viernes, septiembre 12, 2008

TABULA SMARAGDINA HERMETIS

He aquí un artículo que me es de especial atención y estudio; su autora es Caroline Thuysbaert, directora de la escuela de humanidades Scholanova, en Bélgica y colaboradora de ediciones Beya. Este artículo apareció en la revista LA PUERTA, nº 60, (Arola Editors), en marzo de 2002, traducido por S. d’Hooghvorst. Un año más tarde fue incluido en la completa obra dirigida por el profesor R. Arola Images Cabalistiques et Alchimiques, nº 1 de la colección Beya. Como podrá comprobar el lector el artículo empieza con una cita del Diccionario Mito-Hermético de Pernety, lo que me ha dado pie para subirlo al blog y ponerlo en compañía de las Fábulas de este mismo autor así como con los otros artículos relacionados.

LA GRAN OBRA EN UNA FRASE
ESTUDIO DE LA TABULA SMARAGDINA HERMETIS

Caroline Thuysbaert
Traducción. S. d’Hooghvorst

Introducción

En primer lugar unas palabras de Pernety:
Pocas materias han puesto a prueba a los quymicos como el vitriolo común. Lo han tomado por la materia del magisterio de los filósofos; hay que reconocer que nada era más apto para engañar a los que toman al pie de la letra las palabras de los sabios. Han elogiado tanto a esta sal mineral que es muy difícil no caer en la trampa tendida a los ignorantes, al menos aparentemente, ya que todos advierten que no hay que quedarse con las palabras, sino con el sentido que esconden […] Los filósofos aseguran que no se puede hablar más claro que Hermes en su Tabla de Esmeralda, acerca de la materia y de las operaciones de la obra […] Dicha Tabla de Esmeralda, viene acompañada con un emblema quymico encerrado en un doble círculo. Entre ambas circunferencias están escritas las palabras que he citado, Visitabis, etc.[1] De un lado, se ve el sol, debajo, el signo de Marte y debajo de Marte el signo de Saturno. Del otro lado está la Luna, debajo Venus y luego Júpiter. En medio hay una copa en la que caen un rayo de Sol y otro de Luna; bajo el pie de esta copa, está colocado, como para sostenerla, el signo astronómico de Mercurio. Bajo todos estos caracteres hay de un lado un León y del otro una Águila bicéfala, como la de los escudos del imperio […] Los amantes de esta Ciencia podrán reflexionar en ello.[2]
¿Quién, tras algunas lecturas quymicas, no se convierte en “amante de esta Ciencia”? Los enigmas propuestos desde hace siglos por los sabios alquimistas esperan lectores con el espíritu aguzado. La imagen quymica que presentamos y el símbolo del vitriolo también están esperando. Pero estos lectores deben, como así lo escribió también Dom Pernety, reflexionar acerca de estos enigmas, ya que sólo un espejo podrá revelarles todo lo que desean saber.[3]

El vitriolo etimológico

“Vitriolo” se define comúnmente como un “nombre dado a los sulfatos”. El aceite de vitriolo, a menudo llamado también vitriolo, es un ácido sulfúrico concentrado, muy corrosivo.
No obstante, la ciencia moderna y profana sólo ha guardado el sentido vulgar de las ciencias quymicas tradicionales, e importa buscar el verdadero significado de la palabra.
Deriva del latín vitrum: ‘vidrio’. Este sulfato tiene, sin lugar a dudas, una apariencia vítrea. También es “aceitoso”, ya que en vitrioleum hay vitri oleum, ‘aceite de vidrio’. Según Canseliet, el vitriolo sería el vaso de los filósofos, el vaso de la naturaleza.[4]
Sólo se precisan dos vasos […] Se llama al primero el vaso del Arte y al segundo, el vaso de la Naturaleza. El vaso del Arte es el huevo filosófico que está hecho con un vidrio muy puro, de forma oval.[5]
Se pueden componer dos anagramas con vitriol: l’or y vit[6] y trio vil.
Las RAÍCES del árbol de la vida […] son como el TRIO VIL que une el cielo y la tierra.[7]
El vitriolo es pues, una materia tri-una, aceitosa y vítrea, que realiza la unión de lo que está arriba con lo que está abajo, y contiene el tesoro oculto, el oro, la piedra de los filósofos. Es entonces cuando se trata verdaderamente del vitriolo común, es decir, “como un”, como la unión de dos cosas.

El V.I.T.R.I.O.L., un acróstico

Este acróstico es conocido: Visita Interiora Térrea Rectificando Invenies Occultum Lapidem. A veces se añade: Et Veram Medicinam. ‘Visita los interiores de la tierra, rectificando encontrarás la piedra oculta y la verdadera medicina’.
Toda la Gran Obra está contenida en esta frase.
Pero ante todo, hay un secreto, un don, una cábala. Este secreto parece estar celosamente guardado por aquellos que lo experimentaron. Es una muerte iniciática. Es el encuentro, sobre una montaña santa, del espíritu purificado del discípulo, su psique o Eva, con el Hue vagabundo, el mercurio vulgar errante y despreciado, en busca de encarnación; en términos mitológicos: el héroe Ulises o Eneas.
El acróstico V ITRIOL no se dirige a los ignorantes, sino más bien a este Hue. Éste es el que, una vez fijado al espíritu iniciado, guiará toda la Obra a su perfección. Es él quien visita los interiores de la tierra, el mundo subterráneo, los Infiernos.
En compañía de la Sibila, Eneas bajó pues al infierno mineral donde el oro se depura y donde se incuba la edad de oro.[8]
Luego, todo se hace naturalmente, es decir, conforme a la voluntad de la Santa Naturaleza.
Ahora dejemos que Eneas vaya hacia su destino bajo la sabia dirección de la Sibila, depositaria del santo lenguaje. Ella realiza fácilmente lo que la avara Dido no ha sabido hacer con la violencia de su amor ciego.[9]
Este tesoro, este oro que se esconde en las entrañas de la tierra, debe de ser rectificado. O sea, hay que erguirlo, enderezarlo, ponerlo derecho, o también destilarlo.[10]
Esta operación, que es el misterio del Dios que crece en el hombre, también ayudará a este hombre a ponerse recto. Los hombres rectos son aquellos cuya columna vertebral se ha enderezado a partir del sacro.
El espíritu recto y simple penetra fácilmente hasta el centro de la tierra donde reposa el oro vivo.[11]
La verdad se oculta bajo el velo de las fábulas y las parábolas. Es necesario un espíritu muy recto y muy penetrante para descubrirla […][12]
Tras todo este trabajo alquymico, el discípulo hallará la piedra oculta, el objeto de todos sus deseos, que le será medicina para curar su cuerpo y su alma.

Interpretación de la imagen

El número siete.
La imagen alude varias veces al número siete: siete letras en VITRIOL, siete planetas y una estrella de siete puntas.
Sólo quedan las siete palabras, prestad atención a lo que significan. Si entendéis bien lo que sigue, jamás conoceréis el fracaso. Cada una de estas palabras significa una ciudad, cada una con una sola puerta. La primera significa el oro: es de un color amarillo perfecto; la otra significa la plata: es de un bello color blanco; la tercera significa el mercurio, es uniformemente gris; la cuarta significa el estaño: es azul como el cielo; la quinta significa el hierro: es roja como la sangre; la sexta significa el cobre: es de un color verde sin mancha; la séptima significa el plomo: es negra como el carbón. Observa bien como yo lo entiendo, compréndeme bien: hay en las puertas de estas ciudades todo el fundamento del Arte. Ninguna de estas ciudades puede nada por sí sola, es preciso que las demás participen. No se puede entrar en ninguna de estas ciudades si las puertas han sido cerradas. Y si no tuvieran puertas, no tendrían ningún poder. Si estas puertas están juntas, dan un resplandor de siete colores, y todas juntas producen una claridad, entonces nada les es comparable en poder.[13]
El número siete está relacionado con los siete planetas y, por consiguiente, con el alma del mundo.
Tebas tenía siete puertas y estas puertas eran de eléctrum. Siendo siete el número del alma del mundo, o alma creadora, no es difícil sospechar que estas siete puertas no eran más que una sola, cuyo misterioso eléctrum era el más bello ornamento.[14]
Además, dos de estos planetas, el Sol y la Luna, se vierten en un vaso, un cáliz.
[…] El rocío o el espíritu del aire era como este licor,[15] que, según el lenguaje filosófico, proviene de los rayos del Sol y de la Luna, que contiene el principio que hace vegetar toda la naturaleza, y sin el cual nadie puede vivir […].[16]
Esta materia proviene, pues, de los rayos de las dos luminarias, y la materia puesta entonces en el vaso pasa por diversos colores.
Como las puertas de Tebas, los planetas son una misma cosa: la materia en estadios de preparación distintos.
Cuando esta preciosa materia, hija del Sol y de la Luna, está puesta en el vaso filosófico, bien sellado, toma una coloración muy negra […] Luego, la materia blanquea poco a poco. Primero toma el color gris: es Júpiter (el estaño) que sucede a Saturno (el plomo) […]. Por último el color blanco, Artemis, Diana más blanca que la nieve y que sólo se muestra desnuda a los cándidos amantes de la Ciencia […]. La materia, finalmente, tras haber pasado por diversos colores intermedios, vira al rojo. Es la piedra al rojo de la cual se hace el elixir al rojo, excelente medicina de los espíritus y de los cuerpos.[17]
¿Por qué el símbolo del Mercurio ha sido representado debajo del vaso, y más grande? Una cita de Huginus à Barmâ puede aclararlo:
Además, el Sol es el macho y la Luna la hembra, y el Mercurio que participa de la naturaleza de ambos, los liga y los conjunta el uno al otro.[18]

Los tres escudos

Tres escudos están unidos a un anillo mediante cadenas.
Se ven tres escudos, que contienen un águila, un león y una estrella; también hay en el centro, finalmente dibujado, el globo imperial; el cielo y la tierra, asimismo, están diligentemente colocados.[19]
El globo imperial podría ser el símbolo quymico del vitriolo.
También encontraréis las maravillas de la cruz en otros motivos y sobre todo en el vitriolo, aunque no tenga la cruz totalmente perfecta […].[20]
Pero aquí el símbolo está rematado por una cruz, para mostrar que el vitriolo ha sido conducido a su perfección.
Las dos esferas representan probablemente el Universo: el Cielo y la Tierra. Las líneas curvas indican que estas esferas siempre giran en el mismo sentido, lo cual corresponde al sentido etimológico de la palabra “universo”.[21]
¿Qué representan los tres escudos?
Los tres escudos significan en resumen Sal, Azufre y Mercurio. La Sal es un cuerpo sólido, lo mejor que hay en el Arte. El Azufre es el alma, sin él, el cuerpo no puede hacer nada. El Mercurio es el espíritu de la fuerza. Mantiene unidos el alma y el cuerpo. Por ello se le llama el mediador, lo que está hecho sin él no tiene duración, ya que el alma y el cuerpo no podrían morir si el espíritu no estuviera con ellos. Asimismo el alma y el espíritu no existirían si el cuerpo no estuviera con ellos. El cuerpo y el espíritu estarían sin fuerza si el alma no estuviera con ellos. El Arte nos hace saber todo esto: el cuerpo fija y da consistencia, el alma da el color y la tintura, el espíritu da la fluidez y penetra. Por eso no puede haber en este Arte alguno de los tres sin los otros.[22]
El león y el águila representan el fijo y el volátil. Los dos, con sus patas y alas, muestran a la vez lo alto y lo bajo. Ambos reunidos hacen el “milagro de una sola cosa”.
Las cadenas ligan todos estos elementos. He aquí lo que escribe E. d’Hooghvorst en su comentario acerca de la aventura de los dos niños Cromis y Mansilio, atando al ebrio Sileno:
“Lo atan con aquellas mismas guirnaldas”, difícil labor, la de atar la naturaleza sutil y volátil.[23]
La Sal, el Azufre y el Mercurio necesitan una atadura muy fuerte. El león y el águila deben estar ligados a la estrella de 7 puntas, siendo 7 la suma del cuadrado y del triángulo.

Las dos manos

Además de los signos de los metales, ves las manos tendidas la una hacia la otra […]. Las dos manos atestiguan mediante promesa solamente el verdadero fundamento y la verdadera doctrina.[24]
Las manos representan la teoría y la práctica, el fundamento y la doctrina.
La posición de las manos recuerda el símbolo de la bendición en la Iglesia de oriente. Tres dedos erectos, para significar el misterio de la Trinidad; dos dedos doblados, para enseñar la doble naturaleza de Cristo.

Conclusión

Esta Tabula Smaragdina Hermetis sólo será verdaderamente entendida por aquel que haya visitado el interior de la tierra, que se hay enderezado y haya alcanzado la piedra oculta.
Quien estudie este misterioso dibujo desde el exterior sólo podrá presentir todo su valor y extraer de los buenos autores sentencias capaces de explicarle un poco lo que sospecha.
La comprensión de los textos va a la par con la experiencia, “el espíritu y la comprensión avanzan con el orden del horno”, dijo un antiguo maestro, es decir, con la purificación y la cocción del Electrum. Entonces la lectura de los antiguos textos se esclarece al creciente resplandor del espejo de los filósofos.
Todo esto está en el poder de Dios y quien quiera entrar en este redil sin pasar por la puerta no es más que un bandido y un ladrón.
[25]

Si todavía hay hombres inteligentes e
Inspirados de Dios en las iglesias, éstos
examinarán sus Escrituras hasta el fundamento
secreto donde brilla la piedra inquebrantable e
imperecedera establecida por Dios, establecida
en Dios.
L. Cattiaux[26]

[1] . Visitabis (o: Visita) interiora térrea, rectificando invenies occultum lapidem.
[2] . A.-J. Pernety, Dictionnaire mito-hermétique, ed. Arché, Milán, 1980, voz : « vitriol ».
[3] . A este respecto, véase E. d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, t. I, Arola Editors, Tarragona, 2000, pp. 31 y 318.
[4] . Véase J. Van Lennep, Alchimie, ed. Crédit Comunal, Bruselas, 1984, p. 202.
[5] . Huginus à Barmâ, Le règne de Saturne changé en siècle d’or, ed. P. Derieu, París, 1780, p. 147.
[6] . L’or y vit: ‘el oro vive en él’. Según Fulcanelli, este anagrama demostraría que se trata del lugar donde se halla el oro. (Citado por . Van Lennep, op. cit., p. 202). Es lo que parece afirmar también, el acróstico VITRIOL, véase infla.
[7] . L. Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, Arola Editors, tarragona, 2000: XXV, 58.
[8] . E. d’Hooghvorst, op. cit., p. 122.
[9] . Ibidem, p. 123.
[10] . Rectificar tiene dos sentidos: un sentido común, ‘enderezar’ y un sentido químico, ‘purificar una cosa, destilándola’.
[11] . El Mensaje Reencontrado II, 4’.
[12] . Ibidem III, 17.
[13] . Du secret des sages, vv. 73-93, in Cahiers de l’Hermétisme, Présence d’Hermès Trismégiste, ed. Albin Michel, París, 1988, p. 219. Comentarios y una traducción de este poema atribuido a un paracelsiano se encuentran en las pp. 184-235.
[14] . E. d’Hooghvorst, op. cit., p. 83.
[15] . Se trata de un licor: en la imagen, los rayos se vierten como un líquido.
[16] . L. de Saint-Didier, Leerte du Secret du Grand-OEuvre, citado por E. d’Hooghvorst, Le Fil de Pénélope, t. II, ed. La Table d’Emeraudde, París, 1998, p. 233.
[17] . E. d’Hooghvorst, op. cit., t. II, p. 301.
[18] . Huginus à Barmâ, op. cit., p. 68.
[19] . Du secret des sages, cit., vv. 15-20.
[20] . Douzetemps, Le Mystère de la Croix, ed. Archè, Milán, 1975, p. 208.
[21] . Universum, de unus y vertere: ‘que gira en un solo sentido’.
[22] . Du secret des sages, cit., p. 107.
[23] . E. d’Hooghvorst, op. cit., p. 107.
[24] . Du secret des sages, cit., vv. 69-70.
[25] . E. d’Hooghvorst, op. cit., t. II, p. 98.
[26] . Op. cit., XXIV, 4’.