miércoles, octubre 05, 2011

El Hilo de Penélope, tomo II, de Emmanuel d'Hooghvorst


Emmanuel d'Hooghvorst nació en Bruselas el 30 de abril de 1914, fue el mayor de seis hijos nacidos del barón Víctor d’Hooghvorst y de la condesa Marthe Descantons de Montblanc. Dejó este mundo el 17 de mayo de 1999.

Nuestro autor dedicó su vida al conocimiento de la auténtica tradición bajo diversas manifestaciones. Desde que cursó la carrera de Filosofía y Letras en Lovaina nunca abandonó la investigación y recuperación de los misterios del mundo grecorromano, sin dejar de profundizar en la esencia del cristianismo. A loscincuenta años aprendió hebreo y arameo con Rabí Joel Azquenazí, para ahondar en las enseñanzas de los cabalistas judíos y más tarde estudió árabe; pero fue sobretodo un infatigable recopilador y traductor de textos alquímicos.

Sin embargo, todo ello no hubiera trascendido la erudición más o menos brillante, sin un hallazgo que cambió su vida: en 1949 supo de la aparición de un libro insólito, titulado El Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux, un hombre semejante a tantos otros pero no igual. Emmanuel d’Hooghvorst conoció al autor y entabló con él una profunda amistad que no acabó con la desaparición de Cattiaux en 1953. Por ello, Emmanuel d’Hooghvorst afirma que El Hilo de Penélope ha sido sacado de El Mensaje Reencontrado, del que procede literalmente como un hijo de su padre. Los escritos de Emmanuel d’Hooghvorst son un comentario iluminado de la obra de Cattiaux.

El Hilo de Penélope, tomo II, es una antología de textos alquímicos presentados, anotados y en ocasiones traducidos por Emmanuel d’Hooghvorst entre los años 1955 y 1994. En él, el lector encontrará también un ensayo sobre el Arte de la Alquimia de Emmanuel d’Hooghvorst publicado en 1951.

martes, octubre 04, 2011

El Hilo de Penélope, tomo I, de Emmanuel d'Hooghvorst


Emmanuel d’Hooghvorst nació en Bruselas el 30 de abril de 1914, fue el mayor de seis hijos nacidos del barón Víctor d’Hooghvorst y de la condesa Marthe Descantons de Montblanc. Dejó este mundo el 17 de mayo de 1999.

Nuestro autor dedicó su vida al conocimiento de la auténtica tradición bajo diversas manifestaciones. Desde que cursó la carrera de Filosofía y Letras en Lovaina nunca abandonó la investigación y recuperación de los misterios del mundo grecorromano, sin dejar de profundizar en la esencia del cristianismo. A los cincuenta años aprendió hebreo y arameo con Rabí Joel Azquenazí, para ahondar en las enseñanzas de los cabalistas judíos y más tarde estudió árabe; pero fue sobretodo un infatigable recopilador y traductor de textos alquímicos.

Sin embargo, todo ello no hubiera trascendido la erudición más o menos brillante, sin un hallazgo que cambió su vida: en 1949 supo de la aparición de un libro insólito, titulado El Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux, un hombre semejante a tantos otros pero no igual. Emmanuel d’Hooghvorst conoció al autor y entabló con él una profunda amistad que no acabó con la desaparición de Cattiaux en 1953. Por ello, Emmanuel d’Hooghvorst afirma que El Hilo de Penélope ha sido sacado de El Mensaje Reencontrado, del que procede literalmente como un hijo de su padre. Los escritos de Emmanuel d’Hooghvorst son un comentario iluminado de la obra de Cattiaux.

El Hilo de Penélope, tomo I, constituye un compendio que reúne los principales artículos escritos por el barón d’Hooghvorst desde 1977 a 1999 y forman por sí mismos un corpus hermético.

El Libro de Adán, de Carlos del Tilo



Carlos del Tilo (Charles d’Hooghvorst, Bruselas 1924) es un conocido ensayista de los grandes temas de la espiritualidad tradicional. Como todo buen erudito, su preocupación le ha dirigido a profundizar en las raíces de su estudio, pues tal como afirmó su maestro Louis Cattiaux: “No basta con estudiar, también es necesario comprender lo que estudiamos. Y ¿para qué comprender, si no experimentamos en nosotros mismos la verdad de Dios?” (El Mensaje Reencontrado XVIII, 40).

En 1955 se instaló en España, cerca de Barcelona, donde residió hasta que partió de este mundo el 8 de Abril de 2004. Junto a un grupo de amigos interesados en la tradición creó, en 1978, la revista La Puerta [Retorno a las fuentes tradicionales]; desde ese momento dicha publicación no ha dejado de aparecer, ni Carlos del Tilo dejó de escribir; en la obra que el lector tiene entre sus manos se han compendiado los artículos relacionados con las tres grandes religiones monoteístas.

Durante muchos años, nuestro autor presentó y tradujo a los grandes maestros del hermetismo cuando, en nuestro país, apenas se sabía nada de cábala o alquimia. No hay duda de que los artículos y conferencias de Carlos del Tilo han formado a una buena parte de las nuevas generaciones de habla hispana interesadas en el hermetismo.

lunes, octubre 03, 2011

Utilidad del estudio del simbolismo en la mitología



Estudiar la mitología y su simbolismo equivale a estudiar las Escrituras, ya sean las sagradas, los libros santos o los libros Sabios, en este caso de los romanos o de los griegos, que a su vez tomaron de la simbología egipcia, como así lo repite a menudo Pernety en toda su obra.

En el frontis del templo de Delfos una sentencia griega decía: “Conócete a ti mismo y conocerás el Universo y los dioses”.

Las Escrituras reveladas de todas las naciones sólo hablan del misterio del hombre, que es Dios, y del misterio de Dios, que es el hombre.

El Mensaje Reencontrado[1] en el VIII, 29, dice: El conocimiento y dominio perfectos de uno mismo constituye el final del cambio.

Y en el IX, 59’: Sólo hay un conocimiento, una unión y un reposo verdaderos, que están en la fijeza realizada del fuego celeste.

Y en el XX, 2: Las santas Escrituras están completas desde su comienzo y cada nuevo Libro revelado no hace más que confirmarlas sin añadir ni suprimir nada al misterio del espíritu encarnado, que constituye su fundamento sagrado.

Carlos del Tilo, en el “Libro de Adán[2] (p. 46) dice respecto a la creación:

La segunda palabra del Génesis es bará, que significa “creó”. Así pues, se empieza por una creación. Pero, ¿de qué creación se trata? Estamos acostumbrados a pensar que la narración del principio del libro del Génesis habla de la creación del mundo, del universo en que vivimos. Esta manera de entender la Biblia es errónea, y fuente de incomprensiones y falsas interpretaciones, sobre todo cuando los científicos toman parte en el asunto.

No hay que entender que Dios creó este mundo en el estado que lo percibimos ahora, mezclado con la corrupción, el cual es en realidad el resultado de la transgresión adánica.

Por lo tanto todas las Escrituras de todos los tiempos y lugares están llenas de imágenes simbólicas para explicar el mismo misterio de diferentes maneras. Veamos lo que dice el mismo Carlos del Tilo (que en gloria esté) referente a los símbolos.

(Libro de Adán, p.25): […] el símbolo se dirige a la intuición de la fe y no a las especulaciones de la razón, puesto que encierra una realidad que sólo puede conocer aquél que la ha experimentado. Por ello, mientras el símbolo sea objeto de fe, el hombre no puede sino explicar un símbolo mediante otro, y corre así el riesgo de contentarse con este juego, olvidando que los símbolos sólo existen a fin de recordar los misterios de la ciencia divina.

(Libro de Adán, p. 26): Existe un símbolo esencial al que se refieren todos los demás de la ciencia sagrada, u este símbolo por excelencia es el hombre, creado “a imagen” (en hebreo, bidemut) de Dios. (Gen. V, 1)

(Libro de Adán, p. 27): Descubrir el símbolo, es decir, el hombre, consiste en reconocer la realidad física que encierra, y ello sólo es posible mediante la ayuda de Dios. Reconocer es “renacer con”, lo que implica una experiencia sensible. Los que han hablado o escrito respecto a este conocimiento experimental o gnosis se laman “conocedores”, porque describen este nacimiento y crecimiento naturales, y cada una de las imágenes que utilizan no son más que los símbolos de esta única experiencia, cuyo sentido no se puede descubrir sin haberlo experimentado.

(Libro de Adán, p. 29): Todos los símbolos se refieren a una realidad sensible, pero oculta, a la que todos podemos aproximarnos por la fe y que puede ser experimentada mediante una revelación de Dios.

Mensaje Reencontrado, II, 44: Cuando el símbolo es una realidad, es imposible descubrirlo sin la ayuda de Dios.

Y en el XXI, 55: Algunos prosiguen en secreto la búsqueda de Dios más allá de los símbolos y de las figuras, porque tienen sed de la realidad que se ve, que se toca y que se come. ¿Quién podría reprenderlos y quién osaría excluirlos de la Iglesia universal del Señor sapientísimo?

Y en el XXIV, 43: La decadencia de las religiones y de las iniciaciones proviene de que los guardianes, los creyentes y los buscadores toman los símbolos, las figuras y los ritos por el misterio mismo, cuando de hecho no son más que sus imágenes y sus recuerdos.

Los grandes poetas de todas las tradiciones y de todos los tiempos plasmaron en su legado el secreto de esta revelación siempre envuelta de un alo de hermetismo, esto lo manifiesta claramente Emmanuel d’Hooghvorst cuando dice:

Hilo de Penélope[3], t. I, p. 43: La intención de los grandes poetas de la antigüedad era la revelación y no la literatura, por lo que la función de los aedos era profética; ahora bien, no hay poesía sin musa, es decir, sin inspiración, en el sentido preciso de la palabra. Por otra parte, la palabra ‘poesía’ es la única que los griegos conocieron para traducir el sentido de “creación”.

Y en la página 57 dice: ¿Podemos dejar aún dormir largo tiempo, sepultadas en la ignorancia, las antiguas revelaciones cuyos herederos deberíamos ser? ¿Permaneceremos todavía mucho tiempo en la indigencia intelectual, sin pasado y sin recuerdo, es decir, sin educación? El hermetismo es una vieja historia, una historia que comenzó con la del mundo, y ¿acaso creemos poder obrar útilmente sin haber reconocido a nuestros antepasados?

Y en la página 103: Entre todas las formas de arte, la poesía es, ciertamente, la más digna de admiración aquí abajo, pues tiene como materia la más noble función humana: la palabra. La poesía, la verdadera, se confunde con la profecía. Los Antiguos no dudaban de que los poetas estuvieran poseídos por un ser divino: la musa. Sin musa no hay poeta. Los términos acompasados del decir poético eran los de un dios encarnado.

Y más adelante en la página 104, continúa: Pero esta poesía anuncia un arte todavía más noble que sólo encuentra su justificación en sí mismo en la gratuidad de un eterno reposo; es la fiesta en la que el rey púber se divierte y ríe en su Olimpo, tal es el Gran Arte al que aspiran, mediante las operaciones de la Gran Obra, los sabios quymicos: si escribimos este término con una Y bicorne ¿no será porque Virgilio, nuestro divino poeta recibió su saber y su arte de este cuerno?

Luego explica referente a esta Y, en la página 123: La Y es una letra de dos astas, una se inclina hacia la derecha y la otra hacia la izquierda. Es la imagen de las dos enseñanzas contenidas en la misma letra. Por el don del intelecto, los inteligentes escogen la vía de la derecha, es decir, que siguen el verdadero sentido. También se la llama vía estrecha porque es poco recorrida. Pero la mayoría permanece engañada por el sentido vulgar llamado también sentido siniestro, y guiada por la razón, sigue la vía de la izquierda que conduce al terrible Tártaro donde conocerá el furor del tártaro corrosivo.

Finalmente citaré de este autor un pasaje en el que se refiere a la alquimia:

Hilo de Penélope, t. I, p. 125: La genial alquimia se lee del silencio de una tierra condenada que es el infierno de los metales. Esta tierra sudó por el Arte y de este sudor nació la verdad: dicho sudor se cuece en pesado cuerpo que suena. Tal es el Arte nutrido por la naturaleza. Ni fe ni ley apartan de su perfume: es la vía del Santo Silencio. Un fuego secreto será allí la sal rara de los filósofos leída en un estudio en práctica bendita.

Como podemos comprobar Pernety también habla de este arte hermético en sus Fábulas[4], expresándose de la siguiente manera:

(Discurso preliminar, en el blog, “contradicción entre los autores”): El arte hermético, dicen los filósofos, es un misterio oculto para los que se fían mucho de su propio saber; pues es un don de Dios, que mira con buenos ojos y es propicio a los que son humildes y le temen, estos ponen toda su confianza en él y como Salomón, le piden con insistencia y perseverancia esta sabiduría que a su derecha tiene la salud y a su izquierda las riquezas; esta es la sabiduría que los filósofos prefieren a todos los honores y todos los reinos del mundo, porque es el árbol de la vida para aquellos que la poseen.

Más adelante, y como ejemplo de simbolismo, Pernety cita a Flamel hablando del fijo y el volátil y lo hace así:

(En el blog, “Más de Saturno”): Dice Flamel: Considerad estos dos dragones, ya que estos son los verdaderos principios de la filosofía, que los sabios no han osado mostrar ni nombrar claramente ni a sus propios hijos. El que está debajo sin alas es el fijo o el macho, el que está encima, con alas, es el volátil, la hembra negra y oscura que tomará el dominio durante muchos meses.

El primero es llamado azufre, o bien, calidez y sequedad, y el segundo plata viva o frialdad y humedad. Estos son el Sol y la Luna de fuente mercurial y origen sulfuroso, que por el fuego continuo se adornan con vestiduras reales para vencer toda cosa metálica, sólida, dura y fuerte, cuando son unidos y después transformados en quintaesencia.

En los misterios de Eléusis ya se mostraba, de una forma muy clara, este símbolo partido, uno arriba y el otro abajo, sirva también como ejemplo de mi intención en esta exposición:

Les Mystères d’Éleusis,[5] p. 91 : Dionisos, hijo de Zeus y de Perséfone, ha sido precipitado abajo por los Titanes que se han apoderado de él y lo han desmembrado, pero finalmente vuelve a su integridad.

[…] Dionisos ha sido desmembrado y después devorado por los Titanes; Zeus ha fulminado con sus rayos a los Titanes; de la ceniza producida por esta fulminación de los Titanes han nacido los hombres, y cada uno de loa cuales tiene en sí mismo una ínfima parte de Dionisos: este Dionisos encerrado en el cuerpo humano y en el mundo como en una prisión debe ser liberado con la ayuda del Dionisos que permanece arriba; así el hombre pasa de la vida titánica a la vida olímpica o vida única.

Vistas estas similitudes citaré de nuevo el Mensaje Reencontrado en la siguiente recomendación:

MR, XXXIV, 7’: Que nuestro espíritu no excluya ninguna Escritura inspirada de Dios, sino al contrario, que sean todas honradas en nuestras casas y en nuestros corazones.

Ya anteriormente nos profetizaba:

MR, XIX, 24: Cuando hayamos asido al Señor por su cabellera dorada, cuando haya transfigurado nuestra miserable cabaña en palacio, cuando se haya convertido en nuestro compañero victorioso e indefectible, entonces bendeciremos con conocimiento de causa las Escrituras santas de todas las naciones y alabaremos a Dios y a su obra sin libros ni instructores.

Mientras tanto no creo que sea inútil estudiar la revelación en las Escrituras de todas las tradiciones o al menos de las que nos caigan en las manos.

Salud.



[1] . El Mensaje Reencontrado, de Louis Cattiaux, Ediciones Herder, Sirio, Arola Editors, Claret, Obelisco, Madras, Rondas, Denoël, etc.

[2] . El Libro de Adán, Carlos del Tilo, Arola Editors, Tarragona 2002.

[3] . El Hilo de Penélope, Emmanuel d’Hooghvorst, ediciones: La Table d’Émeraude, Arola Edotors, Claret.

[4] . En este mismo blog, Las Fábulas Egipcias y Griegas, Dom Antoine-Joseph Pernety, traducido de la edición de Chez Delalain l’ainé, Libraire, París, 1786.

[5] . Les Mystères d’Éleusis, Victor Magnien, Ed. Payot, París, 1950.