. 34-36.
(5): Hemos utilizado la edición de la Filosofía secreta de ed. Glosa, Barcelona, 1977. Todas las referencias citadas pertenecen al primer volumen, la presente cita se encuentra en la p.9. Recientemente ha aparecido una edición de la editorial Cátedra, realizada por M. Claverías.
(6): Cfr. M.T. Varrón, Di lingua Latina, ed. Anthropos, Barcelona, 1990; p.49s. Y Platón, "Crátilo", Diálogos II, ed. Gredos, Madrid, 1987; p.386s.
(7): Pérez de Moya,
op. cit.; p.83.
(8): ibídem.; p.90s.
(9): D. Pernety, op. cit.; vol.I I, p.58. Y J. d’Espagnet, L’oeuvre secret de la philosophie d’Hermès. Ed. Denoël, París, 1972
; p. 150.
(10): Pernety, ibidem; vol.II, p.58.
(11): Fray Luis de Granada Introducción del Símbolo de la Fe . Ed. Cátedra, Madrid, 1989; p.114.
(12): ibídem.
(13): Juan Pérez de Moya, op. cit.; vol. II, 131.
(14): El Mensaje Reencontrado, última edición en castellano, ed. Sirio, Málaga, 1996, XXIII, 48.
(15): Los hombre del Renacimiento bajo las formas de Apolo hablaban del Hijo de Dios, es el viejo sueño de A. Durero cuando decía: "De la misma manera que los paganos han dado a su ídolo Apolo las proporciones de la más bella forma humana, nosotros queremos utilizar la misma medida para Cristo Nuestro Señor, que es el más bello del mundo". Citado por J. Garriga, Fuentes y documentos para la historia del arte. El Renacimiento en Europa. Ed. G. Gili, Barcelona, 1983; p.483.
(16): Pérez de Moya, ibídem.; p. 210.
(17): ibídem.; p.211.
(18): N. Flamel Libro de las figuras jeroglíficas. Ed. Obelisco, Barcelona, 1982; p. 59.
(19): Pérez de Moya, ibídem.; p.225.
(20): Emblemas morales. Madrid, 1610. Centuria II, emblema 149.
(21): Textos de Historia del Arte. Ed. Visor, Madrid, 1988; p.147.La palabra egipcia teche designa a la vez el rayo de sol y el obelisco.
(22): "Extracto de cartas de L. Cattiaux a sus amigos" en La Puerta, nº 9; Barcelona, 1982; p. 31.
(23): Sefer ha-Zohar . Ed. Verdier, Lagrasse, 1981; vol. I, p.366.

miércoles, agosto 29, 2007

(artículo del traductor) El Doble Nacimiento del Baco Filosófico


Veamos ahora un fragmento de otra obra de este mismo autor, Raimon Arola, (1) donde cita a Pernety hablando del doble nacimiento de Baco, o hijo filosófico, en el proceso alquímico, y comparándolo a la creación inspirada del artista, paralela por analogía a la regeneración del hombre. El fragmento viene hilado del elogio que Calístrato hace de la obra escultórica de Escopas,(2) concretamente de la estatua de una bacante poseída por el ardiente vino dionisíaco. Los grandes artistas –dice– «reciben los divinos alientos a la hora de crear sus obras, dictadas por el entusiasmo», siendo capaces de transmitir la profundidad del ser a sus obras. El “entusiasmo” del que habla Calístrato (pues decía: también las manos de los escultores reciben los divinos alientos a la hora de crear sus obras, dictadas por el entusiasmo.) significa etimológicamente “estar poseído por una divinidad”, lo que en castellano sonaría como “endiosamiento”. Las obras de Escopas están embebidas de Dios, no nacen del saber humano, sino que son hijas del cielo. He aquí una de las enseñanzas básicas de las estatuas vivas, que, sin duda, podemos aplicar al misterio del hombre. El hombre al nacer inspira la influencia de los astros que recibe por medio del aire. Así, cuando los pulmones del hombre se abren por primera vez para respirar, el individuo queda marcado por el destino de los astros, es el nacimiento del hombre al mundo. Ahora bien, por medio del entusiasmo, la inspiración viene de un lugar superior, es decir, de los dioses. De esta manera el hombre nace una segunda vez, su espíritu ya no está marcado por el destino de los astros, sino por la providencia de la divinidad, por el mundo de las Ideas. La supuesta vida de las estatuas es un ejemplo, y una enseñanza, de este segundo nacimiento del hombre. El soplo divino penetra y anima las estatuas, tal como dice Calístrato refiriéndose a la obra de Escopas: «sabía abandonarse al delirio báquico y acompañar en su danza al dios que, desde dentro, la animaba». Platón en Fedro explicó los presupuestos filosóficos del entusiasmo y, por lo tanto, del segundo nacimiento del hombre. Para Platón el alma, antes de caer en el cuerpo, existía en las regiones celestes, donde por la simple contemplación de la verdad del mundo de las Ideas se nutría y gozaba. Allí el alma, bañada en la luz verdadera, contemplaba sin cesar el bien, la justicia, la sabiduría y la belleza más armónica de las Ideas. Pero cuando las almas bajan hacia los cuerpos por el deseo de las oscuras realidades terrenas, entonces dejan de beber la ambrosía de la luz celeste y la sustituyen por las negras aguas del río Leteo, el río del olvido; ya que en el momento en que las almas bajan a este mundo olvidan las realidades divinas y las Ideas. Por medio de la filosofía, el hombre encuentra las «alas» que le permitirán ascender de nuevo hacia la realidad primera. (Estas son las alas que construye Dédalo para escapar del Laberinto de este mundo). El hombre amante de la sabiduría es transportado hacia los dioses. A esta elevación Platón la denomina furor divino. La ascensión del alma hacia su fuente no pede darse si no recibe el impulso de un segundo nacimiento, como una estatua nunca poseerá vida sin la recepción de un soplo vivificador; o dicho de otro modo, el hombre sin poseer el verdadero entusiasmo es como una estatua muerta. El mito de Baco es propiamente un ejemplo de estos dos nacimientos. La fábula cuenta que Baco fue hijo de Júpiter y de la princesa Sémele, hija de Cadmo. Juno, esposa de Júpiter, llevada por los celos, aconsejó a Sémele que durante su preñez exigiera a su amante que, como prueba de su amor, viniese a visitarla en todo su esplendor. Júpiter al principio se resistió, pero finalmente accedió a la demanda de Sémele. Naturalmente, con la visita de Júpiter el palacio quedó abrasado y la propia Sémele, víctima de su indiscreción, pereció en medio de las llamas; Júpiter hizo sacar el hijo que ella tenía en el vientre y lo introdujo en su muslo, o en su costado, hasta que pasaran los meses que faltaban para su nacimiento. Por esta razón se considera que Baco tiene dos madres, y se le llamó el dios nacido dos veces. (Véase esta figura que Arola inserta en su obra y que es una: copia de Marcantonio Raimondi de autor anónimo, en la que se representa a Baco joven y a Baco viejo; el árbol situado detrás del viejo está seco, sin frutos, mientras que la vid al lado del joven produce abundante vino. Siglo XVI.) No es difícil advertir en este peculiar nacimiento de Baco una clara referencia al proceso alquímico; D. Pernety lo explica de la manera siguiente: «Baco tuvo dos madres, Sémele y Júpiter, y según R. Llull el hijo filosófico tiene dos padres y dos madres: ha sido –dice Llull– sacado del fuego con muchos cuidados, y no podría morir. Júpiter llevaba este fuego al visitar a Sémele, el fuego de los filósofos, del cual dice Ripley que, encendido en el vaso filosófico, arde con más fuerza y actividad que el fuego común. Es un fuego que extrae el embrión de los sabios del vientre de su madre, y lo transporta al muslo de Júpiter hasta que madure».(4)

(1). Raimon Arola, Las Estatuas Vivas, ed. Obelisco, Barcelona, 1995, p. 101. (2). Calístrato «Descripciones», en Imágenes, Madrid, 1993, p. 186. (3). D. Pernety, Les Fables égyptiennes et grecques dévoilées et réduites au méme principe, París, 1786, vol. II, p. 191. (Véase en este blog el mito citado a través de las palabras Baco, Dioniso o Semele).

domingo, agosto 19, 2007

(artículo del traductor) Antíope y Júpiter, o la coagulación de la materia


En el artículo «Antíope» de Pernety, en las Fábulas Egipcias y Griegas,(1) este autor nos da las claves de lectura para una interpretación alquímica de los mitos y sus aventuras, lo que es muy recomendable tener presente en nuestras indagaciones. Aquí lo pongo en relación con el apartado «Júpiter y Antíope» de la obra de Raimon Arola «Los Amores de los Dioses»(2) donde desglosa el mito jupiteriano y sus transformaciones.(3) El fragmento de Pernety que he seleccionado es el siguiente: [...] Homero hace hablar a Ulises en estos términos:(4) Tras aquella vi a Antíope, hija de Asopo, la cual se glorificaba también de haber dormido en los brazos de Júpiter y de haber tenido de este dios dos hijos, Anfión y Zeto, que fueron los primeros en poner los fundamentos de la ciudad de Tebas. Anfión fue puesto bajo la disciplina de Mercurio y allí aprendió a tocar tan perfectamente la lira que, por la dulzura de sus acordes, dulcificaba no sólo la ferocidad de las bestias salvajes y se hacía seguir por ellas sino que incluso daba movimiento a las piedras y las hacía arreglarse a su gusto. Se ha dicho otro tanto de Apolo, cuando construyó los muros de la ciudad de Troya. Orfeo también gobernó la nave Argo al son de su lira y hacía mover las rocas con ella. Veamos cual puede ser el objeto de las alegorías de Antíope y de su hijo Anfión. Algunos dicen que era hija del río Asopo y muchos filósofos llaman a su materia con este mismo nombre, Asopo, otros Adrop, otros Atrop y dicen que se forma en un arroyo, una fuente, un agua, un jugo al cual dan el nombre de jugo de saturnia vegetable.(5) Este jugo se espesa, se coagula, se vuelve sólido, ¿no es entonces esta Antíope? De αντι y de πύς es decir, que no hay más jugo, que está coagulado, que no está fluido. Aquellos que dicen que es Nicteo el padre de Antíope, han tenido el mismo objetivo a la vista, es decir, la coagulación de la materia al salir de la putrefacción, durante la cual la materia se vuelve negra y es llamada noche, tinieblas; pues de νύξ, noche, ha sido hecho Niceto, por lo que se ve que Antíope tiene el mismo carácter que las otras amadas de Júpiter. La metamorfosis de este dios en sátiro está explicada en el artículo de Baco. Cuando se dice que Anfión fue puesto bajo la tutela de Mercurio es porque el mercurio filosófico lo dirige todo en la obra, y la ferocidad de las bestias que él sabe dulcificar se explica de la misma manera que la de los tigres, leones y panteras que acompañaban a Baco en sus viajes. Las piedras que venían a arreglarse en su lugar al son de la lira, son las partes fijas de la piedra volatilizadas, que coagulándose se acercan unas a otras y forman una masa hecha de todas las partes extendidas por aquí y por allá. Las personas figuradas en estas fábulas son todas alegóricas y hacen alusión a la materia, a los colores, a las operaciones, o finalmente al artista mismo de la gran obra. Sería suficiente poner atención al hecho de que en general todo lo que en las fábulas lleva nombre de mujer, chica o ninfa, puede ser explicado del agua mercurial volátil, antes o después de su fijación, y todo lo que allí tiene carácter de hombre debe entenderse de la parte fija, que se une, trabaja (fermenta), se volatiliza con las partes volátiles y se fija finalmente con ellas. Los robos, los raptos, etc., son la volatilización; los matrimonios y las conjunciones de machos y de hembras son la reunión de las partes fijas con las volátiles, el resultado de estas reuniones son los hijos; la muerte de las mujeres normalmente significa la fijación; la de los hombres la disolución del fijo. El mercurio de los filósofos muy a menudo es el héroe de la alegoría, pero entonces el autor de la fábula ha tenido en consideración sus propiedades, en su virtud resolutiva, en cuanto a sus partes volátiles y finalmente a su principio coagulante, cuando se trata de fijar mediante las operaciones. Entonces es un Teseo, un Perseo, un Hércules, un Jasón, etc. Veamos ahora el artículo «Júpiter y Antíope» de «Los Amores de los Dioses», de Raimon Arola, donde, por cierto, también cita este artículo de Pernety: Las representaciones de sátiros –dice Arola– sorprendiendo a bellas ninfas dormidas son muy frecuentes tanto en la antigüedad como en el Renacimiento. Las ninfas acostumbran a descansar escondidas en lugares frondosos, junto a una fuente o un río, pues son, según Porfirio, «los poderes que presiden las aguas»;(6) pero los sátiros, que simbolizan las fuerzas del fuego, las buscan, las espían y las descubren para unirse a ellas. El dibujo de Perino del Vaga representa una de estas imágenes, con la salvedad de que en la parte inferior se observan dos atributos propios de Júpiter: el águila y el haz de rayos con el que juega Cupido, como si fueran sus propias flechas. Gracias a Ovidio sabemos que «Júpiter, oculto bajo las apariencias de sátiro, llenó la bella Nicteide de prole gemela».(7) La bella Nicteide, es decir, la hija de Nicteo, es Antíope; de ella dijo Homero: «gloriosa por haber descansado, a su vez, en los brazos de Júpiter, del cual tuvo dos hijos, Zeto y Anfión, los primeros fundadores de Tebas».(8) Tradicionalmente se consideraba que las siete salidas o puertas de Tebas, hechas por Zeto y Anfión, eran de metal filosófico producido por el Arte alquímico. Nicteo, en griego, deriva de núx , noche, oscuridad, sombra, por lo que se entiende que Antíope es la hija de la noche u oscuridad. Pernety nos ofrece una lectura alquímica de esta etimología al afirmar que Nicteo significa «la coagulación de la materia al salir de la putrefacción, durante la cual esta materia se convierte en negra, y es llamada noche». En este momento del desarrollo de la obra alquímica, la materia sale de la negrura y se vuelve blanca; entonces está preparada para ser fecundada por el cielo, y por ello Júpiter –representado en el grabado en forma de sátiro– levanta el vestido de la ninfa, pues desvela la blancura de la materia negra. Que Júpiter se esconda bajo las apariencias de un sátiro parece enseñarnos que el alma divina, para unirse a la materia –cuya imagen en este caso es Antíope–, necesita de los espíritus elementales y las fuerzas de la naturaleza, que en los relatos míticos están representados por los sátiros. El autor de la Concordancia mito-físico-cábalo-hermética escribe lo siguiente sobre la función de los sátiros como espíritus elementales: El alma del hombre es la pureza por excelencia; el cuerpo material está compuesto por una pasta terrestre y muy corruptible; una es una substancia pensante, cuyas funciones se limitan a la reflexión. El otro es un cuerpo pesado y maquinal, cuyas funciones se limitan a la más perfecta obediencia. Estas cualidades opuestas nunca hubieran podido formar un todo si un intermediario no las hubiera acercado. Es la substancia espiritual [representada según el autor por los sátiros y los faunos] a la que le está reservado el ser el vínculo de estos dos extremos; sin este cuerpo espiritual que está en medio y que sirve de envoltura al alma, ésta nunca hubiera podido unirse ni atarse al cuerpo material a causa del alejamiento y de la oposición de sus principios. Hacía falta, pues, que, para servir de morada a uno y para preservar al otro de la corrupción, el espíritu tuviera algo de lo terrenal de uno y de lo sutil del otro.(9) En la mitología griega, los sátiros eran genios espirituales sin genealogía ni leyendas propias, tenían medio cuerpo humano y medio caprino, para indicar que tenían algo de terrenal y algo de sutil. Los sátiros, al igual que el dios Pan, quien a veces era considerado como su padre, representaban la naturaleza media de la creación. Alciato dedica uno de sus emblemas a «La fuerza de la Naturaleza» y la describe de la siguiente manera: Las gentes veneran a Pan –es decir, la naturaleza de las cosas–, hombre mitad cabrón y dios mitad hombre. Es hombre hasta el pubis, porque nuestro valor, plantado en el corazón al nacer, se asienta sublime en lo alto de la cabeza. Desde aquí es cabrón, porque la Naturaleza nos propaga secularmente por medio del coito, como las aves, los peces, los brutos y las fieras.(10) El hecho de que Júpiter se esconda bajo la forma de este ser de doble naturaleza parece indicar que la causa primera de la creación no engendra el cosmos directamente, sino por medio de la naturaleza, lo que durante el Renacimiento se llamó la causa segunda. Juan Pérez de Moya explica que los antiguos entendieron por Pan: La causa segunda, obradora de la voluntad divina de Dios, criada de su divina providencia. [...] Dijeron ser hijo de Mercurio, porque por Mercurio entendían la voluntad o mente divina, la cual guía el nacimiento o generación de las cosas.(11)

(1) . Véase la entrada al blog Octubre 25, 2006. (2) . Raimon Arola, Los Amores de los Dioses, ed. Alta Fulla, Barcelona 1999, p.58. (3) . Recomendable la visita a http://www.arsgravis.com/ , web de la asignatura de simbolismo, Facultad de Bellas Artes, Universidad de Barcelona, coordinada por el profesor R. Arola y diseñada por http://.nodelobs.com/ . (4) . Homero, Odisea, lib. 11, vers. 159 y ss. (5) . Flamel, Deseo deseable. (6) . Porfirio, El antro de las ninfas de la Odisea, ed. Gredos, Madrid 1989, p. 227. (7) . Ovidio, Metamorfosis, VI, 108. (8) . Homero, Odisea, XI, 260. (9) . Concordancia mito-físico-cábalo-hermética, ed. Obelisco, Barcelona 1985, p. 141. (10) . Alciato, Emblemas, ed. Akal, Madrid 1985, p. 131. (11). J. Pérez de Moya, La Filosofía Secreta, ed. Glosa, Barcelona, 1977, vol. I, p. 54.

domingo, agosto 12, 2007

(Artículo del traductor) Midas o la transmutación en oro


Como habíamos dicho ponemos en relación el texto de Pernety,(1) objeto de este blog, con autores contemporáneos, en este caso Emmanuel d’Hooghvorst desde su obra El Hilo de Penélope,(2) con el fin de contrastar y verificar la unanimidad de la tradición mito-hermética en todos los tiempos. Para ello partiremos desde el concentrado resumen de la historia, propiamente dicha, de este Rey Midas, que nos presenta E. d’Hoogvorst (EH):(3) Según la leyenda, era rey de Frigia y famoso por sus inmensas riquezas. Había tratado favorablemente a Sileno, compañero y preceptor de Dioniso. En reconocimiento, el dios prometió concederle todo cuanto pidiera. Midas tuvo la locura de desear ver transformarse en oro todo lo que tocara. Habiendo sido concedido este deseo, todo cuanto tocaba se volvía oro, incluso el alimento y la bebida. Rogó pues al dios que le retirara ese don. Dioniso le ordenó ir donde nace el Pactolo(4) en la cima del monte Tmolo y bañarse en él. Midas perdió así aquel don fatal y el Pactolo empezó a manar oro en sus aguas. Un día, cuando los dioses Pan y Apolo competían, uno con la flauta y el otro con la lira, tomaron a Midas como árbitro, y éste decidió a favor de Pan. Entonces Apolo cambió las orejas de Midas en oreas de asno, que dicho rey escondía bajo un gorro frigio, pero su barbero lo descubrió. Mantener ese secreto le resultaba pesado, pues no podía comunicarlo a nadie; por ello, terminó cavando un hoyo en la tierra al que confió que «el rey Midas tiene orejas de asno». En aquel lugar mismo crecieron cañas que repetían, cuando el viento las agitaba: «El rey Midas tiene orejas de asno». Los antiguos filósofos escondían los secretos más profundos de su saber bajo la ficción de historias poéticas y divertidas. Enseñaban sin profanar y sí transmitían bajo una forma mitológica la memoria de su tradición a la muchedumbre de los avaros e ignorantes. Efectivamente, vemos en este relato un tratado completo de la química cabalística tan acechada y tan poco experimentada. Pernety explica al respecto: Cuando sucede lo que pasa en la obra hermética, cuando se trabaja en el elixir, la fábula de Midas lo representa como en un espejo.(5) Puede recordarse que cuando el Osiris, Denis o Baco de los filósofos se forma se hace una tierra. Esta tierra es como cuando se figura a Baco visitando Frigia, a causa de su virtud ígnea, ardiente y seca, porque φριγια quiere decir tierra tórrida y árida. Se supone que Midas reina allí pero para indicar claramente lo que se debe de entender por este pretendido rey se dice que es hijo de Cibeles o de la Tierra, la misma que es considerada como madre de los dioses filósofo-herméticos. Así Baco, acompañado de sus bacantes y de sus sátiros, de los que Sileno era el jefe y sátiro mismo, deja Tracia para ir hacia el Pactolo que desciende del monte Tmolo, es como si se le dijera el Baco filosófico, donde el azufre tras haber sido disuelto y volatilizado, tiene tendencia a la coagulación, puesto que Θρήκη, Tracia, viene de τέ, correr, o de Θρέω, clamar, gritar tumultuosamente, lo que designa siempre una agitación violenta, como la de la materia fija cuando se volatiliza después de su disolución. Casi no se puede expresar mejor la coagulación que mediante el nombre de Pactolo que viene naturalmente de πακτις, πακτόω, compactus, compingo, juntar, ligar, reunir al uno con el otro. Por esta reunión se forma esta tierra frigia o ígnea y árida, en la que reina Midas. Lo que entonces era volátil es contenido por el fijo o esta tierra. Es Sileno sobre el territorio de Midas. La fuente donde cerca de ella reposa este sátiro es el agua mercurial. Se figura que Midas había puesto allí el vino que Sileno bebió en exceso porque esta agua mercurial, que el Trevisano llama también fuente,(6) y Raimón Llull vino,(7) se vuelve roja a medida que esta tierra se hace más fija. El sueño de Sileno señala el reposo de la parte volátil y las guirnaldas de flores con las que se le ciñó para llevarlo a Midas son los diferentes colores por locuaces pasa la materia antes de llegar a la fijación. Las orgías que celebraron juntos antes de reunirse con Baco son los últimos días que preceden a la perfecta fijación, puesto que ella misma es el término de la obra. Así mismo se puede creer que se ha querido expresar este término mediante el nombre de Denis dado a Baco puesto que puede venir de Διός, y de νίσσα, meta, el dios que es el fin o el término. Los poetas hacen admirables descripciones del Pactolo; cuando quieren describir una región afortunada la comparan al país que riega el Pactolo, en las aguas del cual Midas depositó el funesto don que le había sido comunicado. Creso sin el Pactolo sólo hubiera sido un monarca limitado en su poder e incapaz de excitar los celos de Ciro. Baco está encantado de volver a ver a su padre protector y recompensa a Midas mediante el poder de convertir en oro todo lo que toca. Este dios sólo podía dar lo que poseía en él mismo, era, pues, un dios aurífico. [...] Midas, al haber conducido a Sileno hasta Baco, es decir, la tierra frigia, al haber fijado una parte del volátil lo vuelve todo fijo, y en consecuencia es la piedra transmutante de los filósofos. Él recibió de Baco el poder de transmutar, lo tenía en cuanto a la plata pero en cuanto al oro sólo podía obtener esta propiedad de Baco, porque este dios es la piedra al rojo, pues sólo ella puede convertir lo metales imperfectos en oro.(8) [...] Es preciso, pues, imitar a Midas y hacer una buena acogida a este Sileno, que los filósofos dicen que es hijo de la Luna y el Sol y que la tierra es su nodriza. [...] Al ser esta materia el principio del oro, se tiene razón al considerar a Sileno como padre protector de un dios aurífico. Así mismo ella es el néctar y la ambrosía de los dioses. Ella es, como Sileno, hija de ninfa y ninfa ella misma, puesto que es agua, pero un agua, dicen los filósofos, que no moja las manos. La tierra seca, árida e ígnea, figurada por midas, bebe esta agua ávidamente y en la mezcla que se hace de las dos surgen diferentes colores. Es la acogida que Midas hace a Sileno y las guirnaldas de flores con las que lo liga. En lugar de darnos a Sileno como un gran filósofo se habría encontrado mejor, entrando así en el espíritu de aquel que ha inventado esta ficción, si se hubiera dicho que Sileno era propio en hacer filósofos, siendo la materia misma sobre la cual razonan y trabajan los filósofos herméticos. [...] Finalmente Midas se deshizo del incómodo poder de cambiarlo todo en oro y se lo comunicó al Pactolo lavándose en sus aguas. Es precisamente lo que sucede en la piedra de los filósofos cuando se trata de multiplicar. Entonces se está obligado a ponerla en el agua mercurial, donde el rey del país, dice el Trevisano, debe bañarse. Allí se desnuda de su ropa y su carne sanguínea y colorada para que se vuelvan como él. Esta agua mercurial es verdaderamente un agua Pactolo, puesto que debe coagularse en parte y volverse oro filosófico. A continuación veamos unos fragmentos de la obra de Emmanuel d’Hooghvorst donde el decir de un filósofo desemboca en la creatividad de una poesía contundente y actual. Ebrio de ese vino dionisíaco y preñado del don del oro, el lenguaje Hooghvorstriano fluye cual Pactolo hasta “las Midas” o tierras fijas y ardientes, deseosas de la transmutadora experiencia. A ti, querido lector, dedico esta selección donde EH dice: El poema empieza (XI, 85) con la llegada del dios Baco,(9)que se dirige a Lidia para visitar los viñedos de su amigo Timolo.(10) Un dios tan amable iba siempre acompañado de un séquito de bailarines y flautistas, sátiros y bacantes, y así había conquistado el mundo entero. Pero Sileno(1) está ausente. Titubeaba bajo el peso de los años y de la embriaguez del vino puro (merum). Baco no puede manifestarse en este mundo sin Sileno, su amigo y preceptor. Efectivamente, no se revela más que por la embriaguez de los bacantes, cuyo prototipo es Sileno. Le llamaban preceptor del joven dios pues él es quien le da la palabra. Tiene la cabeza grávida a causa del vino, su andar es titubeante y viene montado sobre un asno de paso lento. Su cabeza se adorna con dos pequeños cuernos de carnero, pues habla con palabras cornudas que expresan simultáneamente sentido vil y sentido puro. ¡Qué genio sabido en este vino raro que se hace en Sileno grávida faz de un dios que desafía este bajo mundo! Nacido de agrícola química, Sileno se revela en escuela campestre. Se comprende, pues, por qué son unos campesinos frigios quienes lo sorprenden. Tras haberle atado con guirnaldas de flores, es decir con vínculos sutiles, le conducen hasta el rey Midas, iniciado en las orgías báquicas por Orfeo y Eumolpo. Al instante, Midas reconoció en Sileno, al amigo, al compañero del dios que celebraba en los misterios. La llegada de un tal huésped es gozosamente celebrada por Midas durante dos veces cinco días y sus noches consecutivas. Al undécimo día, llega el rey a Lidia y está feliz de devolver Sileno al joven dios que había sido su alumno. Hemos dicho que sin Sileno, el amable dios Baco no podía manifestarse aquí abajo. Devolver Sileno a Baco merecía, pues, una recompensa. El dios, feliz de haber vuelto a encontrar a aquél que le había nutrido en este mundo, otorga a Midas la recompensa que éste pide. Haciendo mal uso de los dones del dios, dijo: «¡Consiente que todo lo que mi cuerpo toque se convierta en oro amarillo!» A disgusto, el dios concede este don, lamentándose de que no haya escogido mejor. Al principio, el rey Midas se marcha contento y todo lo que toca se vuelve oro. Lo ve todo de oro. Pero ¡oh desgracia! incluso el alimento y la bebida se convierten en oro. ¡Qué veneno pudo cegar tanto tiempo a aquel Midas que la sombra de química encantó! ¡Oh! ¡el oro mal leído! ¡Qué necio pensando su oro bestialmente! Oro seco, es sed de condenado para ese Príapo engañado sin dote y sin escuela de Arte. «Esta química no me da sentido ni peso de amor», se lamenta el avaro Midas, hambriento y alterado. Alterado por tan fatal novedad, a la vez rico y miserable, sólo piensa en escapar de esta opulencia y empieza a odiar lo que tanto había imaginado. Su riqueza no puede aliviar su hambre, una sed le reseca y le abrasa la garganta; helo aquí torturado por el oro antes tan deseado y, ahora, odiado. El desdichado Midas se vuelve entonces hacia el dios. Le pide socorro confesando su culpa: «¡Perdóname, dios de los toneles! Hemos pecado», implora levantando al cielo sus manos. Ante la confesión del pecador, el dios se apiada de él. El dios magnánimo perdona, pues, a Midas su avariciosa locura y le ordena ir hacia el río vecino(12) de la gran ciudad de Sardes. Así, el rey se sumerge dócilmente en el manantial y la virtud que tenían de cambiar todo en oro confiere a las aguas del Pactolo un color nuevo; este río tiene reflejos dorados y arrastra en sus raudales oro líquido. «¡Qué húmedo raro no sabido por las ciencias rústicas!», se exclamó entonces Midas. Es el secreto de los bacantes. ¡Qué puro saber donde Midas leyó su musa! La vista de este Pactolo que fluye será su musa al curarle su necedad. He aquí el famoso mercurio de los filósofos. ¡Es el oro mismo de los avaros que no era más que un veneno, pero licuado en savia vivificante! Hastiado ahora por las riquezas, Midas frecuentaba los bosques y los campos, al igual que el dios Pan, que moraba en los antros de las montañas. (XI, 146-147) En lo sucesivo, Midas supo este dios Pan en su gruta profunda donde su musa lo liga en secreto forestal. ¡Oh mágico secreto de las musas que despiertan con sus cantos al desconocido dormido! Midas no oye sino la flauta de Pan, pero no es más que una musa agreste. De modo que Midas seguirá el curso de este Pactolo. Incluso una persona simple no perdería este camino sabido en el Pactolo secreto: no es otra cosa sino cocer ese mercurio en un pote bien cubierto. Tal es la obra sobre la que los filósofos tanto han escrito: sólo es cocer y ese mercurio se hará poco a poco cuerpo sonante de un sol nuevo.(13)


1 . Dom Pernety, Las Fábulas Egipcias y Griegas, ed. La Table d’Emeraude, París 1982, traducidas por un servidor y presentadas en este blog, véase la entrada Mayo, 15, 2007. 2 . Emmanuel d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, Arola Editors, Tarragona 2000, tomo I, p. 125.

3 . Según Ovidio, Metamorfosis, XI, 85-193. 4 . Pactolo: este río fluye del monte Tmolo, cadena montañosa que se extiende en Lidia de este a oeste[...] 5 . Respecto al “espejo” al lector podría interesarle leer el último número de la revista LA PUERTA, ya que está dedicada íntegramente al “espejo”, http://www.lapuertaonline.es/ 6 . El Trevisano, Filosofía de los metales. 7 . Raimón Llull, en casi todas sus obras. 8 . Véase lo que se ha dicho, en ete blog, referente a Sileno en el anterior artículo, el cual lleva su nombre por título. 9 . Baco o el dios del vino. En griego Dionisos (Διόνυσος). [...] Las y los bacantes estaban poseídos por el vino del dios y profetizaban. 10 . Timolo, otro nombre de Tmolo. La montaña está aquí divinizada como amiga de Baco. 11 . Sileno y su embriaguez. Baco no puede manifestarse en este mundo más que por la embriauez de Sileno y de los bacantes.[...] 12 . Se trata del Pactolo. 13 . Te recomiendo encarecidamente, querido lector, la lectura de la continuación de la obra de Emmanuel d’Hooghvorst, donde va más allá que Pernety, pues éste llega a insinuar la tercera parte de la obra y Emmanuel la desarrolla plenamente.

domingo, julio 29, 2007

(artículo del traductor) Sileno o la primera materia


En esta ocasión acercaremos unos fragmentos de dos textos referentes al mismo mito. Se trata de la historia del Rey Midas, cuyo autor es el poeta Ovidio,(1) y lo haremos a partir de la explicación que Pernety da a esta fábula(2) y del magnífico y revelador estudio de Emmanuel d’Hooghvorst en su obra El Hilo de Penélope.(3) Pero antes de introducirnos en la fábula de Midas nos detendremos en el curioso personaje de esta historia llamado Sileno, pues merece una atención previa que nos ponga en situación de asimilar su función en el desenlace del cuento.

Así lo hace también Emmanuel d’Hooghvorst (EH) cuando precede lo que él intitula El Rey Midas, un cuento alquímico, con un artículo donde reflexiona sobre la lectura de un Virgilio Alquymista y que titula Chromis et Mnasylus in Antro,(4) donde dice:

No es nuestra intención hacer aquí, a propósito de Virgilio, erudición literaria o histórica. Otros lo hacen y lo han hecho con éxito. Quisiéramos sencillamente mostrar, con algunos ejemplos, lo que podría ser un Virgilio alquymista, comentando la obra entera, que generalmente permanece desconocida con respecto a su sentido fundamental.

[...] Hoy nos ocuparemos de las Bucólicas y concretamente de la VI y del Canto a Sileno.

El poema está centrado en la persona de Sileno, indica su inspiración báquica o dionisíaca, como también lo muestra la referencia a la musa Talía, ya desde los primeros versos:

Nuestra Talía fue la primera en no desdeñar el juego del verso Siracuso. Tampoco se sonrojó por habitar los bosques. (VI, 1-2) (5)

Esta musa de la comedia –dice EH– representa los misterios bajo un aspecto que incita a la risa. El poeta nos dice que «no se sonrojó por habitar los bosques», lo cual es una alusión al aspecto grosero de la primera materia que, efectivamente se encuentra en los antros silvestres. Ramón Llull se expresa así en el capítulo III de su Teoría:

[...] si quieres encontrar esta primera materia, has de saber [...] que se la llamó Forest por comparación con una cosa tosca y cruda.6

Talía era la musa de la comedia, vinculada a los misterios de Baco o Dioniso. Se la representaba con una máscara cómica, un bastón de pastor o una guirnalda de hiedra.

Pero veamos lo que dice Pernety respecto a Sileno:

Se puede recordar también que he explicado a los sátiros y las bacantes como las partes volátiles de la materia que circulan en el vaso. Es la razón que ha hecho decir a los inventores de estas ficciones que el mismo Sileno era un sátiro hijo de una ninfa y del agua y padre de los otros sátiros pues parece que no se podría indicar mejor la materia del arte hermético que mediante el retrato que se nos hace del buen hombre Sileno. Su exterior es grosero, pesado, rústico y parece que hecho para ser puesto en ridículo, propio para excitar la risa en los niños, sin embargo ocultaba algo muy excelente, puesto que la idea que se nos ha querido dar de él es la de un consumado filósofo. Lo mismo sucede con la materia del magisterio, despreciada de todo el mundo, pisada con los pies y así mismo alguna vez sirviendo para jugar a los niños, como dicen los filósofos, ella no tiene nada que atraiga las miradas. Se encuentra por todo como las ninfas, en las cercanías, los campos, los bosques, las montañas, los valles, los jardines, todo el mundo la ve y todo el mundo la desprecia a causa de su vil apariencia, porque es tan común que tanto el pobre como el rico la pueden tener sin que nadie se oponga y sin emplear plata para adquirirla.

[...] Sileno era propio en hacer filósofos, pues es la materia misma sobre la cual razonan y trabajan los filósofos herméticos. Y si Virgilio(7) le hace razonar sobre los principios del mundo, su formación y la de los seres que lo componen, sin duda es porque, si se cree a los discípulos de Hermes, esta materia es la misma de la que todo está hecho en el mundo. Es una porción de esta masa primera e informe que fue el principio de todo.8 Es el más precioso don de la naturaleza y un compendio de la quintaesencia celeste.

Emmanuel d’Hooghvorst lo expresa así:

Tras una introducción que ocupa los doce primeros versos, el poeta [Virgilio] nos describe una escena cuyo encanto campestre no debe hacernos perder de vista el mensaje alquymico, dicha escena es la que intentaremos comentar.

Dos jóvenes, Cromis y Mansilio, descubren a Sileno ebrio y dormitando en un antro silvestre. Se empeñan en atarlo con guirnaldas y Egle, la más hermosa de las náyades, les proporciona su ayuda. Al punto, Sileno despierta y pide a los jóvenes que le liberen de sus ataduras; como rescate les ofrecerá un canto, un carmen, al tiempo que otra recompensa es prometida a Egle. Sileno se pone, pues, a cantar y los faunos y animales salvajes a bailar en cadencia. Dicho canto es, en realidad, una revelación de la Gran Obra o metamorfosis, tal como se la llamaba entonces.

[...] Cromis y Mansilio, niños, vieron a Sileno en un antro dormitando. (IV, 13-14)

Cromis y Mansilio eran, según la tradición, dos jóvenes sátiros, personajes mitológicos con pequeños cuernos y una cola de cabra. Su faz cornuda les venía de su padre, un carnero. Los sátiros, siempre asociados al culto de Baco, aman el vino, los placeres, la música y la danza.

Pero nuestro texto los denomina sencillamente pueri, niños. Se dice que la obra de la piedra no es más que un juego de niños. Así pues, nuestros dos pueri, jugando, dando brincos y haciendo cabriolas, descubrieron el antro de Sileno. Dicen que nadie puede llegar allí solo, siempre hay que ser dos: el maestro y el discípulo.

El antro o caverna de los tesoros es la mina donde se encuentra aquella famosa primera materia mineral, llamada aquí Sileno. Es feo como ella; se le representaron la frente calva, la nariz roma como Sócrates y, además, gordo y redondo como un tonel.

Su sueño indica este mineral en espera de aquella fecundación, la única que puede despertarle, volviéndolo apropiado para la operación de la Gran Obra. Efectivamente, el tesoro que reposa en el antro minero no puede nada por sí solo, es decir, sin la ayuda de un sabio discípulo que opera, según las instrucciones de su maestro, la misteriosa unión de los contrarios.

[...] Conviene interpretar con indulgencia a este Sileno, preceptor y compañero de Dioniso –escribe Michael Maier en su tratado de los Jeroglíficos–(9) al lomo de un joven asno que dobla el espinazo; es para los niños un anciano ridículo, pero en su repliegue posee más de lo que aparentemente promete. De ahí el rumor difundido por Alcibíades(10) respecto al exterior deforme de Sócrates, no obstante muy hermoso en su interior. Un generoso señor a veces mora en una vil casucha y un espíritu de refinada erudición, en un cuerpo cargado de harapos y años. Sin embargo como Pan y los sátiros, compañeros de ruta de Baco y Osiris, Sileno, en realidad, no es más que la primera materia en su estado vil y silvestre, es decir, grosero. Si esta misma materia fuese tratada con dulzura y humanidad, Baco, el omnipotente dios del oro, surgiría pronto para pagar este favor con otro múltiple.

Las venas henchidas, como siempre, del vino de la víspera. (VI, 15)

Iaccho es uno de los nombres de Baco;(11) pero aquí este término significa el vino cuyo dispensador es Baco. Generalmente se representa a Sileno con la cabeza grávida de vino, imagen de esta tierra principio de la obra, y con las venas henchidas de un valioso licor.

Guirnaldas caídas yacían junto a su cabeza (VI, 16)

Las guirnaldas y las cintas indican siempre la naturaleza sutil o volátil; son las influencias celestes que yacen, inútiles, junto a esta tierra adormecida.

[...] «Lo atan con aquellas mismas guirnaldas» difícil labor la de atar la naturaleza sutil y volátil a esta tierra. Dicha labor sería, de hecho, imposible sin la intervención de Egle, de quien nos hablan los versos siguientes:

A aquellos tímidos niños viene a asociarse Egle. Egle, la más hermosa de las náyades. (VI, 20-21)

Egle (Αίγλη) significa en griego “el resplandor del fuego”. Es la más hermosa de las náyades nadando en el gran Océano, que, según la filosofía de los Antiguos, rodea por completo la isla flotante de nuestra tierra. Desgraciadamente, muchos alquimistas quieren obrar sin asegurarse la compañía de esta hermosa y encantadora persona que ilumina la vía de la sabiduría. Podríamos multiplicar las declaraciones de los filósofos acerca de este tema capital. Citemos una de ellas y las habremos citado todas:

La Naturaleza posee una luz propia que no aparece ante nuestra vista, el cuerpo es para nosotros la sombra de la naturaleza; por ello, en el momento en que alguien es iluminado por aquella hermosa luz natural, todas las nubes se disipan y desaparecen ante sus ojos, supera todas las dificultades, todas las cosas son claras para él, presentes y manifiestas.(12)

[...] He aquí la alegría de Sileno al despertar. No hay alegría para esta tierra mientras permanece sola y adormecida. Pero aquí, unos sabios hijos de la filosofía vienen y la riegan con este espíritu fermentativo que la hará vegetar. Es la risa de la primavera. «Desatadme niños»; deberíamos traducir «disolvedme» que también es el sentido más próximo del «solvite» latín. Es una invitación a la vía húmeda de la disolución.

1 . Ovidio, Metamorfosis, XI, 85-193.

2. Las Fábulas Egipcias y Griegas, tomo I, se puede ver en este blog en una reciente entrada del mes de Mayo.

3 . Emmanuel d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, Arola Editors, Tarragona 2000, p. 125.

4 . Idem, p.103.

5 . El verso Siracusa, refiriéndose a los misterios báquicos.

6 . Véase Theatrum Chemicum, ed. Zetzner, Argentorati (Estrasburgo) vol. IV.

7 . Virgilio, Églogas, VI.

8 . Nos queda un ejemplo de esta masa confusa, o materia primera, en esa agua seca que no moja y que se encuentra en las grutas subterráneas e incluso en la orilla de los lagos; impregna todas las cosas con una simiente abundante y se volatiliza al menor calor; si supiéramos extraer de ella los elementos intrínsecos cuando se halla estrechamente unida a su macho y separarlos mediante el Arte y después reunirlos directamente, entonces podríamos jactarnos de haber descubierto un arcano preciosísimo de la Naturaleza y del Arte, e incluso un resumen de la esencia celeste. Espagnet, Filosofía Natural Restituida. Can. 49.

9 . M. Maier, Arcana Arcaníssima, lib. II, se puede encontrar una traducción directa del latín realizada por el profesor Stephane Feye, en http://www.beyaeditions.com/, Les Arcanes Très Secrets de Michael Maier.

10 . Véase el Elogio de Sócretes en boca de Alcibíades en el Banquete de Platón, 215 a-b.

11 . Iaccho era el nombre solemne de Baco en los misterios de Eleusis. Dicho nombre venía de un canto llamado Iaccho.

12 . Le Cosmopolita ou Nouvelle Lumiere Chymique, ed.Retz, París. (Existe una traducción al español: Nueva Luz Química. Los Doce Tratados del Cosmopolita, ed. Fonfría, Madrid 1995) Véase también: Extractos del Cosmopolita o la nueva luz química, en Textos alquímicos, colección La Puerta, ed. DIALT, Barcelona 1997.

lunes, julio 02, 2007

(Artículo del traducctor) Referente a Isis y la Negrura (solve et coagula)


En el capítulo “Historia de Isis” Pernety nos aporta la descripción que Apuleyo hace de esta diosa en su obra “El Asno de Oro”,[1] al que remito al lector para que pueda coger la punta de hilo del ovillo que intento desmadejar. Sólo destacaré de esta descripción los detalles de la corona donde dice que: En medio, por delante, aparecía una especie de globo en forma casi de espejo que despedía una luz brillante y plateada como la de la Luna. A la derecha y la izquierda de este globo se levantaban dos ondulantes víboras, como para engarzarlo y sostenerlo y de la base de la corona salían espigas de trigo. Luego un poco más adelante y hablando de la resplandeciente ropa dice que toda ella está cubierta por... una toga destacable por su gran negrura que pasaba desde el hombro izquierdo por debajo del brazo derecho y ondeaba en muchos pliegues descendiendo hasta los pies. En la explicación que Pernety nos da de esta descripción afirma que este relato es una alegoría de la obra: Su corona y los colores del hábito lo indican en general y en particular. Isis pasó por ser la Luna, la Tierra y la Naturaleza. Su corona formada por un globo brillante como la Luna lo anuncia claramente. Las dos serpientes que sostenían este globo son las mismas de las que hemos hablado en el primer capítulo de este libro, explicando el monumento de A. Herenuleio Hermes. El globo también es la misma cosa que el huevo de ese monumento. Veamos qué dice Pernety respecto a dicho monumento, especialmente lo que concierne a las dos serpientes:[2] Las dos serpientes –dice– son los dos principios del arte sacerdotal o hermético uno macho o fuego, tierra fija o azufre, el otro hembra, agua volátil y mercurial, que los dos concurren en la formación y generación de la piedra hermética, que los filósofos llaman huevo y pequeño mundo. [...] También se puede explicar el huevo como el vaso en el cual se forma el huevo, mediante el combate del fijo con el volátil que se reúnen uno y otro formando un todo fijo llamado oro filosófico o sol hermético. [...] La mayoría de filósofos que han tratado esta ciencia han representado sus dos principios bajo el símbolo de dos serpientes. Anteriormente, en el capítulo de “la Historia de Osiris”, ya afirmaba que: los egipcios entendían por Isis y Osiris tanto la sustancia volátil y la sustancia fija de la materia de la obra, como el color blanco y el rojo que toma en las operaciones. Volvamos a la explicación que Pernety da a la descripción de Isis hecha por Apuleyo: Los colores que sobrevienen a esta materia durante las operaciones están expresamente representados en la vestimenta de Isis. Una toga o larga ropa sorprendente por su gran negrura cubre totalmente su cuerpo dejando percibir solamente por lo alto otra ropa de lino fino, primero blanco, después azafranado y finalmente el color del fuego. Los filósofos llaman al color negro el negro más negro que el mismo negro, nigrum nigro nigrius. Homero da un parecido a Tetis cuando se dispone ir a solicitar los favores y la protección de Júpiter para su hijo Aquiles. No había en el mundo, dice este poeta, vestimenta más negra que la suya[3]. El color blanco sucede al negro, el azafranado al blanco y el rojo al azafranado, precisamente como lo relata Apuleyo.[4] Vamos a ver ahora un texto actual en el que se explica la obra a partir del descenso de Ulises a los infiernos con el fin de consultar al ciego Tiresias, ya que es lo que la maga Circe le había recomendado, a fin de que Ulises recibiera consejo del adivino Tiresias. Se trata del capítulo titulado LA NEKUIA O LA EVOCACIÓN DE LOS MUERTOS, del libro EL HILO DE PENÉLOPE de Emmanuel d’Hooghvorst (EH).[5] Tiresias es tebano y EH dice: Tebas tenía siete puertas y estas puertas eran de electrum. Siendo siete el número del alma del mundo o alma creadora, no es difícil sospechar que estas siete puertas no eran más que una, cuyo misterioso electrum era el más bello ornamento. Pero ¿quién era Tiresias y por qué se había quedado ciego? Su leyenda nos ha sido transmitida por Ovidio en el tercer libro de sus Metamorfosis. La citamos íntegramente: [...] Cuentan que casualmente Júpiter, aliviado por el néctar, había dejado de lado sus pesadas preocupaciones y se había entregado a dulces entretenimientos con la despreocupada Juno y había dicho: «Verdaderamente, es mayor vuestro placer que el que corresponde a los varones». Ella lo niega; les pareció bien investigar cuál era la opinión del sabio Tiresias pues este tenía conocimiento de los placeres de ambos sexos. En efecto, con un golpe de bastón había golpeado los cuerpos de dos grandes serpientes que se apareaban en un verde bosque y, convertido de hombre en mujer, ¡oh, hecho admirable!, había vivido siete otoños; en el octavo, vio de nuevo a las mismas y dijo: «Si es tan grande el poder de vuestra herida que cambia la condición del que ha golpeado en lo contrario, también ahora os voy a herir». Golpeadas las mismas serpientes, volvió a su figura anterior y apareció el aspecto con el que había nacido. Tomado por tanto éste como árbitro de la burlesca contienda, confirma las palabras de Júpiter; se dice que la hija de Saturno se enfadó más de los justo y en proporción inversa al motivo, y condenó a una noche eterna los ojos de su juez. Pero el padre todopoderoso, pues no está permitido a ningún dios invalidar las acciones de otro dios, en compensación de la luz de la que había sido privado le concedió el don de conocer el futuro y suavizó el castigo con tal honor.[6] ¿Por qué era necesario que Ulises fuera a consultar el decir de Tiresias? El Hue, uno de los nombres del alma del mundo, ¿no tiene que bajar al infierno mineral para liberar la simiente del oro que se encuentra allí enterrada? Ciertamente el alma del mundo no es otra cosa que el famoso disolvente quymico que tantos buscadores se empeñan vanamente en inventar. Es la sustancia misma del oro que se ha hecho palpable en el electrum; éste es el famoso secreto ancestral, el fundamento de la obra que disuelve el oro vil tan simple y suavemente como el hielo se funde poco a poco en agua templada.[7] [...] En primer lugar se leerá Tiresias el ciego en ese pote que selló Juno, o el aire que fluye en dote de oro. Tengo negrura, dice este pote, pues su contenido no puede ser contemplado antes del tiempo del Arte: éste es el color negro tan descrito en los libros. Sin embargo, es como una mancia ciega, como una pre-dicción, pues en esta admirable conjunción, el discípulo puede contemplar en un relámpago el genio de la Obra La unión de las dos serpientes expresa el solve y el coagula que son como la mujer para el solve, que se convierte en hombre en la coagulación. He aquí a los dos sexos sucesivos de Tiresias; el número siete, como ya lo hemos propuesto, firma la acción creadora del alma del mundo. Añadamos que las serpientes entrelazadas son como la medida dada a lo ilimitado. Dar medida al sin límite es el Arte bajo todas sus formas. Por ejemplo, la palabra da medida y forma al pensamiento... al igual que la pura medida del sueño divino del oro que voló, se fija en un cuerpo admirable y resplandeciente. Es así como el oro vil vuelve a encontrar una naturaleza y un cuerpo celestes. Todo ello se realiza en el atanor donde humeó esta hembra descendida de negro penetrante, purgando el dolo de la edad de hierro. ¡Qué poeta, aquel discípulo del Arte que prepara y dispone este comercio donde Isis y Osiris se conocerán, dos en uno, leído Pan! Es la edad de oro madurando en un pote. Los novios del Arte son, pues, como dos sentidos, el solve y el coagula leídos en uno solo. Sin quymica este oro vil no se regenera. Como puede apreciar el lector sólo un conocedor puede interpretar la cosa de la que hablan los Sabios, y que siempre es la misma, bajo la vestidura de sus textos. Emmanuel d’Hooghvorst nos muestra claramente lo que es este Arte, a partir de Isis, es decir, como él mismo dice en un aforismo: Este libro tiene doble sentido con o sin Isis.[8] Y así lo expresa en un fragmento del tomo dos del Hilo de Penélope:[9] El Gran Arte es una santa aventura conocida en Egipto, tumba de Osiris. Lo que allí se encuentra completamente crudo ha de cocerse en larga paciencia ¿De dónde se saca el mercurio que enciende la mecha del saber? De una negra nube que yerra perdida.
[1] . Apuleyo, Metamorfosis o el Asno de Oro, lib.11 [2] . El lector lo puede encontrar en la primera entrada de Los Jeroglíficos Egipcios. [3] . Este suceso de Tetis y Aquiles será motivo de una comparación más minuciosa en próximos artículos. [4] . Esta sucesión de colores también es confirmada por Louis Cattiaux en el Mensaje Reencontrado, ed. Sirio, o también en Amazón .com, editado por Beyaeditions. Libro IV, versículo 47: El blanco en el negro y el rojo en el blanco, he aquí toda la creación presente. [5] . Emmanuel d’Hoogvorst, El Hilo de Penélope I, Arola Editors, Tarragona 2000, p. 83. [6] . Ovidio, Metamorfosis, III, 318-338. [7] . El Hilo de Penélope I, p.84. [8] . El Hilo de Penélope I, aforismo 104, p. 349. [9] . El Hilo de Penélope II, Arola Editors, Tarragona 2006, p. 19.