martes, abril 24, 2012


Nueva edición y renovada de la Física y Metafísica de la pintura de Louis Cattiaux, (todo artista debería leer este libro).


Louis Cattiaux
“Física y metafísica de la pintura”
Introducción 


Esta obra se ciñe voluntariamente a lo esencial que un artista pintor ha de conocer de la técnica y de la inspiración de su arte.
La estética que depende de la cultura del artista y del medio social que le baña no será aquí objeto de ningún juego analítico gratuito.
Reservamos para los únicos críticos cualificados el cuidado de comentar la obra que brota de las tinieblas del ser oculto.
Este libro tiene por objeto alentar a quienes poseen el don innato a que realicen su obra, así como aclarar las cosas a quienes se obstinan en creer que se puede penetrar el Arte por la astucia, por la fuerza o por la mediocridad.
Los llamados tendrán que soportar, por amor a su Dios, la pobreza y la soledad, sin buscar otro consuelo que su arte, a fin de probar su vocación y mantenerse íntegros hasta el día incierto del triunfo electivo.
Incluso cuando la prueba toma el cariz de un exterminio, como es el caso en determinados períodos críticos de nuestras sociedades actuales, el artista ha de sobrevivir ante cualquier tentación del mundo, venga del abandono o de la gloria, de la miseria o de la opulencia; para ello sólo dispone de un medio: «el olvido de sí mismo» en el amor desinteresado por su arte.
Para el artista, la prueba de la vida encarnada es particularmente turbadora, pero esta jugarreta aparente es lo que le mantiene despierto en medio mismo de la muerte del mundo que le rodea; su rebeldía no tiene otra salida que la aceptación y el abandono en el mar de la vida sensible que le arrastra y le sumerge.
Cuando haya renunciado a todo, lo poseerá todo. Tal es la ley oculta y sabia, que sólo entrega el mundo a quien ya no podía seguir siendo víctima de esa asombrosa posesión.




martes, abril 17, 2012

Arcana arcanissima-1, Presentación, introducción y prólogo

Como el lector ya sabe, Pernety se inspiró en la obra de Michael Maier para confeccionar sus Fábulas. Aquí propongo una traducción de esta maravillosa obra de Maier, para que el lector pueda comparar los pasajes que crea conveniente. Espero que le sea de utilidad cierta para sus pesquisas. Esta ha sido realizada a partir de la exquisita traducción del latín al francés llevada a cabo por el profesor Stephan Feye (BEYA editions, Bélgica, 2005).



presentación

El hito de los siglos XVI y XVII marca el apogeo del pensamiento hermético en el Santo Imperio romano-germano.

Los filósofos son acogidos oficialmente en las cortes principescas e incluso si algunos sopladores llegan a colarse entre ellos, rápidamente son desenmascarados. El mismo Emperador Rodolfo II muestra la vía pues, por ejemplo, hizo venir hasta Praga al mago inglés John Dee y también al autor del Tratado del Cosmopolita, el célebre Sendivogius. Por todas partes en Europa, es llamado el “Hermes de Alemania” y posee una impresionante colección de obras sobre alquimia; sus agentes en Oriente y en Egipto tienen la misión de llevar a Praga los libros más raros y recopilar toda clase de objetos científicos y preciosos.[1]

Rodolfo II gusta rodearse de consejeros que comparten su visión hermética del mundo, pero su atracción por el hermetismo no es unánime entre los Habsbourg.

El nombre de Michael Maier es bien conocido en la cancillería imperial, médico nacido en 1568 en Rendsburg, en el Holstein, quien ha frecuentado, además de la de Rostock, las universidades de Padua, Bolonia y Basilea. Además de adquirir presto las ideas de Paracelso, Maier poseía una vasta cultura médica y filosófica.

En 1609, tras haberlo nombrado su consejero particular, el Emperador confiere a Maier la dignidad de Pfalzgraf (Conde palatino). El nuevo Conde escoge su blasón: un águila y un sapo. Así lo explica él mismo:

Avicena, que fue un verdadero Filósofo Hermético, dice en su Porta elementorum: Un águila que vuela a través del aire y el sapo que se arrastra sobre el suelo constituyen el magisterio. Por el águila se entiende la parte volátil del mercurio común [azogue, literalmente plata viva], y por el sapo la parte fija de la tierra. Los dos reunidos permiten realizar la medicina hermética y la Tintura de los Sabios.[2]

En 1612, tras el fallecimiento de Rodolfo II, Maier se vio obligado a buscar otro protector y aceptar del Elector palatino la misión de viajar a Inglaterra,[3] llevando un mensaje para el Rey Jaime I. En efecto, el motivo de ello es la cercana unión entre la Princesa Elisabet, hija del Rey Jaime, y el hijo del Elector, el futuro Federico V, este efímero Rey de Bohemia al que después la historia llamará “rey de un invierno”.[4]

Michael Maier aprovecha su larga estancia en Londres para conocer a algunos reputados médicos, particularmente Sir William Paddy, médico del Rey y presidente del “Colegio de Físicos” de Londres. El 28 de mayo de 1613 hace registrar en la Stationes’s Company su primera obra titulada Arcana arcanissima, que dedica a Paddy.[5] A partir de 1614, Arcana es ampliamente difundida en Inglaterra y en todo el continente. A pesar de ello, el lugar de impresión del libro queda, aún hoy día, sujeto a discusión: algunos historiadores hablan de Londres, mientras que otros citan a los hermanos de Bry en Oppenheim o incluso Lucas Jennis en Francfurt, ciudad donde a continuación Maier firmará sus dedicatorias.[6] A decir verdad, toda la vida de Maier revela numerosos puntos enigmáticos, y faltan los documentos que permitirían comprender mejor la verdadera misión del filósofo y médico.

¿Tal vez es una coincidencia que también sea en 1614 cuando se publica la Fama rosacruz cuyo éxito es igualmente inmediato, anunciando la Confesio de 1615 y prefigurando las Bodas químicas de Christian Rose-Croix en 1616?[7]

En los siguientes años y a un ritmo considerable aparecen otros libros de Maier: Lusus serius (1616), Silentium post clamores (1617), Symbola aureae mensae (1617), Atalanta fugiens (1617), Themis aurea (1618), Verum Inventum (1619), etc., por citar sólo los principales títulos. Varias obras hacen referencia a la Augusta Fraternidad de la Rosa-Cruz, de la que el alemán se hace apologista. Se rumorea el hecho de contarlo entre los eminentes rosacruces, también en lo que concierne al inglés Robert Fludd, autor igualmente prólijo respecto al tema del hermetismo y al que Maier conoció en Londres.[8]

En el transcurso de esos años conviene señalar como nuevos mecenas de Maier al Príncipe Augusto de Anhalt, gran aficionado al hermetismo (su consejero Julius Sperber fue el autor de una obra titulada Echo der von Gott hocherleuchten Fraternitet des löblichen Orden R. C. 1615)[9] así como el célebre Landgrave Maurice de Hesse-Cassel, de sobrenombre “el Sabio”, también muy versado en alquimia y en filosofía paracelsiana.[10]

Michael Maier fallece en 1622, pero su obra continúa suscitando interés, particularmente en Inglaterra, donde Arcana arcanissima es reeditada en 1625 bajo la égida de una sociedad de libreros.[11]

Hacia el año 1650, Elías Ashmole – anticuario londinense que fue uno de los promotores de la Franc-Masonería especulativa y a quien se le debe la reedición de numerosos textos alquímicos -[12] también hizo mucho para difundir el pensamiento de Maier en Inglaterra, así como un siglo más tarde Dom A. J. Pernety utilizó Arcana arcanissima y Atalanta fugiens para componer su Dictionnaire mytho-hermétique, con el propósito de explicar a los franceses “las alegorías fabulosas de los poetas, las metáforas, los enigmas y los términos bárbaros de los filósofos herméticos”.

Las traducciones de las obras de Maier en francés son más bien pocas. Señalemos las siguientes:

· Cantilenae intellectuales de phoenice redivivo (hoc est medicinarum omnium pretiosissima) o Canciones intelectuales sobre la resurrección del Fénix o La más preciosa de todas las medicinas, traducidas al francés sobre el original latín por M. L. L(e) M(ascrier). París, Debure, 1758.

· Atalante fugitive, traducción de Etienne Perrot, Dervy, París 1997 (reedición de la edición príncipe de 1969).

Hoy día conviene añadir a esta breve lista la excelente traducción hecha por el señor Stephane Feye[13] de Arcana arcanissima, libro del que acabamos de exponer brevemente su génesis.

Respecto a esto damos las gracias al dinámico equipo de BEYA, en particular a sus responsables, señor y señora Jean-Christophe Lohest, el señor Pierre de Meeûs, y el señor Hans van Kasteel cuyos esfuerzos empleados en vistas a perpetuar estos importantes testimonios de un pasado en el que la cristiandad no renegaba del conocimiento arcano [secreto] de las antiguas fuentes de sabiduría (particularmente en el Egipto faraónico y la Grecia pitagórica) merecen ser nombrados.

Robert Vanloo

INTRODUCCIÓN

Este aire yace: su fuego que fluye,

¡qué tierra líquida!

EH[14]

¿No sería irrisorio que un brillante doctor en ginecología afirmara sin pestañear que por no perder la objetividad, a lo largo de sus estudios, hubiera adoptado como postulado que la mujer no existía?

Ahora bien, cuando se trata de hermetismo o de alquimia es corriente hoy día, entre los “especialistas”, reivindicar semejante presupuesto “científico”: “¡No nos arriesguemos a hacer el ridículo, veamos! Es evidente que la piedra de los filósofos no puede existir. ¿Quién la ha visto y quién la ha tocado?” Los innumerables tratados que la invención de la imprenta ha facilitado a la curiosidad exterior no pueden estudiarse seriamente, según parece, más que con una fe inversa a la de sus autores.

Esta moda sin nobleza se explica fácilmente por la rareza del objeto. ¡En efecto, si la mujer carnal, a pesar de su creciente accesibilidad, se ve aún calificada de “misteriosa e incomprensible”, su existencia, ella, no podría ser puesta en duda ni por el más tonto!

No es así para la Dama Alquimia. Pues gusta de ocultarse y se reserva para su Ulises elegido. El crecimiento de espinas en torno al castillo donde ella duerme sólo para los ignorantes no le inquieta para nada. Es más, algunos más esclarecidos que otros, claman que la denigración de la que ella es objeto proviene de un justo juicio de Dios, pues, como escribía el añorado EH, bienaventurada sea su memoria: “¿negar este don del cielo, no sería excluirse de él[15]?”

*

¡El autor de Arcana arcanissima lo había previsto todo! Dirigiéndose “sólo a aquellas personas sensatas a las que les ha sido dado gustar, antes que a los otros, estas realidades[16]”, llegará a desear que sus páginas sólo sean editadas para ellos y que permanezcan inaccesibles para los incrédulos a los que trata de “plebeyos indoctos”[17].

Así el programa queda claramente anunciado: el escritor tiene la intención de demostrar públicamente el valor, la continuidad y la cohesión de la tradición secreta velada en los mitos, los monumentos y las instituciones de los Antiguos, pero sabe que su obra no agradará a todos…

En efecto ¿cómo han podido permanecer tanto tiempo ignoradas las diecisiete notables obras de Michael Maier tras haber tenido tal éxito? Protegidas por el mismísimo Emperador, ilustradas por los grabadores más célebres, redactadas en un exquisito latín, magníficamente presentadas, gozarían de una gloria más esplendorosa que la que, contrariamente, la historia les ha reservado después. Pero he aquí: tras este prometedor crecimiento, “muchas luces se han apagado”[18]. El Santo Imperio es dislocado. Una vez asesinados los reyes, los artistas se mueren de hambre y el pueblo, abundantemente armado por los criminales, se mata unos a otros de una manera atroz. ¡Y los supervivientes se cogen de las manos con una inmensa solidaridad fraternal que asegura la igualdad de todos los nacidos en este naufragio universal!

¡Ojalá! Que nuestro pesimismo pueda ser desmentido. Plazca al cielo que se exclame con Virgilio:

Apparent rari nantes in gurgite vasto[19].

Es a estos “raros, sobrenadando en el vasto y tragón abismo”, que dedicamos nuestra traducción del docto Maier.

*

Justo en medio de sangrientas luchas religiosas que desgarran Europa (la guerra de los Treinta Años iva a empezar), Michael Maier prueba que la ciencia de las ciencias, poseída por los egipcios, transmitida por los paganos griegos y romanos, está extendida en todo el orbe habitado bajo el velo de las fábulas, los jeroglíficos, los monumentos y las instituciones.

Socialmente, la tarea del discípulo de Hermes requería una singular sutilidad. En efecto, ¿no se arriesgaba nuestro conde palatino a verse acusado por las facciones tanto católicas como protestantes (su emperador Rodolfo II de Habsbourg, y uno de sus editores Teodoro de Bry, pertenecían respectivamente a la una y a la otra…) de querer entregar al paganismo sus cartas ejecutorias y minar así la cristiandad que lo había subyugado?

En equilibrio sobre esta tensa cuerda, el erudito doctor profesa un argumento genial que hace surgir a intervalos regulares a lo largo de su libro: el paganismo no es más que una idolatría y una superstición popular. Aquellos que no acepten indagar y encontrar la verdad original y pura que ha debido de ocultarse tras estas ridículas máscaras, las admiten como tales y continúan vehiculándolas. Ellos mismos, participando así en la idolatría, no se comportan como cristianos.

He aquí cuán sutil es. Este rodeo directo al remitente potencial le permite no solamente evitar los golpes, sino también susurrar las cosas a los oídos de sus contemporáneos, en tanto que éstos tengan la inteligencia de leer entre líneas, practicando la transposición necesaria. En efecto, cuando él habla de la ignorancia de los antiguos pueblos privados de la luz divina, no se puede impedir asimilar en ello, y apenas velada, la de numerosos cristianos rígidos y, digámoslo, idólatras. Sin embargo en ningún lugar afirma claramente que los cristianos no comprenden su religión más que un viejo egipcio que no adivinaba el sentido oculto de sus jeroglíficos. ¡No! El verdadero cristiano se considera que lo comprende todo; ¡está liberado de toda oscuridad! ¡Sólo los paganos estaban ciegos, y si hoy día quedan algunos ciegos es que se comportan como paganos!

Se convendrá en que el argumento triunfalista es convincente. “Que el inteligente comprenda”, diría Jesús…

*

La edición príncipe de Arcana arcanissima, en latín, ha visto la luz en un mundo de europeos, católicos o protestantes, aún instruidos

Nuestra traducción francesa va a circular en un mundo moderno, económico y productor, que esperamos esté cansado del “dogma impío del progreso científico”[20] que acaba por roerle la médula. Este no impide que el problema de la mitología permanezca en una sorprendente actualidad.

Se ha creído siempre percibir allí todo lo que se ha deseado. El teólogo ha visto allí la Teología; el moralista la Moral; el físico los secretos de la Naturaleza; el alquimista la Gran Obra. Ninguno ha carecido de razones especiosas para poner la Fábula de su lado[21].

Como esta cita data del siglo XVIII, es conveniente que hoy día sea completada la lista: el psicólogo ha visto allí las pulsaciones de nuestro inconsciente, etc., etc.

Pero en Maier observamos una constante exigencia propia de todos los sabios: para él, la fábula es una vestimenta que debe irle como un guante a aquella que la lleva. Este hábito debe convenirle perfectamente, ¡no a medias o en parte! Recordemos el zapato de cristal de la Cenicienta o la sortija de Piel de Asno. ¿Cómo verificar desde entonces la cosa sin la “presencia real” de aquella que debe llevar esta vestimenta? Sin ella es normal que se delire… puesto que entonces el tejido sin consistencia sólo se hincha de vanidad.

Otra consideración, pero del mismo orden: si la mitología sólo oculta realidades humanas ordinarias, ya sean groseras o sutiles, accesibles a la voluntad o a la observación ¿cuál es entonces la utilidad de un sofisticado vestido?

¿Por qué ocultar lo que de todas maneras el profano puede descubrir, con o sin fatiga?

Tomemos dos ejemplos. Si el “Rey Midas” de Ovidio no vela más que la condenación de la avaricia, ¿por qué hablar en parábolas?

Si el “Buen Samaritano” del Evangelio sólo trata de “la no asistencia a alguien en peligro de muerte”, ¿no lo trata más el simple código penal que la revelación del Rey descendido del cielo?

Escuchemos a Louis-Claude de Saint-Martin:

Intérpretes de la mitología, ¿por qué decís que esta no vela más que la marcha de los astros y las leyes de la naturaleza material y corruptible?

¿Qué proporción habría allí entre la figura y la cosa figurada? ¿No es inútil la alegoría cuando es superior a su objeto?[22]

He aquí, pues, un tema que también será incansablemente repetido por Maier a lo largo de Arcana arcanissima: admitir el carácter enigmático de la tradición de los paganos no es suficiente. Necesariamente es preciso encontrar la llave y el verdadero objeto: ¡la medicina de oro, poseída por tan pocos y negada por muchos!

Aunque sean ficticios los poemas poseen siempre una verdad oculta y propia que existe como fundamento en el espíritu del poeta, de tal manera que sólo los sabios pueden discernir esta verdad oculta, partiendo de los poemas. De otra manera no se les podría considerar ni como poemas ni como ficciones, sino más bien como tonterías: por cierto, todo poema y toda figura se extiende a muy numerosos significados.[23]

Si bien Michael Maier es quizás el primero, en cuanto a la forma, en haber presentado un estudio perfectamente sistemático de los documentos alquímicos, queda patente que se inscribe en una muy antigua línea en cuanto al fondo: Alberto el Grande, Pico de la Mirándola y sobre todo Bracesco. Este último había escrito:

Es verdaderamente sorprendente que los antiguos filósofos hayan ocultado este arte bajo ficciones tan oscuras y quiméricas. Nuestros letrados las elucidan desviándolas en un sentido moral.[24]

De hecho, en su prefacio, Maier cita expresamente a Bracesco y a Robert Vallensis, como siendo sus predecesores.[25]

En lo que concierne a Bracesco, es preciso notar que su exposición sistemática del sentido alquímico de los mitos había sido burlado por Natale Conti, un autor milanés (murió hacia el 1582), en su importante obra titulada Mythologiae, sive explicationis fabularum libri X, publicado en 1551.[26]

Esto explica las numerosas invectivas de nuestro autor contra Natale Conti a lo largo de su obra. Ciertamente la intención, no expresada, fue la de vengar a Bracesco.

Con una admirable erudición, nuestro sabio tratado demuestra la unidad de pensamiento de los maestros, citando a cantidad de autores antiguos o más recientes en apoyo de sus declaraciones.

Como él así lo merecía se le ha hecho otro tanto. En efecto, el célebre benedictino Dom Pernety, de la congregación de San Maur, extrajo de él extensamente para componer sus Fábulas egipcias y griegas desveladas, hasta el punto de guardar el mismo orden que Arcana arcanissima, en seis libros con los mismos títulos y lo único que hizo fue traducirlos al francés.

He aquí lo que él mismo dice:

He leído con mucha atención muchos de los tratados de Michel Maier, y me han sido de una gran ayuda, como el que tiene por título Arcana arcanissima, que me ha servido de bosquejo para mi obra, por lo menos en su distribución, pues no siempre he seguido sus ideas. Este autor embrollaba sus razonamientos cuando no quería o no podía explicar ciertos rasgos de la fábula, ya sea porque el secreto tan recomendado a los filósofos le sujetaba el corazón, temiendo ser indiscreto, o bien (como así se podría creer) que su discreción fuera forzada.[27]

A pesar de esta discreción, Michael Maier indica el secreto, por aquí y por allí, pero, como hacen muchos conocedores, “sumergiendo el pez” en un texto agradable de leer y donde la descripción de los mitos, ritos y monumentos, mezclada a consideraciones de orden general e histórico, ocupa una parte importante. Corresponde al lector, eso nos parece, reunir estas piezas del puzzle. El buscador podrá así reconstituir lo esencial de la enseñanza del autor que, así como el cuerpo de Osiris, debe rehacerse y revivir con la ayuda de Isis sin la cual nada es posible.

*

Nuestra traducción ha sido realizada según una copia de la edición príncipe que no contiene ni lugar ni fecha, ni la dedicatoria a Sir William Paddy.[28]

El texto latín está castigado pero muy claro y nos hemos esforzado en traducirlo a un francés accesible. Esperamos que el lector agradecerá que hayamos vuelto más evidente la trama de la obra por los títulos y las separaciones en parágrafos que no se encuentran en el original. Igualmente con las cursivas, los signos de puntuación o las mayúsculas, que no correspondían al uso actual y que hemos adaptado completamente.

En cuanto a las citas es preciso saber que Maier las reprodujo a menudo con exactitud, pero a veces también de manera muy libre. En este último caso parafrasea, resume, reagrupa o invierte las frases o los pasajes. A menudo sus referencias están ausentes, incompletas, inexactas o no verificables. Hemos intentado remediar todo esto, según nuestros medios, corrigiendo, completando o encontrando la referencia en lo posible, sin haber llegado a la perfección. Todo ello se encontrará en las notas. Por otro lado hemos redactado notas explicativas. Esperamos que no sean juzgadas como superfluas. Cuando se trata de una nota de Maier, situada en el margen del original, así lo indicamos.

Nos ha parecido bien indicar en el margen el número de página de la edición príncipe, a fin de facilitar la tarea del buscador que desee consultar el original.

*

Nos queda dar las gracias a aquellos y aquellas sin los cuales este trabajo no hubiera podido ver la luz.

Ante todo dedicamos esta labor a la bienaventurada memoria del barón d’Hooghvorst. Con la ayuda de su hermano Charles al que también echamos mucho de menos, este testigo de la Ciencia de Hermes ha suscitado en nosotros el deseo de instruirnos en los arcanos más secretos de la tradición de Occidente. ¡Que Dios sea bendito! El hilo conductor que poseía por filiación nos ha evitado muchos extravíos en el laberinto…

El señor Hans van Kasteel ha tenido a bien releer y corregir nuestra traducción. ¡Cuán preciadas nos han sido sus juiciosas observaciones! Además ayudado por la señorita Sylvie Muller, ha verificado y corregido minuciosamente y sobretodo encontrado un número incalculable de referencias.

La señorita Carolina Thuysbaert, directora de las humanidades antiguas greco-latinas de Schola Nova, ha aceptado redactar un índice tan completo como útil incluyendo dioses, lugares, personajes, términos alquímicos, etc. También le debemos un segundo índice de todos los autores antiguos y modernos.

Nuestra hija, Hélène Feye, se ha encargado de una primera tipografía.

El señor Robert Vanloo, autor de la Utopía Rosa-cruz, nos ha agraciado con una presentación y nos ha permitido localizar las sucesivas ediciones.

Finalmente el señor y la señora Jean-Christophe Lohest no han economizado ni sus consejos, ni su energía, ni su virtuosidad de excepcionales editores para llevar a bien toda la empresa.

Que todos estos amigos, así como todos aquellos que nos han sostenido de mil maneras, reciban aquí nuestras efusivas gracias. Que gocen de la protección de Arriba!

Este libro tiene doble sentido

con o sin Isis.

EH[29]

Michael Maier

LOS ARCANOS MUY SECRETOS[30]

es decir

LOS JEROGLÍFICOS EGIPCIO-GRIEGOS,

no conocidos aun por el público, presentados en seis libros a fin de

demostrar que los falsos dioses, diosas, héroes, animales e

instituciones consideradas como sagradas por los Antiguos sólo

tenían su origen en el único arte gracias al cual los Egipcios

elaboraban el medicamento de oro del alma y del cuerpo.

Se desvela así tanto las alegorías de los poetas, como

las historias fabulosas de los escribanos y los

errores extendidos en todas la enciclopedias.

Así, cada una es restituida a su tribu

gracias a la muy luminosa claridad

de la verdad.

Por

MICHAEL MAIER, CONDE PALATINO

DE CÉSAR, CABALLERO EXENTO,

Doctor en filosofía y medicina etc.

Antes miembro de la corte.

RESUMEN DE CADA UNO DE

LOS LIBROS DE ESTE TRATADO

LIBRO I

Los dioses jeroglíficos egipcios: Osiris, Isis, Mercurio, Vulcano, Tifón, etc. Las proezas, caracteres y otros monumentos concernientes a los reyes y las diferentes distribuciones, refiriéndose a nuestro tema.

LIBRO II

Las alegorías de los griegos, sobre todo aquellas que hablan del oro, como el toisón de oro de Jasón, las manzanas de oro de las Hespérides, etc., y que no significan otra cosa que la medicina de oro.

LIBRO III

La figurada genealogía dorada de los dioses y las diosas; ésta es filosófica, es decir quymico-médica.[31]

LIBRO IV

Las fiestas, las liturgias, los combates y los juegos sagrados organizados como ejemplo de esta ciencia.

LIBRO V

Los trabajos de Hércules, que significan el mismo arte.

LIBRO VI

La expedición a Troya y las condiciones indispensables para la toma de Troya. Los errores de Ulises refiriéndose al mismo tema.

POEMA DE SEIS VERSOS DEL AUTOR

DISTINGUIENDO AL LECTOR CÁNDIDO

DEL MOMUS Y DEL MIMUS[32]

Ella surge de las tinieblas, la HIJA DE SATURNO

Concebida de nuestra reciente labor, ella se da a la luz.

¡Oh! Cándido lector, hela aquí: se te la trae en brazos.

Siempre que no seas un censor de inicuo juicio.

Denigrar todas las cosas, aunque fuesen excelentes,

NADA MÁS FÁCIL para los Momus.

Editar lo que pueda gustar a los Mimus, NADA MÁS TORPE.

PREFACIO A LOS LECTORES

Si vosotros, benévolos lectores, os preguntáis qué motivo me ha impulsado a editar este tratado cuyo particular título indica cosas MUY SECRETAS; si os sorprende que finalmente lo propague ahora a la luz pública del mundo, después de que tantos y grandes autores hayan publicado sus obras sobre los jeroglíficos, las alegorías, las fábulas teológicas, filosóficas, poéticas, químicas y médicas; si no veis el porqué os he llamado ante todo para plantar cara a tantos prejuicios; cuando os dignéis asomaros sobre la cosa misma, sobre mis estudios y mi intención, así como sobre vuestro propio candor, cesaréis sin ninguna duda de haceros esa pregunta.

Según me parece no existe ningún cristiano (al menos entre aquellos que gozan de sentido común y poseen los primeros rudimentos de las letras) que, habiendo recorrido un día u otro los libros paganos (de los que un enorme número ha llegado hasta nuestra época), no se haya fijado en las dos características siguientes:

Primeramente en los nombres de los dioses, diosas y héroes, como Júpiter, Marte, Mercurio, Apolo, Juno, Venus, Palas, Hércules, Jasón y los otros.

Después en las hazañas monstruosas, espantosas e increíbles de cada uno de estos dioses y héroes.

Todos los libros de los paganos están llenos de estos dos elementos. Se incluyen casi a cada página, hasta el punto de que prácticamente los libros no contienen otra cosa que sea digna de recordar.

Que se quite por ejemplo de Homero y Herodoto entre los griegos y de Tito Livio y Virgilio entre los romanos, todo lo que son dioses, proezas divinas o hazañas de héroes nacidos de los dioses, y la mayor parte de estas obras serán marcadas con un obel,[33] pues los hechos están ligados a las personas, y las personas pertenecen tanto a los hechos que si se retira lo uno no puede subsistir lo otro. Si se admite lo uno también se debe admitir lo otro. Se observará lo mismo en todos los otros autores paganos y sus escritos.

Pero nosotros, cristianos, hace ya largo tiempo que hemos rechazado a esta multitud de dioses. Nosotros, instruidos por la verdad del Verbo de Dios, no les hemos hecho el menor caso y nos hemos burlado de ellos. Entonces ¿qué diremos de las hazañas de tantos dioses y héroes? ¿Hazañas que son posibles y verdaderas mientras que aquellos que las han perpretado eran falsos y no eran dioses?

¿Vamos entonces a refutar y rechazar a los dioses admitiendo y aceptando al mismo tiempo sus actos y su descendencia? ¿O bien declararemos falsos tanto a los unos como a los otros afirmando que en todos los autores no hay ninguna verdad, ni en los hechos ni en las personas?

Es sorprendente que entre tantos miles de escritores cristianos ni uno sólo se haya inquietado por este fenómeno, cuando forzosamente es necesaria una elucidación de estas dificultades desde el momento que se quiere ofrecer al mundo con un cierto provecho el menor escrito político o teosófico fuera de las santas Escrituras. Pero de lo que se trata no es sólo la antigüedad de estas materias que parecen remontarse más allá de toda memoria desde que el hombre ha dejado un escrito. ¡No! El hecho es que se trata también de dominios muy secretos, y siempre considerados como tales desde su origen, y por tanto conocidos por muy pocos.

Así, es normal considerar como muy antiguas pero también como MUY SECRETAS[34] las materias que, durante tantos periodos del mundo (más de 3000 años) desde los primeros autores hasta nuestro tiempo, han sido cubiertas y ocultadas como un tesoro encerrado en un arca.[35] Como los escritores paganos han desvelado algunas de ellas, aunque fabulosamente y según su comprensión, se les ha llamado misterios, como resalta en el título de los libros de Eumolpo, Menandro, Melantio, Jámblico, Evanto y de autores que no contienen otra cosa que fábulas poéticas de las que verdaderamente no explican el principio.

El motivo es que han comprendido que bajo estas ficciones se ocultan grandes cosas, materias místicas que en realidad encierran más en sus recovecos que lo que prometen a primera vista.[36]

En efecto, los antiguos egipcios eran muy sabios (si buscamos el primer origen observaremos que quienes propagaron todas estas materias fueron ellos) y habían alcanzado bienes muy preciosos gracias al don de Dios y a su labor. Como no querían que su posteridad fuera totalmente ignorante ni que todos pudieran conocerlas por igual, encontraron un medio de volverlas oscuras envolviéndolas con ciertas tinieblas, de manera que sólo pudieran contemplar alguna cosa aquellos que fueran dotados de la luz muy aguzada del espíritu. Es así como imaginaron los jeroglíficos, los caracteres, las alegorías y las fábulas para encerrar y ocultar allí, como en prisiones y con cadenas, lo que no se había de divulgar, y esto durante tanto tiempo como querían, de manera que aquellos que veían y entendían no comprendían al instante,[37] sin embargo tenían razones para buscar.

Pero en lo que se refiere al número de males que esto ha ocasionado, es prácticamente imposible decirlo o creerlo. Hemos leído por ejemplo que un día se encontró en un templo de Apolo cerca de Babilonia un pequeño cofre de oro de una sorprendente antigüedad. A penas fue fracturado y abierto dejó escapar un aire de una pestilencia tan fuerte y tan perniciosa que el gas no sólo infectó de putrefacción venenosa y mortífera a aquellos que se encontraban en su proximidad, sino que, extendiéndose a lo largo y ancho con increíble potencia pestilente, se extendió hasta los Partos.

Otro ejemplo: En la época de Marco Antonio y de Vero, cerca de Seleucia, los soldados abrieron un estrecho agujero que los adivinos caldeos habían tapado tras un pillaje al templo de Apolo y el consecuente traslado de su estatua a Roma. De él salió un vapor tan mortal y tan abominable que partiendo del territorio persa causó estragos a través de Siria y toda Grecia, con tal frenesí báquico que alcanzó las regiones vecinas para terminar en las Galias (es Amien Marcelin quien lo relata y tras él, Caelio Rodigino[38]).

Prácticamente tal fue el caso de los tesoros egipcios, escondidos bajo las envolturas de sus secretos. Una vez profanados estos tesoros, toda Grecia, y tras ella el mundo entero, fue invadida de innumerables supersticiones, de una multitud de vanos dioses y hechos maravillosos. El mal perduró durante todo el tiempo del paganismo, hasta que llegó el verdadero médico del alma, nuestro SALVADOR. Él, que ha suministrado al género humano un remedio totalmente diferente al de Hipócrates (¡Hipócrates inmunizó de la peste a los atenienses incendiando los bosques!), ha aniquilado y destruido estos ídolos de las naciones por el VERBO; sí, el Verbo salvífico y muy secreto proferido desde el seno del PADRE ETERNO. Así, desde el principio, en el seno de la Iglesia y en el mundo cristiano, los dioses de las naciones perdieron su valor y se les rechazó como artificiales y vanos. No obstante repetimos que en vista de la cantidad de monumentos paganos y de libros editados que circulan a diario en manos de los entendidos, que mencionan a los dioses y a los héroes de los gentiles a casi cada parágrafo, los eruditos han encontrado en ello motivo suficiente para desear sistemáticamente descubrir el rastro de lo que se había querido significar en definitiva mediante estos dioses y estos héroes.

Es así como unos los han devuelto a la historia, como si estos dioses y estos héroes hubieran sido reyes y hombres de los primeros siglos que hubieran realizado todo tal como se ha escrito; y los otros, han aplicado estos relatos a la educación de las costumbres o a la razón natural de este mundo.

Pero como esta gente ha proferido tal cantidad de absurdidades y tan enormes, que no eran merecedoras de ser ocultadas por estos primeros y famosos sabios ni de ser explicadas por ellos mismos, pues depravaron la mayoría de ellas con sus propias ficciones, y como sus producciones están alejadas de toda concordancia con los hechos, en realidad han dejado más dudas que certezas en el espíritu de los lectores. Por consiguiente, fueron numerosos los que desearon que se pusiera radicalmente de relieve lo que finalmente se encontraba bajo estos dioses y héroes paganos, pues se puede creer y tener por cierto que el objeto de su principio no es ninguna futilidad. Que forme parte de la historia o que se convierta en moral o que sea lo que sea, el caso es que ha engatusado a casi todo el mundo, lo ha enredado y cegado y con él a tantos sabios, durante ya no digo cien años (lo que ya sería mucho) sino treinta veces cien o más, es decir, ¡tres mil años!

Entre tanto, se han presentado algunos especialistas en cuestiones químicas para afirmar que los dioses y diosas de los gentiles tenían su primer origen en las obras químicas. Entre ellos Bracesco, Robert del Valle, y otros. Pero como por un lado han adaptado una a una las cosas a sus temas sin dar suficientes explicaciones del conjunto ni de su concordancia, y sin utilizar el método conveniente, y por otro lado la quymica misma es tenida por vana, fútil e inútil a los ojos de muchos, nada cierto sobre la cuestión ha podido fijar el pensamiento de los sabios.

He aquí el porqué finalmente he emprendido esta obra, empujado por diferentes motivos; es para declarar firmemente y poner en un solo tratado ante los ojos de los lectores lo que hay que entender en principio bajo la cubierta de los dioses, diosas y héroes paganos, y porqué motivo se han propagado estas fábulas a través de los tiempos.

Lo he hecho tanto para que la verdad de la doctrina cristiana, que por ella misma ya resplandece lo suficiente, sea como más iluminada una vez retiradas estas sombras, como para que la quymica, que se consagra en producir la medicina de oro, y no la alcumia (pues esa nodriza de muchos bergantes y madre de decepciones, sólo hace que falsificar los metales y no los transmuta verdaderamente), sea demostrada como muy antigua y muy verdadera y lo que es un TAN GRAN DON DE DIOS sea vengado de las blasfemias de los calumniadores.

Pienso que nadie proscribirá ni acusará al oro. Mientras el mundo ha sido y será, este excelente metal ha sido admitido en él como precio de las cosas y suele emplearse para sanar muchas enfermedades humanas. Nadie pensará que es inútil, muy nocivo y detestable, bajo el pretexto de que no posee en su casa tanto como desearía y que no quita todas las afecciones, enfermedades y deseos de los hombres, o porque es la causa seductora de cantidad de males: robos, rapiñas, crímenes, adulterios y de casi todos los vicios. Nadie tendrá esta actitud, a menos que quiera vivir totalmente fuera del mundo y pasar por un cínico.

Que se haga el mismo juicio a la medicina: si la medicina puede provenir del oro o si el oro proviene de ésta, ¿quién sino un ser totalmente demente, la rechazaría execrándola? En el mundo es un ser infantil quien se imagina que todo es por todas partes como en su casa, en su ciudad o en el país donde ha sido educado; es doblemente infantil quien a pesar de su avanzada edad piensa que no existe o que jamás han existido personas que hayan visto, sabido o comprendido más que lo que él mismo puede comprender.

Así, nadie dotado de sano juicio negará la verdad de la quymica por el mero hecho de que no la ha visto ni la sabe o no la comprende. En efecto, sería una desvergüenza de espíritu aceptar todo aquello cuya esencia se conoce y querer suprimir el conjunto de cosas que se ignoran. Digo yo que sería tener una actitud de celos, de perro y no de hombre, el querer retirar del mundo lo que uno mismo no utiliza.

Sin embargo por miedo a que se concluya que con un escrito así yo profeso una ciencia del mismo orden, que se perciba la razón de mis estudios: habiendo profesado hasta aquí la medicina de Galieno, no he cesado jamás de buscar también otras cosas muy secretas, en el caso que las hubiera, en las obras químicas. Pues pensé que es lo propio de un ser educado liberalmente; un hombre así parece haber nacido para razonar, como los pájaros lo han sido para volar. Para los pájaros no es sólo una porción del aire que les es accesible sino su totalidad como así lo podemos ver. ¿Por qué sería diferente en cuanto a la reflexión de los hombres? Que nadie monte en cólera contra mí si además de las materias comunes deseo saber también las secretas y las raras que tienen su fundamento en la realidad, que son probadas por la razón y la experiencia y que son muy verdaderas. Es lo propio del alma inteligente, y Aristóteles lo demuestra en la Metafísica.[39] Es más, incitado por este estado de ánimo, he visitado igualmente lugares exteriores, y es así como también he llegado hasta este célebre reino donde, consagrándome en hacer avanzar mis estudios de manera más aguda, he aquí que he hecho nacer bajo mi pluma esta producción, este hijo que no es un lacayo imitador de esta medicina sino el precursor.

Sin embargo, que nadie vaya a imaginarse que el niño es demasiado prematuro para poder vivir pues lo he incubado en casa durante un tiempo más largo que el que se le atribuye a la gestación de los elefantes, aunque confieso que lo he sacado a la luz en un parto de osos y de una tosca Minerva. En efecto, no estoy tan inquietado por las palabras como por las cosas. No estoy tan preocupado de atraer gloria como de procurar beneficio a los demás.

Recibid pues, benévolos lectores, mi obra como es. Es una labor nueva en este género. Así como no podrá pasar por superflua a la verdad teológica, también será muy útil a toda la enciclopedia, así como a la política y a la vida civil (que trata de la jurisprudencia), a la medicina, la química, la poesía, la historia, la astronomía, la física, y a las demás ciencias y artes.

Quizás parecerá que contiene paradojas que rompen de alguna manera las ideas recibidas durante tantos siglos. Pero lo que concuerda en todas las cosas con la verdad, incluso si está en desacuerdo con la opinión de la mayoría del mundo, es preciso recibirlo, me parece a mí, más bien con abrazos que con lo que es conforme a los prejuicios de tanta gente que no hace más que dar un parecer.

Puesto que es la regla que seguimos en las cuestiones divinas, ¿porqué no hacer lo mismo en estas cuestiones humanas que supuestamente se debe acceder a ellas desde muy cerca, sean cuales sean? Si alguien prefiere aprobar el paganismo, con su multitud de dioses, y no reconocer aquí la quymica que es verdadera incluso si le es desconocida, y si la pica de su propio juicio crítico le procura cierto placer, que haga como mejor le parezca. Mientras tanto, a los ojos de los inteligentes no llegará jamás ni a volver verosímil la falsedad de estos dioses, ni a volver vana la verdad de esta quymica.

Vosotros que lleváis en el pecho la chispa de la luz de Prometeo, vosotros que lleváis en vuestra alma la sabiduría de Palas sin admitir necesariamente en común con ellos el altar de Vulcano o de Vesta, por vuestro candor, vengad nuestro presente estudio de las injurias de los celosos y los ineptos, y velad personalmente en sacar y extraer la verdad del pozo profundo de la caverna (donde ha sido encerrada, según Demócrito que ha dado testimonio de ello riendo,[40] y según Heráclito que lo ha hecho llorando). Sólo a vosotros, gente sensata, ha sido dado el gustar, antes que a los demás, estas realidades (los SECRETOS MUY SECRETOS del mundo), en la medida en que sepáis aportar vuestro sufragio por una destreza de juicio innata;[41] digo que deseamos que sólo a vosotros sean abiertas y desveladas; mientras que a los otros, esos plebeyos indoctos que no han experimentado nada, esos incrédulos que no tienen la menor capacidad, estos Momus y estos Mimus, indignos de gustar sea lo que sea de aquello que los sabios saborean, esta gente que sólo aprecia lo que pasa por ser agradable al hombre vulgar, como lo que adula el lucro y el sentido, les deseamos que ésta les permanezca verdaderamente secreta y cerrada.

Es más, llegaremos a esperar que estas líneas sean editadas para vosotros solamente; que para ellos permanezcan ocultas; que vosotros las comprendáis mientras que ellos incluso ni siquiera las lean;[42] y en la medida que podamos pondremos toda la energía en ello. Es a vosotros que corresponde no desviaros de esta efusión de mi alma, de esta manifestación de voluntad y de estudio, sino al contrario estimarla como buena y justa. Yo querría que se os considerara recomendados al Dios muy bueno y muy grande.

En símbolo del célebre e ilustre

Señor Michael Maier[43]

Es algo como la gracia con la forma de un cuerpo especioso.

Es algo como el poder enseñar el género primordial.

Es algo como la sabiduría concebida de una despertada labor.

Es algo como los recursos que contiene el gran orbe.

Por lo tanto, si contemplamos cuánto los avanza el autor,

Esto no es nada, o menos que nada, si es posible.

Chr. Reinhart V.I.D.

de la orden de R.I.M.S.

y P.L.C.[44]

MICHAEL MAIER DOCTOR, CONDE PALATINO[45]

EN CRISTO DIOS ESTÁ ESTA MI ESPERANZA, AMO AL CRUCIFICADO.[46]

Que el malvado consejero, el amor al oro, no me posea.

Que la dote de oro plazca a los otros y los nutra de luz.[47]

PARA MÍ (AMO EL PRESAGIO ASÍ) LA DOTE ES EL LAUREL;[48]

DERECHO ME PLACE.

MICHAEL MAIER

anagrama de:

SOL, ALEGRÍA, DIGO YO,

y de: NO, DESDE LA PRIMAVERA, FORRAJE[49]

EL SOL, DIGO YO, es para los mortales una gran ALEGRÍA y una luz de vida.

¿Acaso NO es, DESDE LA PRIMAVERA, el FORRAJE para las bestias y los mortales?

Así mismo ¡que tu enseñanza, Maier, sea un SOL

Dando la ALEGRÍA a los buenos y el FORRAJE a los mortales!

Otro anagrama de

MICHAEL MAIER:

YO NO RESIDO DE MANERA TIBIA[50]

Yo no resido de manera tibia; es preciso que los devotos de Cristo sean fervientes.

Que sus espíritus no sean ni fríos ni tibios.

Pues el Hijo venerable doblemente engendrado del Padre coeterno

Vomitará de su boca a todos los tibios.[51]

M.M.B.T.P.



[1] . Cf. R. J. W. Evans, Rudolf II and his World – A Study in Intellectual History 1576-1612. Los alquimistas al servicio del Emperador eran alojados en la inmediata proximidad del Castillo, en la célebre ruelle d’or ou Zlata Ulicka.

[2] . M. Maier, Atalante fugitive, p. 46. Cf. infra, p. 341. Ver también J. van Lennep, Alchimie – Contribution à l’histoire de l’art alchimique, p. 177.

[3] . Cf. R. Heisler, Michael Maier and England, artículo aparecido en The Hermetic Journal, 1989.

[4] . Cf. R. Vanloo, L’Utopie Rose-Croix du XVII siècle à nos jours, p. 66 y ss.

[5] . Cf. R. Heisler, op. cit.

[6] . Ver particularmente J. B. Craven, Count Michel Maier – Life and Writings.

[7] . Cf. R. Vanloo, op. cit. p. 39 y ss.

[8] . Cf. ibidem, p. 172-180. Sobre Fludd, véase también J. Godwin, Robert Fludd, philosophe hermétique et arpenteur des deux mondes.

[9] . Cf. R. Vanloo, op. cit. P. 39 y ss.

[10] . Cf. R. Vanloo, op. cit. P. 51 y ss. Ver también B. T. Moran, The Alchemical World of the German court – Occult Philosophy and chemical medicine in the circle of Moritz of Hessen (1572-1632).

[11] . Cf. R. Heisler, op. cit.

[12] . Cf. R. Vanloo, Les Bijoux Rose-Croix 1760-1890, p. 29 y ss.

[13] . Stephane Feye es fundador de la escuela privada de humanidades tradicionales Schola Nova en Incourt, (Bélgica).

[14] . E. d’Hooghvorst, “Aforismos del Nuevo Mundo”, 91, en el Hilo de Penélope, Arola Editors, Tarragona 2000, p. 348.

[15] . E. d’Hooghvorst, “A aquellos que en la Iglesia, osan negar y denunciar la gnosis”, en Le Fil d’Ariane, nº 46-47, p. 8. También el mismo artículo en LA PUERTA nº 53, Cristianismo y Filosofía oculta, Arola Editors, Tarragona 1998, p. 11.

[16] . “Prefacio a los lectores”, p. 16.

[17] . Ibidem, p. 17.

[18] . E. d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, t. I, p. 24.

[19] . Virgilio, Eneida, I, 118.

[20] . Louis Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, XXII, 74’.

[21] . A. Court de Gébelin, El Mundo Primitivo, I, citado por Porfirio en El Antro de las Ninfas en la Odisea, p. 7

[22] . L.-C. de Saint-Martin, El Hombre de deseo, citado por Porfirio en El Antro de las Ninfas en la Odisea, p. 7.

[23] . P. Bonus de Ferrare, Pretiosa Margarita novella, XI; Theatrum chemicum, t. V, p. 616; J.-J. Manget, Bibliotheca chemica curiosa, t. II, p. 43.

[24] . G. Bracesco, Dialogus ; J.-J. Manget, op. cit., t. I, p. 583.

[25] . Cf. “Prefacio a los lectores”, infra, p. 17.

[26] . Cf. S. Matton, “Introduction”, en A.-J. Pernety, Les Fables égyptiennes et grecques dévoilées, t. I, p. 13.

[27] . A.-J- Pernety, op. cit., t. I, p. 243.

[28] . Cf. “Presentación” de M. Vanloo, supra, p. VIII.

[29] . E. d’Hooghvorst, “Aforismos del Nuevo Mundo”, 104, en El Hilo de Penélope, Arola Editors, Tarragona 2000, p. 349.

30 . Arcana arcanissima : “arcano” (secreto) proviene del latín arcere “separar”; es de la misma raíz que arca, “arca”, “cofre” (cf. arca de la alianza), y que arma, “armas”, y armarium, “armario”, “blasón”.

[31] . Cf. E. d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, t. I, p. 123: “Convendremos que esta Y debía entrar, según la antigua grafía, en la composición del término alquimia con el fin de avisar al prudente lector que no hay química sin equívoco.

[32] . Momus (en griego Μώμος): dios de la burla y el sarcasmo según Hesíodo. Representa, pues, a la gente que se burlarán y censurarán la obra.

Mimus, el “mimo”, es decir, aquellos que alabarán la obra y la imitarán servilmente sin comprender nada.

[33] . Obéle u obelisco: signo crítico en forma de barra utilizado para señalar los pasajes defectuosos de los manuscritos.

[34] . “Muy secretas”: arcanissima; juego de palabras con el título de la obra.

[35] . Arca: “arca”, “cofre”, de la misma raíz que arcana, cf. supra, p. 12, n.30.

[36] . Cf. F. Rabelais, La Vida horrífica del Gran Gargantua, “Prólogo del autor”, sobre las botas llamadas silenos.

[37] . Cf. L. Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, XXXI, 50’.

[38] . Cf. Amien Marcelin, Historia, XXIII, 6, 24; L. Caelio Rodigino (1450-1520), Antiquarum lectionum commentarii, V, 12.

[39] . Cf. Aristóteles, Metafísica, I, 1, 1 ss.

[40] . Cf. Cicerón, Académicas, II, 34 y 44. Demócrito era llamado “el filósofo risueño”.

[41] . “Destreza innata”: genuina dexteritate. Esta “destreza” evidentemente hace alusión al sentido derecho de la Y. Cf. E. d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, t. I, p. 49.

[42] . Juego de palabras entre intellecta, “comprendidas” y lecta, “leídas”.

[43] . Magnis, y Cl. V. Dn. Michaelis Maieri. Magnis, podría significar magnisonantis, « célebre », « que hace gran sonido ».

[44] . Si se refiere a la edición de Atalante figitive traducida por Étienne Perrot y publicada en 1969 en la Librairie de Médicis, París VI, p.48, la abreviación Chr. Reinhart V.I.D.R.I.M.S. Ord. Et P.L.C. significaría Christophorus Reinhart Utriusque Iuris Doctor, Reipublicae Imperialis Mülhausensis Senatorii Ordinis et Palatinus ( ?) Comes ( ?), es decir, « Christophe Reinhart, doctor en uno y otro derecho, del orden senatorial de la república imperial de Mülhausen, y conde (¿) palatino (¿).”

[45] . En el doble dístico que sigue, el primer verso (IN CHRISTO SPES ILLA DEO MEA, AMO CRUCIATUM) y el último (LAURUS, AMO OMEN SIC, DOS MIHI RECTA PLACET) son los anagramas de MICHAEL MAIERUS DOCTOR, COMES PALATINUS. Es de notar que de estas pocas palabras latinas se haya podido sacar un hexámetro y un pentámetro perfectamente regulares.

[46] . O: “amo el suplicio”; cruciatas puede ser el participio de cruciare o un nombre, “tortura”.

[47] . O: “nutra las luces”. En efecto, la última letra de lumin… es ilegible y se podría suplir por lumina o lumine.

[48] . El laurel hace alusión a la profecía divina, pues, dicen los neoplatónicos, habla en el fuego.

[49] . En griego, ΜΙΧΑΗΑ ΜΑΙΗΡΟΣ es anagrama respectivamente de ΗΛΙΟΣ ΧΑΡΜΑ ΗΜΙ y de ΜΗ ΑΜΑ ΗΡΙ ΧΙΛΟΣ. Estas palabras son hábilmente retomadas en los dos dísticos siguientes.

[50] . En griego: ΜΗ ΗΜΑΙ ΧΛΙΑΡΟΣ.

[51] . Cf. Apocalipsis, III, 16.